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Language:
Español
Series:
Part 1 of Mental Illness.
Stats:
Published:
2021-05-05
Words:
7,872
Chapters:
1/1
Kudos:
3
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1
Hits:
82

The "E" thing.

Summary:

Porque aún con la mirada perdida, el cabello desordenado, las palabras sin sentido, la mala pronunciación y sus amigos especiales JiMin seguía siendo la persona más adorable y perfecta que YoonGi alguna vez pudo conocer.

Notes:

A D V E R T E N C I A S:
▶Se habla de una enfermedad mental en la cual no tengo experiencia pero investigue lo suficiente.
▶Primer OS de la serie Mental Illness.

Work Text:

La noche que YoonGi y JiMin se conocieron había sido bastante extraña a ojos del mayor, y es que de verdad nadie espera encontrar a un adorable chico de cabellos negros cantando a todo pulmón una canción infantil a mitad de la noche.

YoonGi siempre sonríe al recordar esa noche y también ama contarla y es por eso que me ha dado permiso de compartirla.

YoonGi había acompañado a sus compañeros de la universidad a una fiesta que se había organizado debido al final del ciclo escolar de los más grandes dentro de su círculo social, Kwon JiYong y Kim SeokJin , la verdad es que él no estaba muy entusiasmado con la idea pero SeokJin insistió tanto que al final terminó aceptando, por lo que los recién graduados podrían deleitarse con la presencia del misterioso Min unas horas más antes de jamás verse de nuevo—porque a pesar de que algunos de sus compañeros más pequeños y de su edad habían logrado colarse la mayoría seguían siendo mayores—.

YoonGi de verdad se estaba aburriendo mucho por lo que pasadas unas horas y con un par de copas encima salió del lugar sin ser visto por nadie— porque si SeokJin se daba cuenta de que se estaba yendo lo obligaría a que regresara, créanme, yo lo sé—, YoonGi se escabulló entre la gente cubriendo su rostro con un cubre bocas negro que llevaba por mero gusto y cuando por fin se encontraba en libertad lo único que atino a hacer fue caminar sin dirección alguna, solo disfrutando del frío aire nocturno de la ciudad de Seúl antes de volver a casa y encerrarse para dormir como oso invernando.

Caminó durante varios minutos pensando en la letra de alguna posible futura canción compuesta por él mismo, compró un burrito de un puesto callejero cuando sintió un poco de hambre y se puso a improvisar un poco de rap en voz baja; al final llegó a un parque con numerosos juegos infantiles que iban desde columpios y pasa manos hasta grandes toboganes y estructuras que simulaban barcos pirata. Con una sonrisa el chico pálido se subió a los toboganes un par de veces pudiendo resbalar hacia abajo perfectamente gracias a la delgada contextura que siempre había tenido, ignorando el leve mareo que tenía también corrió a uno de los columpios en donde se relajó todo lo que pudo mientras se balanceaba y sentía el viento dando de lleno en su rostro, y justo cuando una nueva rima venía a su cabeza fue cuando le escuchó.

— It’s the beeeest daaaay eveeeeer.

Al escuchar aquella aguda y melodiosa, aunque un poco desafinada, voz, YoonGi paró de columpiarse para concentrarse ya que creía ser el único loco que se ponía a cantar a altas horas de la noche sólo en un parque, guardó silencio durante unos segundos en los que no se escuchó absolutamente nada por lo que relacionó aquella voz con posibles alucinaciones que su cabeza le estaba haciendo gracias al alcohol antes ingerido.

— Estas perdiéndote Min.- se regaño a sí mismo en voz baja dándose un par de palmaditas en el rostro para espabilarse un poco.

Pero entonces aquel infantil canto volvió a hacer acto de presencia.

— Sometimes the little thiiings start closing in on meee.- el Ingles de aquel chico no parecía ser el más perfecto pero dejando eso de lado la voz realmente le parecía linda así que decidió pararse del columpio y buscar la fuente de aquella voz que por un momento volvió a detenerse.- when I’m feeling down, I wanna lose that frown…- siguió luego de un pequeño intervalo de tiempo.

Entonces le vio, a simple vista parecía un pequeño niño mirando las estrellas en el cielo— cosa no tan alejada de la realidad—, pero cuando Min estuvo lo suficientemente cerca de aquel pequeño cantante se dio cuenta de que se encontraba llorando.

— I stick my head out the wind… Zafiro ya te dije que no.- susurró tan rápido que el pálido chico casi no lo escuchó.

YoonGi creyó que aquél pequeño estaba con copas de más— en su mente creyendo que sólo era un adolescente— al igual que él así que se sentó a su lado posando su mirada en el cielo, el individuo a su lado parecía no darse cuenta de su presencia o eso pensaba el pálido chico.

Un suspiro irrumpió el pequeño silencio que se había formado a su alrededor, Min despego la vista del cielo y fijó su mirada en el niño bonito.

— Zafiro piensa que eres bonito.- dijo aquel chico en voz baja sin despegar la mirada del cielo, ya no corrían lagrimas por su rostro pero de igual forma sus ojos parecían tristes.- pero Zafiro también dice que pareces de porcelana y la porcelana no le gusta porque esta fría… aunque yo pienso que pareces tu Jack Frost.- luego de decir aquello por fin volteo su rostro para mirar a YoonGi.

La forma en la que le miraba había removido algo dentro de Min, su corazón se aceleró un poco y se relamió los labios, nunca había visto a un niño tan bonito como lo era ese a su lado.

Pequeños ojos rasgados con el iris de un color café oscuro enmarcados por un par de cejas del tamaño perfecto, y perfectamente tupidas de pequeños bellos un tono más claro que su cabello, casi podría jurar que sus ojos desaparecerían con una sonrisa; una adorable nariz redondita y recta, mejillas abultadas justo como las de un hámster, labios gruesos y levemente rojizos y un poco maltratados abultados en un puchero involuntario por el llanto anterior y, por supuesto, su cabello negro que hacia lucir sus facciones aun más marcadas pero sin hacerlas lucir bruscas. Un niño precioso.

El más precioso que la vida le había permitido ver.

— Pues yo pienso que tú eres un niño precioso.- expresó sus pensamientos en voz alta con una tenue sonrisa en el rostro, cabe destacar que las sonrisas de Min a lo largo de su vida podrían contarse con los dedos de las manos.- y los de esa clase de niños no deben llorar.

El pequeño no respondió y no precisamente por no saber que decir a eso, nadie nunca le había dicho lo bonito que era tan directamente— porque no salía mucho de su casa y por lo tanto su vida social era inexistente—, lo que pasó fue que un auto se estaciono cerca del parque tan escandalosamente que las ruedas rechinaron contra el pavimento provocando una mueca de fastidio en YoonGi y que nuevas lagrimas surcaran el rostro de aquel precioso niño.

Una mujer bajó rápidamente de aquel vehículo, sus pasos eran rápidos y sus movimientos nerviosos y torpes hacían que pareciera realmente preocupada por algo, un muchacho como de la edad de su hermano menor, JeonGguk, bajó de la misma forma pero este movía frenéticamente su cabeza hacia todos lados tratando de localizar algo o a alguien.

Yoon se dio cuenta de que probablemente a quien buscaban tan desesperadamente era al lindo chico a su lado, chico el cual trataba de ocultar sus sollozos tapando su rostro con sus pequeñas manitas, tan abultadas, pequeñas y bonitas que YoonGi olvido por un momento la presencia de los recién llegados.

— ¿Los conoces?- le preguntó tratando de no asustarlo más.

Sin embargo no obtuvo respuesta alguna.

— Mamá ahí.- escuchó a la lejanía y cuando volteo se dio cuenta que aquel chico estaba señalando en su dirección, así respondiendo a su pregunta.

— ¡JiMin!- exclamó la señora en un tono que parecía entre alivio puro y la preocupación que aun no abandonaba su menudo cuerpo.- Oh bebé, mi bebé.- ella estaba más cerca y YoonGi no pudo más que apartar la mirada.

— No quiero, no quiero, no quiero…- murmuraba en un tono de voz constante el pequeño a su lado apretando cada vez más sus manitas contra su rostro, casi haciéndose daño.

Y en un abrir y cerrar de ojos él ya no estaba a su lado y aquella mujer se inclinaba dándole las gracias múltiples veces por quedarse con su hijo.

YoonGi creyó que nunca más volvería a ver al precioso niño que lo flecho aquella fría noche de Octubre en Seúl y así fue por un tiempo.

El mejor amigo de Min se había graduado como psicólogo y a esas alturas de la vida ya tenía un empleo en el pabellón de psiquiatría en el hospital más grande de la ciudad, SeokJin siempre aspiro a ser alguien muy exitoso y lo estaba logrando a la perfección mas sin embargo nunca se imaginó que él tendría que atender a un paciente realmente grave a tan pocos meses de haber entrado a trabajar.

No lo haría sólo por supuesto ya que aún tenía muchas cosas que aprender y técnicamente era un novato, pero el hecho de que el psiquiatra en jefe— quien siempre había llevado ese caso en especial— le hubiese escogido a él de entre todos los demás me alagaba demasiado y reafirmaba lo bueno que estaba siendo en su carrera.

Un caso de esquizofrenia.

Jin estuvo nervioso durante días por atender a un paciente con un problema de esa magnitud por lo que una semana completa se la paso investigando al paciente, preguntaba a sus compañeros si lo habían visto alguna vez, preguntaba cómo era físicamente, peguntaba cuantas veces había estado hospitalizado en el pabellón por algún ataque, entre otras cosas. Las respuestas de todos habían sido similares “él tiene ataques a veces pero normalmente no son graves, es un buen muchacho” “es un niño adorable, no te preocupes Jinnie” “¿hablas de aquel niño? Oh bueno, fue diagnosticado a una edad muy temprana pero su familia sabe sobrellevarlo” “no le temas, nunca falla en su medicación por lo que suele estar tranquilo la mayor parte del tiempo”.

Al final su propio jefe le explico la situación.

— Se llama Park JiMin, fue diagnosticado a los diez años.- comenzó.- aunque por lo que sus padres nos han dicho él presentó síntomas desde que estaba en pañales, sabes que ahora no hay clasificaciones para la enfermedad pero si pudiera ponerlo en una esa sería “indiferenciada”.- el medico de mayor edad tomó un sorbo de su té.- lo único que no ha presentado son el tipo de alucinaciones que “pueden tocarlo” y tampoco se ha puesto catatónico durante algún borote psicótico, él ahora tiene casi dieciocho años de edad y sus terapias han ido bien a pesar de las recaídas que llega a tener, es un buen chico, no debe temerle Dr. Kim.

— ¿Cuál ha sido el peor de todos?- preguntó un curioso Jin, se quería informar realmente bien para no cometer errores.

El doctor lo pensó largo y tendido, el pequeño JiMin había tenido ataques muy fuertes siempre ¿cómo podría decir cual es peor?

— Él trató de suicidarse.- le dijo al final.- cuando al fin estuvo estable él dijo que dos de sus alucinaciones lo estaban obligando y que otras más lo hacían sentir mal, ese día también tuvo una pequeña discusión con su hermano… luego de que le dieran el alta él entro en depresión.- guardó silencio unos momentos, analizando sus palabras y tratando de descifrar la reacción de Jin.- no fue peor por lo mal que lo pasó con las alucinaciones, fue horrible porque trato de acabar con su vida de una forma terrible y lo que vino después fue un infierno para los Park.- explicó.- la depresión no lo deja desde entonces así que llora con facilidad, no hay que presionarlo, es del tipo con el que hay que tener cierto cuidado en cuanto a palabras.

Entonces luego de unos días SeokJin conoció al famoso JiMin y le fue inevitable no adorar a un muchacho tan lindo como él; luego de tener algunas sesiones juntos JiMin le había confesado a Jin que “Siglo IXX” — una de sus alucinaciones más frecuentes, como Zafiro— le había apodado como “el más guapo príncipe del reino de Seúl” y por supuesto que el doctor estuvo más que encantado.

Así fue por dos meses, dos largos meses en los que SeokJin más que ser el médico del pequeño JiMin logró ser una especie de amigo y apoyo, en dos meses el más pequeño tuvo un ataque que obligo a la familia a internarlo para que pudiesen estabilizarlo ya que había comenzado a lastimarse y tratar de lastimar a otros, el medicamento que usualmente tomaba no lograba tranquilizarlo del todo y la familia Park ya no sabía que más hacer al no querer abusar de este y trataban a toda costa de evitar el tener que usar ellos mismos los sedantes recetados, JiMin gritaba y lloraba que Pitágoras le estaba obligando a hacer cosas malas y no podía detenerlo, gritaba una y otra vez que lo detuvieran; una vez estuvo estable luego de largas horas les explicó con más calma que la alucinación había aparecido en una de sus pesadillas y que a partir de eso comenzó a perseguirlo y aparecer cuando se encontraba momentáneamente sólo, explicó entre hipidos y pequeños sollozos que Pitágoras quería que tirase a su hermano menor por las escaleras, quería lastimar a su mamá cada que se le acercaba y no quiso contar lo que pudo ocurrirle a su padre.

Pitágoras había aparecido durante el periodo de su depresión, fue el momento en el que sus visitas a la cabeza de JiMin eran más que frecuentes, por ello había tratado de cometer suicidio en varias ocasiones y por ello los antidepresivos que llegó a tomar le dejaban casi noqueado de tan fuertes que eran para su pequeño cuerpo; luego de que pasara esa crisis en su vida Pitágoras desapareció, no por completo, pero lo hizo, llegaba a atormentarlo de repente como en aquella ocasión dejándole totalmente débil emocionalmente y herido físicamente.

El pequeño Park quedó internado durante una semana completa por protocolo por lo que Jin trataba de no dejarle sólo durante tanto tiempo y debido a eso había olvidado totalmente la salida a comer que tendría con su polar amigo.

YoonGi había entrado al hospital con una sola misión: encontrar a Kim SeokJin y asesinarlo por dejarle sólo en aquél restaurante de comida mexicana haciendo el ridiculo, plantado, ¡que indignación! Hacía un frio de puta madre y se quedó esperando a su amigo durante una hora completa cerca del restaurante—porque le daba pena entrar y esperar como idiota—, amaba a su amigo pero no lo suficiente para perdonarle tal atrocidad cuando bien pudo estar durmiendo en la calidez de su cama todo ese tiempo.

— ¡Detente ahí cosa horrorosa!- bramó al ver la característica cabellera rubia, Jin volteo la vista sin detenerse pero si aminorando el paso para que el chico con complejo de oso polar pudiese alcanzarlo.- eres un estúpido hyung.- le dijo una vez estuvo a su lado y le dio un golpe en la cabeza.- ¿sabes lo frio que está afuera? ¿lo sabes?

— De verdad lo siento.- se disculpo rápidamente recuperando la velocidad con la que caminaba antes de que su amigo apareciera.- pero de verdad estoy ocupado ¿recuerdas del paciente que me fue asignado parcialmente?, pues está internado.

YoonGi no dijo nada porque sabía lo importante que el tal “Minnie” era para SeokJin, así que se limito a seguirlo con el ceño fruncido y su habitual rostro de no querer que nadie lo mire siquiera.

El mayor se detuvo abruptamente frente a una puerta luego de un rato de caminar y subir en el ascensor, revisó los papeles que llevaba en la mano y luego de leer rápidamente le pidió a su amigo que se quedase fuera unos momentos y así fue y hubiera seguido así pero de momento a otro Jin salió de la habitación un poco agitado.

— YoonGi necesito un favor y no puedes decir que no.- hablo rápidamente revisando de nueva cuenta los papeles en su mano.- me acaba de llamar el doctor de cabecera por que le acaban de cambiar las medicinas a JiMin pero nadie me aviso y ya se paso la hora, ahora está dormido pero cuando despierte será un desastre, tuvo una pequeña crisis ayer y esperamos que tenga otra ¿puedes quedarte un momento con él?- entonces levanto la vista para analizar la expresión de su mejor amigo.- será rápido lo prometo, nadie te dirá nada, no sé por qué ocurrió esto.

Por supuesto que a YoonGi no le quedo otra opción más que aceptar porque Jin de verdad se veía apurado y de primera mano sabía la importancia de los medicamentos en pacientes tan delicados.

Con expresión aburrida entreabrió la puerta por si el niño ya estaba despierto y se le ocurría lanzarle algo como la maquina esa que emitía sonido, entró lentamente a la habitación topándose con una pequeña bola de cobijas y cables durmiendo en la cama, cerró la puerta y se acercó con lentitud a aquel bulto durmiente notando lo tenso que se encontraba.

<<Debe dolerle>>

Fue lo que cruzó por su mente, el pequeño bulto emitía sonidos de desagrado cada poco haciéndole saber que estaba teniendo una pesadilla, entonces le asustó el hecho de que estuviese por despertar en mal estado, nunca había lidiado con personas esquizofrénicas y no quería hacer algo mal que perjudicara al chico. Pensó rápidamente en una forma de aligerar el sueño de aquel muchacho y recordó que cuando era más pequeño su abuela siempre le acariciaba el cabello y le cantaba un poco luego de tener un mal sueño, y bien sabía que su voz no era la mejor por lo que esperaba que las caricias en el cabello funcionaran bien.

Se sentó en la silla al lado de la cama y con mucho cuidado de no ser muy brusco bajó la sabana que cubría el pequeño cuerpo.

— Eres el niño precioso.- murmuró para sí mismo con verdadera sorpresa al terminar de quitar la sabana del rostro del chico.- ¿por esto es que llorabas tanto?- preguntó a la nada llevando casi automáticamente su mano al cabello del niño bonito.- por eso te buscaban tanto ¿cierto?- comenzó con las pequeñas caricias en el negro cabello.- pareces un pequeño Mochi, un Mochi de arroz… eres esponjoso y bonito y… ¿sabes algo?, encontré la canción que cantabas aquella noche… ¿eres fan de Bob esponja?

Siguió hablándole por un pequeño rato acariciando su rostro y cabello, hablando de cosas banales y un poco sobre la caricatura antes mencionada, en ese pequeño tiempo pudo notar que la tensión en el rostro y cuerpo de JiMin había disminuido notablemente.

— Mr. Sun came up and he smiled at me… said “it’s gonna be a good one, just wait and see”.- comenzó a cantar en voz baja, en ese tono bajo no desafinaría y su voz no se escucharía tan mal.- oye soy realmente malo cantando así que mejor te sigo hablando sobre ese nuevo programa para mezclar música que encontré.

— Pero me gusta esa canción.- YoonGi le miro con los ojos tan abiertos que temió haber perdido sus rasgos asiáticos, la voz de JiMin estaba ronca y era apenas audible aunque mantenía los ojos cerrados.

— Iré por el dr. Kim, espera un momento.

— ¡No!- entonces se sentó rápidamente con los ojos parcialmente abiertos y una expresión de estar a punto de llorar.- no quiero, no quiero, no quiero.- murmuró.- no traiga al príncipe.- le pidió con la mirada gacha.- él hará que Zafiro desaparezca de nuevo.

— ¿Zafiro?- preguntó cautelosamente debatiéndose si llamar a Jin o dejarlo estar.- ummm hablamos de Zafiro.- decidió al final.

JiMin de pronto pareció ponerse tímido ya que comenzó a jugar con la sabana entre sus regordetes deditos, YoonGi se dio cuenta que el pequeño parecía no recordarlo a él y se preguntó si aquel día habría estado medicado o bajo el efecto de algún ataque.

— Zafiro es bueno.- dijo en voz muy baja.- a él tampoco le cae bien Pitágoras y a veces se pelea con Mr. X, también se lleva bien con Siglo IXX, él me dice cosas bonitas y quiere mucho a mi mami… ummm… gustar no medicinas… pero dice que necesarias son, él… ummm… bueno é-él me dice que debemos ir al parque a buscar a Jack Frost de nuevo.- lo último que dijo pareció ser un murmullo.- pero está nevando… Jack debe estar jugando con niños.- habló en un tono más alto.

YoonGi se dio cuenta que si lo recordaba por lo que una sonrisa luchaba por aparecer en su rostro.

— Pues yo he pensado en regresar al parque para buscar al niño precioso.- soltó como si nada.

Entonces JiMin fijo su mirada en él, lo miro realmente, le prestó real atención y sus mejillas se volvieron de un lindo tono rosado al darse cuenta que él no había encontrado al chico blanco del parque, si no que él lo había encontrado a él.

Llevó una de sus regordetas manos al rostro de YoonGi admirando cada parte de esté, con las yemas de sus dedos acarició sus mejillas y su mandíbula, tocó cautelosamente el contorno de sus labios y pellizco suavemente su nariz, acto que hizo que riera como niño pequeño apartando su mano rápidamente, YoonGi sonrió mostrando sus encías y dientes pequeños al verlo tan adorable.

¿Cómo una persona podía lucir así de linda aún estando dopada?

Desde ese momento Min YoonGi visitó al pequeño Park JiMin— con permiso de los Park— lo que restaba de su estancia en ese lugar; el mayor a veces llegaba temprano al lugar y con permiso de Jin salía a pasear con JiMin al jardín del hospital, otros días él solo llegaría a sentarse en silencio al lado del pelinegro quien se dedicaría todo el tiempo a tocar el rostro del mayor porque “hyung no puedo creer que pálido seas mucho”.

Luego de que a Park le diesen el alta y este mismo hiciera un berrinche porque “Mamá si me voy de aquí ya no voy a poder verlo a él y ya no me va a cantar ni voy a poder tocarlo”, la señora Park por supuesto que sabía de quien estaba hablando su pequeño bebé por lo que le ofreció a Min seguir viendo a JiMin las veces que quisiera a cambio de que le ayudase a entender las cosas básicas que le estaba enseñando un maestro particular pero a las que nunca prestaba real atención— no sin estar un poco medicado al menos— , por supuesto que YoonGi aceptó. Entonces comenzaron a verse cada vez más seguido y YoonGi de verdad se veía feliz.

Todo ese tiempo se veía radiante a pesar de que casi nunca dormía más de cuatro horas por pasar tiempo con JiMin y hacer tareas luego de eso.

Las visitas que comenzaron siendo dos veces por semana rápidamente pasaron a ser cuatro y luego seis y después ya no había fuerza humana existente que lograse separar a ese par.

Las primeras semanas los días de visita JiMin siempre se encontraba ansioso, cantaba a todo pulmón, hablaba con Zafiro hasta hartarse, brincaba y chillaba felizmente, comía muchísimo— para después ya no tener que hacerlo y desperdiciar tiempo con YoonGi— y todas las alucinaciones malvadas desaparecían; entonces a la tarde que llegaba YoonGi con su mochila llena de libros y una sonrisa cansada pero llena de alegría JiMin le saltaba encima pegándose a él, le gustaba tenerlo para él sólo y se enfadaba un poquito cuando su familia saludaba al chico.

— Es mi hyung.- decía abrazándolo con brazos y piernas en medio de la sala de la casa.- no lo mires, JiHyun.- le reclamó molesto a su hermano menor.

JiHyun, acostumbrado a la actitud posesiva de su hermano con aquél nuevo hyung, rodó los ojos para luego salir de la casa en dirección al patio trasero.

— ¿Cómo estuvo tu día hoy, precioso?- le preguntó aquella tarde de Marzo.- luces feliz.

YoonGi comenzó a acariciar las piernas de JiMin con sus pulgares debido a que se encontraba sosteniéndolo para que no cayera porque el chico de regordetas mejillas no le soltaría por un rato, ese día había podido llegar un poco más temprano ya que sus clases habían sido suspendidas por lo que toda la mañana se había dedicado a hacer sus deberes; llevó a JiMin con cuidado de no tropezar con algo hasta el sofá y una vez estuvieron sentados— JiMin a horcajadas de YoonGi— el menor contestó a la pregunta.

— Hoy estuvo bien.- asintió sin borrar aquella sonrisa que hacía desaparecer sus ojitios.- nadie vino hoy.- comentó refiriéndose a las alucinaciones.- y tome pasado rato Litio yo solo… con un poquito de ayuda de JiHyun.- se enderezó luciendo orgulloso por haber podido tomar por si solo su medicación.

— Hace rato.- le corrigió YoonGi con una pequeña sonrisa.- se dice “hace rato yo…”- explicó ante la mirada confundida del pelinegro.- y felicidades, estás cada vez mejor, Mochi.- entonces elevó una mano para despeinar su cabello.- eres un muy inteligente Mochi.

— Gracias.- murmuró en voz baja mientras sus mejillas se coloreaban de rojo al no estar acostumbrado a ese tipo de halagos pero estando feliz de que su hyung pensara eso de él.

El enamoramiento… Yoon no estaba muy seguro de en qué momento había comenzado a ver al pequeño Minnie con otros ojos, pero cuando eso sucedió lo tomó con bastante calma, dejó que los sentimientos fluyeran a través de su sistema embriagándolo con una felicidad abrumadora cada vez que se encontraba en presencia del muchacho pelinegro. YoonGi estaba consciente de que el estar con JiMin de esa forma resultaría difícil.

¿Estaba dispuesto a aceptar todo eso?

La respuesta era clara siempre que se la hacía: si.

Se sentía capaz de arriesgarse a tratar algo con él aun estando en esa condición, tal vez JiMin no entendiera de la misma forma los sentimientos y ese tipo de relación pero quería arriesgarse porque en realidad y viéndolo de cerca, la enfermedad que JiMin padecía en no es aterradora como la pintan en todas esas películas y demás, su Mochi tenía sus momentos en los que estaba más que ido gracias a la medicación, otros en los que no podía controlarse y terminaba gritando y llorando por todas partes, otras simplemente se retraía del mundo y decidía ponerse a jugar con sus peluches y por supuesto que no hay que olvidarse de los ataques psicóticos que sufría de vez en cuando, unos tan leves que a veces se notaban y otros más fuertes, esos en los que se le debía internar por seguridad; pero así como la parte mala estaba ahí también existía una buena, JiMin amaba cantarle a su familia y a YoonGi, en sus momentos de lucidez le gustaba sonreír y sentirse feliz, le gustaba el contacto físico con sus allegados, Park JiMin simplemente era la persona más adorable del mundo a ojos de YoonGi.

Porque aun con la mirada perdida, el cabello desordenado, las palabras sin sentido, la mala pronunciación y sus amigos especiales JiMin seguía siendo la persona más adorable y perfecta que YoonGi alguna vez pudo conocer.

Entonces sin darse cuenta siquiera ya estaban juntos, JiMin de la nada se había autoproclamado el amor de su vida, seguía igual de posesivo y celoso, los suaves toques con sus lindas manitas seguían como siempre y la promesa de “Voy a lastimar las flores del jardín cuando me den ganas de lastimarlo a usted, Hyung” estaba totalmente intacta, el único real cambio fue que ahora los besitos torpes y tímidos de JiMin sobre las mejillas de YoonGi habían cambiado de trayectoria.

Los besos con JiMin eran torpes y suaves con sabor a medicina y manzana, lentos y cortos, cargados de sentimientos y calidez, nunca subidos de tono o con otras intenciones; pero para JiMin los besos con YoonGi significaban mil cosas más, ese pequeño roce lograba calmar sus atormentados pensamientos en momentos de pánico, le hacía sentir en las nubes y le hacía ver todo color de rosa, convertía a Zafiro en un oso de felpa gigante color azul cielo, siglo IXX dormía tranquilo todo el día luego de un par de besitos de su lindo enamorado, Mr. X se volvía pequeñito como una hormiga y los gemelos 21 y 12 se transformaban en nubes iguales, Pitágoras se evaporaba y la manada de las variables se ponía a aullar.

Porque aun con ojos somnolientos, constantes cambios de look en el cabello— cambios que confundían a los gemelos 21 y 12 haciéndole doler la cabeza a JiMin—, piel blanca como la nieve, carácter imponente y música estridente, YoonGi seguía siendo la persona más perfecta que JiMin le pudo haber pedido a las luces blancas que visitaban su habitación por las noches, esas que le concedían deseos bonitos y le llenaban de esperanza.

Los días pasaban y la relación que llevaban iba viento en popa, los ataques de JiMin habían disminuido un poco gracias a su constante estado de felicidad en el que se encontraba, el maestro particular que le daba clases ahora exigía la presencia de Min para las sesiones de estudio porque si no JiMin para nada que prestaba atención, el pequeño de abultadas mejillas ya no escapaba de casa a mitad de la noche y eran tantas las cosas buenas que les estaban sucediendo a los Park que se descuidaron, bajaron sus defensas un poco y ese poco les costó mucho.

Ya casi pasaba un año del día en el que Min YoonGi y Park JiMin se habían conocido en aquel parque a altas horas de la noche, la dicha en casa de los Park podía sentirse por doquier y las preocupaciones por la salud del mayor de los hijos se había disipado un poco.

Pero YoonGi debía alejarse de JiMin.

Se estaban acercando fechas importantes para los jóvenes estudiantes de la ciudad, las chicas comprando el vestido más lindo de todos, chicos buscando un buen smoking, parejas tratando de vestirse a juego, el día de la graduación se acercaba y con eso la inminente separación de nuestros protagonistas, o al menos así lo veía uno de ellos.

Fue una tarde en la que JiMin tenía que ir a su terapia con animales y YoonGi aprovechaba esos ratos libres para poder adelantar tareas y proyectos finales, subrayar, resumir textos, hacer esquemas, crear una tesis para al final entregar todo y graduarse. El, ahora, peli-gris había salido por la correspondencia del día y cuando estuvo en su pequeño departamento de nuevo se dispuso a revisar una por una.

Impuestos, ofertas, impuestos, un regalo que había pedido para su niño precioso, cuentas y una carta de su padre ordenándole que viajara de emergencia hacia China porque su madre— quien había enfermado del corazón años atrás— se había puesto delicada luego de tener un “pequeño” pleito con el gerente del hotel en donde se hospedaban, su padre creía que esta vez la señora Min no la libraría por lo que quería que sus hijos estuviesen presentes para todo el demás proceso.

No planeaba ir por supuesto, no tenía ni las ganas ni el tiempo o dinero para ir a ver a sus queridísimos padres, estarían bien si su presencia y si su madre llegaba a fallecer iría al funeral por puro respeto.

YoonGi nunca tuvo una buena relación con sus padres, sus hipócritas y materialistas padres. Así que con un resoplido lleno de burla tiró la carta a la basura, que lo siguieran esperando.

Un par de toques en la puerta irrumpió sus quejas mentales, espabilo un poco su cabeza sacudiéndola de lado a lado y caminó hasta la entrada de su pequeño hogar, imaginen su sorpresa cuando pudo reconocer el logo de la empresa de su padre en los trajes de aquellos hombres que al parecer iban por él, después de todo su padre si le conocía lo suficiente como para estar seguro de que no querría verles la cara.

YoonGi luchó contra los guardaespaldas, trató de correr a su habitación y alcanzar su celular para poder pedir rescate a sus amigos, por supuesto que fracaso en el intento ya que uno de los hombres lo cargo como el costal de papas más ligero del planeta Tierra y a pesar de los golpes e insultos proporcionados a sus captores estos terminaron por llevárselo.

Ese mismo día pero en el hospital de Seúl el pequeño JiMin se encontraba recibiendo sus terapias sin éxito alguno ya que se distraía con facilidad o simplemente parecía que no se encontraba ahí por lo que SeokJin comenzaba a desesperarle la actitud de desinterés de su paciente.

— JiMin, vuelve por favor, necesito que me prestes atención.- le habló en tono fuerte al menor que ni se inmutó, tenía la mirada perdida en algún punto de la pared frente a él y el semblante totalmente en blanco, parecía que estaba siguiendo algo con la mirada porque sus ojos se movían de un lado a otro y mordía su labio con insistencia, no era la primera vez que pasaba eso pero que regresase justo ahora que parecía haber tenido un avance sorprendente le preocupaba.- ¡JiMin!

El receptor de sus llamados seguía perdido en su mundo ahora estirando sus manitas como si quisiera tocar algo, sus rellenitos labios estaban siendo maltratados aun por sus dientes pero con más fuerza de la normal, parecía tan perdido en otro lugar que le asustaba que su mente se ausentara durante horas como ya había ocurrido antes. Se levantó con la tortuga que tenía entre las manos para regresarla a su lugar cuando escuchó un gritito adolorido y su reacción fue inmediata.

Dejó rápidamente a la tortuga en su acuario para ir a socorrer al menor que se había arrancado un pedazo significativo de piel del labio inferior, la sangre comenzó a salir rápidamente por lo que tomó el pañuelo que siempre llevaba en su bata de hospital y lo presionó contra la boca del menor.

De las medias lunas que el menor tenia por ojos comenzaron a salir gruesas lágrimas sin embargo él no soltaba ningún sonido, no hablaba y no se movía pero su cuerpo no parecía tenso por lo que SeokJin adivinó rápidamente que seguía en el trance en el cual se mantuvo casi toda la sesión, se estaba privando y no podía permitir que siguiese así por más tiempo.

En menos de un minuto ya tenía el botiquín abierto junto con un algodón remojado en alcohol para limpiar la herida y una aguja con hilo lista para suturar, quitó el pañuelo permitiendo que la sangre comenzara a salir de nuevo con menos intensidad y con cuidado mantuvo la boca de JiMin abierta para poder limpiar y suturar.

Luego de unos minutos el labio del menor ya estaba cerrado y limpio.

— ¡Park JiMin!- le gritó esta vez de forma autoritaria manteniendo la tranquilidad en su rostro, no levantaba la voz para asutarlo si no para que reaccionase.- JiMin no quiero medicarte hoy, por favor regresa a tus sentidos.

Pasados tres minutos JiMin regresó un poco en si mismo gracias al pitido del temporizador que les indicaba que el tiempo ya se había terminado.

— Príncipe Jin.- le llamó el menor luego de que tomara un poco de agua.- los gemelos encontraron un dragón blanco y dicen que se llama Suga.- su tono sin emoción alguna no le sorprendió para nada, luego de estar en estado de trance durase lo que durase siempre parecía un muñeco sin vida después.- era hermoso y ahora vive con ellos.- estaba por morder su labio cuando sintió dolor.

— ¿Ese dragón te gusta?- preguntó mientras anotaba lo ocurrido en el expediente de JiMin.

— Si, es bonito. Me recuerda a Yoonie Hyung.- su voz seguía siendo monótona a pesar de que sus ojos brillaban como siempre que mencionaba al mayor.- y hoy vendrá por mí.

— ¿De verdad?- Jin se sentó en su escritorio mirando a su menor acostado en el sofá de dos plazas.- ¿lo quieres esperar conmigo? El príncipe de chocolate vendrá hoy.

— Me gustan los hoyitos de sus cachetes.- comentó.- son posos como… posas… pasas… pan con pasas… ¿quieres pan con pasas 21? Pero a 12 no le gusta el pan con pasas.

Jin suspiró en cuanto el adorable Minnie comenzó con su monologo, o bien, a hablar con sus alucinaciones, aún no estaba seguro de cuantas eran ya que no las mencionaba siempre a todas y las más frecuentes las tenía enlistadas en una pequeña libreta.

Se quedaron esperando a que YoonGi llegase por JiMin pero eso no sucedió y a Jin eso le extrañó, su amigo nunca se atrasaba en cuanto se tratase de su pequeño novio, siempre puntual estaba ahí las veces que le tocaba ir a recogerlo y mientras JiMin se encontraba entretenido aun con las alucinaciones Jin se dedicaba a enviarle mensajes a Min, mensaje tras mensaje era enviado más no obtenía respuesta de ninguno, le llamó lo más discretamente que pudo pero tampoco contestaba.

¿Qué estaba mal?

Al poco rato llegó NamJoon por él y aun preocupado por su amigo y la reacción que el adorable niño de regordetas mejillas pudiese tener al saber que su adorado hyung no llegaría esta vez.

— Minnie.- le habló con voz suave y solo continuo cuando vio que JiMin le miraba rápidamente para que continuase hablando.- Yoonie me pidió que te llevase a casa hoy, él está muy ocupado ahora… pero… pero el promete que irá a verte a casa.

JiMin no dijo nada pero el hecho de que comenzase a temblar le preocupaba en sobremanera al mayor.

De camino a casa del menor NamJoon trató de animarlo un poco preguntándole por Zafiro y por alguna otra aventura que hubiesen tenido los gemelos mas JiMin no comento nada, no habló, no hizo ninguna expresión y apenas y se movía de su lugar, se encontraba totalmente tenso y volvía a estar en su mundo.

Al llegar a su casa se despidió con un beso en cada mejilla de sus hyungs y entro a su casa rápidamente sin saludar a nadie.

JiMin no estaba contando el tiempo en el que YoonGi no se había aparecido por su casa, no había tiempo, todo parecía infinito e interminable; los gemelos 12 y 21 comenzaron a burlarse de él unos días después de que Yoonie desapareciera, Mr. X le insultaba a veces y Siglo IXX simplemente se había esfumado, el dragón Suga solo le visitaba en sueños y Zafiro trataba de defenderlo pero parecía cada vez más débil.

Las nubes en las que se sentía flotar desaparecieron rápidamente haciéndolo caer en un camino lleno de piedras y serpientes, los corazones habían mutado en cuervos y flechas, Zafiro ya no parecía un lindo oso de felpa y su mundo color de rosa comenzaba a desmoronarse lentamente.

¿Cómo el que YoonGi no estuviese le había afectado tanto?

— Si me quieres regresa, si me quieres regresa, si me quieres regresa, me quieres si regresa, si me quires regresa, si quieres regresa, si me regresa querer.- repetía como mantra mirando la puerta de su casa todas las tardes a la misma hora y se mantenía así hasta que el sol se ponía y sus padres lo hacían moverse.

Estaba seguro de que ya habían pasado años sin que viera a YoonGi pero en realidad no podía saberlo, el tiempo se había detenido.

¿Ya no lo quería? ¿Pitágoras lo asustó? ¿Cuántos días más iba a tardar? ¿Ya no quería estar con él porque estaba enfermo? ¿Se habría perdido en el reino? ¿Por qué?

¿Por qué?

Las preguntas rondaban en su cabeza cuando cerraba los ojos y cuando los abría parecía que las letras de las mismas preguntas desfilaban frente a él de forma irregular y desordenada, se reían de él, le gritaban que Yoonie solo había sido otra cosa que solo él puede ver.

Los señores Park estaban comenzando a adquirir de nuevo los antidepresivos que tenia recetados su hijo mayor pero que habían dejado de comprar debido a que luego de YoonGi ya no parecían necesarios, su hijo lloraba todas las noches, pero no era un llanto normal, no, JiMin lloraba escandalosamente. Todas las noches sin ninguna falta se levantaba a las dos de la madrugada y comenzaba a sollozar y gradualmente el llanto se intensificaba al grado de los gritos proclamando que reapareciera el chico pálido.

Solo lograba calmarse cuando su madre le ponía una canción de cuna luego de darle la medicación contra la depresión, ella estaba realmente asustada, su bebé estaba enfermando muy rápido ya que no había pasado ni un mes completo desde la desaparición de la pareja de su hijo, lo cual igualmente la tenía muy preocupada.

Lo peor vino al mes, Min no apareció pero si Pitágoras.

JiMin nunca dijo nada pero JiHyun se había dado cuenta de lo que pasaba, la ultima vez JiMin había comenzado lastimandose, se dejaba caer al suelo de la nada, golpeaba su cabeza contra la pared murmurando cosas inentendibles, se rascaba con insistencia el brazo derecho abriéndose la piel y se arrancaba pedacitos de la piel en sus labios, su hermano mayor estaba empeorando y no sabía cómo lidiar con ello, la ultima vez él estaba muy pequeño y ahora no tenía idea de cómo actuar.

Pitágoras no dejaba ni un momento a solas a JiMin apareciendo cada vez que se le daba la oportunidad.

— Tu madre no está cerca, puedes hacerlo.

— Déjame, no quiero, no quiero, no quiero.- se tapaba los oídos con sus pequeñas manitas y sollozaba débilmente mientras golpeaba con insistencia su cabeza contra la pared de su habitación, se encontraba sentado debajo de la ventana y se había encerrado en la habitación.

— No seas un bebé… será divertido, tal vez lo veas de nuevo.

— Cállate… cállate ya…- se sorbió la nariz luego de que un sonidito lastimero abandonara sus labios.- no quiero…

— ¿No te gustaría volar? Imagina… imagina la sorpresa de todo cuando salgas volando por la ventana, creerán que eres un ángel, el más hermoso de todos, ¿no quieres eso?- siseaba cerca de su oído.

Y entonces pasó algo que jamás creyó posible.

Pitágoras le tocó el brazo, su tacto tan frio como un tempano de hielo y la piel rasposa lastimaba la piel descubierta. JiMin no podía creerlo, estaba en shock.

Siempre había creído que estaba a salvo de él al no poder tocarlo, pero ahora…

Entonces la mano con horribles garras comenzó a acariciar su pequeño bracito lleno de moretones, de arriba abajo, lentamente y de forma dolorosa, él sonreía mientras JiMin seguía llorando, ahora, con fuerza; Pitágoras de verdad lo estaba tocando y no sabía qué hacer, no podía pedir ayuda los sollozos no le dejaban hacerlo, sentía la garganta obstruida.

— Eres suave y bonito ¿no?, por eso le gustas tanto a ese hyung… dime Minnie… ¿Qué pasaría si de pronto ese bonito rostro desaparece?

Y entonces el llanto se detuvo— no por completo— y un espasmo recorrió su cuerpo por competo, sintió sus músculos ponerse rígidos y el dolor que sentía en su piel comenzó a desaparecer, cayó al piso por completo en una posición dolorosa a simple vista y lo sería de no ser porque de verdad no estaba sintiendo nada más que el dolor en su pecho en esos momentos; su brazo derecho estaba doblado anormalmente debajo de su cuerpo, y si bien él conocía su flexibilidad no creía que esa posición fuese posible, el brazo que Pitágoras sostenía antes estaba extendido horizontalmente totalmente estirado y sus piernas estaban dobladas al igual que su brazo derecho gracias a que antes estaba sobre sus rodillas frente a la pared, ahora su cuerpo totalmente rígido.

Se asustó cuando las sombras que solían acompañar a Pitágoras comenzaron a rodearlo pero esta vez sus cuerdas vocales no funcionaban y su respiración a pesar de ser rápida por el miedo comenzaba a detenerse de a momentos dejándole sin aire.

¿Iba a morir?

¿Ya no podría ver la bonita sonrisa de encías y pequeños dientes de Min YoonGi?

¿Ya no respiraba?

¿Por qué había puntos negros en el techo?

¿Por qué le ardían los pulmones?

¿Por qué YoonGi se fue?

¿Por qué?

Me detendré un momento aquí porque aun no sé si contar esto… es igual de doloroso que la primera vez y me hace doler el corazón cada que lo recuerdo.

JiMin no pudo sobrevivir a ese ataque psicótico, su menudo cuerpo no tenía fuerzas para sobrevivir a esa montaña rusa de sensaciones, no estuvo comiendo durante días y a veces no tomaba su medicación, la escupía, no quería nada si no estaba Yoonie.

Los Park estuvieron de luto durante mucho tiempo, su pequeño ángel ya no estaba, JiHyun se había sentido aliviado luego de llorar la muerte de su hermano, pero es que era tan difícil cuidar de él, a veces también se sentía mal emocionalmente al darse cuenta que no podría hacer nada por su hermano.

SeokJin también lloró mucho y a su primer hijo lo nombro como aquel niño de adorables mejillas y hermosa sonrisa.

Y YoonGi… bueno, YoonGi murió después… ¿han escuchado hablar de las personas que mueren de tristeza?, YoonGi fue una de ellas, se sentía tan mal, sentía que la culpa por abandonar tan repentinamente a su pequeño niño precioso le carcomía, le extrañaba tanto, le dolía respirar.

Cuando se enteró de lo que había sucedido con su adorable niño no lo quiso creer, se rió de JiHyun y SeokJin, se rió tanto que terminó llorando segundos después, lloró durante días, lloró hasta el día de su muerte.

Él no había podido regresar a Corea porque su padre había roto su pasaporte, tuvo que tramitar otro con la embajada y desafortunadamente se habían tardado mucho, no tenía dinero para comprar un celular nuevo ya que el suyo se había quedado tirado en el suelo de su habitación y no quería el dinero de sus padres, no quería dinero sucio.

El ultimo día de su vida le lloró a JiMin, pero eran lagrimas llenas de amor y felicidad, los sollozos que abandonaban sus labios estaban cargados de susurros diciendo “te amo” tan grandes que temía explotar si no los sacaba todos, cada lagrima lo valía, cada lagrima representaba el amor que sintió, sentía y sentirá por Park JiMin, el niño más precioso que había tenido el placer de conocer en su vida.

El niño de la mirada perdida y labios maltratados por mordérselos, aquel niño que amaba sentirse feliz y compartir su felicidad con otros, ese niño al que conoció entre lágrimas y del que se despidió entre lágrimas.

— Sometimes the little things start closing in on me.- susurró con voz quebrada mientras miraba el techo de la habitación ajena, lagrimas surcando su rostro y una pequeña sonrisa imaginando a su niño precioso mirándolo y acariciando su cabello justo como lo hacía su abuela.

YoonGi murió en casa de su mejor amigo, Jin fue quien encontró el cuerpo y yo quien llamó al hospital.

Si no aun no saben quién soy, me presento.

Soy el marido de Kim SeokJin, escritor a tiempo parcial y creo que Park JiMin y Min YoonGi ahora deben estar sentados en aquel parque, deben estar cantando y riendo, JiMin debe sentirse mejor… tal vez las alucinaciones se han ido o tal vez siguen ahí y ahora YoonGi puede verlas, compartir el mundo de Minnie.

Estoy seguro de que YoonGi nunca se arrepintió de conocer al niño adorable de mejillas regordetas y manos bonitas.

¿Tú te arrepentiste de leer su historia?

 

 

 

 

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