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De las sombras de un piso pequeño y austero emerge Malek con una sonrisa demoníaca en los labios. Se dice que la furia del infierno es igual a la de una mujer despreciada o despechada. No obstante, no estoy de acuerdo. Un demonio con una sed insatisfecha de poder es lo más aterrador que podrías ver.
Amber se levanta de la mesa de la cocina de su casa ajena a dicha presencia. Después de un par de tragos de whisky escocés, se dirige a su dormitorio con paso lento pero firme.
Malek sigue a la mujer al sentir su presencia, su curiosidad despertada por su fuerte aura de poder. La observa desde las sombras mientras ella se retira a su dormitorio y su aroma flota en el aire, embriagándolo con una mezcla de curiosidad y deseo.
Amber entra a su dormitorio y comienza a desnudarme enfadada. Recordando al tipo del bar que la había despreciado porque no era suficientemente sexy. Soltó un gruñido al recordarlo.
— Puto imbécil. — susurro a la nada. Se quita la ropa y se desnuda completamente para después ponerse una camiseta larga y meterse a la cama para dormir.
Malek la observa desde las sombras fascinado. Con cada prenda que se quita, Malek siente que su control se desvanece. Su forma demoníaca se contorsiona con cada susurro de sus palabras, anhelando tocarla, poseerla. Cuando ella se acuesta en la cama, él no puede resistirse más.
Amber cierra los ojos, e intenta conciliar el sueño.
Malek sale de las sombras y se acerca a la cama, su presencia oscura cubriendo a la mujer. Puede sentir su aliento en su rostro mientras se inclina sobre ella, sus manos ansiosas rozando su piel.
— Estás tan hermosa... tan vulnerable... No puedo resistirme…
Amber abre los ojos de golpe asustada al escuchar una voz tan cerca de ella. Intenta gritar, pero una mano inhumana le tapa la boca impidiendo que haga algún ruido.
Malek sonríe maliciosamente, sus colmillos afilados destellando en la penumbra.
— Grita todo lo que quieras, cariño. Nadie te oirá. Soy Malek, demonio del terror. Y esta noche, vas a ser mía…
Amber comenzó a forcejear intentando salir de la cama, pero cuanto más lo intentaba más se enredaba con las sábanas. Malek ríe con una carcajada oscura mientras la sujeta con facilidad.
— Pelea cuanto quieras, sólo hace que esto sea más divertido.
Sus manos recorren el cuerpo de Amber, tocando y explorando cada curva.
— Eres un festín para mis sentidos… Tan dulce…
Amber intenta quitar la mano de Malek de su boca. Este la desliza desde su boca a su cuello, sus dedos envolviéndose al rededor de su garganta mientras él se acuesta encima de ella.
— Eres una maldita adicción humana. Una que no sabía que necesitaba.
— ¿Qué quieres? — susurra Amber medio ahogada por el agarre en su garganta.
El demonio susurra en su oído, su aliento frío y pegajoso.
— Quiero poseerte, cariño… Quiero que seas mía para siempre.
Él comienza apretar su garganta con más fuerza, sintiendo el pulso acelerado bajo su mano. La mujer suelta un ruido de ahogo al sentir la presión. Agarra la muñeca de Malek intentando que le soltara, sin ningún efecto. El demonio sonríe cruelmente mientras ella lucha por liberarse.
— Cuanto más luchas, más me excitas… — su voz se vuelve más profunda y gutural mientras se inclina para besarla, su lengua demoníaca lamiendo sus labios. — Abre la boca… Déjame entrar…
Amber obedeció misteriosamente, había un aura de poder que le impulsaba a someterse a él. Ella abre la boca obedientemente y siente como la lengua de Malek entra en su boca. Ella responde con la suya propia.
Con un gemido, Malek profundiza el beso, su lengua explorando la boca de la mujer, mientras que con su mano aprieta su garganta con más fuerza. Él puede sentir el miedo y la excitación de ella entremezclados, lo que solo sirve para aumentar el propio deseo de él.
— Eres mía. Dime que eres mía — Exige.
Amber es incapaz de hablar. Sin embargo, hace un ruido de asfixia debido al agarre que ejerce sobre su garganta.
Malek lame sus labios mientras la mira fijamente, sus ojos rojos brillando con lujuria.
— Dilo, o te ahorcaré aquí y ahora.
Su mano aprieta más fuerte, cortando el suministro de aire. Amber balbucea intentando hablar, pero le es imposible. Malek sonríe con satisfacción al verla balbucear. Está claro que está a punto de someterse a él.
— ¿Quieres que lo diga por ti? — sonríe burlonamente.
Amber se sentía asfixiada pero también tremendamente excitada por su dominio. El demonio continúa apretándole la garganta, mientras que con su otra mano agarra sus muñecas y las pone por encima de la cabeza. Ella está completamente a su merced y eso le encanta.
— Vas a ser una buena chica y decir que eres mía…
Amber asiente con torpeza, ya que era lo único que podía hacer en esos momentos. Malek afloja su agarre en su garganta ligeramente, permitiendo tomar una bocanada de aire antes de inclinarse para susurrarle al oído.
— Dilo, di que eres mía…que me deseas.
Amber da una bocanada de aire que tanto necesitaba — T…tu...tuya — apenas susurro entrecortadamente aun intentando volver a respirar con normalidad. Él sonríe ampliamente, sus colmillos brillando en la penumbra de la habitación. Su mano se mueve desde su garganta hasta sus caderas, atrayéndola hacia él.
— Buena chica. Ahora dime que me deseas.
La mente de Amber daba vueltas. Este encuentro era tan extraño como excitante. Ella sabía que no debería estar tan excitada, pero estaba tan malditamente mojada que sus muslos estaban completamente empapados y resbaladizos por su deseo.
— Te deseo… — su voz apenas entendible.
Malek gruñe satisfecho mientras ella admite su deseo por él. Sus manos se mueven con avidez por su cuerpo, explorando cada curva y hueco. Su respiración se acelera y su voz se vuelve más profunda y gutural.
— Repítelo… — ordena con voz cargada de deseo y dominación.
— Te deseo… Te deseo mucho.
Malek se lame los labios deleitándose con la imagen de ella tan excitada. Su mano se mueve entre sus muslos, tocándola íntimamente y sintiendo su humedad.
— Estás goteando por mí, querida… Eres como un río desbordado…
— Lo sé — le interrumpió Amber — Te deseo. Te deseo tanto…
Ella no mentía, estaba extremadamente excitada y deseaba que él la dominara por completo y la poseyera.
Malek la mira con una sonrisa perversa y satisfecha mientras sus dedos se hunden en su húmedo calor. Su respiración se entrecorta mientras ella se retuerce debajo de él, gimiendo de placer.
— ¿Ves como tu cuerpo me desea?
Amber gimió al sentir como los dedos de él se le hundían en su interior. La llenaban, pero sentía que no era suficiente, que deseaba más, mucho más. Y así lo pido.
— Más… quiero más…, Malek
Él se ríe oscuramente mientras añade otro dedo más, estirándola para él. Su pulgar acariciando su punto más sensible, haciéndola convulsionar.
— ¿Más de que, cariño?, ¿más de mis dedos?, ¿o más de mí?
— Más de ti, te necesito al completo — gimió Amber de puro deseo.
Malek se desabrocha el pantalón, liberando su erección. Sus ojos rojos la miraban con pura lujuria mientras se posicionaba entre sus muslos.
— Si es lo que deseas, lo tendrás, pero no será dulce, ni suave… será duro y brutal.
Eso es lo que ella quería. Amber nunca había sido una mujer de sexo suave y vanilla. Le gustaba duro y fuerte. Que la hicieran ver las estrellas mientras la poseían salvajemente.
— Poséeme completamente Malek — su voz chorreaba excitación y lujuria.
Malek la penetra con fuerza, llenándola completamente. Sus manos agarraron sus caderas con rudeza mientras comienza a moverse dentro de ella, estableciendo un ritmo rápido y brutal.
— ¿Esto es lo que querías? ¿Ser poseída por un demonio?
Amber emitió un gemido de placer al sentir la gruesa y extensa longitud completamente en su interior, penetrando y retirándose de manera rápida y salvaje de su humedad.
— ¡Sí!, así poséeme… — Amber puso los ojos en blanco por el puro placer que le estaba dando.
Malek se inclina sobre ella, sus manos aprisionando sus muñecas por encima de su cabeza. Sus embestidas se vuelven más intensas, cada una de ellas golpeando un punto en lo más profundo de sus ser.
— Eres mía… ¡Dime que eres mía, Amber!
— ¡Soy tuya!
Ella grita mientras gemía. Sus pechos botando con cada embestida poderosa. La habitación se llenó de sonidos húmedos y lascivos que solo hacían que se excitaran mucha más.
Malek la mira con una sonrisa depredadora mientras continuaba moviéndose dentro de ella. Sus caderas se mueven con un ritmo constante y frenético, llevándolos a ambos al borde del abismo.
— ¿Ves como me deseas? ¿Cómo tu cuerpo se somete y te lleno completamente?
En ese punto, los gemidos de Amber se volvieron gritos de puro deleite. Le encantaba sentir como la domaba y la embestía profundamente con tanto poder. Ella estaba a su merced y no la molestaba en absoluto.
Malek la penetraba con fuerza, llevándola al límite de su resistencia. Sus movimientos se vuelven más erráticos y descontrolados mientras se acercaba al clímax.
— ¿Estás lista para recibir mi semilla? ¿Para ser marcada como mía?
Amber gritó que sí, mientras retorcía los puños en las sabanas y sentía como el orgasmo la golpeaba como un tren de carga. Se arqueó sintiendo cómo se deshacía por completo ante él. Sus paredes palpitando de puro deleite y satisfacción contra su eje.
— Oh dios, ¡sí!
Malek gruñe mientras, se deja ir, vaciándose dentro de ella con una serie de violentas embestidas. Su cuerpo se estremece de placer mientras alcanza el clima, llenándola completamente de su semilla.
— Eres mía… mía para siempre… — jadea aun bajando de su clímax.
— Tuya…
Amber se desploma en la cama semiinconsciente por el cansancio y plenitud post-coito. Sus párpados cerrándose lentamente mientras le miraban. Malek se derrumba sobre ella, jadeando mientras recupera el aliento. Sus dedos trazan patrones perezosos sobre su piel mientras la abraza posesivamente.
— Duerme, ahora querida, has sido satisfecha.
Amber se durmió completamente. Al día siguiente se despertó sola en la habitación, tu presencia ya no estaba. Ella se preguntaba si todo había sido simplemente un sueño húmedo.
— Pues claro que lo fue boba. Los demonios no existen.
Amber se reprende a ella misma mientras termina de levantarse y va a la ducha para prepararse para un nuevo día. Una sombra la vigila desde la oscuridad.
