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¿Que has hecho con tu vida?

Summary:

Tweek esta quebrado, indispuesto. Con un departamento que mantener,las cuentas y su reciente despido. La desesperación lo lleva a una esquina de Brooklyn en busca de clientes aún si nunca ha tenido experiencia con ello.

¿Lo soportará?

Ciertamente Tweek cuenta con ello.

Notes:

Sé que tengo otro fanfic que completar pero me gustó la idea de esto así que....

Prometo actualizar los domingos. Ustedes no sabrán que actualizaré pero actualizaré jaja.

Chapter Text

Tweek lo necesita. Necesita el trabajo como necesitaba su anterior trabajo antes de que decidieran deshacerse de él justo dos días antes del pago de la renta.

 

Sabe que se arrepentirá mucho después. Que cuando analice la situación con la cabeza fría temblará, se retorcerá en sus sábanas manchadas de café y pensará en cómo llegó a esta situación de mierda en donde estar parado en una esquina en busca de "clientes" cuando solo ha tenido un par de encuentros antes es mucho mejor que volver a casa con sus malditos padres adictos a la metanfetamina.

 

Un auto pasa, el sonido de la llanta cayendo en un bache lo hace saltar pero no se detiene , Tweek puede calmarse y volver a imaginarse que en algún momento alguno parará y tendrá que darle una mamada, dar su trasero o cualquier cosa que quiera al dueño de unos cuantos dólares que le permitan conservar su diminuto departamento en el caótico y peligroso barrio de Brownsville. Es horrible, está lleno de moho, el ruido del tren a cada hora lo despierta de un sueño en el que es arrojado debajo de las vías, la cama de los vecinos rechina y los estantes ni siquiera cumplen la función de mantener todo lo suficientemente alejado de los dientes de las ratas (dios sabe que Tweek las ha encontrado merodeando en su comida) pero es todo lo que tiene y no se irá a otro lugar cuando New York es el único sitio en donde sus padres no lo buscarían (no es que lo buscaran de todos modos).

 

Saben que Tweek no podría permitirse vivir ahí y están tan cerca de tener razón que de momento olvida el asco de una polla extraña invadiendo sus orificios. 

 

De momento porque tan pronto siente una mano en su hombro, la ira se le cae y es reemplazada con miedo y sudor tan frío como la noche estrellada.

 

Gira lentamente, traga. Estudia al hombre de avanzada edad que por el movimiento de sus labios parece estar preguntando dónde queda la estación de tren de Brooklyn y, posteriormente, pregunta si Tweek es sordo cuando Tweek está tan asustado como para digerir correctamente las palabras. 

 

El hombre resopla cuando nadie le responde y pasa de él enojado. 

 

Tweek lanza un suspiro tremulento al aire, sus temblorosas manos cubren su cara incrédula. 

 

¿En verdad estoy haciendo esto?

 

Todo es más fácil cuando lo piensas, y aún si al momento nadie se ha acercado a él para pedir favores, el enfrentamiento a la realidad de sus acciones lleva una corriente extrañamente fría por su espalda.

 

Lo está haciendo, realmente lo está haciendo. 

 

¿Está dispuesto a dejarse usar solo por no volver con sus padres?

 

¿Por no volver a soportar horarios de trabajo extenso y mala paga?

 

Si.

 

Porque sabe que el trabajo y la paga eran el menor de sus problemas.

 

Sin embargo ahora, cuando la gente pasa a su lado sin verlo, sin prestarle atención al desgarbado indigente adicto a la metanfetamina que simula con su apariencia. Al manojo de nervios que ni siquiera puede atarse los cordones o la camisa correctamente, solloza.

 

Solloza porque sabe que eventualmente tendrá que volver a Colorado. Tendrá que mirar la sonriente cara de sus padres sabiendo que tenían razón todo el tiempo.

 

Nunca pudo hacer nada por sí mismo y nunca podrá hacer nada por sí mismo. 

 

Aún si mantuvo un trabajo en Walmart, aún si de alguna manera logró mantener dos meses de renta en algo que no era más grande que el cuarto de su antigua casa. 

 

Aún si trabajó con todo lo que pudo turnos dobles.

 

No pudo.

 

No pudo alejarse de lo que era.

 

No pudo olvidar la pequeña parte de sí que le recordaba de dónde era, que le recordaba quienes eran sus padres.

 

Se avergüenza, se desliza por la pared de la esquina y llora, a pesar de que no podría ser sexy para nadie que de repente quien te va a chupar la polla sea un desastre de hipo y mocos.

 

Se agarra el cabello. Las marcas de pinchazos en la parte anterior de sus brazos arden cuando flexiona los codos y de repente no le importa que le manden miradas extrañas o que un perro le ladre cuando pasa antes de aburrirse de él.

 

Si fuera alguien más ya habría conseguido ayuda.

 

Si fuera alguien más pero no, es Tweek. 

 

Es Tweek y se sorprendería si llegara a tener algún cliente después de esto.

 

----

 

Han pasado tres horas. Es medianoche, las lágrimas se han secado en sus mejillas y estaría más asustado de estar afuera si no tuviera absolutamente nada que robar en este momento.

 

¿Su ropa? 

 

Sería una suerte que se la quitaran. Es áspera, tiene huecos en las axilas e hilos salientes en las mangas. 

 

Tal vez alguien se apiadaría de él y le darían una nueva.

 

Tweek ríe.

 

Ya ha llegado a un acuerdo consigo mismo. Está cansado. Una camisa no es suficiente para apartarlo del frío. Y si es lo suficientemente bueno acabará con esto y recibirá 100 dólares que le permitirán una hamburguesa y una maldita dosis de algo que jamás podrá sacar de su sistema.

 

Se ha amarrado la camisa a la altura del ombligo en lo que espera haga más obvios sus servicios.  Tiembla pero trata de parecer indiferente. Se ríe amargamente y se dice que no aceptará menos de 100 dólares aunque sabe que cuesta mucho menos.

 

Los autos pasan, reconociendo su presencia de vez en cuando pero no parando como deberían de hacerlo. 

 

Tweek quiere acabar con esto, quiere irse. Dormir. Comer. Hacer algo. Esta a punto de dibujar un cartel cuando un auto negro se para frente a él y la ventanilla del copiloto desciende mostrando a un hombre joven con lentes de sol tamborileando sus dedos en el volante. 

 

Tweek se acerca pero el hombre no dice nada los primeros minutos. Parece pensar en lo que está a punto de hacer y...

 

 

 ¿Quien no lo haría?.

 

Es Tweek, y el hombre debe estar realmente desesperado si está a punto de pedirle algo al tipo que parece un loco con el cabello desperdigado por todos lados.

 

---Mmm...--- El extraño comienza. Golpea un poco más los dedos en el volante antes de finalmente girar y mirarlo. Tweek trata de formar una sonrisa pero cuando el frío ha entumecido sus rasgos solo lo mira de vuelta y pregunta.

 

---¿Qué necesitas?---

 

El hombre aprieta el volante con fuerza. Parece no encontrar palabras hasta que solo suspira levemente y recita:

 

---Quiero una mamada...---La última palabra inestable. Como si el tipo nunca la hubiera dicho antes o si se arrepintiera de decirla en el momento. O como si tuviera miedo de que Tweek lo golpeara al asumir por error que brindaba ese tipo de servicios. Es tierno. Al menos es tierno, y no un viejo que espera que Tweek se atragante con su polla.

 

---Ngh..¿Quieres que suba?---El chico asiente y Tweek no está seguro de eso pero lo hace. Ya ha llegado tan lejos y si esto de alguna manera lo lleva a su muerte. Al menos no tendrá que pagar nunca más la renta. 

 

Se mete en el asiento del pasajero. Usa cinturón más por costumbre que por seguridad. El chico pone el auto en reversa y gira, avanzando dos o tres calles antes de parar frente a un hotel 24 horas junto a una farmacia que seguro ha visto mejores días.

 

El chico se baja y Tweek no sabe si debería hacer lo mismo. No cree que haya pagado por una habitación cuando sólo iba a recibir una mamada. Lo ve dirigirse a la farmacia y eso tiene más sentido. 

 

Tweek espera.

 

La luz de la farola tintinea, nieve ha empezado a caer. Analiza el auto y las latas de cerveza junto a los libros de física y los cuadernos no hacen más que confirmar lo que pensó.

 

Era joven.

 

Tweek quería saber cuánto. 

 

Descubrir que accidentalmente era un pedófilo no estaba en sus planes. 

 

Escucha un golpe en la ventana y gira, el hombre le indica que salga lo que Tweek no entiende hasta que entra al hotel y dios...¿el chico pagó un hotel solo por una mamada? . Se preocupa mucho más acerca de la edad del joven. 

 

Tweek sale. Lo sigue. Escucha las puertas del auto bloqueandose y se adentra en el edificio observando cómo a pesar de las grietas , es mucho mejor que las ratas en su propia casa.

 

---Una habitación---oye murmurar al otro en la recepción y se acerca. Su voz es ronca, nasal y baja. Huele a desodorante, picante e intenso en lo que parece un intento por tapar el olor de la cerveza. Es una cabeza más alto que Tweek y eso ya es mucho decir dado el 1.87 que lleva sobre sí mismo. La recepcionista les da una llave sin mirarlos y ambos caminan silenciosamente por las escaleras en zigzag que llevan a una habitación decentemente amueblada en el segundo piso. 

 

La puerta se cierra. Es dolorosamente incómodo, ni los perros llenan con su ladrido el ambiente ahora mudo.

 

---Yo.../¿Cuántos años tienes?---hablan al mismo tiempo. Tweek espera ansioso la respuesta. Tiene una ventana perfectamente arreglada por la que podría saltar si lo amerita. 

 

---19---responde. Tweek está tentado a no creerle hasta que una cédula con un nombre estratégicamente tapado casi le golpea el rostro con lo fuerte que fue empujada hacia él.

 

Suelta un suspiro de alivio.

 

---Bien---responde y cuando el otro no hace ni dice nada más le indica que se siente en la cama. Se rasca el brazo cuando lo hace demasiado lento.

 

Tal vez sea una suerte que este chico parezca inexperto, al menos no se quejará si resulta que Tweek no es lo suficientemente bueno.

 

Tweek se arrodilla entre sus piernas. Deshace la hebilla del cinturón y baja el cierre. Un bulto se ha comenzado a formar en los calzoncillos del joven que salta cuando Tweek lo toca.

 

Es extraño. 

 

No asqueroso como pensó, aunque atribuye eso a que el joven parece guapo bajo los lentes y de todas formas no es como si fuera el primer pene que toca. 

 

De todas formas, no deja de ser raro cuando el pelinegro se baja los pantalones y aparece frente a sí una polla desnuda semierecta. 

 

---Espera---

 

Tweek se detiene a centímetros del miembro. Se aleja, observa como el otro saca un condón de su billetera y se lo pone antes de indicarle que continúe. 

 

Tweek se posiciona una vez más. Acaricia la parte interna de los muslos del joven más para retrasar lo inevitable que para hacer sentir bien al otro. Aunque parece que disfruta el gesto cuando su polla salta y abre un poco las piernas. El pantalón cae por completo como una pila en el suelo. 

 

La piel del chico es suave, bronceada, con atisbos de pelo grueso salpicando sus pantorrillas  y vello negro rodeando la base de su miembro. Tweek lo acaricia una vez más antes de darle una lamida experimental a la superficie. 

 

El otro gime. 

 

Es incómodo, así que se imagina otra cosa. Su mente se llena de patrones indeterminados de "lamidas", "besos" y "no dientes" cuando en su mente lo que está chupando es una paleta larga y gruesa y no una polla ahora erecta.  Se deja fantasear un rato.

 

Le encantaban las de fresa cuando llegaba a casa después de un largo día de estudios. Las encontraba en la nevera, apiladas en columnas al fondo y para Tweek era divertido morderla en lo que ahora obviamente no puede hacer dadas las circunstancias. 

 

Anhela su sabor, la superficie fría contra su lengua, diferente al actual calor palpitante en su boca.

 

Anhela el dulce.

 

Las extraña. 

 

Tal vez demasiado ansioso y metido en sus pensamientos que no nota al pelinegro que se desarma en la cama. 

 

Gime, tiembla, agarra las hebras de cabello rubio con cuidado y empuja sus caderas accidentalmente sorprendiéndose cuando Tweek logra una garganta profunda sin esfuerzo.  Folla una y otra vez su boca. Saca su miembro y Tweek lo lame como si su vida dependiera de ello. Con ambas manos a cada lado de su base y no puede evitar el calor que se acumula en la parte baja de su abdomen.

 

Lo agarra de la nuca. Su polla golpea repetidamente el paladar del hombre, doblándose para acoplarse a la forma de su garganta. Lo siente tragar, succionar y el calor del túnel que se cierra y abre con cada respiro lo envuelve mandandolo a un vórtice de   placer inimaginable.  

 

Muerde su labio cuando el orgasmo lo golpea, estrellando su pelvis contra la cabeza del rubio asegurando que todo el contenido de su pene baje directo por su garganta. O así pasaría si no hubiera un condón en el medio.

 

Se retira, su polla aun erecta sale de la boca del otro con un 'plop' que a Craig le parece igualmente caliente como adorable. El rubio lo lame dos veces más antes de que Craig lo aleje por la sobreestimulación.

 

---Ya---le dice/suplica. 

 

Tweek despierta en ese momento, tan feliz en su fantasía como para volver al mundo en donde acaba de chuparle el pene a un chico por dinero.

 

Se limpia la boca. Lanza una pequeña disculpa mientras el otro niega, jadeando y aún inmovil en la cama tratando de digerir el hecho de que solo duró 3 malditos minutos.

 

 Tweek no sabe qué hacer, se mueve en su lugar rascando su brazo bajo la manga. La cama rechina y ve al pelinegro quitarse el condón y arrojarlo a un basurero a lado de la T.V pequeña de pantalla plana. 

 

---Mierda...---dice el pelinegro. Tweek se pregunta si ahora es el momento donde le grita por lo mal que lo hizo y evita pagarle---¿Cuanto?---pregunta el chico aún jadeante.

 

Tweek sale de su ensoñación parpadeante. Piensa. No creyó llegar tan lejos como para establecer un precio. 

 

Se imaginó 100$ pero en su cabeza incluía algo más que una mamada sinceramente. 

 

---¿25$?---



Le dió 75$ 



Tweek abrió mucho los ojos, se preguntó si el otro contó mal el dinero pero cuando le dijo que lo guardara, no pudo ocultar su incredulidad.



---¿Cuando...---replanteó---¿Trabajas el viernes?

 

Tweek asintió. El pelinegro le devolvió el gesto y salió por la puerta.

 

Se recostó en la cama. Tenía 8 horas pagadas más antes de que debiera desalojar.  



Suspiró.

 

¿Hasta dónde había caído su vida?