Chapter Text
Había pasado mucho tiempo de aquellas noches en las que dormían borrachos en los establos, retozando en la paja con la excusa del vino en las venas. Su cuerpo ya no era joven, Silva notaba los achaques de días enteros durmiendo en una dura silla de madera. Jake no tenía razón, nada había salido como había planeado nunca. Tenerlo en la cama y no poder siquiera tocarlo, que él lo odiase, esta situación estaba muy alejada de lo que ansiaba su corazón. Quizás se había equivocado y era muy tarde para cambiar nada.
Su vista había estado desenfocada desde que cayó a la tierra caliente, sabía que sería difícil hacer su trabajo sabiendo que Silva estaba involucrado, pero no imaginó que su antiguo amigo le dispararía sin titubear.
Al menos agradecía que no hubiera tenido tan buena puntería. O quizá la había tenido. De todos modos su blanco había escapado y ahora estaba en la incómoda sensación que había tratado de evadir desde que era joven.
Silva se despertó en cuanto lo notó moverse. No es que hubiese dormido mucho desde que había postrado a Jake en su cama. Como siempre estaba atento para atender cualquiera de sus necesidades.
—¿Qué ocurre? ¿Tienes sed? ¿Necesitas que te acerque el orinal? —preguntó Silva preocupado, poniendo una mano sobre su brazo.
Por inercia apartó su brazo aunque eso le diera un tremendo dolor.
“Menudo hijo de puta”
—Primero me disparas, luego me secuestras y ahora eres amable conmigo... Eres un maldito loco
Quizá estaba actuando por impulso, pero de todas formas Silva sabía lo difícil que era su carácter.
—¿Acaso tenía otra opción? —Se lamentó Silva, mirándolo con ojos tristes. Decidió entretener sus manos sirviéndole un vaso de agua de la jarra que tenía en la mesita de noche aunque no se la hubiese pedido, era mejor que pensar en la manera en la que estaba siendo claramente rechazado—. Joe es mi hijo, y no es que me sienta orgulloso de ello, pero es mi deber cuidar de él.
—Es mi deber atraparlo... Y no voy a dejar que interfieras.
A pesar de la seriedad de sus palabras está vez no se notaba molesto. Sin embargo, siguió.
—¿O debo esperar una bala más certera?
Silva hizo un esfuerzo por mantener la calma, ofreciéndole el vaso.
—Joe está muy lejos de aquí y ya no volverá, así que no debes preocuparte.
Jake tomó el vaso y lo arrojó con rabia, Silva solo cerró los ojos ante el sonido y los cristales que se hicieron añicos contra la pared.
—Tu hijo es un asesino y actúas como si no te interesara... ¿Qué pasa contigo?
Silva abrió los párpados, con lágrimas en los ojos.
—¡Yo no escogí tener un hijo, en primer lugar! ¡Muchas veces me he preguntado por qué yo! ¡Me acosté con tantas putas como tú, pero solo yo tuve un hijo! ¡Ponte en mi piel por una vez, Jake!
Jake suspiró, el ambiente se había vuelto más tenso. El aire parecía colgarse en su piel con el peso de todos los años que estuvieron separados. Tantas cosas sin decir. Tantos pensamientos sin aclarar.
—Aún estoy cansado...
Ese era el final de la conversación, Silva lo sabía. Pero quedaba esperanza en que al menos Jake estaba en su cama.
Silva suspiró también, levantándose de la silla. Su espalda crujió y se llevó las manos a las lumbares, intentando aliviar un poco el dolor.
—Te traeré algo de desayunar. Luego tengo que ocuparme un rato de los caballos.
Jake intentó pensar mejor en lo sucedido, y aunque deseó que Silva se quedará lejos de él. La fiebre le impidió hacer algo al respecto
Las manos del castaño eran suaves en su frente y en ningún momento lo dejó sin revisión. Eso podía ser un punto a su favor
Según sus cálculos, Silva pronto necesitaría volver al pueblo para abastecer de nuevo su despensa con todo lo que él mismo no podía producir en su rancho. Había empezado a reducir la cantidad de verduras y carne en sus comidas y ninguna de ellas era fresca. Ese podía ser un buen momento para escapar, si conseguía obtener las fuerzas suficientes.
Pero Jake no podía pensar en esa noche en fugarse, Silva lo encontró apagado al volver y se arrodilló en la cama a su lado, poniéndole una mano en la frente.
—¡Estás ardiendo! —Gritó Silva, asustado. Sin dudarlo, lo tomó en brazos a pesar de su pesado cuerpo y lo llevó hasta la bañera, antes de salir corriendo y volver con dos cubos de agua fría del pozo y echárselo encima.
Desnudo y tembloroso, Jake miraba la preocupación danzando en el rostro de Silva.
Sus labios pálidos querían decirle algo, cualquier cosa. Pero nada podría tranquilizarlo.
Aún ahora parecía estúpido el juego que tenían, Jake no podía creer que quería darle palabras consoladoras después de que le disparará.
En el fondo de su corazón sabía que él lo había lastimado primero, hace mucho tiempo y sin necesidad de un arma
—Lo siento...
Las cejas de Silva se fruncieron antes de que cayesen con tristeza. Sus manos tomaron el rostro de Jake y lo besó con fuerza.
—Calla —le suplico, sus manos aún acariciando sus mejillas, agarrándolo como si temiese que fuese a escapar—. No hay nada que yo no haría por ti, nada.
Si no fuera porque estaba al borde de la muerte, Jake seguramente lo hubiera tomado con fuerza y está vez si lo dejaría bañarse con él. Dando todo para que volviera a retorcerse bajó su cuerpo. Pero no tenía fuerza siquiera para imaginarlo.
—Debes llamar al médico.
Aunque Silva dudó por un momento no tardó en asentir, sacando a Jake de la bañera y envolviéndolo con una toalla, llevándolo de nuevo a la cama.
—No te muevas, Jake, por favor. Pronto estaré de vuelta.
Jake miró a Silva salir a toda prisa para montar su caballo y alejarse.
Una pequeña sonrisa creció en sus labios, ese beso fue más íntimo que cualquier cosa que hubieran compartido hace años o incluso la noche anterior.
Silva regresó unas horas después con el médico. Entró primero a la habitación y fue a agacharse frente a la cama, pero se contuvo a tiempo, echándose hacía atrás.
—Tenía fiebre cuando lo dejé, doctor —explicó Silva, como si no lo hubiese dicho ya.
—Señor Rodríguez, salga de la habitación. Sí necesito algo para atender al sheriff le avisaré.
Silva miró a Jake, angustiado, pero no pudo más que salir de la habitación, cerrando la puerta detrás de él.
Tenía tanto miedo de lo que le diría Jake al sheriff. Sabía que el doctor Brown sospechaba algo y si confirmaba sus sospechas lo menos que podría ocurrir es que acabase en la cárcel. Estaba en las manos de Jake y solo le quedaba confiar.
El doctor siempre había sido de fiar. Era el más respetado y Jake era su cliente más frecuente. Esa no era la primera herida que el doctor le curaba pero sí la más grave.
—¿Qué te ha sucedido?
Jake no lo pensó, ni siquiera dudó al hablar.
—Vine a buscar a Joe para arrestarlo y me disparo. Sí no llega a volver Silva de entrenar a los caballos en ese momento yo estaría muerto.
El doctor parecía no escucharlo por lo concentrado que estaba en la herida.
—La han cuidado bien, definitivamente te ha salvado la vida.
El hombre cambió la venda y antes de retirarse dio un último vistazo
—¿Entonces escapó?
—Sí, pero lo capturaré. Solo debo recuperarme de esta herida. ¿Cuánto cree que tardará? —preguntó Jake mientras se abotonaba la camisa. No quería que el doctor pensase que se dejaba ver desnudo en casa de Silva.
—En una semana deberías poder viajar hasta el pueblo, pero esperaría un poco más para cabalgar a otra ciudad que esté a más de dos horas de camino. La herida aún está tierna.
Jake asintió comprendiendo.
—Muchas gracias, doctor, se lo agradezco de verdad.
El hombre solo sonrió y salió para darle el medicamento que Jake podría necesitar a Silva, aunque el trato hacia él había cambiado un poco, pero el castaño no estaba ni mínimamente preocupado por eso
En cuanto el doctor estaba lo más alejado de su hogar, entró casi corriendo hasta la habitación.
—¿Cómo estás? ¿Es grave?
Jake no pudo evitar sonreír, pero apartó la mirada.
—No es grave. El doctor dice que lo peor ya ha pasado. Está empezando a cicatrizar, la fiebre es normal, pero no hay infección.
—Estaba muy preocupado —confesó Silva, como si no fuese obvio en cada uno de sus gestos. Sus manos fueron a coger las de Jake, pero se quedaron apoyadas en el colchón sin saber si él se lo permitiría—. ¿Por qué no se los has dicho? Podías haberme acusado de dispararte.
—Descubrí que aún me agradas un poco...
Intentó con todas sus fuerzas no sonreír pero simplemente no lo logró.
Miró a Silva y levantó un poco su brazo.
Silva no sabía qué significaba. Era la clara señal de que Jake le ofrecía acostarse a su lado pero no podía moverse hasta escucharlo.
—Vamos, se me está cansando el maldito brazo —refunfuñó Jake.
Los ojos castaños de Silva se iluminaron y se quitó rápidamente las botas, dejándolas tiradas por el suelo, antes de tumbarse con cuidado sobre Jake, apoyando la cabeza en su hombro.
Una especie de revoloteo en el estómago de Jake lo tomó desprevenido, pero culpo solo a la pérdida de sangre.
—Estaba muy preocupado por ti.
—¿Por mí? —preguntó Silva, confundido y no pudo evitar echarle en cara—. Tú nunca te has preocupado por mí, Jake. Podías haberme escrito una carta en todos estos años, pero no lo hiciste.
Jake bufó.
—No empieces Silva, sabes que nunca fui bueno con las letras...
Silva se mantuvo en su lugar, ansioso por los reproches y el poco efecto que parecían surtir en el otro.
—Si, lo sé... De todos modos ya no importa.
Silva giró la cabeza, empujando la mejilla de Jake para que ladease la suya y así poder besarle.
—Ha soñado tantas veces contigo. Tallé está cama pensando que la ocuparíamos los dos.
El sheriff lo miró con algo parecido a la nostalgia. Él tenía esos sueños también, donde ambos vivían juntos y sin restricciones.
Pero vivía en el mundo real.
—Sabes que no puedo quedarme aquí, Silva... No es posible que dos hombres vivan juntos en un rancho.
Su voz sonaba ronca y seria, pero no dejaba de mirar los ojos de Silva. Siempre le habían parecido demasiado expresivos.
Aunque esa declaración sonaba contundente, ya estaba metiendo una de sus manos debajo de la camisa de Silva, acariciando su espalda
La rodilla de Silva subió suavemente, apretando su erección, volviéndolo a besar antes de hablar.
—Nadie nos molestaría aquí, Jake. Puede que no sea rico, pero estás son mis tierras. Podemos vivir en paz aquí.
Jake ya no dijo nada. No quería discutir sobre eso.
Solo quería tener de nuevo a Silva, dejar de ignorar a la voz en su cabeza que le decía que tenía que tenía que huir y escuchar de nuevo al viejo instinto que se apoderaba de él cada que sus labios se tocaban.
Porque él también recordaba todo lo que pasaron juntos y esa nostálgica lujuria lo había perseguido por demasiado tiempo.
Los dedos de Silva ya habían estaban desabrochando su camisa. Sus manos, encallecidas por el duro trabajo del rancho, frotaron su piel, enganchándose suavemente en sus pezones.
Jake lo tomó por la cintura, acomodandolo sobre él, sabía que la herida podía dolerle pero no sería nada que no pudiera soportar
Los besos comenzaban a llenar el aire y la temperatura en sus cuerpos empezaban a subir. Sabía que está vez no era la fiebre.
Con cuidado, Silva evitó su herida mientras sus manos seguían por su cuerpo hasta llegar al cinturón de su pantalón, desabrochándolo con desesperación. Había tanta diferencia entre un hombre y una mujer, ninguna mujer había actuado de forma tan ansiosa nunca con él, ni había tomado tanto la iniciativa. Silva era brusco y desesperado, pero destilaba tanta pasión que Jake no podía resistirse a él.
Sus ojos azules se clavaron en el pecho de Silva, fornido y apetecible, sin esperar llevó ambas manos a cada uno de sus pectorales y comenzó a acariciarlos.
Sabía muy bien que Silva le encantaba cuando eran jóvenes, pero verlo así, tan maduro, simplemente lo excitaba demasiado.
Nunca había perdido aquella inocencia, aquella mirada de necesidad por él y esperaba que no la perdiera nunca
Silva colocó una de sus manos sobre la que Jake para que le apretase con más fuerza mientras que con la otra luchaba para bajar su propia bragueta.
Liberó su erección con un gruñido y junto su polla ya mojada junto a la de Jake, frotándola.
Agitado Jake acercó a Silva a su rostro para besarlo, bajando una de sus manos a sus nalgas.
Silva gimió roncamente, siempre había tanta confianza en todo lo que Jake hacía, tanta decisión y esa manera de poseerlo que lo desarmaba por completo
Sin dejar de besarlo, su mano buscó a ciegas y abrió el cajón de la mesita de noche. Un pequeño cuaderno que usaba como diario y una pequeña biblia cayeron al suelo, pero ni siquiera les prestó atención.
Por fin localizó una pequeña botella de loción que abrió con los dientes, derramando parte de su contenido sobre la polla de Jake, deslizándolo arriba y abajo.
Jake sintió rápidamente el cambio de temperatura, gimiendo por la sorpresa.
—¿De dónde... sacaste eso?
Silva sonrió de forma traviesa, como cuando era joven, sonrojado.
—Lo he hecho yo mismo. Un indio me enseñó esta receta.
Jake dio una media sonrisa, esto era bastante nuevo para él
—¿Le dijiste que lo usarías conmigo?...
Preguntó con un tono pícaro resbalándose en su voz rasposa mientras lo tomaba por la cintura.
—Le dije que tenía a alguien especial —confesó Silva. Sus caderas se frotaron contra las de Jake sin pudor, soltando un gemido ronco—. Aunque de eso ya hace mucho tiempo.
Los ojos azules de Jake se posaron en la cintura de Silva, siempre le había encantado la forma en que se movía. Ninguna mujer lo había hecho sentir así, y eso que ni siquiera habían empezado apropiadamente.
De adolescentes, Silva habría podido pasarse horas frotándolo hasta el orgasmo, recuperándose después sin necesidad de descansar, pero no confiaba en ser capaz de conseguirlo habiendo pasados los cuarenta.
Silva le besó en los labios, bajando por su pecho hasta depositar con cuidado un beso sobre sus vendajes. Ninguna de sus maneras era elegante o delicada, aunque lo intentaba. Cuando le dio la espalda y se apoyó sobre sus rodillas, agarró bruscamente su erección para dirigirla hacia su entrada, mojándola con la loción que aún quedaba en su glande.
Jake se quedó quieto en su lugar, apretando los ojos y ahogando un gemido cuando estuvo dentro de Silva.
Él sabía cuánto le gustaba esa posición. Tomándolo por las caderas un poco más fuerte de lo que quería comenzó a ayudarlo a saltar.
Silva era dominante, sabía lo que quería y cómo lo quería. Podía notar no solo cómo se contraía su interior cuando bajaba y golpeaba su punto dulce, también podía ver cómo su fuerte espalda se crispaba y sus omóplatos se marcaban como las alas de un ángel.
Jake pasó las manos por su espalda, apretando los dientes para evitar gemir tan fuerte. Solo le quedaba resoplar y respirar fuertemente. Mientras el sudor comenzaba a recorrer su frente.
Jake se sorprendió cuando la mano de Silva encontró la suya y entrelazó sus dedos. Siempre ocurría así. Silva parecía tan fuerte, tan crudo como cualquier vaquero del pueblo, pero después se deshacía y giraba su rostro para mirarlo como ahora, con aquellos ojos grandes y oscuros y tristes que suplicaban amor.
Jake se sentó en la cama con ayuda del cuerpo de Silva. Pegando su pecho a la piel cálida de la espalda del moreno, llevando sus manos a acariciar su pecho de nuevo.
Silva cerró los ojos sintiendo como si un peso se hubiera caído de sus hombros.
Solo quería sentirse deseado por el hombre que quería.
—Jake... —Lo llamó entre gemidos. Quería decirle que lo quería, pero temía que eso lo alejase. Jake nunca había querido hablar de nada de eso, como si con ello pudiese negar su amor, pero Silva lo sabía, podía sentirlo, y aún así, durante años, había sentido que moría de celos—. Dime qué nunca abrazaste a una mujer así.
Jake se quedó quieto y enterró sus uñas débilmente en la piel de Silva. ¿Qué podía decirle?
No podía permitirse darle la noticia de que jamás las vio como otra cosa que objetos o que nunca estuvo con otro hombre más que con él.
—Nunca lo hice...
Susurró solo para sus oídos y los de Silva.
Silva tembló, sujetando sus brazos con posesividad para que no lo soltase mientras sus turgentes nalgas martilleaban contra su cadera con un sonido húmedo.
Volvió a girar el rostro, besando con lengua a Jake de forma desordenada, llenando su boca de saliva, jadeando por falta de aire.
—Nadie me ha follado jamás como tú, Jake.
Jake cerró los ojos. Su cuerpo parecía responder a las palabras de Silva y a sus movimientos más intensamente de lo que hubiera imaginado.
Silva ladeó un poco su cadera y eso ocasionó una sensación deliciosa en Jake, quién simplemente no pudo evitar gemir, ahogando los sonidos en el hombro del moreno
Silva gimió más fuerte, como si estuviese intentando compensar que Jake acallase todo su placer. Empujó una de las manos de Jake hasta su erección y Jake lo rodeó con su mano, masturbándolo al mismo ritmo que Silva mantenía en las embestidas.
Jake soltó un gemido ahogado al sentir que Silva aumentaba la velocidad, y por inercia apretó uno de sus pezones mientras dejaba mordidas en su piel.
—Silva... Silva...
Con gotas de sudor por todo el cuerpo, Jake se preparaba para el clímax, nunca había sentido tan intensamente como con él
Silva tembló, y ayudándose de su brazo libre se apoyó en la cama para impulsarse con más fuerza hasta que el clímax lo sobrecogió, haciéndolo gritar. Sus nalgas se apretaron y volvió a chillar cuando notó cómo Jake se derramaba dentro de él. Se lamentó por mi haber podido ver su rostro mientras lo hacía, perdido en su propio placer, pero le bastaba con que Jake siguiese abrazándolo.
Jake cayó a la cama, ignorando el dolor en su estómago y se llevó a Silva con él. Le importaba muy poco su peso sobre él, en realidad era tan cálido que podría quedarse así toda la noche
Silva se apartó para mirar el estado de sus vendajes. Estaban ligeramente manchados, pero no parecía tener un sangrado intenso.
—Quizás debimos esperar un poco más... —Comentó Silva, pero no pudo evitar que sus labios dibujasen una sonrisita tonta mientras se acomodaba en el pecho de Jake—. Espero que no te duela mucho.
—No me duele tanto...
Intentando controlar su respiración, volvió a abrazar a Silva y se quedaron en silencio un rato.
—Lamento todo lo que te dije...
Lo había estado pensando bastante y había sido muy cruel con Silva, a pesar de que este solo le demostró cuánto lo deseaba y cuánto quería verlo.
Silva se giró para mirarlo sorprendido, buscando algún signo de burla en su rostro, pero no, Jake jamás se había burlado de él. Intentó asentir de forma estoica, pero sucumbió rápidamente y se puso a llorar, escondiéndose en el hombro de Jake.
—Te he echado tanto de menos...
Jake se tensó, sintiendo a Silva sollozar en su piel mientras se aferraba a su cuerpo.
Él solo pudo apretarlo más con su brazo y acariciar su cabello. Siempre había odiado ver a la gente llorar pero era peor si se trataba de Silva.
Después de un buen rato llorando, Silva pareció calmarse. Se apartó un poco de Jake para mirarle sonriente y lo besó con suavidad antes de frotarse las mejillas con el puño, secando los restos de lágrimas.
—Necesito mear ¿Quieres que te traiga algo algo cuando vuelva?
—Un poco de agua estaría bien... Gracias
Le dio una pequeña sonrisa y lo vio caminar hasta el baño, felizmente desnudo. Eso lo hizo reír.
