Chapter Text
Quackity:
Jalaba con todas sus fuerzas el tronco que acababa de cortar, esperando que su hacha aún le sirviera cortarlo en pedazos.
Había llegado a ese pueblo, karmaland, el día anterior y debido al buen recibimiento que tuvo por parte de los demás integrantes decidió quedarse allí por un tiempo. Llevaba bastante tiempo viajando y tardó semanas en encontrar un pueblo, por lo que prefería quedarse a descansar antes de volver a retomar su viaje.
Anidado entre montañas coronadas de pinos y robles, Karmaland era un pequeño pueblo donde las casas de madera pintadas de colores vivos se agrupaban alrededor de una plaza central. Un lago de aguas cristalinas, que reflejaba el azul intenso del cielo, completaba este idílico paisaje.
Muchos dirían que era un pueblo destinado a desaparecer.
Comenzó a cortar torpemente la madera, hasta que su pico se rompió por lo que soltó una maldición.
“Quackity!” lo llamó alguien por la espalda, provocando que se sobresalte del susto.
Al voltear se encontró con Luzu, quien lo observaba con una sonrisa amable.
“Luzu! buenos días.” Le sonrío ampliamente”
“Son las 2 de la tarde Quackity.” El mayor se burló, acercándose a él para ayudarlo con el tronco.
“Siguen siendo buenos días, no dije buenas mañanas”. Replicó, sintiendo su rostro enrojecer. Luzu le agradaba mucho, podría decir que era una de las personas más agradables que conoció. Aunque llevaba solo un día de conocerlo.
“¿Qué vas a hacer con la madera?” Lo cuestionó este, sacando un hacha de su inventario y entregandosela.
Observó el hacha entre sus manos y le volvió a sonreír: “necesito madera para más herramientas”
“Me alegra que no vayas a usarla para construir tu casa, se quema fácilmente”
Quackity asintió efusivamente, cortando el tronco hasta conseguir varias varillas que usaría para futuras herramientas. Luzu comenzó a ayudarlo, tallando unas varillas más estéticas y aparentemente más resistentes. Quackity no entendía muy bien el motivo, pero desde siempre le costaba mucho realizar acciones tan simples como cortar madera, hacer herramientas o aprender incluso los hechizos más básicos.
La mayoría de personas eran capaces de preparar sus propias herramientas en segundos y de realizar los hechizos más básicos, incluso sin esforzarse mucho en aprender. Quackity en cambio, podría tardar varios minutos en crear sus herramientas y aún no era capaz de realizar los hechizos básicos.
Por ese motivo nunca había encantado sus herramientas él mismo, siempre debía pedir ayuda a alguien más, o tomar herramientas encantadas de alguien más. Con respecto a las pociones era aún peor, ya que requerían de inteligencia y manejo de magia de por lo menos nivel 3.
“Gracias” le devolvió su hacha sonriendo mientras colocaba los palitos y las piedras en esa mesa de crafteo.
Sin embargo Luzu volvió a entregársela “Quédatela, es de iron y está encantada asi que te durará mucho”
“Ojalá tener un padre como tú luzu” comentó, optando por hacer una pala en lugar de un hacha, ya que ahora tenía una.
Una vez que terminó luzu lo invito a almorzar a su casa, pero quackity lo rechazó incómodamente, ya que no tenía buenas experiencias entrando en casas ajenas.
“Podemos comer aquí entonces, tengo mucho pan y carne” le ofreció, animándolo a sentarse junto a él en el césped.
Tenía mucha hambre y realmente no había cazado nada ese día, por lo que terminó aceptando su tentadora oferta y se sentó a comer junto a él.
“Deberías considerar quedarte en mi casa, tengo muchas habitaciones libres” comentó el mayor.
Negó dubitativo, pues aunque realmente quería le daba miedo revivir alguna de sus malas experiencias pasadas. Pero no quería decirle eso, ya que sería ofensivo para el mayor que lo compare con la gente mala que se había encontrado en el pasado. “Ya casi terminó mi casa” señaló su pequeña construcción de 6x6 bloques, construida totalmente de materiales varios como piedra y tierra.
“Pero no es segura, alguien podría entrar”. Explicó el mayor, preocupado.
“Ese chico mamado dijo que nadie podía entrar en casas ajenas, es una ley.”
“Si alguien quiere hacerte daño no le importa romper las leyes”. Comentó, entregándole otro pan.
“Si eso pasa lo morderé y gritaré para que me ayudes, no por nada eres mi vecino” respondió y se rió al observar la mueca de disgusto en el rostro del castaño.
Quackity había vivido durante toda su vida solo, viajando y enfrentándose a diferentes adversidades, por lo que no le asustaba la idea de que alguien entrase a su pequeña casa. Especialmente en ese lugar, habitado principalmente por ancianos y un pequeño grupo de jóvenes que no hacían más que minar.
“Eres demasiado confiado, Karmaland es más peligroso de lo que crees.” Rebatió Luzu, observándolo con preocupación.
“Francamente, te confieso que es uno de los lugares más tranquilos en los que he estado. Una vez llegue a un pueblo en el que me dispararon flechas y me prohibieron acercarme, fue horrible.”
Relató, riendo mientras le explicaba que varias flechas estuvieron a punto de impactar contra su cuerpo.
“Afortunadamente no me siguieron, me he encontrado con todo tipo de personas.”
Luzu frunció el ceño, sus ojos oscuros clavados en Quackity. Su voz, por lo general cálida, ahora sonaba grave y profunda.“No puedes confiar en nadie, la única palabra de la que puedes fiarte es la que diga yo.”
“Eso lo diría alguien en quien no puedo confiar, de hecho.” Respondió, sin dejar de sonreír a pesar de lo extraño que se tornó el ambiente.
“No, porque yo te lo voy a demostrar luego de un tiempo. Ya lo verás.” Respondió palmeandole el hombro afectuosamente.
