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Una carrera por dos

Summary:

No deja de mirar el pequeño trozo de plástico en sus manos, tan insignificante para el mundo, pero tan devastador para él.
La prueba sale positiva y lo único que Lando tiene claro es que su vida nunca volverá a ser la misma.

Chapter Text

El sudor rodaba por su rostro hasta desaparecer en las sábanas blancas pegadas a su mejilla, Lando piensa por un momento en lo desagradable que será para el personal de limpieza lavar estas sabanas, pero el pensamiento desaparece cuando una mano firme es colocada en la parte trasera de su cuello, el agarre es fuerte, tal y como le gusta a Lando, o bueno, eso es lo que dice siempre.

Siente la misma mano tomar unos cuantos de sus rizos y tirar con fuerza, demasiada fuerza hasta el punto de hacerlo gemir del dolor, está completamente inmovilizado y no hay manera de escapar, no es como que quiera hacerlo, pero, a veces le abruma el sentimiento.

Suelta un gemido prolongado, se siente bien, pero le duelen las rodillas por cargar con todo su peso sobre ellas y se le está empezando a entumir el cuello, al principio sus brazos cargaban el peso de su cuerpo, pero comenzaron a debilitarse, así que bajo primero sobre sus codos y finalmente sobre los hombros, dejando caer todo su peso hacia adelante, pero se siente bien ser penetrado profundamente por el hombre que ama.

—Carlos—Dice Lando su nombre entre suspiros, concentrándose en los bagos sonidos que escucha detrás de él.

Las manos de Carlos se mueven hacia su cintura, apretando su piel y lastimando ahí, sabe que dejara marcas violetas en esa zona, lo sabe porque no es la primera vez que sucede, a Carlos le gusta marcarlo, cuando está en su celo no se da cuenta y descubre cada una de las marcas hasta que esta más tranquilo, más consciente, a Lando nunca le ha encantado que lo marquen, pero está bien con eso, aspira una bocanada de aire de las sábanas blancas y se relaja nuevamente.

Deja que su mente vague por otro lado, se concentra en el olor de Carlos, en las feromonas que desprende su piel y llenan la habitación, se concentra en eso, se concentra en la sensación que le provoca ese olor amaderado cuando está en celo, no es que no esté disfrutando de esto, ama a Carlos, haría lo que sea por él, pero, honestamente a Lando no le gusta tener sexo rudo, llámenlo princesa, pero es fanático del sexo vainilla, Dios como adora que lo traten suavemente, que se lo follen con lentitud mientras le dicen lo bueno que es.

Pero Carlos tiene una fascinación por hacerlo rudo y, bueno, Lando tiene una fascinación por Carlos, así que mintió y le dijo a Carlos que le gustaba igual que a él, aunque Lando normalmente no se coloca en situaciones similares a está a menos que este en celo, pero con Carlos está bien, incluso cuando, en medio de las olas de placer que le da Carlos, no puede evitar tener un poco miedo.

Este tipo de situación no tienden a ser común entre ellos, Carlos solo lo ayuda en sus celos, nada más, normalmente no tienen sexo si no es necesario, pero a veces lo hace y esta vez estaban solos en Qatar a espera de la próxima carrera, no había mucho que hacer y Lando invito a Carlos a su habitación para beber algo, porque a Lando le encanta la compañía de Carlos incluso si sabe que Carlos no lo mira de esa manera.

Se obliga a soltarse, permitiéndole a Carlos dominarlo mientras se entierra profundamente dentro de él y cuando siente la mano cálida de Carlos moverse sobre su vientre con suavidad, como si intentara sentir su propio miembro moviéndose dentro de Lando, bueno, lo pierde un poco porque Lando adora que lo toquen con suavidad.

Cuando tenían sexo como este, demasiado rápido y agresivo, Lando intentaba que terminara lo más pronto posible, a veces se sentía culpable por eso y tenía ganas de decirle a Carlos que no le gustaba así, que quería seguir teniendo sexo aburrido porque así es como le gusta a Lando, pero cuando veía a Carlos totalmente satisfecho cuando terminaba, bueno, Lando pensaba que valía la pena aguantar.

Su cuerpo arde bajo las embestidas de Carlos, lo hace gruñir un poco por la incomodidad, pero Carlos parece percibir ese sonido como una de satisfacción, durante unos cuantos minutos (que se sintieron como horas) absorbió la fuerza y el calor que el cuerpo de Carlos le daba, intento alcanzar su propio miembro para terminar pronto, pero Carlos no lo dejo, alejando su mano y colocándola detrás de su espalda, le duele un poco el hombro por la posición, pero no dice nada.

Cierra los ojos con fuerza, aunque de todos modos no es como si pudiera ver algo con la cara enterrada en las sábanas de la cama, pero lo hace de todos modos, afortunadamente, Lando logra correrse en un gemido gutural haciendo que su cuerpo se relaje por completo y se vuelva aún más dócil.

Carlos dura más que él, siempre que lo hacen rudo es así, Carlos dura más, como si se esforzara por hacerlo más largo, mantiene inmóvil a Lando hasta que termina dentro de él. A Lando no le gusta mucho hacerlo sin protección, es incómodo y es demasiado trabajo limpiarse después, pero Carlos le pregunto si estaba bien hacerlo sin condón y Lando no pudo decirle que no, así que se entregó por completo a tomar anticonceptivos cada día de su existencia para complacer a Carlos.

Lando es solo un estúpido enamorado y cree que cualquiera que se sienta con derecho a juzgarlo seguramente es un imbécil.

Está un poco incomodo, pero cuando Carlos cae rendido a su lado, con el pecho subiendo y bajando por su respiración errática, con la cara roja y con mechones húmedos pegados a su frente, Lando se enamora un poco más de él y todo vale la pena.

—¿Estas bien? —Pregunta Carlos con la voz entrecortada, Lando no puede evitar acercarse y besarlo. No quiere responder a esa pregunta, claro que está bien, siempre y cuando sea Carlos todo está bien.

—¿Otra vez? —Pregunta Carlos en medio del beso y el corazón de Lando deja de latir por un segundo porque, bueno, no quiere hacerlo de nuevo, así que se ríe y se recuesta sobre el pecho de Carlos negando con la cabeza, esconde su rostro en su cuello, deleitándose con su aroma, siempre lo hace sentir seguro, en casa.

—Estoy cansado—Dice fingiendo un bostezo.

Carlos le besa la frente y se aleja de Lando, no puede evitar soltar un quejido cuando el otro hombre se levanta y lo ve comenzar a ponerse la ropa que había dejado en el suelo.

—No te vayas—ruega Lando, a Lando no le gusta rogar, pero con Carlos es diferente, no puede evitar rebajarse y humillarse por un poco de su atención. —Toma un baño conmigo, será rápido—Dice Lando, Carlos lo mira por un largo rato y niega con la cabeza.

—En realidad, quiero hablar de algo contigo.

—¿Hablar? —pregunta Lando, un poco sorprendido. No es algo que Carlos haga a menudo después de las noches que comparten. Se inclina hacia atrás en la cama, dejando caer la cabeza contra las almohadas. —¿Es algo malo?

Carlos termina de abotonarse la camisa y se sienta al borde de la cama, sus ojos fijos en el suelo por un instante antes de girarse hacia Lando. Hay algo serio en su mirada, algo que hace que Lando se sienta inquieto.

—Depende de cómo lo tomes —responde Carlos, con ese tono neutral que siempre usa cuando está lidiando con algo complicado.

Lando frunce el ceño, sus dedos juguetean con la sábana mientras trata de leer entre líneas.

—No me asustes, Carlos. Dime de una vez.

Carlos suspira y se pasa una mano por el cabello.

—Lando, no podemos seguir haciendo esto —dice finalmente, su voz cargada de una mezcla de culpa y determinación.

El corazón de Lando da un vuelco. No necesita que Carlos sea más específico para saber a qué se refiere, pero aun así se aferra a la posibilidad de que haya otra explicación.

—¿Esto? ¿A qué te refieres con "esto"? —pregunta, su voz más baja, casi un susurro.

 

Carlos lo mira directamente a los ojos, y por un momento, Lando siente que todo el aire ha salido de la habitación.

—Nosotros. Esto que hacemos, ya no puedo seguir ayudante en tus celos y no podemos tener sexo casual.

El silencio que sigue a esas palabras es ensordecedor. Lando parpadea, tratando de procesar lo que acaba de escuchar.

—¿Por qué?

Carlos desvía la mirada, como si la intensidad en los ojos de Lando lo quemara. Juega con el botón de su camisa, una clara señal de su incomodidad. Finalmente, suelta un suspiro pesado.

—Voy enserio con Rebecca, las cosas han ido muy bien entre nosotros, vamos a formalizar las cosas y no puedo seguir haciendo esto contigo, no puedo hacerle eso.

Las palabras de Carlos golpean a Lando, dejando un dolor sordo en su pecho. Se queda inmóvil, tratando de asimilar lo que acaba de escuchar, mientras su mente trabaja frenéticamente en busca de algo que decir, algo que pueda detenerlo.

—Rebecca... —repite Lando, casi sin aliento. Su voz tiembla, como si solo pronunciar el nombre fuera una herida más. —no sabía que… iban enserio.

Carlos alza la mirada rápidamente, como si esas palabras lo hubieran atravesado.

—Si, ella es increíble… quiero que la conozcas en algún momento… si tú quieres, tú eres una de las personas más importantes para mí, así que quiero que se lleven bien.  

La forma en la que Carlos hablaba de ella era un poco injusta, porque Lando nunca había visto que sus ojos se iluminaran cuando mencionaba a alguien, Lando debería estar feliz, debería alegrarse porque, se supone que solo son amigos, muy buenos amigos que pierden el tiempo en la habitación del otro cuando están solos, buenos amigos que se ayudan en sus celos, porque eso es lo que hacen los buenos amigos.

Lando se queda callado, mirando a Carlos con una mezcla de incredulidad y dolor que no puede disimular. Las palabras "quiero que la conozcas" retumban en su cabeza, chocando con todo lo que pensaba que entendía sobre lo que eran ellos dos.

—¿Conocerla? —repite, con una risa amarga escapando de sus labios antes de que pueda detenerla. —Claro, ¿por qué no? Tal vez pueda darle consejos sobre cómo te gusta follar.

Carlos frunce el ceño, claramente incómodo con el tono de Lando, pero no responde de inmediato. En cambio, toma aire como si tratara de mantener la calma.

—Lando, no quería que esto fuera incómodo. Solo pensé que...

—¿Que qué? —lo interrumpe Lando, dejando caer la sábana y levantándose de la cama. Su tono es cortante, lleno de algo que no puede etiquetar más que como desesperación disfrazada de sarcasmo.

Carlos se queda quieto, como si cada palabra de Lando fuera un golpe que no puede esquivar.

—Lando... —comienza, pero Lando levanta una mano, deteniéndolo.

—No. No digas nada más, Carlos. Porque si lo haces, voy a decir algo de lo que probablemente me arrepienta.

La habitación se llena de un silencio tenso, roto solo por la respiración entrecortada de Lando. Él pasa una mano por su cabello, tratando de calmarse, pero no puede evitar sentir cómo las lágrimas amenazan con brotar.

—Pensé que ambos sabíamos de qué se trataba este arreglo… pensé que podríamos seguir siendo los mismos incluso si hacíamos esto, por eso acepté cuando me lo pediste.

Lando se ríe, una risa vacía que no alcanza sus ojos.

—Si, lo sé, lo siento, ya sabes, instintos omega— dice Lando y le sienta horrible decir algo así, porque es una estupidez y en realidad estaba tan enamorado de Carlos que en ocasiones usaba medicamentos para adelantar su celo y que estuviera con él. Se sentía mal cada vez que hacía algo como eso, se sentía como si cada una de esas personas que lo acusan de querer seducir a sus compañeros alfas y atarlos con un bebé, tuvieran razón en lo que dicen.

—Lando... —comienza de nuevo, pero su voz falla. Se aclara la garganta y da un paso hacia él, extendiendo una mano que parece no saber dónde colocarse, si sobre el hombro de Lando o simplemente quedarse en el aire.

Lando retrocede instintivamente, cruzándose de brazos como si intentara protegerse.

—No tienes que decir nada, Carlos. Ya entendí. Yo... Yo soy el problema aquí, ¿no? —dice, su voz temblando. —Tal vez no soy lo suficientemente bueno, o soy demasiado... intenso, me confundí, olvide de lo que se trataba esto o lo que sea. Pero no te preocupes, no voy a complicarte más las cosas.

Carlos niega con la cabeza, sus manos ahora temblando ligeramente.

—Nunca fue mi intención hacerte sentir mal ¿Sabes lo importante que eres para mí? Lo sabes ¿Cierto?

Lando asiente, porque lo sabe, Carlos es uno de sus mejores amigos, una de las personas más cercanas que tiene, pero no puede evitar que el aire en la habitación se vuelve pesado después de que las palabras de Carlos salen de su boca, Lando lo observa mientras se va, sus ojos ardiendo con lágrimas que no dejará caer hasta que Carlos esté fuera de su vista. Cuando la puerta se cierra, el silencio que queda es ensordecedor. Lando se derrumba en la cama, sintiendo que cada pedazo de él se ha roto en algo que tal vez nunca pueda reparar.

Lando se enfada un tiempo con él, no hablaron por un mes entero, pero no puede estar realmente molesto con Carlos, así que lo exime de toda culpa en poco tiempo, hablan como dos adultos y deciden que serán como antes, aunque es un poco difícil porque, bueno, Lando no quiere que sean solo amigos. Así que se arreglan las cosas entre ellos, pero Lando intenta evitar estar cerca de Carlos por ahora, solo lo hace por su propio bien, porque es doloroso verlo junto a Rebecca. 

El único en darse cuenta de que algo raro estaba pasando fue Oscar, quien un día se acercó y le dijo:

—¿Ya no hablas con Sainz? —pregunto Oscar antes de meter un gran bocado de salmón en su boca, Lando arruga la nariz porque, nunca comprenderá cómo es posible que a Oscar le guste algo tan asqueroso como el salmón.

—Si, somos amigos—Oscar asiente, pero no luce convencido, sus ojos cafés clavados en Lando como si pudiera ver a través de la fachada que intenta mantener. Finalmente, se encoge de hombros y empuja su plato un poco hacia adelante.

—No parece que lo sean ahora —dice con un tono casual, pero sus palabras tienen un filo inesperado.

Lando frunce el ceño, apartando la mirada para no delatarse más de lo que ya lo ha hecho.

—¿Qué quieres decir? Claro que lo somos.

Oscar lo observa por un momento, ladeando la cabeza como si estuviera evaluando si vale la pena presionar más. Pero, siendo Oscar, decide que sí lo es.

—Antes hablaban todo el tiempo. Te veía escribirle mensajes incluso en los momentos más ridículos, como entre vueltas en los simuladores. Ahora apenas mencionas su nombre. Es raro.

Lando cruza los brazos sobre la mesa, jugueteando con un borde de su suéter mientras busca una respuesta que no suene como una excusa.

—Es que ha estado ocupado, eso es todo.

Oscar arquea una ceja, claramente no convencido.

—Sabes que eres terrible mintiendo, ¿verdad? —dice, con una sonrisa débil.

Lando suspira, apoyando la frente en la mesa, el olor de Oscar inunda sus fosas nasales, arruga la nariz ante eso, Lando es de olfato muy sensible y extrañamente, siempre ha pensado que el olor de Oscar es extraño, huele a madera y puro, pero es demasiado fuerte, demasiado imponente, tan imponente como para filtrarse a través de los supresores de olores que la FIA los obliga a tomar.

—No estoy mintiendo.

Oscar asiente lentamente, dejando el tema por ahora, pero su mirada dice que no se ha rendido del todo.

—Bien.

—Bien.

Oscar continúa comiendo esa abominación que tenía en su plato, pero algo es extraño, repentinamente siente una oleada de malestar ante el olor del salmón, es casi insoportable. Lando frunce el ceño mientras su estómago da un vuelco.

Se lleva una mano a la boca y se inclina ligeramente hacia atrás en su silla, intentando contener una arcada.

Oscar lo nota de inmediato, dejando caer su tenedor al plato con un suave tintineo.

—¿Estás bien? —pregunta, inclinándose hacia Lando con preocupación.

Lando sacude la cabeza, respirando profundamente por la boca para evitar el olor.

—Sí, estoy bien... solo que ese salmón es... —Hace una pausa, buscando las palabras adecuadas, pero se rinde rápidamente. —Asqueroso.

—¿Desde cuándo te molesta tanto el olor? Siempre te quejas, pero nunca reaccionas así.

Lando se pone de pie de repente, su movimiento tan brusco que la silla casi cae hacia atrás.

—Bueno, hoy es especialmente asqueroso.

Antes de que Oscar pueda responder, Lando sale de la habitación a paso rápido, cerrando la puerta detrás de él. Una vez fuera, se apoya contra la pared y cierra los ojos, tratando de calmar el malestar que se arremolina en su estómago. Lleva algunas semanas sintiéndose extraño, pero estuvo ignorando todo porque, no quiere perder el tiempo en una cita médica.

Pero esto no es normal, piensa, mientras su mente intenta encontrar una explicación lógica. Tal vez estaba demasiado estresado, o tal vez se trataba de algo que comió antes. Pero en el fondo sabe que no es solo eso.

Lando se lleva una mano al cuello, frotando ligeramente la base, justo donde están las glándulas de olor, esas que el medicamento suprime tan bien, las que reprimen sus olores tanto como sea posible.

Contrario a la creencia popular, Lando Norris no es un idiota, sabe que los malestares que ha tenido desde hace unas semanas no son algo común, y tiene una idea de lo que podría ser, solo que, preferiría que no se trate de eso.

Lando respira hondo, sus dedos todavía rozando la base de su cuello mientras intenta ordenar sus pensamientos.

El sonido de pasos lo saca de sus pensamientos, y cuando abre los ojos, ve a Zack parado junto a él con una sonrisa cálida.

—¿Qué haces ahí parado muchacho? —le dice mientras pasa su brazo sobre el hombro de Lando.

Zack es la persona más cercana a Lando, lo aprecia demasiado y Lando no se cansa de agradecerle, agradecerle por permitirle ser parte de su equipo, incluso cuando llovieron críticas en su contra por aceptar a un chico omega. Lando le prometió a Zack que no lo decepcionaría, espera poder mantener su promesa.

Lando intenta esbozar una sonrisa, pero siente que no tiene fuerzas ni para eso.

—Nada, solo... tomando un respiro —responde, encogiéndose de hombros.

Zack lo observa de cerca, su sonrisa se suaviza un poco, convirtiéndose en una expresión de preocupación genuina. Siempre ha tenido un instinto para notar cuando algo no va bien con Lando, y ahora no es diferente.

—¿Seguro? Pareces más pálido de lo normal. ¿Te estás cuidando?

Lando asiente rápidamente, quizá demasiado rápido.

—Sí, sí. Es culpa de Oscar, está comiendo su estúpido salmón.

Zack se ríe y le da un golpecito en la espalda, a Lando le agrada mucho Zack porque no lo trata diferente, ha traído cambios agradables a McLaren, es de los pocos equipos que tienen ingenieros omegas y uno de los dos equipos con un piloto omega, así que si, Zack es impresionante.

—¿Seguro que es solo el salmón? —pregunta, su tono lleno de una ligera preocupación que Lando no puede ignorar.

Lando se encoge de hombros y se pasa una mano por el cabello, intentando restarle importancia a la situación, aunque en el fondo sabe que no está todo bien.

—Sí, de verdad, solo el salmón. No es nada grave.

—Escucha, si hay algo que necesites, cualquier cosa, me lo dices. No importa qué. ¿De acuerdo?

—De acuerdo —murmura Lando, bajando la mirada al suelo.

Zack lo suelta y da un paso atrás, todavía con esa expresión de preocupación que lo hace sentir expuesto, como si su jefe pudiera ver todos los secretos que está tratando de esconder.

—Bien, porque quiero que estés en tu mejor forma, no solo en la pista, sino también fuera de ella. Así que, por favor, cuídate, ¿sí?

—Sí, lo haré.

Zack asiente, pero antes de irse, lanza una última mirada.

—Zack. No te preocupes, en serio.

Zack sigue observándolo por un instante antes de suspirar y dar un pequeño golpecito en el brazo de Lando antes de irse.

Cuando nuevamente está solo, se permite apoyarse contra la pared, "Si estoy en lo cierto, esto podría cambiarlo todo" piensa, llevando de nuevo la mano a su cuello. Sabe que no puede seguir ignorando esto.

Con un suspiro pesado, Lando decide que no puede postergarlo más. Tal vez está exagerando, pero si no lo está, cuanto antes lo sepa, mejor. A pesar de sus temores, toma su teléfono y hace una compra en línea en la farmacia, compra un test de embarazo por primera vez en su vida y sus manos no dejan de temblar mientras lo hace.  

Mientras tanto, una pregunta late en su mente como un tambor persistente: "¿Qué voy a hacer si realmente estoy...?"

Lando ni siquiera puede terminar el pensamiento.