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Diluc, el soltero más cotizado de Mondstadt estaba saliendo con alguien, al menos es lo que decían los rumores. Habían empezado hace unas semanas, cuando algunos clientes frecuentes de la taberna mencionaron que la actitud de Diluc empezó a cambiar.
"Tal vez al fin encontró una dama que le haga compañía"
"Ya ves, tantos años soltero seguro eran la razón de su mal humor"
"Una dama hermosa siempre sacará el lado amable de cualquiera"
Donna escucho esa conversación entre dos borrachos mientras daba un paseo cerca de la taberna.
No, era imposible, Diluc rechazo tantas propuestas de matrimonio por años, jóvenes tan hermosas lloraron también al ser rechazadas, Diluc nunca mostró interés en ninguna de ellas, aunque Donna no se mentiría a sí misma, esa misma actitud fría le parecía sensual, seguramente otra era la razón del cambio de actitud, si es que había alguna
-¿Que flores recomiendas para alguien especial?- pregunto Diluc a la pequeña Lily -quiero unas típicas de Mondstadt, que no se marchiten tan rápido si es posible-
La pequeña florista comenzó a hablar del significado de algunas de esas flores, Diluc observaba atento como la pequeña señalaba cada una de las flores en exhibición
Donna observo curiosa como Diluc escogía unas y sonrió al verlas.
No, comprar flores no necesariamente significa que ya tenía una mujer a su lado, pueden ser solo para decorar o regalarlas a algún familiar ¿no?.
-Escuche de Hillie que el maestro Diluc estuvo aprendiendo a cocinar algunos platillos especiales- hablo Sara
La repentina mención del nombre captó la atención de Donna, quién paseaba por ahí, decidió quedarse cerca para escuchar más
-¿En serio? ¿Para qué querría aprenderlas?- pregunto Eury
-Al parecer tendrá una visita especial-
-¡No puede ser! ¿Pero que no tiene sirvientes? Ellos fácil podrían hacer cualquier receta que él quisiera para sus invitados-
-Solo es una suposición mía, pero creo que quiere cocinar para alguien en especial- Sara río suavemente -escuche de que hace unos días compró flores, diciendo que quería algo especial, ya sabes, preparar tú la comida es un detalle más romántico que llevarle a algún restaurante, además con las flores que ya había comprado, será una velada maravillosa-
-No pensé que sería del tipo romántico- Eury dijo sorprendida -¿Quién será la afortunada que ganó su corazón?-
Donna se marchó a paso veloz, no queriendo escuchar más acerca de eso
Los borrachos mencionando su cambio de actitud, las flores para alguien especial, querer aprender algunas recetas por cuenta propia, debía ser solo una coincidencia, no había manera en que Diluc realmente estuviera enamorado.
Donna hizo un gran trabajo disimulando su tristeza, nadie notaba que se sentía mal y si lo hicieron, prefirieron ignorarla
Estaba fuera de la iglesia, había ido a entregar un pedido de flores, se sentó en uno de los escalones para descansar un poco, admirando el atardecer
-Escuche que una extranjera venía hoy a verlo-
Donna no pudo evitar oír, reconoció al hombre de inmediato, era un cliente habitual de la taberna del ángel, incluso a la distancia que había entre ellos, Donna notaba el aroma a alcohol
-¿Extranjera? Así que fue una extranjera la que cautivó a Diluc-
Donna sintió una punzada en su pecho, había estado evitando oír cualquier cosa relacionada al tema, pero al parecer la vida quería recordarle que el hombre de sus fantasías ahora tenía a alguien
-Creo que es de Inazuma, por lo que escuché, una bella dama rubia de ojos verdes, bueno, seguro a esta hora ya debería estar por aquí-
Tenía sentido, ninguna mujer Mondstadt lo había cautivado, así que le gustaban las extranjeras... Su pecho se sintió oprimido, ya no quería saber nada de eso, pero antes de darse cuenta ya estaba afuera de la taberna, si había perdido no tenía nada de malo conocer a la mujer que logro ganar el amor de Diluc. Un poco indecisa abrió la puerta de la taberna, entrando con cautela, era raro una mujer entrando a la taberna, pero varios de los clientes que estaban ahí ya sabían del enamoramiento de Donna hacia Diluc por lo cual prefirieron pasar por alto su presencia
Al otro lado de la barra estaba Diluc sirviendo un vaso, hablando con alguien; un hombre alto, de cabello rubio, al estar de espalda no veía su rostro, pero le llamo la atención su ropa, parecía una mezcla entre moda extranjera, pero por alguna rara razón le recordaba a Mondstadt
Diluc parecía feliz de hablar con él, Donna nunca lo había visto así, atento de manera amable con un cliente, supuso que era alguien especial
Espera... Extranjero, rubio... ¿No era un poco parecido a la descripción de los hombres cerca de la iglesia?
Tal vez, solo tal vez, la persona especial de Diluc era un amigo, Donna sabía que Diluc no era muy sociable, siendo el viajero el único que ella conocía como amigo de Diluc, puede que esté hombre misterioso sea otro amigo de él, su mente se iluminó de repente, recordando vagamente haber escuchado de Diluc yendo de vacaciones al extranjero
¡Eso era! Satisfecha con su deducción salió de la taberna en silencio, justo como entro.
Donna no quería espiar a Diluc y a su amigo extranjero, lo jura por Barbatos, pero accidentalmente mientras iba a recolectar lucettas, los vio a los dos caminando juntos, eso no era lo sorprendente, lo sorprendente es que iban tomados de la mano, al verlos, por inercia se escondió detrás de un árbol, se regaño mentalmente, su curiosidad ya la había lastimado varias veces, su corazón vaciló, siguiendo a una distancia a su amado, ese extranjero sí que era especial, Diluc hablaba bastante con él e incluso escucho su risa, la mente de Donna inventaba excusas, no quería creer lo que le decía una parte en lo profundo de su mente, las excusas se desmoronaron al ver a ese extraño y a Diluc besarse, por amor de todos los arcontes, fue la primer vez que vio a Diluc sonrojado.
Su corazón se rompió en pedazos y con sumo cuidado trato de regresar por su camino, no quería hacer ruido y que la descubrieran espiándolos.
El sol estaba empezando a ocultarse, Donna estaba sentada junto a unas lucettas, las lágrimas que había soltado ya solo eran rastros secos, nunca tuvo esperanza de ser correspondida pero tampoco jamás imagino que el hombre de su vida terminaría al lado de otro hombre, las lucettas comenzaron a aluzar, Donna finalmente las corto, dudaba que alguien se preocupe lo suficiente por ella para preguntarse dónde ha estado todo el día, totalmente rendida suspiro antes de emprender el camino de regreso a la cuidad, su mente no procesaba nada, el shock había sido muy grande, tal vez por eso no había visto un grupo de hilichurls hasta que uno con una antorcha la derribo, el golpe la devolvió a la realidad, estaba tan asustada, ella nunca aprendió a defenderse.
"Vaya manera de morir" pensó, unos hilichurls acabarían con su vida el día en que su corazón fue destrozado, ya que importaba, cerró los ojos lista para aceptar su destino
Espero el impacto de algún golpe, pero nada, escucho una voz masculina y abrió los ojos... El extraño que había visto con Diluc estaba frente a ella, un escudo pyro lo protegía, levantó su lanza y con unos rápidos movimientos acabo con el último hilichurl en pie.
-Señorita, estás bien?- pregunto el rubio, ofreciendo su mano a Donna, quién vacilante la tomo
Había sido salvada, sin embargo, su corazón aún se sentía asustado
-Tienes un golpe, deberíamos ir a ... ¿Puedes caminar?-
Donna no pudo responder, entonces sintió como la levantaban en brazos, había fantaseado con ser rescatada y ser cargada en brazos, como una princesa, pero jamás imagino que se haría realidad y menos con el hombre que besó a su amado.
Estaba cansada, no se quejo, se quedó quieta hasta que llegaron frente a la catedral.
-Thoma, me asustaste, te fuiste corriendo sin decir nada-
Donna reconoció la voz, era Diluc, que llegó corriendo donde estaban ellos, se veía agotado
-Lo siento mucho Lulu, había visto a esta señorita en el camino de regreso y me preocupe, cuando fui a ver estaba siendo atacada-
-Creí que habíamos eliminado a todos los hilichurls que había por el área-
Donna desconectó su mente un momento de la conversación, así que esté extraño se llamaba Thoma y llamaba a Diluc "Lulu", jamás se le habría ocurrido un apodo así, realmente este chico era especial para él, no lo culpaba, parecía alguien muy amable.
Cuando se dio cuenta, ya estaba dentro de la catedral con una Bárbara muy preocupada, Thoma se despidió de ella deseándole pronta recuperación.
Algunos días después, Donna ahora estaba siguiendo al rubio, no era por nada malo, lo juraba, solo quería agradecerle, sostenía con cuidado una pequeña bolsa, buscando el momento donde pudiera estar a solas con el extranjero, de nuevo, no pretendía nada, solo le daba pena hablar con él.
Lo siguió hasta detrás de la taberna, donde lo vio reunirse con Diluc, ahí estaba de nuevo, Diluc con una sonrisa tan sincera al ver a ese chico, ambos hablaron un poco antes de irse caminando, Donna solo quería dar media vuelta y marcharse, pero, realmente deseaba darle las gracias, se preparo mentalmente unos minutos antes de ir corriendo a seguirlo
-¡Disculpe!- grito al verlo, ambos ya iban a medio puente, probablemente se dirigían al viñedo, respiró profundo, por suerte recordó el nombre del chico-¡Maestro Thoma! ¡Disculpe!-
-¿Eh? ¿Yo?- Thoma detuvo su paso, se dio media vuelta para ver quien le había hablado, Donna aprovecho para correr hacia donde estaban ellos
-Lamento mucho la interrupción- dijo al estar frente a ellos, agacho su cabeza como señal de su disculpa –Solo, quería agradecerle por haberme salvado el otro día-
Un poco tímida, extendió la bolsa que llevaba para entregársela, Thoma lo tomo curioso por su contenido, pero al ver la timidez de Donna no sabía si debía abrirlo o no. Donna noto esto
-No se preocupe, solo son pastelillos de luna-
-Oh, es así, muchas gracias entonces-
Thoma sonrió como agradecimiento, Donna sintió que el mundo se pauso por un momento, la sonrisa de Thoma era demasiado deslumbrante y cálida, el corazón de Donna comenzó a acelerarse y el calor subió a su rostro, no podía ser posible…
Con un “gracias de nuevo” Donna corrió rápidamente de regreso a su trabajo dejando a un confundido Thoma, quien le pregunto a Diluc si había hecho algo malo
Esa noche, Donna no pudo dormir bien por pensar en ese rubio extranjero, como la salvo, como fue tan amable, como fue la única persona que pregunto cómo estaba y esa sonrisa, esa dulce sonrisa, Donna juraba que Diluc era el amor de su vida, pero ahí estaba, acostada en su cama, tratando en vano de negar que tal vez, solo tal vez, podría haberse enamorado de Thoma.
-Ahora entiendo al maestro Diluc- dijo para nadie en especial, dejando que las palabras se las llevara el viento
Si ella, que apenas había cruzado camino con Thoma cayó ante sus encantos, no podía culpar a nadie y no pudo evitar reír de todas a las que Diluc rechazo, Thoma, alguien que se veía tan cálido y amable, pudo derretir la faceta fría de Diluc, esta bien, lo aceptaba, si fue él quien se gano el corazón de Diluc, admitía su derrota.
“Espero que el maestro Thoma haga aún más feliz al maestro Diluc” fue su último pensamiento antes de finalmente dormir.
-Ya escuchaste, el maestro Diluc ha estado diferente estos días-
-Entonces ¿son ciertos los rumores de que al fin consiguió una novia?-
-Seguramente, solo así se podría explicar porque se ve más tranquilo-
-Pero, su novia es del extranjero ¿no?-
-Así parece, escuche que es del clan Kamisato, el joven que vino a verlo es su sirviente-
-Entonces… ¿para qué vino a verlo?
-Es posible que para escoltarlo, escuche que el maestro Diluc iría de vacaciones a Inazuma-
-¡Oh! ¡Ira a ver a su novia!-
-Así parece, ya que al ser una persona de los clanes más importantes tal vez no se pueda tomar unas vacaciones así para venir a verlo-
Donna rio en voz baja al oír esa platica, ciertamente, la pareja de Diluc era extranjera, pero no podían estar más equivocadas en quien era, siguió su camino y cerca de la muralla de la cuidad vio a Thoma acariciando gatos callejeros mientras Diluc estaba junto a él, parecía que Thoma quería que Diluc cargara uno de los gatos, el gato al ser sostenido por Diluc lucia tan asustado, Thoma rio al ver esto, se veían tan tranquilos juntos, compartiendo un pequeño mundo donde solo eran ellos dos
-Realmente espero que sean felices, que Barbatos bendiga su amor- dijo en un suave susurro, sonriendo al verlos
