Actions

Work Header

Honeymouthed and full of wildflowers

Summary:

“Honestamente, perder una guerra podría ser una mejor opción.”
Mark está casándose con Donghyuck para salvar a su reino, pero se pregunta quién lo salvará a él de su esposo, o a su esposo de él.

Notes:

Hola! Bienvenidos a esta maravillosa historia. Hace un tiempo la llevo leyendo y quise trabajar en su traducción para que todos aprecien lo maravillosa que es^^
Todos los derechos a su autora original "pududoll (aprilclash)
Mucho de sus comentarios y notas también las iré traduciendo a lo largo de la historia, ya que algunos son necesarios para ella.
¡Sin mucho más que decir, por favor disfrutenla!

Chapter 1: I. Chico de voz dulce parado en la luz tenue

Chapter Text

 

Es Yukhei quien le trae las noticias, durante una fría y fragante tarde de la pronta primavera. Mark está en el patio real, su espalda en el suelo, el polvo en sus ojos, sus cejas y bajo sus uñas, también en sus fosas nasales y su garganta mientras respira pesadamente con la boca abierta. Está sosteniendo su pecho con una mano, ahí donde sus pulmones queman- pidiendo piedad, pidiendo más, - y su cadera de un lado a otro, cubriendo el moretón que el maestro de espada le dejó durante su entrenamiento.

Puede oler la esencia de Yukhei cuando el chico aún está en el jardín. Es fuerte, dejando una deje dominante que sobrepasa el aroma de las flores. Yukhei es cuero y bromas al fuego, ese es el olor del mejor amigo de Mark, el aroma del segundo al mando cuando Mark sea rey. Hoy, hay algo que se presenta en su esencia, una urgencia.

“¡Mark!” grita, ahogándose cuando añade, “¡Su alteza!” ya que el maestro de espada lo mira desaprobatoriamente por su falta de formalidad.

“¿Qué?” Mark exhala. Pestañea, pero hasta sus pestañas duelen al moverse. Descifra a través del sudor en la punta de su nariz, la manera en que Zhoumi, maestro de espadas, primer caballero del reino y el profesor personal de esgrima para el príncipe, mira a su primo pequeño.

“El príncipe está entrenando, Yukhei,” empieza, con desapruebo, pero Yukhei lo corta - algo que nunca debería hacer, a menos que sea alguna urgencia - y mira a Mark con ojos preocupados, contrastando con el frío de la noche.

“Tú tienes que venir… Ahora…” Habla apenas mientras traga aire. “Algo… Algo pasó… Tu padre…” Debe haber corrido directo desde la sala del trono. Mark se levanta, a pesar del dolor, a pesar de la fatiga que está en sus extremidades, pero lo hace a la mención de su padre. Sus manos encuentran la espada en el piso y apenas se da cuenta de que Zhoumi desenvainó la suya, listo para proteger su rey, es cuando Yukhei levanta su mano para detenerlos.

“No, no, no hay peligro,” dice, las palabras atascadas en su garganta. “Un mensajero vino, del Sur.”

Los ojos de Mark se cierran con confusión por un momento, antes de que Yukhei continue.

“Tu prometida, ella se presentó… Es un Alfa, Mark.”

Un profundo silencio cae en el jardín real, roto sólo por el aliento de Yukhei y el sonido filoso de la espada de Zhoumi siendo enfundada. Hay silencio en la cabeza de Mark también, por un momento, algo blanco, sin sonido, antes que sus pensamiento comiencen a trabajar de nuevo con la suficiente fuerza para caer en estupor.

Un Alfa. Eso significa que no le podrá dar un heredero a Mark. Lo que significa que el matrimonio, la alianza, está acabada. ¿Y con las tropas del Norte, preparadas para marchar a sus tierras, qué esperanza tienen sin la alianza de las Islas del Sur? No hay futuro para ellos si la guerra sucede.

“¿Estás seguro?” pregunta, sin aliento.

“El mensajero vino del palacio. Tenía el barco de la familia real, no hay dudas de eso.”

¿Qué será ahora? ¿Qué hacer ahora? “¿Entonces, vamos a la guerra?” A nuestra aniquilación, a nuestra completa derrota. Primero nosotros y después… las islas. Sólo porque una chica no pudo ser una Omega, o incluso una Beta.

“No,” Yukhei dice negando con su cabeza. “El compromiso sigue válido.”

“No hay ninguna posibilidad que me case con un Alfa,” responde Mark. “¿Quién tendrá a mis herederos, entonces?”

Puede leer la mente de Yukhei a través de sus ojos y sabe que no le gustará la respuesta, pero pregunta de todas maneras. Este es un pequeño acuerdo de sus padres para él. Por lo menos podrá saber de su mejor amigo - como si fuera suficiente para suavizarlo - en vez de los labios de algún mensajero engreído del Sur, el qué va a pasarle a él y a su reino.

“El príncipe heredero, su hermano gemelo, él también se presentó el mismo día. Un Omega."

La sangre de Mark corre helada por sus venas con ese pensamiento, tan frío que su sangre para de correr y se transforma en hielo, tanto que si alguien lo tocara se convertiría en pequeñas piezas. Está al tanto de que Zhoumi y Yukhei dan un paso atrás, dándole espacio para organizar sus pensamientos antes de que exploten.

“Honestamente,” dice Mark cuando logra calmarse, “perder una guerra podría ser una mejor opción.”

 

 

La cosa es, piensa Mark mientras deja que su madre le trence flores en su pelo - flores tradicionales, blancas y rojas, para la prosperidad, para la suerte, para un nuevo comienzo, las flores que sólo puedes usar una vez en la vida, el día de tus votos - que no está seguro de quién sufrirá más con este acuerdo.

Seguro, él odia a Donghyuck, y Donghyuck lo odia a él con tanta intensidad que no está seguro de alguna vez alcanzar, (a menos que trate, oh, y el trata). Pero a lo menos tiene su reino, su gente, su familia. Su vida.

Donghyuck que fue criado para heredar, para ser un rey. Nunca nadie hubiera asumido jámas que fuera algo más que un Alfa, nadie le enseñó humildad. Mark no está seguro si alguien hubiera podido, nadie pudo, lo cual es bastante desalentador considerando que este inconveniente deber cae en él. Porque si deja que Donghyuck tenga malos comportamientos, si deja que Donghyuck le falte el respeto, por mezquindad o ignorancia o solo por desesperación, si no puede siquiera controlar a su esposo, su compañero, su Omega, ¿Cómo se supone que controlará un reino? Mark lo sabe, está perfectamente advertido de eso, que Donghyuck no está entrenado, que Donghyuck es salvaje y posiblemente indomable, que Donghyuck es imposible, fuera del control de cualquiera.

“Donghyuck acordó esto, ¿Lo sabías?”

Mark se da vuelta abruptamente para ver la cara amable de su hermano, escapando de las gentiles manos de su madre en su pelo.

“No lo molestes tanto,” dice ella, trenzando la última margarita en el pelo de Mark antes de dejar a sus dos hijos solos.

Sungmin se sienta en la silla cruzando sus piernas y mira a Mark como solía mirar a las pequeñas aves en las jaulas cuando era pequeño. Con una mezcla de lástima y asombro.

“Fui a hablar con Dongsoon ayer,” dice, con sus ojos fijos en la corona de flores en la cabeza de Mark. “Me dijo que su hermano se ofreció como voluntario para tomar su lugar.”

El corazón de Mark se aprieta con dolor frente a la idea de Dongsoon hablando de esto con su hermano y no con él. Nunca fueron particularmente cercanos, Mark y Dongsoon, pero a él le gustaba. Se había imaginado con ella. No con ese… estúpido que tiene como hermano que siempre le dijo a Mark que nunca sería capaz de nada, y que nunca dejaría que se casara con su hermana, desde que tenían seis y siete años y Donghyuck era más alto que él.

“El no debería haber hecho eso, sus padres no lo habrían forzado a casarse ya que nunca fue preparado para eso en su vida. Ellos podrían haber esperado a que una de las princesas más jóvenes se presentaran.”

Aún así, ellas dos podrían haberse presentado como Betas, Mark piensa. Y con chicos, solo un Omega puede tener hijos. Y este matrimonio no será válido sin algún hijo, un hijo o hija compartiendo la sangre de las dos familias reales. Incluso así, Mark sospecha que Donghyuck no hubiera dejado que ninguno de sus hermanos se casase con él. Probablemente pensó que los estaba salvando. De Mark. Cuán maldito mártir, Mark piensa, chasqueando la lengua.

“Sé bueno con él, Minhyung,” dice Sungmin, usando su nombre de nacimiento, el nombre del que desistió cuando se presentó y fue escogido Príncipe Heredero por derecho de sangre. Sungmin es el único que todavía usa este nombre, el único que tiene el derecho de hacerlo. Presentándose como un Alfa, Mark le arrebató el reino, pero a veces Sungmin aún usa ese nombre viejo, para recordar a Mark, que Alfa o no, el sigue siendo el segundo en nacer.

“¿Él ha sido alguna vez bueno conmigo?”

“Sólo,” repite Sungmin, con los ojos entrecerrados. “No seas malo. Él no tiene nada más.”

De alguna manera, el pensamiento de las otras personas - hasta la misma familia de Mark - están realmente viendo a Donghyuck como un mártir, que se han puesto del lado de él en una guerra imaginaria que ni siquiera ha comenzado, la sangre de Mark quema aún más caliente.

Sacude la cabeza tan violentamente que caen algunos pétalos en el frío suelo de piedra, como pequeños copos de nieve rojos y blancos. Se da la vuelta hacia su hermano para dejar el cuarto, captando su imagen reflejada en la ventana, sólo por un momento. Rojo y blanco, con una pizca de oro. La corona en su cabeza jamás ha brillado tanto y nunca se ha sentido más pesada.

 

 

Donghyuck está usando oro, Mark se da cuenta de repente, cuando se paran uno al lado del otro frente al altar de piedra para pronunciar los votos bajo el sol y las nubes, ante la diosa del cielo.

No se han visto el uno al otro en años, la última vez fue antes de que se presentaran, y Donghyuck tenía que haber cambiado, tal como Mark está seguro que él cambió desde la médula, ya no es el chico raro que solía ser en sus años jóvenes. Aún así, Mark no lo quiere mirar. No quiere saber si es su presencia la que le da miedo o que puede encontrarlo de repente atractivo, o descubrir que la presentación lo endulzó, lo rehizo en una manera que la gente -incluso Mark - lo encuentran deleitable en vez de ser el dolor en el trasero que siempre ha sido. O quizá sólo está tratando de retrasar lo inevitable. Tener que mirar los ojos de una persona que estará contigo el resto de tu vida y encontrar que solo hay odio ahí es algo muy duro de cargar en el día de tu matrimonio.

Donghyuck se desliza y Mark siente la caricia impalpable de seda en sus tobillos, la túnica flotante de Donghyuck agitándose inquieta. Desde la esquina de sus ojos, Mark solo puede ver el tenue brillo de oro. No puede oler a Donghyuck sobre la fragancia de las flores que el chico carga, las mismas flores quemándose en las brasas, presionadas y amarradas en pequeñas canastas alrededor del lugar. Jazmín, flor de limonero y fresia. Madreselva.

Es una vieja tradición, la práctica de mantener a la pareja lejos de percibir sus fragancias antes de terminar la ceremonia. Mark ha oído dos sirvientes en el palacio decir que es romántico, una manera de construir la anticipación, pero no podrían estar más lejos de la verdad. Es para comenzar con precaución, en el caso de que los esposos no son compatibles y deciden quebrar el enlace en el primer encuentro. Ahora en los tiempos actuales, la mayoría de los prometidos se conocen al menos una vez para confirmar afinidad, pero los padres de Donghyuck, al igual que los de Mark, decidieron que no había necesidad de eso. Afinidad o no, tienen que casarse igualmente - ellos se están casando de todas maneras, ahora mismo, porque la alianza es menos dolorosa, más rápida, verdadera, y la única manera de prevenir la guerra. Bueno, al menos Mark ya sabe que él y Donghyuck no son compatibles, y no puede encontrar ninguna sola razón en particular.

Mark no puede oler a Donghyuck y se niega rotundamente a mirarlo, pero no hay manera de evitar el sonido de su voz cuando pronuncia sus votos. Solía ser un poco aguda y molesta en el pasado, la voz de un niño que habla mucho y siempre de las cosas equivocadas, en la manera equivocada. Solía dar a Mark alguna de sus peores jaquecas. Ahora es suave, con curvas en los extremos, como néctar goteando por las grietas de los árboles en verano, como una perezosa, tarde soleada para pasar en el césped, escuchando las cigarras, como....

“Lo haré.”

“Ahora deben intercambiar los anillos.”

Donghyuck se da la vuelta primero y lo primero que ve Mark es el polvo de oro en sus mejillas, sus cejas, el arco de cupido, desparramado en su labio superior. Es brillante, liviano e impalpable, captura toda la luz del día y lo hace brillar en su piel, un arcoíris dorado.

La segunda cosa que Mark ve es el pesar en los ojos de Donghyuck, una áspera diferencia con la suavidad de sus rasgos, con la luz esculpiéndose en sus mejillas. Hay rabia en esos ojos, hay miedo y derrota y en esa derrota hay desafío, hay resistencia, y detrás de todo eso hay cansancio, algo que no se puede solucionar y Mark lo reconoce porque lo ha visto en sus ojos también. Están ahí porque es su deber. El primer deber de Mark como futuro rey. El último deber de Donghyuck como futuro rey. Están ahí porque hay esperanza. Pero ellos no quieren estar ahí, ninguno de ellos, y no hay vuelta atrás.

La tercera cosa que ve Mark es la cadena dorada de su madre, la que estaba usando ella el día de su boda, brillante y cuidadosamente inmersa en la clavícula de Donghyuck. Él no entiende inmediatamente porqué el ver eso lo hace sentirse incómodo por dentro. Hay algo impropio, algo que no está captando. Es parte de la tradición el que un Omega use este tipo de baratijas, medallones o anillos dorados brillando en sus cuellos para indicar como un bello compás el emparejamiento - Entonces se da cuenta, no es la cadena. Es Donghyuck, que fue una vez Príncipe Heredero, y un Príncipe Heredero nunca usaría una cadena, tal símbolo de contrariedad en su cuerpo. Pero es también Donghyuck, que es un Omega, su cuello desnudo bajo la cadena, como una ofrenda, y Mark nunca lo ha visto mostrar tanta piel y no puede evitar mirar el oro en la garganta de Donghyuck, hipnotizado.

Entonces, Mark se da cuenta que lo ha mirado un poco mucho, que todos están esperando, que Donghyuck ha dejado de respirar, y su cuerpo está tenso como una cuerda de arco, estrecha y en posición, dispuesta a disparar. La postura de Donghyuck en arquería siempre ha sido mejor que la de Mark, siempre ha sido perfecta. No hay ninguna instancia en la que haya dudas cuando extiende su puño hacia Mark y lo abre lentamente, revelando un simple anillo de oro. Mark ha estado sosteniendo el suyo tan fuerte que está sorprendido de no haber sangrado.

Sus manos se tocan cuando Donghyuck pone el anillo en la mano de Mark, igual que cuando él lo hace de la misma manera. Los dedos de Donghyuck están calientes y pegajosos, las manos de Mark heladas y tensas. Mark cierra sus ojos por un momento, tratando de calmarse cuando pierde el dedo de Donghyuck al primer intento. Ellos no dejan ir sus manos - ellos no pueden dejarlas ir, no hasta que la ceremonia haya finalizado. Escucha el canto de las cigarras y los invitados fuera, y las palabras del oficiante.

“Ahora se pueden besar.”

Mark da un paso adelante, buscando los ojos de Donghyuck. Él es bonito, mucho más bonito de lo alguna vez sus ojos han visto en Dongsoon, pero él ha sido criado para convertirse en un rey y ella no. Ella será una reina, y será una reina preciosa, pero Donghyuck ha sido criado para lucir como lo más precioso, lo más poderoso, y la estrella más brillante en el firmamento. Ha sido alzado para ser un rey y ahora tendrá que pasar el resto de su vida sirviendo a otro rey. Uno al que odia.

Mark no besa a Donghyuck en los labios. Lentamente levanta su mano -la mano de él aún sigue con la de Donghyuck, sus anillos besándose suavemente cuando las mueven juntas - y toma la muñeca de Donghyuck hacia su boca. Donghyuck huele como flores salvajes, como flores de matrimonio, como miel, como el vino dulce que tuvo que beber antes de la ceremonia, y bajo todo el perfume y el toque de miedo, huele como ruina.

Mark entiende ahora, todas las cosas que dicen de los Omega y de la manera en la que huelen y de la manera en la que saben, incitando, como algo demasiado bueno para tener. Por un momento se olvida dónde está, por un momento desea que pudiera seguir las venas de Donghyuck como un pasaje secreto que lo lleva a la glándula de la esencia, donde será capaz de respirar en él sin la molestia del perfume, y más lejos a su boca, para probar la fuente y saber si es tan dulce como huele - Pero, ¿Cómo no lo sería? Es un Omega, besado por la miel y flores salvajes.

Mark presiona sus labios en la parte interna de la muñeca de Donghyuck, donde la piel es suave y fina como papel, la vena tirando, donde cada beso es como una oración susurrada al pulso de Donghyuck, su esencia se siente tan densa, casi sólida en la punta de la lengua de Mark.

Donghyuck se congela y su esencia sale a flor de piel, imposiblemente dulce, luce como si quisiera retirar su mano, pero no se atreve.

Hay un momento de silencio, como si el universo entero estuviera en el borde de un precipicio, preparado para lanzarse a la oscuridad o convertirse en luz para volar. Donde en silencio se condensa el mundo dentro de la piel de Donghyuck, esa donde los labios de Mark están besando. Entonces, todos se levantan para aplaudir, lanzando flores y monedas a los pies de la pareja recién casada. Sólo entonces, Mark deja ir la muñeca de Donghyuck, entonces el chico tironea su mano de vuelta y la esconde hostilmente bajo la manga dorada de su túnica.

Está hecho. Casi.

 

 

Más tarde, cuando Yukhei le pregunta porqué no besó a su esposo, Mark se encoge de hombros y dice que no sentía la necesidad de hacerlo. “Él es solo Donghyuck, ¿Sabes?” Es un tipo insufrible, Omega o no. ¿Por qué querría besarlo?”

Yukhei parpadea, y no es claro si ha bebido del cáliz de las mentiras de Mark o no, pero no pregunta nada más, algo que Mark agradece silenciosamente. Para toda las preguntas acerca del beso solo responde que no quería abrumar a Donghyuck, que se suponía no iba a ser Omega, y reclamarlo frente a todos. Sus súbditos lo alaban por ser un compañero considerado antes de un Príncipe Heredero considerado, su padre sonríe, orgulloso y un poco emocional. Su hermano asiente, aprobatoriamente. Solo Donghyuck frunce el ceño, sin impresionarse e incluso un poco ofendido, el inicio de una tos incrédula haciéndose paso en su cara. Podrías haber tratado, sus ojos oscuros parecen decir, bajo todo. Deberías haber tratado, su alteza. Mark se imagina la airosa voz de Donghyuck diciéndolo (Hace su sangre hervir).

La verdad, a Mark le hubiera gustado intentar. Efectivamente, por un momento no hubo nada que Mark quisiera tratar más, sólo para poner a este Omega - este en particular - en su lugar frente a todos. Juzgando por la expresión asesina de Donghyuck, no está seguro de que tendría sus labios intactos, si hubiera intentado.

Mark suspira, dándose la vuelta para preguntar a Yukhei si le puede traer vino de flores, fuerte y dulce. Las cejas de Yukhei se levantan sorprendidas.

“Se supone que no bebas,” le susurra, pero lo deja hacerlo de todas maneras, su por siempre mejor amigo y único aliado, incluso cuando Mark está haciendo algo que no debería - especialmente cuando Mark hace algo que no debería.

Está en lo correcto . Mark no debería beber, no cuando el banquete está por terminar y pronto será su noche de bodas. Pero, si estas son promesas, Mark no está seguro que sobreviva la noche, así que toma la copa que Yukhei sostiene y le da unos sorbos.

El vino es cálido, recién salido del fuego, y después de una fuerte probada de alcohol ardiendo en su garganta deja un sabor a miel y flores. Mark encuentra los ojos de Donghyuck en el otro lado del cuarto y antes que alguien, cualquiera, pueda detenerlo, marcha hacia su nuevo esposo, moviendo una silla junto a Donghyuck y volteándola hacia él livianamente, hasta que sus muslos se están tocando.

Donghyuck está solo. Su hermana está bailando en algún lugar con el hermano de Mark, sus padres haciendo alguna pequeña charla con el Lord que controla la linea costera frente al reino. Incluso Jeno, el mejor amigo de Donghyuck y su tutor (si Donghyuck hubiera sido rey, por supuesto) están lejos. Aún así, Donghyuck no se ve fuera de lugar en la mesa. Mark debería lucir raro, sentado ahí sin nada que hacer, casi olvidado, pero Donghyuck solo se ve intimidante y demasiado real.

“¿Bebiendo antes de tu noche de bodas?” le pregunta, sin mirarlo. "¿No tienes miedo de perder tu objetivo?”

Su cabello cae, debe de haber pasado su mano a través de él muchas veces. Luce tan suave y frágil, desaliñado, como un pétalo estropeado listo para caer al suelo al primer murmullo de lluvia de verano.

¿No te gustaría eso? ¿Estar ebrio en nuestra noche de bodas? La pregunta baila en los labios de Mark. Guarda sus palabras de ser reveladas y hacer enojar a Donghyuck, y sin palabras deja la copa entre ellos en la mesa. Donghyuck la estudia por un momento, su cara indescifrable. El olor del vino es casi tan fuerte como su esencia, y las dos son tan dulces que incluso la nariz Alfa de Mark puede separarlas.

“¿Para mí?” Pregunta Donghyuck, finalmente mirando a los ojos de Mark. Puede ser un signo de honestidad pero de alguna manera Donghyuck lo transforma en un acto de desafío. “¿Tú crees que las cosas serán más fáciles si estoy ebrio? ¿Así me quieres? ¿Dócil?”

“Dócil y callado, si es posible” Responde Mark, y esta vez no puede detenerse, las palabras salen de su boca como en un barranco, cayendo por los al menos diez años de sufrimiento de los pinchazos verbales de Donghyuck, incapaz de detenerse.

Se siente malditamente bien, pero sólo por un momento. Mark lo huele antes de verlo, la manera en la que sube y quema la esencia de Donghyuck. No se vuelve agria, sólo se vuelve fuertemente profunda, como añadir un pigmento de color al agua y observar cómo se vuelve lentamente oscuro.

“Entonces te casaste con la persona equivocada,” Donghyuck sisea. “no seré dócil, tampoco callado, no soy un…”

“Lo eres,” Mark lo corta. Capta la muñeca de Donghyuck e ignora la indignación en la cara de él por ser tocado sin permiso. Lo sostiene fuerte. “Te vas a calmar ahora. Hay gente aquí.”

Donghyuck inmediatamente se desinfla.

Ciertamente hay gente. Comerciantes, nobles, embajadores de otros países, Un príncipe joven del Imperio del Norte, probablemente chequeando qué tan fuerte es la unión para marchar posiblemente al Sur, pero se ve más interesado en coquetear con chicos. Hay gente que pretende no observar, pero lo están haciendo, están esperando, por una hendidura o un choque, para que todo se rompa. Y Mark y Donghyuck, tienen que verse inquebrantables, tienen que lucir invencibles y Donghyuck lo sabe. La manera en la que acomoda sus uñas en la muñeca de Mark no combina con la manera en la que está sentado sonriendo, pero la sonrisa nunca llega a sus ojos.

Se sientan en silencio y Mark sólo puede culparse a sí mismo por la tensión incómoda. No se arrepiente de lo que dijo, Donghyuck lo merecía después de todo, pero aún así empuja la copa hacia él.

“Deberías beberlo,” le dice, “dolerá menos de esa manera.”

“Prefiero que duela a disfrutarlo,” responde Donghyuck con sus dientes apretados, y Mark por un largo momento se siente tentado a responder, para doblar a Donghyuck en su regazo y enseñarle cómo hablarle a un Alfa, pero solo se levanta, cepillando imaginariamente la sonrisa falsa y brillante de Donghyuck.

“Será como gustes, cariño,” le dice, antes de irse a bailar con su madre.

Jódete Donghyuck. En serio, que se joda. Mark debería, eventualmente.

 

 

Pero no esta noche. Esta noche no puede, Mark se da cuenta cuando sigue a Donghyuck al cuarto, su cuarto.

No el dormitorio de Mark, el dormitorio donde nació, donde creció, donde se presentó. Donde tuvo su primer celo, donde tuvo su primer beso - una chica que olía a menta y río - y su segunda - una princesa de las Islas del Sur, que sabía a miel y vino de flor una con la que Mark nunca se casará - El dormitorio de Mark huele como él, como todas las estaciones de él, lo que fuera, lo que siempre fue, lo que siempre ha sido, y que siempre será. Él podría haber traído a alguien que amara ahí, para decirle, “Este fue mi mundo y ahora es nuestro.”

Pero Mark no ama a Donghyuck, y su dormitorio es nuevo, asi que pueden imprimir ambas esencias ahí, así para que Donghyuck no se sienta como un intruso. No importa cómo huele la habitación, Donghyuck es un intruso. Donghyuck es un intruso que huele a ruina, como calor brillante, como la impresión del sol en tus pestañas al atardecer, que mientras más tratas de evitarlo más caliente quema en tu mente. Y Mark no puede, no puede, y no lo hará.

Esto es lo que decide cuando ve la línea de tensión en la espalda de Donghyuck. Está apretando sus músculos, como un animal capturado en una trampa, listo para correr, buscando rutas de escape. Hay muchas, en esta habitación, y ninguna de ellas pareciera funcionar porque no hay rutas de escape en la vida real. Incluso esto, lo cual va a hacer Mark - lo que Mark no va a hacer - no es como que le esté dando a Donghyuck una ruta de escape. Mark no es así. Él creció como un conquistador, él creció para ser un rey (así como su esposo).

Donghyuck ni siquiera intenta escapar. Está orgulloso de sus juegos, está hecho de oro y luces y gloria y la gloria no muestra arrepentimientos. Mark puede oler el miedo en él, pero Donghyuck usa el velo nupcial, se pone el velo él mismo y camina hacia la cama para sentarse. Entonces se ve, en los ojos de Mark. Mark puede oler el miedo de Donghyuck pero él sólo demuestra desafío y determinación.

Ninguno de los dos dicen alguna palabra cuando Donghyuck se quita la túnica, rasgándose en piezas cuando se atasca con la cadena dorada.

Mark quiere mirar lejos, pero no puede. Hay mucho que mirar, mucho en lo que podría poner su boca. La clavícula de Donghyuck, su cuello, marcada con los enlaces de la cadena de oro - Donghyuck no tiene permitido quitársela hasta que la noche se acabe, pero Mark la quiere fuera, la quiere quitar con sus dientes - y la curva de su cintura, todo sedoso, y bronceado.

“¿No vendrás?” Donghyuck  lo llama. “¿Para tomar lo que es tuyo, su Alteza?”

Siempre se siente como un insulto cuando lo dice, pero Mark está contento de que su esposo no lo llame por su nombre. Probablemente le gustaría, y eso sería un error.

Hay gente fuera de la puerta, seis guardias entrenados, sirvientas y sacerdotisas, escuchando, esperando, pero Donghyuck no sisea ni se estremece cuando estira sus piernas. Se sonroja, en enojo o vergüenza. Se muerde el labio inferior.

“¿Debería acostarme sobre mi estómago? ¿Sería más fácil para tí?”

“No,” dice Mark, demasiado rápido y seco.

Las cejas de Donghyuck se levantan. Se deja caer, en el medio de la cama, arqueando su cuello así puede ver a Mark. Su sexo está ahí dispuesto entre sus piernas y el de Mark - el de Mark no, no del todo, está sufriendo y le está gritando que vaya ahí y dejar que siglos de instinto tomen lugar, pero hay diez personas fuera de la puerta para escucharlos coger y Donghyuck lo odia.

“¿Crees que puedas superarlo y mirar mi cara? No soy mi hermana.”

Mark se ríe histéricamente dentro de su cabeza. La cara de Donghyuck es la última de sus preocupaciones. Él quiere venirse en su cara, en esa arrogante y pequeña boca, esos labios de corazón. Quiere morderlos hasta que sangren, quiere molestar a Donghyuck hasta que llore, hasta que su voz esté seca y rasposa, hasta que solo pueda agitarla en movimientos silenciosos, sin aliento.

Sería muy fácil, porque eso es lo que Donghyuck quiere. Ha estado mirando a Mark, enojándolo, burlándose toda la noche bajo su aliento. Quiere a Mark enojado, lo quiere furioso, quiere que su primera vez sea sin piedad y ruda y viciosa, y quiere sentirlo en su cuerpo por días, cada día recordando lo que Mark le hizo. Quiere que Mark pierda el control y ser el malo, porque eso hará las cosas más fácil para odiarlo.

Mark solo lo mira, ve los nervios y la impaciencia peleando con la armadura de Donghyuck, sus dedos apretando imperceptiblemente fuerte sobre la piel de sus muslos para mantenerse con las piernas cerradas, escondiéndose de la mirada de Mark.

“¿Lo vas a hacer? No tenemos toda la noche.”

“Oh, la tenemos,” dice Mark, muy lento. Avanza un paso, mirando duramente a los ojos de Donghyuck, todo su cuerpo tensándose cuando deja de respirar y… “Pero no lo puedo hacer. No lo haré.”

Observa claramente la furia en los ojos de Donghyuck por un momento, sabiendo que quemará aún más después.

“¿A qué te refieres con que no lo harás?”

“Me refiero a que no tendré sexo contigo, no si sigues comportándote como si fuera el peor castigo en el mundo. Tápate, no quiero verte.”

Se vuelve más áspero cuando lo dice y no se arrepiente ni siquiera un poco, no por la manera en la que quiebra la compostura que tiene Donghyuck, enciendiéndolo como una fogata en verano.

“¿Estás loco?” dice Donghyuck en susurros, sus ojos flameantes, con su cara en una mueca por su indignación que Mark encontraría divertida, si su esposo no luciera positivamente como un asesino. “¡Hay gente detrás de esta puerta, esperando a que consumemos nuestro matrimonio!”

“Déjalos esperar por toda la noche entonces, te morderé y me iré a dormir.”

Donghyuck salta de la cama, toda su piel desnuda dorada y brillante, demasiada piel. “Tú no puedes solo…”, empieza a decir, tratando de empujar a Mark, pero Mark capta sus muñecas antes de que Donghyuck le golpeé el pecho.

“No, la cosa que no puedo hacer ahora es cogerte,” dice, muy lento, y si Donghyuck no estuviera tan furioso quizá se daría cuenta que Mark lo está haciendo por él, por su honor, porque no quiere que la gente fuera sepa cómo lo está rechazando. Este es un rechazo, y es crudo, y está funcionando, la humillación en la cara de Donghyuck, después de todas las veces que humilló a Mark. Está funcionando. “No puedo y no dormiré con un compañero reacio.”

“Estoy haciendo lo que debo hacer,” masculla Donghyuck, tratando de deshacerse del agarre de Mark, pero Mark lo sostiene aún más fuerte, susurrando en el oído de Donghyuck, su nariz contra los rizos de cobre.

“Pero no quiero que sea una obligación. El día que tengamos sexo, no será porque es tu deber.”

“Nunca.”

Donghyuck tironea para alejarse y esta vez Mark no es lo suficientemente rápido para detenerlo. El puño de Donghyuck golpea su cara, lo suficientemente fuerte para hacerlo tambalear, quizá dejar un moretón, pero no para romper su piel. Un alivio, porque sería extraño explicarlo en la mañana. Aún así, duele cuando Mark lleva una mano a su mejilla para chequear el daño. Hace un mueca al escozor. Nunca, dijo Donghyuck. Oh, nunca sería bueno, pero ninguno de los dos pueden esperarlo. Mark necesita un heredero real y Donghyuck… Donghyuck deberá necesitar a Mark cuando el celo venga, y Mark nos será cruel para rechazarlo. Esta noche, sin embargo quiere ser cruel.

“Será como tú desees, cariño,” repite, las mismas palabras durante el banquete, y finalmente aparece algo de dolor en la cara de Donghyuck. Así que puede herirse. Puede sangrar y llorar - está tan cerca de llorar ahora, y Mark fue el que lo hizo. Cuán inútil logro.

“Aún necesito marcarte,” dice Mark cuando Donghyuck toma la sábana para taparse. Puede con el hecho que no cogió a Donghyuck esta noche - la gente hablará, pero puede hacerlos callar - pero necesitan salir de ese cuarto como compañeros. Dolerá, ya que no tuvieron sexo antes de la mordida. Mark desea que Donghyuck hubiera bebido el vino de flores. Se arrepiente de no beber él mismo cuando Donghyuck mueve su cabeza hacia un lado, exponiendo esa elegante curva en su cuello, la constelación de lunares que dota su piel, su dulce, y consumidora esencia haciendo aguar la boca de Mark.

Mark cierra sus ojos, respira en él. El odio, la humillación, el enojo. El miedo. Todo ahí, Donghyuck sigue oliendo como algo que Mark nunca tendrá permitido tocar, como gloria y oro. Su piel sabe como ruina, dulce, una ruina exquisita.

Mark muerde y, tal como lo había predicho, tal como Donghyuck quería, duele.