Chapter Text
❝ A veces me engaño a mí mismo.
Lo siento pero no puedo ser ese chico ❞
El despertador sonó y Peter pensó que su vida no podía ser más injusta, otra noche más de lo mismo, no había dormido bien y sin mentir tendría menos de una hora cuando por fin logró ser capaz de conciliar el sueño. Se levantó queriendo dormir hasta mañana si así podía evitar enfrentar la vida desde hace poco tiempo había comenzado a odiar con toda su existencia.
Como quien no quiere la cosa se arregló para partir rumbo a la prisión que llamaban escuela, era su último año de preparatoria y aunque las personas constantemente le decían que debía ser una de las mejores etapas de su vida, él creía que era una completa mierda; su vida había dado un giro de 180° desde el comienzo de ese último semestre matándolo en el proceso de una forma pésima e inundándolo en rojo y azul. “Estoy jodido” pensó antes de cerrar la puerta de su casa resoplando ante el sentimiento de nerviosismo y expectación que inundaba su estómago.
En otra casa del mismo vecindario Scott comenzaba su rutina como siempre, se duchó, vistió y bajó a desayunar con sus padres, no quería preocuparlos y por eso evitaba mostrar cómo se sentía realmente, no cuando ellos creían que la mudanza había sido la mejor elección que pudieron tomar; pero si se permitía ser sincero, debía aceptar que su vida había decaído demasiado desde que llegó allí, y no es que se tratará de un berrinche adolescente, no; Scott lo único que no soportaba era su nueva escuela, para él no es que el cambio fuera demasiado o que las clases fueran dificultosas, su problema residía en aquel personaje que solía agredirlo verbalmente todos los días a cada oportunidad que tenía.
Nunca había sufrido de aquello en su anterior escuela y no lograba acostumbrarse a los despectivos apodos que su enemigo parecía buscarle con saña: marica, desviado, raro eran sólo algunos de ellos y el pelirrojo era incapaz de entender cuál era el problema con su orientación sexual; su homosexualidad no era algo para ser discriminado o humillado de esa manera, pero no era quién para imponer algún tipo de idealismo en sus compañeros, por lo que simplemente se limitaría a ignorar los insultos o bromas de mal gusto.
Haciendo lo posible por ignorar la situación dentro de su hogar se dispuso a ir a clase, a primera hora tenía cálculo, le gustaba la materia por lo que apuró el paso cuando observó el reloj y miró que faltaban diez minutos para comenzar la clase, se despidió de sus padres y salió corriendo rumbo a la escuela rezando en vano para su día transcurriera tranquilo.
