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Dejavu

Summary:

Quizas en ese instante se encontraban en lados opuestos de la historia, pero hubo un momento, hace mucho tiempo atras, donde se pudieron considerar amigos...

Notes:

Decidi dejar esta historia como algo platonico, aunque estuve tentada a convertirlo en una relación poliamorosa (Sin embargo lo dejo a su libre interpretacion)

Me disculpo por cualquier tilde que falte (o que sobre) y lo mismo va con las comas.

Work Text:

El hombre caminaba lentmente por el terreno, a pesar de que habían pasado algunos días aún se podía respirar el olor a pólvora y sangre en el aire, la batalla había sido cruel y sanguinaria, quedaría grabada en la historia como el amanecer dorado, la guerra contra el gobierno mundial por la libertad de todos los pueblos, donde piratas, mercenarios y marines se unieron bajo el canto de los tambores contra la esclavitud. A su alrededor había pequeñas concentraciones de personas en campamentos improvisados, algunos dormían, otros celebraban la victoria y algunos lloraban los seres queridos perdidos.

Kuzan miro a la distancia, donde en la orilla podía ver el Sunny flotando juntos los otros barcos, no había visto a ninguno de los mugiwara desde el final de la batalla, si bien las heridas físicas eran graves, él estaba seguro que la herida emocional de perder a uno de los suyos era lo que los mantenía aislados del resto.

Siguió caminando alejándose hasta que llegó al edificio que decidieron usar de prisión, en las puertas reconoció a dos de los capitanes de la flota mugiwara.

— ¿Quién anda allí? — preguntó el peliverde con la capacidad de crear barreras mientras se ponía en modo ataque.

— Ara ara, tranquilo muchacho — Contestó el ex almirante mientras ponía las manos al frente en posición defensiva.

El mayor lo vio bajar las manos lentamente aunque la tensión en los hombros no disminuyó en ningún momento, a su lado Cavendish aún mantenía una mano en la empuñadura de su espada. Kuzan los entendía, para el mundo el era un traidor, desde el incidente de Ohara cuando dejo vivir a Saul y a Robin su vida se había reducido a traicionar confianzas por un bien mayor.

— Quisiera hablar con él, si me lo permiten — Preguntó mientras bajaba las manos y las metía en sus bolsillos.

Vio el asombro en la expresión de ambos hombres y luego la sospecha, una sospecha bien justificada teniendo en cuenta su pasado, estaba a punto de dar media vuelta cuando la voz de Bartolomeo rompió el silencio.

— Solo cinco minutos — Anunció mientras se hacía a un lado y quitaba la barrera frente a la puerta.

Kuzan asintió y se adentro en el edificio, estaba tenuemente iluminado por algunas antorchas y la humedad en el aire hacía que la ropa le pegara a la piel, caminó por las diferentes celdas donde algunos prisioneros dormían, todos llevaban vendas limpias y en el suelo había bandejas con agua y fruta.

Al final de pasillo, alejada de las demás celdas consiguió al hombre que buscaba, su tatuaje estaba casi completamente cubierto por el enorme vendaje en su torso que llegaba hasta un muñón donde en algún momento estuvo su brazo, su piel se veía pálida a la tenue luz de las antorchas, llevaba grilletes de piedra marina en los tobillos.

— Has venido a disfrutar de la vista — Dijo Akainu con voz débil y ronca reconociendo su presencia.

Kuzan se sentó en el suelo frente a la celda, de alguna forma bizarra este momento se sentía como un dejavu con los papeles invertidos.

— Solo quería saber como estabas antes de irme — Respondió con suavidad.

— No finjas que te importa, Kuzan — Lentamente el almirante de flota se incorporó hasta que estuvieron frente a frente, separados por los barrotes de la celda.

— Allí es donde siempre te equivocas Sakazuki — la voz de Kuzan resonó en las paredes — siempre me ha importado, intente con todas mis fuerzas que vieras el error que cometias — Sus manos se cerraron en puños — Pero por mucho que lo intente, no pude salvarte de esto.

La última frase salió en un susurro y quedó colgando entre ellos, una declaración mucho más profunda de lo que cualquiera de ellos iba a admitir, los minutos pasaron sin que ninguno de lo dos dijera algo más, finalmente una barrera apareció frente a la celda anunciando que sus 5 minutos había acabado, Kuzan camino lentamente a la salida y en la puerta se giró para ver a Akainu por última vez.

— Cuidare a Borsalino por ti — Susurro el moreno antes de desaparecer por la puerta del edificio.

Ambos debían cargar con el peso de sus pecados.