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10.3 millones de seguidores en ClipClop, 9.8 millones en Equsgram. Un día normal y bueno en la vida de Pipp Petals como "influencer" —denominación que odiaba con todo su pequeño ser—.
Un día que terminaría como cualquier otro, siguiendo su habitual rutina de cuidado de la crin y piel, sus cascos, sus muy suaves y emplumadas alas blancas; con sus prácticas de piano, violín, guitarra y, por supuesto, su preciosa voz, aquella que la disparó en las tazas de popularidad no solo por su título como princesa.
Pipp disfrutaba de la serenidad que le otorgaba su buen día…
—Hermana, necesito tu ayuda. Urgente — anunció seriamente Zipp.
La fraternidad es mucho más importante. Y la menor de las princesas dejó de lado su preciado celular y miró a la contraria de frente.
Su querida hermana mayor se veía espantosamente seria y asustada, muy distinta al porte más relajado y genial que Zipp siempre manejaba.
Esto sin duda era de preocupación.
—¿Qué pasa? ¡¿Es mamá, el reino, alguno de nuestros amigos?! —preguntó la rosada apresuradamente.
La de piel blanca, en cambio, solo abrió los ojos en confusión.
—¿Eh, qué dices…? ¡Oh, sí, entiendo! No te preocupes, esta bien, todo en orden —contestó de una la pegaso más grande.
Pipp frunció el ceño.
—¿Entonces que tienes? ¿Por qué tienes cara de constipada? —inquirió todavía preocupada, aunque con cierto ápice de molestia.
—Bueno, es que soy yo… —admitió bajando la voz, apartando la mirada y cruzando su casco derecho sobre su pata izquierda.
Una postura de total vergüenza, como… ¡Timidez!
¿Su hermana mayor siendo tímida?, ¿pero que mosquito le habrá picado? ¡Si Zipp siempre fue la confiada, inteligente, atlética y atractiva heredera al trono!
—¿De acuerdo…? ¿Qué es lo qué tienes?
—Bueno, es que pasa de todo en mi: últimamente me tiemblan las patas, me sudan los cascos, se me revuelve el estómago, agitó mis alas involuntariamente y mis orejas se bajan sin querer…
—¿Ajá…?
—¡Me cuesta respirar! Me duele el pecho cuando pasa eso, se aumenta mi ritmo cardíaco y… y lo peor de todo es que me gusta…
—Ajá…
—He buscado mis síntomas por todo Internet… incluso visite la biblioteca del palacio y fuí a los archivos más ocultos y polveados sobre medicina y enfermedades que, por cierto, creo que todavía tengo algo de polvo atorado —soltó con el mismo saliendo en un pequeño bufido.
—Ajá.
—¿Siquiera me haces caso? —preguntó molesta Zipp—, ¡no encontré nada! Y siempre daba con cosas muy extremas que definitivamente no tengo… ¿debería ir al doctor?
—Zipp.
—Sí, tal vez sea lo mejor…
—Zipp…
—Tal vez me hubiera ahorrado todas esas horas de investigación… pero fue interesante leer todo eso.
—¡Zepherina!
—¡¿Qué?!
—Creo saber lo que pasa… ¡Pero solo creo! Así que dime, ¿tú te sientes así todo el tiempo o solo en determinados escenarios…? —inquirió suavemente a su hermana.
—Solo en determinados escenarios —contestó con la frase usada por Pipp.
—Muy bien, una pregunta más: cuando estas en esos escenarios, ¿hay alguien más contigo?
—¡Claro, estoy con el Sheriff! ¡El buen Hitch! —contestó alegre. Sus orejas revolotearon por un segundo, y su hermanita lo pudo notar—. Me he sentido así con él cerca, pero creo que no lo nota. ¡Mejor para mí, porque hemos juntado nuestros intereses para hablar de ciencia forense! Justo ayer le ayudé a revelar un casco marcado en una tela con algo de disulfuro de molibdeno, y ahora él esta…
—Ok, ya entendí: ustedes se llevan muy bien… demasiado bien, por lo que escucho —interrumpió en tono algo burlón.
—¡Pero espera! ¡El Sheriff ahora va a poder identificar a quien le pertenece el patrón del casco!
—¿Y qué pasó con tu "enfermedad"?
—Oh, bueno pues… ahí está, supongo…
—Hermana mía, creo saber lo que te está pasando…
Oh sí, la detective a la moda Pipp Petals tenía la resolución del caso en la punta de su lengua…
Zipp la miró intrigada, esperando una respuesta lógica de parte de la contraria.
—Tú, Zepherina Storm, estás tan… ¡Enamorada! —dijo alegremente cantarina al final. Galopó en círculos alrededor de su hermana lanzando burlescos besos al aire, con una muy confundida Zipp mirando a la nada.
—No, no… Eso… ¡Eso no es posible! ¡El Sheriff es solo un amigo! —se defendió mirando molesta a Pipp, quien se detuvo justo frente a ella nada más escuchar eso.
—Vamos, hermana… ¿No puedes sentir como te arde la cara? ¡Parece que comiste picante! —señaló, haciéndole notar su creciente sonrojo.
El rostro naturalmente estoico y blanco de Zipp era ahora nervioso y rojo.
—Creí que me ibas a ayudar…
—Y lo hago, es solo que no quieres aceptarlo —dijo en tono suave, acercándose a ella y poniendo un casco sobre lo que sería su hombro.
—¡P-por qué no es verdad! —exclamó la mayor soltándose del agarre de su hermana—. En mis veinte años de vida no me ha interesado alguien, ¿por qué ahora sería la excepción…?
—Es la excepción —corrigió Pipp.
—No, no la es.
—¡Sí, la es! Y será mejor, hermana mía, que te pongas algo de mi fragancia La Pipp —dijo en acento francés sacando un frasco del perfume... de la nada, a decir verdad—. Cuando andes por ahí amando a Hitch, je, ¡qué bien vas a oler!
—Solo te estas burlando...
Zipp puso los ojos en blanco y bufó algo enfadada. Si fuera un enamoramiento, lo habría sabido desde un inicio. Conocía las características de este proceso bioquímico, y como la segregación de dopamima en el hipotálamo generaban las reconocibles respuestas fisiológicas, tales como la alteración de la percepción del tiempo, ansiedad o dolor de estómago, sudoración, taquicardia y un largo etcétera.
Pero Zepherina Storm estaba (casi) segura de que ese definitivamente no era el caso.
Porque para nada pensaba en el tiempo con Hitch, el como las conversaciones de tres horas parecían durar tan solo minutos, en lo mucho que lo admiraba por la gran dedicación y sinceridad que ponía en su labor, o en su tonta sonrisa de perlas y en su peinado muy bien cuidado...
Además, el tipo no tenía deudas.
—¡Hermanota! —llamó Pipp como por cuarta vez, llamando abruptamente la atención de la pobre Zipp.
—¡Uy, ¿qué pasó?! —contestó acelerada siendo sacada de sus pensamientos y divagaciones.
—Oye, perdón por molestarte, ¿sí? —dijo la poni rosada con total honestidad.
—Oh, sobre eso... Bueno, la verdad sí me enfadó un poco, así que estas perdonada —le sonrió la heredera.
Pipp le devolvió la sonrisa.
—Es solo que... es la primera vez que vienes a contarme tal cosa, y la verdad es que nunca fuimos muy unidas... De alguna forma, esto es algo nuevo para mí...
—Oye, yo estoy igual —admitió Zipp, iniciando el brazo lateral que previamente había roto en su negación—. Yo lo negaba hace tan solo un minuto, pero... Pipp, ¿y si resulta serlo...?
—¿Hay algo de malo en eso? ¡Serías feliz!
—Bueno, tal vez —contestó con una risilla—, pero me refiero a... es que... solo... Uf, olvida eso, por favor...
—¡No no no, está bien! —se adelantó torpemente la menor—, quiero decir... Es algo raro, por no decir "muy raro", verte tropezar con las palabras, y sé que eso te dio pena... Es adorable, ¿si?. Esta bien y es normal, hermana.
—Pero con eso... estas asegurando que yo...
—Disculpa, es que desde mi punto de vista es obvio. Pero yo no te voy a forzar a nada, solo tú sabes lo que en verdad sientes —calmó con dulzura.
—...Bueno, tal vez sí me guste un poco —confesó por fin con las mejillas coloradas, sonriendo tontamente y mirando a otro lado.
Pipp la miró con los ojos bien abiertos.
—Este... ¿De verdad o solo lo dices...?
—¡D-de verdad! Tal parece que en verdad estoy enamorada... —aseguró rompiendo el abrazo para ver de frente a su hermana con ojos brillantes y alas agitadas.
Ambas pegasos rieron, y la menor no pudo evitar sentirse inmensamente feliz por Zipp, así como ver esto como un avance en su relación de fraternidad.
Tal vez, un día de estos, le pueda revelar a su confiable hermana que hay una yegua...
