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Archive Warning:
Category:
Fandom:
Characters:
Language:
Español
Stats:
Published:
2021-09-11
Updated:
2021-11-20
Words:
23,007
Chapters:
9/?
Comments:
6
Kudos:
8
Hits:
246

A la Luz de las Velas

Summary:

Sentado a la luz de las velas. El día se desvanece en la noche.

Notes:

Esta historia no tendrá la cronología del tiempo original, sino que algunas situaciones fueron cambiadas de lugar, para que el relato coincidiera.

Chapter Text

Con un par de auriculares reproduciendo música, colocados en sus oídos, la joven Bernadette empezó a ser alcanzada por la luz cálida del sol, la puesta del mismo estaba ante sus ojos, lo único que la separaba, era el vidrio del autobús en el que iba, que constantemente saltaba, por el terreno tan terroso que iba atravesando, hace unos días que había estado en Tokio, pero al ver todas sus maravillas, decidió ir a algunos lugares más, antes de dejar tan extenso y curioso continente. Le parecía un lugar tan caótico y grotesco, que se sentía abrumada por varias personas cuando estuvo en esa ciudad, pero el escenario cambió cuando ella despertó del arrullador viaje, a pesar de haber sido algo escabroso, a su alrededor había nada más que árboles, parecía que no había ninguna pista de civilización en aquel lugar, se empezó a alarmar más, cuando en el autobús no había nadie, más que ella y el conductor, el transporte se detuvo y ella aún desorientada, trataba de averiguar lo que estaba pasando, hasta que el conductor le habló.

—Oye, ¿Estás despierta?

—S-sí, ¿Dónde estoy? — Dijo mientras tomaba su mochila y guardaba los auriculares.

—Estamos en los límites del territorio, ya no podré ir más allá, además de que es peligroso, debemos regresar

Bernadette se detuvo por un momento, era una persona llena de pasión por la aventura, aunque le preocupaba que ya estaba por anochecer, por suerte traía equipamiento para acampar, si es que se le presentaba una situación parecida, tantos años de experiencia, le habían servido muy bien.

—No, está bien, me quedaré aquí

—Pero niña, es peligroso estar aquí, la regresaré a la ciudad— Comenzó a arrancar el autobús.

—No, no se preocupe, no es la primera vez que paso la noche en un bosque, voy a estar bien, se lo aseguro— Bernadette le ofreció el dinero con el que pagaría su pasaje.

—Muy bien, pero, si le pasa algo, está bajo su propio riesgo— Tomó las monedas y las puso en un pequeño estante detrás del volante, pero de inmediato comenzó a sacar un papel y un lápiz— Si necesitas ayuda y te sientes en peligro, aquí tienes a quien llamar— El conductor le dio un papel con un número telefónico, "Sr. Wazunah".

—Vaya, muchas gracias, lo tendré en cuenta, tenga cuidado, espero volver a verlo

—Adiós niña

Bernadette bajó del transporte, y antes de que el hombre arrancara el autobús, ella se despidió con un saludo, a lo que el otro le respondió. Parecía un tipo gruñón, pero vaya que era amable, siempre se sentía afortunada cada que se encontraba personas que se preocupaban por alguien, aunque fueran completos desconocidos, Bernadette siguió caminando, siendo asechada por la manta de la noche, empezaba a hacer frío, el camino que seguía, le parecía bastante misterioso, pensaba que era un buen lugar para poder ver a un dios, como las leyendas que había oído, la diosa del sol, el dios dragón, e incluso el dios del viento, si eran reales, le gustaría mucho charlar con uno de ellos, prometería guardar el secreto. Cuando al fin todo se puso oscuro, y la única compañía era la blanca luz de la luna, decidió que sería mejor detenerse, y pasar la noche ahí, puso una fogata con algunas ramas que había encontrado, y armó su tienda, al estar ya instalada, se quedó algunas horas junto al fuego, mientras leía un libro que había comprado, el cual hablaba de las leyendas de varios pueblos, había uno es específico, Masuda Village, que hablaba de una fuente, que solía ser visitada por el dios dragón, pero este había desaparecido hace mucho tiempo, se encontraba en medio de cuatro montañas, y muchos suministros, pero por desconocidas razones, la gente desaparecía, o moría, el libro también describía, que a la redonda, hay varios árboles con algo rojo, ya fuera una prenda o una tela rasgada, simbolismo de que había un cadáver, por reacción, ella vio a su alrededor, su estado de alerta se había activado después de leer esas líneas, al sentirse intimidada por sólo unas palabras, ella decidió cerrar el libro, apagó el fuego y se metió a su tienda, abrazándose a ella misma, además del agresivo frío que cruzaba entre los árboles que la hacían temblar, también algunas imágenes se implantaron en su mente, cuerpos muertos, y desapariciones de aquel pueblo, era algo intolerable, ahora se arrepentía de no haber escuchado al hombre, y arriesgarse a pasar una noche en tan ruin bosque, pero lo hecho estaba hecho, no podía hacer nada, más que rezar y tratar de dormir.

Después de algunas horas, ella fue abriendo sus ojos, siendo deslumbrada por algo de luz, escuchaba algunos pájaros cantar, el sol aún no había salido, pero el cielo estaba de un azul casi claro, estaba por amanecer, así que decidió ir por algunas otras ramas para encender otra fogata, calentarse algo de agua y hacer café, en su recorrido, fue adentrándose más a ese bosque, iba juntando varias ramas secas, mientras escuchaba los sonidos de la mañana silvestre, todo era muy calmado, que hasta llegó a pensar, que cuando ya no pudiera viajar, ella se mudaría al campo o un bosque, para poder vivir una vida plena, y tranquila. Mientras más seguía caminando alrededor, a lo lejos empezó a escuchar varias voces, al irse acercando, se percató de que había un grupo de jóvenes hablando, al acampar esa noche, ella estaba segura de que no había nadie a su alrededor, pero más lejos, vio varias colinas con casas, entonces pensó en una oportunidad, de poder encontrar algo de suministros y poder seguir su camino. Regresó de inmediato a su tienda para recoger todo, y tomó el camino que la había llevado hacia esos jóvenes, pero al estar ahí, ellos ya se habían ido, sin importarle, continuó caminando hacia ese pueblo tan misterioso, al irse adentrando, vio que las casas estaban muy dispersas, a comparación de otros pueblo que había visitado, donde las casas estaban casi una sobre la otra, con lo primero que se cruzó, fue un edificio antiguo, subió las escaleras de este, y al llegar al segundo piso, vio que se trataba de un bar, fue recibida por un hombre alto y delgado, con un estilo de ropa bastante peculiar, le sonrió y le ofreció algo de beber.

—Buenos días, ¿Le apetece algo?

—Buenos días, gracias, pero el licor no me asienta bien en las mañanas, pero sí me gustaría un teléfono

—Oh, lamento decirle que no cuento con uno, de hecho, nadie en el pueblo, pero hay una torre a unos kilómetros, cerca de una montaña, puede que ahí encuentre lo que está buscando

—Sí, gracias, en ese caso, tal vez le acepte algo por la ayuda

—De inmediato— Le dedicó una sonrisa, y regresó con un vaso— No creí que habría turistas en el pueblo— Mientras hablaba, le dio a elegir dos bebidas.

—¿De verdad? —Eligió la bebida.

—Sí, no nos visitan muy a menudo, bueno, a decir verdad, creo que ni siquiera saben de nuestra existencia, claro que, usted ahora sí— Le entregó el vaso preparado.

—He visitado muchos pueblos aquí en el país, este me ha parecido el más misterioso si soy honesta, ¿Cuál es el nombre? — Bebió.

—Masuda Village

Bernadette se sintió exaltada por escuchar aquel nombre, recordando las líneas que había leído la noche anterior, pero al momento reaccionó, tal vez las palabras del libro querían decir otra cosa, algo común en el pueblo donde se encontraba, había visto y aprendido varias costumbres extrañas, que hasta ella misma se sorprendía del miedo que había sentido, en realidad sólo se trataba de personas como muchas otras, viviendo su día a día, el libro o la conciencia de ella misma exageró. Se rio de ella misma, pagó la bebida, y se dirigió entonces hacia la torre que le había indicado el hombre del bar. Caminando tranquilamente, mientras admiraba toda la belleza de la naturaleza del pueblo, ella iba explorando desde su punto, el terreno al que ella estaba entrando, se le hacía una idea tentadora, dejar sus viajes, y quedarse ahí para siempre, le gustaba esa idea, de que era un lugar donde nadie la encontraría, tenía fantasías de tener un lugar ahí, pero la limitaba su espíritu libre, quería seguir explorando tantas cosas, había visto lugares hermosos, donde alguna vez deseó quedarse para siempre, pero debía seguir adelante. Al llegar a la torre de control, fue subiendo la pequeña colina para llegar hasta ella, para su sorpresa, vio a una persona ir bajando, molesta, era una mujer de mediana edad, algo pequeña de estatura, pero el aura de carácter fuerte, era lo que la hacía notar, esa mujer vio a Bernadette con extrañeza, o eso suponía la joven, ya que la mujer tenía los ojos cubiertos, sin poder descifrar las expresiones, esta fue hasta la joven, aún con actitud enojada, asustando un poco a la viajera.

—Hola, ¿Es esa la torre de control? — Preguntó Bernadette, a la mujer.

—Sí, esa misma, pero ni se te ocurra subir, a menos que quieras ser comida viva

Bernadette se quedó atónita ante esas palabras, a lo que la mujer soltó un suspiro, y regresó con la joven.

—¿Porqué sigues ahí?, ven, o el lobo te comerá— Soltó más juguetona, y le dedicó una sonrisa.

La joven sonrió de inmediato, recordaba haber conocido a alguien así en el pasado, quien a veces fingía ser ruda, pero en el fondo era una luz escondida, fueron caminando a la par, hasta poder bajar a salvo de la colina.

—Creí que la civilización no vendría hasta Masuda, ¿Vienes de paso?

—Sí, así es, buscaba un teléfono, para poder llamar a alguien

—Lo siento, en este momento el teléfono debe estar destrozado

Bernadette se silenciaba cuando la mujer le hacía comentarios fuera de lugar, ¿es que había alguna clase de bestia en la torre?, las preguntas se le arrejuntaban, causándole dolor de cabeza, pero simplemente lo dejó así, no quería ser terca, si alguien le estaba advirtiendo, era por algo.

—¿Cuál es tu nombre niña?

—Bernadette— Extendió su mano.

—Keiko— Le respondió el saludo— Tienes un lindo nombre.

—Usted también

Keiko volteó hacia ella con sorpresa al oír ese dulce comentario, sonrió nerviosa y siguió caminando hacia su destino, pero vio que la joven no la acompañaba, así que volteó a ella.

—¿Por qué te detienes? 

—Uh, yo

—Debes tener hambre

—No quisiera molestar

—Nada de eso, anda, ven

La joven viajera se sintió acogida de inmediato por la mujer, y la verdad, es que no tenía otro lugar a donde ir, poco a poco iba dándose cuenta de lo calmada que era la gente, o al menos, eso era lo que ella creía.