Chapter Text
Eran las 13:05 de la tarde, y Onigiri Miya estaba abarrotado. En medio del alboroto Atsumu entró al local junto a algunos de sus compañeros de MSYB, que, tras haber acabado la temporada, volvían a Osaka para celebrar sus victorias. Entre ellos se escondía Akaashi Keiji, el joven editor y amante de Bokuto, que a pesar de vivir en Tokio hoy se dejaba ver por la tienda de Osamu.
Al escuchar el jaleo, el dueño del local y hermano de Atsumu levantó la cabeza de sus actividades culinarias para verlos acercarse hasta la barra, en medio de lo que parecía ser una conversación bastante entretenida. Fue entonces cuando sus ojos se encontraron con los de Akaashi, que le devolvió la mirada con una sonrisa tímida.
Osamu conocía a Keiji de vista, sobre todo, en su etapa de instituto, y años más tarde por ser un fan más de los onigiris que acompañaban los partidos de MSYB, al menos siempre que Osamu pudiera dedicarle tiempo a ellos. Sin embargo, ese día había algo en la mirada de Akaashi que desconcertó a Osamu, algo que le entretuvo mientras Atsumu le hablaba desde el lado contrario de la barra, tratando de llamar su atención para saludarlo antes de hacer el pedido para el grupo y sentarse en una mesa cercana. El moreno pareció salir de su ensimismamiento y en seguida asintió devolviéndole el saludo antes de tomar nota de todo.
Mientras el revoltoso grupo tomaba asiento, los ojos de Osamu permanecieron fijos en Keiji, sin saber bien qué era lo que había extraño en él, pero con una sensación de curiosidad que brotaba de dios sabe dónde.
Akaashi siempre había sido un misterio a sus ojos, o mejor dicho, su relación con Bokuto. Siempre veía al mayor siendo tan hablador y extrovertido, que no sabía cómo encajaban entre ellos, cómo una pieza podría colocarse de manera tan natural junto a la otra, porque así eran Bokuto y Akaashi, dos personas que se complementaban como si hubieran nacido para precisamente eso: conocerse y amarse hasta los límites del alma.
Osamu a veces se sentía un poco celoso al respecto, no es como si él tuviese demasiado tiempo para poder dedicarle a otra persona, y menos con la gestión de la nueva apertura de la sucursal en Tokio, pero definitivamente se veía agradable compartir el espacio con alguien con quien puedes ser tú mismo en todos los significados de la palabra.
Además, también tenía que admitir algo, y es que los ojos de Keiji se veían cómo dos órbitas de las que no puedes separar la vista. No era la primera vez ni la última que se fijaba en ellos, cada vez que Akaashi se acercaba en mitad de un partido a por unos onigiris, se quedaba mirándole con una sonrisa que salía de forma natural al tener al moreno delante tras la montura de sus gafas y una risa suave. Evidentemente Osamu no pensaba en nada más allá de eso, por supuesto que no. Solo es que era muy difícil apartar la mirada de él.
Pasaron algunas semanas después de aquello, y Osamu seguía dándole vueltas algunas noches. Quizá había sido imaginación suya. A lo mejor solo estaba sobrepensando las cosas. Pero también, puede que realmente sí hubiera algo diferente aquel día en sus ojos.
Esa misma noche estaba tumbado en su cama, antes de irse a dormir, navegando a través de páginas para adultos con la intención de conseguir un poco de estimulación que le ayudara a acabar antes de irse a dormir, cuando le llamó la atención un vídeo de una pareja gay donde el chico pasivo tenía el pelo moreno y ondulado, y unas gafas que le recordaban al de cierto editor que conocía, mientras que el otro chico que le sostenía tenía grandes manos y unos músculos que marcaban todos sus brazos y espalda, recordándole a la pareja del susodicho.
Cuando se quiso dar cuenta había estallado en un orgasmo y manchado sus sábanas mientras veía el vídeo, y con la cara ahora roja, estaba aceptando algo en lo que no se había parado a pensar antes, o quizá no había querido. Y es que no eran solo los ojos azules de Keiji, había algo más que le rondaba por la cabeza, algo que no debía o no podía verbalizar en alto por lo obvio.
Algo en su mente que hizo clic y le hizo darse cuenta que no era la mirada de Akaashi lo que era raro aquel día, sino la suya, que le miraba con ojos distintos a los habituales.
Suspirando y metiéndose entre las sábanas de su cama, e intentando asumir que debía darlo todo por perdido, se sorprendió así mismo no solo pensando en los rizos del moreno del vídeo, sino en aquellos brazos fuertes que sostenían su cintura con fuerza a la par que delicadeza, cómo si se fuera a romper pero cómo si no quisiera que se alejara ni un centímetro de su cuerpo, dejándose deleitar por lo apretado que se sentía su compañero.
Sus ojos fueron rindiéndose al sueño, mientras su subconsciente seguía absorbiendo todos los pensamientos que Osamu estaba teniendo esa noche, haciéndole soñar con esa misma escena, pero junto a otro par de manos que sujetaban la cabeza del moreno para colar su longitud entre sus labios, manteniendo su boca abierta para él mientras devoraba la erección del contrario, al que, a pesar de no poder verle la cara en el sueño, sabía sin atisbo de duda que era Bokuto.
A la mañana siguiente se despertó con una erección tan dura que le hizo suspirar antes de levantarse para darse una ducha de agua fría. Aquello tenía que parar antes de que diera comienzo a una cantidad de pensamientos que no pudiese frenar, si es que no había empezado ya. Y menos aún cuando esa noche habían quedado para cenar algunos amigos de Atsumu con él, entre los que estaban Bokuto y Akaashi, esa pareja que le estaba empezando a dar verdaderos quebraderos de cabeza.
Era su día libre, así que con Onigiri Miya cerrado decidió despejarse dándose una vuelta por las calles, llegando sin darse cuenta al apartamento donde se estaba hospedando su hermano. Si bien era común que Atsumu se quedara en casa de su gemelo cuando estaba en Osaka, había veces que aprovechaba para quedarse con algunos compañeros del equipo. Envió un par de mensajes antes de que el rubio respondiera y subió por el ascensor hasta la quinta planta, donde le recibió un Atsumu sonriente.
Lo que no se esperaba era ver, acurrucados en el sofá, a las dos personas que últimamente parecían ser protagonistas de sus deseos, o al menos una de ellas lo estaba siendo, eso seguro.
Osamu se congeló en la puerta ante la atenta mirada de su hermano, antes de sentir cómo este le empujaba dentro para cerrarla tras de sí, y empezar a hablarle de algo que le sonaba lejano. Fue entonces cuando ambos chicos se percataron de su presencia, mirándole con una sonrisa en el rostro.
Bokuto se acercó en cuanto escuchó el ruido de la puerta para darle un abrazo, que Osamu por un momento tuvo miedo de corresponder, mientras que Akaashi se acercaba detrás de su novio para darle un suave apretón en el brazo antes de envolverle con ellos y darle un beso en la mejilla, algo que claramente no esperaba, y que le hizo sentir en las nubes por un instante. En seguida, y después del aturdimiento, decidió sentarse en el rincón contrario del sofá, antes de que Atsumu hiciera una broma ligera acerca de la pareja siendo demasiado cariñosa y él observándolos mientras lloraba por estar solo.
Pero ese no fue el colmo, lo peor fue cuando a su hermano gemelo le sonó el teléfono y tuvo que disculparse para ausentarse durante un rato, mientras les dejaba solo a los tres en el pequeño apartamento compartido. Osamu definitivamente iba a matar a su hermano tan pronto como volviera, pero ahora tenía que pensar en cómo pasar ese rato a solas sin que una erección saliera a la luz o sin decir nada inapropiado sin darse cuenta.
No fue hasta que Keiji le tocó suavemente el brazo, que se dio cuenta que había vuelto a ensimismarse en sus pensamientos. Cuando levantó la cabeza vio una mirada dulce más cerca de su rostro de lo que se esperaba, provocando que Osamu diera un pequeño respingo en su lugar mientras que una risa lejana se escuchaba, concretamente la risa de Bokuto mientras agarraba a Akaashi por la cintura, dándole suaves caricias.
— No te vamos a comer. —dijo Koutarou mientras Keiji volvía a su lugar original depositando un suave beso en la nariz de su novio.
— Lo sé. —Consiguió decir con un deje nervioso en la voz, observándoles mirarle fijamente, más de lo que tenía sentido, al menos, eso es lo que decía su propia cabeza.
— No te dejes llevar por las palabras de tu hermano. —Continuó Akaashi, esta vez con una sonrisa menos tímida que la vez anterior—. No somos tan pegajosos cómo dice.
La mirada de Osamu no se apartaba de los brazos de Bokuto rodeando la cintura de Akaashi, que al lado de sus biceps parecía tan pequeña y delicada como las del chico de aquel vídeo. Apartó la vista ante la atenta mirada de ambos suspirando en el proceso, antes de excusarse para ir al baño.
¿En qué se supone que estaba pensando? ¿Acaso se estaba volviendo loco? Estaba siendo demasiado obvio, y era evidente que ambos se iban a dar cuenta de que algo estaba pasando, pero Osamu no podía evitar tener esos pensamientos en su cabeza, acerca de cómo el cuerpo de Keiji encajaba perfectamente en el de Koutarou, o sobre cómo el mayor le dedicaba una sonrisa de adoración absoluta, haciendo que el resto del mundo se quedara pequeño al lado del amor y la devoción que se mantenían el uno al otro.
Decidió, después de varios minutos apoyado en el lavabo del aseo, que lo mejor sería excusarse e irse. Cualquier cosa valdría para poder escabullirse de la atenta mirada de ambos chicos para volver a su apartamento y al menos ponerse a pensar y probar nuevas salsas y rellenos para los onigiris de su tienda.
Salió excusándose antes de dirigirse a la puerta cuando sintió una mano rodear su brazo. Esta vez bastante más grande y fuerte que la anterior, puesto que se trataba de Bokuto. Se miraron entre sí cuando Osamu se dio la vuelta, y se hicieron a un lado para que volviera al sofá, pidiéndole silenciosamente que volviera con ellos.
Aceptando mentalmente se volvió a sentar en el mismo lugar que antes, sin embargo, Bokuto y Akaashi se sentaron esta vez más cerca de él, como queriendo enfrentarlo. A pesar de que Osamu no tenía ni idea de lo que podían querer de él, no podía evitar sentirse inquieto ante la idea de estar frente a ellos tan cerca, no justo el día posterior a hacerse una paja viendo un vídeo de dos personas que casualmente se parecían mucho a ellos.
Fue Keiji el que rompió el silencio, obligándole a mirarle a los ojos a través de esa voz profunda y atrayente.
— No culpes a tu hermano. —Osamu frunció el ceño mientras miraba ambos rostros expectante por tener una respuesta elaborada ante las palabras del menor, viendo cómo su mano se acercaba con lentitud a las suyas y las acariciaba con el pulgar, despacio—. Hemos sido nosotros lo que le hemos pedido por favor que nos dejara a solas contigo.
Osamu entrecerró los ojos aún sintiendo las manos de Keiji sobre las suyas, intentando entender sus palabras. Se irguió en su asiento pensativo hasta que Bokuto volvió a romper el silencio.
— Hay algo de lo que queríamos hablar contigo, pero no sabíamos cómo abordarlo. —Koutarou miró nervioso a los ojos de Akaashi antes de volver a posarlos sobre Osamu, esperando o bien a que el otro continuara sus palabras, o a que le hiciera un gesto para que siguiese hablando. En ese caso fue lo segundo—. La verdad es que hemos notado cómo tu mirada se clava en Keiji más tiempo del que cualquiera lo haría. O al menos lo suficiente para hacernos pensar que hay algo que te ronda por la cabeza desde hace un tiempo. —Volvió a mirar a Akaashi para verle asentir, notando cómo rápidamente la cara de Osamu se enrojeció, sin saber bien dónde meterse o qué hacer para evitar toda la vergüenza que estaba sintiendo.
¿Estaban enfadados? ¿Se sentía Keiji incómodo? ¿Cuándo había sobrepasado la línea entre la observación y el acoso? No sabía qué debía hacer o decir ahora, solo podía sentir ganas de apartar sus manos de las del moreno y huir por la puerta para no volver. Quién sabe, lo mismo podría trasladar el local a otra ciudad más lejana, incluso cancelar la apertura del nuevo local en Tokio. O quizá lo mejor era cambiar de trabajo. O de país. Antes de que todas esas ideas pudieran llegar a más, sintió cómo la mano de Koutarou se posó en su mejilla, dando una suave caricia. Cuando miró al frente, pudo verles esbozar una sonrisa que parecía querer transmitir comprensión y cariño, como si se estuviesen apiadando de sus sentimientos antes de hacerlos pedazo en un breve instante. Pero Osamu no iba a dejar que todo eso sucediera, no si antes podía intentar aclararlo, aunque fuera soltando alguna pequeña mentira entre medias, y retomar su plan de irse por la puerta y no volver. La cosa fue que ninguno lo dejó hacerlo, porque le arrastraron hacia ellos en un abrazo. Uno corto pero tan intenso que dejó a Osamu sin palabras, haciéndole intentar acordarse cómo debía verbalizar sus pensamientos.
Las manos de ambos rodearon su cuerpo: las de Bokuto alrededor de su cintura, mientras que las de Akaashi, su cuello, sintiendo cómo la respiración de ambos le rozaba la piel.
— Está bien, Samu. —dijo por fin Akaashi, en un suave susurro mientras pasaba una mano por sus muslos, acariciándolos con suavidad—. No queremos que pienses que estamos incómodos. Tampoco queremos incomodarte. —confesó—. Lo único que queremos es saber si es nuestra imaginación o realmente hay algo dando vueltas por tu cabeza.
Osamu empezó a asentir brevemente, sintiendo las miradas curiosas sobre él, aceptando que lo mejor es admitir lo que sea que esté rondando por su cabeza y pedir perdón en caso de haberse sobrepasado. Siendo honesto, y pensándolo ahora un poco más en frío, tampoco es que se cruce con ellos todos los días, probablemente podría sobrevivir sabiendo que ellos estaban al tanto acerca de sus sentimientos.
— La verdad es que no sé cómo empezó todo esto. —Hizo una pausa, intentando ordenar sus pensamientos—. Fue hace unas semanas cuando mi subconsciente empezó a hacerme saber que había algo más que una simple mirada amistosa, pero no ha sido hasta estos días atrás que lo he podido comprender mejor. —Suspiró profundamente, después de haber conseguido quitarse esa pequeña preocupación del pecho—. Quizá no era la respuesta que esperabais, puede que no sea para tanto, pero… —Sintiendo ambas miradas comprensivas se animó a seguir hablando, sin esperar realmente sacar nada con ello—. Realmente tampoco sé si es simplemente atracción, celos o mi corazón queriendo latir más profundo después de un tiempo. Lo único que puedo deciros es que no solo me pasa con Akaashi, también pienso en ti, Bokuto.
Esta vez fue la mirada confusa de Koutarou la que se posó en sus ojos, pero le instó a seguir hablando con la intención de conocer todos sus pensamientos.
— No sé cómo decir esto sin parecer asqueroso. —Esta vez una suave risa salió de entre sus dientes, relajando sus hombros—. Pero no puedo sacarme de la cabeza cómo se sentiría ir más allá con ambos, sexualmente hablando, me refiero.
Notó cómo las mejillas de Koutarou se enrojecieron, su rostro escondiéndose en el cuello de Keiji, sintiéndose avergonzado por sus palabras. Akaashi le calmó y decidió hablar, intentando averiguar qué era lo que realmente quería Osamu.
— Mi pregunta es, Samu. —dijo casi en un susurro—. Si lo que sientes es atracción o hay algo más rondando tu cabeza.
Osamu sintió cómo las palabras de Akaashi cortaban el aire. Él era el que más ansiaba poder darle una respuesta clara, pero no podía, no en ese momento y menos después de haber tenido sueños húmedos con ambos. Así que decidió ser totalmente franco con ellos, sintiendo que al menos se merecían eso.
— Anoche tuve un sueño húmedo con ambos. —Una suave risa sale de los labios de Keiji, que siguió mirándole fijamente mientras Bokuto le observaba desde la comodidad del hombro de su novio—. Y me encantaría responder a tu pregunta, de verdad, pero no estoy seguro.
Osamu frunció el ceño algo frustrado consigo mismo por dar una respuesta tan vaga, pero era lo que podía darles, por lo menos en ese momento.
Una pregunta recorrió su cabeza en un solo instante, cómo un rayo.
— ¿Eso era todo lo que queríais preguntarme? —Inquiere, entre curioso y ansioso.
Keiji giró la cabeza varias veces, negando.
— La verdad es que nosotros llevamos un tiempo observándote también.
Y esas fueron las palabras que hicieron que el mundo de Osamu estallara para volver en sí segundos después, preguntándose si había escuchado bien o si todo era un sueño, un sueño algo cruel y retorcido de lo que podría ser una vida al lado de la pareja más honesta que había conocido nunca.
— Samu. —Le llama, esperando a que su mirada vuelva a posarse en sus ojos—. Lo que queremos decirte es que no está mal si tienes sentimientos por alguno de los dos. —Bokuto asiente a su afirmación, aún con la cabeza apoyada en el otro—. Aunque lo que sí debes saber es que si quisiésemos dar un paso en nuestra relación sería juntos. Los tres. No dos y dos.
Osamu echó la cabeza hacia atrás, mirando al techo como si ahí fuese a encontrar la respuesta, dándose cuenta que había sobrepensando tanto las cosas que en ningún momento se le hubiera ocurrido esa opción. Aunque a quién lo haría.
Volvió a bajar la cabeza para mirar a ambos, antes de asentir con la mirada.
— Los tres. —Llegó a decir, antes de elevar sus dos manos para acariciar los rostros de ambos, embaucados con sus ojos oscuros—. Yo… No estoy seguro tampoco aún de a dónde me llevarán mis sentimientos. —confiesa— Lo único que sé es que es con ambos.
Una sonrisa atravesó el rostro de la pareja, mirándose mientras se levantaban obligando a Osamu a levantarse con ellos, y sumiéndose en un abrazo que Osamu recordará para el resto de sus vidas.
— Entonces tengamos una cita. —Esa vez fue Bokuto el que habló, con el corazón temblando y una sonrisa que atravesaría a cualquiera que se interpusiera entre ella—. Averigüémoslo juntos.
Osamu cedió por fin, sintiendo cómo su cuerpo se relajaba completamente, y un pequeño sollozo salía de su garganta, notando cómo había aguantado la tensión hasta ese momento.
— No hay nada que me gustaría más. —Se ríe, con una suave melodía que recorre las paredes del apartamento.
— Pero una cosa. —Inquiere Akaashi—. ¿Cómo es eso de que has tenido sueños húmedos con nosotros?
Las risas del peculiar trío inundan la habitación, sabiendo que la tormenta había pasado, y deseando con ansias poder cumplir con la promesa de averiguar juntos aquello que parecía estar formándose entre ellos tres.
