Chapter Text
Bruce sentía la incomodidad de los collarines bomba ajustados contra su garganta mientras veía como Jerome provocaba a Jeremiah en el escenario. Todos los veían con ojos muy abiertos ante la reciente explosión de sesos pertenecientes al comisionado Reynolds y al arzobispo McGregor.
No era exactamente esa la forma en la que buscaba celebrar su cumpleaños, pero de todas formas sabía que no era esa la razón por la que el pelirrojo había optado por ese día específicamente. De pronto la navaja que había estado en las salvajes manos de Jerome ahora se encontraba en el indescifrable rostro de su hermano gemelo, que tras un gran impulso y un grito que debió dejarlo sin voz es que se abalanza para atacar a su captor. El último de los Wayne no fue sorprendido por su rotundo fracaso, pero si se vio preocupado por el chico que ahora se entraba siendo pateado con furia frente a toda la multitud enloquecida que de un momento a otro agachó la cabeza casi en simultáneo sacudidos de los pies a la cabeza por el estruendo que generaron las balas al chocar contra cuerpos y concreto en la cima de los edificios; sin embargo, esto para él no fue más que una señal para tratar de zafarse de sus ataduras, no le fue muy complicado dicho proceso pero no pudo evitar dar un pequeño salto al escuchar un disparo tan cerca de sí mismo que al levantar la mirada de sus muñecas casi liberadas vio a Jerome caer hacia un lado con un disparo en el hombro a la par de tratar de accionar el dispositivo explosivo del alcalde Pritchard, por lo que agradecido suspiró al saber que el plan de Lucius y Jim funcionara correctamente.
Cuando Bruce por fin se vio liberado de las débiles cuerdas que lo ataban a esa incomoda silla, Jay había huido, no obstante, también observó como James corrió tras el psicópata mientras él ayudaba al hombre a su lado a deshacerse del aparato en su cuello después de haberlo hecho antes consigo mismo, claro está.
No contó el tiempo después de su milagroso escape y brincó desde el podio siguiendo a pasos apresurados el camino del oficial Gordon. El mar de personas se disipaba cada vez más mientras se alejaba y el gran dirigible empezaba a parecer más grande debido a su próxima cercanía. Sus piernas parecían ligeras con cada movimiento tan coordinado como podía, girando y esquivando a lunáticos que reconocían su presencia, hasta que de pronto llegaron tan lejos del lugar que no lograba ver a nadie sin importar cuantas veces su cabeza fuera de aquí para allá. La situación empezó a recordarle a cada segundo que pasaba al juego del gato y el ratón, más aún cuando la gran huida de Jerome los llevó a un edificio oportunamente vacío, ambos parecían no notar durante todo ese tiempo, energizados por la adrenalina, que Bruce los seguía, mordiendo su polvo. Llegó el momento entonces, la parte lenta de la cacería. Se preocupó porque ellos pensaran que se encontraban solos una vez que llegaron a la terraza y cruzaron entre los tendederos. El muchacho se quedó tras la puerta escuchando como de la nada sus voces destacaban en esa aura tan caótica, asomando su cabeza.
- ¡Manos arriba! -.
Jim le daba la espalda delante de toda esa ropa puesta en cordeles mientras apuntaba al pelirrojo con su arma, justo en el borde, tan cerca de una muerte inminente. Su cuerpo se removió cuando los ojos de Jerome se cruzaron con los suyos, pensó que todo acabaría en esa breve pausa, él ahora sabía que estaba ahí, pero no lo hizo evidente.
- Bellísimo ¿no lo crees? -.
Salió de la boca del maniaco para volver a sacar chispas por la mirada cuando se cruzaba nuevamente por la suya. Bruce sabía que ya no estaba hablando con James, aun así, permaneció en el más sepulcral de los silencios.
- Solo dame un segundo -.
Objetó el pelirrojo sujetando un teléfono con el brazo que no parecía estar lastimado mientras hablaba sobre decir que se encontraban en la ubicación correcta. De pronto ¡BOOM! Se escuchó cuando el oficial Gordon disparó contra el antebrazo derecho de Jerome, haciendo que este suelte el móvil y caiga directamente al suelo, tiempo que fue aprovechado por el maniaco para maldecir al aire la "falta de educación" contra él.
Bruce sabía que ese era el momento, sabía que James dispararía nuevamente y Jay caería al vacío. Eso debería ser lo correcto se obligó a pensar, pero el recuerdo reciente de un restaurante en medio de la nada lo golpeó con el afán de demolerlo entero, desarmar su mente para infundir pesadas gotas de lluvia haciendo crecer su interno mar de dudas. No debería tenerlas, acaba de intentar asesinarlo, una vez más, aun así, esas desgraciadas palabras volvían.
«Nadie nunca me ayudó, nunca...»
Otra vez esa frase sonaban con altavoces en su cabeza y su cuerpo viajó en automático tomando el pesado aparato de metal dirigido a bloquear las señales de los collarines entre sus manos y corriendo tan pronto como pudo, estrellándolo en la cabeza del oficial en busca de dejarlo inconsciente sin que fuese reconocido, un golpe limpio pareció bastar.
Al zumbido de sus oídos se le sumó su corazón queriendo salirse por su garanta, se sintió sofocado. Hiperventiló ante lo sucedido mientras sus brazos temblaban. No es que Bruce jamás hubiese cometido un crimen, pero jamás se imaginó a él mismo golpeando a quema ropa, principalmente porque no se trataba de cualquier persona, se trataba de nada más y nada menos que de Jim, un leal amigo; sin embargo, su sorpresa se vio completamente interrumpida por una risa histérica entre unos pasos desiguales.
- Nunca dejas de sorprenderme chico -.
Jerome observó cómo lentamente el dirigible lleno de su gas tomaba un rumbo distinto "el río" pensó.
- Cobblepot, esa maldita rata -.
Apretó sus puños con una fea mueca de disgusto antes de volver a ver el horrorizado rostro de Bruce. Le pareció de lo más curioso encontrar que su estado de shock consistía en un cuerpo tembloroso, asqueado por su decisión. Se acercó inquieto por ese inesperado espectáculo.
- Esta es la segunda vez que me salvas. Parece que te tomaste muy enserio nuestra dulce charla con grapas en la feria, realmente quieres ser un héroe ¿no? -.
El muchacho parecía reaccionar poco a poco sin que le guste nada el escenario en el que se encontraba y a Jerome tan abrumadoramente cerca, no parecía que le importará mucho invadir su espacio personal pues sus manos ya se encontraban en sus hombros atrayéndolo cada vez más cerca.
- Creo que hubiese sido divertido si mis planes hubieran funcionado. No te habría matado con esos estúpidos juguetes, pero quería darte la vista del gran espectáculo como regalo -.
El último de los Wayne frunció el ceño al escuchar cada una de sus palabras aun si moverse de su lugar, regido y algo aturdido.
- No creas que no sabía sobre tu cumpleaños Brucie -.
Le susurró en el oído con esa voz rasposa y poco confiable, rota. De todas formas, vibró en todo su cuerpo como si fuesen las primeras palabras que escuchaba en su vida, llenas de algo más que Bruce nunca en la vida se animaría a decir ni para sí mismo.
- Explotaste la cabeza de dos personas inocentes y casi haces que el gas enloquezca a todos. Si esa es tu idea de un buen regalo entiendo porque acabaste en Arkham -.
No fue un comentario particularmente gracioso, pero hizo que Jerome soltara una sonora carcajada dejando al chico sordo durante algunos segundos. Cuando su risa pareció calmarse tomó por sorpresa a Bruce sujetando los costados de su cráneo con una mirada de enfermiza devoción que derritió las piernas de Bruce.
El muchacho sabía que podía golpearlo y empezar una pelea que ganaría debido a las heridas que tenía Jay pero solo se quedó allí observando tan aterrado como ambicioso.
- Entonces que debería ofrecerte príncipe? –
Se negó a mantener el contacto visual y cerró su boca con tanta fuerza que sus labios comenzaban a doler. Más rápido de lo que creyó sus ojos volvieron a crecer espantado por sentir la húmeda boca del maniaco dejando un escandaloso beso sobre su frente y dejándolo ir.
- Desafortunadamente, aunque me guste mucho pasar tiempo con mi voluntario favorito, debo correr antes de que Jimbo despierte -.
"¿Eso era todo?" pensó.
¿Lo dejaría ir y ya? No parecía como un buen plan, pero su cuerpo seguía sin estar de acuerdo con su mente y solo pudo dedicarle la más indignada de sus miradas.
- Oh, no te enojes cariño! Me veras más pronto de lo que crees. No podría dejarte en el mercado de pulgas sabiendo que el infeliz de Miah puso sus ojos en ti -.
Caminó como si nada hasta la puerta que llevaba escaleras abajo dispuesto a irse satisfecho por su reciente declaración, aunque no sin antes voltear una última vez para verlo tan lleno de ira.
- Eres mío Bruce Wayne y ahora sé que aparentemente también me consideras lo suficientemente importante para devastar a este carismático hombre. Lo tomaré como un "tú también eres mío" -.
Le regaló la última de sus torcidas sonrisas y corrió cuesta abajo desapareciendo de su vista.
Una vez solo acompañado de un Jim sin conciencia pudo respirar ahora con los nervios a flor de piel. Acaba de dejar ir al criminal más buscado de todo Gotham y lo había dejado burlarse de él. Sus ojos se sintieron desgarrados incapaces de llorar sintiéndose impotente mientras el voraz nudo de su garganta lo rompía en pedazos.
Los minutos pasaron y empezó a ver señales de movimiento por parte de James, pero Bruce, presa del miedo escapa tan rápido como puede, sabía que no existía forma en que lo hubiese visto, aun así corrió más rápido y sin descanso, alejándose hasta distinguir al resto de personas ahora calmadas después del alboroto.
Trató de parecer indiferente como siempre y pareció funcionar en ese momento, fue tan gran actor que también pareció funcionar el resto de la tarde, hasta que la noche estalló en las inseguras calles de ciudad Gótica.
Acababa de abrir la jaula de la bestia y lo sabía, entendía que acababa de sentenciar miles de vidas dejando ir a Jerome, pero por alguna razón ese no era el problema que realmente le electrocutaba los sesos, sino era su traición, hacer evidentemente un crimen cegado por una pasión impulsada por la pena y la tristeza. Cayó bajo, tan bajo que sentía el frio infernal proveniente del cocito.
Era aterrador, era asqueroso y nefasto, pero en la oscuridad de la noche donde nadie debía saber nada es que se escurrió tenso hasta su habitación. Cerró la puerta tras él y peso de todas sus emociones lo rompió en crudo llanto. Reducido al nivel de las ratas, arrastró sus piernas hasta su cama; sin embargo, algo ahí llamó su atención, una linda y pequeña caja de metal decorada con un listón.
"Este es un regalo más digno, una vez lo abras por fin entenderás mi mundo".
Leyó en el lateral del obsequio. De inmediato supo de quien se trataba y eso le daba una idea de que podría haber en la caja, un corazón humano, una bomba o quizá alguna joya de mal gusto. Su cabeza aun daba vueltas y las lágrimas aún no cesaban por lo que poco le importó que arma nociva estaría activando al abrir el dichoso regalo, pero lo hizo.
Con calma quitó ese elegante listón y observó unos segundos el metálico obsequio. Sin esperar mucho más y con algo de nervios lo abrió solo para quedar cegado por el gas que fue disparado en su rostro casi al instante. Su tos se hizo presente mientras retrocedía hasta chocar contra el borde de su mesa de noche y caer directamente al suelo. De pronto una voz se hizo presente desde esa pequeña caja.
- Desde ahora las cosas serán aún más entretenidas Bruce, pero no te agobies, iré por ti pronto. Si es que no destruyes todo a tu paso antes -.
Las risas de fondo que siguieron hicieron eco en la cabeza drogada del muchacho quien inconscientemente estaba soltando sus propias carcajadas.
