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Adamas era un espectáculo lamentable desde su comportamiento hasta su poder. Poseidon podía admitir libremente que su hermano mayor solo le provocaba desagrado con todas sus características tan poco dignas.
Entonces se sintió aliviado cuando dejó de perseguirlo después de su última disputa, aunque le sorprendió que montara toda una escena, fingiendo estar muerto para no tener que hablarle, una acción tan decadente a la que el Dios de la conquista podría recurrir por lo que no se molestó en seguir su juego, sí su hermano quería actuar como un niño berrinchudo; él lo dejaría seguir con su rabieta de la que no formaría parte.
El tiempo para los dioses no era nada, insignificante para quienes estaban agraciados con una existencia eterna por ende no sabía que era esa sensación molesta que lo hacía tan atento al tiempo, sabía que algo era incorrecto simplemente era incapaz de discernirlo. Aburrido de un problema del cual no sabía la causa se retiró a sus aposentos para leer un libro, en un corto intervalo incluso la actividad se tornó hastiante, al punto que prefirió simplemente dormir.
No está seguro en que momento Adamas consiguió arrastrarse encima suyo.
—Vamos, Poseidón, mírame a los ojos.
La voz era irritante, lastimando sus oídos por ende le sorprendió que no le haya dado un empujón tan fuerte que mande a volar al molesto parasito que dice ser su hermano mayor.
—Ugh, siendo tan terco como siempre, ¡está bien! Veamos que tanto te niegas a mirarme.
Con la declaración se imaginó que iniciaría una especie de confrontación física, uno que lo obligue a ver algo tan indigno de él, como lo son los ojos de un Dios tan poco perfecto. No se le ocurrió que unas manos pasearían por sus brazos, apenas rozando, un impactante escalofrío subió por su espalda que con dificultado alcanzo a contener su cuerpo de arquearse ante la sensación. Tan fuera de su zona de confort en presencia de las piernas de peculiar tono verde que se enrollaban con las suyas, acariciando. Y de las manos vagantes por su abdomen simulando toques de plumas.
Construyendo un fuego que se enroscaba vicioso en su vientre.
—¿Qué crees que haces?
—¿Qué parece que hago? Y pensé que eras inteligente. Estoy capturando tú atención, hermanito.
Las manos pararon su recorrido en sus caderas, masajeando con los pulgares en círculos. Al mismo tiempo que una rodilla presiono con la erección que se levantaba; incrédulo levantó la mirada, pero no fue capaz de ver un rostro.
Sus ojos se abrieron incomodos buscando una figura familiar en sus sedas, sin embargo, no se encontró con ninguna. Enrojecido por la vergüenza cayó en cuenta que era solo un sueño; con el malestar persiguiendo sus pasos viajo al dominio de Zeus con una idea en la mente.
Una vez ordeno la desaparición de los logros, por escasos que sean, pertenecientes a Adamas. Regreso a su panteón, ansioso de que el mencionado aparezca de donde sea que haya estado; para poder atravesarlo con su tridente nuevamente por hostigarlo incluso en sus sueños, así podrá vengarse. Y no era porque el pensamiento de capturar a Adamas era seductor, solo quería una vista de él para que se le recuerde todo lo negativo de su presencia.
Receloso de sus propios pensamientos, se resistió al sueño, no obstante, la intriga de saber de qué sería capaz su hermano mayor en sus fantasías tentó a su curiosidad; que permaneció aburrida por un largo período, tanto así que se lanzó a los brazos de Morfeo con el mórbido siguiéndolo.
Fue recibido por la vista de su hermano agachado con el pecho pegado al suelo mientras usaba sus manos como almohada para su cabeza, las piernas tan abiertas como podía y utilizando sus rodillas para levantar el trasero al aire, una invitación descarada.
No era difícil imaginar al Adamas real así de libertino, se dio cuenta.
—Esto era todo lo que querías ¿no? Tenerme debajo de ti, sumiso, con las piernas abiertas para que puedas mirarme todo lo que desees. ¿Es por eso que no me mirabas a los ojos? ¿Estabas más ocupado mirando mi cuerpo? Deseándolo para ti y solo para ti ¿verdad? ¿Eso te molestaba? Que compartiera el mismo tiempo con otros dioses como contigo.
—¡Cállate! Ni siquiera puedes solo gemir como lo haría una cualquiera, tienes que hablar y hablar. Que molesto.
—Dices eso, pero no veo que empieces a moverte como deberías.
Irritado por las burlas constante de su hermano, apretó las mejillas del culo para tener un mejor agarre, impulsándose con violencia hacia adelante y continuando sin descanso a pesar que el aire se le atascaba en la garganta ante el calor acogedor del agujero de su hermano, que se encontraba gimiendo como un hombre desesperado. Una sonrisa se estiro en sus labios sin su consentimiento cuando comprobó, satisfecho que incluso en algo tan insignificante como el sexo los dioses eran absolutamente perfectos.
—¡Poseidon! Por favor-
Un grito pasional salió de los labios de su hermano mayor al mismo tiempo que se estiraba hacia adelante como si quisiera escapar del placer excesivo que era capaz de otorgarle.
—¿Sabes? Dejando de hablar eres mucho más agradable, Adamas.
Toda la imagen era simplemente erótica, lo suficiente para satisfacerlo y acercarlo al orgasmo. Estaba tan cerca…
Esta vez lo despertó un inepto súbdito, enfurecido por la interrupción lo mato sin pensarlo mucho. Sin molestarle la sangre en su habitación, desnudo su pene para poder acariciarlo con comodidad, bajando y subiendo su mano, intentando evocar el sentimiento devorador de excitación, sin embargo, resultó ser un pobre sustituto.
Frustrado, espero que su hermano mayor hiciera acto de presencia pronto para poder obligarlo a entretenerlo y alejarlo del deseo tonto que aparentemente se instaló a profundidad. Era mejor escuchar los planes absurdos que se le ocurrían que ese placer incompleto.
Resulto ser que lidiaría con ese placer a medias durante un largo tiempo. Siempre el cadáver de su hermano mayor tomando sus sueños y entregando pedazos diminutos de un deleite tan enorme en represalia por matarlo. Nunca eran las mismas visiones, a veces se vería así mismo tomándolo por detrás con tanta fuerza que las rodillas le temblaban, tanto que termina por sujetarse del trono de su hermanito para que dicho hermanito pueda reformar sus intestinos con su pene a través de estocadas tan profundas que balanceaban su cuerpo hacia adelante. O la vez que imagino un collar destinado a los animales en el cuello de su hermano, tratándolo como una mascota para follar hasta el cansancio.
Y a pesar de todo, nunca fue suficiente, siempre se despertaba con un dolor palpitante por ser incapaz de correrse, aunque tuviera las mejores fantasías (El arma de su hermano mayor, siempre en su habitación bien cuidada para poder inhalar lo poco que le quedaba del objeto de sus anhelos esperando que lo lleve a la liberación, de una vez). Los mares, tan conectados a su dueño, se agitaban con tanta fuerza que los dioses menores temían que el tirano de los mares arrasará con todos. Buscaron ayuda en Zeus, pero él simplemente se encontraba ocupado burlándose de su hermano mayor, resignados solo pudieron esperar que alguien hiciera algo para aplacar al cada vez más enfurecido Dios de los mares.
Hestia fue ese alguien.
Era un decreto que el nombre del decimotercero dios griego era impronunciable e incapaz de ser incluido en los registros celestiales, pero nadie menciono que no podía ser escrito en una superficie no divina; Hestia podía admitir que era una acción infantil, aunque eso no la hizo menos ideal.
—¿Qué significa esto Hestia?
Ambos en las arenas de una playa a petición de la mayor; quién sin querer agotar la paciencia del Dios señalo una zona en específico donde escrito al excavar con los dedos, se leía “Adamas, no esta muerto”
La Diosa del hogar pudo percibir la intención asesina que escapaba a oleadas de su hermano, estaba segura que en cualquier momento la apuñalaría. Por lo que se apuró a explicar.
—Es exactamente lo que significa. Él se encuentra en la morada de la muerte.
Ella pudo ver cómo la comprensión se asimilaba en los ojos de su hermano, parece que la noticia impacto tan fuerte que su aura divina (que caracteriza la fuerza de un Dios) tomaba tangibilidad. Y sin decir nada, su hermano se retiró apresuradamente con una desesperación bien escondida; estaba segura que su decisión de contarle a Poseidon el lugar donde se encontraba su hermanito le costaría caro (solo que desconocía el valor real de su decisión), pero no le importaba mientras recupere a su hermanito, Adamas. Está bien, ella podrá recurrir a Hera para convencer a Zeus de una protección.
Hestia había pensado que Hades, su hermano, solo escondería a Adamas del irascible Poseidon, que le otorgaría un tiempo para que se recupere, o que le permitiría un descanso como el Dios de la conquista, no que lo desaparecería. Era demasiado los eones en lo que no supo nada de él y era hora de hacer algo.
Veamos en qué espectáculo acaba esto.
