Chapter Text
Yoo Joonghyuk quiere un hijo.
Por supuesto, no es como si él se lo hubiera dicho, pero después de un par de años de convivir con este estoico hombre, Kim Dokja cree tener cierto sentido extra para escuchar lo que no se dice abiertamente. O bien podría ser una suposición errónea, pero casi definitivamente hay más probabilidades de que esté en lo correcto; desde la manera en la que su esposo observa de más a las familias con niños que pasan cerca cuando salen a caminar por el parque, cómo mira por más tiempo del necesario las escuelas cada vez que conducen cerca de una, o lo notable que es su interés cada vez que algún compañero de trabajo menciona a sus hijos. Es un poco encantador, para ser sinceros, sin embargo...
Nunca han hablado de eso antes. Desde el principio de su relación, los niños no habían sido un tema a tocar, incluso si están dentro del rango común alfa-omega (que de común no tiene mucho, considerando el tipo de pareja que son). Dokja no ha pensado en ello en los años que llevan juntos, pero es inevitable no estar al pendiente cuando Joonghyuk muestra tantas señales. No es que le moleste, pero la idea lo hace retorcerse, de cierta manera, con sentimientos complicados aflorando.
Aun así, Kim Dokja no puede dejar que las cosas sigan sin decirse. Tienen un historial malo cuando se trata de dejar que todo permanezca en silencio. Dokja no quiere lidiar con un problema peor en el futuro, así que decide que lo mejor es confrontarlo ahora que los humos vienen de una llama controlada.
Decide que es mejor hacerlo un día en el que el trabajo no sea tan estresante, después de que el horario termine y lleguen a casa y estén tranquilos. Sólo entonces podría lidiar adecuadamente con cualquier respuesta que reciba de Joonghyuk.
Excepto que, claro, Kim Dokja a veces olvida que está casado con este hombre.
—Quiero tener un hijo.
Dokja se muerde la lengua con fuerza cuando las palabras llegan a sus oídos, y el dolor se registra por encima del sabor del bibimbap que conforma su almuerzo de la hora de descanso del trabajo.
Tiene que agradecer tener una oficina privada, o el lamentable sonido de dolor que escapa de su garganta y su posterior reacción podría haber quedado en la posteridad en las memorias de todos los demás trabajadores en la empresa. No cree que pueda lidiar con algo así. Pero bien, puede lidiar con lo otro.
Como si no acabara de arrancarse un pedazo de su propia lengua, baja los palillos y los deja a un lado de su plato a medio terminar. Con una sonrisa ensayada, Kim Dokja mira a Yoo Joonghyuk.
—¿Disculpa?
—Quiero–
—No, espera.Te escuché la primera vez —lo detiene Dokja, levantando una mano y luego cubriéndose los ojos. Un largo suspiro escapa de sus labios, y después mira seriamente a su compañero—. ¿Estás... consciente de que me lo acabas de preguntar en el peor momento posible?
Las perfectas cejas de Yoo Joonghyuk se arrugan. El aroma amargo a su alrededor, generalmente imperceptible debido a su control excesivo de feromonas, se filtra suavemente hasta la nariz de Kim Dokja, quien no tarda en reconocerlo. Inmediatamente se mueve, cambiando su expresión a algo más urgente.
—No, no estoy rechazando la idea —habla de nuevo Dokja, llamando la atención de Joonghyuk antes de que este decida sacar sus propias conclusiones por su reacción—. Sólo me estás tomando por sorpresa, Joonghyuk-ah. ¿No deberíamos tener esta conversación en casa? ¿O en algún lugar más privado?
—Podrías huir de la conversación —declara Joonghyuk, con una seguridad aplastante, mientras come otro bocado de su almuerzo. Dokja vuelve sus labios una fina línea mientras el otro hombre termina su porción antes de volver a hablar. Sus ojos enjoyados están fijos en Kim Dokja—. Nunca hablamos de esto.
Kim Dokja tararea.
—Sí, no lo hicimos.
—Supuse que no querrías discutir sobre ello.
—¿Entonces me acorralas en el trabajo para que no tenga más opción que discutirlo?
La mirada silenciosa que recibe es suficiente respuesta para Dokja.
Se aclara la garganta antes de volver a hablar, pero evita el contacto visual en sus próximas palabras.
—No me estoy oponiendo a la idea —admite casi entre dientes, con un ligero rosa subiendo a sus orejas. De reojo, casi puede ver la expresión de suficiencia de Joonghyuk, y el aroma que suelta también es mucho más suave y acogedor, delatando que su respuesta le ha gustado. Dokja tiene que contenerse para no rendirse a la petición sólo para complacer al omega. Trata de no morderse la lengua de nuevo—. Pero es una decisión importante.
—Soy consciente.
—Sabes lo que implica, ¿no es así?
—Kim Dokja, ¿piensas que soy un idiota?
—Algunos días es difícil negarlo.
Hay un gruñido peligroso en el aire. Dokja se aclara la garganta apresuradamente de nuevo, decidiendo que ya han sido suficientes bromas para un día. No puede enojar de más a su esposo o tendrá consecuencias peligrosas que no tiene ganas de afrontar. Así que toma una postura más amigable, sonriendo menos en broma y más comprensivo.
—Está bien —acepta, con voz tranquila, volviendo a sostener sus palillos para regresar a su almuerzo antes de que se enfríe por completo. Aunque incluso si está fría, la comida de Joonghyuk sigue siendo deliciosa.
Yoo Joonghyuk lo observa en silencio, con los ojos entrecerrados, estudiándolo.
—¿Está bien? —inquiere, como si no pudiera creer la respuesta tan sencilla de Kim Dokja—. ¿Dices que está bien para ti?
El alfa le mira de nuevo, dándole la misma sonrisa tranquila.
—Está bien para mí —confirma, y mueve los palillos en el aire, de manera divertida. Sus ojos se tornan animados de nuevo—. Después de todo, ya había esperado esto. Joonghyuk-ah, no fuiste muy sutil este último mes.
Joonghyuk tararea, con una expresión tranquila, como si no le hubiera afectado el comentario de Dokja.
—No era la intención —dice después de un momento, levantándose de la mesa para guardar sus utensilios.
Kim Dokja se queda estático, casi volviendo a morderse la lengua. Después de cinco parpadeos rápidos, levanta la vista para volverse con una cara de sorpresa hacia su esposo.
—Espera... —pide, torpe y todavía estupefacto ante la realización de todo. Sus dedos se crispan mientras Yoo Joonghyuk se da vuelta tranquilamente, justo antes de salir de la oficina. La expresión del omega parece la misma de siempre, completamente estoico, pero Dokja puede ver la ligera diversión que comienza a pintar las pupilas de Joonghyuk. Traga pesado—. ¿Estabas...? No me digas... ¡Tú, de verdad...!
Una diminuta sonrisa triunfal asoma por los labios del hermoso omega. Kim Dokja se atraganta, incapaz de hacer o decir nada ante esa expresión que hace que su corazón se estremezca.
—Algunos días es difícil negar que eres un idiota.
Y con esas palabras, Yoo Joonghyuk se retira, dejando atrás un rastro de aroma feliz que hace que el alfa que queda atrás esconda su rostro sonrojado detrás de sus palmas y grite silenciosamente, completamente derrotado.
Ellos lo discuten, y llegan a un acuerdo mutuo. Nunca han hecho nada sin un plan y esta situación no es diferente, incluso si difieren en un par de puntos y llegan a un par de palabras mordaces. Después de todo, ninguno tiene exactamente el mejor prospecto familiar (al menos de los años de su infancia), y la idea de hacer algo equivocado a futuro para un niño que sea de ambos todavía pesa demasiado en Kim Dokja, quien sólo puede imaginar los peores escenarios presentes antes de que se obligue a pensar en un plan de contingencia. Y todo eso es más estresante en niveles inesperados. Pero no se echa para atrás, no cuando ya le ha dicho a Yoo Joonghyuk que lo apoyaría en esto.
En cuanto llegan a un periodo mucho más pacífico y las preguntas reciben respuestas y los problemas, soluciones, deciden visitar a Lee Seolhwa. Ella se alegra por su decisión, afirmando estar contenta de ser de confianza para apoyarlos en este paso.
Reciben una charla completa, llena de explicaciones largas y palabras complicadas, con respecto a todo lo que requieren para una concepción exitosa y un embarazo sano. También varios consejos en el tiempo que lleve la gestación y cuando llegue el alumbramiento, y otras palmaditas de ánimo para los futuros padres. Kim Dokja no puede igualar su emoción en toda la consulta, un poco demasiado desconcertado ante la brillantez de la siempre profesional doctora. La sesión se alarga lo suficiente como para marearlo.
—Entonces... Sesiones cada tres días —Dokja lee las notas escritas, el resumen de toda la diatriba de Seolhwa, y mira a su compañero en el volante. La luz roja del semáforo crea sombras atractivas sobre el rostro ya perfecto de Yoo Joonghyuk. Una sonrisa se dibuja en los labios del alfa después de que escucha al omega tararear, fingiendo estar poco afectado por toda la información que han recibido hace un momento—. ¿No estás decepcionado?
—¿Por qué lo estaría? —inquiere Joonghyuk, con una cara aburrida. El semáforo cambia a verde y Kim Dokja finge leer mientras el auto se mueve.
—Ya sabes, por el hecho de que no podremos hacerlo todos los días —suelta, pinchando directamente sobre el punto que no se ha dicho.
La respuesta a su burla viene en la forma de Yoo Joonghyuk apretando sus manos sobre el volante. Kim Dokja evita que su sonrisa se ensanche mientras olfatea disimuladamente el aire, notando el ligero cambio entre la esencia floral de la calma a algo parecido al enojo detrás de un arbusto espinoso. Dokja no puede decir que no le guste, inhalando un poco más la fragancia cada vez más picante, pero queriendo inconscientemente también consolarlo. La dicotomía entre desear seguir con las burlas contra su adorable esposo y también anhelar arrullarlo por ser tan lindo es una cosa adictiva y peligrosa en sí misma.
Dejando las notas a un lado, Dokja se acomoda mejor en su asiento, queriendo extender la mano para tocar a Joonghyuk. Sin embargo, es detenido debido a una maniobra de giro que le hace tambalearse y olvidar su diversión para aferrarse a su asiento con dedos firmes. Su sonrisa se borra cuando se da cuenta de que el camino ha cambiado.
—¿Joonghyuk...?
Yoo Joonghyuk no le habla todavía, sólo gruñe en voz baja. Cuando Kim Dokja lo mira, lo encuentra frunciendo las cejas y apretando los dientes, lo que inevitablemente lo pone nervioso.
—O-oye, sólo estaba bromeando hace un momento... —balbucea, sintiéndose un poco amenazado por el exceso de feromonas que comienza a llenar el auto—. Ya sabes, en realidad no lo decía con intención de–
Con otra maniobra peligrosa, el alfa decide que lo mejor para conservar su vida es apretar los labios y guardarse cualquier comentario que intente aligerar la situación. Joonghyuk no le dice nada más, al menos, hasta que se detienen repentinamente cerca de una zona de la ciudad prácticamente desierta. Aunque entonces tampoco le dice mucho.
En lugar de usar palabras, Yoo Joonghyuk se desabrocha el cinturón de seguridad y sube sobre Kim Dokja, con una agilidad que no combina con su porte, apresándolo bajo su peso. Dokja deja salir un grito de sorpresa que se une al sonido del chasquido de su propio cinturón de seguridad siendo quitado. Las manos de Joonghyuk a cada lado del asiento terminan acorralando al alfa en su lugar, y Dokja sólo puede mirar hacia arriba con cierto temor. El olor poco controlado de sus propias feromonas delatando su nerviosismo no parece afectar al omega, quien sólo se dedica a mirarlo desde arriba con ojos brillantes y peligrosos.
—Joonghyuk-ah... —llama Dokja, usando un tono más suave y meloso, en su último intento de salvar su pellejo de la ira de su esposo—. Creo que debemos calmarnos y–
Sus próximas palabras se ven interrumpidas por la boca del otro hombre, quien se inclina hacia abajo para apretar sus labios juntos. Kim Dokja farfulla un sonido amortiguado de genuina sorpresa, antes de rápidamente devolver el beso. Sus manos apretadas contra los costados del asiento suben hacia arriba, sujetando los lados del rostro de Yoo Joonghyuk mientras el beso se prolonga.
Sólo entonces, con la mente un poco más clara y alejada de la sensación de peligro, Dokja percibe la esencia que abunda en la cabina del automóvil; no es como se hubiera imaginado, no está cargado de enojo ni rabia, no se parece a flores venenosas ni cortezas astilladas. Es una fragancia más dulce, y sin embargo, todavía despierta todos sus sentidos. Es tan dulce como la trampa de una planta carnívora, y sólo puede pensar en lo mucho que le encanta el sabor de los labios de Joonghyuk mientras su beso se intensifica hasta que puede sentir su lengua colándose entre ambos, acercándolos a un espacio más agradable para los dos.
Kim Dokja jadea en mitad de otro beso en cuanto siente una presión directamente sobre su ingle, haciendo que corte su intercambio de besos para mirar hacia abajo. La gran mano de su compañero está palpando sus pantalones, apretando y haciendo que la sangre baje a esa zona, reaccionando al estímulo con demasiada facilidad. Dokja suspira por lo bajo ante la caricia y vuelve sus ojos apenas nublados hacia Yoo Joonghyuk.
Joonghyuk le devuelve la mirada, tan desatendido que Kim Dokja casi se siente mal por ser el único que está disfrutando de un extra. Excepto que Yoo Joonghyuk no es así de amable.
—Tres días —recita el omega, con voz ronca y casi suspirando, delatando que los besos le han sacado suficiente aliento. Entre la penumbra del lugar, Dokja apenas nota las mejillas tenuemente rojas, sintiendo su calor a través de sus dedos hormigueantes que se niegan a soltar el rostro de su esposo—. Podemos empezar desde ya, porque no creo que puedas tolerar esperar tres días, Kim Dokja.
La burla está implícita, y Kim Dokja no evita la sonrisa molesta que comienza a formarse en sus labios húmedos. Su propia sangre se siente más caliente de pronto.
—¿Yo seré quien no lo tolere? —repite, con un tono falsamente incrédulo. Moviendo una de sus manos, desabrocha los pantalones de Yoo Joonghyuk mientras su marido se encarga de los suyos—. ¿Quién es el que está desesperado en este momento? ¿No estás siendo un poco cínico?
—Kim Dokja —advierte Joonghyuk, sin la amenaza acostumbrada. Es sólo un aviso vacío, y Dokja sólo puede reírse mientras inclina el asiento hacia atrás al mismo tiempo que los dos luchan con sus prendas.
No es la primera vez que hacen esto en el auto, pero es la primera vez que se mueven con tanta prisa. Dokja sólo puede encargarse de meter la mano dentro de la ropa interior de su esposo antes de que Joonghyuk libere su miembro semi-duro de su ropa interior. Los bombeos ásperos le sacan un par de gemidos dolorosos antes de poder acostumbrarse y empezar a suspirar y jadear, caliente por todos lados mientras trata de concentrarse en sus propios dedos, que se mueven a través de los pliegues húmedos, untándose de fluidos y frotando la zona hasta que puede escuchar los bajos ruidos de Yoo Joonghyuk.
Tiene apenas algo de oportunidad de introducir dos dedos en el agujero mojado antes de que Yoo Joonghyuk se encorve para atrapar su boca en un beso mucho más agresivo, con choque de dientes y una lengua demasiado intrusiva, al mismo tiempo que los movimientos del omega aumentan de ritmo, provocando que Kim Dokja comience a gotear desde la punta y ensucie los dedos ajenos. El alfa no se queja, gimiendo abiertamente en la boca de su compañero, sintiéndolo removerse sobre sus dedos con cada empuje que lo provoca.
Cuando separan sus bocas, algo de saliva se desliza por un lado de su rostro, pero Dokja está demasiado ocupado con otras cosas como para pensar en limpiarse. Respira todo el aire perdido antes de notar que los bombeos a su erección se detienen, poco antes de poder alcanzar su orgasmo. No sabe si está aliviado o frustrado por ello, pero no se centra en eso mientras siente a Joonghyuk moviéndose sobre él, tomando de su muñeca para apartar su mano desde la humedad entre sus piernas. Dokja se muerde el labio cuando escucha los sonidos obscenos de sus dedos al apartarse y observa la expresión avergonzada y necesitada de Joonghyuk.
Yoo Joonghyuk se acomoda sobre él, quitándose, entre movimientos forzados y un par de maldiciones, otro poco de sus pantalones hasta que quedan a la altura de sus muslos, dejando descubierto su coño mojado. Kim Dokja se mueve de inmediato, ayudándolo a acomodarse adecuadamente hasta que la punta de su miembro toque la entrada caliente. Los dos suspiran cuando su longitud se desliza por la raja empapada, bañándose hasta quedar resbaladizo. Dokja gimotea y guía su dureza hasta que se engancha en la entrada cálida, y empieza a empujar hacia adentro. Joonghyuk no tarda en suspirar, relajando su cuerpo sobre él para recibirlo, bajando al mismo tiempo que el alfa sube, hasta estar completamente acoplados uno con el otro.
Un largo suspiro sale de ambos. Kim Dokja sube sus manos a las caderas del omega, guiándolo a levantarse para comenzar con el vaivén. Yoo Joonghyuk sube una de sus manos al techo del auto y la otra al pecho del alfa, usando ambos de palanca para comenzar a moverse. Primero hace círculos desde su lugar, apretando los labios para no dejar escapar sonidos vergonzosos, sintiendo la manera en la que el pene de su marido presiona sus paredes y llega a tocar el comienzo de su matriz. La idea de que realmente pueda dejar impresa su semilla dentro hasta conseguir fecundarlo hace que sus muslos tiemblen un poco y su cabeza comience a dar vueltas. Y empieza a moverse con la intención de conseguir ese objetivo.
Kim Dokja es mucho más vocal, mucho más torpe intentando amortiguar cualquier ruido, pero él sabe que a Yoo Joonghyuk le gusta eso, así que sólo mantiene las manos en su lugar y se encuentra a mitad de camino con el omega cada vez que éste decide bajar y apretarse hasta la base de su dureza, absorbiéndolo con demasiada vehemencia. Él realmente quiere quedar embarazado, es la realización que, aunque no inesperada, todavía es sorprendente cuando lo une a la imagen de su tan precioso esposo que puede ser totalmente lo opuesto a un omega socialmente aceptable. Pero lo que tiene enfrente de recuerda a Dokja que él en realidad lo es. Su adorado omega.
La dulzura espesa y floral en el aire de las feromonas de Joonghyuk se mezcla con facilidad con el aroma a tinta recién derramada de Dokja. Es algo que el alfa casi nunca deja que encuentren en él, su propio peligroso olor, pero para su omega es fácil, es fácil desbordarse y dejarlo hundirse, queriendo desesperadamente bañarlo de su esencia para que cualquiera sepa que ya le pertenece a alguien, que le pertenece a él. Que está con él aquí, compartiendo más besos desordenados mientras empuja sus entrañas, moja la ropa con sus fluidos y vuelve el aire húmedo y lleno del olor a sexo, empañando las ventanas mientras ambos gimen y suspiran en mitad de su vaivén, buscando desesperadamente el clímax.
Una de las manos de Joonghyuk cae a una de las ventanas, dejando una marca obscena allí mientras continúa saltando sobre el regazo de su esposo. Dokja aprieta una de sus manos mientras la otra baja entre ambos, tocando el lugar de su unión y sintiendo el líquido pegajoso derramarse por sus dedos. Una vez lo suficientemente resbaladizo, comienza a frotar el clítoris de Joonghyuk hasta escucharlo sisear y tartamudear en sus movimientos, delatando su estado cercano al orgasmo. Aumenta sus esfuerzos con ello, deslizando sus dedos de nuevo entre ambos, estimulando los labios mojados e hinchados antes de regresar al punto abusado.
Yoo Joonghyuk se inclina poco después, plantando otro beso mientras sus caderas finalmente se detienen y gime largamente en la boca de Kim Dokja. Dokja hace un ruido de gusto de vuelta, sintiendo cómo las paredes calientes se espasman a su alrededor, el cuello uterino presionando la punta de su longitud, instándolo a correrse. Sin embargo, todavía no lo permite.
Cuando Joonghyuk se separa de sus labios, Dokja puede ver sus ojos nublados. Aun así, el excitado omega sólo se mueve con rapidez para romper los botones de la camisa de su alfa, exponiendo su cuello y hombro. Kim Dokja se guarda cualquier comentario sobre la prenda perdida y deja que su perdido compañero respire sobre su piel, olfateando hasta llegar a su glándula de olor.
Joonghyuk lame ese lugar. Dokja se estremece de sensibilidad, su pene teniendo un tic desde donde está alojado profundamente en su esposo. Y luego están los colmillos del omega incrustándose en su piel, justo por encima de su marca de apareamiento. El alfa se sacude y gime de nuevo, cerrando los ojos mientras sus manos sujetan la espalda baja y el costado de su compañero, moviendo las caderas de nuevo para comenzar otro vaivén, mucho más necesitado.
Aún con los dientes de Joonghyuk presionando su glándula, Dokja puede sentir el comienzo de su nudo. La nueva sensibilidad en su ingle y en su nuca también lo hace jadear fuertemente, perdiendo cualquier hilo de pensamiento mientras busca desesperadamente correrse y anudar el agujero del omega, dejándolo asentarse con su semilla.
Hay un gimoteo escapando desde lo profundo de la garganta de Yoo Joonghyuk, probablemente causado por el nuevo nivel de estiramiento que está sufriendo su coño, pero en lugar de apartarse, abraza más fuerte a Kim Dokja y mece suavemente sus caderas, instando al alfa a empujar el nudo adentro.
Dokja lo complace, gruñendo y mordiendo el hombro vestido de Joonghyuk antes de embestir una última vez y alojar toda su longitud y anchura dentro de la cavidad caliente y goteante, que no tarda en llenarse de su carga. Kim Dokja puede sentir el segundo orgasmo de Yoo Joonghyuk, por cómo se aprieta otra vez a su alrededor y cómo el comienzo del útero besa su punta sensible una vez más, ordeñándolo a fondo. La idea de que su adorado esposo se haya corrido sólo por sentir su semen llenándolo hace cosas con su cabeza, dejándolo suspirando y adormilado por el exceso de hormonas después de un orgasmo tan potente.
Cuando tira su cabeza hacia atrás, Joonghyuk suelta su cuello. Afortunadamente, su mordida no ha sido tan agresiva, así que no hay sangre que limpiar. Kim Dokja todavía lo examina de cerca (una costumbre tomada después de un tiempo de haberse dado cuenta de que ama mucho ver la cara de éxtasis de Joonghyuk después del sexo), casi suspirando con ensoñación cuando su adorable esposo presiona sus frentes juntas. Allí puede ver los ligeros corazones en los ojos de Yoo Joonghyuk, lo que inevitablemente le hace preguntarse cómo puede ser tan lindo y cómo él ha tenido tanta suerte de poder siquiera observar algo así.
Joonghyuk se mece un poco, sacándole un siseo a Dokja y a él mismo, por el estiramiento del nudo que permanece. Con las manos todavía sobre la espalda y los anchos hombros de su compañero, Kim Dokja lo acerca para besarlo suavemente, tratando de relajarlo.
—Tú fuiste el que quiso hacerlo de esta manera —dice entonces el alfa, con su tono burlón, todavía lleno de placer. Yoo Joonghyuk le dedica una mirada molesta, pero demasiado débil para ser una amenaza. Dokja se ríe, frotando sus narices en un gesto tierno—. Pudimos ir atrás y tratar con una mejor posición, pero realmente sólo te subiste sobre mí y me montaste. Al menos podías evitarme el anudarte.
—Las probabilidades bajan sin no me anudas —declara Joonghyuk, con la voz ronca, y eso que Dokja ni siquiera lo ha escuchado gemir de verdad como otras veces. Aun así, hace maravillas con su humor, incluso si todo lo que recibe es otra mirada peligrosa—. Kim Dokja, no olvides el punto.
—Ah, sí, el punto —tararea Dokja, falsamente comprensivo. Luego, como un bastardo, mueve un poco las caderas, sacando un gemido bajo de Joonghyuk. La sonrisa maliciosa que enseña al omega deja entrever sus colmillos, mientras sus ojos brillan con diversión—. ¿Te refieres al hecho de que quieres que te llene con mis cachorros, Hyuk-ah? ¿Tanto quieres eso?
Yoo Joonghyuk no le contesta, apretando los labios en una mueca furiosa, que contrasta con el brillante rojo que pinta su cara y orejas.
Kim Dokja siente que su estómago da vueltas y lo quiere besar hasta perder el conocimiento.
—Bueno —comienza a decir, perdiendo de a poco su actitud bastarda, derritiéndose en la ternura que le provoca su pareja—, no me opongo a dártelo. Siempre que eso te ponga feliz.
La sinceridad inesperada descoloca por un momento a Joonghyuk, antes de que se reponga y alcance a apretar la nariz del alfa como castigo. Dokja se queja por el trato rudo, pero no se enfada cuando puede percibir la esencia de flores silvestres y césped seco. La satisfacción está implícita.
Cuando el nudo baja, ambos hacen lo posible por limpiarse el desorden que han dejado entre sus cuerpos y terminar de conducir a casa. La vuelta a su hogar termina en otra ronda con la excusa de "todavía no ha terminado el día".
Cada tres días, pero si es posible tres veces al día. Ese es el razonamiento al que llegan luego de dos semanas de intentarlo y frustrarse por no poder tener sexo más de una vez, apenas dándose cuenta de lo estúpido que suena no poder hacerlo de nuevo. No necesitan consultarlo con Lee Seolhwa, sólo siguen la lógica matemática de cuanto más, mejor. Aunque el trabajo se vuelve un obstáculo algunas veces, ambos teniendo agendas apretadas en los días laborales debido a sus puestos mayoritarios, así que acuerdan poner cierto horario y sincronizar relojes. Yoo Joonghyuk se opone a ese plan tan tonto al principio, pero Kim Dokja insiste en que es la única manera de seguir con todo sin terminar más enojados cada tres días. Así que lo hacen.
El acuerdo también tiene reglas; sólo lo harán si los dos están desocupados o pueden posponer lo que sea que estén haciendo. Por supuesto, eso no evita que Dokja lance sus responsabilidades a Han Sooyoung, ignore los gritos de la molesta mujer, y salga de su oficina para ir directamente a la de Joonghyuk, encontrándolo oportunamente solo y dispuesto. Después de todo, Kim Dokja no se ha estado esforzando el doble por nada, todavía tiene que aligerar la carga de trabajo de su esposo y futuro padre de sus hijos. Lee Seolhwa había mencionado algo sobre aminorar el estrés de la persona gestante para aumentar las probabilidades de embarazo, así que es una parte esencial.
Que eso lo deje sin fuerzas al final del día es poco importante.
Dokja cierra las puertas con llave y camina hacia el escritorio mientras se afloja la corbata del cuello. El aroma de la tinta y el papel llena el lugar tanto como el la espesura de la madera de un bosque húmedo. Yoo Joonghyuk lo espera junto al mueble, quitándose la chaqueta y la desabrochándose la camisa antes de que el alfa atrape su boca y decida empujarlo sobre la mesa, tirando papeles y bolígrafos mientras le baja los pantalones con impaciencia.
Hay algo ardiente en copular con el fin de tener descendencia. Kim Dokja no sabe si es porque no debe controlar ningún impulso de correrse dentro de su esposo, o la ligereza de la falta de preocupaciones sobre traer algo no planeado, o si será la idea de poder crear algo suyo y de Joonghyuk con todo esto. Yoo Joonghyuk no parece pensarlo tampoco, simplemente tomándolo, abriendo las piernas para él y dejándolo tocar el fondo de sus entrañas, acunándolo cerca para que su esencia quede dentro, dejándolo marcarlo por dentro y por fuera cuantas veces desee.
—Tu celo... Hah... ¿Tu celo está cerca? —pregunta Dokja entre embestidas, mordiéndose los labios y hundiendo los dedos en la cintura perfecta de su compañero, empujándolo con premura sobre la mesa de trabajo mientras se hunde en él hasta tocar el fondo.
Yoo Joonghyuk jadea y se retuerce, apretando su agarre sobre el hombro de Dokja mientras sus piernas tiemblan levemente, una de ellas presionada contra el mueble y la otra sobre el hombro del alfa, abierto hasta el límite de su flexibilidad. Puede sentir cómo el miembro duro presiona la parte superior de su cavidad cada vez que vuelve a entrar, haciendo que se estremezca con placer, la longitud empujando fuera los fluidos de un orgasmo sacado sin aviso, derramándose sobre el mueble mientras continúan con el sicalípsis y volviendo rojas sus orejas. Y luego una de las manos de Kim Dokja se atreve a jugar con su pecho, haciendo que se vuelva insoportable el tener que amortiguar sus ruidos.
Kim Dokja sonríe satisfecho y empuja una vez más antes de aminorar un poco el paso.
—Joonghyuk-ah, ¿no piensas responderme? —aventura, como un bastardo, su sonrisa con colmillos delatando su malicia.
Joonghyuk tiene que morderse la lengua y mantener su cabeza en tierra a la fuerza, atinando por asentir poco después.
—Sí... Cerca... —murmura, y no sabe si se está refiriendo a su celo o a su clímax.
—Hm... Es así —tararea Dokja, cerrando los ojos y borrando parte de su sonrisa mientras cae de nuevo en el placer. Se inclina hacia adelante, doblando un poco más a Joonghyuk mientras su mano no pierde tiempo en seguir estimulando el abultado pecho del omega, que todavía luce las marcas de una sesión anterior—. Entonces... Ngh... Entonces tendremos un par de... ¡Hah...! un par de días libres...
Yoo Joonghyuk no le escucha bien en este punto, casi a nada de perder fuerza en el brazo que lo sostiene sobre la mesa. Kim Dokja lo ve y se mueve de nuevo, apartándose sólo para tomar impulso y seguir embistiendo dentro del cálido y apretado agujero hasta que puede sentirlo convulsionar suavemente. Con una estimulación extra en el exterior, ayuda a Joonghyuk a alcanzar otro orgasmo más antes de tomar el suyo, derramándose con un gemido corto.
No hay nudo esta vez, no pueden arriesgarse a ello en el trabajo, así que en su lugar, Dokja se mueve para abrir uno de los cajones y alcanzar un tapón con una bonita joya blanca al final. Joonghyuk da una mirada de ofensa y desagrado al objeto cuando llega a su vista, pero se mantiene quieto mientras Kim Dokja se aparta, deslizándose fuera de su coño con un siseo, y en su lugar lo llena con el juguete, manteniendo dentro la mayor parte de su semilla. Un rastro viscoso queda entre ambos y los fluidos de la mesa deben limpiarse antes de que alguien note algo, pero ninguno se mueve por eso de inmediato. La suavidad post-orgasmo los mantiene dóciles por un par de minutos en los que intercambian besos y Joonghyuk ronronea cuando Dokja lo abraza.
Luego de ello, se arreglan y continúan con su horas laborales.
Al llegar a casa, Yoo Joonghyuk obtiene autorización para montar a su esposo incluso si éste se queda dormido.
Naturalmente, la regla de los tres días es ignorada por los tres días que dura el periodo de calor de Yoo Joonghyuk. Sus sesiones se extienden casi al día entero, como es normal en esa etapa, casi dejando fuera de combate al alfa. Permanecen juntos y no van al trabajo, Kim Dokja hace que Han Sooyoung tome el liderazgo de la empresa mientras él se queda a cuidar de su necesitado marido.
No es que Joonghyuk requiera cuidados específicos, pero Dokja es un poco codicioso. Además de la necesidad de reproducción que inunda el cerebro omega en su estado febril, está la necesidad de cercanía constante. Kim Dokja sabe que Yoo Joonghyuk no lo admitirá ni volverá a permitirse rogar cuando vuelva a estar consciente de sí mismo, así que el alfa prefiere aprovechar escucharlo suplicar por él un par de veces en esos tres días. Por supuesto, Joonghyuk no cambia mucho de su personalidad y sus pedidos son más que nada exigencias amenazantes, pero Dokja todavía lo encuentra lo suficientemente encantador como para desear alargar el estado una y otra vez por los momentos que les quedan.
De esa forma, incluso si tiene toda la intención de volver a llenar a su compañero con su esencia hasta conseguir su objetivo, se obliga a sí mismo a retirarse de él cada vez que está en el punto. Con Yoo Joonghyuk de rodillas y con la cara pegada en el nido de sus ropas mezcladas, los dientes omega no pueden llegar a su cuello y no pueden obligarlo a anudarlo. Kim Dokja casi se sentiría culpable mientras lo escucha lloriquear por lo bajo después de ser la quinta vez en la que le ha negado sentirlo derramarse dentro, pero encuentra más placentero verlo mover las caderas y girar la cabeza y mirarlo como si quisiera asesinarlo y devorarlo al mismo tiempo. Las pestañas húmedas con lágrimas hace que quiera inclinarse y besarlo por horas.
—Dokja... —advierte el omega, con la voz ronca y jodida luego de las horas que se ha pasado gruñendo y gimiendo sin control—. Dokja, tú...
El alfa tararea, sintiéndose poco amenazado. Se encorva hacia adelante, rodeando con sus brazos el torso de su compañero y pegando su pecho a la espalda ajena. Sus dientes raspan la nuca de Joonghyuk, consiguiendo sacarle un estremecimiento, que pronto es acompañado por un gruñido amortiguado en cuanto su erección resbaladiza se desliza entre los labios del abusado coño de su compañero, tentando con adentrarse de nuevo en el húmedo canal, pero sin ir un paso más allá.
Dokja frota su rostro sobre la cicatriz en el cuello de Yoo Joonghyuk, la marca de su unión. Su cabeza zumba suavemente mientras escucha al otro hombre jadear, mientras siente su piel ardiente y sudorosa y mientras lo siente bajar la tensión de sus músculos. Joonghyuk se relaja debajo de él, arqueando la espalda y empujando sus caderas hacia atrás, buscando la fricción que cruelmente se le niega. Y es adorable, Kim Dokja quiere morderlo y hacerlo retorcerse hasta que no quede nada más del orgullo que siempre porta, hasta que sólo pueda rogar abiertamente por ser llenado por su pene e impregnado por su semen.
Aleja sus pensamientos en espiral mientras mordisquea la marca de apareamiento. Yoo Joonghyuk finalmente gime, bajo pero notorio, escondiendo su rostro en la almohada y temblando por todos lados. Kim Dokja se acomoda dentro suyo nuevamente con absoluta facilidad, exhalando con placer por la nariz cuando lo reciben paredes cálidas que se aprietan desesperadamente contra él, queriendo empujarlo al orgasmo. Su vientre se tensa, dictándole que está muy cerca de alcanzar eso, y después de horas no cree necesitar alargarlo más.
O sólo un poco. Sólo un poco más.
Soltando su mandíbula, ve el rastro de saliva que ha dejado sobre el nuevo anillo de dientes que ha impreso sobre la piel de Joonghyuk. Se inclina un poco para dejar besos sobre la oreja de su esposo.
—¿No hay algo que quieras decirme?
Yoo Joonghyuk se tensa, apretándolo un poco más con ello. Kim Dokja ahoga un gemido y presiona su frente contra la nuca de su compañero, jadeando para mantener su mente en una pieza.
—Vamos, no es tan difícil —alienta, con una sonrisa tirando de sus labios. Sus manos se mueven, apretando el pecho de Joonghyuk para sacarle otro gruñido de gusto mientras juega con sus pezones. Planta más besos por los lugares que alcanza del bonito rostro mojado del omega, y mece sus caderas con lentitud, provocando sin llegar a ninguna parte—. Sé que quieres decirlo. Joonghyuk-ah... Hyuk-ie, ¿no vas a ser bueno para mí? ¿No quieres que haga esto por ti? Porque solo lo haré si puedo escuchar que quieres que lo haga, cariño.
Casi puede escuchar la resignación de Joonghyuk en el próximo ruido bajo que deja escapar desde su garganta, excepto que suena demasiado delicioso como para pensar en una absurda resignación. Por supuesto que él también quiere decirlo, sólo que su Joonghyuk es demasiado tímido y orgulloso para rebajarse. Al menos, en su estado completamente consciente. No obstante, en este momento, con el miembro de su estúpido alfa llenando sus entrañas, habiendo sido negado a un nudo y con su cerebro lleno de la idea de ser impregnado desesperadamente, sólo puede rendirse a cualquier deseo primitivo y dejar que su boca actúe por sí sola.
Cuando Yoo Joonghyuk saca la cara de la almohada, Kim Dokja puede ver entonces sus ojos, brillantes y acuosos y con motas doradas que delatan su estado de celo. Luego esa boca perfecta comienza a usar palabras adecuadas.
—Dokja... Por favor... —balbucea, haciendo estragos con la psiquis de Kim Dokja, quien tiene que detenerse un instante para digerir lo que oye en la voz de Yoo Joonghyuk—. Por favor... Sólo córrete dentro de mí... Por favor... Adentro...
Dokja casi puede sentir cómo se corta el hilo de su cordura frente a él, y eso es suficiente para comenzar un ritmo verdaderamente frenético. A sus oídos llegan los ruidos de Joonghyuk, pero él se pierde mientras muerde de nuevo la marca del omega y se derrama en su interior.
Sólo cuando cambian de posición deja que Yoo Joonghyuk muerda su cuello y lo ayude a anudarse de una vez, y es más sencillo sacarle más palabras después de ello. Kim Dokja adora esta suavidad y responde tanto como su mente y cuerpo lo soportan antes de derrumbarse.
Un periodo de celo es realmente una cosa.
En algún punto, sus padres se enteran de sus planes de concebir. Kim Dokja está casi seguro de que el soplón ha sido Han Sooyoung, la maldita mujer que ha estado quejándose por días debido al nuevo nivel de trabajo que ha estado teniendo, como si Dokja no estuviera en las mismas. Pero ella todavía tendría un aumento de sueldo por las horas y labores extras, a diferencia de él. Sooyoung no es más que una traidora desagradecida.
Aunque, bueno, no es que esté mal el hecho de que sus padres lo sepan, pero el plan no era que lo hicieran tan pronto. Kim Dokja ha calculado cualquier riesgo en todo el tiempo que lleva con la idea de tener un hijo con Yoo Joonghyuk, y uno de los pasos a seguir era avisarle a Perséfone, Hades y Sookyung sólo después de asegurar el embarazo. Eso ahorraría la emoción prematura ante futuros nietos y ninguno de ellos tendría que haber sido arrastrado a una tienda de ropa de bebé incluso antes de siquiera saber si realmente han podido concebir uno. No hay algo intrínsecamente malo en una situación así, a menos que luego todo sea en vano. Asegurarse era primero, luego las compras felices.
—No te ves especialmente contento.
Kim Dokja suprime una mueca, sólo por respeto a su madre. Deja de fingir elegir entre las prendas diminutas en las perchas y se gira hacia la mujer a su lado. Hay una sonrisa austera en la cara de Lee Sookyung, lo que le provoca escalofríos. A pesar de eso, devuelve otra sonrisa, negándose a dejarse intimidar por los ojos escrutadores de su progenitora.
—¿Cómo sabes si estoy contento o no? —pregunta, venenoso, demasiado en guardia. Sookyung no parece afectada por ese tipo de respuesta—. ¿Qué? ¿Quieres que salte de alegría y haga una escena? "¡Ah, madre, estoy tan emocionado! ¡Finalmente serás abuela! ¡¿No es increíble?!"
—Dokja, detén las payasadas.
—Entonces, ¿puedes decirme la razón por la que pareces descontenta con mi falta de emoción? ¿Qué piensas? ¿No parezco feliz por esto?
—Estás muy a la defensiva.
Dokja cierra la boca antes de soltar el próximo comentario, y en una actitud inesperadamente dócil, incluso para sí mismo, desvía la mirada y finge otra vez estar interesado en las prendas. Se traga el mal sabor en su boca de manera ruidosa y agradece tener un parche de feromonas, porque está muy seguro de que en este instante está muy cerca de inundar el lugar con su rabia contenida. Sookyung no suspira, pero hace un movimiento con la cabeza y una micro-expresión que parece llena de resignación. Aun así, ella se recompone y vuelve a mirar a su hijo con seriedad y calma.
—Ese chico... —comienza la mujer, claramente refiriéndose a Yoo Joonghyuk. Kim Dokja chasquea la lengua, todavía molesto ante el hecho de que su madre se niegue a llamar adecuadamente a su esposo. Pero no va a crear una pelea por eso. Además, cuando la mira de vuelta, la encuentra observando a Joonghyuk, a varios metros de ellos. Y su mirada no está cargada de la desaprobación que suele mostrar para con él—. Lo cuidas mucho, Dokja.
Dokja quiere decir por supuesto, pero sólo necesita dos segundos más de silencio para encontrar las frases escondidas entre las palabras de su madre. En tan poco tiempo se da cuenta de que acaba de ser descubierto por ella, otra vez, tan fácil y patéticamente. Lee Sookyung ya ha notado que su malhumor se debe a que se ha adelantado a uno de los pasos de su plan, pero Kim Dokja se ve incapaz de darle la razón abiertamente. En su lugar, siente que la ira comienza a hervir dentro suyo, haciéndole apretar los puños y fruncir el ceño, decidiendo volver su atención hacia Yoo Joonghyuk antes de terminar explotando sin razón alguna.
—Si ya lo sabías —habla con Sookyung de todas formas—, ¿por qué no evitaste que nos trajeran hasta aquí?
Lee Sookyung sonríe, dirigiendo su mirada al mismo lugar que Dokja. Ella observa con más suavidad hacia las dos personas que parecen mucho más dispuestas a elegir conjuntos que el par de madre e hijo cargados de un ambiente tenso. Pero incluso a pesar de eso, Kim Dokja no puede evitar que la suavidad de filtre un poco más en su interior mientras ve a Perséfone, su siempre efusiva madre adoptiva, dar opiniones a diestra y siniestra hacia un Joonghyuk que, a pesar de encontrarse rígido por la incomodidad a causa de la emoción excesiva, muestra cierto interés entre cada opción. Es una imagen lo suficientemente buena como para calmar el humor desagradable que ha estado persiguiendo a Dokja desde la mañana en la que salieron de casa para ser arrastrados por todos lados sólo para desbordarse con preparaciones anticipadas.
La idea de estar agregando esperanzas a algo que no está completamente asegurado le sienta mal, y Dokja no puede evitar arrepentirse por haberse dejado arrastrar, y arrastrar consigo a Joonghyuk hasta este lugar. No sabe lo que podría pasar si todo resulta ser para nada. Quiere ahorrarle esa decepción a su esposo, pero ya es tarde. El hecho a medias de un fracaso inminente le pesa en el pecho y hace que su expresión delate un dolor sordo que no puede controlar.
De repente, siente un toque en su hombro. Palmaditas que hacen que mire a Sookyung con genuina sorpresa.
La mujer le da esta sonrisa que le revuelve el estómago, pero no está seguro de que sea asco o enojo. Y eso lo molesta más.
—Guarda esa cara —dice ella, más como una especie de orden que como el intento de animarlo que debería ser—. No querrás estresar de más a mi yerno. No quiero que mis nietos sufran percances desde antes de nacer, Dokja.
Dokja parpadea, genuinamente sorprendido por las inesperadas palabras. Abre la boca, sólo para tartamudear un par de vocales, antes de rendirse y darse la vuelta rápidamente con chasquido y las orejas rojas, decidiendo que su mejor movimiento es simplemente retirarse. Detrás de él, escucha a su madre riendo un poco, lo que lo enfurece más y lo hace caminar con más prisa.
El día continúa con un par de visitas a otras tiendas. Perséfone es la más animada, mostrando abiertamente su satisfacción ante la idea de futuros nietos. Ella no escatima en gastos, incluso si Dokja o Joonghyuk le repiten que no necesitan ese tipo ayuda financiera, la dama se excusa con la idea de que dar regalos es lo normal en una abuela. Lee Sookyung no comparte la emoción ante el título, pero permanece de su lado sólo para fastidiar un poco a su hijo y a su yerno.
Mucho más tarde, Hades también se les une, lamentándose abiertamente por no haber llegado más temprano para elegir cunas. Perséfone lo consuela diciendo que comprarán otras cosas.
Dokja da un paso al frente de inmediato.
—Creo que ha sido un día largo —dice él, con una sonrisa falsamente amable mientras empuja suavemente a Joonghyuk hacia un costado, ya planeando la mejor ruta de escape—. Podemos continuar las compras en otro momento, ¿verdad? Creo que ahora necesitamos descansar. ¿No les parece?
Con un par de excusas más, la pareja huye de inmediato de los encimosos padres de Kim Dokja. Claro, no sin antes escuchar otro lamento de parte de Hades y ver una mirada insidiosa en la cara de Sookyung, con esto último volviendo a molestar a Dokja lo suficiente como para terminar borrando cualquier sonrisa por el resto del camino a casa.
El trayecto es silencioso entre ambos, y Dokja está demasiado metido en sus propias ideas como para preguntarse la razón de la absoluta mudez de Joonghyuk. Enfurruñado hasta la médula luego de haber sido básicamente arrastrado por algo innecesario, no se da cuenta de cómo aprieta el volante o la manera en la que deja que sus feromonas inunden la cabina del auto, filtrándose a través del parche de olor que gotea en su cuello. Yoo Joonghyuk tampoco lo menciona, simplemente observando el paisaje desde la ventana, con una postura bastante relajada, extrañamente cansado como no lo ha estado desde hace tiempo.
La mudez permanece sólo hasta que el omega finalmente capta la esencia detrás del aroma a papel y tinta que llena el lugar, tensándose repentinamente cuando lo procesa, volviendo su mirada hacia su compañero. Dokja no lo mira de vuelta, más concentrado en mantener sus ojos fijos y llenos de silencioso enojo hacia la inocente luz roja de un semáforo, golpeando en compás sus dedos sobre el volante. Toda su postura delata una tensión peligrosa.
Aun así, Yoo Joonghyuk sólo puede tragar y sentir cómo sus orejas y su nuca comienzan a calentarse. Llega una mano a su rostro, cubriendo su nariz y boca mientras frunce el ceño hacia el otro hombre.
—Kim Dokja —le llama, y Dokja se gira hacia él, menos agresivo que con todo lo demás—. Tu olor está por todos lados.
La acusación toma por sorpresa al alfa, quien sólo puede abrir los ojos y llevar una mano a su cuello, sintiendo la humedad fría del parche a punto de despegarse de su piel. Su expresión se torna el doble de estupefacta, rápidamente sabiendo lo que significa que algo así suceda. Vuelve a mirar a Joonghyuk, con un desconcierto palpable.
—¿Por qué pones esa cara? —inquiere Yoo Joonghyuk, soltando un bufido y apartando la mano de su rostro. En el momento en que lo hace, más de las feromonas de su marido inundan su nariz y el calor en su cuerpo vuelve a aumentar, así que se aparta un poco, recostándose contra la puerta y evitando el contacto visual. Kim Dokja no puede descifrar la mueca que está poniendo, pero puede decir que al menos no está enojado—. Conduce. Tenemos que llegar a casa antes de que seas un desastre.
Kim Dokja asiente torpemente, sintiendo un escalofrío cuando el movimiento hace que el parche se deslice de su cuello y caiga por su espalda. Evita buscarlo, sabiendo que intentar ponérselo de vuelta será infructuoso, y sólo sigue el camino mientras traga saliva ruidosamente, rogando poder mantener la mente clara antes de que su rut lo arrastre a su molesto estado primitivo. Se concentra en otras cosas, tratando de evitar olfatear el agradable aroma del hombre que viaja a su lado, decidiendo concentrarse en pensar en cómo ha podido suceder esto; sabe que sus rutinas son irregulares, pero generalmente no llegan tan de la nada y mucho menos suelen aparecer después de pasar un celo con su compañero. Es como un acuerdo tácito con su propio cuerpo, alejarse de los días posteriores en los que Yoo Joonghyuk ha perdido la necesidad de intentar reproducirse.
Aun así, nada puede evitar la realización repentina de sus propios colmillos deseando incrustarse en el cuello de un omega. Los lame en un intento distraer su mente, llegando a percibir el sabor de su propia sangre cuando se corta la lengua por accidente, pero eso no evita que el calor continúe subiendo al resto de sí mismo con demasiada rapidez.
Yoo Joonghyuk tampoco ayuda, simplemente quedándose allí y respirando, dejando escapar sus propias feromonas como respuesta instintiva. Dokja no puede culparlo por esa reacción, conociendo el peso que conlleva ser un omega atrapado junto a un alfa en rutina en un espacio cerrado. Sin embargo, todavía se encuentra a sí mismo desesperado por pedirle que se detenga, aunque jamás podría ser capaz de abrir la boca para eso, especialmente porque no quiere hacerlo. Lo que quiere hacer, en cambio, es simplemente soltar volante, quitarse el cinturón y saltar sobre el cuerpo de su compañero, besarlo hasta dejarlo jadeando y rasgar su ropa, morder su marca de apareamiento hasta despertar su sistema y sea capaz de recibirlo.
Él no lo hace, por supuesto. Dokja mantiene el mínimo hilo de cordura, apretando la mandíbula mientras siente que la sangre baja rápidamente a su ingle. Quiere maldecir, sintiendo que también un nudo comienza a formarse en la base de su creciente erección, incluso sin la estimulación adecuada más allá del pobre roce de su propia ropa. La mera y mínima esencia a madera y hojas frescas de Joonghyuk despierta todos sus sentidos y todo su cuerpo vibra con la necesidad de atraparlo y envolverlo. Y lo odia un poco, la manera en la que todo su ser cambia a algo tan posesivo y agresivo, pero pensar en ello sólo aumenta su necesidad, conociéndose a sí mismo, sabiendo que ir en contra sólo lo despierta el doble.
Finalmente y después de lo que parece una eternidad, llegan al estacionamiento de su complejo de departamentos. Yoo Joonghyuk se mueve primero, desabrochándose el cinturón y saliendo del auto para respirar aire fresco, gruñendo ante la sensación viscosa que comienza a bajar por sus muslos por debajo de la ropa. Camina con prisas hacia el ascensor, con Kim Dokja pisándole los talones en un santiamén. Cuando entran y presiona el botón de su piso, Dokja no espera a que las puertas se cierren antes de saltar sobre el otro hombre, demasiado poco consciente como para preocuparse de que haya personas esperando el ascensor en otros pisos. Sus feromonas también se disparan, llenando el reducido espacio con el aroma a papel nuevo y tinta derramada, demasiado potente contra la nariz de Joonghyuk, quien sólo puede aspirar por la nariz mientras su boca es asaltada por una lengua demasiado esquiva que llega a cada rincón.
Las manos del alfa se aferran a la ropa ajena, manteniendo cerca a Yoo Joonghyuk cada vez que el otro hombre da un paso hacia atrás por puro reflejo. Kim Dokja deja salir un gruñido de pronto, espantando un poco a su compañero, antes de que éste mismo le devuelva el gruñido, molesto por el intento de amenaza. Sus besos pronto se vuelven más furiosos, peleando entre sí por el control, Joonghyuk perdiendo sólo debido a los colmillos que casi parten sus labios cada vez que intenta tomar la delantera. Sus instintos también lo llevan a querer someterse, pero se niega a la idea por pura terquedad. Dokja no se ve conforme con el pensamiento de tan poca recepción, pero no lo mira mal ni toma más represalias, sólo manteniendo en movimientos sus manos y su boca, besándolo a profundidad y tocando su pecho y cintura, bajando descaradamente hasta la entrepierna de Joonghyuk.
El omega gruñe de nuevo, apartando esa mano con un golpe.
—No es–
Kim Dokja finalmente se aparta y lo muerde directamente en el cuello. Yoo Joonghyuk tiene que amortiguar un sonido de dolor, que pronto se convierte en placer cuando la lengua remplaza los dientes y el alfa se sale con la suya al frotar entre sus piernas, haciéndolo empapar su ropa con sus fluidos incesantes. Joonghyuk evita un gemido y casi se desploma hacia el frente, con los muslos temblando suavemente y sus manos agarrándose a las mangas del abrigo del otro hombre para evitar caer en al piso.
Debe ser suerte, porque no se encuentran con nadie más en el ascensor ni en el pasillo para cuando llegan a su departamento. Yoo Joonghyuk debe hacer casi todo el trabajo, obligando al alfa perdido a moverse hasta la puerta, y luego se encarga también de poner la contraseña para entrar. Una vez dentro, Joonghyuk casi puede suspirar, excepto que es derribado justo después de que la entrada de cierra de nuevo.
Kim Dokja masculla algo incomprensible, cerniéndose sobre él mientras tiene a Yoo Joonghyuk atrapado boca abajo en el pasillo. Yoo Joonghyuk maldice en protesta e intenta empujarlo a un lado, sólo para sentir de pronto los brazos de Dokja aferrándose a su torso y cintura, con una fuerza y desesperación que rara vez ve en sus abrazos. Lo hace quedarse quieto, especialmente cuando el alfa se remueve encima suyo hasta llegar a su cuello, respirando pesadamente sobre su piel y luego frotando su mejilla sobre el cuello de tortuga que esconde su marca de unión. Joonghyuk suspira por lo bajo, retorciéndose un poco, más gustoso de lo que le gustaría admitir ante las repentinas y suaves caricias a esa zona sensible.
—Te quiero... —ronronea Kim Dokja de la nada, y realmente ronronea. Hay un sonido bajo escapando de su pecho, algo tan extraño, algo que Yoo Joonghyuk ha conseguido escuchar sólo en contadas ocasiones porque su estúpido alfa siempre parece sentirse dudoso hacia la idea de poder complacerlo con algo así. Joonghyuk casi se derrite mientras las vibraciones inundan su cuerpo debido a la completa cercanía—. Yoo Joonghyuk... Joonghyuk-ah... Te quiero... Yo... Hah...
Es una admisión pobre, parecida a la de un niño demasiado torpe, demasiado tímido. No es como el Dokja normal que ve todos los días, pero Joonghyuk puede notar la sinceridad en ello, puede imaginar todo lo que debe significar este tipo de palabras tontas para Kim Dokja. Hace que su estómago se revuelva agradablemente y responda al cálido y cariñoso ronroneo con lo mismo, dejando escapar su propio sonido y dejando implícito su permiso para continuar. Después de todo, incluso si es un bastardo como alfa en mitad de una de sus peores rutinas, Kim Dokja sigue amando a Yoo Joonghyuk lo suficiente como para esperar a que esté dispuesto a acompañarlo.
Yoo Joonghyuk no piensa rechazar la propuesta. Es impensable. Después de todo, los intentos de concebir todavía no se han detenido, y no puede desaprovechar la oportunidad de un Kim Dokja terriblemente dispuesto a impregnarlo, alejado de sus burlas y desesperado por marcarlo y llenarlo de su semilla.
La sola idea de volver a tener la calidez de su amante llenando su interior una vez más hace que su vientre tenga un tirón y más líquido se derrame por el interior de sus muslos. El sonido que escapa de su garganta es incentivo suficiente para Dokja, quien apenas afloja su agarre y se remueve un poco más, presionando la tienda de sus pantalones sobre la curva del trasero de su compañero, frotando varias veces y gimoteando contra la piel de Joonghyuk sólo por ese mínimo roce.
—Joonghyuk-ah... Joonghyuk... —lo llama entre suspiros, pegando sus labios al cuello cubierto del omega, salivando y gruñendo al no poder sentir su piel directamente. La frustración se filtra en su olor, y pronto mueve sus manos, estirando todas las prendas—. Quítate... Fuera...
Con el cerebro vuelto papilla por la excitación, Kim Dokja apenas puede hilar palabras, pero la sinceridad en sus balbuceos es clara. Todo lo que quiere es encajarse en Yoo Joonghyuk, marcarlo por dentro y por fuera, y no puede hacerlo mientras está vestido con tantas capas de ropa. No lo tolera, no tolera no poder ver el cuerpo tan precioso de su hermoso esposo, así que simplemente se levanta de él y comienza a estirar las prendas con demasiada vehemencia. Recibe gruñidos en protesta, pero Yoo Joonghyuk es complaciente cada vez que Dokja se inclina para besarlo en alguna parte, y pronto Kim Dokja tiene a Joonghyuk sin la parte superior de la ropa. Inmediatamente planta sus manos en el abultado pecho que se muestra ante él mientras su boca encuentra su camino al cuello del omega. Ahora con su compañero boca arriba, se acomoda entre las piernas abiertas del omega mientras mordisquea cada pieza de piel que sus labios alcancen, mientras sus dedos no pierden tiempo en comenzar a frotar los pezones oscuros hasta dejarlos erguidos.
—Hah... Me gustan... —admite entre jadeos, bajando su vista al pecho bien esculpido de Joonghyuk, dejando besos en el comienzo y siguiendo su camino hasta lamer una de las protuberancias—. Ah... Realmente quiero ver cuando se llenen de leche.
La frase terriblemente coherente toma por sorpresa a Joonghyuk, pero antes de preguntar a qué se refiere, Dokja presiona su boca directamente sobre el lugar, chupando con vigor, como si quisiera sacar algo de ali. Joonghyuk no lo aparta sólo porque el alfa pronto se mueve para desabrochar sus pantalones y meter su mano bajo su ropa interior, comenzando a juguetear entre la humedad formada, frotando su clítoris y haciendo que los fuertes muslos comiencen a temblar desde donde están colocados a los lados de su cuerpo. Yoo Joonghyuk siente su vientre apretándose, señal de un pronto clímax. Kim Dokja no se molesta en darle un respiro mientras lo escucha comenzar a gemir más fuerte, atreviéndose a aumentar el ritmo de sus dedos y a presionarse más cerca, haciendo celo al mismo tiempo contra una de las piernas del otro hombre hasta que también está gimoteando en voz baja, con desesperación, hambriento por más que esa pobre fricción.
Casi perdiendo la paciencia, Kim Dokja finalmente detiene su mano, para gran consternación y disgusto de Yoo Joonghyuk, a quien le ha negado el orgasmo que había estado construyendo en tan poco tiempo. Dokja ignora el gruñido de molestia y se mueve, apartándose apenas mientras tira de los pantalones de su esposo hacia abajo, junto con la ropa interior, casi rasgando la tela mientras varios jadeos necesitados escapan de sus labios. Joonghyuk, apiadándose de él, lo ayuda un poco al levantar las caderas y dejar que los enérgicos toques suban por sus costados una vez está completamente desnudo ante la mirada de Dokja. La sensación del piso frío es incómoda bajo su cuerpo, pero los ojos hambrientos de color oscuro con reflejos azulados hacen lo suficiente para evitar que piense en eso. Dokja tampoco lo deja esperando mucho, encorvándose para atrapar su boca, morder y chupar, mientras se encarga de sus propios pantalones.
Entre los movimientos febriles, el alfa empuja una de las piernas de su compañero mientras finalmente se deshace de la tela de su ropa interior. Su miembro salta y quiere sisear ante el aire frío que lo recibe, molesto por no estar todavía entre el calor de su amante. Se acerca más, guiándose entre las piernas abiertas para él mientras bombea su propia erección, bañándose en el exceso de líquido preseminal hasta dejar resbaladiza toda su longitud, deteniéndose en la base, donde puede tocar un nudo a medio formar. Jadea y se separa de Yoo Joonghyuk para morder el cuello del mismo, al mismo tiempo que engancha su punta hinchada en el borde caliente que intenta absorberlo incluso con ese toque inicial.
Su cabeza da vueltas, perdido en el placer sensorial de poder olfatear a Joonghyuk en el aire, su esencia impregnando sus sentidos mientras sus manos se graban la sensación de la piel caliente del hombre, haciendo que sus dedos se aprieten sobre la cintura ajena y sus colmillos anhelen hundirse en la carne del lugar más sensible en el cuello de Yoo Joonghyuk. Sus caderas se mueven por sí solas al segundo siguiente, enfundándose de una sola vez en el interior del omega, quien deja escapar un ruido de sorpresa y luego un siseo por el estiramiento repentino. Si fuera otro momento, Kim Dokja se sentiría preocupado de haberlo lastimado, pero en este instante sus oídos están llenos de algodón y su mente perdida en pensamientos incoherentes, y sólo puede gemir y sollozar por el calor agradable que envuelve su pene, moviéndose inmediatamente entre las paredes mojadas, buscando la fricción necesaria que lo empuje al clímax.
Se mueve por puro instinto, deleitándose en los sonidos entrecortados que puede sacar de la boca Joonghyuk, en la manera en la que se dobla y baja la cabeza frente a él, negándose a luchar a pesar del trato rudo. Kim Dokja no es naturalmente así, pero no puede parar; sus dedos siguen hormigueando por desear aferrarse al cuerpo ajeno, pintar marcas posesivas mientras sigue hundiéndose en el calor apretado del coño de su esooso, mientras ve cómo el omega deja caer la cabeza a un lado, con el pelo húmedo creando una cortina desordenada sobre sus ojos y enseñando su cuello para que siga marcándolo. Una de las manos de Yoo Joonghyuk sube, sólo para agarrarse de apoyo al hombro de Dokja mientras es embestido con demasiada energía. Sus piernas son fáciles de manipular, el alfa levantando una de ellas a su hombro libre mientras se inclina, obligando a su compañero a doblarse y jadear ruidosamente cuando el cambio de posición hace que la dureza en su interior toque fondo, presionando su cuello uterino con cada estocada y provocando que su mente quede casi completamente en blanco también.
Yoo Joonghyuk gime una vez más, cerrando la boca para amortiguar el sonido vergonzoso, en cuanto Kim Dokja comienza a empujar también el nudo ya hinchado entre sus pliegues húmedos. Joonghyuk se queja por el escozor, apenas preparado para el nuevo tamaño, pero no puede hacer mucho mientras el enloquecido alfa vuelve a asaltar su cuello, mordisqueando su mandíbula y agarrando su mano al mismo tiempo en una especie de toque tranquilizador, entrelazando sus dedos mientras sigue decidido a entrar en él por completo. Joonghyuk siente que quiere rendirse completamente, demasiado extasiado por la cantidad de feromonas dominantes que llegan a su nariz, que lo marean lo suficiente como para volver a bajar la cabeza, dejándole espacio a Dokja para alcanzar su nuca.
Los afilados dientes del alfa finalmente encuentran la glándula de olor de su esposo, y no tardan en encajarse en el lugar, directamente sobre la cicatriz antes hecha. Yoo Joonghyuk se queja de nuevo, retorciéndose ante el pinchazo repentino, antes de dejar salir otro gemido y un gimoteo largo en el momento en el que el nudo ya completamente hecho entra por completo en su cavidad, tapándole mientras la descarga de placer de su unión se intensifica por la mordida de Kim Dokja, haciendo que su cuerpo responda y sea lanzado a un orgasmo completamente inesperado, que deja su cabeza en blanco. El único pensamiento que sigue a ese viene con el ruido amortiguado de Dokja todavía unido a su cuello, y la manera en la que hace movimientos abortados dentro suyo, tardando sólo unos segundos en correrse también.
Joonghyuk se estremece ante la sensación cálida que nuevamente comienza a pintar su interior, olvidando por completo la sensación vulnerable de estar siendo usado y abierto, para concentrarse en el pensamiento de estar lleno de la esencia de su alfa. Gimotea sin querer, apretándose alrededor de la erección a medio terminar y del nudo que no baja, permaneciendo quieto sólo por la mordida en su cuello mientras todavía es capaz de percibir la carga que sigue derramándose en su matriz, una cantidad mucho mayor a la habitual, lo que sólo lo impulsa a un estado extraño de satisfacción. Un ronroneo involuntario se escapa desde su pecho, y finge no escucharlo.
Kim Dokja, en cambio, responde a ello con su propio sonido, mucho más complaciente y dispuesto mientras libera de una vez sus dientes. La sangre y la saliva mezcladas crean hilos desde sus colmillos hasta la herida que se ha formado, que afortunadamente no sangra mucho. Lame el lugar con delicadeza, limpiando cualquier rastro, dejando salir ruidos de disculpa cada vez que siente la tensión en los músculos de Yoo Joonghyuk debajo de él.
Un poco más racional, Dokja se aparta, no lo suficiente debido a su entrepierna todavía dolorosamente hinchada y atrapada en el interior de su marido, pero lo suficiente para buscar su rostro. Una de sus manos sube para sostenerlo del mentón, girándolo para que lo mire. El cabello desordenado de Joonghyuk cae hacia un lado cuando está frente a él, y Kim Dokja tiene que morderse la lengua para ignorar el golpe de gusto que le provoca la imagen de la expresión jodida de Yoo Joonghyuk; las pestañas llenas de lágrimas, un rastro líquido en el costado de su mejilla y el desastre de mechones pegados por el sudor, mientras los jadeos persisten, escapando de entre los labios rojos, mojados y brillantes. Las pupilas de Joonghyuk están completamente dilatadas, espantando la idea de cualquier desagrado por la situación, y si también es una señal, el resto del gran cuerpo no muestra indicios de negarse a sus toques, maleable mientras Dokja se ríe por lo bajo y se mueve apenas.
Con la mente más clara después de la primera descarga, se encuentra haciendo lo posible para compensar el anterior trato desequilibrado. Dokja no tiene suficiente espacio para alejarse, pero sí para acomodar a su esposo en una posición más cómoda. Sisea cada vez que Joonghyuk lo aprieta, sintiendo cómo el placer burbujea y le provoca el comienzo de otra erección, poco a poco volviendo a alagar su consciencia para llenarse de instintos. Hace un esfuerzo por ignorar el pedido de su mente que le insta a comenzar a mecerse dentro hasta conseguir otro orgasmo. No cree que a Joonghyuk le agrade la idea, no hasta que dejen de estar anudados, al menos.
—¿Estás bien? —pregunta entonces, con un tono que deja entrever su preocupación. Yoo Joonghyuk no le mira, optando por subir una mano a sus ojos mientras bufa. Kim Dokja teme que eso sea un rechazo, pero no busca sacar una respuesta. Se muerde los labios con incertidumbre—. Yo... Ah... Lo siento mucho, Joonghyuk-ah. No era mi intención... Dios, actué como un bastardo y sólo...
—Cállate —espeta Joonghyuk, con la voz grave y ronca. Dokja se calla, inclinándose más cerca, nervioso ante la idea del rechazo cuando sus manos tocan los costados de su esposo. Pero no encuentra nada en contra. Yoo Joonghyuk se atreve a mirarlo poco después, dejando a Kim Dokja con la cabeza dando vueltas en cuanto nota el tono rojo y avergonzado que inunda el rostro de su compañero—. No pudiste controlarlo, y no fue... tan malo.
La admisión entre dientes hace cosas con Dokja, dejándole sentir un hormigueo en el vientre, que no ayuda al desastre en su cabeza. Volviendo a seguir su instinto, se inclina y atrapa la boca de Joonghyuk en un beso casto que pronto se vuelve desordenado. Yoo Joonghyuk no le aparta, lo abraza más cerca, rodeándolo con sus brazos y piernas, empujándolo dentro en cuanto siente su dureza, sin un nudo, escapándose desde el desorden de fluidos de su interior. Kim Dokja gime con sorpresa pero obedece a la orden implícita, manteniéndose cerca.
Justo cuando está a punto de comenzar otro vaivén, el omega corta sus besos y lo mira con amenaza, tomando por sorpresa a Dokja.
—Cama, ahora —ordena Joonghyuk, lo suficientemente malhumorado como para dejar claro que no admitirá objeciones. Kim Dokja, todavía un poco aturdido por el cambio de ambiente, asiente torpemente y se aparta para ponerse de pie. Los dos suspiran con disgusto por la nueva distancia, pero Dokja no permite mucho tiempo la lejanía, decidiendo levantar a Joonghyuk entre sus brazos—. ¿Qué estás haciendo? —gruñe el omega desde su posición todavía más alta sobre su compañero.
Dokja enseña una sonrisa despreocupada.
—¿Asegurándome de que me dejes anudarte de nuevo? —bromea, escondiendo su gesto cariñoso con una excusa desagradable. Por supuesto, Yoo Joonghyuk no es tan estúpido como para caer en eso, pero de todas formas le da un golpe en la frente como castigo.
—No iba a detenerte, tonto —bufa, mientras es llevado sin más contemplaciones hasta su cuarto. Ignora la ropa que ambos están dejando en el corredor y se concentra en la manera en la que Dokja se frota contra su pecho, tarareando y ronroneando a gusto entre las marcas que ha dejado por su piel. La imagen es tierna, provocando que las orejas de Joonghyuk se sientan calientes y su lengua más suelta—. No necesitas trucos estúpidos, Dokja. Puedes...
Hacer lo que quieras conmigo, son palabras que se traga de inmediato antes de dejarlas flotar en el aire, apenas salvado del estúpido instinto de sumisión que vuelve a saltar debido a la descarga de nuevas feromonas que llena la habitación.
A pesar de las cosas no dichas, Kim Dokja no se muestra menos dispuesto a seguir con su objetivo principal. Dejando a Yoo Joonghyuk esta vez sobre el suave colchón de su cama compartida, no tarda en manipularlo hasta dejarlo boca abajo, con la nuca expuesta y las piernas abiertas para recibirlo. Ni siquiera se molesta en prestar atención a los gruñidos de advertencia que recibe por su trato.
—¿No dijiste que no me detendrías de poder anudarte? —aventura en un susurro contra el oído de su compañero, quien se retuerce y solloza levemente mientras Dokja entre en él nuevamente sin aviso previo. Se mece de adentro hacia afuera, provocando las paredes sensibles mientras una de sus manos baja y juega con el manojo de nervios mojado que obliga a Joonghyuk a retorcerse con más ganas. El alfa mordisquea la oreja de su pareja, llamando su atención mientras su tono se vuelve menos asertivo—. Joonghyuk... Joonghyuk-ah... Hyuk-ie, ¿no me lo dijiste? ¿Entonces puedo hacerlo? No te retractes ahora. Joonghyuk...
Yoo Joonghyuk siente que no puede comprender los balbuceos del estúpido alfa, que a pesar de estar suplicando tan patéticamente, todavía no ha detenido sus embestidas, aumentando el ritmo y volviendo a su intento de insertar la hinchazón formada en la base de su estúpidamente grande pene. Sus palabras no van de acuerdo a sus acciones, pero Joonghyuk tampoco es alguien para mencionarlo, perdiendo con demasiada rapidez el resto de su sentido del orgullo para simplemente bajarse y ofrecerse al otro hombre.
Kim Dokja parece especialmente contento por ello y sólo opta por besarlo desesperadamente antes de aumentar la velocidad y terminar por acoplarse de nuevo, llenando una vez más las entrañas de su adorado esposo, perdiéndose de cualquier otra idea por el resto de horas que le seguirán a su rut. Repite las acciones hasta que el propio vientre duro de Yoo Joonghyuk se tensa y enseña una curva debido a la cantidad de semen que lo inunda, casi pareciendo finalmente embarazado de su hijo.
El pensamiento sólo los empuja a ambos a continuar hasta que acabe el ciclo.
—Lo siento.
Las palabras no son más que una burda repetición a las mismas que ha soltado en la última media hora, pero Kim Dokja espera que su sinceridad quede clara. Incluso si no hay un arrepentimiento real por las acciones ocasionadas que lo hayan llevado a tener que ponerse de rodillas sobre la alfombra de su sala y bajando la cabeza ante un Yoo Joonghyuk bastante malhumorado, que sigue mirándolo desde arriba con el odio profundo que sólo podría ser explicado con la cantidad de marcas sobre casi cada parte de su cuerpo, todavía se siente lo suficientemente culpable como para intentar arreglar las cosas cosas que ha provocado en mitad de su delirio febril que apenas ha terminado hace algunas horas.
A pesar de esos mismos intentos, el gran omega no se ve más apaciguado. Sus gruesas cejas siguen en ese arco arrugado, sus ojos centelleantes en una tranquila furia y su postura de brazos y piernas cruzadas delatan que no se ha ablandado ni un poco después de las incesantes súplicas de su marido. Lo que es entendible si ambos rememoran los sucesos que provocaron la rutina inesperada del alfa.
Kim Dokja se muerde los labios, soportando las ganas de simplemente bajar más la cabeza, arrastrarse y frotarse patéticamente contra cualquier mínima parte de Yoo Joonghyuk mientras ruega su perdón. Si hace algo así podría enfadarlo más, así que sólo atina a mantenerse quieto, dejando salir el ligero aroma a hojas añejas de una biblioteca abandonada. Se siente abandonado, sinceramente, pero todavía está ahogándose en culpa por haber marcado tanto a su pobre esposo, así que lo que sienta queda en segundo plano.
—No fue... a propósito —dice, con tanta firmeza como puede reunir. Siente sus orejas calientes cuando evoca sus agresivas acciones sobre el precioso cuerpo de su compañero. Hace el esfuerzo de no mirar de más las marcas que han quedado por ello, y se aclara la garganta—. Sólo fue instinto, lo sabes, ¿verdad? Yo nunca... Joonghyuk-ah...
—Eres muy audaz al sacar suposiciones por ti mismo —gruñe Yoo Joonghyuk, deteniendo cualquier futura excusa de Kim Dokja. Dokja lo mira a la cara, nervioso, y si este bastardo tuviera orejas, Joonghyuk las vería caer contra su cabeza. Pero el olor que suelta (demasiado tenue para ser notado por cualquiera, excepto por Joonghyuk) es suficiente para dejar clara su extraña sinceridad con respecto a las disculpas—. Kim Dokja...
—La próxima vez estaré preparado —interrumpe Dokja, apresurado y con las palabras casi atascadas. Se ve desesperado. Es sencillamente adorable de esa manera, incluso más que cuando pide perdón. Joonghyuk siente que pierde resistencia, suavizado por un Kim Dokja demasiado aterrado ante la idea de las consecuencias de sus acciones inesperadas—. No dejaré que suceda. Esta vez simplemente me tomó por sorpresa y no pude controlarme lo suficiente, lo que no es muy difícil de entender ya que estabas conmigo y yo... Es decir, es natural. Pero arrastrarte a ello fue demasiado imprudente y...
—Kim Dokja, cállate.
El alfa obedece, cerrando de golpe la boca, todavía manteniendo la docilidad nada común. Yoo Joonghyuk siente el borde de sus labios formando una sonrisa, lo que no pasa desapercibido por Kim Dokja, pero éste no parece enojado por su reacción. Los ojos de Dokja brillan esperanzados.
Joonghyuk desvía la vista y tararea, pensativo. Cuando cierra los ojos por un momento, siente más de lo que le gustaría las marcas de dientes y dedos en sus brazos, pecho y cintura, todas ardiendo bajo la tela de su camiseta, lo que le provoca una mueca involuntaria. Sin embargo, no puede decir que el recuerdo de los momentos en los que las consiguió sea desagradable.
Sus muslos se aprietan por reflejo y siente allí también el escozor de un par de mordidas y rasguños, bajando por su piel hasta su entrepierna. Dios, todo realmente duele. Casi no recuerda la última vez que ha tenido consecuencias de este nivel después de pasar un periodo de rut con Kim Dokja.
Una parte de su mente todavía está satisfecha. Esa parte va ganando mientras vuelve a mirar la expresión patética de su marido, de rodillas por él.
Yoo Joonghyuk entrecierra los ojos y aprieta uno de sus puños. Abre la boca con lentitud.
—... La próxima vez —comienza, teniendo de inmediato toda la atención de Kim Dokja—, te pondré un maldito bozal.
Dokja parpadea. Joonghyuk escoge ese momento para levantarse y caminar, con pasos ligeramente doloridos, hacia la cocina para preparar el desayuno.
Kim Dokja se queda otro momento allí, procesando las palabras con lentitud. En cuanto lo tiene, su rostro se ilumina. Se pone de pie a toda prisa, tropezando debido a la falta de circulación en sus piernas, y corre por el mismo camino que su compañero, llamándolo cariñosamente.
—¿Esto significa que admites una próxima vez? Oh, Hyuk-ah...
—Cállate. Te mataré.
—Cruel. Entonces tendrías que criar solo a nuestros hijos.
—Me las arreglaré mientras no tenga que escucharte.
—Qué encantador.
La declaración es tan natural en este punto. Dokja sólo puede volver a pensar en lo agradable que se siente su presente y lo sencillo que se ve su futuro. Después de todo, siempre que siga teniendo a Joonghyuk, todo se vuelve llevadero.
