Chapter 1: Capítulo 1
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Me faltaba inspiración. Hoy, por lo que sea, no era capaz de escribir algo con sentido y me sentía frustrado. Suspiré, cerré mi cuaderno y guardé mi bolígrafo, decidido a levantarme del suelo de gravilla debajo de la escalera de metal, el lugar en el que más protegido me sentía del instituto. Saqué mi teléfono del bolsillo y navegué un poco las novedades del blog de la escuela, hasta que dí con un titular interesante:
“Apertura del Taller de Artes de la escuela François Dupont”. Pinché en la noticia para leerla un poco más detenidamente hasta que di con unas bellas ilustraciones estilo manga de Ladybug y Chat Noir. Las imágenes tenían tanta fuerza, la acción se plasmaba impecablemente y la tensión de las escenas parecía palpable. Quedé sorprendido ante tal talento, y lo tomé como inspiración para mi siguiente historia. Busqué el nombre del dibujante en la noticia: Nathaniel Kurtzberg… Me sonaba su nombre. Creo que es de mi curso, pero nunca habíamos intercambiado palabras antes.
En vez de desesperarme por no tener inspiración antes de ver los dibujos de Nath, decidí plasmar mis sentimientos en el papel, lo que solía hacer cuando me encontraba en conflicto.
"No tengo ninguna historia que escribir hoy.. Más bien, me vengo a desahogar. Desde que supe que Nathaniel era el artista detrás de las obras en las que tanto me fijaba, me he estado inspirando en sus dibujos. Sus ilustraciones son una gran fuente de inspiración para mí y considero que Nathaniel es tan talentoso… pero yo soy demasiado tímido como para hablarle. Realmente quiero ser su amigo, pero mi vergüenza es una barrera. No sé cómo dirigirme a él y siento que siempre se van a reír de mí en cuanto abra la boca, todo desde que dejé esa escuela…"
"Me pongo muy nervioso siempre que me le encuentro en el pasillo. ¿Siempre he sido así de raro al hablarle a la gente?
He notado que siempre está solo ¿Y si no quiere mi compañía? Nunca me he complicado tanto por hablarle a alguien, realmente ni me reconozco. ¿Cuál es la función siquiera de este cuaderno? ¿Se ha vuelto un diario desde que él llegó a mi vida?"
"Hoy he visto que Alix, esa chica que siempre está con Nathaniel, ha notado que le estaba mirando. Qué lo-cu-ra. He salido corriendo de la cafetería en cuanto la he visto.
Sin embargo, me ha seguido y me ha animado a hablar con su amigo. Tiene mucha confianza en sí misma y tiene carisma, así que estuve de acuerdo con ella. Después de todo, sí quiero acercarme a él para ser su amigo…"
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Estos días he visto a Alix hacer cosas extrañas. La he visto corretear por los pasillos, cosa que quizás no estaba fuera de lo normal, mientras seguía a un pelinegro particular de mi curso, que esa era la parte rara. Ayer tuve que imprimir algunos dibujos digitales para un anuncio del instituto en la sala de imprenta, y mira por dónde, ahí me encontré con ese mismo chico que Alix no paraba de seguir, escaneando las páginas de su libreta. ¿Qué tanto escribía ahí? ¿Sería su diario?
—Hola— saludé, mientras que él estaba viendo la fotocopia que acababa de salir de la impresora— ¿Cuándo vas a terminar? Necesito la impresora para imprimir algunos dibujos digitales.
El pelinegro giró su cabeza y me miró a los ojos. Eran verdes esmeralda y de un color muy vibrante.
—Eh… estoy a punto de acabar, me faltan 3 páginas por escanear y ya podrás usarla tú— respondió, en un murmullo dulce y tímido. Si hubiese habido alguien más hablando en la sala, probablemente no le hubiese escuchado.
Hubo un breve e incómodo silencio, interrumpido solamente por el repiqueteo de la fotocopiadora. Su pelo, muy oscuro y desordenado, tenía unos singulares y juguetones mechones más cortos en la coronilla. Al notarlo, se me hizo un detalle muy peculiar. Era algo más alto que yo, por tanto estudié su silueta durante unos segundos hasta que se giró, con el montón de todos los papeles que había fotocopiado en las manos.
—Toda tuya— dijo, mientras que pasaba por mi lado y salía de la sala.
Entonces, me entró curiosidad por él, sin embargo, no consideré que fuera alguien muy relevante, hasta que lo fué.
…
Esa misma tarde llegué a mi casa, y suspiré de cansancio. Subí a mi habitación lo antes que pude y dejé mi pesada mochila encima de mi cama, y caí al lado. Saqué mi teléfono del bolsillo y vi una notificación de Alix. ¿Qué está tramando esta enana ahora?
Cuando abrí el mensaje de Alix, vi que me había mandado un enlace para ver una noticia del blog del colegio. ¿Por qué me lo mandaba a mí? Abrí el enlace y vi el titular de la noticia: “Concurso de escritura creativa de París: los premios y obras ganadoras”. Qué raro, Alix nunca estaba interesada en estas cosas, pero si me lo había mandado era por algo. Leí la noticia. Al principio se anunciaban los terceros, segundos lugares… hasta que llegué al único primer lugar. Ahí es cuando leí un nombre: Marc Anciel. El premio del primer lugar no era ninguna broma, eran 1000 euros de premio y tener contacto con editoriales para publicar un libro.
Leí su extracto y entonces supe perfectamente por qué había ganado. Su forma de escribir era única, fresca, la elección de palabras era meticulosa, y la historia que había escrito en tres páginas estaba perfectamente redactada y tenía mejor trama que muchas películas que había visto en el cine. Quedé bastante impresionado por quien sea que fuese Marc, además yo estaba buscando a un escritor para mejorar las historias detrás de mis dibujos, y creo que él es la oportunidad perfecta para poder llegar a publicar mi primer manga.
Dejé el teléfono y me senté en mi mesa de trabajo. Sabía que a estas horas de la tarde mis bocetos eran mejores de lo normal, al no estar en el bullicio de la escuela. Tomé un lápiz del bote de mi escritorio, abrí mi cuaderno y me puse a bocetar sin prestar mucha atención. Cuando acabé el boceto, me di cuenta de que era de una cara conocida: el chico de la fotocopiadora. ¿Qué hacía entre mis bocetos? La verdad es que sí, era bastante dibujable, sus facciones eran interesantes para plasmar en un papel. Específicamente su pelo y sus ojos. Me paré un momento para observar el boceto, cerré el cuaderno y bajé al piso de abajo, ya que mi madre me había llamado para la cena.
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Hoy estaba en el instituto, sentado en la escalera de siempre, alejado de las masas de personas y escribiendo mi siguiente historia. No tenía muy claro por qué estaba escribiendo un romance, pero ahí estaba, se dió de forma inesperada. Los personajes vinieron a mi cabeza y me puse a escribir y escribir hasta que me di cuenta de lo que estaba redactando. Era una historia entre Ladybug y Chat Noir, los héroes del momento en París. Yo siempre he pensado que tenían una química notable, pero nunca he sido de escribir romances. Siempre me ha gustado más escribir escenas de acción o terror, incluso fantasía. ¿Pero romance? No sé qué me pasaba, así que cerré mi cuaderno y continué comiendo mi sándwich de merienda.
…
Llegó la última hora y todos salimos de nuestras clases. Estaba andando por el pasillo cuando me encontré con Nathaniel, y por alguna razón, levantó la cabeza de su cuaderno al verme pasar, con Alix al lado. Yo le estaba mirando de reojo porque sabía que la vergüenza me traicionaría si le miraba a la cara, así que andé un poco más rápido hacia mi escalera de siempre. ¿Qué había sido eso?
El caso, me senté en la gravilla de siempre con mi cuaderno apoyado entre mis piernas y con un boli en la mano, y estaba comenzando a pensar en cuál sería mi siguiente inspiración para escribir, cuando la voz de alguien sonó a través de mis cascos.
—Hola otra vez, chico de las fotocopias —escuché la voz de Nathaniel con un tono amable. Me quité un casco para escucharle y responderle.
—Tengo nombre, ¿sabes?— dije con voz temblorosa. Nathaniel estaba agachado, apoyando sus manos en sus rodillas e inclinado hacia mí. El hecho de que ahora mismo pareciese más alto que yo cuando era al revés me puso bastante nervioso.
—¿Te importa que me siente contigo? Ahora mismo no tengo ninguna inspiración para mis dibujos y estaba buscando un sitio nuevo, cuando te encontré aquí. ¿Cómo te llamas?— ¿Él? ¿En mi sitio seguro? Bueno… podríamos buscar inspiración juntos, total estábamos en la misma situación.
—Ah, bueno, claro. Me llamo Marc y también me encuentro algo bloqueado, nada me inspira para escribir ahora mismo— respondí, continuando un poco la conversación.
Nathaniel se sentó en mi lado derecho, y los dos nos pusimos cada uno a lo nuestro. Yo miraba de reojo lo que estaba bocetando, y en una esquina de la hoja, por alguna razón, parecía haberme dibujado a mí. No sé si sabe que lo he visto, pero me parece suficiente como para saber que quiere un interés en mí y que, a lo mejor, no quiere estar solo.
—Oye Marc, nunca he visto nada de lo que escribes. Lo único que he leído es el extracto de la historia con la que concursaste en la competición de escritura creativa, ¿Te importaría enseñarme algo más?
—Bueno, yo nunca le muestro lo que escribo a nadie, me da bastante vergüenza —dije, hablando de manera pausada y mirando hacia otro lado que no fuera la cara de Nathaniel—.
—A mí tampoco me gusta que la gente vea mis dibujos —aseguró— considero que son como mi mundo interno, y yo lo valoro mucho, así que enseñarle a alguien mi arte es casi como sentirme desnudo —se rió un momento— de manera figurativa, claro.
La verdad es que se sentía justamente como lo había descrito mi compañero. Me giré a verle a la cara y enseguida volví a bajar la mirada. Esos ojos azules me desconcentraban.
—La verdad es que tienes razón, es exactamente así —murmuré yo— pero ambos somos artistas. No creo que un artista criticara a otro en la misma situación-
—Marc, voy a ser sincero contigo —Nathaniel interrumpió mi constante hablar por hablar— hoy no he hecho ni un solo boceto y no tengo ningún tipo de inspiración para hacer algo nuevo, y el otro día me pasó lo mismo hasta que leí el extracto de lo que mandaste a la competición de escritura creativa de París, y acabé haciéndole una portada como si fuera un manga.
Nathaniel metió la mano en su mochila y sacó su tableta gráfica para enseñarme la ilustración. Aunque no estaba acabada, los colores eran tan vibrantes, el movimiento de los personajes que había creado era tan realista… no me podía creer que mi historia cutre sobre un arquitecto hubiese dado para tanto.
Mientras que Nathaniel me miraba para buscar mi aprobación, yo abría la boca cada vez más con desconcierto, mientras analizaba cada trazo de la ilustración.
—Es increíble, Marc —Nathaniel interrumpió mi extrema adoración por su dibujo, haciendo que alzara la mirada al escucharle hablar— los mundos y atmósferas que logras crear con tus historias son increíbles, y me inspiran a niveles que no creerías. Por eso te quería preguntar si te parecería buena idea intercambiar cuadernos, para inspirarnos el uno al otro.
Estuvimos un buen rato observando el mundo interior del otro. Nathaniel tenía un estilo tan dinámico y directo con sus ilustraciones, siempre se captaba el mensaje que quería decir, a diferencia de mis historias. Aunque él no escribiera, es probable que pueda aprender de él. Cuando estaba llegando al final del cuaderno, fue cuando pude ver con más detenimiento el boceto que había hecho Nathaniel de mi cara. La verdad es que era exactamente igual a mí. Recogí mi bolígrafo del suelo y escribí una notita al lado del dibujo de Nathaniel.
"Qué boceto más bonito ^^ Ojalá estar como me interpretas. Tus dibujos son preciosos Nathaniel. ¿Quieres ser mi amigo?
- Marc ^^"
Después de escribirla, continué viendo sus dibujos. La gran mayoría eran de superhéroes de películas o de los héroes de París, Ladybug y Chat Noir. También noté que se bocetaba mucho a sí mismo como Evillustrator, su forma akumatizada. Ese detalle de dejó bastante sorprendido, ¿No se supone que los akumatizados no se acordaban de lo que pasó? Supuse que se basó en fotos para las ilustraciones. Entonces, escuché la voz de Nathaniel hablarme.
—¿Has terminado de ver todo?— dijo, antes de ver que estaba en la página en la que estaba el dibujo que había hecho de mí. Vi que se avergonzó un poco, estaba mirando para otro lado.
—No te preocupes, tus bocetos son fantásticos— respondí yo, para no preocuparle, mientras le acercaba su cuaderno de bocetos. Él lo cogió, suspirando un poco. ¿Pensaría que no me he dado cuenta? Espera a que vea la nota.
—Tus relatos también son increíbles— él también me devolvió mi cuaderno —Tu forma de escribir es muy entretenida de leer y se nota que eliges las palabras con mucho cuidado, e incluso le das musicalidad a lo que escribes. Ojalá pudiera escribir algo parecido para mi manga…— Lo que dijo me dejó sorprendido. ¿Era esa la razón por la que aún no había publicado nada?
—¿Te ha interesado alguna historia de las que he escrito en específico? —Pregunté. Tuve el plan perfecto para volverme su amigo, sin siquiera necesidad de pedirlo o de que leyese la nota— ¿Y si intentas ilustrar alguna? A mi no me molestaría para nada, y así podríamos ver si lo que contamos funciona bien y, quién sabe, podríamos colaborar en algo.
El silencio nos invadió cuando dije eso. ¿Lo habré dicho muy pronto? No quiero meterle miedo o presión, ni mucho menos hacerle sentirse obligado a colaborar conmigo, ¡Odiaría que lo hiciese porque se siente obligado!
—Pero bueno, sabes, no es necesario, o sea, tú puedes escribir tus historias, no necesitas a alguien seguramente— titubeé yo. Genial, Marc.
—Claro que me encantaría. Me gustó lo que escribiste sobre Ladybug y Chat Noir enamorados, están hechos el uno para el otro y se completan muy bien en tu historia —Le miré a los ojos por primera vez de manera prolongada desde que nos sentamos aquí, y eran de ese color azul hielo que invadía mis pensamientos—.
—Ah, ayer hice copias de esa historia— respondí yo, contento con la aceptación que estaba recibiendo en ese momento– Tómalas, ya me las devolverás– Saqué las hojas del archivador en el que estaba todo lo que escribo.
Nathaniel y yo nos quedamos mirándonos un rato, con las fotocopias en las manos. En serio, ¿Qué me pasaba hoy? No tiene ningún tipo de sentido. Mientras pensaba en esto, del teléfono de Nathaniel saltó un tono de llamada, y él cogió el teléfono.
—Oh, ah, hola mamá.—Nathaniel respondió a la llamada— ¡Se me había olvidado! Sí, sí, ya voy para casa. Estaba en el taller de artes del instituto, sí sí, estoy bien, no te preocupes. Ahora voy para casa mamá, chao— y colgó. —Bueno, tengo que volver a casa. Muchas gracias por las fotocopias, ahora tengo algo para ilustrar, por fin. Te buscaré cuando acabe, muchísimas gracias Marc— se despidió con una sonrisa en la cara, y ambos nos levantamos.
La verdad es que sí se nos había hecho tarde, eran las 7 y salimos de las clases a las 3. No sabía que había pasado tanto tiempo. Estaba muy contento con el día, esto se merece su entrada.
"Acabo de volver a casa del instituto, madre mía. Me he quedado hablando y compartiendo mi tiempo con Nathaniel durante cuatro horas. CUATRO HORAS. Ojalá lea la nota que le dejé al lado del boceto que hizo de mí. Espero que acepte y empecemos a ser buenos amigos, y quién sabe, a lo mejor acabaremos escribiendo un manga juntos, como dijo Alix. Ojalá tenga razón… si realmente luego no le caigo bien, probablemente me dé un chungo. Me voy ahí mismo como me lo diga a la cara, honestamente. Solo espero que no suceda como pasó en mi anterior colegio… no quiero volver a ser visto como un monstruo, y ojalá Nathaniel no lo sea.
Me parece una locura que haya visto lo que escribo. Generalmente, me da vergüenza compartir mis relatos con las personas, suelo escribir o para mí mismo, para trabajos o para competiciones de escritura creativa, pero no con el fin de publicar algo o que lo lean personas de mi entorno. Supongo que esto es un cambio para bien, ¡Así puede ser que publique mi primer trabajo! Sería un sueño hecho realidad."
Chapter 2: Chapter 2
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*ೃ༄
Marc es un chico muy amable una vez que rompes su cáscara. Tengo que apoyarle para que —por fin— decida hablarle a Nath. Creo que ellos podrían hacer un gran trabajo juntos, y además sería increíble que pudiesen llegar a publicar un manga, como Nathaniel desea tantísimo.
Primero, esperé durante algunos días y “planeé” que se encontraran en algunos lugares de la escuela, como el pasillo o la sala de imprenta. Sin embargo, vi que las cosas no fluían entre ellos, ya que Marc es demasiado reservado como para tener la audacia de hablarle a Nath y vencer sus miedos, y Nathaniel, aunque sabe quién es Marc, no lo conoce mucho, por lo tanto prefiere mantener las conversaciones escuetas y continuar con su día a día. Poco a poco, cuando pasaban estas escenas, me di cuenta rápidamente de que necesitaba algo de mayor escala si quería que ellos dos colaborasen. Y supe perfectamente a quién llamar.
…
Cuando llegué al parque de al lado de su casa, Marinette ya me estaba esperando. Marinette siempre es la persona indicada para pedir ayuda, siempre quiere ayudar y es muy inteligente.
—Hola Marinette —saludé a mi amiga— Tengo que contarte lo que ha estado pasando estos días, porque seguro que te va a sorprender –subí y bajé las cejas para que supiese a lo que me refiero, es decir, chisme.
—Ah, cuéntamelo y ya— dijo Marinette, mirándome con ojos curiosos. Nos sentamos en un banco para hablar.
—Bueno, principalmente se trata de Nathaniel— empecé a relatar—ya sabes, el chico pelirrojo con la cabeza metida en su cuaderno de bocetos todo el día.
—Sí sé quién es Nathaniel —respondió Marinette, esperando a que continuara.
—Vale, conocí a un chico de nuestro curso llamado Marc, y resulta que quiere ser amigo de Nath pero no habla casi nada tampoco, así que cuando los junto para que hablen, se dicen entre poco y nada, y necesito un plan que los acerque.
—Te voy a ayudar, Alix, este es el tipo de cosas para las que estoy —rió Marinette— Me encanta juntar personas, y al parecer son muy compatibles.
—Totalmente, uno escribe y el otro, dibuja. Además, Nathaniel está buscando un escritor, porque quiere escribir un cómic y no es tan bueno escribiendo como dibujando —destaqué—. Es obvio que tienen que trabajar juntos, es prácticamente cosa del destino. Pausé un momento para que Marinette asimilara todo un poco.
—Pero, además, te lo pido porque me preocupa un poco Nathaniel. –soné bastante apenada, pero la preocupación era real– No tiene a nadie además de mí. Siento que tiene que salir de su zona de confort, pero si siempre está con la misma persona y haciendo lo mismo, eso no pasará.
—Eso está claro, si no sale de su cuaderno de dibujo no tendrá a mucha gente, pero él solo es reservado. De hecho, hicimos un proyecto juntos y nos pusieron muy buena nota por sus aportaciones y las gráficas que dibujó. Tienes que pelar sus capas poco a poco, como las cebollas. —reflexionó Marinette, ganándose una risa mía. Siempre tan profunda— Pero bueno, el caso es que ya pensaré algo y te lo diré.
—Está bien, Marinette. Gracias por ser tan buena amiga— respondí yo— Bueno, se me ha hecho tarde, tengo que volver a casa.
—¡Chao, Alix! ¡Cuídate! —Marinette se despidió a gritos mientras me iba del parque deslizándome con mis patines.
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Cuando salí del instituto después de pasar tiempo con Marc, la tarde se hizo helada. Mis cascos estaban encendidos con mi lista de música favorita y estaba pasando cerca de Trocadero, un atajo para llegar antes a mi casa. Trocadero era un lugar que me inspiraba, sin embargo, los turistas siempre lo llenaban hasta arriba, a veces incluso en días de jornada laboral. Después de suspirar por las emociones que me evocaba ese lugar, continué mi camino.
Cuando llegué a mi casa, el olor del pollo asado de mi madre me esperaba. Saludé a mi familia, como siempre hago cuando llego de vuelta del instituto. Después subí por las escaleras desde el salón hasta mi habitación y dejé la mochila al lado de mi mesa. Me tumbé en la cama, aún sin mentalizarme sobre el hecho de que tenía una montaña de fichas que hacer.
Sin embargo, preferí relajarme un poco antes de ponerme a trabajar, obviamente a través del dibujo. Me levanté de la cama y llegué a mi mochila para sacar mi cuaderno plagado de pegatinas y lo abrí por una página por la que aún quedaban huecos por rellenar mientras me sentaba en mi mesa. Le estaba echando un vistazo general cuando vi una nota en una letra que no era la mía al lado de mis dibujos.
“Qué boceto más bonito ^^, ojalá estar como me interpretas. Tus dibujos son preciosos, Nathaniel. ¿Quieres ser mi amigo?”
Firmado nada más ni nada menos que por Marc.
Pausé un momento, intentando procesar que había visto el dibujo que había hecho de él. Me dió mucha vergüenza porque ni siquiera era un dibujo que me hubiese salido muy bien, y además seguramente piense que soy un rarito por haberle dibujado sin siquiera saber su nombre antes de vernos hoy. Pero es que había algo en Marc que me inspiraba. Era muy fácil simplemente pensar en sus facciones y reflejarlas en el papel.
Entonces, decidí volver a dibujarle. Agarré uno de los lápices de los miles que hay en el bote de mi mesa y lo dibujé hasta hartarme. ¿Qué me pasaba? Estaba tardando cinco minutos por boceto, y cuando me quise dar cuenta, había rellenado dos caras contiguas de mi cuaderno solamente de Marc con distintas expresiones. Sobre todo, estaba refrescando las caras que hacía al concentrarse al escribir o cuando le veía en el pasillo y se le subían los colores.
Madre mía. ¿En qué momento me he vuelto así? Ahora sí que jamás tiene que ver mi cuaderno. Imagínate ver tantas veces tu cara dibujada en el cuaderno de alguien de quien ni siquiera sabías su nombre hace unas horas.
Cerré el cuaderno de bocetos para después echarme para atrás en mi silla y mirar al techo de mi habitación, sintiendo mis mejillas calientes. ¿Por qué estaba empezando a sentir lo mismo por Marc que lo que sentí en su momento por Marinette? Nos acabamos de conocer…
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Esta mañana me levanté con una sensación distinta en el cuerpo. Por alguna razón, tuve la sensación de que algo iba a pasar, pero no sabía si era bueno o malo. Bajé por las escaleras de mi casa para llegar a la cocina y preparar algo para llevarme de camino porque, qué raro, me había despertado tarde.
En cuanto acabé, cogí mi mochila por el asa y me la puse al hombro mientras salía pitando por la puerta de mi casa. Era muy probable que llegase tarde a la primera clase del día, y en efecto, así fue. La señora Mendeleiev me echó una reprimenda sobre la responsabilidad y la puntualidad mientras me sentaba en mi sitio de siempre en el laboratorio y después comencé a tomar notas de lo que había en la pizarra.
En medio de la clase, miré por la ventana para ver que ocurría en el pasillo. Supuse que no habría nadie porque todos tenían clase a esta hora, pero en el piso de abajo, vi a la clase de la señora Bustier con el profesor d’Argencourt, el profesor de Educación Física. Vi a Marinette y a su amiga que creo que se llamaba Alya, a la odiosa Chloe, y por último, a Nathaniel.
Estaban haciendo esgrima, y todos llevaban el traje de esgrima blanco, con su respectivo casco, excepto una persona además del profesor, que iba toda de rojo y parecía estar metiéndole una paliza a toda persona que se le cruzase. Me paré a ver a Nathaniel, que se había quitado el casco y tenía el pelo desordenado y de un rojo tan brillante como siempre. Estaba de espaldas, así que no le pude ver bien la cara. Aun así, me quedé mirándolo por la ventana por el resto de la hora de laboratorio en la que estaba.
Cuando me quise dar cuenta, la clase había terminado y, cuando dejé de mirar por la ventana, me desconocí por completo. ¿En qué momento me había vuelto a fijar en otro chico? ¿Acaso no recordaba el daño que me hizo enamorarme de uno la última vez?
Recogí mis cosas excepto mi cuaderno y mi bolígrafo de confianza, que sujeté con las manos después de ponerme la mochila al hombro para llegar a mi preciada escalera, ya que la profesora de francés había faltado y teníamos una hora libre. Saqué mi manzana para almorzar de la mochila y la empecé a comer mientras leía mi última historia con intención de editarla.
Después de un rato, mientras leía, noté la sombra de alguien erguirse sobre mí, así que alcé mi mirada y me encontré con Marinette, sujetando aún el casco de esgrima. La conocía porque era una persona muy amable, con ganas de ayudar a todos y, además, era compañera de clase de Nathaniel.
—Hola Marc —me sonrió mientras se agachaba para estar a mi altura— ¿Cómo estás hoy?
—Ah, buenos días Marinette —saludé tímido— Estoy bien, ¿y tú?
—Muy bien —respondió mirándome con esa sonrisa amable que le daba a la gente que la rodeaba— Vengo a ofrecerte a que me acompañes a un sitio. Sé que siempre estás escribiendo aquí, incluso cuando hace frío, como hoy. ¿Sabes que recientemente han abierto una sala de arte en la clase 33? Deberías acercarte a visitarla.
—Gracias por la invitación, Marinette, pero no sé, ¿Hay mucha gente que no conozco? —pregunté mientras miraba a Marinette con ojos preocupados—.
—No te preocupes por eso, Marc. Nadie en esa clase te va a juzgar por lo que hagas, todos somos libres de crear lo que queramos, sin ponernos barreras y sin ponérselas a nadie. Si alguien llegase a decirte algo, cosa que no va a pasar, está el profesor, que te ayudará sin problema. ¡Venga Marc! Sé que te va a encantar. Además está Nathaniel.
Cómo que estaba Nathaniel. Qué patoso me iba a poner, si es que lo sabía. Le he visto entrar en el aula 33 mil veces durante los recreos.
—Ah, bueno, vale —titubeo dubitativo mientras Marinette me mira con ojos de corderito y yo intento que no note mi sonrojo— Déjame recoger e iré en un rato.
—Está bien. Te veré allí, entonces —se despidió con la mano, y en cuanto se giró, gritó-susurró por lo bajini “¡Bien!”, cosa que me dejó perplejo.
Aun así, recogí mi mochila y subí por las escaleras, sujetando mi cuaderno cerca de mi pecho. Mi corazón palpitaba a mil por hora, no solamente porque fuese a conocer a mucha gente nueva, sino por el miedo a la crítica y a estar cerca de Nathaniel otra vez.
Cuando esquivé a varias personas que estaban en el pasillo y llegué a la puerta del aula 33, me quedé mirándola por un momento, apreciando los detalles. Había una zona con un graffiti, otra en la que estaba dibujada Ladybug, al lado una guitarra con notas musicales, vestidos y telas de coser… Debían de ser el tipo de cosas que hacían en el club, pero en ningún lado vi nada relacionado con la escritura, y me preocupé un poco. Sin embargo, respiré y reuní todo mi coraje para bajar el manillar de la puerta y abrirla.
Cuando abrí la puerta, todos dirigieron su cabeza para mirarme, mientras que yo me quedaba de pie en el marco, sujetando con más fuerza mi cuaderno.
—¡Hola, Marc!— Marinette se levantó de su pupitre, sobre el que había una máquina de coser, un cuaderno de bocetos y varias telas de diferentes texturas y colores— Sabía que llegarías, ¡Bienvenido al aula 33!
Miré a mi alrededor mientras Marinette me recibía. Frente a mí, una pared gigantesca llena de graffitis se extendía por toda la clase. Alix, con una máscara de gas puesta, pintaba concentrada. En una esquina, unos caballetes con obras al óleo secándose al sol daban vida al espacio. Al lado de los caballetes, habían varias cajas y un sofá en el que estaban dos compañeras de Nathaniel, una tocando la guitarra y otra escribiendo en un cuaderno, mientras que hablaban de distintos acordes. En la esquina izquierda del fondo, había una estatua de mármol blanco, que me desconcertó bastante por el contraste que hacía contra las coloridas y caóticas paredes. En el fondo, había grandes obras de arte colgadas y algunas estanterías con distintos útiles para distintas artes y una pequeña biblioteca de libros. A la derecha y más cerca de la entrada, había un piano pintado de distintos colores y enfrente, un gran pupitre lleno de hilos, telas, materiales de arte… y en ese mismo pupitre, estaba sentado Nathaniel, que había levantado la cabeza cuando abrí la puerta, sonrió y… ¿se sonrojó al verme?
Mientras observaba la sala con curiosidad, un hombre de edad avanzada y con la ropa llena de gotas de pintura de distintos colores se acercó a mí y a Marinette.
—¿Tú eres el escritor del que Alix me hablaba tanto? Yo soy el profesor Monlataing, el profesor que se encarga de que esta clase esté en un mínimo orden. Aquí, puedes crear lo que desees y nadie te juzgará. Además, hacemos muchos talleres relacionados con distintos tipos de arte para que todos seamos más versátiles, y te podrás apuntar al que quieras, totalmente gratis —El profesor tenía una sonrisa de oreja a oreja. Estaba claro que amaba lo que hacía— Siéntate donde quieras.
Cuando el profesor me comenzó a hablar, aunque aún estaba nervioso, me comencé a sentir más seguro. Estaba mirando alrededor de la clase para buscar algún lugar en el que sentarme cuando Nathaniel me miró y me señaló una silla al lado suya. Mientras tanto, Marinette me codeó y subió y bajó las cejas, y en la lejanía, Alix me miraba con cara de complicidad.
Acabé por caminar hacia el pupitre de Nathaniel y sentarme a su lado, y pude ver el dibujo digital tan detallado que estaba haciendo en su tablet, y un cuaderno con notas y muchos tachones.
—Hola Nathaniel —me senté en la silla de madera y dejé mi mochila al lado. Parecería que estaba relajado, pero mi corazón estaba apunto de salirse por mi boca, lo sentía palpitar en la garganta. Lo que me hacía Nathaniel no era normal. ¡Nos conocimos el otro día! ¡Literalmente no supo mi nombre hasta ayer!
—Hola Marc —dejó su lápiz digital de lado para apoyar la cabeza en su mano y girarse a verme, inclinando la cabeza levemente— No te esperaba por aquí.
—Ah, bueno, Marinette me invitó a venir aquí —respondí detrás de una faceta más natural— Ya sabes, porque siempre me siento fuera y hace muchísimo frío hoy. Así que Marinette me habló de este lugar y no me pude negar.
—Qué bien. Sabes, ayer vi la nota que dejaste en mi cuaderno —pasó las hojas hasta que llegó a la última, en la que estaba mi dibujo y mi nota— y quería hacerte saber que me encantaría ser tu amigo. Tus historias son muy creativas y ¿sabes qué? Hice una pequeña ilustración de la historia que me dejaste el otro día. Aún no he acabado el cómic, pero tengo la portada casi acabada. ¿La quieres ver? —esto me lo preguntó mientras me miraba con esos ojos de hielo que habían taladrado mi cerebro.
¿Por qué estaba sintiendo esto de nuevo?
Me asomé mientras él abría el proyecto del programa de dibujo en el que había hecho la portada, y era brutal. Abrí los ojos como platos, mientras veía a mis personajes cobrar vida. Había dibujado a Ladybug y Chat Noir sobrevolando el Museo del Louvre, y la dinámica de la ilustración era tan impecable que parecía que los personajes se movían de verdad. La anatomía era muy realista y el estilo de coloreado y sombreado era llamativo y colorido. ¿Qué más podía pedir de alguien que ilustró mi historia?
—Esta portada es increíble, Nathaniel —musité mientras adoraba la pantalla de su tableta digital— los movimientos, la actitud, el dinamismo, ¡Son impecables!
Miré de reojo a Nathaniel, para verle mirándome con gratitud.
—Muchas gracias, Marc —respondió mirándome a los ojos y sonriendo, cosa que me puso muy nervioso, haciéndome dar un respingo en la silla y alejarme de la cercana cara de Nathaniel.
—Ah, bueno, voy a ponerme a trabajar en una historia que tengo pendiente de terminar, si necesitas alguna opinión o algo me lo puedes decir— musité mientras fijaba la mirada en mi cuaderno reglado y preparaba mi boli para continuar escribiendo—.
Nathaniel asintió suavemente y continuó dibujando en su tableta digital.
…
—¡Esto es increíble! Por fin han hablado y se han sentado a trabajar juntos —chilló Marinette en la otra esquina de la clase, mientras salían de esta—.
—Es un gran avance. ¿No has visto cómo le miraba Nathaniel mientras hablaban de nosequé de una portada? ¿Y cuándo entró Marc a clase y sus mejillas se pusieron rojo tomate? —apuntó Alix, mientras ella patinaba al lado de Marinette, saliendo del instituto— Eso es un muy buen indicio, les tenemos que juntar más porque no solo se ven como amigos.
—Ahora que lo mencionas, lo visualizo totalmente. Si no, ¿Por qué se habría sonrojado Nath al verle entrar en clase? —La peliazul pensó y colocó piezas de un puzle imaginario en su cabeza— Espera, ¿Y si pasó algo que no sabemos? Nath antes no tenía reacción al ver a Marc, pero de un día para otro se le subieron los colores cuando está él.
Alix calló un momento, pensando ella también y mirando a Marinette con cara de desconcierto.
—Espera, espera espera espera, ¡Eso tiene todo el sentido del mundo! Marinette, habla con Marc antes de que se vayan del instituto y yo intentaré hablar con Nathaniel, y mañana nos reunimos para hablar. ¡Esto es muy importante!
Marinette salió corriendo hacia el aula 33, asintiendo y despidiéndose de Alix con la mano.
Chapter 3: Capítulo 3
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Cuando mi madre me llamó diciendo que estaba comenzando a preparar la cena, me despedí de Nathaniel. Él quería terminar el cómic de mi historia esa tarde sí o sí, así que se quedó más tiempo en la clase. Esa tarde, trabajamos los dos juntos sin parar, y de vez en cuando pausábamos para pedirle una opinión al otro o para comentar cosas de nuestro día a día.
Estaba caminando con un semblante sereno a mi casa cuando me encontré con Marinette.
—¡Hola Marc! —La chica me saludó con su efusividad y caos usual. De hecho, casi se tropieza con una piedra del pavimento sobre el que andábamos—.
—Hola, Marinette, ¿cómo te va? —giré la cabeza para ver a Marinette corriendo desde la distancia mientras yo intentaba contener una risilla—.
—Bien, bien —pausó un momento para recuperarse del tramo que había corrido— Bueno, ¿qué tal esta tarde con Nathaniel?— me sonrió con una sonrisa pícara y me codeó suavemente, y yo me reí ante su expresión.
—Bueno, cada uno hemos trabajado en lo nuestro, por lo general. Él me ha enseñado las ilustraciones en las que estuvo trabajando últimamente y yo le enseñé los cambios que quería hacer en mis historias— expliqué mientras caminábamos juntos hacia la salida.
—¿Y hoy ha sido la primera vez que habéis hablado? —preguntó Marinette de forma directa— Parecíais más cómodos hoy que hace unos días.
—Ah, bueno, sí… —musité mientras miraba hacia otro lado y sujetaba mi preciado cuaderno entre mis brazos— ayer se acercó él a hablar conmigo en el recreo.
—Qué bien, ¿no? ¿Y qué pasó esa primera vez que hablasteis?
Marinette estaba haciendo demasiadas preguntas, así que la miré de reojo, cuestionando su comportamiento. No solía preguntar tanto cuando hablábamos y, además, tenía una expresión extraña, como si escondiera algo.
—Eh, bueno, se sentó a mi lado en la escalera de siempre y estuvimos haciendo cada uno lo nuestro, y compartimos nuestros cuadernos para inspirarnos, ya que ninguno tenía inspiración ese día. —decidí responder de todas formas porque Marinette nunca tenía malas intenciones, aunque me salté la parte de la notita.
—Estoy muy contenta por ti, Marc —respondió mi compañera— espero que acabéis siendo muy buenos amigos.
—Gracias, Marinette, pero ¿A qué vienen todas estas preguntas, si se puede saber? —cuestioné a la peliazul, sin embargo ella me interrumpió antes de que acabase la pregunta—
—¡Vaya Marc, aquí nos tenemos que separar! Mi casa está por ese lado, ya sabes, la panadería. —dijo rápidamente y con un notorio nerviosismo— Nos vemos mañana en el instituto ¿Vale? —Después de esto, salió pitando y entró a la panadería de su familia.
Me quedé perplejo, ¿Qué demonios le pasaba a Marinette?
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Cuando Marc salió por la puerta del taller de arte, fue cuando pude soltar un intenso suspiro y empezar a respirar con normalidad de nuevo. Tenerle toda la tarde al lado me había desconcentrado, yo sabía que podría haber acabado el cómic de su historia hoy, pero estuve demasiado entretenido mirándole. No podía quitar mi mirada de él, le miraba de reojo, directamente, a veces se daba cuenta, a veces no, y a veces tenía que fingir que estaba escribiendo un bocadillo cuando llevaba sin tocar el proyecto 15 minutos.
Me llevé el brazo a la frente mientras echaba la espalda a la silla y suspiraba de nuevo. Miré alrededor de la sala y vi que los únicos que quedábamos éramos el profesor y yo.
—Nathaniel, quedan solo 20 minutos para que cierre la escuela y sigues aquí —el profesor se me acercó un momento, y yo giré la cabeza para verle— ¿Tanto tiempo te está tomando trabajar en lo que sea que hicieses hoy?
—Bueno, se suponía que lo podría acabar en máximo 2 horas —musité yo, mientras miraba mi tableta gráfica— pero hubo un contratiempo.
—¿Qué pasó? —el profesor tomó una silla y se sentó a mi lado— Sabes que me preocupo mucho cuando no trabajas, siempre eres eficiente.
Al principio, tuve mis dudas sobre si decirle la verdad al profesor Monlataing, pero ¿por qué escondería algo de él? Era básicamente mi confidente junto con Alix, y nos conocemos desde hace años. Antes de que abriese el aula 33, me quedaba dibujando en su despacho, porque sabía que no tenía ningún lugar seguro en el que desarrollar mi creatividad sin que me juzgaran. Siempre me ha protegido cuando alguien me molestaba o me sentía mal algún día por lo que fuese.
—Bueno, mi vida está dando muchos giros de 180 grados últimamente —respondí, algo cohibido. ¿Cómo iba a decirle a alguien que me gusta un chico cuando nunca me ha gustado ninguno?— Alguien ha estado en mi cabeza prácticamente todo el día y por eso no he hecho ni la mitad de lo que normalmente hago.
—Nath, piénsalo y ya me contarás —El profesor siempre ha sido increíble en darme consejos que realmente me ayudan y reconfortan— No trabajes mucho más hoy, y descansa, mañana será otro día.
Asentí con la cabeza y el profesor me sonrió para después volver a su mesa, y yo me dispuse a recoger mis cosas.
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Por fin he conseguido lo que quería: ser amigo de Nath. En el recreo, nos sentábamos juntos en la escalera o en un banco a hablar de nuestras historias y de cosas triviales. Durante estas charlas, he conocido una nueva faceta de Nathaniel. Aunque de lejos parezca que no quiere ser molestado por nadie y que siempre quiere estar solo, cuando está acompañado cambia totalmente. Se vuelve risueño y es una persona que entretiene mucho. Entre sus ilustraciones, sus chistes y sus masivas cagadas cuando hablaba con gente nueva se volvía alguien muy gracioso.
Además eso, Nathaniel escucha muy bien lo que le dice la gente que le interesa. Una vez, le dije que me gustaban los regalices rojos de la tienda de al lado del instituto y un día al azar después de mucho tiempo de habérselo dicho, me trajo una bolsa para compartirla con él. Es detallista y considerado, y estas cosas que he comenzado a conocer sobre él son incluso mejores que las del Nathaniel idealizado que tenía en mi cabeza.
Sin embargo, mi pasado me sigue atormentando; no puedo parar de pensar en lo que me pasó en mi anterior instituto cuando estoy con Nathaniel, y me pone de los nervios. Aún le ponía cara y nombre a mi primer y más doloroso amor.
No me podía sacar de la cabeza ese nombre mientras miraba a la nada y pensaba en todo a la vez, hasta que escuché una voz llamarme.
—Ey, Marc, ¿Todo bien? —Nathaniel se había girado y había bajado la cabeza para ver mi cara— ¿Ha pasado algo?
—Ah, eh, no, nada Nate —respondí yo, nervioso por haberme disociado mientras Nate hablaba.
Espera, ¿qué? ¿Cómo le había llamado?
Hubo una pausa extraña en la que le miré, y yo también le miré, confundido. ¿Qué se me había pasado a mí por la cabeza? ¡Ese era el mote que tenía en mi diario! Sabía que al final algún día saldría.
—¿Cómo me has llamado? —respondió, con las mejillas de un sutil color rojo—.
—Ah, eh, perdón, no era mi intención-—Dí que sí hombre, titubea un poquito más.
—No, no, de verdad, no me importa —Nathaniel me puso una mano en el hombro y se acercó más— Me gusta mucho el mote que me has puesto.
Volví a dirigir mi mirada hacia él, e inmediatamente sentí demasiada cercanía y me puse más nervioso incluso, si eso era posible. Junté mis manos y empecé a jugar con mis dedos, mientras redirigía mis ojos hacia ellas y Nate seguía tan cerca como antes.
—Marc —me llamó— No me ha molestado, en serio. Por favor, si te gusta el mote, sigue llamándome así.
—Ah, bueno, vale… Nate —volví a decir, mientras le miraba de reojo y recibía una sonrisa de oreja a oreja por su parte.
Y entonces fue cuando fui salvado por la campana que nos indicaba que era la hora de volver a clase. Me despedí de Nate y me dirigí hacia mi clase cuando un terremoto me pasó por delante.
—¡Marc! ¡Marc! —Alix venía tan acelerada como un Ferrari desde la otra punta del patio— ¿Qué ha pasado? ¡Parecía que habías llorado!
—Descuida Alix, no estaba llorando —aclaré en voz baja— Te lo cuento después, que tenemos que ir a clase.
—¿Me vas a dejar con las ganas? ¡No puede ser! —Chilló Alix, mientras volvía a la escalera para reunirse con la gente de su clase—.
Me dio pena no decírselo, pero es que iba dos minutos tarde a la clase de Física, así que no estaba para ponerme a relatar todo.
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Cuando estaba subiendo por las escaleras para volver a mi clase, aún tenía mi corazón en la garganta. Nunca nadie me había llamado Nate… y lo mejor es que es un buen mote. Yo siempre lo he pensado, cuando alguien te pone un mote, es porque eres especial para esa persona.
Desde que conocí a Marc, pensé que sería un gran amigo, pero ahora es más que eso. Quiero una conexión más profunda con él, y cada vez que lo veo, lo quiero más.
Estos deliciosos pensamientos recorrían mi cabeza hasta que pasé a clase y vi que Alix se había cambiado para sentarse a mi lado. ¿Me tendría que decir algo? Caminé hacia mi pupitre y coloqué mis cosas a mi izquierda mientras que mi acelerada amiga no se podía aguantar a que acabase de sentarme.
—¿Qué ha pasado con Marc? —me preguntó hablando tan rápido como siempre iba por la vida— Le he visto raro durante el recreo, ¿No le habrás dicho ninguna tontería?
—No, no, frena Alix —me acabé de sentar y dirigí mi mirada a mi compañera— Mira, lo que ha pasado es que… bueno…
Pausé un momento mientras ordenaba mis palabras y Alix me miraba con una cara de no aguantar ni un segundo más sin respuestas.
—Estábamos en el recreo discutiendo varias cosas de nuestro cómic cuando en un momento que no sé se despistó y se quedó como embobado y mirando a la nada. Le pregunté si le pasaba algo y… me respondió y me llamó Nate.
Alix soltó una interjección aguda, mostrando que estaba muy ilusionada.
—Sabía que en algún momento ibais a acercaros —Alix estaba sonriente— Eso significa que le interesas.
—¿En qué sentido? —alcé la ceja mientras la miraba, extrañado.
—¿En cuál crees tú, Nathaniel? —me miró con cara de estar respondiendo a una obviedad— Como mínimo, le interesa una amistad. ¡Cómo mínimo!
Como siguiese hablando, me haría ilusiones, cosa que no sé si quiero. Sin embargo, pensar que es posible que sí me quiera es una fantasía muy dulce, y Alix no paró de alimentarla durante toda la clase. La profesora nos llegó incluso a echar una reprimenda sobre que el estar atrás no nos daba derecho a hablar como si estuviésemos en un bar y más cosas así.
En cuanto salimos de clase, Alix y yo seguimos hablando sobre el tema. Me estaba poniendo nervioso que Alix no soltara el tema.
—Nath, tienes que ordenar tus sentimientos —No sabes lo harto que estaba de escuchar esta frase. Ya la había escuchado del señor Monlaitang y ¿ahora de Alix?
—Eso lo tengo claro —andábamos juntos hacia la salida al final del día cuando vi a Marc sentado debajo de la escalera en la que siempre estaba. Me deleité con la vista para dibujarla después.
Siempre que tengo excusa, le observo. Cuando está fuera con su clase, cuando está sentado en la escalera, cuando está conmigo en la sala de Artes…
—Escucha, has hecho de todo pero ¿le has preguntado si quiere hacer un cómic contigo? —Alix me interrumpió, pero me recordó que había hablado de todo con él excepto eso.
—Pues se me ha olvidado —respondí yo, dándome cuenta— ¿Tan embobado estoy con otras cosas?
—Pues debe ser, ¡porque se te ha olvidado la principal razón por la que le empezaste a hablar! —subía y bajaba las cejas. A veces, Alix era un poco insensata con las insinuaciones— Pero por favor, ya de ya tienes que comentárselo y aprovechar, ya sabes, para invitarle a algún lado.
—¿Estás diciendo que le invite a una cita? —No sé si estaba preparado aún para eso, pero no tenía por qué ser una cita, ¿No?
—Depende de tu perspectiva, Nath —Alix se rió después de decir eso, y como llegamos al sitio donde nos teníamos que dividir para ir cada uno a nuestra casa, salió rodando con sus patines, dejándome con las palabras en la boca.
Suspiré y entonces continué mi camino hacia mi casa, pensando en lo que me llevaba diciendo Alix todo el día: ¿Si le pedía a Marc que le acompañase a Trocadero a inspirarse, se consideraría una cita?
Chapter 4: Capítulo 4
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Hoy estaba en el descanso, obviamente con Nate, hablando de nuestras últimas creaciones; yo de mis historias y él de sus ilustraciones. Mientras que yo hablaba sobre mi historia de romance de Chat Noir y Ladybug, Nate me interrumpió un momento.
—Me encanta tu historia, su desarrollo es hermoso, pero tengo algo importante que decirte, Marc —cambió de tema, preocupándome—.
—Ah, bueno, adelante —le miré atentamente, preparado para escuchar cualquier cosa que me tuviese que decir, como Nate hacía conmigo—.
—Bueno, no te he estado actualizando mucho sobre la historia que me dejaste —empezó a relatar— ya sabes, la de Ladybug.
—Ah, sí, ¿La has acabado? —sonreí, ilusionado ya que llevaba muchos días sin noticias y con ganas de ver el producto final—.
—Sí, Marc. —rebuscó un poco en su mochila y sacó de una funda de su archivador un mini-manga impreso a todo color, con la portada que me había enseñado algo rematada—.
Cuando la acabó de preparar, también sacó de su archivador la historia fotocopiada que me prometió devolverme una vez acabara de ilustrar mi historia, para después extenderlo hacia mí para que cogiese ambas cosas. Tenía una cara adorable, era como si me estuviese dando una carta de amor. Estaba mirando al otro lado, ligeramente sonrojado, como probablemente estaba yo también, y el talón de su pierna se movía de arriba abajo de manera errática.
Fui a alcanzar ambas cosas de sus manos y estas se rozaron por breves momentos, pasando una corriente eléctrica por mi cuerpo y calentando mi cara incluso más. Cuando cogí el cómic, empecé a hojearlo. Los dibujos eran tan bellos, y tenían la esencia del arte de Nate tanto como la mía.
—Aprecio mucho que hayas hecho este cómic con tantas ganas, incluso si ni siquiera es tu historia —volví a cerrar el cómic, volviendo a observar la portada.
—Y aún no lo has visto todo —añadió Nate— mira la contraportada.
Cuando dijo esto, le miré por un momento, en el que aprovechó para regalarme una de sus sonrisas tímidas, y bajé la mirada para girar el manga y ver la contraportada.
“Solo para Marc, el escritor de esta historia y el amigo que más me ha demostrado en menos tiempo a mi lado. Por más historias juntos en papel y fuera de él”.
Cuando leí la dedicatoria, me puse gallina de piel. ¿Qué significaba eso en realidad? ¿Las líneas realmente eran eso o tenía que leer entre ellas para conseguir el mensaje que realmente quería comunicar?
Alcé la mirada para ver a Nate y él seguía ahí, sonriéndome y iluminándome con su mirada dulce y sincera. ¿Cómo no podía estar enamorándome de él si me deleitaba con esas vistas?
—Muchas gracias, Nate —finalmente, me decidí a hablar— Me encanta este detalle.
—Voy a aprovechar para preguntarte algo —Nate me quería decir muchas cosas hoy— Ahora que has visto cómo trabajo y somos más cercanos, ¿Qué piensas de crear un cómic juntos?
Tenía tantas ganas de que me preguntase eso.
—Claro que quiero trabajar contigo —sonreí y abracé mi cuaderno contra mi pecho— ¿Ya tienes alguna idea que quieras compartir conmigo?
—Sí, ya había pensado una historia con la que me podías ayudar —mencionó Nate— el problema es que el mundo y la historia en sí tienen muchos problemas de concordancia y unos agujeros de guión por los que se podría caer un elefante.
—Veamos que se puede hacer —reí mientras que Nath sacaba de su mochila un cuaderno fino cuando, para nuestro pesar, sonó la campana, que en vez de salvarme esta vez, nos arruinó el momento.
—Parece ser que ahora no será —añadió Nate, antes de respirar un momento y pausar para decir— ¿quieres venir a Trocadero conmigo para comentar esto y avanzar con la historia?
—¿Y por qué Trocadero? —curioseé mientras recogíamos nuestras mochilas y nos levantábamos de nuestra escalera usual—.
—Ah, Trocadero es una gran inspiración para mí —respondió— siempre voy cuando necesito un cambio de ambiente y probablemente sea uno de mis sitios favoritos de esta ciudad.
—Pues entonces me encantaría ir contigo —enternecí mi mirada al verle mirar a otro lado y se volvía a sonrojar—.
—Podemos quedar mañana sábado a las 5, si quieres —propuso Nath, sabiendo que mañana tendríamos todo el tiempo del mundo.
—Claro, Nath —Al decir yo esto, fue el momento en el que nos tocó separarnos, ya que no íbamos a la misma clase— Nos vemos, Nate —sonreí para luego girar la cabeza y dirigirme a mi clase, que lamentablemente estaba en la otra punta del instituto.
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—Qué valor, Nath, ¿Y no me dices nada de esto? —Alix obviamente muy activa, como siempre—
Cuando llegué a clase después de confesarme indirectamente a Marc, obviamente de manera disimulada y literalmente pedirle que tengamos una cita, me encontré a Alix sentada esperando al lado de mi mesa. Supuse que me vio durante el recreo, no es que estuviéramos ocultos ni nada parecido.
Entonces antes de que me empezara a bombardear a preguntas, como siempre hacía, me senté y suspiré para esperar la bomba de energía que se me venía encima.
—Sí, bueno, lo importante es que tengo algo parecido a una cita en un día —me llevé las manos a la cabeza y me tiré de los pelos, apoyando la cabeza y los codos en la mesa— y no sé qué hacer —esto sonó con un tono amortiguado—.
—Ey, Nath, no te preocupes demasiado —Alix por lo menos sabía cómo apoyarme— la actitud es lo importante. ¡Tienes que ser el que tome la iniciativa! Ya has tomado un gran paso en cuanto eso al invitarle tú, así que ni se te ocurra desesperarte.
Entonces, escuché la puerta del aula abrirse y reconocí la voz de la señora Bustier, entonces Alix volvió a su mesa y comenzó la clase. Levanté la cabeza para sacar el cuaderno en el que hacía mis notas de las clases de la profesora e intenté prestar atención, realmente lo intenté, pero la cita no salía de mi cabeza. Entonces, saqué mi tableta y boceté toda la plaza de Trocadero. ¿Dónde nos sentaremos? ¿De qué hablaremos? ¿Nos haríamos más amigos que antes?
Entonces, al ver el dibujo de la plaza, vi el banco en específico que me gustaba tanto. Estaba al lado de un matorral de flores, tenía vistas laterales a la bella fuente de la plaza y estaba relativamente oculto, por lo que ni los turistas ni las miradas curiosas podrían molestarnos.
Después de alimentarme de mis propias fantasías ilustradas, miré a la señora Bustier. Ni siquiera se había dado cuenta de que había sacado mi tablet. Sin embargo, no podía escuchar nada de lo que decía porque todos mis compañeros hablaban por los codos y yo estaba muy lejos. ¿No era genial sentarse en la última fila?
Giré mi cabeza para mirar por la ventana, pensando en la nada y en todo a la vez.
Nath, piénsalo y ya me contarás.
Aunque pareciesen ridículas, las palabras del profesor Monlaitang se me quedaron grabadas en la cabeza. Quizás porque era algo que necesitaba escuchar. Hasta entonces, nunca me había gustado un chico. Siempre me habían interesado las chicas, de hecho he estado en alguna relación antes, sin embargo ninguna llegó a funcionar muy bien. Pero no era culpa de nadie; estaba claro que éramos muy pequeños para comprender lo que realmente era amar. Aún sigo siendo bastante joven para comprenderlo, tengo solo 17 años, pero para entenderlo hay que experimentarlo.
Ahora que estaba reflexionando sobre ello, ¿El hecho de que mis relaciones sentimentales con las mujeres no funcionaran significaba algo? A lo mejor sí y nunca lo he sabido, y creo que este momento es el indicado para explorarlo. Lo que siento por Marc es muy real y muy fuerte, y no quiero que se separe de mí. Ojalá viniese a mi clase para poder estar juntos porque cuanto más tiempo paso con él, más me gusta, y eso es algo que tengo muy claro.
Cuando pensé estas cosas, me di cuenta de que ya había dado un paso grande: entender medianamente lo que estaba sintiendo. Como siempre hago con mis pensamientos, les voy a dar forma y color, y qué mejor manera que… dibujando al chico que me había ayudado a entenderme.
Saqué mi cuaderno físico, el primer lápiz que vi del estuche y me puse a ello. Aunque sí, siempre dibujaba estilo manga, pero quería darle una forma realista a lo que sentía, así que hice eso: realismo.
Cuando acabé, sonó el irritante tintineo de la campana que nos permitía dejar la clase, salí de la clase y esa tarde no encontré la fuerza en mí para entrar en el taller de arte, necesitaba ir a mi casa y prepararme mentalmente para las emociones que iba a sentir mañana cuando estuviese con el pelinegro que pintaba mi mundo de color.
…
Al levantarme por la mañana, bajar a desayunar con mi familia y volver a subir a mi habitación, no recordé que había quedado con Marc. Pero cuando abrí mi cuaderno por la página en la que dibujé su cara ayer en estilo realista, el corazón se me subió a la garganta y comenzó a hacer acrobacias. Entré en pánico y miré el reloj: era la 1 de la tarde, y había quedado con Marc a las 5.
Entonces, salí escopetado hacia el espejo y me di un repasón de arriba abajo: mi pijama roñoso puesto, pantuflas de Iron Man y unos pelos que parecía que me habían frotado un globo en la cabeza. Genial. También vi un pequeño punto rojo en mi mejilla, y cuando me acerqué un poco más, vi un inflamado y supurante grano. Solté un mini-grito de desesperación y me llevé las manos a la cabeza.
Cuando ya me aseguré de que lucía patético, me tiré encima de mi cama a medio hacer. Ahora solo queda esperar, no podía hacer más que ponerme un parche para granos encima. La verdad es que no tenía ni idea de qué ponerme. ¿Llevo mi ropa normal? ¿Me pongo algo más especial o elegante? ¿A quién le pregunto sobre esto? Decidí llamar a la persona que más tiempo me llevaba apoyando.
Cuando marqué su número, Alix respondió a los tres tonos.
—Ey rojo, ¿qué tal? —Alix contestó con su espíritu e indiferencia de siempre—
—Emm, estoy bien, Alix —respondí, dudando sobre si preguntarle sería una buena idea— pero necesito tu consejo.
—¿Qué necesitas, enamorado? —rió al otro lado del teléfono— supongo que es sobre tu salida con tu niño.
—¿Mi niño? —me puse nervioso— sí, osea, no, no es mi niño, pero sí es sobre Marc. ¡Calla, no me líes más! —Después de decir esto, escuché la estruendosa risa de mi amiga— Solamente, no sé qué ponerme. ¿Qué se pone uno para una salida con la persona que le gusta?
—Ay, Nath, ¿Qué te dije ayer en clase? ¿O estabas demasiado enterrado en la mesa para enterarte? —preguntó la pelirrosa— Sé tú mismo. El verdadero tú, Nathaniel. Ponte tu ropa normal, a Marc no le va a importar tu ropa, le importas tú.
—Pero, ¿Y si me veo muy mal? ¡Me ha salido un grano por la noche! —volví a escuchar a Alix reír a través del teléfono—.
—Ey, no te preocupes más —cuando se recompuso de otra explosión de risa, trató de decirme algo serio— todo va a estar bien. Ponte tu ropa normal, péinate el pelo, lleva ese grano con orgullo y ve con Marc a pasarlo bien, que es lo importante. Al fin y al cabo vais a eso.
Solté un suspiro pesado, mientras notaba el calor en mis mejillas y la presión en mi cabeza.
—Tienes razón, Alix. Intentaré relajarme —me levanté de la cama y respiré hondo.
—Bueno, ve a prepararte, loco enamorado —rió momentáneamente— Por favor, llámame si pasa cualquier cosa y estaré ahí en lo que tardo en atarme los patines.
—Gracias, Alix —sonreí para mí mismo, nos despedimos y colgué la llamada.
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Después de ponerme mis guantes, mi chóker y mi chaqueta cerré la puerta de mi casa y comencé mi caminata hacia Trocadero. No era un camino muy largo, aún así me puse mis cascos y mi playlist comenzó a sonar mientras me manejaba por las agobiantes calles de París, mientras veía a mi derecha la grandiosa Torre Eiffel que tanta gente amaba y en la que yo me había subido tantas veces.
Siempre que pasaba por al lado, me entretenía viendo la ilusión de los turistas por ver la ciudad en la que yo había vivido desde que nací. ¿Cómo se sentiría ver París a través de los ojos de otra persona? ¿Cómo se sentiría la primera vez pisando la Torre Eiffel?
Crucé el puente entre Trocadero y la torre, subiendo por las tediosas colinas del parque, que era una de las razones por las que no iba ahí, aparte de que está infestado de turistas. Cuando acabé la sesión de escalada, vi a Nath sentado en un banco en el lado del parque con un cuaderno y un lápiz en sus manos, algo oculto. Si hubiese acabado de subir la plaza en ese momento, probablemente no le hubiese visto. Me acerqué a él y me hice un sitio a un lado del banco.
—Hola, Nate —cuando escuchó su mote, vi sus mejillas tornarse del color de su pelo mientras yo le saludaba amablemente— ¿Cómo estás?
Nath levantó la mirada y giró su cabeza para mirarme y luego bajar la mirada. ¿Por qué estaba tan nervioso?
—Estoy bien, Marc, gracias —Nath contestó mirando hacia un lado— ¿quieres que te enseñe las ideas que tenía para el cómic?
—Sí, pero déjame sacar una cosa un momento —respondí con ilusión mientras rebuscaba en mi bolsa y sacaba un cuaderno con una portada de cuero negro y una etiqueta blanca —para que escribamos nuestra propia historia.
Nathaniel miraba el cuaderno con fascinación.
—Un sustituto para este cuaderno de treinta páginas, cómo sabes Marc.
Comenzamos a reírnos los dos juntos, y después Nate abrió su “cuaderno” para enseñarme la primera página.
—Ese es el concepto de la portada de la historia —explicó— se trata de escribir cómo se desarrolla el romance entre Chat Noir y Ladybug, pero con un Evillustrator bueno metido de por medio, que va a hacer que Ladybug se confunda y no sepa a quien amar —pausó un momento, apartando su anteriormente ilusionada mirada mientras me lo contaba y sustituyéndola por una expresión avergonzada— pero, no sé, es algo patética. No sé si es raro insertarme a mí mismo…
—¡No, no, no lo es! —intenté animar a mi amigo, acercándome un poco más— La premisa tiene muy buena pinta y me gusta la idea. Además, me viene bien que quieras escribir un romance.
—¿Y eso por qué? —me preguntó con curiosidad, y fue cuando supe que había hablado demasiado y sentí la sangre subir a toda mi cara.
—Ah, no, no por nada, simplemente yo mismo estoy escribiendo una historia de romance ahora mismo también, así que podríamos recoger aspectos de ambas historias y hacer una propia, además de rellenar los vacíos de guión de la historia inicial —¿Debería ser considerado un talento hacer el ridículo tantas veces en frente del chico que me gusta?—.
Nathaniel me miró con ojos sorprendidos, como intentando procesar todo lo que había dicho en un momento.
—Qué rápido hablas, Marc —¿Qué más podría ir mal ahora mismo? Qué vergüenza que Nath me haya vuelto a ver hablando a lo Eminem— Pero me encanta la idea que has dicho. ¿Te importa enseñarme algo de lo que tú has escrito y vemos lo que incorporamos?
Hubo un breve silencio entre nosotros y yo rebusqué mi propio cuaderno en mi bolsa para sacar el cuaderno y enseñar la primera página.
—Quería cambiar el formato de mi escritura para ser más versátil, porque tiendo a escribir mucho diálogo. Así que hice un formato diario para básicamente forzarme a mí mismo a mejorar mi narración.
—¡Pero si ya era increíble de por sí! —Nath parecía sorprendido, pero no sé, ¿no lo había notado al leer la anterior historia que ilustró?— Ni me imagino lo buenas que tendrán que ser tus historias de diálogo.
Me sonrojé un poco al escuchar eso. Siempre me costó aceptar piropos y críticas por igual.
—Bueno, en fin, si quieres leerlo, adelante. Mientras tanto, yo puedo leer este intento de cuaderno —lo último lo dije en una risa que Nate siguió mientras me daba su cuaderno.
Pasamos unos minutos leyendo lo que cada uno tenía para el otro, mientras escuchábamos a la gente, a los pájaros y al agua de la fuente de Trocadero. Nath tenía razón; esta plaza era inspiradora aunque estuviese llena de personas.
Entonces, un singular heladero subía la cuesta con su carrito y mucha dificultad, cuando nos vio y se dirigió a nosotros.
—Hola, jóvenes lectores, ¿queréis un helado? —preguntó André, animado como siempre—.
—¿Te apetece uno, Nate? —pregunté a mi amigo, girándome para verlo echar su carita a otro lado—.
—Si, Marc —titubeó, con la cara roja—.
—Perfecto —dijo André— pues para vosotros, una bola de fresa, otra de arándano, menta y por último… Mi sabor estrella: aguamarina. Comed este helado para florecer vuestra relación, como la forma que le he dado. Pero, como el sabor de después de comer menta, recordad que la tensión es momentánea y, después de esta, la menta deja un sabor exquisito. —André se volvió a subir a su carrito del helado para seguir repartiendo su delicatessen— Pasad una buena tarde, chicos.
Y nos dejó ahí. A mí con el helado en la mano, y Nate mirándome con ojos como platos. André era conocido por ser bueno con el amor y las parejas, ¿qué significaba esto?
—Bueno, literalmente somos nosotros en un helado. Qué bonito, ¿no? —intenté dispersar la densa capa de tensión que se había generado. Le dí una cucharilla de las que había dejado André en el helado a mi amigo, yo cogí la otra y comencé por el sabor de fresa.
Nathaniel se quedó pensativo unos momentos, considerando si comer el helado o no y con pinta de estar muy nervioso, para después comenzar a comer la parte de menta del helado. Aunque las mezclas de sabores del heladero eran muy pintorescas, reflejaban muy bien la relación de dos personas. En este caso, yo consideré que la elección de la menta fue perfecta y me hizo reflexionar. Solamente teníamos que superar la tensión inicial de cuando se empieza una amistad para seguir adelante y, quien sabe, llegar a algo más.
Miré a Nathaniel disfrutar de una cucharada de la bola de aguamarina.
—Nunca había probado el sabor aguamarina, está muy rico. —Nathaniel sacó tema de conversación mientras yo me acababa mi lado de la parte de fresa—.
—¿A que sí? André tiene sabores personales e increíbles. ¡Normal que sea el mejor heladero de París! —exclamé yo, mientras disfrutaba de la fresa y de la sonrisa que se había formado en la cara de Nate.
Cuando acabamos el helado, seguimos hablando de los huecos argumentales en lo que había escrito Nate y anotamos algunas ideas para atar los cabos y tenerlos en cuenta cuando comencemos a escribir el manga. Tenía tantas ganas de que por fin Nate y yo trabajemos juntos, desde que vi sus ilustraciones y, bueno, a él también, no lo he podido olvidar.
Después de un tiempo hablando de la historia y, a veces, de nuestras cosas, oscureció en la ciudad. Mis padres me habían llamado, diciendo que la cena estaría preparada dentro de media hora y, para entonces, me querían en casa.
—Bueno Nate, hasta aquí el día de hoy, tengo que volver a casa —dije yo, mirando a mi amigo mientras guardaba sus cosas.
—Sí, ya me está costando dibujar de lo oscuro que está sin una farola al lado —añadió— además, el hambre me llama.
—¿Por dónde vuelves tú? —no sabía si nos teníamos que dividir ahora o más tarde—.
—Tengo que bajar esta horrible cuesta, andar hacia la derecha todo recto y ya. Vivo por la zona de Boissière.
—¡Vivo en esa misma calle! —exclamé, sorprendido. ¿Cómo es que nunca le había visto antes?
Hubo un momento de pausa mientras bajábamos la cuesta de Trocadero juntos, mientras la grandiosa Torre Eiffel titilaba delante nuestra. Aunque era una vista a la que estaba acostumbrado, nunca dejaba de ser hermosa. Llegamos al puente y giramos en la misma dirección. A estas horas, las calles de la zona de la Torre Eiffel estaban llenas de turistas adorando al icono de París y sacándose fotos en la noche, por lo tanto teníamos que esquivar turistas perdidos y, de vez en cuando, dar direcciones a los transeúntes que no conocían la “ciudad del amor”, como se la llamaba.
Cuando por fin llegamos a nuestra calle, la casa de Nath estaba un poco más cerca que la mía; yo aún tenía que subir toda la calle.
—Ya hemos llegado —dijo Nath, mientras sacaba las llaves de su bolsillo— Chao Marc, pasa un buen resto de la tarde —esto último lo dijo mirándome a los ojos, girándose expectante.
Entonces mis impulsos me ganaron. Me acerqué a él y le di un abrazo. Cuando lo hice, noté que su cuerpo se tensó de la sorpresa, sin embargo luego sus brazos rodearon mi cintura con calidez. Estuvimos así unos minutos, y yo quería que este momento fuera eterno, pero volví a notar las vibraciones de mi teléfono recibiendo una llamada, probablemente de mi madre. Entonces fue cuando solté a un Nath ruborizado que me saludó con la mano y me dedicó una sonrisa antes de girarse y abrir la puerta de su casa, y fue cuando supe que era el momento de irme.
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Cuando abrí la puerta de mi casa, olí el maravilloso olor a la pizza casera de mi madre. Al parecer, mi padre no había llegado aún del trabajo, por lo que solo estaba mi madre, que se giró al escuchar la puerta.
—Hijo, ¿por qué has tardado tanto? —vino rápidamente a mi lado, con una cara algo preocupada— Trocadero está a 5 minutos y ha pasado media hora desde que te llamé.
—Ah, eh, bueno, es que mi amigo y yo tardamos porque había un tráfico horrible y los pasos de cebra estaban bloqueados por los coches, así que tuvimos que tomar un camino más largo —no es la mejor excusa que se me ha ocurrido en la vida, pero supuse que funcionará por ahora.
—Bueno, no pasa nada. Pero por favor, no me preocupes así, sabes que París es muy grande y… bueno, ya lo sabes. Te lo digo siempre, cuídate. La cena estará en la mesa en cinco minutos, ¿vale?
—Está bien mamá, lo siento —tranquilicé a mi madre y subí a mi cuarto a dejar mis cosas y a pensar sobre esta tarde, que lo único que había hecho era potenciar mis sentimientos por Nath. ¡Y ni siquiera tenía su número para volver a quedar! Y presentarme en su puerta sólo porque sé dónde vive daría un poco de miedito. ¡Pero no hablaría con él hasta el lunes!
Me tiré a la alfombra de mi suelo, que justamente tenía ese propósito; siempre he adorado estar en el suelo. Escribiendo, estudiando, escuchando música… todo lo hacía ahí. Me sentaba más en la bendita alfombra que en mi silla de trabajo. Pero esta vez no me sentaba para hacer ninguno de mis millones de hobbies, me sentaba para pensar. ¿Qué podía hacer para conseguir su contacto?
Supuse que la forma menos extraña de hacerlo sería preguntarle directamente, sin embargo, sí que era complicado porque requería preguntarle directamente. A Nate. ¿No se supone que tenía que ser más fácil ahora que éramos amigos?
Pero entonces, fue cuando recordé a alguien clave en mi relación con Nath. ¡Alix! Seguro que ella tenía su número, y tenía pinta de que me lo daría sin problemas. Al fin y al cabo, son amigos íntimos, tienen que tener algún tipo de contacto.
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Estaba desesperado. Demasiado desesperado. Necesitaba a este chico en mi vida como algo más que un amigo.
Eran las malditas 3 de la mañana y aún no podía pegar ojo, solamente porque estaba repasando las sonrisas, los leves contactos, las conversaciones ¡El abrazo! Todo estaba pasando por mi cabeza desde que llegué de la salida con Marc. Me estaba volviendo loco, no tenía ningún tipo de sentido. Jamás me había sentido así por una mujer, ni por un hombre. Era más fuerte de lo que yo solo podía manejar.
Entonces, fue cuando decidí levantarme de la cama y acabar con todo: si explotaba mi relación con él, no me importaría, lo he intentado y ahora sabe el valor que tiene para mí y los sentimientos que tengo por él, que son lo más preciado de mi mundo en estos momentos. Era un sentimiento tan cálido, tan dulce, tan naranja y rosa… Me sentía inspirado por lo que estaba sintiendo en ese momento. Y esa inspiración sería la fuente de mi confesión, porque si yo me confesaba, no sería un “¡Te amo!” convencional.
Tenía que hacerlo a mi manera, y tenía que ser así sí o sí: sin ningún tipo de error. Ya se lo dije con la contraportada, pero tal vez se podría malinterpretar como un mensaje amistoso. Necesitaba algo que lo dijese de manera directa. Y no hay una manera mejor de manifestarlo que el arte.
Aunque hacía muchísimos años que no lo hacía, abrí mi armario y saqué mi caballete y uno de los lienzos que tenía guardados para ocasiones especiales, y los dejé preparados al lado de mi mesa. Primero tenía que hacer un boceto en papel normal para no arruinar de primeras el lienzo y saber lo que quería hacer. Dibujé y anoté los elementos más importantes: los colores que estos sentimientos me evocaban, los colores que veía alrededor de la persona a la que amo, las formas, los detalles de esa cara que he dibujado mil veces este mes, de mi musa.
También debía dejar evidencia inconfundible de mi amor: puede que, después de todo, no era tan obvio, ya que no habían corazones; solamente era su figura sentada en el banco esa tarde con esa delicada sonrisa mientras saboreaba el sabor de la fresa, y en la esquina de arriba, la primera vez que le vi en la sala de fotocopias. Tan bello, tan adorable y tan tímido; eso quería evocar en la imagen. Luego, en el otro lado, mariposas, símbolo de transformación, de la metamorfosis que había tenido mi corazón al conocerle.
También me decidí por usar óleos y acuarelas, para darle un efecto más etéreo y profesional, como se merecía Marc. Marc se merecía todo lo mejor, por lo que mi técnica tenía que ser impecable. Por eso, pensé que sería mejor no empezar el proyecto esta noche e ir mañana a comprar algunos materiales de mejor calidad para poder dar lo mejor de mí para esto: tenía que convertirse en mi obra maestra.
…
Después de comenzar el día siguiente con un desayuno, hice una lista de las cosas que necesitaba para este proyecto y le puse la excusa a mi madre de que iba a salir con Alix y cogí el bus hacia el centro comercial donde siempre iba a por mis útiles. Tenía una tienda de bellas artes muy completa y la mujer que llevaba la tienda era muy agradable y organizada.
Cuando entré al centro comercial, subí a las escaleras eléctricas que daban al segundo piso, y en un momento dado vi una tienda de bisutería, que nunca me llamaba la atención, pero en ese momento sí me hizo girar la cabeza porque vi un chóker con decoraciones hermosas que, probablemente, costaría un ojo de mi cara, pero que Marc probablemente adoraría.
Le saqué una foto a la pieza del escaparate para tenerlo en cuenta una vez que fuera rico y continué mi ruta hacia la tienda, que estuvo llena de pausas porque… todo me recordaba a Marc. Una sudadera roja, unos guantes negros muy parecidos a los suyos, una chica con rímel… y la librería.
Me paré en la librería del centro comercial. ¿Qué tipo de libros leería Marc? ¿Y qué tipo de mangas? Supuse que leería cosas de superhéroes; después de todo escribía sobre eso. Me acerqué a ver las novedades de mangas cuando vi algo que no me esperaba. Muchas cosas me habían recordado a Marc, pero no me esperaba encontrarme al mismísimo Marc cogiendo mi manga favorito y hojeándolo por encima en ese mismo pasillo.
Me quedé estático, y él me vio una vez cerró el manga y lo dejó en la estantería. Se quedó igual de sorprendido que yo pero, a diferencia de mí, trazó una dulce sonrisa en su cara y se acercó contento hacia mí.
—¡Hola Nate! ¡Qué genial verte aquí! —me dio otro abrazo como el de ayer, al que yo respondí de la misma manera, rodeando su pequeña cintura con mis brazos. Cada vez que la sentía me mareaba—.
—Hola, Marc. ¿Estabas viendo mangas de superhéroes? —pregunté sereno— Yo estoy aquí por este mismo pasillo también.
—¿En serio? Yo estaba buscando algo nuevo para mi estantería, porque hace poco cancelaron uno de mis mangas favoritos y me quedé sin nada para leer.
—Qué mal, a mi me pasó lo mismo hace un tiempo. Últimamente no hacen más que cancelar animes y mangas increíbles —mencioné, con un suspiro— ¿Qué géneros lees?
—Principalmente, terror —eso sí que no me lo esperaba. ¿Marc leyendo terror?— Pero también me encantan los sobrenaturales y la fantasía.
—En cuanto a fantasía sí te puedo ayudar, pero no con el terror. Soy bastante impresionable por la sangre —miré a otro lado. ¿Podía parar de hacer eso y mirar a Marc como se merecía?
—El terror no es un género para todo el mundo, pero a mí me gusta —hablábamos, mientras curioseábamos entre las baldas para encontrar las últimas novedades de fantasía—.
—¿Has leído este? —pregunté después de un tiempo, mientras sacaba el primer número de mi manga favorito de todos los tiempos.
—No, pero lleva en mi lista mucho tiempo, ¿Lo recomiendas? —Marc quitó los ojos de las páginas del manga que estaba mirando para ver el que yo sostenía.
—Sí, y mil veces sí. La historia es impecable, te mete en el universo y la atmósfera de lleno y los cambios de la trama enganchan mucho —hablaba con ilusión—.
—Ah, ¿sí? Pues lo leeré —le di el tomo en la mano y lo puso en el cesto que proporcionaba la librería para seleccionar los libros—.
Caminamos por los interminables pasillos de libros y libros de la librería del centro comercial y, una vez que vimos lo suficiente, fuimos a caja a pagar lo que cada uno quería llevarse. Salimos de la librería mientras manteníamos una conversación ligera.
—Marc, no sé si tienes que hacer algo, pero tengo que acercarme a la tienda de bellas artes a por algunas cosas para un proyecto —obviamente no le podía decir “Ah sí, voy a la tienda de bellas artes a comprar algunas cosas para pintar un cuadro para confesarte mi amor, ajá, sí sí”—.
—¿Puedo acompañarte? No tengo nada que hacer y… —dijo ilusionado, para dar un frenazo y mirar al otro lado y decir en un tono más tímido— quiero pasar tiempo contigo—.
Cuando dijo eso, mi corazón se dio la vuelta y algo se removió en mi estómago. ¿Cómo le podía negar algo a su carita?
—Sí, ven conmigo, la tienda está cerca —respondí mientras comenzábamos a caminar por los anchos pasillos del centro comercial repleto de compradores. La tienda de bellas artes era muy distinta al resto de tiendas que la rodeaban; tenía un aspecto rústico y la parte de fuera de la tienda estaba llena de pintadas y obras de arte, y la iluminación del interior del local era delicada y cálida. Cuando Marc entró, miró alrededor de la tienda y se giró a hablarme.
—¿A por qué vienes, Nath? —preguntó mi amigo, girando su cabeza, confuso por todo lo que había pero curioso.
—Vengo a por algunos pinceles y herramientas para óleo —respondí con el tono más neutral que podía conseguir cerca de Marc—.
—No sabía que también pintabas en óleo, solo te he visto dibujando con grafito o rotuladores de alcohol —destacó mientras que caminábamos lado a lado por los pasillos de la tienda—.
—En realidad, sé pintar en muchos estilos —respondí— llevo dibujando desde que tengo memoria y el óleo fue el primer estilo que aprendí.
—No me extraña, eres demasiado bueno —sonrió, mientras sujetaba una de el asa de la bolsa de tela infestada de chapas que llevaba fuera del instituto como sustituta de su mochila—.
Como siempre, me puse nervioso por el cumplido, pero por fin llegamos a la zona de óleos y me pude entretener buscando los pinceles y colores que necesitaba. Principalmente, necesitaba rosa, naranja… y luego vi un azul oscuro perfecto para el pelo de Marc, así que también me lo llevé, junto a algunos pinceles de detalle. Mientras pensaba en qué llevarme, observé a Marc mirar lo que hacía.
—¿Por qué específicamente estos colores? Nunca suelen ir juntos —preguntó mientras yo notaba que se me subían los colores al notar que se me había acercado más de lo normal para ver lo que llevaba en las manos.
—Es que es un proyecto muy específico —respondí— ahora tenemos que ir por las acuarelas, ¡Casi se me olvidan!—
—¿Acuarela también? —Marc se volvió a sorprender— Desbordas talento y creatividad. ¿Me enseñarás una obra maestra algún día?
Me volví a poner tímido de nuevo. ¿Cómo le explico que últimamente mis obras maestras son dibujos de su cara en todos los médiums que he podido encontrar en mi casa?
—Sí, Marc —sonreí para mí mismo, imaginándome cómo reaccionaría ante mi regalo. ¿Se sonrojará? ¿Se taparía la cara, o saltaría de ilusión abrazando la pieza?
Continuamos caminando, y busqué los blísteres de acuarela que se parecieran lo máximo posible a los colores de óleo, para que los colores de la pieza fuesen cohesivos, y Marc miraba con curiosidad los cuadernos que habían en esta sección.
—Qué buenas hojas, seguro que se escribiría muy bien aquí —habló para sí, mientras acariciaba la página con delicadeza. ¿Y si me acariciase así algún día? ¿Cómo se sentiría?
Salimos de la tienda después de que pagase un riñón y medio por todo lo que había comprado. ¿Por qué mi hobby tenía que dejar mis bolsillos vacíos?
Marc y yo pasamos por un café y pedimos algunas bebidas para tomar juntos. Hablábamos sobre animes que habíamos visto cuando vi la tez de Marc palidecer de repente.
—¿Marc? ¿Te sientes bien? —pregunté, mirándole con verdadera preocupación—
—Bastian —Marc alzó la mirada detrás mía, con los ojos abiertos como platos y temblando. ¿Qué le tenía que haber hecho este tal Bastian para que estuviese actuando así?—.
Me giré y vi a un joven de nuestra edad mirar a Marc con una mirada lasciva. Sentí asco en ese momento, pero sentí aún más cuando abrió el boconcio.
—Pero bueno, ¡Si es mi angelito! Te he echado de menos, a ti y a tu carita linda. ¿Por qué no vienes conmigo? —Pero ¿qué estaba pasando?—.
Marc frunció el ceño y pasó del miedo a la ira en un abrir y cerrar de ojos.
—Vete a la mierda Bastian, o debería decir, con Elise. —Marc sonrió con una mirada de furia con sus ojos. Estaba retando a este chico, y yo no sabía nada de lo que estaba pasando. ¿Sería de su anterior escuela? ¿Por qué parecían los dos estar tan resentidos?
Este tal Bastian tenía una cara de mala leche increíble después de que Marc mencionase a esa chica.
—¿Así que ya lo sabes?
—¿Que sólo fui un experimento con el que desquitabas todo tu morbo? Sí, lo tengo muy claro —Marc tenía una rabia que nunca había visto jamás, y parecía que este tío era un gilipollas del tres al cuarto.
—¿Y crees que para este emo no eres un experimento? ¡Los de tu tipo siempre sois un experimento! —rió Bastian, con un tono cruel y jocoso que odié. ¿Y quién demonios se creía para hablar por mí? ¿Y qué tengo yo de emo?
En ese momento me levanté de mi silla y puse mi cara a su altura, clavando mi mirada en sus ojos.
—¿Quién te crees que eres para hablar por mí, trozo de mierda? —los insultos me salieron del alma, ¡No podía permitir que hablara así a Marc, venga ya!
—¿Pero qué dices, peso pluma? ¿De repente tienes valor? —rió burlón— No me digas que no es verdad. Lo de que te guste un hombre es episódico, ¿Verdad, pequeño Marcie?
Marc se levantó de la mesa dando un golpe, se acercó a nosotros y separó a Bastian de mí para matarle con la mirada. Ahora mismo, todo el mundo de la cafetería nos estaba mirando con caras sorprendidas y curiosas. Después de todo, el chisme atraía a las personas.
—Ni se te ocurra volver a llamarme Marcie. Mantén ese puto nombre fuera de tu boca, ¿te queda claro? No te tengo ni pizca de miedo.
—Pues bien que estabas temblando al verme entrar, cobarde.
—Mira, esta discusión no tiene ningún tipo de sentido. Acabamos nuestra relación y amistad hace mucho tiempo, Bastian. Supéralo y enfrenta la realidad, ¡Me humillaste y me pusiste los cuernos delante de todos! —Marc nunca me había dicho eso, y tenía todas las razones de no hacerlo, pero escucharlo me hizo colocar piezas en un puzle mental.
—Y jamás me arrepentiré de ello ¿te enteras? Siempre fuiste un juguete con el que jugaba todo el mundo ¿Y me cojes tirria a mí? Venga ya.
Yo estaba con la boca en el suelo por las faltas de respeto de este verdadero monstruo. ¿Cómo se atrevía a tratar a alguien de esa manera? Normal que Marc tuviera tanto miedo y pánico cada vez que tenía que hablar con alguien nuevo.
—¡Que te jodan, Bastian! ¡Desaparece de mi vida y supérame de una vez, por Dios! —Marc rodó los ojos, y esto pareció enervar al energúmeno contrario—.
—¡Yo no tengo nada que superar, eres tú! ¡Nunca significaste nada! —Qué poco corazón tenía. Pero lo que había dicho Marc parecía haberle dolido—.
—Nath, vámonos de aquí. No tiene sentido discutir con alguien que solo busca estirar el chicle —Marc se apartó de la escena y dejó algo de dinero para pagar por nuestras bebidas encima de la mesa, para después ponerse su bolsa en el hombro. Tenía cara de querer llorar.
—¡Marc, tu pasado te perseguirá por siempre! ¡No hay escapatoria! ¡Eres un puto de mierda! —Bastian gritaba a Marc, mientras que algunos dependientes de la tienda le pedían que saliese por perturbar al resto de clientes.
Le hice caso a Marc y recogí mis cosas, y salimos lo antes posible, dejando a Bastian detrás. Cuando dejamos de andar rápido, noté lágrimas rodando por la mejilla de Marc.
—Marc, está bien, ya nos hemos ido —intenté tranquilizarlo con un tono de voz lo más dulce posible. Yo era malo confortando personas, pero hice lo mejor que pude.
Después de estas palabras, salimos del centro comercial y nos sentamos en un banco de un parque que estaba cerca y era tranquilo, mientras Marc me abrazaba y lloraba en mi hombro. Haría lo que fuese para quitarle todo el dolor a este chico y sufrirlo yo.
Un buen rato más tarde, a Marc no parecieron quedarle lágrimas para llorar, así que levantó su roja mirada para mirarme y secarse los ojos con la manga.
—Creo que te mereces una explicación, Nate —dijo, mirando al suelo— siento haberte hecho pasar un mal rato, se supone que íbamos a pasar una buena mañana juntos.
—No pasa nada Marc, pero entiende que me preocupas —le miré apenado y sintiendo todas las emociones que él sentía.
—Lo sé. Bueno, te explicaré por qué ha pasado todo esto —y entonces empezó a hablar.
Notes:
AVISO !!!
El siguiente capítulo (Capítulo 6) contiene representaciones gráficas de una relación abusiva y alegaciones a una situación de abuso sexual. Sé que estos son temas sensibles sobre los que no todo el mundo quiere leer, así que hice que el capítulo pudiese omitirse. No es necesario leer este capítulo para entender lo que le pasó a Marc.
Principalmente, el capítulo 6 es una narración de su pasado, que fue muy difícil de escribir y es probablemente una de las cosas más desgarradoras que he escrito a día de hoy. Así que, por favor, ten cuidado.
Chapter 6: Capítulo 6 (Saltable)
Chapter Text
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»Conocí a Bastian en mi anterior escuela. Era un chico amable, apuesto, popular y adorado por todos. Amaba ayudar al resto y tenía valores que yo apreciaba mucho. Hasta yo le adoraba, y fíjate que yo no era especialmente popular, mucho menos: la gente se solía meter conmigo por ser “rarito” y no hablar mucho.
»Pero un día, Bastian vino a hablar conmigo. Nunca nadie venía a hablar conmigo, y él era muy amable, así que yo apreciaba su compañía más que la de nadie en ese momento. Hablamos de series, fútbol y más cosas. Pero sobre todo hablábamos de que le gustaría ver mis historias, pero yo jamás le enseñaba mis historias a nadie.
»Se volvió muy cercano a mí en un abrir y cerrar de ojos, salíamos casi todas las tardes juntos a dar un paseo, de compras, a un café, lo que fuese. No le importaba, solo quería estar conmigo, me lo decía siempre. Que le gustaba mi compañía, que yo era diferente, amable y no le juzgaba por quien era… etcétera.
»Entonces, a mí me empezó a gustar Bastian. Qué gran error, Nath. Me gustó por muchos años, pero nunca se lo dije porque tenía miedo de que me juzgaran. De pequeño siempre me cuestionaba mi sexualidad y por qué no habían chicos con chicos y chicas con chicas, y lentamente me di cuenta al cuestionarme sobre esto que a lo mejor lo que me gustaba no eran las chicas. Por favor Nate, no me juzgues.
—Marc, lo que menos me importa ahora mismo es que te gusten los chicos, sigue contándome lo de Bastian, por favor —al enterarme de que le gustaban los chicos, algo se agitó dentro de mí, pero este no era el momento en el que debía prestar atención a mis sentimientos; mi cabeza tenía que estar en Marc—.
—Está bien, lo siento —respondió, y yo acaricié su pelo oscuro para que se calmase y se sintiese seguro— Sigo. Un día totalmente al azar, Bastian se confiesa. Después de que a mí me gustase como por dos años. ¡Imagínate la euforia que sentí! Y, bueno, empezamos una relación.
»Al principio, Bastian era un caballero: me llevaba en brazos cuando estaba cansado, me dejaba dormir encima suya, nos dábamos besos dulces, bueno, no sé, supongo que hacíamos lo que solían hacer las parejas normales. Pero nunca cuando la gente prestaba atención. Me escondía, por alguna razón. Nunca decía que éramos novios, y me pidió que lo mantuviéramos secreto. Yo no estaba en contra, en ese momento hubiese hecho cualquier cosa por Bastian.
»Cuando le pedía que por favor oficializáramos y no lo tuviésemos en secreto, se enfadaba mucho conmigo, y con el transcurso de la relación, cada vez que lo mencionaba se desquitaba conmigo. Hicimos cosas que no debimos, Nath. Cosas de las que me arrepiento mucho y que yo nunca acepté. Estaba loco. Los dos estábamos locos. Yo por no decirlo antes, y él por hacérmelo. Lo mantuve en secreto muchos años y me sentí un loco por muchos años, y me dolía mucho lo que hacía, y me dejó cicatrices permanentes.
Entonces me levanté la sudadera un poco, para que Nath viese las marcas de arañazos, y también le enseñé el corte que Bastian me hizo en el brazo con un cristal, fuente de una de nuestras millones de discusiones. Miré a Nath y parecía que se le había partido el corazón, y se le acumulaban lágrimas en los ojos. Pero tenía que saberlo todo para entenderme.
»Cuando fui capaz de decírselo a mis padres, fue demasiado tarde. El muy guarro de Bastian había borrado cualquier tipo de huella sobre lo que me hizo cuando la policía fue a revisar su casa, y cuando le interrogaron, no se encontraron pruebas, ya que nadie sabía que estábamos saliendo. Las únicas pruebas que existían estaban en mi cuerpo. Hubo juicio y todo, y al solo tener pruebas en mi cuerpo y al no querer levantarme la camiseta en pleno juicio, no me creyeron, y lo máximo que le dieron fue 1 año de reformatorio. Pero obviamente salió, y yo aún seguía en esa escuela del demonio.
Nath me abrazaba muy fuerte. Sentía que me iba a estrangular, pero apreciaba lo que estaba haciendo por mí. Sin embargo, también sentí que la cagué al hacerlo. Ahora solo pensaría que soy un traumado y sentiría la necesidad de tratarme de manera diferente, y yo odiaba eso. Pero lo hecho, hecho está.
»Cuando volvió, se dedicó a decir que yo era un puto y le puse los cuernos, pero en realidad, yo sabía que me ponía los cuernos durante los últimos meses de nuestra relación con Elise. Era rubia, alta, guapa y preciosa. Y obviamente una chica. Todo lo que yo no era. No sabes lo que me afectó esto. Cada vez que la veía me comparaba y por las noches no dormía, y pensé fatal de mi cuerpo.
»Pero, cuando todo acabó y ya pasó suficiente tiempo y decidí que era momento de seguir adelante, le pedí a mis padres que me llevasen a terapia y que me cambiasen de instituto. Y aquí estamos, tres años después de que empezara todo, sigo así de mal.
—Marc, no estás mal —Nath me interrumpió con un tono serio— Eres el chico más fuerte que he conocido jamás —me quedé mudo, porque no sabía que decir en esta situación tan horrible— Por favor, no dejes que esto te afecte más, y sigue moviéndote para adelante, y si es necesario, hazlo conmigo.
Chapter 7: Capítulo 7
Chapter Text
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Pausamos un momento, y Marc me miró a los ojos, con unos destellos hermosos que me dejaban ver cómo el sufrimiento se podía convertir en voluntad, belleza y poder.
—Por favor, Marc, déjame ayudarte. Vamos hacia adelante juntos —esto se lo decía a la oreja, cuando noté su mano buscando la mía, y yo la sujeté como si se me fuera a ir si la soltara un segundo.
Y así nos quedamos todo lo que quedaba de mañana hasta que mi madre me llamó, reclamándome que la comida estaba hecha y que yo no estaba en casa. Sin embargo, acompañé a Marc a su casa, incluso si eso significaba tener que hacer una ruta más larga. Quería solo lo mejor para él, y quería que llegase a su casa seguro. Pero antes de que abriese su puerta, le interrumpí un momento.
—Marc, por favor, ¿me puedes dar tu número? No me quedo a gusto sin saber nada de ti —no era momento para buscar mi ganancia propia, pero esto no era una excusa: sí que me preocupaba no poder contactarlo—.
Marc se giró a mirarme con esos ojitos hermosos, y sacó su teléfono, con su número de pantalla.
—Toma, y hazme una perdida para agregarte después —dijo, con un tono algo desanimado. Se notaba que haber visto a su abusador de nuevo ha tenido consecuencias graves— Hasta luego, Nate. Muchas gracias por hoy.
Y cerró la puerta de su casa.
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En cuanto entré por la puerta de mi casa, lloré como un desgraciado. Lloré al tener la viva imagen de mi mayor trauma volviéndose a repetir una y otra vez en mi cabeza. Me intenté entretener escribiendo, viendo películas y series… pero nada parecía funcionar.
Estaba tremendamente desesperado, llorando en el suelo de mi alfombra, cuando un terrible dolor de cabeza seguido por una visión morada llenó mi cabeza y esfumó la cara de Bastian de mi vista.
—Hola, Marc —una voz masculina me llamaba— soy Hawk Moth. Siento tu ira, tu asco, tu indignación y el sentimiento de querer dejar algo atrás que te persigue. Por favor, permíteme darte el poder de cambiarlo todo y revertir todas las injusticias que has vivido.
Yo no quería. Siempre pensé en el día que me akumatizaran, pero nunca supuse que me pasaría de verdad, ya que yo no era muy relevante en París. Intenté resistirme, pero la idea de poder hacer lo que yo quisiese sonaba muy bien, y la voz de Hawk Moth era tremendamente persuasiva y aduladora, así que no lo pude evitar.
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Estaba cenando con mi familia mientras veíamos el noticiero, como siempre hacíamos, cuando de repente interrumpieron una noticia sobre el pan con una noticia urgente: había un nuevo akuma en París, y parecía ser que se llamaba Reverser. Sacaron algunas imágenes de él, y cuando vi su cara me congelé: tenía un muy sospechoso parecido a Marc. Tenía la cara blanca y negra, dividida en dos, como su capucha y el resto de su cuerpo, y montaba en lo que parecía un gran avión de papel.
En la noticia, dio un ultimátum que me comprobó la teoría de que era Marc.
—Parisinos y parisinas, como no encuentre a Bastian Ricci, revertiré a todo el mundo y nada volverá a ser como antes. ¡Haré de esta ciudad puros escombros! —después se acercó a la cámara con una mirada psicótica— Bastian, no te escondas. Sabes que te encontraré.
Y después de esto, se alejó de la cámara volando hacia el otro lado sobre su avión gigante de papel.
Me levanté de la mesa. No soporté ver a Marc en tal sufrimiento. ¡No podía!
Salí por la puerta de mi casa, mientras que mis padres me gritaban que volviese y que estaba loco. Pero lo que estaba realmente loco es mi amor por Marc. Corrí por las calles hasta que vi mucha gente corriendo fuera de la Plaza de la Concordia, y mientras que todos huían, yo corría guiado por el pánico de perder a la persona que más amaba.
Cuando llegué, pegué un frenazo con mis talones y observé la escena. Reverser había cogido a un chico de la camiseta, y había una chica rubia al lado suya, y parecía estar gritándoles a ambos, cuando aparecieron LadyBug y Chat Noir por su retaguardia y le hicieron soltar al chico que supuse que era Bastian. Entonces, Reverser comenzó a lanzar aviones de papel a un Bastian que huía por patas y a unos héroes sin tener ni idea de lo que hacer.
Reverser había vuelto a Ladybug una patosa y a Chat Noir un asustadizo. Reverser se retiró para buscar a Bastian y los héroes parecían estar discutiendo. Yo me disponía a seguir a Reverser lo más rápido que pude cuando LadyBug se acercó a mí.
—Hola Nathaniel —Ladybug se cayó mientras decía esta frase, pero se levantó con una sonrisa tímida y sacó unas horquillas de su yo-yó— Sé que conoces a Marc mejor que cualquiera de nosotros, y necesitamos tu ayuda. Nathaniel Kurtzberg, ¿tomarás el miraculous de la cabra, prometiendo devolverlo después de la misión y utilizarlo para el bien común?
Nunca me imaginé como héroe pero, ¿qué mejor manera de ayudar a mi amor?
—Sí, LadyBug —respondí, con seguridad en mí mismo.
Y cuando coloqué las horquillas en mi pelo, apareció la criatura más adorable que había visto en mi vida.
—Hola, Nathaniel. Soy Ziggy, el kwami de la pasión. Déjame que te explique tu poder rápidamente: tienes el poder del Génesis, lo que significa que puedes generar cualquier objeto que desees con tan solo invocar tu poder diciendo la palabra Génesis. Ten en cuenta que solamente puedes crear de 1 a 3 objetos antes de tener 5 minutos antes de que vuelvas a tu forma de ciudadano. Ah, y para transformarte, debes decir “¡Ziggy, cuernos fuera!
—Entendido, Ziggy, muchas gracias. ¡Ziggy, cuernos fuera!
La transformación se sintió como un sueño. Mi traje era completamente blanco y negro, incluso parecía un traje, pero con pantalones campana con pelo a los lados y pelo también en el cuello. Mis pinzas del pelo se convirtieron en cuernos curvados y en mis manos apareció un pincel gigante. ¡Qué épico!
—¡Vamos a ello! —dije confiado mientras miraba a LadyBug y a Chat Noir, que me indicaron que les siguiera.
Llegamos a la Torre Eiffel, donde Reverser había llevado a Bastian y le había atado a la puntiaguda parte de arriba con una cuerda. El villano se reía y agitaba al chico atado, que estaba en pánico. Supuse que no era Marc quien controlaba a ese monstruo, pero sí que conservaba sus principios y su odio a Bastian.
—¡Me hiciste sentir como la mierda! Te mereces todo lo malo que te pase —Reverser gritaba estas palabras mirando a Bastian, que chillaba como una niña, asustado por lo que el villano fuese capaz de hacer.
Fruncí el ceño y seguí a LadyBug y Chat Noir mientras pensaba en qué podría crear para ayudar en esta situación. ¿Quizás algo con lo que entretener a Reverser?
—Reverser, ¡Suelta a ese ciudadano ya! LadyBug chilló, mientras lanzaba su yo-yó en un intento para inmovilizarlo. Sin embargo, Reverser lo esquivó sin problema por lo patosa que era nuestra heroína.
—¡Jamás! ¡Se merece todo lo malo que le pueda hacer! —reclamó Reverser— además, solo sois unos patéticos héroes sin poderes, ¿quién os ayudará?
Y ahí fue cuando salté a la escena.
—Yo seré quien le ayude. Recuerda esta cara, porque será la que te derrote —me chuleé un poco al sentirme más seguro en otra persona que no fuese yo mismo, y lo que hice pareció enervar a Reverser, que se acercó planeando hasta mí con un avión de papel preparado en la mano, que esquivé con facilidad gracias a las superhabilidades que me daba el Miraculous.
Yo me preparé para pensar; debía tender una trampa, y la torre Eiffel me inspiró para ello. Exclamé la palabra clave que mi kwami me dijo para invocar una red después de haber esquivado muchos ataques de Reverser y haberme puesto a cubierto. Ahora que me había perdido de vista, era mucho más sencillo tender una trampa sin que me viese. Le di la red a LadyBug y Chat Noir para que la intentasen colocar justamente debajo de la Torre. Mientras tanto, invoqué una cuerda para crear un mecanismo para tirar de ella.
Cuando terminé, salté a la punta de la Torre Eiffel, mientras Reverser miraba en cada rincón de cada edificio cercano para ubicarme. Cuando llegué, liberé al asqueroso de Bastian.
—¡Muchas gracias… eh…!
—Caprikid —El nombre se me ocurrió de repente, pero era increíblemente bueno para ser una idea espontánea— Ahora necesito que colabores conmigo.
Dejé a Bastian en el suelo de la red para que Reverser le viese, y el villano se giró después de unos momentos y yo me coloqué en posición: sujetando la cuerda para que cayera de lleno en la trampa.
—Bastian, ¡Te mataré!— gritó Reverser, mientras que planeaba como un dardo hacia su presa.
Cuando llegó al alcance de la red, esperé pacientemente hasta que Reverser picase en la trampa para tirar en el momento idea, y Chat Noir se acercó asustado a la red para utilizar su cataclismo y destruir su planeador, dejando que el akuma revolotee fuera de este. Entonces, LadyBug hizo de las suyas y la ciudad volvió a la normalidad.
Cuando vi a Marc aún atrapado con Bastian, solté la cuerda inmediatamente y lo separé de él lo antes que pude. Ese estúpido no se merecía ni las lágrimas de mi Marc.
—¿Qué ha pasado? ¿Quién eres tú?— me miró a la cara confundido, mientras yo le llevaba a un lugar más seguro que la plaza de la Torre Eiffel.
—Has sido akumatizado por Hawk Moth. Y yo, soy Caprikid. Te llevaré a tu casa o a otro lugar si me dices dónde —expliqué, mientras saltaba por los techos de la ciudad hacia la casa de Marc. Obviamente que sé dónde vive, pero Caprikid se supone que no.
—Vivo en la zona de Boissière… —Marc se veía exhausto. Hawk Moth era una persona tan cruel… no me podía creer que existiese gente con tan poco corazón como él y Bastian.
Entonces, entré por la ventana más cercana de la casa y pareció ser su habitación. Le postré en su cama mientras miraba un poco alrededor: tenía muchos pósteres, su mesa de trabajo y una suave alfombra repleta de pilas de papel y cuadernos que procuré no pisar, y su cama estaba llena de peluches y almohadas, sobre todo de gatos.
—Muchas gracias, Caprikid —Marc me miraba con sus ojos dulces y brillantes que tanto me emboban. Pero tenía que volver en mí y controlarme, porque ahora mismo para él soy Caprikid, no Nathaniel.
—De nada, joven. Ten un buen resto de la noche. —me despedí mientras salía por la misma ventana por la que entré. El siguiente paso era buscar a LadyBug y Chat Noir, que estaban evacuando a las personas de la Torre Eiffel: aún tenía que devolver mi miraculous.
Me acerqué a LadyBug y le toqué el hombro para avisarle de esto, y fuimos a un callejón vacío para que nadie me viese detransformarme.
—Has hecho un gran trabajo para haber estado solo, Caprikid. Tienes mucha valía, probablemente te llamemos más veces. Por lo demás, ten una buena noche —dijo, mientras guardaba mis horquillas y me despedía de la adorable Ziggy.
Me alegraba haber sido de ayuda a LadyBug y me sentía muy orgulloso de mí mismo. Lo único malo es que nadie podía saber que yo era Caprikid. ¡Sería perseguido por Hawk Moth si me descubriese! Solo pensar eso me dió escalofríos.
Cuando volví a casa, vi la palidez de la cara de mis padres. Me dijeron que estaba loco y que quién en su sano juicio saldría de su casa durante un akuma, pero les dije que no se preocuparan y que no me había pasado nada. Aun así, me regañaron hasta la infinidad y me castigaron sin salir durante una semana. Genial. Aun así, pude mediar con ellos: me dejaron ir a la sala de artes o al parque después de clase si quería, pero les tenía que llamar.
Subí a mi habitación y seguí pensando en Marc. Era medianoche, ¿estaría bien si le llamo? Estaba muy cansado cuando lo dejé en su cama. Reflexioné que sería mejor que continuase mi cuadro y pensase en lo bueno que me había pasado con él y nuestro progreso.
Entonces, pinté las mariposas de color azul en vez de naranja alrededor de él. Quise simbolizar la transformación de Marc, además de la mía, y las intenté detallar para que no parecieran akumas: odiaría que reconociese eso. No paré de pensar en él, ahora mismo le amaba con todo mi corazón y estaba tan preocupado… Necesitaba verle mañana y pasar tiempo con él.
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Se alzaba el sol de por la mañana, que entraba por la ventana en la que había visto a Caprikid por última vez. Ese nuevo superhéroe me había salvado de mi yo villano, ¿Qué podría haber hecho? Me levanté inmediatamente para ver las redes sociales. Había muchos vídeos de lo que hice la anterior noche; Reverser, parecía llamarme. Lanzaba aviones de papel que convertían a las personas en sus versiones opuestas, Y… ¿¡Rapté a Bastian para colgarlo en la cima de la Torre Eiffel!?
La verdad, se lo tenía bien merecido, pero me pareció feo de mi parte y muy cruel. Le chillé cosas horribles a la cara, le reproché todas las noches que me manejaba como le venía en gana y los días que me gritaba que era una escoria.
Apagué el teléfono para que no me bajaran los ánimos de nuevo y desayuné lo de siempre, mientras salía de casa con los cascos puestos con música alegre para subirme el ánimo. Pero cuando entré por la puerta del instituto, todo se fue al traste. De repente me puse nervioso y tuve ganas de vomitar, lo ignoré y seguí mi camino a clase hasta que Nathaniel se interpuso en mi camino.
—Ni se te ocurra agachar la cabeza, Marc —dijo con un tono directo— Tu akumatización no fue tu culpa. Si alguien te dice algo, por favor ven a mí —sujetó mis hombros con ambas de sus manos para que le viese directamente a su cara. ¿Era normal que el poder que tenía sobre mí me atrajese de esta manera?
Entonces, le di un abrazo de agradecimiento, de amor, y él me lo devolvió de la misma forma.
—Ahora, vuelve a clase con el mentón alto y confía en ti —me acariciaba el pelo mientras decía estas palabras al oído. Su voz era tan atractiva y reconfortante…
Después le solté, me despedí de él y entré a mi clase, siendo interrogado y apoyado por mis compañeros, y la profesora Mendeleiev gritaba a los alumnos que volviesen a su sitio con su chirriante e insoportable voz.
…
Nathaniel y yo nos volvimos a ver en el recreo, como siempre. Estábamos sentados en un banco mientras Nathaniel me contaba algo sobre comida japonesa que probó en un sitio del centro comercial, cuando se me ocurrió una idea. Quería despejar mi mente y, ¿qué mejor para eso que una salida con tu mejor amigo al arcade?
—Nath, siento interrumpirte, estoy de acuerdo con que el ramune está riquísimo pero, acabo de recordar el arcade que hay cerca de la zona del centro comercial en el que nos vimos. ¿Te apetece ir? —dije con ilusión—.
—Me encantaría ir contigo —respondió con una sonrisa caramelizada que me derretía. También me perdí en el mar de sus ojos, era tan hermoso. Noté que se me subieron los colores sin ningún tipo de sentido—.
Seguimos hablando de cosas al azar hasta que cierta reina abeja se nos acercó a molestar.
—Si es el akumatizado de anoche, ¡Qué ridículo! —se reía de su propio comentario junto a su lameculos por excelencia, Sabrina.
—Deja a Marc en paz, Chloe, y métete en tus propios asuntos —Nathaniel tenía un inusual tono borde en su voz.
—¿Y el emo dibuja-Marinettes me va a decir lo que tengo que hacer? —se rió de manera molesta y estruendosa pero, ¿había escuchado bien? ¿Dibuja-Marinettes?
—¿Qué has dicho sobre Marinette? —pregunté a Chloe con un tono rudo dentro de lo que cabía—.
—Ah sí, ¿No sabes que este calzonazos está enamorado hasta las trancas de Marinette Dupain-Cheng? ¿La panadera, teniéndome a mí? Ha caído bajo, ¿verdad?
Cuando escuché a Chloe, se me hundió el corazón. ¿Le gustaba Marinette? ¿Una chica? Me giré a mirar a Nathaniel con desconcierto, ¡Pensaba que estábamos avanzando en nuestra relación! Nath me devolvió una mirada extraña. Sabía que no le podía echar nada en cara porque no éramos nada, pero me entristecí un poco.
Mientras Nath y yo nos mirábamos, apareció Marinette para entretener a la molesta Chloe, y yo decidí hablar con Nathaniel.
—¿Es verdad que te gusta ella? ¿Marinette? —pregunté fingiendo curiosidad—.
—No. Pero sí es cierto que me gustaba antes. —por lo menos respondía con honestidad— Pero no llegamos a nada, porque a ella le gusta Adrien. Creo que es obvio, ¿no? —se rió para sí— Eso pasó hace muchísimo tiempo. Ni siquiera me interesa Marinette.
—Está bien, Nath, pero ¿por qué te justificas? —pregunté jocoso— no es como si yo te gustase.
Entonces Nath se sonrojó al escucharme decir esas palabras.
—Qué va, Marc. —dijo, mientras miraba en otra dirección— qué va…
Chapter 8: Capítulo 8
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Cuando por fin sonó la estruendosa campana que nos liberaba del instituto, caminé con Nate hacia la zona recreativa cerca del centro comercial hablando de las cosas que habían pasado hoy en el instituto. Me contó que hoy en su clase, llegó una compañera nueva y se sentó a su lado. Nath me comentó que era insoportable porque, desde que llegó, sólo molesta a Marinette y se quiere convertir en delegada de clase incluso siendo nueva. ¡Marinette merece ser delegada más que nadie! Los dos estábamos indignados.
Más tarde, estábamos de pie frente a la gran señal de neón del arcade. Miré la cara ilusionada de Nate y eso me devolvió las ganas de existir. Cuando cruzamos la puerta del establecimiento, accedimos al oscuro interior, solamente iluminado por el resto de luces coloridas y las pantallas de las antiguas máquinas de videojuegos. El lugar estaba lleno, después de todo era el arcade más famoso de París.
—¡Mira! ¡El Pac-Man original! ¡Marc, corre que nos quitan la máquina! —chilló emocionado mi acompañante mientras que tiraba de mi muñeca hacia el arcade.
Nathaniel y yo llegamos corriendo a la máquina libre del Pac-Man justo antes de que otros niños pudieran meter la moneda. Ellos miraron mal a Nate, y murmuraron algo sobre su pelo y se fueron, pero Nate ni les escuchaba, porque me estaba contando la historia de Pac-Man y por qué era su juego arcade favorito. Yo le escuchaba embobado, ya que antes de que le conociese no parecía una persona que hablase mucho, pero Nate habla por los codos cuando algo le fascina.
Después, jugó una ronda y la ganó, batiendo el récord de puntaje del segundo puesto. En el primer puesto también estaba su nombre, así que claramente no era su primera vez aquí.
—Qué pena. Esperaba haber batido mi propio récord —se giró a mirarme, y un momento después una bombilla pareció encenderse en su cabeza— ¿Quieres probar tú, Marc?
—Sí, claro —dije, mientras preparaba una moneda y Nathaniel recogía los tiques que ganó—.
Puse mis manos en los botones y comencé la partida. En realidad, el juego era bastante sencillo; era tan solo descubrir el patrón de movimiento de los fantasmas y el orden ideal para atraparlos y a partir de entonces, simplemente era hacerlo lo más rápido posible.
Mientras jugaba, podía ver en el reflejo de la máquina la cara sorprendida de Nath. Supuse que no sabía que era tan bueno en este tipo de juegos. Cuando terminé, en la pantalla de la máquina comenzó a subir el número de puntuación por lo que parecieron milenios, y fue entonces cuando me di cuenta de que había batido el récord de mi amigo, que tenía los ojos como platos, como los otros niños que hacían cola para jugar al juego.
Me giré con una sonrisa orgullosa en la cara y Nathaniel me sonreía, mientras me relataba sobre que mi jugada fue impecable y que no paraban de salir tiques de la máquina, y yo me reía.
Mientras buscábamos un nuevo juego para probar en los pasillos del arcade, pasamos por al lado de las máquinas de gancho, y fue cuando vi un peluche de Chocolat a través de cristal y pegué la cara al mismo, fascinado. ¡Era tan adorable!
—Nath, necesito a Chocolat —dije contento, mientras sentía la mirada de Nate en mí y su risa detrás mía.
Metí un tique y comenzaron los dos minutos de tortura. Primero, lo ajusté sobre el peluche con toda la precisión que me daba la máquina, pero aun así el horrible gancho no agarró el peluche cuando le presioné al gran botón rojo de bajada. Lo intenté tres veces antes de que sonase el pitido, señalándome que se había terminado el tiempo disponible. Me giré a ver a Nate, que tenía una cara apenada como la mía.
—¿Me dejas intentar conseguirte ese peluche? —preguntó mientras que se acercaba más a mí y a la máquina, con un tique preparado en su mano.
—Sí, claro —noté como me puse rojo después de que hablase e incluso más después de responder.
Entonces, Nathaniel metió el tique en la máquina y vi cómo agarraba no solo uno, sino dos peluches en una misma partida, incluso con intentos fallidos. Miraba boquiabierto a través del cristal y, cuando conseguía llevar un nuevo peluche a la abertura para ganar, caían con un suave sonido y me hacían mirar para abajo. Primero ganó el peluche de Chocolat, y después logró sacar uno de Pompompurin.
Le miraba con cara de querer coger a Chocolat y, después de un suave movimiento afirmativo de su cabeza, me lancé a la dispensadora de la máquina y abracé a Chocolat. Ese gatito llevaba siendo mi personaje favorito de Hello Kitty desde que era pequeño, y durante los años había tenido muchos peluches del gatito negro.
Después, Nate cogió su peluche de Pompompurin con delicadeza y sonrió mientras lo abrazaba.
—Siempre me ha gustado Pompompurin cuando veía a Hello Kitty —dijo risueño, mientras guardaba el peluche en su mochila.
—¿Tú también veías Hello Kitty de pequeño? —pregunté sorprendido. De pequeño, siempre pensé que era de los poquísimos chicos que veía la serie de la icónica gatita del lazo rojo—.
—Sí, y nunca tuve nadie para hablar sobre ello —de repente, de su mirada se desvaneció un poco de la alegría que tenía— pero nunca me preocupó. Yo estaba feliz con mi colección de Pompompurins.
—Yo era igual, solo que con Chocolat —reí mientras acariciaba la cabecita del peluche— de hecho, mi cama está llena de peluches de Chocolat.
Nathaniel pareció ruborizarse y miró a otro lado, lo que me pareció extraño. De todas formas, lo dejé pasar porque siempre me apartaba la mirada en momentos así.
Continuamos en el arcade por varias horas. Jugamos a un juego de coches de dos jugadores y nos lo pasamos muy bien, y ninguno de los dos ganamos porque no hacíamos más que estrellarnos y Nathaniel incluso se estrelló contra mi coche. Además, conocimos a unas personas bastante agradables que no invitaron a unirnos a su juego de Laser Tag; al ser muchos jugando, tuvimos que pagar poquísimo.
Entramos a la sala de Laser Tag, que estaba pintada con pintura de neón que se iluminaba con la luz ultravioleta de la sala y le daba un efecto extraterrestre que me encantó. Entonces, una encargada se acercó a nuestro grupo a repartir petos especiales que detectaban las balas del láser y la propia pistola láser. Cuando acabó de repartir, resulta que había repartido petos de distintos colores. Yo tenía un peto azul mientras que Nath tenía uno rojo. Cuando nos dimos cuenta de que no estábamos en el mismo equipo, nos miramos con cara de pena.
—Aunque me dé pena estar en contra de ti, ¿sabes que te voy a machacar? —Nate se rió jocoso después de decir eso, y yo le codeé.
—Si crees que me rendiré rápido estás equivocado, Nate —le reté con la mirada mientras nos repartimos por el terreno de la sala.
Entonces, un estruendoso pitido sonó, señalando el comienzo de la partida. Decidí cubrirme detrás de un muro para cargar el láser, preparado para buscar a una víctima del equipo contrario.
Me asomé por el lado de la pared y vi a un grupo de personas del equipo opuesto persiguiendo a alguien de mi equipo, y aproveché que estaban distraídos para dispararles por la espalda. Acabé dándole a uno de los jugadores, al cual le pitó el peto. Entonces, todos se giraron a buscarme, pero yo ya estaba corriendo en la otra dirección, cubierto por las paredes del lado, hasta que me choqué contra alguien.
Me levanté para ver la cara de alguien del equipo contrario mirarme sorprendido. Sin embargo, yo salté del susto y me escondí detrás de una pared, mientras que el chico corría para buscarme. Cuando me perdió de vista, vi a Nathaniel recargando sus balas detrás de uno de los obstáculos. Aunque estábamos en equipos distintos, le observé por unos momentos.
Fue entonces cuando debió notar que alguien le miraba y giró su cabeza, delatándome mientras me escondía detrás de la pared de nuevo. Fue entonces cuando escuché pasos y pensé que no era buena idea quedarme aquí; tenía que atacar, ya que la partida estaba apunto de acabarse.
Cuando salí de mi escondite, Nate saltó de un lugar en el que no le vi meterse y me tumbó contra el suelo, apuntándome con la pistola de láser al pecho, preparado para dispararme, pero sin embargo al darse cuenta de que era yo me miró con desconcierto.
Yo tampoco podía hacer nada. ¿Cómo reaccionas al tener al chico que te gusta encima tuyo, en una habitación oscura? Se me estaban calentando las mejillas cuando escuché unos pasos cerca nuestra y una persona de mi equipo disparó a Nate con el láser, eliminándolo así de la partida.
Aún no estaba de pie mientras reflexionaba sobre lo que acababa de pasar mientras Nathaniel se quitaba de encima mío y se dirigía a la salida y sonaba el pitido final. Vi el marcador de puntos de la pared mientras me levantaba y veía que el equipo de mi amigo había perdido por su eliminación, ya que antes ambos equipos estábamos empatados.
Yo mismo me dirigí hacia la salida mientras me quitaba el chaleco del láser tag con manos temblorosas, aún sin procesar que había tenido a Nate encima mío. ¿Cómo le miro a la cara ahora?
Cuando me quité mi chaleco, hablé con un responsable y dejé el láser y el chaleco en sus respectivos lugares, y cuando salí empecé a buscar a Nath, que estaba esperándome delante de la puerta al haber salido antes. Me acerqué a él y le miré directamente. Nate tenía una mirada avergonzada y un ligero color carmesí en sus mejillas.
—Nate —intenté arrancar la conversación después de un momento de silencio mientras nos dirigimos a la salida, por la que se podía ver que ya estaba oscuro fuera—
Cuando dije su nombre, él tornó su cabeza para mirarme.
—Lo siento, Marc. No quería caerme encima tuya —¿Por qué se disculpaba? No es como si me hubiese hecho daño—.
—No importa, es parte de jugar a un Laser Tag —solté una risilla después de tartamudear, como siempre—.
—Bueno, no ha sido un mal rato —sonrió coqueto— qué pena que no te pude ver bien por la oscuridad del lugar. Pensaba que eras otra persona, así que fui a atacarte y me bloqueé al verte.
—¿Y por eso no disparaste? —me reí a carcajadas— Ay Nate, que bueno eres.
Mientras que yo me echaba unas risas, Nate andaba con más velocidad y rodó los ojos en un bufido. De verdad, que cuando se frustra o enfada no se le puede tomar en serio. Después de que se le pasara, andamos juntos hacia nuestra calle mientras que manteníamos una conversación sobre el manga que me había recomendado.
Llegamos a su casa y ahora, en vez de sacar las llaves inmediatamente después de pisar el marco de su puerta, él me vino a dar un abrazo, que yo acepté gustoso. Sé que Nate no es muy fan de estar con personas ni de demostrar afecto, pero cada vez que nos veíamos y colocábamos una pieza más al puzle que era nuestra amistad, se volvía más cercano en cuanto al contacto físico.
Este chico se merece todo el afecto que le pueda dar, me llena tanto estar con él… Nuestras salidas siempre son especiales, y ni siquiera estamos juntos. Cada momento me regala algo nuevo de él, y eso es algo que simplemente no podría apreciar más. Aprender sobre Nate todos los días era como si quien sea que controle la vida hubiese decidido tenerme cariño.
Después de que Nath cerrara la puerta de su casa, yo me dirigí a la mía y di el día por acabado después de cenar y hacer algunas tareas pendientes del instituto; no me rompí mucho la cabeza.
Cuando me fui a dormir, recordé el peluche de Chocolat que Nath me había conseguido en las máquinas de arcade. Esa noche lo abracé con toda la fuerza con la que deseaba abrazar a Nate, rezando por que algún día él también sintiera la fuerza con la que le quiero. Con estos pensamientos en la cabeza, caí sobre los brazos de Morfeo con la imagen de mi preciado pelirrojo en sueños.
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Cuando cerré la puerta de mi casa, sentí que toda esta tarde no había sido real, como si me hubiese despertado de un sueño. Pero había algo que me confirmaba que no lo era: el peluche de Pompompurin que asomaba de la bolsa de hombro que había llevado ese día. Lo cogí y le di un abrazo cuando me di cuenta de que toda mi familia me miraba con una cara de furia.
Fue entonces cuando los recuerdos empezaron a caer sobre mí como una jarra de agua fría. ¡Estaba castigado!
—Nathaniel Kurtzberg ¿Dónde has estado? —mi madre vino hacia mí con un cabreo increíble, pero lo entendía— ¿No te has acordado de lo que hablamos?
—Perdón, me olvidé de llamaros y, sí, se me olvidó el castigo —intenté colaborar para que no me cayese más bronca innecesaria— esta tarde fui con Marc, un amigo del instituto, a los arcades del centro comercial. Lo siento.
Mi madre y mi padre suspiraron con fuerza al escucharme hablar. Sólo había decepción en sus ojos.
—Sabes que esto va a tener consecuencias, ¿no, Nathaniel? —mi madre comenzó a hablar algo menos cabreada. Sabía que si les decía las cosas con transparencia no se podían enfadar mucho conmigo— Ahora no vas a tener opción de ir al taller de artes ni al parque por el resto de la semana.
Cuando mi madre soltó eso, bajé la mirada y suspiré. La semana tenía pinta de que se me iba a hacer eterna. Pero no estaba enfadado con mis padres, porque el error lo cometí yo, después de todo. Subí a mi habitación después de decirles a mis padres que tenía trabajo por hacer.
Chapter 9: Chapter 9
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El sol ya comenzaba a bajar de su punto más alto cuando sonó la campana y el recreo comenzó. Como siempre, recogí mi material y me dirigí a las escaleras, donde siempre me encontraba con Nate. Sin embargo, cuando le vi llegar, la expresión de su cara me extrañó mucho. Estaba… desanimado.
—Ey, Nate, ¿Estás bien? No tienes buena pinta —pregunté preocupado, intentando sonar lo más amigable posible para no entristecerle más.
—Marc, no voy a poder ir al taller hoy. Ni en toda la semana —dijo apartando la mirada mientras comía una manzana roja como merienda— Ayer se me pasó un castigo que me pusieron mis padres. No podía salir y fui al arcade contigo.
Así que por eso estaba desanimado. Lo podía entender perfectamente: yo también odiaba que mis padres me castigaran. Es una pena, porque no podremos trabajar juntos, y yo amo el ambiente que se forma cuando trabajamos: la inspiración fluye y nos lo pasamos bien. No recuerdo ni un momento en el que me haya estancado escribiendo cuando estaba creando junto a Nate.
—Bueno, está bien. No pasa nada, pero, ¿Por qué te castigaron? —me picó la curiosidad, ¿qué le podía hacer?
—Eh, fue porque el día que salimos a Trocadero llegué más tarde de lo que debería a casa. Ya sabes, por el tráfico y las bicis que tuvimos que esquivar como si de Subway Surfers se tratara.
Siempre que pensaba que estábamos hablando de forma seria, pum. Ahí iba Nath con una comparativa rara, pero maravillosa. No pude evitar reírme, aunque me dio pena porque mi amigo estaba triste. Pero no me preocupé más porque levanté la cabeza para ver si él estaba bien y se estaba riendo conmigo, así que supuse que no era un problema.
La merienda continuó con normalidad hasta que vi a Chloe y recordé lo que dijo.
“Ah sí, ¿No sabes que este calzonazos está enamorado hasta las trancas de Marinette Dupain-Cheng?”
¿Le gustaba Marinette? ¿Significaba eso que no tenía oportunidad de estar con él? De repente, sentí mil pensamientos pesados acumularse en mi cerebro, haciendo presión contra mi cráneo. Mi expresión tuvo que haber cambiado, porque Nathaniel me miró de forma extraña.
—Marc ¿qué te pasa? —Nate intentaba ver mi cara, pero estaba inclinada para abajo mientras me hundía en mis pensamientos corrosivos como el veneno.
—No, nada. —¿debería preguntarle sobre Marinette otra vez? ¿Me correspondía preguntarle?— Solo estaba, eh, pensando.
—¿Y en qué pensabas? —Una risilla salió de Nathaniel, que acabó por contagiar una sonrisa.
—No sé si te sonará pesado pero, ¿Cómo que antes te gustaba Marinette? Es que me parece muy loco —lo intenté hacer pasar por que me parecía curioso en vez de que me estuviese arrancando neuronas pensar en ello.
—Ah, si, es que sabes como es ella. Amable, creativa, le encanta ayudar… y es graciosa cuando mete la pata —rió para sí— y esas cosas me fascinaron de ella. Pero ya no me gusta.
—¿Y por qué? ¿Fue de repente?
—No. Simplemente alguien más… llenó el boquete que ella dejó. Después de todo, no sé que me esperaba, si es más que obvio que solo tiene ojos para Adrien.
¿Cómo que alguien más llenó el lugar de Marinette? ¿Ahora mismo le gustaba alguien? ¿Y si no era yo? Tenía que seguir preguntando, por más que me doliera.
—Uuuuh —dije, con un tono jocoso para reírme un poco de él— ¿Está Nathaniel Kurtzberg, el gran lobo solitario que nunca busca a nadie… enamorado?
Nathaniel se puso rojo como la manzana que se estaba comiendo y disimuló, bajando la cabeza y cogiendo un lápiz para ponerse a bocetar a lo loco. Entonces, supe que no iba a decirme nada más y decidí ponerme a lo mío.
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Cuando llegó la hora de irme de la cárcel, o lo que otros llamarían instituto, suspiré por gratitud de no tener que ver a Marc esta tarde. Las preguntas que me había hecho hoy no tenían sentido. ¿Se estaría dando cuenta de que me gusta? ¿Y si soy tan obvio como lo es Marinette, pero no me doy cuenta? De solo pensarlo me mareé, y mientras recogía mis cosas vi a Alix ponerse los patines. ¿Y si hablaba sobre esto con ella? La verdad es que no sabía cómo moverme para adelante.
Me acerqué a mi amiga y toqué su hombro para que se percatara de mi presencia justo antes de que esprintase fuera de mi alcance con los patines.
—Hola, Alix, ¿Cómo estás? —intenté empezar la conversación con algo normal sobre el día de hoy.
—Ey, tomate, cómo te va —respondió con su tono tan… Alix.
—Tengo algo que contarte —empecé mientras cruzábamos el marco de la puerta de la clase de la profesora Bustier.
—Dispara, jefe.
—He tenido una cita con Marc.
En cuanto dije eso, pegó un frenazo con los patines y se dispuso a mirarme con incredulidad y con la mandíbula inferior por los suelos, haciendo una mueca bastante graciosa.
—Pero, pero, pero, ¿Qué me he perdido? ¡Pero bueno, Nath! —Saltó para pegarme un capón, porque no llegaba de normal— ¿Por qué no me lo has dicho antes?
—Tampoco tengo mucho tiempo para contártelo, pero acompáñame para mi casa y te cuento por el camino —dije, mientras sobaba mi nuca dolorida por el zape de la pulga rodante.
—¿Cómo podría decirte que no? Me lo cuentas ya de ya, ¿En qué momento tienes tú el valor de pedirle una cita?
—De hecho, fue él quien me pidió la cita —Sabía que su reacción iba a ser una joya, y tanto que lo fué.
Alix se puso a regañarme por no decírselo y dejarla al margen de todos estos jugosos acontecimientos entre los que crecía mi amor por el pelinegro.
—Fuimos al arcade del centro comercial —la interrumpí para seguir contándole, y se calló al instante— y jugamos varios juegos juntos. ¿Sabes que batió mi récord en el Pac-Man original? ¡Es buenísimo!
Esperé su reacción ante esto último, pero estaba demasiado metida en el aspecto de cita de todo esto que ni siquiera se dió cuenta; solamente quería que siguiese hablando.
—En fin, que pasó una cosa adorable. Él intentó conseguir un peluche de la máquina de gancho pero no lo consiguió, entonces yo metí un tique y se lo conseguí —suspiré, recordando el dulce momento de Marc abrazando el peluche que había sacado para él mientras me agradecía— y no paraba de sonreír con esa carita tan bonita que tiene. Además, luego nos metimos al Laser Tag, pasaron cosas y… para resumir, acabé encima suya apuntándole con una pistola láser al pecho, mientras que él se sonrojaba debajo mía.
Cuando Alix escuchó esto último, se sorprendió mucho, pero luego recibí otro zape y una burla. Qué raro viniendo de ella.
—Pero bueno, Romeo —Subió y bajó las cejas mientras me codeaba— ¿No será que tienes a tu Julieta encantada ya?
—¿A qué te refieres con eso?
—¿Estaís saliendo ya o eres lo suficientemente tonto para no darte cuenta de que le gustas?
Me quedé helado cuando soltó esa barbaridad. ¿Y yo qué se supone que tengo que saber? No es como si le pudiera preguntar directamente. Mientras pensaba en esto, Alix me miraba con esa mirada de loca cotilla que ponía ella cuando le interesaba algo.
—No, Alix. Y no sé siquiera si le gusto —respondí más tajante de lo que me hubiera gustado. Pero era verdad: no sé cómo se suponía que lo tenía que saber.
—Dios mío, Nathaniel, esto es para tirarte de los pelos y arrancártelos, ¡Que se sonrojó debajo tuya! —me chilló— ¿Cómo no te puedes dar cuenta?
—Pero, ¿y si sólo le dio vergüenza? No tiene nada que ver —dije, mientras localizaba mi casa desde la lejanía— Además, creo que se está dando cuenta de que me gusta.
—¿Y eso por qué?
—Porque durante el recreo, hoy me ha preguntado si aún me gustaba Marinette, y puede ser que se me escapase que me gusta alguien, y me preguntó varias veces por ese alguien durante el día. Pero, oye, siempre le podría decir: “Ah, sí, me gustas tú, Marc”.
—Pues eso es exactamente lo que le deberías decir, Nath —Alix no tenía pelos en la lengua— No pierdes nada por intentarlo.
—Bueno, sí, ¡Su amistad! ¡Lo perdería si me confieso y no es recíproco! —pensé que esto era obvio.
—Nath, en serio. Díselo. —Alix me miraba ya algo cansada de insistir— Si quieres, te puedo ayudar. Puedo decirles a las chicas que te ayuden y podríamos crear un plan algún día.
Cuando me propuso esto, estábamos muy cerca de la puerta de mi casa y preparé mis llaves para abrir la puerta. Lo que decía no sonaba tan mal, pero necesitaba incorporar el cuadro que estaba pintando y no sé si estaba preparado para mencionarle su existencia a alguien.
—Está bien, pero hablemos mañana, ¿vale? Tengo tantas ganas de merendar que me ruge la tripa.
—Vale, Nath. Chao, pasa buena tarde —se despidió mientras rodaba a toda velocidad bajo la pendiente de mi calle. A veces temía por su vida y me preguntaba cómo era posible que fuese tan rápido y no se fuese de bruces contra el duro suelo de la carretera.
…
Un rato después de la cena, me saltó la vena creativa y decidí que era buen momento para sacar el caballete y seguir con el cuadro que le quería regalar a Marc. Si se daba cuenta de que me gusta antes de tiempo, tengo que tenerlo preparado para entonces. Después de todo, según lo que me decía Alix, era posible que incluso tuviese una oportunidad con él.
Ojalá Alix no estuviera diciendo bobadas. Saqué los óleos que dejé preparados el último día y seguí dándole color y detalles a la cara del chico que no salía de mi cabeza. Era hora de aceptarlo: fantaseaba con salir con él y tener una relación seria. Tenía tantas ganas de que llegara el momento indicado y, por fin, pudiese volcarme totalmente en amarle a él y poder demostrarlo con libertad y sin barreras.
*ೃ༄
Hoy era el día; tenía que hablar todo con las chicas. Yo estaba harta de escuchar a Nathaniel babear mientras hablaba del chico de la sudadera roja todos los días. Además, estaba llegando al punto de solo acudir a mí por ayuda; me estaba sintiendo como un segundo plato. Por lo tanto, pensé cortarlo de raíz y zanjar el problema: si le gustaba Marc, ¿por qué no se lo decía? Así quizá no estaría tan hipercentrado en él y podría ver más delante de sus narices.
Durante el recreo, reuní a todas mis amigas de clase. Juleka y Rose estaban pegadas como lapas, Zoe y Marinette charlaban tranquilamente y Alya estaba escribiendo cosas sobre el Ladyblog, mientras que el resto esperaba a que por fin dijese algo.
—¡Chicas, escuchadme! —chillé algo agresiva, para que todas cesaran sus acciones de una buena vez— Tengo algo que contaros y necesito vuestra ayuda.
Cuando dije estas palabras, ya sí que sus cabezas se giraron plenamente a mirarme: se alimentan del chisme.
—Arranca ya, Alix —Alya me miró con ganas de saber— ¿De qué va la cosa?
—Bueno, sabéis quién es nuestro compañero Nathaniel —empecé a hablar— pues resulta que lleva todo este mes enamoradísimo.
—Sí, sí se nota, tranquila, lo sabe toda la clase —mencionó Rose— no para de mirar por la ventana, cubre su cuaderno de bocetos, siempre está sentado con el mismo chico de pelo oscuro en el recreo, y le mira de una manera…
—Sí, es adoración —respondió Sabrina, con ojos iluminados, un tono dulce mientras jugaba con la manga de su jersey— incluso Chloe lo nota.
—Pues bueno, no es capaz de decirle nada —interrumpí el ligero revuelo de comentarios que se había formado entre todas— y quiero que se lo diga ya para que deje de estar tan pesado. Es que vosotras no estáis todo el día con él, pero no para de hablar de Marc, es como una cotorra.
Mis amigas todas estaban calladas y sorprendidas: supuse que ya sabían qué tipo de ayuda quería.
—¿Y qué piensas hacer tú? —preguntó Mylénè— No es como si pudieseis forzar una confesión.
Entonces el ambiente se silenció y todas miramos a Mylénè con ojos cómplices.
✩₊˚.⋆☾⋆⁺₊✧
Estaba tranquilamente sentado en mi pupitre, con la muñeca suelta mientras bocetaba cuando un conglomerado de ciertas chicas me rodearon, dejándome sin escapatoria.
—Ey, Nath. ¿Qué tal? —Alya comenzó a hablar, supuse que por todas.
—Hola —miré a mi alrededor, algo agobiado— ¿Por qué sois tantas, qué necesitáis y por que me rodeáis como si me fuera a escapar?
—Ah, bueno, es que, ya sabes, la ayuda que te mencioné ayer —Escuché a Alix atrás de la aglomeración, mientras que el resto la dejaban avanzar para la primera fila para poder verme— ¿No sé si querrías quedar en casa de Marinette después del instituto?
Entonces fue cuando recordé la conversación que tuve con la pulga ayer, y entendí todo. ¿Era una forma rara de ayudarme? Sí, pero no la iba a negar. Después de todo, ya llevaba bastante tiempo planificando confesarme a Marc con el cuadro, así que una mano amiga no sería perjudicial.
—Está bien— suspiré de cansancio antes de afirmarlo, mientras que por fin todas se iban a sus respectivos sitios. Además, cuando se me desbloqueó la vista, vi a absolutamente todos los chicos de la clase mirarme con una cara extrañada.
…
En cuanto recogí mi comida en la bandeja y la llevé a la mesa circular en la que siempre me sentaba a comer con los chicos cuando me apetecía ser sociable, ya me llovieron las preguntas.
—¿Desde cuando tan ligón, Nathan? —me preguntó Kim sin ningún tipo de escrúpulos y además con su tono elevado y estúpido de siempre.
—No estaba ligando, Kim —respondí— vinieron a hablar conmigo sobre una cosa.
—Y es verdad —saltó Ivan— yo lo escuché todo, me siento delante de Nath. Pero no escuché para qué necesitabas ayuda, Nath.
Ay no. Este fatídico día había llegado. ¿Cómo salgo de esta? Miré a mi alrededor para buscar una excusa, pero no encontré ninguna.
—Ah, bueno, nada, cosas de… ¡Arte! Sí, un proyecto. Necesitaba modelos femeninas para una pieza que estoy haciendo.
—Hay un 90% de probabilidad de que eso sea mentira —calculó Max, con la misma precisión que siempre—.
—Bueno, entonces, ¿nos dirás la verdad? —preguntó Adrien, mirándome con esa mirada tranquila que siempre tenía—.
—Eh, bueno, vale. Me gusta alguien. Y ya.
Un silencio sepulcral invadió la mesa, y todos me miraban perplejos, cosa que yo odiaba porque no hacía más que atraer más atención.
—¿Es Marinette? —preguntó Nino. ¿Sería esta mi oportunidad para zafarme?
—¿Cómo lo sabéis todos? —Qué vergüenza, me cubrí la cara con las manos y los codos apoyados sobre la mesa. Sabía que estaba mintiendo, pero no era el momento de decirles que me gustaba Marc, porque me podría frustrar todo el plan— Se supone que era un secreto…
—Bueno, no te preocupes Nathan —Ivan me apoyó una mano en el hombro— Marinette es una chica excelente y seguro que verá todas las cualidades que tienes.
Después, agradecí a Ivan por el amable comentario y continuamos la comida, y yo estaba más relajado, ya que la conversación no se redirigió al tema de quién me gustaba: Kim hablaba de Ondine y del atletismo; Ivan hablaba de su novia Mylénè y de lo excelente que era; Max hablaba de las mejoras que le había implantado a Markov… entre otras cosas. La verdad es que, aunque no les conocía tanto, sí que te echabas unas risas con ellos, eran agradables.
