Chapter Text
│❝Baby I’m afraid of you, tell me all the ways you abuse, leave my heart in pain like you do, cause my life is so grey without you❞ — Abuse me.
Xavi miró cansado a los resultados de El Clásico, su mirada derrotada apuntó a la pantalla LED que mostraba la diferencia abismal. Cuatro a uno, ganaba el Real Madrid con hat-trick de Vinicius Jr. Soltó un suspiro que solo el pretendía escuchar y finalmente se sentó en el banquillo que tanto conocía de sus muchos años en el Fc Barcelona. Sentado al lado del técnico del club blaugrana estaba Joao Félix, quien miró a Xavi con una pizca de lastima y impotencia.
Un gran peso emocional aplastaba al equipo en esos instantes, todos sabían que era este peso, ya que tenía nombre, apellido y unos ojos marrones que se demostraban un fuego encendido al entrar a la cancha.
Pablo, Pablo Páez Gavira. El chico dorado del Barcelona se encontraba lesionado y ausente en el once de Xavi. El castaño con una figura atlética pero con carne en donde era casi pecaminoso tener. Xavi se golpeó levemente la cabeza para quitar esos pensamientos del menor, concentrándose en cómo el partido terminaba. En los jugadores de su equipo no faltaba el silencio, pero sobraba la decepción.
A pesar de que pasaron las horas, el dolor de un clásico perdido no dejó el corazón de Xavi, preguntándose qué haría con esta situación. En la cabeza del pelinegro español ya se escuchaban los gritos en redes sociales con los hashtags “#XaviOut”, pero se despreocupó un poco al saber que su puesto de trabajo estaba asegurado según palabras de Laporta.
En su oficina días después, le llegó un mensaje de una de las trabajadoras del ala médica del club, anunciando que la recuperación de su jugador más anhelado -solo deportivamente quiere pensar el mayor- había mejorado considerablemente, su rodilla estaba casi sana y sus tendones musculares no presentaban tanto dolor.
Es allí donde Xavi decidió convocar a Pablo a su oficina.
Oh.
Pablo entró unas horas después, con dificultades al entrar y sentarse, ya que tenía un artefacto médico en la rodilla para mantenerla estructurada. El castaño miraba a Xavi con nervios, respirando de manera inestable y jugueteando con sus manos. Gavi estaba parado esperando alguna orden.
“Siéntate” dice el mayor y teme que esa orden mordió mucho más en tono de lo que planeaba.
Pablo se sentó con dificultades en la silla en frente del despacho, ojeando como en una esquina de la mesa marrón brillante de madera se encontraba un cartel de oficina dorado, uno que decía “director técnico” en cursiva mayúscula.
El castaño siguió mirando con sus ojos abiertos y en alerta al mayor.
Xavi observó lo que el castaño tenía puesto, un abrigo negro que era mínimo tres tallas demasiado grande para el chico, junto a unos pantalones cortos playeros que ajustaban sus muslos. El técnico sintió como por unos segundos le costó que el aire pase por sus pulmones, el chico delante suyo se veía espectacular; con su cabello esta vez un poco más largo desde que lo cortó al lesionarse, sus ondas de color miel casi rozaban sus pestañas largas.
“¿Pasa algo Mister?” Pablo logra sacar esas simples y patéticas palabras al ver como el hombre de en frente lo analiza con una mirada severa.
Esa mirada tenía algo más, piensa Pablo.
Al procesar sus palabras, Xavi logra pensar una respuesta para el jugador que sigue jugueteando nervioso con sus dedos.
“No, no, quería saber cual es tu estado actual y saber cómo estás anímicamente, ya sabes, por toda la situación” responde genuinamente el mayor, buscando convertir el pesado ambiente en una charla laboral.
O eso intenta hasta que ve como Pablo se acerca un poco más, acomodando su silla para adelante. Huele bien, piensa Xavi, un olor natural que no combina nada con el sexo de Gavi…vainilla.
Un sentimiento de culpa y odio a sí mismo se genera en el mayor, su jugador simplemente estaba acercándose, capaz ni siquiera lo había escuchado y accionó para poder prestarle más atención. El tenía que ser lógico y adecuado al contexto en el que estaba, no tenía que pensar en el olor del chico más bajo.
“Joder, pues a lo mejor a este ritmo casi que llego para la Eurocopa” dice de manera casi insolente Gavi, con tanta informalidad característica de un chico de su edad, sonriéndole cálidamente.
El estómago de Xavi Hernández se revuelve al sentir una presión en sus áreas bajas al ver esa sonrisa.
“No seas impaciente, sabes que no jugarás ese torneo, estás exclusivo para el Barcelona desde tu lesión” el mayor le reprocha, marcando distancia entre ellos dos.
Gavi suelta un quejido sobre las palabras mencionadas, el quería jugar, era lo que más deseaba.
El chico de ojos miel se levanta a duras penas de su silla, acercándose a su mayor de manera lenta. La mirada de Xavi se tinta con confusión, al ver que la figura delante suyo rodeaba el escritorio y se posicionaba en su regazo.
Agarró la cintura de Pablo para que esté al reposarse no se lastimase más de lo que ya estaba, sintió la presión del peso del menor en su pierna derecha, vio como este jugaba con los botones de su camisa negra.
“¿Gavi? ¿Qué haces?” Suspiró bajo el mayor, mirando intensamente como Pablo se movía en su regazo.
“La silla no estaba cómoda, es por mi lesión, me duele mucho Mister” y el chico joven llevó su mano hacia su muslo. Xavi aseguraría que el otro posicionó su mano en un lugar bastante lejos de su herida interna, pero decidió no comentarlo.
El menor podía ver cómo el pelinegro respiraba de manera lenta y de ritmo pesado, con su mano en la cintura y muslo del castaño. El mayor aplicó presión sobre el músculo de su pierna, provocando ondas de dolor agudas en el más bajo. Siseaba Pablo en la oreja del otro, el dolor instantáneo y abrumador de su pierna.
Xavi veía como se retorcía arriba de su pierna, casi que confuso por todo este escenario. El chico no tiene porque estar así de cerca, así de pegado, así de necesitado. Existe una nueva tensión en el aire, el accionar apropiado para un adulto y su subordinado sería parar, alejar al menor, establecer límites claros.
Respetar reglas nunca se le daba bien al mediocampista, si alguien sabía eso era el hombre que dirige el equipo.
Su Pablo, el chico que no podía evitar llevar su corazón en las mangas de la camiseta azul y roja, el chico que ahora estaba mirándolo con una inocencia plena, portando una mueca que mezclaba el dolor y la felicidad.
Xavi se siente asqueroso al pensar que para el joven esto solo es una interacción más, una donde solo existe una intención pecadora en la mente del mayor. Este es su jefe, su ídolo a respetar, alguien que tiene que llevar las riendas del orden y la moral, una figura para moldear a Gavi en una estrella del Barcelona.
Sin embargo aquí estaba, acariciando de manera explícita uno de sus muslos, provocando sensaciones extrañas en el cuerpo del otro.
“M-Me duele, hay un lugar que me duele” menciona el menor de repente.
Las cejas del ya retirado mediocampista se juntan para fruncir su mirada, claramente es el quien está causando el dolor en su pierna, pero siente que Pablo no está hablando del dolor en su rodilla.
“Lo siento. Solo quería saber cómo estabas, puedes retirar-” no pudo terminar las disculpas que planeaba, ya que el atractivo joven que tenía en su regazo lo interrumpió.
“No, no en la pierna, aquí. No se porque se siente raro, pero lo miro y-y, siento algo” Xavi bajó sus ojos de manera incrédula hacia donde Pablo señalaba.
Pablo estaba señalando su entrepierna. Su entrepierna que estaba dura.
Miles de pensamientos llegaron al hombre, rondaba en su consciente el hecho de que Pablo ya era un chico mayorcito, era completamente capaz de asimilar lo que significaba tal reacción biológica.
Otros pensamientos solo eran fantasías cortas con el menor en estos momentos. Pero el pensamiento más pesado en la consciencia del ex-jugador era que esto estaba muy muy mal. Hablamos de niveles de acabar en la cárcel y dar por terminada su carrera prematuramente.
Sabía que no debía seguir el juego que se presenta en palabras inocentes de Pablo. Empezó a sudar frío al ver como el chico esperaba una respuesta.
“¿Te duele? Pablo, ¿Tú sabes la razón de por qué te duele allí?” Xavi sentía cómo su moral tan preciada se desbordaba y desaparecía al mismo tiempo que el chico gimoteaba, sentado en su pierna en una oficina donde cualquiera podría entrar y encontrarlos, este pensamiento solo alteró al mayor.
“M-mnh no sé, por favor ayúdeme, me duele mucho y no se qué pasa, siento que quiero ir al baño pero no, me pasa cuando lo miro a usted” dijo mientras movía un poco sus piernas de manera impaciente, su tono desesperado.
El mayor no creía lo que estaba pasando, era obvio que el chico de diecinueve ya habría perdido su virginidad, capaz con algún fan o con Fermín en La Masía, Xavi recuerda la cercanía entre estos dos con amargura en estos instantes.
Sin embargo, él, un niño, un chaval, casi rozando la adolescencia estaba allí, pidiendo un favor sexual.
El solo se quedó callado, atónito incluso al escuchar esas palabras, replanteando cómo es que va a rechazar a su jugador, esto se estaba saliendo de control demasiado rápido, el olor a vainilla frutal del chico definitivamente abrumaba su racionalidad, ya que en vez de exteriorizar la agresiva disculpa y posterior rechazo que tenía planeada, dijo algo que selló el trato.
“Yo se cómo aliviar ese “dolor” Pablo, pero tienes que prometerme no decírselo a nadie” Salió impulsivamente de su boca, mirando cerca al chico adolorido, estaban tan cerca que podía sentir el aire de salir de su boca en suspiros, el chico era un adicto a los dulces, estar cerca de su boca le permitió reconocer el olor a cereza y sandía de esas gomitas azucaradas de toda la vida.
Pablo lo miró feliz, asintió y el hombre no supo diferenciar si su felicidad se basaba en si podía al fin aliviar su desconocido “dolor” o si Gavi sabía que todo esto era un juego pervertido entre ellos dos.
No le importó, y llevó una mano para acariciar dentro del hoodie Oversize del chico.
Lentamente posicionó sus dedos en los pezones rosa y provocó un gemido malherido de su jugador. Levantó con apuro ese abrigo hasta arriba de su pecho y llevó a su boca uno de esos botones rosas que ahora estaba duros. Mordió con poca fuerza uno de sus pezones.
Gemidos retumbaban en la oficina, Xavi sentía cómo su miembro se endurecía y lo incomodaba, sus pantalones de vestir negro cada vez más apretados en la área baja. Con una culpa que gemido a gemido iba desapareciendo, guió una de las manos de Pablo hacia su polla, este chico sólo le entregó una mirada asustada.
“¿A usted también le duele ahí?” Preguntó, al sentir como el genital del pelinegro palpitaba en su mano.
“Si bebé, duele pero tu me puedes ayudar después” el apodo cariñoso salió de manera natural, ya que Pablo estaba actuando como un completo bebé según Xavi, eso sólo hizo que la culpa lo volviese a carcomer.
Pero no perdió ni un minuto más en cuestionar lo que estaba haciendo, arrastró de manera brusca al castaño hacia su escritorio, donde se cayeron algunos bolis y pápeles por el impacto de las manos del menor.
Pablo gemía del dolor que le causaba un movimiento tan repentino y drástico como ese. El simplemente miro hacia sus espaldas para encontrar los ojos de su mayor, los cuales se llenaron de deseo al verlo, sus pupilas estaban estiradas al completo, convirtiendo sus ojos marrones oscuros en un color negro lleno de lujuria.
Estaba el inocente mediocampista en frente suyo en cuatro, sin su abrigo y sin camiseta, lunares y pecas esparcidos por su espalda desnuda. Ya sin culpa y metido en el papel del juego que el menor inició, Xavi llenó de besos su espalda, por cada lunar había un beso y una mordida, su espalda quedó mojada de saliva y marcada en rojos y violetas.
“Mnngh Míster, siento que algo está creciendo, ¿Qué está pasando?” Y era tan jodidamente degenerado lo que estaba planteando Pablo, un juego donde el se veía asustado y confuso; un escenario prohibido donde el se aprovechaba de un chico que no sabía que estaba ocurriendo.
Xavi no quiso entretener estos comportamientos, no cuando la consecuencia era que su polla suelte más pre-semen como un adolescente desesperado por su primera vez.
Estaba mal, no había otros adjetivos que describiesen el predicamento en el que se encontraba.
Pero ese era el encanto enfermizo de Pablo Gavira, su cara aniñada y su cuerpo lleno de pecado.
Así que para evitar más sentimientos negativos Xavi metió dos dedos dentro de su boca. Los labios regordetes de Pablo moldeaban el final de sus dedos, ya que dentro de su boca se encontraban esos dedos grandes metidos hasta el fondo, tocando la campana, estimulándole.
La vista era muy erótica, Gavira estaba recostado levemente en su escritorio mostrándole su espalda, con su culo pegado a su polla, restregándose despacio, su cabeza estaba volteada para el costado pero su mirada estaba fija en el mayor, chupando apurado sus dos dedos.
El técnico creía que si fuese un poco más joven ya habría terminado en sus propios calzoncillos al ver como sus dedos eran chupados de manera tan lasciva. Esto solo le confirmó que Pablo sabía de manera directa que todo esto era una clase de juego enfermizo de roleplay fetichista, ya que era imposible que el chico no supiese lo que es tener sexo por la forma en que casi se atraganta con sus dedos, haciéndolo como si quisiese llevarse a la boca otra cosa.
Sacó sus dedos, y lo miró intensamente, como respuesta el otro se sonrojó carmesí y preguntó.
“¿Es como una chupeta no?” Salió en entre suspiros su pregunta, Xavi respiró hondo al ver la forma infantil de pensar del menor, imaginándolo con un chupón de bebé en la boca.
Era consistente con su personalidad, podía callarlo con ese objeto cuando se quejaba de lo injusto que eran las tarjetas amarillas o cuando actuaba inmaduro.
No creyó que podía ponerse más duro hasta que lo imaginó con ese objeto fálico en la boca, excitado y en un estado sumiso por chupar algo.
Era muy jodido que le ponga a mil ese pensamiento.
“Si, voy a comprarte alguno para que te relajes en los partidos” y Pablo le sonrió de manera aniñada e ilusionada.
“Venga, voy a ayudarte a sentirte mejor” volvió a hablar Xavi, empezando a desvestir por completo al menor.
Este le miró asustado, pero con notas de excitación en su miedo. Una vez bajó los pantalones apretados de Pablo, apreció un detalle interesante.
No tenía ropa interior puesta revelando su agujero tintado de color rosa. Apretó uno de los cachetes llenos de carne del otro, golpeando de manera brusca, como una cachetada.
Rebotó, el culo de Gavira rebotó al impacto y eso excitó aún más al perpetrador de ese golpe.
El castaño gimoteaba con miedo, su expresión solo indicaba que no quería, que deseaba que pare. Confusión impregnada en su cara, habló.
“¿Qué está haciendo?” el susto era obvio en cómo se dirigió hacia su jefe.
“Confía en mi, después de esto vas a sentirte aliviado y tranquilo, confía anda” dijo de manera ronca su superior, quien se acercó a su cara para dirigirle palabras sucias.
“Abre la boca” ordenó, y Pablo no tuvo más opción que abrir la boca y sacar su mojada lengua rosa para afuera. Lo que no esperaba es sentir como saliva ajena llegaba a su boca, el mayor le había escupido allí cruelmente.
“Traga” y eso mismo hizo. Se ganó una sonrisa pequeña del otro.
Vio como el hombre que tantas veces había visto en los partidos de antaño se alejaba para posicionarse, y sintió como un calor húmedo se expandía en su agujero, junto con una intromisión de un órgano que se movía de manera juguetona dentro de él.
“N-No por favor, eso no” La acción del mayor en el era muy sucia, Pablo no podía aguantar el placer mojado que le otorgaba la lengua dentro de él, se movía dentro y afuera y cuando salía sentía que unos labios chupaban su agujero.
Gemidos que ya parecían gritos salían de su boca, no podía evitarlo, no cuando Xavi empezó a tocarlo en sus partes privadas al mismo tiempo que se saboreaba sus interiores con la lengua.
Esto continuó por varios minutos, la sensación caliente y las caricias que llevaban pulsos eléctricos a la pelvis de Pablo.
Sintió desesperación al sentir como un nudo -que se estuvo construyendo desde que vio a su mister sentado dominante con las piernas separadas en su oficina- empezar a deshacerse.
“¡P-Para! Tengo que ir al baño, por favor déjame ir al baño!” Y Xavi sabía que era solo un comentario lleno de falsa ignorancia, así que siguió a pesar de cómo lo miraba el menor, asustado y angustiado.
“E-Enn serio voy a- voy a- para por favor” y era una advertencia vacía, aun así el mayor se detuvo y se paró detrás de Pablo.
Este lo miró destruido, se notaba que quería más; su frente estaba perlada de sudor, sus mejillas estaban rojas y lucia como si estuviese en el minuto noventa y algo de una final de Champions. Xavi no se pudo resistir, y desabrochó los pantalones liberando su erección, que estaba roja ya de tan caliente que estaba.
El mediocampista defensivo lo miró tenso, bajaba de manera obvia su mirada hacia su polla recién descubierta, atontado y excitado.
Alineó su falo con el agujerito ya dilatado de Pablo y empujó rápidamente, el dolor no tardó en llegar hacia el interior del chico y hacia su pierna, ya que la posición de perrito hacía que su rodilla lesionada chocase con el escritorio.
Para apaciguar los gritos de intenso dolor que generaba Gavira su mister le tapó la boca con su mano, abusando de su interior una y otra vez, con un ritmo que no perdonaba su estado de salud muscular. No tuvo otra opción que apretar sus paredes mojadas por saliva para que el sentimiento de ardor se fuera, pero esto sólo provocó que las estampidas fuesen más fuertes y irregulares, se sentía increíble como apretaba Pablo para el mayor, empezó a susurrarle palabras de índole sexual al menor.
“Si solo en vez de quejarte y lloriquear por las c-cosas te pusieses en cuatro, todo sería más fácil sabes” era cruel, el ritmo y los insultos, pero al castaño le encantaba el dolor, más cuando era su figura paterna quien se los daba.
Siguiendo esa cadena de pensamientos intrusivos a Pablo se le escapaban palabras que ni el llegaba a entender.
“Papi, ¡Para! Me duele mucho, arde y m-me vas a embarazar” apenas se entendieron esas palabras porque estaban entrecortadas por gemidos, sin embargo cumplieron su cometido, Xavi paró su violento abuso de su agujero estirado.
“¿Papi? Si, papi te va a llenar de leche y te va enseñar cómo comportarte de manera correcta” A pesar de lo sucio que se sentía, se dirigió hacia su chico de esa manera, demasiado excitado como para pensar de lo que significaba realmente esto para ellos dos.
Pablo era un hombre muy bonito, pero era un hombre, no se iba a quedar en cinta por follar a pelo, así que tuvo el placer de seguir con la intrusión dolorosa en la parte baja del chico sin condones.
Sabía que no era responsable y que no estaba en su carácter, pero podía hacer una excepción a su mentalidad cerrada por un niñato que lo llamaba papi y le entregaba sus paredes de forma tan sumisa.
Entraba y salía entraba y salía, sus testículos chocaban con piel, chapoteando varias veces. Pablo veía y pensaba en blanco al sentir los choques contra su próstata, era demasiado pero quería más.
“Eres un guarro, eso es lo que eres, entrando a mi oficina y rogando que necesitas que sane un dolor follándote” dijo con veneno, embistiendo expertamente al chico; este negaba con la cabeza y emitía sonidos que harían pecar hasta al mismísimo Dios.
Le entregaba golpes en los cachetes hasta que su mano quedó marcada allí. Le estiró el pelo para atrás con violencia para enviarlo para atrás, sintió un placer tremendo cuando al hacer eso Pablo se contrajo en su polla, la fricción mojada lo llevaba al cielo, así que siguió golpeando y estirando al otro para provocar reacciones y que este apriete más.
Pronto Gavira se llenó de moretones en todo su cuerpo, sus ojos estaban cruzados para arriba y tenía la boca semi abierta, ya no le importaba ocultar sus gritos, sintió una presión importante en su parte baja que reconocía de memoria y habló desesperado.
“Mmm mmgh ¡Papi voy a terminar!” lloriqueó “S-Siento que voy a orinar déjame ir, necesito ir” gritaba advirtiendo que no sabía lo que le estaba por ocurrir.
“Hazlo, no tengas miedo” le aseguró pero Pablo estaba seguro que el solo estaba centrado en lo bien que se sentía abusar de sus paredes apretadas. No podía hacer nada, el mayor no estaba parando y solo podía aguantar la sensación dolorosa pero placentera, sentía que su interior estaba muy expandido y estirado, y los tres golpes seguidos hacia su punto dulce fue suficiente para que su orgasmo lo envolviese por completo.
Chorros de semen salían de su miembro hacia el suelo y ensuciando incluso algunos papeles que yacían en el suelo.
Cuando pensó que todo acabó, se dio cuenta que el martillazo que lo torturaba incesantemente volvió a tomar ritmo, genuinamente desesperado volteó a ver al mayor.
“No quiero, no, ¡No! No me termines adentro, no quiero hijos” gritaba y trataba de sacarse a Xavi de encima, pero este hizo caso omiso a la pelea que daba el atleta, sólo se centró en cazar su clímax, a pesar de las quejas.
“Hablo en serio, papi deténte” y era impresionante lo bien que actuaba Pablo, el cabello azabache se rió en su mente; el sabía como era el chico, puros ladridos nunca mordidas, a pesar de las lagrimas que veía que salían de los ojos del otro, no paró hasta que empezó a sentir una presión, sabia que estaba cerca de terminar, así que subió la velocidad de sus estocadas.
La cara del atleta ya estaba apoyada en el escritorio, arqueado y derrotado, presentando sumisamente su culo hacia atrás, se encontraba en un estado patético, babeaba en el mueble de madera y gimoteaba, esperando a que todo esto acabe. El dolor de su rodilla lo tenía sollozante.
Con un par de movimientos violentos más, Xavi sintió su orgasmo escalar, con una intensidad abusiva llevó su gruesa polla hasta el fondo de Pablo. Allí es donde le terminó, llenando su interior de semen caliente. Colapsó arriba del precioso chico español que tenía abajo suyo, su respiración irregular y ruidosa en el oído de este.
Se dio cuenta que había nuevas manchas en el suelo, indicando que el mediocampista volvió a tener un orgasmo, ya por segunda vez. Salió lentamente de el, y se sentó en su silla.
“Pablo ¿Qué hicimos por dios?” Se llevo las manos a la cara con un agrio arrepentimiento.
“¿Eres consciente de lo que acabamos de hacer? ¿Sabes siquiera lo que es el sexo?” pero no tuvo respuesta ya que el menor estaba todavía arqueado y expuesto sobre el escritorio, balbuceando cosas en acento andaluz, no tenía ningún sentido lo que escupía, pero aún así lo decía.
Xavi lo consideró hasta tierno, un poco de buena polla y Pablo ya se ponía a decir estupideces.
Quizás era lo que necesitaba para controlarse. Suspiró para sí mismo y sacó pañuelos de la caja situada en el escritorio que habían deshonrado minutos atrás. Lo limpio a su -ahora- amante y a el mismo, le volvió a colocar su abrigo negro que lo hacía ver como un niño pequeño y se dio cuenta de algo: Pablo folló con el completamente desnudo mientras el llevaba sólo su pantalón desabrochado, con camisa y saco de vestir puesto.
Agradeció que el aire acondicionado estaba prendido y fue directamente a encerrar la puerta de la oficina, aunque estaba casi seguro que hasta los inversores del club escucharon los gemidos necesitados de Gavi.
Volvió a su silla y cuidadosamente acomodó al mediocampista en su regazo, como un bebé, el castaño apoyó su cabeza en su pecho, balbuceando obscenidades.
“M’ papi me llenó, me encanta estar con el, me siento tan lleno, madre mía, quiero que me folle to’ los días” Y a Xavi no le encantaba como su miembro se volvía a endurecer al escuchar como el sevillano que estaba en un subspace balbuceaba arrastradamente.
Esto no iba ser nada bueno para el. Más cuando Gavi volvía en una semana al entrenamiento. Xavi Hernández era conocido por su alma estructurada y madura, pero el chico que estaba gran prohibido para el lo deshizo en pedazos.
¿Cómo continuaría dirigiendo así?
