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Un Amor imperial: Extras.

Summary:

Quiero publicar por separado los extras, ya que serán en un tiempo diferente al fanfic y no son tan relevantes para el avance de la trama, principalmente serán de los encuentros íntimos entre Lan XiChen y Meng Yao.

Chapter 1: El regalo de los hermanos Wen.

Chapter Text

El imperio Wen mandó un regalo al omega más renombrado de Gusu Lan, el esposo del líder XiChen y futura madre del futuro heredero Lan.

— ¿Tienes una idea de lo que pueda ser? — Pregunta XiChen mirando la enorme caja de madera que sus servidores llevaron al interior de su dormitorio compartido.

— Solo escribieron que sería algo para mi comodidad…— Respondió el castaño junto a su esposo si dejar de ver aquel regalo.

XiChen respondió con un “Hmm” pensativo analizando el sello de la caja, preguntó si podía abrirlo y Meng Yao asintió. Ya no era sorpresa para el menor la fuerza de su esposo, con poner sus dedos entre las uniones de madera y como si fuera un chasquido, separa las esquinas. Apartó a su omega para que cayera la madera dejando ver una silla muy diferente a lo que ellos estaban acostumbrados. A los ojos del omega parecía ser un trono que podía trasladarse y modesto por lo mismo. Los cojines eran rojos, quizás para recordarle a la pareja de Gusu que los Wen fueron quienes escogieron semejante artículo.

Se trataba de una silla de la realeza proveniente del occidente, un respaldo ostentoso donde se extendía el terciopelo carmín y al igual que los brazos de la misma. Meng Yao no era exigente en obsequios, y el bañado de oro del presente podría haberlos liberado de la miseria del burdel si se lo hubieran otorgado años atrás.

XiChen examinó la silla, llegó a tocarla, incluso la cargó quitándola de la madera para que sus servidores retiraran los grandes tablones de madera, por supuesto, el peso de estas no se comparaba con el peso de la silla.

Definitivamente resaltaba entre la blancura y turquesa del cuarto. El alpha acomodó el obsequio en un punto distante a los pocos muebles del cuarto. La caja venía con una carta, la cual el castaño leyó.

“Esperamos que pueda brindarle comodidad en esta maravillosa etapa.”

El omega con un ligero rubor acarició la parte baja de su vientre, ya estaba iniciando su tercer mes de embarazo, todavía no se notaba tanto.

— A-Yao. — Llamó el primer jade ofreciendo el asiento a su pequeño esposo y Meng Yao tragó para después hacerle caso. — ¿cómo lo sientes? — pregunta permaneciendo a un lado.

El joven omega tomó las reposaderas y bajó su cadera, sorprendido por la suavidad del cojín terminó por dejar todo su peso, la suavidad llegaba hasta su cabeza y sobraba un poco más del terciopelo.

— Es definitivamente más cómodo que sentarme en una junta diplomática. — Confesó entre risas. — Ojalá pudiera llevarla a todo lugar.

— Sabes que soy capaz de hacerlo. — XiChen lo acompaño al reír.

El alpha se encorva y toma la mano de su amado para depositar un beso en el dorso.

— Oh, mi A-Huan, no es necesario, no me gustaría tener todas las miradas. — Respondió mirándolo con cariño.

XiChen de arrodiló delante de su omega y levanta la mirada para encontrarse con la de su amado. De pronto, sus orejas se tiñen.

Agradeció ese regalo.

Soltó la mano de su amado para posar las suyas en las rodillas más pequeñas, no apartó la mirada y sus comisuras seguían elevadas, inclina su torso lentamente hacia delante.

El menor lo observaba expectante hasta que sus rodillas comenzaban a ser separadas de manera pausada, entonces Meng Yao abre grande su boca y ojos entendiendo a lo que quería llegar. Fue poco antes de su matrimonio que su esposo despertó una criatura totalmente ajena a las reglas de Gusu.

— A-Huan…— Lo llamó suavemente posando su diestra en el mencionado comenzando a sentir calor en el rostro, el omega comenzó a adquirir un color rojizo.

— Mi omega… mi emperador, conquistador de mi ser. — El Lan inclinó su rostro hasta frotar su mejilla contra el muslo contrario, tal acto estremeció por completo al omega gestante.

Su condición no era precisamente un impedimento, pues ya habían realizado el acto cada tercera noche, y justamente esta era la tercera.

Meng Yao no pudo resistirse frente al alpha tierno y romántico, su espalda estaba recta y presionando contra el espaldar, su otra mano estaba aferrada al brazo de la silla y XiChen no se detenía. Sus labios estuvieron casi en su ingle y esos orbes marrones lo tenían hechizado. La velocidad en la que el pecho del menor subía y bajaba aumentaba mientras que de sus labios escapaban quejidos, su entrepierna estaba reaccionando.

Una tímida protuberancia sobresale de las túnicas frente a XiChen quien lo aprecia como un logro, no lo compartían con palabras, pero sí con acciones. El Lan presionó sus labios contra aquella cabeza dando también un apretón de esos delgados muslos, Meng Yao esconde su rostro entre sus manos empezando a gemir por esa travesura.

— A-Huan… ¿cómo es posible… que pensaras en algo como esto? — Preguntó el omega quien tuvo los ojos cerrados hasta hacer la pregunta.

— ¿Hum? Oh, A-Yao. — Con los ojos puestos en su esposo, esta vez usó la punta de su nariz para juguetear. — Solo le estoy dando uso a esta silla…— Usó su diestra para alzar la túnica mientras hablaba. — Te veías tan hermoso y glorioso aquí, donde mereces estar. — Su palma ya sujetaba la parte superior de su muslo, ahora en busca del listón que sujetaba sus pantalones, pero Meng Yao actuó interrumpiendo a XiChen.

Tomó los hombros del mayor para detenerlo y levantarse, fue un acto rápido para no perder ante su excitación. Después, se levanta de la silla apresurado y aprovechando el desconcierto de XiChen lo empuja tirándolo a la silla. El Lan cae de sentón sobre el cojín aterciopelado, en cuanto Meng Yao, respiraba con esfuerzo parado frente a él, un poco despeinado por lo reciente y con la piel ruborizada. XiChen parpadeaba expectante, ahora han intercambiado posiciones.

Una vez Meng Yao recupera el aliento pudo apreciar la elegancia de su esposo colocado en su obsequio, de hecho, esa silla parecía haber sido creada para él, un hombre alto, bien formado y no para un joven que tenía que estar de puntillas para que sus pies no colgaran.

Los orbes dorados, tal y como el oro que recubría la silla, recorrían de pies a cabeza al alpha hasta que éste lo jaló de brazo sentándolo en su regazo, claro, sin ser brusco, era consciente del fruto de su amor que cargaba su omega.

— Hum, la verdad, creo que tú te ves mejor aquí, A-Yao. — Dijo cerca de su rostro con una sonrisa rodeando su cintura y la otra mano regresó a su muslo, la erección del omega bajó un poco, pero XiChen se encargaría de avivar la pasión. El castaño gime y el aplha aprovechó para plantar sus labios en los contrarios.

Fue un beso precipitado, su lengua ya estaba reclamando la de su amado. A pesar de haberlo hecho unas noches atrás, la intensidad sobrepasaba por poco su última noche de pasión, quizás un nuevo elemento enriquecía la travesura.

Meng Yao tiraba de las túnicas de su esposo y sus piernas inquietas se retorcían sobre el regazo, ocasionando un estímulo en el Lan que fue dándose a notar debajo de la intimidad del omega, este se aparta del beso para dar un fuerte quejido pero XiChen vuelve a reclamar su boca pasando ahora su mano al pecho contrario, apretó un pectoral más suave que firme y la mano intrusa se escabulle para comenzar a bajar la tela.

Meng Yao sucumbe ante el trato, sin saber cómo reaccionar o corresponder, además, la posición fue complicada, un poco incomoda para él, pero al tener un espacio reducido acercaba más sus cuerpos.

XiChen baja los labios hasta el dulce cuello, las manos se encargaban con urgencia en descubrir el tierno cuerpo de su omega dejando que la tela de los hombros cayera hasta su cintura y baja de una vez el pantalón. Ahora, teniendo a su amado parcialmente expuesto, lo acomoda en su regazo, colocando cada muslo del omega a cada lado de su cuerpo, una posición que ya habían probado antes en la cama, XiChen estaba ansioso de probarlo con la novedad del regalo.

Meng Yao, fuera de los movimientos involuntarios por la sobre estimulación de sus caricias y besos, no se esforzaba en provocar a XiChen, su simple ser era suficiente para excitar a su alpha, la erección bajo sus túnicas tocaba aquel delicado punto haciendo que el omega exhalara gemidos de su inquieta boca. Se aferraba de su cuello mientras sus corvas reposaban en el cojín de los brazos de la silla. Restringiendo los movimientos del omega.

Intercambiaron miradas sin palabras, la mirada lasciva de uno y la vulnerable del otro podrían ser admiradas por el resto del día, de no ser por tener un asunto por atender debajo de las túnicas. XiChen volvió a atacar su boca, esta vez de manera moderada, besos sin profundizar y largos, dando oportunidad al castaño de admirar a su esposo, quien por cierto, seguía con sus túnicas externas puestas. El alpha se da cuenta de ello y con los mismos ojos deseosos preguntó quien sería el que lo desvestiría, sin embargo, dada la posición no sería muy sencillo, así que él mismo baja sus propias vetimentas exponiendo parte de sus pectorales y hombros.

— ¿Así esta bien? — La cercanía apenas permitía responder. Meng Yao muerde sus propios labios, era imposible ignorar esa muestra escultural frente a él y a su disposición. Mientras se perdía en su cuerpo, XiChen lleva sus manos para sostener las caderas del menor, con una pudo cargar todo el cuerpo de su amado mientras que con la otra hurgaba en las telas de su cadera. En eso, aprovechó tener a su omega un poco más alto y depositó un beso en su pecho, luego otro, y otro hasta llegar a uno de sus exquisitos pezones. Meng Yao soltó un gemido bastante sonoro y enrolló sus dedos en la melena de Xichen jalando, pero eso no lo detuvo en degustar, en especial en esa etapa, donde podía succionar un nuevo sabor que excretaba su omega.

— Esposo… esposo… Ah... — Su voz escapaba de forma cortada, todavía no estaba dentro y el placer era inmensurable. — E-estoy… es muy sensible. — Rogaba por piedad, pero el calor de esa lengua jugando con sus botones era maravilloso, sus piernas seguían retorciéndose, y cuando XiChen succionaba tiraba más fuerte de su cabello, sus gemidos se convertían en grito obscenos.

XiChen lo liberó lamiendo sus labios por cualquier resto de sabor dejado en estos.

— Delicioso, A-Yao… espero que cuando sea más abundante, me permitas probarlo mejor. — Aquel alpha ya no era el ejemplar y gentil anfitrión diplomático, esa mirada lo devoraba

Resultó que, el miembro ya estaba desnudo, erguido, rígido y listo, debajo de la suplicante intimidad del omega. Fue un gran placer para el alpha sentir en la punta, que su omega ya estaba escurriendo por la previa excitación. Meng Yao al sentirlo casi asiente, sus instintos eran traicioneros.

— A-Huan… el bebé. — Se aferró a los hombros del alpha.

— Esta bien… todavía es pequeño como para comprometer su salud. — Respondió pegando el costado de su rostro en el cuello de su omega, seguía sosteniéndolo en lo alto y para endulzar el hambre que tenía de unirse a su pareja, depositó besos en su cuello, fue momento de bajar.

— A-Gh— Meng Yao incrusta sus uñas al sentir su intimidad abrirle paso. No importaba cuantas veces lo hicieran, el grosor era bastante para un cuerpo como el del castaño. XiChen apretó la carne de su glúteo y soltó su propio miembro para apretar el otro mientras lo bajaba. El omega abrazó por el cuello a XiChen quedado finalmente a la misma altura. Otro gemido salió cuando lo tuvo completamente dentro.

— Ugh. — Sus manos ahora arañaban los amplios omoplatos, apretaba sus dientes frunciendo el ceño, hebras claras y rebeldes cayeron frente al rostro. XiChen, maravillado por aquel semblante cedió a su boca. Fue momento de comenzar con los movimientos.

— A-Yao… relájate un poco…— Pidió el alpha cerrando un ojo y con un rictus en sus labios.

— ¡Nn!... ah…— El menor afloja su agarre bajando sus hombros y alza su rostro, intentando no pensar en nada más, su respiración entrecortada se regula después de un suspiro. Entonces XiChen lo sube con paciencia para bajarlo con rapidez.

La acción provocó otro grito del castaño, casi pierde el equilibrio llevando su peso hacia atrás, XiChen rápidamente lo atrapa por la espalda con su diestra y ese accidente paraliza a ambos. El cuerpo de Meng Yao tembló jurando que tocó el cielo, XiChen estuvo cerca de correrse.

— A-Yao…— Aprieta sus dientes, teniendo a su omega en ese ángulo frotaba sus genitales, provocando una mayor satisfacción.

— Ah… querido, mi amor. — Sus piernas seguían inseguras, apoyó con un brazo su peso sobre la rodilla de su alpha.

— Hah…— Xichen suspiró embelesado por el llamado de su amado. — A-Yao… si permaneces de esta forma… estas- — las yemas de sus dedos presionaron con más fuerza la tersa espalda del menor. Meng Yao también sentía lo profundo que estaba y el roce del par de órganos contra sus glúteos, lo adoraba.

Con la mirada perdida, el omega aferra la otra mano al hombro de su alpha para tomar las riendas del momento. Encaja sus uñas en la rodilla y hombro para comenzar a menear sus caderas hacia delante y atrás, arrancando un ronco gemido de su amado.

— Guh…— XiChen apretó con su palma el pequeño y redondo glúteo, su otra mano en la espalda contraria sube al pequeño hombro del omega. Los gemidos del castaño se volvían agudos mientras más alzaba la voz, los del alpha eran gruñidos desde las profundidades de su garganta.

XiChen quería abrazarlo, pero la imagen que tenía frente a sus ojos y entre manos era esplendorosa, el pecho de Meng Yao estirado con sus dulces pezones erectos al aire, los gestos en su rostro mostrando cómo disfrutaba la unión, cómo ese delgado cuerpo se restregaba contra el suyo y la encantadora erección rebotando entre ambos. No imaginó que esa posición lo llevaría tan pronto a culminar.

— A-Yao… ¡! — XiChen pega su espalda en el respaldo, levanta el cuerpo del menor para bajarlo en una sola intención y el sonido de ambos cuerpos chocar junto con otro grito anunció la corrida de ambos. XiChen se expulsaba dentro formando el nudo y Meng Yao apretaba tiritando.

Al cabo de un minuto, el omega tras liberarse fue atraído al confortable cuerpo de su alfa en un abrazo, no tuvo fuerzas para sostenerse por sí mismo. Tanto Meng Yao como XiChen recuperaban el aliento, el cuerpo del castaño encajaba perfectamente en el torso marcado del Lan.

— Estoy seguro de… que los Wen no lo enviaron con esta intención…— Mencionó el omega exhalando. Se escuchó la risa de XiChen quien acariciaba su espalda.

— Concuerdo… — Claramente no mencionaría nada de eso a los hermanos Wen.

Meng Yao comenzó a quejarse de su posición, si bien era flexible, no quitaba que pudiera sufrir de calambres, XiChen al entenderlo, subió el cuerpo de su amado sacado con eso su miembro, que por el tamaño cae con su propio peso sobre las túnicas que todavía seguían cubriendo sus piernas.

— Oh. — Meng Yao volvió a temblar, y al querer evitar soltar la abundante semilla de su esposo, termina por desbordarse sobre el miembro y parte de sus tunica.

— Tranquilo cariño. — XiChen lo acomoda sentándolo nuevamente en su regazo y miembro, poniendo las piernas del omega juntas y hacia un lado.

— Querido… si no me limpio puede ensuciarse el obsequio. — Respondió el castaño con ambos puños contra el pecho contrario.

— Si se ensucia entonces yo lo limpiaré, después de todo, yo soy el causante. — Aclaró el líder Lan acariciando el cabello claro de su esposo quien lo observó con una muy discreta muestra de desaprobación y XiChen rió más. — ¿Quieres saber cómo podemos ensuciarlo de verdad? — Preguntó con una malicia provocativa y hambrienta, dejando mudo y más rojo a su omega.

*

— Si quieres que me detenga, A-Yao, solo pídelo. — Avisó el Lan inclinándose sobre su esposo.

Meng Yao estaba sobre el cojín de la silla de rodillas y su pecho contra el respaldo suave. Sus túnica interiores colgaban en su cintura, XiChen estaba detrás de él, únicamente con su delgada túnica interna colgando de sus fuertes brazos flexionados, ambos a medio vestir pero seguían dando una imagen erótica.

Después de haber estimulado nuevamente y admirar el pobre agujero goteante de su omega presiona la cabeza de su miembro contra este.

— Nnn… A-Huan…— Cerró los ojos el castaño, puso un poco de resistencia hasta que XiChen tomó su miembro y con ello suavizó su interior dejando ingresar nuevamente a su alpha.

— A-Yao… ¿Pasa algo?— Cuestionó XiChen. Era únicamente en su intimidad donde XiChen mostraba ese lado, a veces infantil y travieso, claramente a ambos les gustaba, era romántico pero en estas situaciones, eran juegos que XiChen sabía que siempre ganaría. El alpha lo tenía por sus caderas moviéndolo hacia él, llenándolo completamente y después alejándolo sacándolo a más de la mitad. Meng Yao no podía contestar en estas condiciones.

Para torturar a su linda peonia XiChen toma el miembro de su omega, presiona la punta con su pulgar, el castaño al sentirlo quiso apartarlo pero XiChen embistió su cuerpo pegándolo más al respaldo, el omega tuvo que sostenerse de la silla para no caer.

— Mi A-Yao… ¿no querrás ensuciar tan valioso regalo, o sí? — El alpha se agacha para susurrarle al oído y Meng Yao baja la mirada al cojín donde estaban sus rodillas, había líquido resbalando por sus muslos, todavía no llegaba a manchar. — Yo me voy a correr dentro de ti otra vez… — Continuó moviéndose lentamente, el omega con oírlo se debilita, sus ojos brillaron y sus labios temblaron, XiChen al notar ese placer extra ensanchó su grosor, el deseo fue mutuo. — Eso te encanta, ¿verdad? — Volvió a susurrar bajando su boca hasta su cuello. — Volveré a hacerlo en tu interior, pero tú, ¿Mi A-Yao? — Con su diestra estimulaba el miembro del omega, mientras que la otra seguía aferrada a su cadera, ayudándolo a sostenerlo contra sus golpes. Por supuesto que con eso, el omega no podía responder claramente, parecía que balbuceaba ante las poderosas penetraciones.

XiChen permanecía encorvado, cubriendo completamente el cuerpo más pequeño, tuvo que alzar más las caderas de su esposo para llegar más profundo y al mismo tiempo su boca succionaba el cuello marcado de su omega quien quiso gritar.

De pronto el cuerpo del omega se encontraba víctima de los movimientos bruscos que provocaba su alpha hundiendo su rostro contra el respaldar aterciopelado, desconoció cuanto tiempo duró antes de terminar por correrse, bien pudo sentir como se expandía su interior por la nueva descarga de XiChen.

Perdiendo la fuerza de sus músculos fue atrapado por los grades y fueres brazos de su esposo. XiChen atrae a su amado todavía dentro de él y lo llevó a la cama, antes tuvo que colocar un pañuelo sobre esta para recostar a su omega sobre el pañuelo y que no ensuciaran más. Salió de su adorado castaño quien tembló débilmente, y el alpha observó con detenimiento cómo escurría su esencia, esta vez no importaba ya que tenían al bebé en camino.

Meng Yao respiraba, todavía con los restos del deseo y lujuria que lo inundó, el Lan vuelve a colocarse sobre él para acariciarlo y besar su mejilla.

— Lo hiciste asombroso, A-Yao, como siempre. — Si fuera por el Lan, aguantaría un par de rondas más, pero su pequeño ya no estaba a su disposición, tampoco quería provocar algún accidente para él y su futuro hijo o hija.

Meng Yao solo quería dormir y así lo hizo.

*

Despertó en la cama con batas limpias y cubierto por sábanas, XiChen se encargó de los estragos de su travesura. Como normalmente es, después de una noche de pasión, XiChen estaba fuera de la cama, esta vez caminando de un lado al otro. El regalo de los Wen no se encontraba en la habitación.

— A-Yao, ¿cómo te encuentras? — Fue XiChen al sentarse en la cama junto al regazo de su omega.

— Oh…— El omega se movió recordando que fue llenado, pero nada escurrió, sopla ligeramente, al parecer XiChen también se había encargado de eso, lo cual lo ruborizó. — Estoy bien… — respondió sin ver a su alpha, todavía apenado por el desenlace. — Um, A-Huan ¿dónde… dónde quedó el obsequio? — Recordó aquello buscando por el cuarto con la mirada.

— Ah, oh A-Yao… hicimos un desastre y o mandé a limpiar. — Contestó arqueando las cejas.

— ¿¡Cómo!? — Exclamó el omega llevando sus manos a su pecho.

XiChen se apresuró a aclarar que era una broma agitando sus manos sonriendo.

 

— Tranquilo, amor, no sucedió nada, esta limpia. — Colocó su mano sobre su hombro. — Decidí moverlo a un lugar más adecuado.

Meng Yao suspiró relajando sus hombros, entrecerró sus ojos hacia su esposo XiChen quien vuelve a reír.

— ¿Puedes moverte? Voy a mostrarte dónde lo coloqué. — Preguntó sonriente mientras acariciaba el delgado muslo de su omega.

Meng Yao asintió, solo era un poco de molestia en su parte baja pero no se comparaba a la vez en la que estuvieron en celo. XiChen lo toma de la mano para ayudarlo a salir de la cama y llevarlo fuera del dormitorio. Tenían más de 3 meses de matrimonio, ambos caminaban con gracia, una elegancia pulcra, estaban hechos el uno para el otro.

XiChen lo guía a la sala principal de la secta Lan, donde tuvieron la primera reunión con su familia y los Jiang, donde reciben clanes invitados, y por último pero no menos importante, donde se llevan a cabo la toma de decisiones y reconocimientos en su territorio. Ahí, Meng Yao fijó su vista al punto central sobre el asiento del líder del clan, estaba sobre una modesta tarima cubierta por un gran tapate, pero junto al asiento estaba su obsequio por parte de los Wen, la silla occidental. Además, el asiento, ahora perteneciente a Lan Xichen, tuvo unas modificaciones para que ambos lugares combinaran como la pareja que eran. El asiento de Meng Yao tenía unas telas claras colgando y el trono de XiChen añadió cojines carmesí aterciopeladas.

— Me tomé la libertad de colocarlo a mi lado, así podrás estar cómodo en las juntas de la secta, o si prefieres, podemos moverlo nuevamente a nuestro dormitorio. — Explicó XiChen teniendo a su omega de la mano.

Meng Yao, medio boquiabierto, parpadeó para voltear a verlo. De no estar embarazado se hubiese lanzado a abrazarlo, en cambio, tiró un poco de XiChen para abrazarlo sobre sus hombros. XiChen siempre lo trataba con respeto y reconocimiento, era imposible no amarlo.

— A-Huan…— Habló en el abrazo, su mandíbula estaba cerca de su oído. — Me temo que sí tendremos que moverlo en ocasiones a nuestro dormitorio, amor. — Añadió con un tono más juguetón y cerca, casi sus labios tocaron su lóbulo.

XiChen estremeció ante la indirecta, ahora ya no sabía si debía regresar la silla en este preciso momento.