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Español
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Published:
2024-04-08
Words:
2,408
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1/1
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9
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194

humanamente insípido

Summary:

"I am hungry
I have been hungry
I was born hungry
What do I need?"

Abbey – Mitski.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Lionel siempre fue un chico típico. 

Dos padres amorosos en un cálido hogar, un par de problemas en el colegio, un extenso grupo de amigos que lo estimaban y una profunda pasión por el fútbol. 

Lo único que no era normal en él era su apetito

En un principio, siempre culparon su biología, "los nenes suelen comer más", "esta creciendo, por eso come tanto", "mientras siga haciendo ejercicio dejá que el nene coma lo que quiera" y él lo hacía, devoraba los fideos con voracidad y la carne entre sus dientes era destrozada para ser engullida bruscamente. 

"Lio es un chico que disfruta mucho la comida" decía su padre excusando lo animal de su comer, riéndose, ya con esa costumbre de su hijo menor asimilada. 

Pero al crecer, supo que algo no estaba bien. 

Supo que no podía justificarse eternamente con su biología condicionada por ser varón, las miradas llenas de impresión al verlo arrasar con los platillos del día a día, el disimulado disgusto de los demás en sus rostros cuando él seguía comiendo aunque ya estaban haciendo sobremesa y la envidia de varios pares de muchachas que lo admiraban por comer sin temor alguno al saber que no perdería ese físico esculpido con tanto esfuerzo.

Lionel entonces supo que tenía que controlarse, tenía que medir su estómago aunque a este no le gustara, tenía que ser normal en algo tan cotidiano como comer. 

Y por eso siempre tenía hambre. 

Hacer cuatro comidas al día no bastaba, él necesitaba constantemente mantener su boca ocupada y el estómago lleno. Los chicles no ayudaban más a calmar aquella ansiedad que provocaba un agudo dolor en su garganta cuando trataba de pasar saliva. 

Eso fue al menos hasta que salió campeón por primera vez. 

Campeón del mundo en la sub–20, en el continente Asiático donde comer en cantidades abundantes jamás sería mal visto. 

Donde lo descubrió a él

...

Pablo era delgado pero fornido, "macizo" si tenía que ser un poco más preciso. Sus rulos complementaban esa aura aniñada por naturaleza y su rostro no era otra cosa más que angelical. 

Por eso, verlo comer como si hubiera hecho una huelga de hambre durante años removió algo en su interior. 

El santafesino lo admiraba desde su lugar en el comedor, nadie le decía nada al cordobés pues era de carácter fuerte y sabía defenderse. 

De por sí era bastante antisocial, dejándose ver más que nada cuando Román estaba a su lado y no más allá de eso. No era malo, ni mala onda, simplemente era reservado. 

Claro que toda esa fachada fría y desapegada se esfumó al momento donde el silbato confirmó el triunfo para la selección argentina, por primera vez lo sostuvo entre sus brazos y la tensión en su garganta precia perforarle su esófago cuando pudo sentir sus costillas. 

No estaba en los huesos, pero no tenía el suficiente músculo como para que este cubriera aquella sensible zona de su cuerpo. Se maravilló, lo miró con ojos brillantes, sostuvo la copa con una mano y con otra la cintura del más joven, sintiéndose lleno por primera vez en la vida.  

...

Scaloni persiguió aquel sentimiento el resto de su vida, siguiendo con su carrera, saliendo campeón un par de veces más pero jamás estando plenamente satisfecho. 

Le faltaba algo, le faltaba Pablo. 

Por lo que más que maravillado fue a la concentración de la selección, a sabiendas que lo volvería a ver, con la ilusión que un niño posee al abrir los regalos de navidad. 

Las porciones eran jodidas, la dieta le rompía soberanamente las pelotas y durante la noche por más vueltas que diera en la cama no lograba conciliar el sueño. 

Sabía que la cocina del lugar estaba a su disposición, era cuestión de bajar sigilosamente y tomar algo de la heladera sin ser descubierto, nada que no hubiera hecho antes. 

Confirmó que Walter estaba profundamente dormido al escucharlo roncar, por lo que se levantó de la cama y encaró directamente a la dichosa sala que le interesaba. 

La ilumacion era tenue en los pasillos, imaginaba que dentro de aquella área sería nula, por lo que fue una gran sorpresa cuando una luz fría rozando lo azulado se hacía notar mientras más se acercaba. 

Una vez que se acercó lo suficiente, pudo ver al dueño de esa esa cabellera de rulos, sentado de rodillas, metiendo en su boca todo lo que sus manos pudieran alcanzar en los estantes de la heladera. 

Había verduras tiradas por todo el piso, cajas de leche, botellas de jugo y yogur, empaques de frutas vacíos o por la mitad, todo como si un hambriento mapache hubiera decidido darse un festín pero no, solo se trataba de 

–Pablo– dijo una vez acortó la distancia.

–Uh, la puta madre– se quejó ante la repentina interrupción, limpiando sus labios con el dorso de su mano –Ah...sos vos– 

–...¿sí?, soy yo– contestó incómodo al ver como el más joven retomaba su tarea sin pudor alguno, confundido, se acomodó para estar a su altura –Mierda que tenes hambre...– 

–Vos no me podes decir nada, Lionel– escupió con un deje de desprecio –E visto como comes, también como me clavas los ojos cuando yo lo hago, sé lo que sos– hizo una pequeña pausa –Y no me gusta nada– 

–Y no te gusta nada porque es exactamente lo que vos sos– inclinó levemente su cabeza, queriendo conectar miradas con el cordobés –Vos tampoco podes comer hasta estar satisfecho, ese abdomen plano tuyo siempre añora más y más, tu estómago no tiene fondo alguno– 

–No te proyectes en mi, Lionel– se levantó sin permitirle mirarlo a la cara –No somos iguales– y se retiró del lugar. 

Él mayor admiró el desastre en el piso, olvidándose del hambre que retorcía sus órganos. 

...

La convivencia entre ambos terminó por crecer cada que la concentración seguía desarrollándose, Pablo aprendió a tolerar la extraversión de Lionel pero todavía se mostraba distante cuando el tema de la comida —irónicamente— llegaba a la mesa. 

Aimar había dejado de comer. 

No se presentaba en los desayunos, se quedaba entrenando durante el almuerzo, en la merienda seguía "durmiendo" la siesta y en la cena simplemente se volvía a dormir. 

Era capaz de mentirle a Pekerman en la cara acerca de su alimentación, total jamás sospecharian de un jugador de su calibre. 

Que pelotudez. 

Román se quedó en su habitación hablando con Walter acerca de la temporada de Boca, por lo que aprovechó para escabullirse en la cocina y agarrar un poco de todo. 

Con cuidado, se adentró en el cuarto que compartía el cordobés, viéndolo dormir de espaldas a la puerta. 

–¿Qué carajo haces acá?– preguntó sin voltearse, claramente disgustado. 

–Te traje un par de cosas– contestó dejando los distintos alimentos en la mesita de luz, haciendo que el centrocampista mirara por encima de su hombro. 

–No sé quién carajo te crees que sos– dijo alborotado levantándose de golpe, tomando al más alto por el cuello de su camisa, con intimidación inexistente en su mirada –Tenés que dejarme en paz con el tema de la comida, yo no soy un enfermo como vos, yo puedo controlarme con lo que como y tranquilamente puedo sentirme lleno– 

Lionel sonrió, con un cinismo disfrazado de burla. 

–Eso es mentira, sabes que es mentira– contestó –Te estás limitando con la comida porque sabes que aquí hay algo más– con su dedo índice, señaló su pecho –Algo que se proyecta más allá de acá– y bajó con una lentitud tortuosa su mano por todo su cuerpo.

Ambos inspeccionaron el rostro del otro por un par de segundos, hasta que decidieron unánimemente devorarse la boca sin piedad alguna. 

A veces el hambre también podía ser saciada de otras maneras. 

...

Cuando los asuntos con la selección terminaron, comenzaron a frecuentarse fuera de lo futbolistico.  

Un par de veces fueron vistos en restaurantes, puestos de comida callejera, incluso un par de ocasiones comprando una cantidad ridícula de despensa sin estar conscientes que con el apetito que poseían solo duraría unos cuantos días. 

Realmente parecía que únicamente se reunían para comer.

Algo se despertó aquella noche que lo vio arrodillado frente al refrigerador, una respuesta a algo que no había estado buscando pero que sabía que debía obtener llegado el momento. 

Pablo se despertaba en medio de la madrugada a los gritos, con un sudor frío recorriendo su cuerpo y varios rasguños en sus propios brazos. 

Porque soñaba con conocer el sabor de Lionel. 

Soñaba que estuvieran tan unidos que sus organismos conocieran en profundidad el del otro.

Y eso lo perturbaba lo suficiente como para no poder dormir, porque sabía que de pedírselo a Scaloni, él se entregaría sin duda alguna. 

Él santafesino estaba consciente que algo en él no estaba bien, fantasear con devorar a una pequeña presa no era algo normal, se suponía que había evolucionado para dejar aquellos primitivos instintos de caza detrás pero parecían ser más fuertes que él por cada día que pasaba. 

Aimar simplemente se denominó como un glotón, a sabiendas que jamás en la vida había disfrutado una sola porción de comida, teniendo en conciencia que solamente comía sin parar con la esperanza de un día poder disfrutar algo tan humano como saborear un plato de alimento. 

Jamás lo exteriorizó, jamás alguien lo podría entender, pero supo que Lionel era diferente cuando lo vio frente a él en aquella concentración en Malasia. 

Quizás esas injustificadas ganas de salir corriendo cuando lo vio engullir los curiosos dumplings como si de agua se tratara, capaz ese cosquilleo en su estómago cuando lo observaba arrancar la carne con sus dientes, o tan solo los nervios que le provocaba verlo tomar leche como si de un becerro recién nacido se tratara. 

Había algo retorcido en él que jamás sería satisfecho. 

Algo retorcido en él que confirmó cuando vio con admiración sus costillas la primera vez que lo abrazó, como si estuviera dispuesto a darle una fuerte mordida hasta devorarlo por completo. 

Y por más que quisiera huir, no había sensación más plena que estar a su lado. 

...

Su hogar estaba tranquilo, repleto de serenidad. 

Un par de chicharras se escuchaban alrededor, los fríos tonos de un amanecer invernal comenzaban a iluminar el lugar. 

Barrió y trapeó los pisos, incluso los enceró, las superficies estaban relucientes y los estantes desempolvados. 

Su ropa estaba doblada y guardada en su closet, su cama tendida sin presencia de arrugas en las sábanas, un envolvente aroma a vainilla decoraba el ambiente, su heladera estaba reluciente y vacía, vacía como si la hubiera recién comprado. 

Porque ya no volvería a necesitar nuevamente de ningún tipo de alimento.

Él baño estaba tan brillante que podía ver su reflejo en los pisos, en los azulejos y en la bañera. 

La blanca bañera que se veía decorada con finas líneas rojas.

Una pequeña manguera conectada al gas de su hogar era el único invitado en el baño, la cual lentamente los embriagaba conforme sus labios recorrían el cuerpo del otro. 

Pablo sollozaba, su voz apenas y salía en un pequeño susurro, todas sus fuerzas se veían concentradas en arrancar la piel del mayor en respuesta a las bruscas mordidas que le hacía. 

Cada mordisco era repulsivo pero adictivo, las lágrimas le agregaban la cantidad suficiente de dulzura a toda la atrocidad que estaban cometiendo. 

Unos cuantos pares de dedos se perdieron en las manos de ambos, anestesiados por el dolor provocado mutuamente, cualquier separación de músculo que experimentaban era rápidamente desplazado por palabras de consuelo, de miedo y de placer. 

Sus cuerpos estaban empapados en sudor, también en agua que con alguna fuerza de voluntad desconocida Lionel logró encender. 

Pues bajo ninguna circunstancia querían dejar un desastre en el hogar de Pablo, no cuando Román llegaría al día siguiente para visitarlo. 

"Lio...Lio...no...no, no, me duele" se quejaba genuinamente aterrorizado.

"Tranquilo, solo....solo déjamelo todo a mi..." también estaba asustado, pero la sensación de no tener hambre era lo único que su cerebro podía procesar aunque fuera la primera y última vez que lo hiciera. 

Y Pablo finalmente pudo saber lo que era lo dulce, lo amargo, lo salado y lo verdaderamente insípido. 

En algún momento, un bocado se volvió su último desayuno.

Ambos cuerpos simplemente reposaron en la bañera, estando Aimar recargado en la misma mientras Scaloni estaba entre sus brazos. 

Él agua en algún momento dejó de correr, permitiendo que el líquido carmesí fuera lo único que los invadiera.

Y al final, terminaron haciendo un desastre abismal. 

...

Al llegar al hogar de Aimar, notó que la puerta no estaba cerrada por lo que con toda la naturalidad del mundo se adentró. 

El fuerte olor a gas lo hizo fruncir su rostro, caminando en busca de su amigo, tropezandose con la manguera a medio camino. 

–La puta madre Pablo, ¿no cerraste el gas?– gritó disgustado. 

Siguió con sus ojos la herramienta, viendo que dirigía hacia el baño, donde una tortuosa gota era el único sonido que podía apreciarse en la pulcra casa. 

Caminó, sin estar muy seguro y como si un asesino pudiera aparecer en cualquier momento abrió la puerta. 

Sus ojos casi se salían de su cara, las náuseas se acumularon en su garganta y un desgarrador grito fue lo único que su cuerpo fue capaz de generar al observar los cadáveres ensangrentados, canibalizados y deformes de los que alguna vez fueron sus compañeros. 

Gritó, siguió gritando cuando salió de aquel hogar y simplemente suplicó porque alguien llamara a la policía mientras sentía que se desvaneceria en cualquier parpadeo. 

El país se conmocionó por la noticia, que fue finalmente descrita como un atroz suicidio doble, siendo tan aberrante que una gran parte de la población simplemente no creía en ella y le parecía más coherente que se tratase de una teoría conspirativa. 

Ni siquiera las explícitas fotos de la escena del "crimen" eran tomadas como una fuente verídica, la tecnología había avanzado lo suficiente para poder replicar cualquier fantasía retorcida. 

Nadie dentro de la República Argentina estaba dispuesto a aceptar que dos de las estrellas más grandes dentro del fútbol argentino fueron capaces de morir así.

Cualquier invento era mejor que pensar que Pablo Aimar y Lionel Scaloni se comieron el uno al otro, muriendo intoxicados por el dióxido de carbono deliberadamente colocado en el baño. Alguien como ellos simplemente no podía planear algo tan retorcido. 

Cualquier teoría era mejor que pensar que el hambre humana no se saciaria hasta que se pruebe a sí misma. 

Notes:

mi primer dead dove: do not eat 🗣

bueno quería explayarme un poquito en algunos puntos de la historia que no desarrollé porque lo escribí sin dormir en toda la noche a las seis de la mañana

pablo y lionel terminaron haciendo el acto final en busca de respuestas, las cuales obtuvieron cuando lio descubrió lo que era no tener hambre (como siempre había tenido toda la vida) y pablo descubrió lo que eran los sabores (cada bocado era el equivalente a tomar un mordisco de agua) sus papilas gustativas funcionando únicamente cuando probó a lionel
porque ambos sabían lo quera sentirse "lleno", scaloni cuando salió campeón con pablo y aimar cuando tenía sexo con lionel, sin embargo, todavía no podían llenar ese vacío que la gula les provocaba

más que una historia de amor, es una de resolución, donde terminaron quedándose con el otro porque el contrario tenia lo que a ellos les faltaba
lionel comía sin parar porque genuinamente disfrutaba la comida mientras que pablo comía sin límites en busca de sentirse "normal" y disfrutar algo tan humano como comer

quería hacer especial énfasis en la limpieza que aimar realizó en su hogar, ninguno de los dos quería ser inoportuno y por lo mismo scaloni dejó la ducha encendida buscando que el agua desvaneciera en lo posible la sangre de los dos preocupado por este detalle aunque ni siquiera pudiera sentir su mano
no querían dejar un desastre porque ellos se vieron como uno toda la vida, viendo como sus padres se quitaban el bocado de la boca para que ellos se "llenaran", como sufrían con las finanzas del hogar cuando gran parte del presupuesto familiar se desvanecía en sus malos hábitos a la hora de comer, creciendo con la idea de siempre haber sido un inconveniente
en un punto, quise añadir que incluso de bebé lionel fue glotón siendo capaz de dejar
deshidratada a su madre cuando lo amamantaba!! pero eso se me hacia más grotesco que el canibalismo en sí lolol

además, ellos sabían que de no conseguir lo que buscaban no serian capaces de vivir a sabiendas de lo que se hicieron el uno al otro por lo que la muerte no era una opción, era un hecho
no quise involucrar veneno, pastillas, lavandina etc porque eso modificaría"" el sabor de ellos mismos, así que no me parecía lo más adecuado así como tampoco me parecía muy realista que murieran desangrados pues aunque tuvieran varias heridas, eran muy pequeñas
por lo que el dióxido de carbono me pareció una buena opción! leves dosis que los irían afectando de poco a poco dandoles tiempo de saborearse sin estar infectados tal cual, incluso anestesiandolos para poder lastimarse con más tranquilidad y al final lograría matarlos cuando era necesario
terminaron haciendo un desastre (al menos en la bañera y en la sociedad) obvio, lol, nadie es capaz de salirse con la suya cometiendo un acto así de repulsivo

también abordar como algo así afectaría en el país, en especial porque al menos en esta historia ERAN futbolistas con las carreras que llevan en la vida real, me hubiera gustado abordar más en esta parte pero eran las seis de la mañana 😭

y por último, no quise hacer lo último muy gráfico, primero porque realmente no me da el estómago ni la cabeza y segundo porque no era la idea

nada, gracias por leer 💕