Chapter Text
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Los padres de Mimi y Koo siempre dejaron que experimenten por sí solos con sus cuerpos, simplemente les dijeron que sería mejor si lo hicieran en algún lugar privado como lo es su casa o su habitación.
Es por eso que era normal ver a Koo jugando con su coño distraídamente mientras veía una película en la sala de estar, o Mimi metiéndose un dedo a su agujero cuando hacía los deberes de la escuela.
Siempre tienen el coño húmedo, desesperado por atención.
Sus padres siempre sonríen orgullosos al verlos jugar con ellos mismos, algunas veces los han atrapado jugando con el coño del otro.
Incluso cuando crecieron y llegaron a la edad de 11 años, tanto Mimi como Koo podían andar desnudos por toda la casa, tetas pequeñas rebotando de aquí por allá, líquido corriendo por sus muslos desde su coño.
Los padres de ambos salieron de viaje este fin de semana, por lo que alguien debía cuidar de ellos al ser tan pequeños aún, incluso si tienen a su perro guardián, debía haber algún adulto a su cargo, y quien mejor que su propio viejo abuelo.
Mimi y Koo adorando a su abuelito, aquel hombre de cabello blanco y panza redonda, que huele fuertemente a ajos. Siempre les regala algún billete de gran valor si alguno le deja echar un vistazo rápido a su coño menor de edad, por supuesto, eso sus padres no lo saben.
“Pórtense bien” su padre dice, dejando besos en las mejillas de sus hijos.
Sonríen angelicalmente, asintiendo.
“Háganle caso al abuelo, sean obedientes” ahora es su madre.
El hombre llegaría en un momento después debido a que se había atrasado una de sus citas médicas, entonces tenían un rato para ellos solos.
Sus padres se van con una sonrisa en los labios, confinados en que sus pequeños se quedarían en las mejores manos que podían.
Koo silva algo triste, iba a extrañarlos. Al igual que Mimi, que tuerce el gesto.
Deciden ir a la sala de estar a mirar alguna película, y como de costumbre, comienzan a sentir algún hormigueo en sus coñitos, primero es Mimi quien se quita la ropa, sus calzones levemente húmedos de jugo de coño, se toca distraídamente el clítoris, chupando su dedo gordo.
Le sigue Koo, quien tantea su entrada, llevándose los dedos a la boca para probar su sabor.
Escuchan las garras de Bam sonar contra el piso, el perro siente el olor de coño de perra caliente, olfateando al aire. Lame los muslos de Mimi, queriendo llegar hasta donde quería.
El chico abre las piernas, exponiendo su coño a su perro, quien no tarda el comenzar a lamer y lamer con hambre, Mimi rápidamente gime de gusto.
“Mmm, Bamie” se muerde los labios, apretando sus pequeños pezones.
“Oh, Mimi” Koo abre sus ojos “la cosita de Bam ha salido”
“Chúpasela, Koo, pobrecito de nuestro Bamie”
Koo asiente, yéndose al suelo, tomando la polla roja de su perro para meterla a su boca, sabía justo como recordaba. El perro empuja sus caderas ante tal sensación, queriendo follarse la boca de su amo.
“Koo, deja que Bamie meta su cosita a mi vaginita”
Asintió, ayudando a su perrito a ponerse en posición para penetrar a su hermano, él mismo guió aquel palo de carne hasta la entrada goteante de Mimi.
Aulló con fuerza por el coño caliente que lo abraza, Mimi grita por recibir esa polla enorme comparada con su coño adolescente. Koo frota el clítoris de su gemelo, besándose suciamente.
“Koo… se siente… muy rico” rodó los ojos, extasiado “Bamie que rico lo haces” gimió con agudeza.
Koo sonrió de orgullo al ver a su hermano perdido en el placer, siendo follado de manera animal.
Bam no paró de follar a Mimi, incluso cuando el se corrió y chorreó sobre su polla de perrito. Ladró un par de veces hasta que su bola se hinchó en el coño de Mimi, llenándolo de leche, haciendo que su panza creciera.
“¿Pero qué sucede aquí?” la voz de su viejo abuelo dice a sus espaldas, ambos sonríen al verlo.
“¡Abuelo!” gritan al mismo tiempo.
Es Koo quien se pone de pie para saludar a su abuelo, pues Mimi está abotonado.
“Estábamos jugando con Bamie, pero Mimi se quedó atorado con él” dice Koo con voz triste “ahora mi coñito no tiene a nadie”
Mimi se siente un poco culpable de eso.
“Oh, no te preocupes, Koo. El abuelo te ayudará”
“¿En serio, abuelo?” sus ojos brillan.
“Claro que sí, Koo. Ven, muéstrale a su abuelo ese coño que tanto me encanta”
Koo se sonroja, dejándose caer en el sillón, a un lado de Mimi, abriendo sus piernas como mejor podía.
Su abuelo siente morir ante tal coño menor de edad. Húmedo por todos lados, clítoris palpitante y agujero hambriento.
Koo se toca suavemente con una sonrisa entre sus dientes.
“¿Te gusta abuelo?”
El anciano no dice nada, simplemente se pone de rodillas en el suelo con cuidado, quejándose ya que es un poco viejo, pero tenía hambre de coño de su nieto.
Olfatea primero, amando ese olor de coño adolescentes y caliente.
Koo se muerde el pulgar cuando el primer lengüetazo llega a su clítoris, es apenas tocado.
“Abuelito, cómeme rico como Bamie le hizo a Mimi”
“¿Cómo le hizo, Koo?”
“Le chupó toda su conchita y luego metió su cosita a su hoyo”
“Definitivamente el abuelo hará todo eso por ti, Koo”
Comenzó a chupar el coño de su nieto, abriéndolo con los dedos para llegar a todos los lugares de este, absorbiendo con rudeza sus jugos. Koo grita de placer, callándose con los besos de Mimi sobre sus labios.
Bam gruñe cuando su nudo baja y ahora puede salirse de Mimi, dejando caer un par de chorros de leche que no se quedan dentro del útero de Mimi. Rápidamente, el perro procede a limpiar el coño de su perra, dando lengüetazos húmedos, Mimi no puede evitar ponerse caliente de nuevo.
“Uy, abuelito, quiero que siempre me comas así de rico”
“¿Te gusta, Koo? el abuelo puede comerte siempre que quieras”
Mimi igual gime que su hermano, ambos siendo comidos de la mejor manera.
El anciano cree que es realmente excitante ver como a su nieto le mamada el coño un perro enorme.
“Bamie, mi clítoris, comete mi clítoris” Mimi dice mientras lo masajea, y su perro parece saber que parte es por lo que procede a mordisquearlo con suavidad.
El viejo mete dos dedos a la vaginita de Mimi, penetrándolo con rapidez, haciéndolo gritar y cuando menos se lo espera, chorros y chorros salen de la uretra de Mimi, quien tiembla ante tal orgasmo potente para su corta edad. Bam salta feliz y lame la corrida con orina de su amo.
“Yo quiero hacer así, abuelito” Koo comenta sorprendo pues jamás había visto que pudiesen chorrear.
“Oh, será un placer para mí, Koo”
El abuelo chupa con fuerza de su clítoris mientras sus dedos joden su agujero sin piedad de arriba abajo, dando en aquel punto de su interior.
Koo balbuceada sobre lo delicioso que se sentía ser abusado así, su coño sintiéndose mejor que nunca.
“Abuelo, sí, sí, juega más con mi hoyito” se mordió los labios mirando fijamente el trabajo de su abuelo “hazle sacar mucho juguito”
El viejo no para hasta que las paredes de Koo se cierran ante sus dedos, indicando que iba a correrse así que lo hace con fuerza al igual que su hermano. Tanto Mimi como el abuelo abren la boca para probar los jugos de Koo quien explota sin evitarlo, dejando salir un fuerte chorro de orina.
“N-no puedo parar” lloriquea cuando su orina no puede dejar de salir de su coño, manchando todo a su alrededor.
Mimi se acerca a beber directo de la fuente, no pudiendo evitar lamer el coño de su hermano, causando aún más líquido saliendo de su agujero.
Cuando el chorro se detiene, Koo suspira feliz.
“¿Qué tal, Koo?”
“Delicioso, abuelo, me gustó hacer eso”
“Igual a mi, se siente muy rico” Mimi concordó.
“Gracias abuelo, te queremos” Koo se inclinó para besar a su abuelo en los labios.
Le siguió Mimi, quien se extendió un poco con el beso.
Ayudaron al anciano a sentarse en el sillón algo húmedo, notando una sorpresa en su entrepierna. Mimi y Koo voltearon a verse con la sonrisa de emoción, no tardando en bajarle los pantalones al hombre.
“Abuelo, es muy grande” Koo la acarició.
“Y tan gorda” Mimi dejó un beso sobre la cabeza.
“Nos va abrir el coño por completo” Koo comenzó a lamer de las bolas colgantes del anciano.
“Yo quiero que me lo rompa” Mimi sonrió pícaramente.
Bam no perdió su tiempo cuando miró a sus manos en posición de perrito, montando el que tuvo más cerca, el cual era Koo.
“Te van a montar como a una perra, Koo. Mimi, ayuda a Bam a poner su polla en el coñito de tu hermano”
Mimi obedeció, soltando la polla de su abuelo, agachándose a guiar la punta al coño de Koo, el viejo tuvo una vista increíble del chochito de su nieto.
“Bamie tu pollita es tan grande” Koo balbuceó con una sonrisa, dejando caer su rostro sobre el muslo desnudo de su abuelo, usando la punta de su lengua para saborear sus bolas viejas.
“Abuelo, tu polla es tan rica” Mimi halagó, usando ambas manos para satisfacer al anciano.
“Pero que nietos tengo, unas putas natas. Su padre siempre le envía videos de ustedes jugando con sus coños a todas horas, hasta en el auto ¿no es así?”
“¡Sí! jugar con nuestras conchitas siempre es tan rico, nos encanta mojar todo”
Koo se encuentra muy ocupado siendo follado de manera animar como para contestar.
“Bamie, Bamie” gime, con los ojos hacia atrás “rómpeme todo”
Mimi se ríe, sabe que su perro follaba delicioso, así que entiende a su hermano. Aprieta los pezones de Koo, tirando de ellos, sabe que es sensible ahí.
El viejo pierde la paciencia así que empuja la cara de Mimi hacia su polla, follándose su boca a su gusto, Mimi tiene práctica pues a veces Bam se lo hace y le encanta, entonces deja que su abuelo llegue hasta su garganta, importándose poco su lágrimas salen de sus ojos.
Koo está muy ocupado gimiendo el nombre de Bam, su coño siendo usado de la mejor manera.
El abuelo gruñe, apartando la cara de Mimi, sobando su polla con rapidez, corriéndose en la cara de sus nietos, algún rastro de ellos cayendo sobre sus labios, Mimi chupa todo, acercándose al rostro de su hermano para limpiarlo con la lengua, besándose para compartir el sabor.
“Es deliciosa tu leche abuelo” Mimi gime sobre los labios de su hermano.
Ambos chillan de sorpresa cuando sienten un chorro, dándose cuenta que su abuelo estaba bañándolos de su orina, un fuerte chorro mojándoles el cabello y rostro, tratando de apuntar a sus bocas. Beben lo que pueden, gustosos. Mimi se lo embarra por el cuerpo, feliz.
Koo se ha corrido un par de veces con Bam dentro, y pronto le sigue el perro, hinchando su bola en su interior justo como lo hizo con Mimi hace un rato. Se deja caer contra el suelo mojado de orines y corrida, tan cansado como para algo más, el perro lame su espalda, tratando de conformar a su perra. Su joven cuerpo no aguanta más.
El viejo se recuesta en el sillón, dejando que Mimi se ponga sobre su rostro, soltando también su chorro de orina caliente, masajeando su clítoris para vaciarse por completo.
Cuando está listo, se pone de pie, ayudando a Koo con Bam.
Ahora ambos tienen las panzas hinchadas con leche de su perro.
