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No era parte del tratamiento

Chapter 21: Entre sueños y realidades

Summary:

Después de una noche inquieta y un sueño que la dejó preocupada, Penelope llega al hospital intentando dejar atrás sus dudas. Sin embargo, pasar todo el día junto a Colin hará que la cercanía entre ellos se vuelva cada vez más evidente, mientras una pequeña preocupación termina acercándolos todavía más.**

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Penelope despertó sobresaltada.

Levantándose rápido del sillón, su respiración era muy agitada y su corazón latía tan fuerte que podía escucharlo. Durante unos segundos se quedó inmóvil mientras solo miraba fijamente al piso de la sala.

Se había quedado dormida en el sillón revisando expedientes, con libros médicos a su alrededor y una copa de vino medio vacía sobre la mesita. Seguía algo confundida mientras estaba intentando entender lo que había sucedido o, más bien, lo que había soñado.

La habitación estaba en completo silencio. No estaba Franchesca, ni el hospital, mucho menos monitores y sirenas. Lo único que se escuchaba era el insistente sonido de la alarma en su teléfono.

Bip. Bip. Bip.

Con un suspiro tembloroso se inclinó y la apagó, se pasó las manos por el rostro y cerró los ojos por un pequeño instante. ¿Había sido un sueño? Le pareció tan real: Franchesca alterada mientras ella escuchaba su voz asustada a través del teléfono, la desesperación que sintió al no poder hacer nada en ese instante. Fran tenía una emergencia, ¿estaba perdiendo al bebé?, ¿y si así era, por qué? Penelope abrió los ojos de golpe y dejó escapar lentamente el aire que estaba conteniendo mientras en su cabeza rondaban varias preguntas.

¿Por qué soñó eso?

¿Por qué con Franchesca?

¿Su subconsciente quería decirle algo?

¿Sí había sido un sueño?

¿Qué le ocurría?

¿Estaba alguien con ella?

Se llevó la mano al pecho para intentar calmarse, pues aún estaba un poco exaltada. Seguía pensando e intentando recordar cada parte de su sueño. Hacía mucho tiempo que un sueño no la dejaba tan inquieta.

Además, los doctores soñaban con sus pacientes todo el tiempo. Ya le había sucedido antes, no significaba nada, ¿verdad? Solo fue un sueño, nada del otro mundo. No tenía por qué ponerse ansiosa y comenzar a sobre pensar como siempre solía hacerlo.

Miró la hora en su teléfono: 5:30 a.m. Todavía era temprano para ir a trabajar, así que se levantó del sillón y caminó hacia su cocina. Puso su cafetera con su taza a lado, se recargó en la barra mientras esperaba el agua y contempló la habitación algo tirada, con sus libros de medicina tirados por la sala, su cobija sobre el sillón, los cojines tirados, su bolsa en el suelo, entre otras cosas.

Respiró profundamente y se mentalizó a tratar de arreglar su mañana, tratar de quitar esos horribles flashbacks de su sueño, tratar de quitar esas sensaciones que le recorrían todo el cuerpo y limpiar su mente. Lo único que se le ocurrió fue hacer lo que hacía cuando quería dejar de pensar, lo que podía despejar su mente rápidamente. Fue a su cuarto por sus audífonos, se preparó su café y tomó la escoba.

Para Penelope, limpiar era una de sus actividades favoritas para dejar de pensar por un momento. Esto era todo un arte que le encantaba.

Comenzó poniendo su mejor playlist de Taylor Swift, levantó las cosas que estaban tiradas, tomó la escoba y comenzó a barrer con alguna que otra pausa para usar la escoba como micrófono porque la canción lo ameritaba, trapeó para dejar reluciente, lavó los trastes, limpió la barra, acomodó el sillón y, su momento favorito, tomó la lata de aromatizante y la vació por toda la casa. Se quedó parada en la entrada, contempló su casa limpia y sintió esa extraña sensación de satisfacción al verla limpia y sonrió.

Miró la hora: 7:00 a.m. Perfecto para comenzar a arreglarse. Se duchó, maquilló y tuvo toda su rutina de la mañana. Ya estaba guardando todo en su bolso cuando recordó su sueño y esa extraña sensación volvió a invadirla, pero ahora en menor cantidad. Aun así, seguía haciéndose las mismas preguntas a las que no podía darles una respuesta.

No podía soportarlo y tampoco creía poder concentrarse hoy si todas esas preguntas seguían rondando por su cabeza. Lo pensó un instante y, decidida, tomó su teléfono, abrió WhatsApp y deslizó hasta que su pulgar se detuvo sobre el nombre de Franchesca. Dudó antes de escribir. ¿Qué tal si la asustaba en vano o si le parecía extraña? No, se dijo a sí misma. Esta vez su mente no le iba a ganar. Comenzó a escribir el mensaje.

Pensó en cómo escribirlo, pues tenía que usar las palabras correctas. No solo podía escribirle: "Hola, Fran, ¿Cómo estás? Oye, acabo de soñar que tenías una emergencia médica y necesito comprobar que sigues viva". Obviamente, esa no era una opción. Pronto escribió uno que le gustó.

Penelope: Hola, Franchesca. Buenos días, ¿Cómo estás? Perdón por escribirte de la nada y tan temprano, pero solamente quería saber cómo amaneciste y si te encuentras bien.

Lo volvió a leer, convencida de que eligió las palabras correctas. Una vez que estaba convencida, presionó enviar, guardó el teléfono en su bolso, tomó sus llaves y abandonó su departamento.

Llegó a su coche, puso su bolsa en el asiento del copiloto, sacó su teléfono y puso música. (Otra vez de Taylor, obviamente). Estuvo a punto de poner en marcha su coche, pero sonó su teléfono.

Tin.

Lo desbloqueó rápidamente. Se alegró al ver el nombre de Franchesca en la pantalla y abrió el chat rápidamente.

Franchesca: Hola, Penelope. Buenos días, muy bien, ¿y tú? No te preocupes, ya estaba despierta y bien desayunada. Sí, estoy bien. El bebé amaneció un poco inquieto. De hecho, él me despertó con sus patadas, pero todo está en orden. ¿Sucede algo?

En cuanto leyó el mensaje, Penelope sonrió e inmediatamente sintió cómo la presión que sentía en el pecho empezó a desaparecer poco a poco.

Penelope: Igual muy bien, gracias por preguntar. ¿Me alegra mucha hambre en el segundo trimestre, verdad? Qué bien, ¿pero nada fuera de lo común? Sí, solo quería asegurarme de que te encontraras bien.

Franchesca: Me da gusto, jajaja. Síí, demasiada. Sí, todo está en orden, el bebé está perfecto y estoy tranquila, descansando como me indicaste.

Penelope: Te mandaré con Colin unas galletas maravillosas que te encantarán. Me alegro de escucharlo. Por favor, no dudes en escribirme si algo no está en orden, por más mínimo que sea.

Franchesca: ¡Sí, por favor! Sí, Penelope, muchas gracias por preocuparte.

Penelope: Jajaja, no tienes que agradecer.

Penelope por fin soltó el aire que estaba conteniendo y miró la pantalla con una pequeña sonrisa. Tal vez ahora estaría completamente tranquila, bueno, algo, porque muy en su interior aún sentía que algo no iba del todo bien.

En el trayecto de su casa al hospital, Penelope se tranquilizó un poco y Fran desapareció de su mente, aunque no por completo, pero ahora iba pensando en su rutina y pacientes de hoy, lo que logró distraerla.

Por fin llegó al hospital y, como todas las mañanas, marcó su hora de llegada. Caminó por los pasillos hacia su oficina saludando a todos, iba pasando por el mostrador de Rae.

—¡Buenos días!— dijo Penelope.

—¡Buen día, jefa! No preguntes, aún no llega tu novio directivo— le contesto Rae.

—Él no es mi novio.

—Sí, claro…

Penelope sonrió y rodó los ojos, divertida, mientras entraba en su oficina. Una vez ahí, comenzó su rutina de todas las mañanas: colgó su bolso, se puso su bata, prendió y limpió las máquinas, encendió su computadora y comenzó a revisar las citas del día, las pacientes que tenía que ir a revisar, las nuevas pacientes y leer sus expedientes, además de revisar correos.

Comenzó con una de sus pacientes que más quería, Jaqueline Becket. A ella la conoció desde hace tiempo. La acompañó desde su primer embarazo hasta ahora, en su cuarto. La estimaba muchísimo, además de que la conocía muy bien. Hoy tenía que ir a revisarla, ya que estaba internada porque su bebé quería nacer antes. Anotó en su agenda: visitará para hacerle una breve revisión.

Así continuó con varias pacientes hasta que vio el nombre en su pantalla: Franchesca Bridgerton. Su mano estaba sobre el mouse, a nada de darle clic y entrar, pero se arrepintió. Fran estaba bien, no había necesidad de seguir. Salió de esa página y entró a sus correos cuando se percató de la hora: 10:30 a.m.

No se había dado cuenta del tiempo que pasó. Ya era momento de empezar con sus rondas para revisiones de sus pacientes internadas. Estuvo a punto de ponerse de pie hasta que escuchó unos golpecitos en la puerta del consultorio.

—¿Se puede? —preguntó una voz que ya le resultaba bastante familiar.

Colin.

Con todo el asunto de su sueño con Franchesca, llevaba toda la mañana sin pensar en él hasta este preciso momento.

—Claro, adelante.

Colin asomó la cabeza con una sonrisa antes de entrar.

—Buenos días.

—Buen día.

Él entró y cerró la puerta detrás de él.

—¿Cómo estás? ¿Lista para empezar con el trabajo?

Penelope dejó el expediente sobre el escritorio y sonrió.

—Obviamente, yo siempre estoy lista.

—Mmm, claro…

—En serio, en cualquier momento.

—No lo dudo. Eres como una super doctora.

—Algo parecido, sí —dijo, y ambos soltaron una pequeña risa.

—Oye, sabes que te quiero mucho, ¿cierto?

—Mmm, ¿Qué necesitas? —sabía que había algo detrás.

—Pues llegué porque tenía una junta a las once y se canceló y no tengo otra hasta la tarde, así que pensé… que podría acompañarte hoy.

—Absolutamente no —dice poniéndose de pie.

—Por favor, Pen… me portaré bien.

—No creo que lo hagas.

—Te lo prometo, estaré callado.

Penelope lo mira mientras lo analiza, suspira y le dice:

—¿Qué obtendré yo a cambio?

—Lo que quieras.

Alza las cejas y Colin continúa.

—Bueno, yo te invito la comida de hoy.

Penelope lo pensó un segundo.

—Bueno, está bien…

—…Sí.

—…Pero con postre.

—Lo que usted diga, doctora —dice Colin con una sonrisa.

Penelope camina hacia él para salir.

—Oh, ya me estoy arrepintiendo de esto.

Salieron de su oficina y caminaron por el hospital mientras Colin seguía a Penelope como su sombra. La acompañó a revisar expedientes, hablar con enfermeras y así por varios pisos hasta que llegaron a obstetricia a ver a su primera paciente.

Jaqueline Becket

—Bien, tienes que estar muy callado en una esquina mientras la reviso, ¿de acuerdo?

—Lo prometo, no te darás cuenta de que estoy ahí.

—Sí… claro.

Penelope abrió la puerta y entraron.

—Doctora Peny —la saludó Jaqueline entusiasmada desde la cama.

—Jaqui.

—¡Cuánto tiempo! ¡Ven a darme un abrazo!

Penelope se acercó a su lado y le dio un fuerte abrazo mientras Colin estaba parado a lado de la puerta.

—Creo que la última vez que nos vimos fue hace un año, cuando recibí a tu tercer bebé, ¿no?

—Ay, entre niños, esposo, casa y bebé no recuerdo, pero seguramente sí —dijo y ambas rieron.

—¿Cómo has seguido, Jaqui?

—Muy bien. Los niños están estupendos. Tyler fue el primer lugar de su clase, Lyla ya sabe sumar y restar y Michelle ya aprendió a gatear.

—Wow, es fantástico.

—Sí, todo está muy bien.

—Me alegro, pero bueno, empecemos.

Penelope camina del otro lado de la cama y se sienta en el banco frente al monitor. Jaqueline se le queda viendo a Colin, notando su presencia.

—Bueno, ¿y quién es él? —dice con un tono coqueto.

Colin mira a Penelope como pidiendo permiso para hablar, a lo que Penelope asiente.

—Soy Colin Bridgerton, uno de los nuevos inversionistas del hospital —le dice, acercándose para estrecharle la mano.

—Mucho gusto —dice sin soltar su mano—. Manos firmes.

Colin se sonroja.

—Jaqui, ¿te recuerdo que tienes esposo?

Jaqueline le dirige una mirada a Penelope y lo suelta.

—Ay, qué aburrida eres.

—Lo siento, Colin solo va a observar.

Dice algo disgustada, fulminándolo con la mirada.

—A mí no me molesta para nada.

Colin suelta una pequeña risa.

—Sí, sí, claro… tenemos que empezar.

—Sí, Penny.

—Bueno, Jaqui, cuéntame. ¿Has tenido alguna molestia últimamente? ¿Náuseas, mareos, dolor…?

—Nada fuera de lo normal, aunque he estado un poco cansada.

—Eso es bastante común. Vamos a revisarte y nos aseguramos de que todo esté bien.

Penelope comenzó con la revisión mientras Colin permanecía en silencio, tal como había prometido, apoyado discretamente junto a la puerta.

Jaqueline lo miró de reojo y después volvió a mirar a Penelope.

—Oye, Peny…

—¿Sí?

—¿Y qué pasó con el doctor Alfred?

Penelope levantó la mirada del monitor.

—¿Alfred?

—Sí, Alfred. El doctor que estaba aquí hace unos años. El que siempre te ayudaba cuando yo venía.

Penelope soltó una pequeña risa mientras continuaba con la revisión.

—Ah, Alfred. Se mudó hace un tiempo. Consiguió trabajo en otro hospital.

—¿En serio? —preguntó Jaqueline, sorprendida—. Ay, qué lástima. Hacían una pareja muy linda.

Penelope negó con la cabeza, divertida.

—Jaqui…

—¿Qué? Es verdad.

—Nunca fuimos pareja.

—Pero se veían bien juntos.

—Eso no significa nada.

Jaqueline sonrió y miró nuevamente hacia Colin.

—¿Y tú tienes a alguien?

Colin, que hasta ese momento había permanecido callado, parpadeó al darse cuenta de que la pregunta iba dirigida a él.

—¿Yo?

—Sí, tú.

Colin miró a Penelope, como si esperara que ella interviniera, pero Penelope simplemente se encogió de hombros con una sonrisa divertida.

—No —respondió finalmente Colin.

—¿Nada de nada?

—Nada de nada.

Jaqueline sonrió como si acabara de descubrir algo importantísimo.

—Mmm… entonces tengo una pregunta.

Penelope suspiró.

—Jaqui, por favor, no empieces.

—¿Qué? Solo estoy preguntando.

Jaqueline miró a Colin y después a Penelope.

—Ustedes dos se verían lindísimos juntos.

Penelope abrió los ojos sorprendida.

—¿Qué?

Colin soltó una pequeña risa, claramente incómodo.

—No tienes que hacerle caso —dijo Penelope rápidamente—. Está bajo los efectos de su propio entusiasmo.

—Estoy perfectamente cuerda —respondió Jaqueline entre risas—. Y tengo buen ojo para estas cosas.

—Concéntrate en tu revisión —le dijo Penelope, intentando contener la risa.

—Estoy concentrada. Pero eso no significa que no pueda hacer observaciones.

Colin negó con la cabeza, divertido, mientras Penelope volvía su atención al monitor.

—Bien, Jaqui. El bebé está creciendo perfectamente y todo parece estar en orden.

—¿Ves? —dijo Jaqueline mirando a Colin—. Además de bonita, es buena doctora.

Penelope la miró con una mezcla de vergüenza y diversión.

—Definitivamente voy a empezar a cobrarte por cada comentario que hagas.

—Entonces tendré que venir más seguido.

Los tres rieron, aunque Penelope intentó disimular la sonrisa mientras continuaba con la revisión.

Pasó un rato mientras terminaba la revisión y luego Penelope salió del consultorio con el expediente de Jaqueline entre las manos. Colin caminó detrás de ella hasta llegar al mostrador de enfermeras, donde Penelope empezó a escribir notas en el expediente.

—No puedo creer que haya dicho eso.

Colin se apoyó ligeramente en el mostrador, conteniendo una sonrisa.

—¿Qué cosa? —dijo, y Penelope lo miró.

—No te hagas el que no sabe.

—Solo preguntaba.

—Lo de que nos veríamos bien juntos.

Colin soltó una pequeña risa.

—Bueno… no fue precisamente lo peor que pudo haber dicho.

Penelope entrecerró los ojos al escucharlo.

—¿Y eso qué significa?

—Que podría haber sido mucho más incómodo.

—¿Más incómodo que el hecho de que tú y yo nos veríamos bien juntos?

—Definitivamente.

Penelope negó con la cabeza mientras acomodaba unos papeles.

—Jaqui es así con todo el mundo, le encanta molestar.

—Ya me di cuenta.

Dijo Colin y asintió lentamente.

—Debo admitir que me dio un poco de curiosidad.

Penelope levantó la mirada.

—¿Curiosidad sobre qué?

—Sobre Alfred. ¿Quién es él?

Penelope soltó una pequeña risa nerviosa.

—No hay nada que contar. Éramos compañeros de trabajo y ya.

—Ella parecía pensar que hacían una buena pareja.

—Jaqueline parece pensar que todo el mundo hace buena pareja con alguien.

Colin sonrió.

—¿Incluso nosotros?

Penelope se quedó callada un segundo.

—Especialmente nosotros, al parecer.

Ambos se miraron durante unos segundos antes de que Penelope desviara la mirada.

—Bueno… tenemos que seguir. Todavía me quedan pacientes.

—Claro, doctora.

Penelope y Colin habían pasado toda la mañana de un lado a otro del hospital. Habían revisado pacientes, contestado preguntas, registrado expedientes y recorrido tantos pisos que, para ese momento, Penelope ya había perdido la cuenta de cuántas veces había subido y bajado por las escaleras.

Ahora se encontraban en el archivo de suministros de obstetricia, encargándose de acomodar y reabastecer todo lo que hacía falta.

Penelope revisó una de las cajas antes de colocarla en el estante.

—¿Cuántas quedan?

Colin miró las cajas que todavía estaban en el suelo.

—No tengo idea.

Penelope lo miró.

—¿No estabas contando?

—No.

—Entonces, ¿Qué estabas haciendo?

—Intentando volver a tener fuerzas.

Penelope soltó una carcajada.

—¿Fuerzas?

—Sí. Llevo toda la mañana siguiéndote de un lado a otro del hospital. Creo que mis piernas ya dejaron de funcionar.

—Qué dramático.

—No es drama. Es una emergencia médica.

—¿Quieres que te revise?

Colin levantó una ceja.

—¿Tú?

—Soy doctora.

—Pensé que eras ginecóloga.

—También puedo diagnosticar un caso grave de flojera.

Colin soltó una risa.

—¿Y cuál sería el tratamiento?

—Descansar.

—Perfecto.

Colin se dejó caer sobre una de las cajas.

Penelope lo miró incrédula.

—No puedes estar hablando en serio.

—Dijiste que necesitaba descansar.

—No aquí.

—¿Por qué no?

—Porque tenemos que terminar.

—Podemos terminar después.

—No, mejor date prisa.

—Cinco minutos.

—Colin.

—¿Tres?

Penelope negó con la cabeza, tratando de contener la sonrisa.

—Eres imposible.

—Y tú eres demasiado mandona.

—Alguien tiene que mantenerte trabajando.

—¿Siempre eres así con todos tus compañeros?

—Solo con los que se quejan demasiado.

—Entonces debo sentirme especial.

Penelope lo miró durante un segundo y sonrió.

—Un poco.

Colin sonrió también.

—Eso sonó casi como un cumplido.

—No te acostumbres.

Penelope tomó otra caja.

—Vamos. Ayúdame con esto.

Colin se levantó y tomó la caja.

—¿Dónde va?

—En el estante de arriba.

Colin miró hacia arriba.

—¿Este?

—Sí.

—¿Y por qué no lo pones tú?

—Porque tú eres más alto.

—Ah, claro. Ahora sí soy útil.

—No exageres.

Colin levantó la caja y la colocó en el estante.

—Listo.

—Un poco más a la izquierda.

—¿Así?

—No.

Colin la movió.

—¿Así?

—Un poquito más.

—¿Qué tal ahora?

—Sí.

Penelope se acercó para comprobar que estuviera bien acomodada.

—Perfecto.

—Por fin.

—¿Ves? No fue tan difícil.

—No, lo difícil fue entender tus instrucciones.

—Mis instrucciones son muy claras.

—Dijiste "un poquito más" cuatro veces.

—Porque no lo estabas haciendo bien.

—Lo estaba haciendo perfectamente.

—No.

—Sí.

Penelope soltó una risa.

—¿Siempre tienes que tener la última palabra?

—Sí.

—Eso explica muchas cosas.

—¿Qué cosas?

—Nada.

—No, ahora quiero saber.

Penelope comenzó a caminar hacia otra parte del archivo.

—Olvídalo.

Colin la siguió.

—No puedes decir "eso explica muchas cosas" y luego decirme que lo olvide.

—Claro que puedo.

—Penelope.

—Colin.

—¿Qué cosas explica?

—Que eres insoportable.

—Eso ya lo sabías.

—Sí, pero ahora tengo pruebas.

Colin soltó una carcajada.

—Me alegra saber que mi sufrimiento de esta mañana ha servido para algo.

Penelope se rio mientras abría otra caja.

—¿Sufrimiento?

—Sí.

—Solo llevas unas horas conmigo.

—Exactamente.

—Y ya estás cansado.

—Muchísimo.

—Qué frágil.

—No soy frágil.

—Entonces demuéstralo.

Colin tomó otra caja antes de que ella pudiera hacerlo.

—¿Dónde?

Penelope señaló un estante.

—Ahí.

—¿Eso es todo?

—Eso es todo.

Colin levantó la caja y la colocó en su lugar.

—¿Ves? Fácil.

—Bien hecho.

—Gracias.

—Puedes seguir así.

—¿Eso fue un cumplido?

—No.

—Sonó como uno.

—Pues no lo fue, no te emociones.

Colin sonrió.

Penelope volvió a revisar las cajas y él se quedó observándola unos segundos.

—¿Qué?

Ella levantó la mirada.

—Nada.

—¿Por qué te quedas mirándome?

—Solo estaba pensando.

—¿En qué?

—En que llevas todo el día trabajando sin parar.

Penelope sonrió ligeramente.

—Eso es porque alguien tiene que hacerlo.

—¿Y tú nunca te cansas?

—Claro que sí.

—No parece.

—Porque no me quejo cada cinco minutos.

—Yo no me quejo cada cinco minutos.

Penelope lo miró.

—¿Quieres que te recuerde todas las veces que dijiste que estabas cansado?

—No.

—Eso pensé.

Colin se acercó un poco.

—Pero tú tampoco eres precisamente fácil de seguir.

—¿Por qué?

—Porque vas de un lado a otro sin parar.

—Es mi trabajo.

—Ya lo sé.

—Entonces no te quejes.

—No me estoy quejando.

—Sí te estás quejando.

—Estoy diciendo que es difícil seguirte.

Penelope sonrió.

—Puedes dejar de seguirme cuando quieras.

Colin la miró.

—No quiero.

La sonrisa de Penelope desapareció lentamente. Por alguna razón, aquella respuesta sonó un poco diferente.

—¿No?

—No.

Se quedaron mirándose.

Penelope intentó volver su atención a las cajas, pero Colin no se movió.

—¿Qué? —preguntó ella.

—Nada.

—Otra vez "nada".

—Es que…

Colin hizo una pausa.

—¿Qué?

—Nada importante.

Penelope sonrió nerviosamente.

—Entonces deja de mirarme así.

—¿Así cómo?

—Así.

—No sé de qué hablas.

—Claro que sí.

Colin dio un pequeño paso hacia ella.

Penelope no retrocedió.

—¿Y ahora?

—Ahora estás todavía más cerca.

—¿Te molesta?

Penelope negó lentamente con la cabeza.

—No.

El silencio volvió a aparecer entre los dos, pero esta vez ninguno hizo una broma. Colin bajó ligeramente la mirada y después volvió a encontrarse con los ojos de Penelope.

Ella respiró hondo.

—Colin…

—¿Sí?

—Creo que…

Penelope se quedó callada y él se acercó un poco más, a lo que ella tampoco se apartó. Por unos segundos, ambos parecieron olvidar completamente dónde estaban y qué estaban haciendo.

Hasta que Penelope reaccionó.

—Mira la hora.

Colin parpadeó.

—¿Qué?

Penelope miró rápidamente su reloj.

—Ya es hora de comer.

Colin entendió inmediatamente y se apartó apenas, con una pequeña sonrisa.

—Sí… claro.

Penelope tomó el expediente que estaba sobre la mesa.

—¿A qué restaurante quieres ir?

—Restaurante ya no. Ya no hay tiempo. Tiene que ser comida rápida.

—Entonces vamos a la cafetería.

Penelope asintió mientras caminaba hacia la puerta.

—Perfecto. Además, después me podrás invitar esa comida que me debes.

Colin la siguió.

—Está bien, doctora. Cuando tengamos tiempo, yo te invito.

—Perfecto.

Salieron del archivo y comenzaron a caminar por el pasillo. Durante unos segundos, ninguno dijo nada.

—Entonces… —dijo Colin finalmente.

—¿Sí?

—¿Todo bien?

Penelope lo miró.

—Sí. ¿Por qué no habría de estarlo?

Colin sonrió.

—No sé. Preguntaba.

Penelope también sonrió.

—Todo bien.

Y continuaron caminando hacia la cafetería, fingiendo que ninguno de los dos había estado a punto de hacer algo mucho más complicado que simplemente ir a comer.

La cafetería del hospital estaba mucho más llena de lo que Penelope había imaginado. A esa hora, médicos, enfermeras y algunos trabajadores aprovechaban los pocos minutos que tenían para comer antes de volver a sus respectivos pisos.

Penelope tomó una bandeja y se dirigió hacia la fila.

—¿Qué vas a comer?

Colin miró las opciones frente a ellos.

—No lo sé. Algo que no requiera demasiado esfuerzo.

Penelope soltó una risa.

—¿Todavía estás cansado?

—Después de la mañana que me hiciste pasar, sí.

—Yo no te hice pasar nada. Tú decidiste seguirme.

—Y ahora me arrepiento.

Penelope lo miró fingiendo estar ofendida.

—Perfecto. Entonces la próxima vez te dejaré solo.

—No dije que quisiera eso.

Ella sonrió.

—Eso pensé.

Tomaron sus alimentos y buscaron una mesa libre. Mientras caminaban, Penelope notó que un par de enfermeras que estaban sentadas cerca los miraron y después comenzaron a hablar entre ellas en voz baja.

Penelope frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué?

—¿Qué cosa?

—Están hablando de nosotros.

Colin miró discretamente hacia las enfermeras.

—¿Cómo sabes?

—Porque me están mirando.

—Tal vez están hablando de mí.

Penelope soltó una risa.

—Claro. Seguro.

—¿Qué? Podría ser.

—No te emociones.

Encontraron una mesa cerca de una ventana y se sentaron frente a frente. Apenas habían comenzado a comer cuando Colin miró hacia otra mesa.

—Creo que ahora también nos están mirando esos doctores.

Penelope giró discretamente la cabeza.

—No mires.

—¿Por qué?

—Porque si los miras, van a saber que nos dimos cuenta.

—Ya saben que nos dimos cuenta.

Penelope escondió una sonrisa detrás de su vaso.

—Solo ignóralos.

—¿Crees que están hablando de nosotros?

—Probablemente.

—¿Y qué crees que están diciendo?

—No quiero saberlo.

—Yo sí.

Penelope lo miró divertida.

—Tú tienes demasiada curiosidad.

—Es una de mis mejores cualidades.

—No sabía que tenías alguna.

Colin se llevó una mano al pecho.

—Eso fue cruel.

—Pero cierto.

—Definitivamente me debes una disculpa.

—Te invitaré un postre.

—Eso no es una disculpa.

—Entonces no hay postre.

—Acepto tus disculpas.

Penelope soltó una carcajada.

—Qué conveniente.

Continuaron comiendo durante unos minutos, hablando de cosas mucho más sencillas. Colin le contó algunas de las cosas que había tenido que aprender desde que comenzó a involucrarse con el hospital y Penelope se burló de él por no conocer algunos de los nombres de los medicamentos que ella mencionaba.

—No entiendo cómo puedes recordar tantos nombres.

—Años de estudio.

—Yo también estudié.

—Pero no medicina.

—Eso es un detalle.

—Es un detalle bastante importante.

—Bueno, por eso tú eres la doctora y yo el inversionista.

—Exactamente.

—Entonces, cuando alguien me pregunte algo médico…

—No respondes.

—¿Y si sé la respuesta?

—No respondes.

—Qué poca confianza me tienes.

—Es por seguridad de todos.

Colin sonrió.

—Está bien. Prometo no diagnosticar a nadie.

—Gracias.

—Aunque sigo pensando que lo de "caso grave de flojera" fue un diagnóstico bastante bueno.

Penelope soltó una carcajada.

—No puedo creer que sigas con eso.

—Me traumatizaste.

—Pobrecito.

—Otra vez.

—¿Qué?

—Me dices "pobrecito" como si fuera un niño.

—Porque te comportas como uno —Colin sonrió.

—Mi familia diría lo mismo.

Penelope apoyó los brazos sobre la mesa.

—¿En serio?

—Sí. Aunque probablemente mi madre diría que eres demasiado paciente conmigo.

—Tu madre parece inteligente.

—Lo es.

—¿Cómo es tu familia?

Colin sonrió al escuchar la pregunta.

—Grande.

—Eso ya lo sé.

—No, realmente grande.

—¿Cuántos son?

—Ocho hermanos.

Penelope abrió los ojos.

—¿Ocho?

—Sí.

—Dios mío.

—Exactamente.

—¿Y cómo sobrevivió tu madre?

—Todavía me lo pregunto.

Penelope rio.

—Debe ser una mujer increíble.

—Lo es. Y probablemente te caería muy bien.

—¿Ah, sí?

—Sí. Aunque estoy seguro de que haría demasiadas preguntas.

—¿Sobre qué?

Colin la miró con una sonrisa.

—Sobre ti.

Penelope levantó una ceja.

—¿Por qué sobre mí?

—Porque eres mi compañera de trabajo.

—¿Y?

—Mi madre quiere saber absolutamente todo de las personas que forman parte de mi vida.

Penelope sonrió.

—Bueno, entonces espero no conocerla pronto.

—¿Por qué?

—Porque no sabría qué decirle.

—Pues lo lamento, porque creo que en el baby shower de Fran tendrás que hacerlo... pero descuida, solo tendrás que ser tú.

Penelope bajó la mirada hacia su comida con una pequeña sonrisa.

—¿Y tu familia? —preguntó Colin—. ¿Cómo son?

—No somos tantos como ustedes.

—¿Cuántos?

—Somos varios, pero mi familia es un poco… complicada.

—¿En qué sentido?

Penelope pensó unos segundos.

—Nada malo. Solo que cada uno tiene una personalidad muy diferente.

—Eso suena familiar.

—Aunque supongo que por eso siempre hay algo de qué hablar.

—O discutir.

—También.

Ambos rieron. La conversación continuó durante unos minutos más, saltando de un tema a otro. Hablaron de sus hermanos, de algunas anécdotas familiares y hasta de las cosas que hacían cuando eran niños.

Por un momento, Penelope olvidó completamente que estaba en el hospital hasta que Colin dejó el tenedor sobre la bandeja.

—Por cierto…

Penelope levantó la mirada.

—¿Sí?

—Francesca me dijo algo antes de que saliera de casa esta mañana.

Penelope se quedó quieta.

—¿Qué cosa?

—Me preguntó si sabía por qué le habías escrito tan temprano.

Penelope bajó la mirada.

—Ah.

—Me pareció extraño porque me dijo que no sueles escribirle de esa manera.

—No suelo hacerlo.

—Eso pensé.

Penelope tomó lentamente su vaso.

—¿Y qué le dijiste?

—Que no sabía.

Hubo un pequeño silencio.

—¿Estás bien? —preguntó Colin.

Penelope asintió.

—Sí.

—Penelope.

Ella levantó la mirada.

—¿Qué?

—Puedes contármelo.

Penelope suspiró y dejó el vaso sobre la mesa.

—La verdad es que sí hay una razón.

Colin esperó.

—Esta mañana… antes de venir al hospital, me quedé dormida revisando unos expedientes.

—¿Y?

—Soñé con Francesca.

Colin frunció ligeramente el ceño.

—¿Con Francesca?

Penelope asintió.

—Sí.

—¿Y qué pasó?

Penelope dudó unos segundos.

—En el sueño me llamó. Estaba muy alterada. Me decía que algo no estaba bien y… —hizo una pausa— parecía que tenía una emergencia con el bebé.

Colin dejó de sonreír.

—¿Qué?

—No sé exactamente qué pasaba. Todo era confuso. Solo recuerdo que yo intentaba ayudarla y no podía hacer nada.

Colin la escuchó en silencio.

—Cuando desperté estaba muy alterada. Durante unos minutos pensé que realmente había pasado.

—Por eso le escribiste.

—Sí.

Penelope soltó una pequeña risa nerviosa.

—Sé que suena tan ridículo.

—No suena ridículo.

—Los médicos tenemos sueños así todo el tiempo. Probablemente fue porque ayer estuve trabajando con ella y pensando en su embarazo.

—Tiene sentido.

—Pero aun así… no pude evitar preocuparme.

Colin asintió lentamente.

—Y cuando ella te respondió que estaba bien…

Penelope sonrió.

—Sentí que podía volver a respirar, pero no estoy del todo tranquila.

—Ahora entiendo.

Penelope lo miró.

—¿Te molesta que le haya escrito?

—No —Colin negó con la cabeza—. Al contrario. Me parece bonito que te preocupes tanto por ella.

Penelope bajó la mirada.

—Es mi paciente.

—También es mi hermana.

—Precisamente.

Colin sonrió.

—Creo que a Francesca le gusta tenerte como doctora.

—Espero que sí.

—Estoy seguro.

Penelope levantó la mirada y ambos se quedaron observándose durante unos segundos. Desde otra mesa, una de las enfermeras que llevaba un rato mirándolos se inclinó hacia otra y susurró algo.

Penelope alcanzó a notarlo.

—Otra vez.

Colin siguió su mirada.

—Definitivamente están hablando de nosotros.

—Te dije que no miraras.

—¿Quieres que vaya a preguntarles?

—¡No!

Colin soltó una carcajada.

—Entonces déjalas.

Penelope negó con la cabeza, pero terminó riéndose también.

—Eres imposible.

—Y tú ya me lo has dicho varias veces hoy.

—Porque sigue siendo cierto.

Colin sonrió.

—Entonces supongo que tendremos que acostumbrarnos.

Penelope lo miró por un instante.

—¿A qué?

—A trabajar juntos.

Penelope sostuvo su mirada un segundo más antes de volver a su comida.

—Sí… supongo que sí.

Pero ninguno de los dos pareció demasiado convencido de que aquello fuera lo único a lo que tendrían que acostumbrarse.

Después de terminar de comer, Penelope dejó los cubiertos sobre la bandeja y miró la hora.

—Creo que deberíamos volver antes de que alguien venga a buscarnos.

Colin miró su teléfono y soltó un suspiro.

—De hecho, yo tengo que irme.

—¿Ya?

—Tengo la reunión del proyecto del hospital en unos minutos.

Penelope asintió.

—Cierto. Se me había olvidado.

Ambos se levantaron y llevaron sus bandejas hasta el lugar correspondiente.

—Bueno… —dijo Colin mientras se acomodaba el saco—, supongo que nos veremos después.

—Supongo.

Hubo un pequeño silencio.

—Gracias por la comida —dijo Penelope.

—Te la debía.

—Aún no me la has pagado, recuerdas.

—Cierto. Bueno, entonces te debo otra.

Penelope lo miró sorprendida durante un segundo, pero Colin simplemente sonrió.

—Nos vemos, doctora.

—Nos vemos, inversionista.

Colin comenzó a alejarse, pero antes de doblar por el pasillo se giró.

—Penelope.

—¿Sí?

—No te preocupes demasiado por Francesca.

Ella sonrió ligeramente.

—Lo intentaré.

Colin asintió y finalmente se marchó.

Penelope lo observó desaparecer por el pasillo antes de volver a su trabajo.

La tarde pasó rápidamente. Penelope apenas tuvo tiempo de sentarse. Entre consultas, expedientes y llamadas, terminó recorriendo nuevamente medio hospital. Cuando finalmente parecía que tendría unos minutos para respirar, una enfermera apareció corriendo.

—Doctora Featherington.

Penelope levantó la mirada.

—¿Sí?

—La necesitan en obstetricia. La paciente de la habitación cuatro comenzó con contracciones regulares y está entrando en trabajo de parto.

Penelope dejó inmediatamente lo que estaba haciendo.

—Voy para allá.

Tomó su bata y siguió a la enfermera por el pasillo. Durante las siguientes horas, toda su atención estuvo puesta en la paciente y en el bebé.

Cuando finalmente terminó todo, Penelope salió de obstetricia completamente agotada, miró el reloj; ya era de noche y su turno estaba a punto de terminar. Se pasó una mano por el cabello y dejó escapar un suspiro.

—¿Día largo?

La voz hizo que levantara la mirada.

Colin estaba unos metros más adelante, sentado en una camilla que estaba en el pasillo. También parecía agotado.

—¿Tú sigues aquí?

—La reunión se alargó más de lo esperado.

Penelope caminó hacia él y se sentó a su lado.

—Yo pensé que ya te habías ido.

—Yo pensé lo mismo de ti.

Penelope soltó una pequeña risa.

—Tuve un parto.

—Entonces eso explica tu cara.

—¿Qué tiene mi cara?

—Nada.

—Colin.

—Solo digo que pareces cansada.

—Estoy cansada.

—Yo también.

Durante unos segundos ambos permanecieron en silencio.

—¿Cómo salió la reunión? —preguntó Penelope.

—Bien. Aunque duró demasiado.

—¿Y el proyecto?

—Sigue en pie. Mañana tendremos que revisar algunos documentos.

Penelope asintió.

—Perfecto.

Colin se levantó de la camilla.

—Aunque antes de que te vayas…

Penelope lo miró.

—¿Qué?

—Hice algo después de nuestra conversación.

Ella frunció el ceño.

—¿Qué hiciste?

—Le escribí a Francesca.

Penelope abrió ligeramente los ojos.

—¿A Fran?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque después de que me contaste tu sueño, pensé que quizá tú estarías más tranquila si ella venía a revisarse.

Penelope lo miró sorprendida.

—Colin…

—Le dije que no era necesario preocuparse, pero que si quería podía pasar por el hospital y tú podías revisarla.

—¿Y?

Colin sonrió.

—Llegó hace unos minutos.

Penelope parpadeó.

—¿Está aquí?

—Sí. Está en la sala de espera.

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Penelope.

—No tenías que hacer eso.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué lo hiciste?

Colin se encogió ligeramente de hombros.

—Porque dijiste que no estabas completamente tranquila.

Penelope se quedó mirándolo.

—Gracias.

—No tienes que agradecerme.

—Sí tengo.

—Bueno… entonces, de nada.

Penelope sonrió.

—¿Y cómo está?

—Perfectamente. Aunque creo que vino más para tranquilizarte a ti que por ella.

Penelope soltó una pequeña risa.

—Eso suena mucho a Francesca.

—Lo sé.

Colin señaló el pasillo.

—¿Vamos?

Penelope asintió.

—Vamos.

Ambos comenzaron a caminar hacia la sala de espera. Después de un día entero recorriendo el hospital, estaban agotados. Pero, por alguna razón, ninguno parecía tener prisa por separarse todavía.

Cuando llegaron a la sala de espera, Francesca estaba sentada tranquilamente en uno de los sillones, revisando su teléfono.

Al verlos, levantó la mirada y sonrió.

—Por fin.

—Perdón por hacerte esperar —dijo Penelope—. Tuve que terminar un parto.

—No te preocupes, sé que estabas trabajando.

Francesca se levantó lentamente.

—¿Podemos ir?

—Claro.

Penelope miró a Colin.

—Tú puedes esperar aquí —dijo Fran.

—¿Segura?

—Sí. No tardaremos mucho.

—Está bien.

Colin se quedó en el pasillo mientras Penelope acompañaba a Francesca al consultorio.

Una vez dentro, Penelope cerró la puerta.

—Bueno, Fran. ¿Cómo te has sentido?

—Perfectamente.

—¿Alguna molestia?

—Ninguna.

—¿Dolor?

—No.

—¿Mareos?

—Tampoco.

Penelope sonrió.

—Bien. Entonces vamos a revisarte para asegurarnos de que todo esté bien.

Francesca se acomodó mientras Penelope preparaba todo.

—Por cierto…

Penelope la miró.

—¿Sí?

—Colin me escribió.

Penelope suspiró.

—Ya me imaginaba.

—Me dijo que quería que viniera porque tú estabas preocupada.

—No estaba preocupada.

Francesca levantó una ceja.

—Penelope.

—Bueno… un poco.

—¿Un poco?

Penelope sonrió.

—Está bien. Bastante.

Francesca soltó una pequeña carcajada.

—Te conozco desde hace suficiente tiempo para saber que algo te pasó esta mañana.

Penelope comenzó con la revisión.

—Fue solo un sueño.

—¿El mismo sueño que hizo que me escribieras apenas despertaste?

Penelope asintió.

—Sí.

—¿Quieres contarme?

Penelope negó con la cabeza.

—Ya se lo conté a Colin.

Francesca sonrió.

—¿A Colin?

—Sí.

—Mmm.

Penelope la miró.

—¿Qué?

—Nada.

—Te conozco, Francesca.

—Solo me parece interesante.

—No empieces.

Francesca rio.

—No dije nada.

Penelope continuó con la revisión, concentrada en el monitor.

Después de unos minutos, su expresión se relajó.

—Todo está perfecto.

Francesca sonrió.

—¿Seguro?

—Completamente. El bebé está bien, tu presión está bien y no hay nada que me preocupe.

Penelope terminó de revisar los últimos datos y se apartó del monitor.

—Puedes quedarte tranquila.

Francesca respiró aliviada.

—Entonces ahora tú también puedes quedarte tranquila.

Penelope sonrió.

—Sí.

—¿Ves? Todo estaba bien.

—Lo sé.

—Y ahora espero que dejes de preocuparte por mí cada vez que sueñes algo raro.

Penelope rio.

—No prometo nada.

—Lo suponía.

Francesca se levantó y acomodó su ropa.

—Gracias, Pen.

—No tienes que agradecerme.

—Sí tengo.

Penelope abrió la puerta del consultorio y Colin estaba todavía esperando afuera.

—¿Todo bien? —preguntó inmediatamente.

—Perfectamente —respondió Penelope—. Tu hermana y el bebé están bien.

Colin soltó el aire que parecía haber estado conteniendo.

—Perfecto.

Francesca sonrió al verlos.

—¿Ven? Los dos pueden dejar de preocuparse.

Penelope miró a Colin.

—Yo nunca dije que él estuviera preocupado.

—No hacía falta —respondió Francesca.

Colin soltó una risa.

—Gracias por venir, Fran.

—Gracias a ti por insistir.

Penelope tomó el expediente y lo guardó.

—Bueno, creo que ya puedes irte a casa a descansar.

—Sí, doctora.

Francesca caminó hacia Colin y le dio un pequeño abrazo antes de despedirse.

—Nos vemos mañana.

—Nos vemos.

Francesca se despidió de Penelope y finalmente salió del hospital, mientras Penelope la observaba alejarse hasta que desapareció por las puertas.

—Bueno —dijo Colin—, parece que tu sueño no era precisamente una premonición.

Penelope sonrió.

—Por suerte.

—Aunque tengo que admitir que me alegra que me lo hayas contado.

Ella lo miró.

—¿Por qué?

Colin se encogió de hombros.

—Porque ahora sé que ya me tienes la suficiente confianza como para contarme algo así.

Penelope bajó la mirada con una pequeña sonrisa.

—Supongo que sí.

Hubo un breve silencio.

—¿Te vas a casa? —preguntó Colin.

—Sí. Creo que después de hoy me lo merezco.

—Definitivamente.

—¿Y tú?

—También.

Penelope tomó su bolso y colgó su bata.

—Entonces… nos vemos mañana.

—Nos vemos mañana, doctora.

Ella comenzó a caminar hacia la salida, pero después de unos pasos se giró.

—Colin.

—¿Sí?

—Gracias por traerla.

Él sonrió.

—De nada, Pen.

Ella le devolvió la sonrisa antes de continuar caminando y Colin se quedó mirándola unos segundos.

Había sido un día largo, agotador y extraño, pero mientras la veía alejarse, tuvo la sensación de que algo entre ellos había cambiado y Penelope, aunque jamás lo admitiría, sentía exactamente lo mismo.

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Notes:

*NUEVO CAPÍTULO LISTO Y ENTREGADO UN POCO TARDE*

CHICXS NUEVO CAPÍTULO AL FIN!!✨

PENELOPE SOÑO TODO LO QUE PASABA CON FRANCHESCA

PENELOPE Y COLIN TRABAJANDO JUNTOS TODO EL DIA

POLIN COMIENDO JUNTOS EN LA CAFETERIA

COLIN PREOCUPANDOSE POR PEN😩😩

FRAN TRANQUILIZANDO A PENELOPE😱😱

GRACIAS POR LEER CADA CAPITULO LOS QUIERO 🫶🏻🫶🏻

PERDON POR TANTA TARDANZA TUVE UN BLOQUEO DE ESCRITOR COMO POR DOS MESES, REESCRIBI ESTE CAPITULO TANTAS VECES QUE YA NI ME ACUERDO CUANTAS FUERON PERO DE CORAZON ESPERO QUE LES GUSTE Y LO DISFRUTEN

POR CIERTO ESTE FIC YA ESTA DISPONIBLE EN Ao3, BUSQUENME POR AHI TAMBIÉN ☺️

PREPARENCE PARA EL PROXIMO CAPITULO💪🏻💪🏻

NO OLVIDEN VOTAR Y COMENTAR SI LES GUSTA💕

POSDATA:SIGANME EN TODAS LAS REDES COMO: EDITS_IVY0

TAMBIEN EN MI PERFIL PERSONAL DE IG: IVANKAFH

ATTE: IVY🌸.

Notes:

*NUEVO FIC ENTRO AL CHAT*

CHICOS NUEVO FIC!!✨

PENELOPE DOCTORA Y COLIN EL SEXI HERMANO DE SU PACIENTE😻💪🏻

POR FAVOR DENLE UNA OPORTUNIDAD Y COMPARTANLO🥹👉🏻👈🏻

SI LES GUSTO EL PRIMER CAPITULO DENLE LIKE Y COMENTEN 💕💕

PRONTO CONTINUARA ESTA HISTORIA...

POSDATA:SIGANME EN TODAS MIS REDES SOCIALES COMO:@ EDITS_IVY0

ATENTAMENTE:
IVY🌸