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Nicole creció desde pequeña en una Casa Hogar en la Isla de Margarita, Nueva Esparta o La Perla Del Caribe como la conocían varios, no sabía porque sus papás la abandonaron, pero no le importaba, estaba feliz con sus amigos.
Iba a la escuela en la mañana, ella y los niños de su edad al liceo, hacían sus tareas y la dueña de la Casa Hogar los dejaba salir a jugar, como vivían a minutos de la playa todos los niños corrían hacia la playa para jugar, los pocos que eran mayores como ella iban y ayudaban a los vendedores ambulantes para ganarse algo de dinero y así poder comprar algunas cosas en la Casa Mágica o para comprar helados.
Nicole era feliz así, pero mentiría si decía que no le gustaría tener una familia, veía como los niños eran adoptados, ella se quedaba atrás y sola, en un año llegó a perder a casi todos sus amigos cuando los adoptaron. Las parejas que venían a adoptar niños nunca la miraban, debido a que, por genética, ella siempre fue alta y ellos asumían erróneamente que era mayor, cuando en realidad Nicole tenía la misma edad que los niños que ellos adoptaban.
Cuando cumplió 13 años fue que asumió que nadie iba a adoptarla, era demasiado mayor y a las parejas les gustaban los bebés, incluso la dueña de la Casa Hogar, una dulce señora de nombre Magdalena, empezó a preguntarle que le gustaría para hacerle su quinceañera cuando llegara el momento, Nicole sabía que Magdalena no podía gastar demasiado dinero, así que simplemente le pidió un pastel pequeño, pero a Magdalena no le gusto mucho eso.
— Vamos, mi negrita — pidió la señora a los pies de un árbol de Mangos, Nicole estaba sentada en las ramas haciendo su tarea, sin su uniforme claro — puedes pedir más, faltan dos años para tu cumpleaños, puedo ahorrar bastante y hacerte una fiesta — dijo sonriendo.
— No, señora Magdalena, no necesito una fiesta y usted no necesita gastar plata en mi — dijo ella sonriendo, pero Magdalena pudo ver cuán falsa era esa sonrisa — además no tengo a nadie quien invitar, no tengo amigos en el liceo, ninguno de ellos quiere ser amigo de "Anita la Huerfanita".
— Los adolescentes son crueles... Si cambias de opinión me avisas, ojitos bonitos — con algo de tristeza la mujer regreso al interior de la casa. Nicole termino de hacer su tarea, metió el cuaderno y el libro dentro de su bolso y se acomodo en las ramas del árbol.
Claro que quería una fiesta de cumpleaños, pero no podía hacer que Magdalena gastara en ella cuando estaría ocupada con los niños más pequeños, además no tendría con quien celebrar su cumpleaños.
Vio la hora y bajo del árbol de un salto junto con su bolso, fue hasta el cuarto donde se quedaba junto con otras chicas y puso su bolso sobre su cama, se cambio a la ropa que usaba para ir a la playa y salió.
Llegando a la playa fue hasta el puesto de hamburguesas donde ayudaba al vendedor atendiendo las mesas y limpiando, a cambio el le daba la cena y algo de dinero.
Lo que Nicole no sabía era que una pareja la estaba mirando con atención, la habían visto salir de la Casa Hogar y ponerse a trabajar de inmediato, esa pareja eran Lucía y Raúl Zambrano.
Habían pasado días en la playa con unos amigos cuando esa chica llamo su atención, todos los días la veían ir y venir de la Casa Hogar, ayudaba a los vendedores ambulantes, recogía a los niños pequeños y los llevaba de vuelta a la Casa Hogar.
No sabían porque, pero sus corazones les decían que debían cuidar de esa niña, tal vez fue porque la vida nunca les permitió tener hijos propios, tal vez era algo más, pero sentían la necesidad de saber más sobre esa niña y estar para ella.
Al día siguiente fueron temprano a la Casa Hogar, la señora Magdalena los recibió con una enorme sonrisa y les mostró las instalaciones antes de que conocieran a los niños, pero vaya sorpresa se llevo la señora cuando los Zambrano les dijeron que querían conocer a Nicole, asumió que era ella por la descripción que le dieron.
— Me temo que ella a esta hora está en el Liceo, pero vendrá más tarde, pueden pasar a mi oficina y les contaré todo sobre ella.
— Por favor — la pareja la siguió hasta una sencilla oficina, tomaron asiento mientras la veían buscar entre un archivero hasta sacar una carpeta.
— Nicole fue dejada en la puerta de nuestra Casa Hogar tarde por la noche, tenía cerca de tres años, traía esto con ella — de la carpeta saco una especie de tarjeta vieja enseñándoselas, por un lado la tarjeta decía: "Su nombre es Nicole" y por el otro ponía un: "Lo siento" — pensamos que la madre se arrepentiría de haberla abandonado, pero nunca vino por ella. Nicole ha estado aquí desde entonces
— ¿Cómo es ella? ¿Qué cosas le gustan? — Pregunto Lucía con un nudo en la garganta.
— Es una chica con mucha energía, es activa y ama los deportes, cuando no está en la playa está en uno de los terrenos baldíos por aquí cerca jugando al beisbol, futbol o básquet con otros niños. También es muy amorosa y dulce, sobre todos con los niños pequeños, los llama sus hermanitos y se entristece bastante cuando ellos tienen que irse — Magdalena tomo un respiro y llevo su mano hacia su medalla con la Virgen del Valle — Nicole es una muchacha especial, señores. Es educada, cortes y bondadosa, pero también es fuerte, valiente y no lo pensara dos veces en defender a alguien.
— Suena como una buena muchacha — Raúl colocó su mano en el hombro de su esposa, quien le sonrió — nos gustaría conocerla cuando llegue.
— ¿Señora Magdalena? — Los tres miraron hacía la puerta donde estaba Nicole con su uniforme y su bolso — ya llegue. Disculpe la interrupción no sabía que tenía visitas
— No hay problema, mi negrita. Ve a cambiarte la ropa y a bañarte, ellos son los Zambrano, vinieron aquí a conocerte — Nicole abrió los ojos sorprendida al escucharla y miro a la pareja.
— Hola, mi niña — saludo Lucía poniéndose de pie y caminando hacia Nicole con lentitud — mi nombre es Lucía y el es mi esposo Raúl — Nicole seco su mano con su pantalón de forma discreta y tomo la mano extendida de Lucía.
— Es un placer, señora Zambrano. Iré a cambiarme el uniforme y vendré aquí de inmediato.
— Estaremos en el patio de atrás, mi niña — Informo Magdalena antes de que se fuera. Nicole prácticamente corrió hacia su cuarto para cambiarse el uniforme, tomar un baño y ponerse la ropa más bonita que tenía, unos jeans desgastados y una camisa de botones azul marino, una vez se puso sus zapatos y arreglo su cabello en una trenza fue hacia el patio que estaba detrás de la Casa Hogar, se comportaría de la mejor manera posible para que esa pareja considerara adoptarla.
Pronto los Zambrano adoptaron a Nicole y aunque a la muchacha le dolió tener que dejar la Casa Hogar supo que era para mejor, ahora tenía una familia.
Al principio fue difícil para ella adaptarse a vivir en Caracas, la ciudad era muy diferente al pueblo donde ella creció, pero pronto se adapto al ritmo, al menos hasta que le toco ir a un Liceo, los Zambrano no escatimaron en gastos y luego de medir el coeficiente intelectual de su hija encontraron un Liceo apropiado para ella.
Nicole se adapto muy rápido a su nuevo Liceo y rutina, sus padres se dieron cuenta de la energía acumulada que tenía así que la metieron en clases de karate y boxeo, cosa que Nicole amo y puso más empeño en sus estudios para no decepcionar a sus padres adoptivos. Debido a su altura nadie se quería meter realmente con ella, mucho menos los compañeros que iban a las mismas clases de boxeo que ella, la habían visto destruir a chicos que le doblaban en tamaño y altura como si nada, por lo que le tenían respeto, y algo de miedo.
Claro, no todos entendían eso y esa era la razón por la que Nicole se encontraba en la oficina del director junto con sus padres, otro muchacho con un yeso en un brazo y los padres del muchacho.
El día anterior ese muchacho había intentado golpearla en el patio central del Liceo, ella se defendió haciéndole una llave, pero hizo mucha fuerza y le rompió el brazo, ahora la madre del muchacho estaba exigiendo que la expulsaran.
— ¡Esa niña es una amenaza y una salvaje! — Acuso la mujer sumamente furiosa viendo con odio a Nicole — ¡Le rompió el brazo a mi hijo!
— ¡Mi hija es todo menos una amenaza o una salvaje! — Lucía puso a Nicole detrás de ella, lejos de la mujer loca, solo en caso de que esa tipeja quisiera ir contra su hija — ¿Por qué no dice su hijo que fue lo que paso y habla con la verdad? Porque me niego a creer que mi niña simplemente lo ataco sin razón.
— ¿Qué esperas? Di la verdad, Jorge — el adolescente vio a su padre y la expresión seria que tenía — ¿Quieres que te envié a vivir con sus abuelos y que asistas al liceo militar en Bolivia?
— Yo empecé... Me entere que iba a un club de boxeo y a uno de karate, pensé que solamente estaba siendo una embustera y como yo también hice karate quise retarla a un duelo
— Solamente fuiste a dos clases de karate, Jorge — dijo su padre mirando a su hijo como si fuera estúpido — claramente ella te iba a romper el brazo.
— De igual forma ambos bachilleres obtendrán una suspensión de tres días y como castigo ayudaran a limpiar el patio central después de clases durante una semana — informo el director a todos. Nicole acepto su castigo con un asentimiento.
Una vez en el auto, Nicole no levanto la mirada del suelo en todo el camino, pero lo hizo cuando su mamá le toco la rodilla y al levantar la mirada vaya fue su sorpresa cuando se topo con una enorme Barquilla de chocolate y fresa.
— No te vamos a castigar por haberte defendido, cielo — dijo Raúl también con un helado, Nicole acepto la Barquilla con cuidado — además la culpa de todo es de ese Carajito — su esposa lo miro mal por el lenguaje.
— Suficiente castigo tendrás limpiando el patio central del Liceo, pero aun así espero que hagas tus tareas, señorita — Nicole le asintió a su mamá mientras comía su helado.
Vivir con sus nuevos padres sin duda le hizo cambios a su autoestima y como Raúl y Lucía no la juzgaban por sus gustos, como el tender más hacia lo masculino que a lo femenino, se sentía a gusto con ellos. Cuando cumplió 15 años sus padres casi tiraron la casa por la ventana haciéndole una increíble fiesta de temática hawaiana, al principio todo fue muy tradicional, uso un vestido, su papá le cambio el zapato por una zapatilla de tacón y bailo primero con su papá, luego con su mamá y después con el resto de invitados, pero cuando llego la hora loca fue cuando todo cambio.
Se deshizo del vestido y los tacones, la tiara y joyería que le pusieron, se puso unos shorts, una blusa de top, adorno sus tobillos, muñecas y cabeza con collares de flores falsas y bailo descalza toda la noche junto con sus amigos que vestían igual que ella, algunas chicas tenían faldas y la mayoría de los muchachos estaban sin camisa, pero todos bailaron y disfrutaron de la fiesta.
Cuando llego la hora de cortar el pastel Nicole pidió un deseo a la vela, siempre ser feliz y tener una familia feliz. Ayudo a sus padres a repartir el pastel y cuando el reloj toco las cinco de la mañana ella y sus amigos ya estaban desmayados en su habitación y no se levantaron sino hasta las nueve de la mañana de ese mismo día, ellos porque sus padres los habían ido a buscar y ella por ser buena anfitriona y acompañarlos hasta la salida, pero cuando se fueron se dejo caer en el sofá y siguió durmiendo, su mamá la despertó una horas después para que comiera, se duchara y subiera a su habitación para que siguiera descansando.
Cuando termino su bachillerato empezó la universidad casi de inmediato también, no se quería quedar atrás y sabía lo que quería estudiar, por lo que sus padres la apoyaron y ayudaron en todo lo que pudieron.
A pesar de que estaba en la universidad Nicole aun se dedicaba a lo que más le gustaba, el boxeo. La Loba era su apodo y se había hecho un nombre digno de respeto desde que empezó a los 13 años, Nicole con su entrenamiento se había vuelto muy fuerte, rápida y por alguna razón mucho más alta.
Raúl y Lucía estuvieron un poco preocupados cuando notaron el rápido crecimiento de su hija, ellos eran altos, más Lucía que Raúl, pero Nicole llego a pasar a su mamá por media cabeza, debido a esto Nicole tuvo que pasar por muchos exámenes médicos y dietas especiales para mantener su buena salud.
Ese día los tres Zambrano estaban en el club de boxeo de Nicole, Lucía estaba hablando con el entrenador personal de su hija mientras está golpeaba un saco de boxeo que sostenía su padre.
— ¡Loba! — Nicole se detuvo al escuchar el llamado de su entrenador — no te sobre esfuerces, tienes competencia más tarde.
— ¿Con quién? — Pregunto secándose el sudor con una toalla que le extendió su mamá.
— Una flaca del club que está en la zona de los ricos — respondió el fornido hombre entregándole una botella con bebida energética — piensa que es la mejor y quiere ganarse el apodo de "Tigresa" — él no evito reírse — así que acorde con su entrenador que pelearía contigo
— Quieres que le bajo la cabeza de las nubes, básicamente — su entrenador asintió — puedo hacer eso — Nicole siguió golpeando su saco de boxeo por un rato, luego empezó a practicar sus golpes con otro de los entrenadores, el hombre era más alto y fuerte que ella, pero eso era bueno, ya que Nicole tenía demasiada fuerza a la hora de golpear y lastimo accidentalmente a más de uno que intento ayudarla a practicar sus golpes.
— ¡Con fuerza! — Golpe — ¡Con fuerza! — Golpe — ¡Golpea como si hubieras visto a alguien pegándole a tu mamá! — Eso enfureció a Nicole y el hombre se quito de en medio.
— ¡Aahh! — Nicole le hizo un Uppercut a un muñeco de entrenamiento logrando arrancarle la cabeza con el golpe. Las chicas que la estaban viendo retrocedieron un poco con miedo.
— Dios mío, ese muñeco era de madera — comento una de las muchachas
— La fuerza de Loba no puede ser humana — dijo la otra con miedo.
Cuando Nicole termino de hacer su calentamiento, tomo un descanso hablando con su mamá, quien estaba viendo nuevos diseños para el vestuario de su hija. Cuando termino con esto empezó a peinar el cabello de su hija, trenzo varios mechones de cabello y luego los unió en un moño alto.
— ¿Segura que no estás molesta porque me hice el rapado inferior en toda la cabeza? — Pregunto al sentir como su mamá tocaba el costado izquierdo de su cabeza.
— Para nada, mi vida. Eres libre de hacer lo que desees con tu cuerpo, al final serás tú la que se arrepienta. Además quedo muy bien tu tatuaje — respondió su mamá mientras le sujetaba el cabello en un moño y veía el tatuaje de lobo que estaba aullándole a la luna en la espalda baja de su hija.
— Lo diseñaste tu, mamá. Claro que iba a quedar bien — Lucía se rio al escucharla, pero sabía que su hija tenía razón.
La hora de la pelea llego, el cabello de Nicole fue atado firmemente por su madre mientras que su padre le ponía los vendajes en las manos y sus guantes.
— Escucha, muchacha — le hablo el entrenador a la chica que competiría con Nicole — ella es la mejor de mis boxeadoras, si la vences podrás ponerte el nombre de Tigresa, pero si ella te vence tendrás que entrenar más duro para ganarte ese título.
— Puedo hacerlo — dijo la joven de forma engreída sonriendo, la sonrisa se le borro cuando se dio cuenta que Nicole era más fuerte que ella y un tanto más alta, ahora ya no se sentía tan segura sobre si iba a ganar.
Para nadie fue una sorpresa que Nicole ganara en el primer Round con un fuerte Uppercut que dejo inconsciente a su oponente, la morena no podía negar que se divirtió un poco boxeando contra la otra chica, pero se decepciono por la corta duración de la pelea.
Al día siguiente fue a la universidad, Nicole estaba orgullosa de estar en su último año como nutricionista y fisioterapeuta. A la hora del descanso fue con su grupo de amigas y amigo, solamente eran cuatro, pero así estaban bien. Nicole empezaba a almorzar cuando alguien llamo su atención.
Una chica de piel clara, ojos azules y cabello azabache con una llamativa franja roja se había sentado a unas mesas de distancia de ella y sus amigos.
— ¿Conocen a esa chama? — Les pregunto a sus amigas.
— Tengo entendido que es una francesa que está haciendo un intercambio — respondió Ana, una estudiante de medicina — creo que se llama Nathalie Sancoeur... ¿No hablas tu francés, Niki?
— Así es — respondió sonriendo.
— Invítala a comer con nosotros — dijo el único chico del grupo, Miguel — le podemos enseñar la universidad después y si tenemos suerte puede ser nuestra amiga.
— Es una idea increíble, hermano — hablo la hermana mayor de Miguel, Eliza — ve, Niki
— Ya voy, ya voy — la morena sonrió mientras se ponía de pie y caminaba hacia donde estaba sentada Nathalie — Bonjour Mademoiselle (Hola, señorita) — saludo con una enorme sonrisa.
Nathalie levanto la mirada de su libro, cuando sus ojos hicieron contacto visual con los de Nicole ella sintió que el tiempo se detenía por completo a su alrededor, quedo completamente impresionada por los bellos ojos azules de aquella hermosa mujer... Tenía la extraña sensación de haberla conocido y también de que podía confiarle su vida.
Esos ojos le traían una especie de paz y podía ver en estos mucha inteligencia, bondad y amabilidad, aunque también había algo de timidez en estos, eso le causo mucha curiosidad y quería saber más de aquella mujer que la cautivo con sus ojos.
