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Planeando estrategias

Summary:

Esto es literalmente el primer fanfic que escribo. Lo he escrito a raíz de un "concurso con unas amigas". La pareja era aleatoria y es simplemente horrible. Disfrutadlo mucho ❤️

Work Text:

Chota miró a su alrededor nervioso. Habían llegado a La Playa hacía unas horas y la magnitud del complejo le había dejado impresionado. Después de días siguiendo a sus integrantes, buscando sin descanso esas llaves, habían logrado identificar el sitio.

Nada le hubiera preparado para la cantidad de gente que se alojaba en ese resort. Todos observándolos mientras se dirigían a su interior, para así tener una "audiencia" con el líder del lugar, un hombre al que hacían llamar El Sombrerero. Chota suspiró pesadamente contemplando al resto de sus compañeros, que portaban expresiones de intriga y cansancio, semejantes a la suya. Estaba realmente agotado. Dejando a un lado la exhaustiva búsqueda y las largas caminatas, los juegos estaban haciendo mella en él. Su pierna ya no corría tanto peligro gracias a Usagi, que supo curarle la herida de forma más eficiente que el resto, pero la cojera todavía persistía ligeramente. Después del juego del pilla pilla, Arisu y Karube, acompañados de Usagi, que aceptó unirse al grupo, los dos chicos empezaron a buscar asiduamente el edificio en el que ahora se encontraban. Durante el camino se encontraron varios juegos, pero no se atrevieron a entrar en ninguno. Aún recuerda el escalofrío que le recorrió de pies a cabeza cuando pasaron cerca de aquel jardín botánico, todos los nervios de su cuerpo parecían gritar que no se acercaran ahí, y dejó escapar un suspiro de alivio cuando el resto siguió caminando dejando atrás la amenaza. Pero algo seguía gritando en el fondo de su cabeza "nunca vas a estar a salvo" "solo te quedan dos días en el visado" "vas a morir"

Un golpe seco frenó el hilo de pensamientos que amenazaban con ahogarle. El chico alzó la vista masajeandose la nariz molesto y se dio cuenta de que había chocado con Arisu. Todos se encontraban ante una puerta. Habían llegado por fin a la habitación donde iban a reunirse con El sombrerero.

-Chota, ¿Estás bien?- Exclamó Arisu dándose la vuelta y observando al chico con preocupación.

-Si…si, estoy bien, solo estaba pensando- No, claro que no estaba bien, nadie sabía que iban a encontrar en este sitio, y eso le asustaba mucho. Por lo que había podido apreciar en el poco tiempo que ha pasado aquí, la gente de La Playa disponía de armas…y evidentemente les superaba en número. ¿Qué pasaría si les pedían algo imposible? ¿O si únicamente les querían como cebo o distracción? Sería prácticamente imposible escapar de aquí con vida.

Arisu pasó un brazo por sus hombros y le miró con una extraña determinación - Tranquilo, solo vamos a hablar, nadie va a correr ningún peligro, al menos no uno con el que no contemos fuera… Esta puede ser una gran oportunidad para obtener información, quién sabe si tendremos otra igual. Hay que intentarlo al menos, solo así podremos saber si hay una forma de escapar de este infierno- Y tras estas palabras que intentaban ser tranquilizadoras, todos atravesaron las puertas que tenían delante.

La sala era amplia, y ante ellos se encontraban tres personas. Los guardas que los habían acompañado hasta entonces se situaron a ambos lados de la puerta, como una promesa silenciosa de que nadie abandonaría la sala hasta que no fuese necesario.

-¡Bienvenidos a la playa! ¡Bienvenidos a nuestra utopía! - Exclamó uno de los hombres avanzando hacia ellos. Tenía el pelo largo, ocultaba su mirada tras unas gafas de sol y, al igual que el resto de personas, estaba vestido solo con un bañador y una camisa abierta. - Yo soy El Sombrerero, mucho gusto. Tengo entendido que os han encontrado merodeando por los alrededores del complejo…así que supongo que querréis respuestas- y con una sonrisa burlona chasqueó los dedos- Aquí las tenéis.

Los dos guardas abandonaron momentáneamente su puesto y Chota resistió el impulso de huir, ahora que la vía estaba libre. Pero sabía que eso era un error, así que apretó los puños y observó cómo los hombres empujaban parte de la pared, revelando una pizarra repleta con todas las cartas de la baraja. La gran mayoría estaban tachadas.

La conversación continuó durante un largo rato y tras esta solo quedaba llegar a una conclusión. Supuestamente era posible escapar. Pero iban a tardar mucho en hacerlo. Y eso quería decir que tendrían que seguir arriesgando su vida en los juegos. Además habían dejado muy claro que ya no podrían escapar de aquí y les habían arrebatado las cartas que tanto había costado conseguir. La esperanza con la que todos entraron al lugar se estaba extinguiendo. Pero no se apagaría tan fácilmente.

A pesar de todo el peso que había supuesto la información que acababan de obtener, la mente de Chota estaba plenamente ocupada con El Sombrerero. Aquel hombre le ponía de los nervios. Se movía y hablaba con una gran confianza, y todo parecía resultarle divertido. No lo podía aguantar. ¿Qué puede resultarte gracioso en una situación como esta? ¿Como puede la gente relajarse y disfrutar, sabiendo que la muerte acecha a cada segundo? Todo esto le parecía una locura. También ayudaba el hecho de que no parecía quitarle los ojos de encima. En un principio no se dio cuenta, las gafas ocultando la dirección de su mirada. Pero tras un rato, comenzó a sentir la misma sensación que tienes cuando alguien posa su vista sobre tí insistentemente, taladrando tu ser, intentando mirar más allá de lo físico.

Una vez terminada la reunión, los guardas les colocaron a cada uno una llave en la muñeca. Ya era oficial, eran uno de ellos, con todo lo que eso significaba. Uno a uno fueron saliendo de la sala, esperando a que les condujesen a sus respectivas habitaciones para pasar la noche. Pero justo cuando Chota iba a seguir a sus compañeros, una mano en la muñeca detuvo sus pasos.

-No tan deprisa- La mano pertenecía al hombre que tanto le incomodaba, y su aliento se vio cortado al contemplar la sonrisa juguetona que adornaba el rostro del otro- Me gustaría tener unas palabras contigo… a solas- susurro la última parte de forma sugerente.

-¿Qué quieres hablar con él? Déjale en paz, si quieres decirle algo, puedes hacerlo ahora perfectamente- Arisu tomó la otra muñeca del chico, mirando desafiante al Sombrerero, que solo respondió con una risa más potente.

-No te preocupes chaval, no pretendo hacerle daño ¿Qué ganaría yo con eso? Solo quiero hacerle unas preguntas y aclarar algunas cosas con respecto a…eso - dijo señalando a la pierna herida de Chota- tenemos que pensar bien a qué juego mandarle, no me gustaría perder a alguien el primer día que llega aquí.

-Esta bien Arisu, iré con él- El chico miró convencido a su amigo. El grupo ya había tenido suficientes problemas por su culpa, y no quería seguir dependiendo de ellos para avanzar. Tenía que aprender a ser valiente, a luchar por su mismo.

-Buen chico- exclamó el hombre acariciando la cabeza del joven con energía- has tomado la decisión correcta, ahora sígueme- y sin esperar respuesta, salió de la habitación y avanzó por uno de los pasillos.

Chota sonrió con seguridad a Arisu, intentando tranquilizar a su amigo, como había hecho con él antes. Y cuando este soltó su brazo, comenzó a seguir al Sombrerero, preocupado por lo que podría pasar ahora.

Una vez los dos hombres entraron en el cuarto, un silencio se extendió por toda la sala, oprimiendo el pecho del chico. Un ruido repentino volvió a quebrar los pensamientos de Chota. Las gafas del sombrerero se encontraban en una mesa cercana y ahora se podían ver los ojos del hombre, que se encontraban llenos de un sentimiento que el joven no podía describir.

-¿Sabes? Me gustan mucho las personas como tú Chota…pequeños, débiles, manipulables…hacen que todo sea más fácil y divertido aquí. Y realmente podría mentirte - empezó a relatar, avanzando hacia el chico como un depredador acechando a su presa- podría mentirte y decirte que todo va a salir bien, que mañana vas a seguir vivo, luchando junto a tus amigos… pero me temo…- se agachó tomando con fuerza la pierna del joven y haciendo que este reprimiera un grito de dolor, mirándole con una expresión angustiada- que con esta herida todo va a ser muy muy difícil. Así que te dejo escoger lo que va a pasar de aquí en adelante. - El hombre se volvió a incorporar agarrando la barbilla del muchacho y moviendo su cabeza ligeramente hacia arriba, mirándole con intensidad- puedes salir de esta habitación y volver a la tuya, arriesgándote mañana en la prueba que te toque, con un grupo al azar, pudiendo dar con unas horribles picas y… -cruzó su dedo por su propio cuello con un golpe seco y soltó una risotada- o bien puedes quedarte aquí conmigo y ser mi buen chico, pasar un buen rato y acompañarme mañana en el juego, facilitando así tú supervivencia ¿Que opinas?

Chota tragó saliva con dificultad. Quería apartarse, salir por esa puerta, contarle todo al resto y no hablar nunca más con este hombre. Pero algo se lo impedía. Una fuerza mayor le mantenía anclado al sitio. Por mucho que odiara reconocerlo, el hombre tenía razón. Era débil, no sabía luchar como Karube o Usagi y desde luego no tenía la mente de Arisu. Solo era una lacra para el resto y si todo seguía así, no tardaría en morir. Por otra parte, El sombrerero despertaba dentro de él muchos sentimientos. Asco, ira, desprecio… y muy en el fondo algo de admiración. El solo había conseguido liderar a todas estas personas, había logrado averiguar la forma de huir de este campo de minas y eso irremediablemente, le resultaba atractivo. Así que lentamente abrió su boca y lamió el pulgar que se encontraba peligrosamente cerca de sus labios.

-Ya veo, has tomado la decisión correcta pequeño- Y esa misma mano que apresaba su rostro, le guío hasta que su boca se encontraba a escasos centímetros de la del hombre - Ahora no pienses mucho y disfruta- y tras esto sus labios se fundieron en un beso forzado.

La lengua del sombrerero no tardó en hacerse paso entre los labios del chico, recorriendo el interior de su boca lentamente, como si quisiera memorizar la posición de cada uno de sus dientes. Y mientras tanto fué avanzando hasta que las rodillas del joven chocaron con la cama haciendo que ambos se desplomaran encima de ella.

El adulto no tardó en desprenderse de las pocas prendas que aún cubrían su cuerpo, quedando así descubierto su miembro erecto. Era más larga que la de Chota y la punta relucía con gotas de líquido preseminal. Una sonrisa se dibujó en la cara del hombre mientras su mano apresaba el cabello del joven conduciendo su rostro a escasos centímetros de su pene.

-Abre la boca gatito, si lo haces bien tendrás un premio- y tras esto colocó su miembro en los labios de Chota y comenzó a introducirlo en su boca.

El joven nunca se había visto en una situación similar. Nunca había sentido atracción hacia un hombre, así que ¿Por qué iba a molestarse en buscar información sobre el sexo gay?. Así que cuando sintió aquel pedazo de carne en su lengua, sus ojos se abrieron con urgencia e intentó retroceder. Cosa que resultó imposible. El hombre solo agarró con más fuerza el cabello del chico y le miró con molestia, asentando así su clara dominancia. Ya no había vuelta atrás. Esto era lo que debía hacer para sobrevivir. Y de este modo, reprimiendo las lágrimas que amenazaban con escapar de sus ojos, cerró sus labios alrededor del miembro y comenzó un leve vaivén.

-Buen chico ¿Ves? Puedes disfrutarlo si no ulitizas esa cabecita tuya, solo siente cariño- jadeó el hombre forzando con más fuerza su pene, conforme el chico iba relajando su garganta.

Chota intentó hacer caso de las palabras del hombre y de pronto, todo a su alrededor empezó a desvanecerse, quedando solo el enorme calor que sentía en su boca. Nada le preocupaba en este momento, no había juegos, no le acosaba la muerte. Solo estaban él y El sombrerero en este espacio, solo se escuchaban sus jadeos y gruñidos y sorprendentemente, sus propios quejidos desesperados.

El hombre sonrió con superioridad y poco a poco la mano que no estaba ocupada marcando el ritmo, descendió por el pecho del joven hasta llegar a la parte delantera de sus pantalones.

-Ahh…vamos, aprovecha, estoy siendo bueno contigo- dijo apretando levemente su mano.

El chico gimió, el sonido que surgió era leve pero apreciable, y mientras se dejaba hacer por El Sombrerero, su pelvis empezó a moverse sola buscando esa fricción tan deliciosa que aumentaba considerablemente el estado en el que se estaba sumergiendo.

Tras un par más de embestidas el hombre gruñó con fuerza empujando la cabeza del joven, hasta que sus labios se encontraron con su pelvis y vacío todo en su estrecha garganta, jadeando con fuerza. Al mismo tiempo los ojos del chico se llenaron de calma y placer, algo que no había sentido en un largo tiempo y de esta forma, terminó también, pero en sus pantalones.

Poco a poco El Sombrero sacó su miembro de la boca del muchacho, limpiando con cuidado de sus labios los restos de lo que acababan de hacer.

-Hmm, creo que esto va a ser un trato agradable para ambos- y de nuevo, con una sonrisa en el rostro y agarrando su ropa del suelo pronunció una última frase antes de salir del cuarto- descansa pequeño, mañana saldremos temprano…y cuando regresemos, volveremos a "planear estrategias"- y con un guiño cerró la puerta dejando a Chota solo en aquella enorme cama.

Sus ojos amenazaban con cerrarse, pero antes de sucumbir al dulce abrazo del sueño, lo último que cruzó por su mente antes de que todo se volviese negro, fué que…esto podría ser mucho mejor de lo que parecía en un principio.