Chapter Text
Las apariencias tienen costos.
Las apariencias lo pueden significar todo.
Las apariencias tienen estándares.
A veces muy grandes. A veces eran mínimos. Aunque siempre contienen una significancia que puede perdurar más allá de los propios estatus quo a los que las sociedades se alinean para eximir como sus reglas. Como parte de las normativas procedurales a las cuales los habitantes se deben atener para poder ser socialmente correctos, sensatos y que, simplemente, encajen en la enorme máquina en movimiento y evolución constante. Las modas, los avances, cada invento son eventos de inflexión que fundamentan los cimientos de cada región. Piltover siempre ha tenido como parte de su mantra comprender cuán importante esto resulta.
Juega mucho más allá de la carta de presentación. Simboliza un control, un Estado perfectamente regido y estabilidad. Bases sólidas para permitir que el orden y el progreso sean una realidad. Una sociedad bien estructurada significa ciudadanos bien estructurados, al final. Así que el sensual juego de las apariencias es mucho más influyente de lo que cualquier forastero puede comprender.
Cada vestimenta, cada peinado, cada mínimo detalle de cada integrante Piltovano estaba estructurado, planeado como la premeditación quirúrgica más exacta posible para poder establecer un rol adecuado. La buena organización permite el buen progreso de cada avance. Cada engranaje debe de tener una razón de ser. Debe tener el significado de lo que su apariencia dictamina. Porque, aunque los poetas malditos lloren por el romance de la belleza del alma, no había forma de evitar que las primeras impresiones tengan un significado. Influyen más de lo que se puede evitar.
Jayce Talis lo aprendió a la mala.
La evolución es una ley natural inflexible. Una realidad que converge mucho más allá de la simple explicación física. La intervención humana no ha sido la única influencia directa que se fusiona con este fenómeno. Varias características y ancestros biológicos han sido unificados hasta lo que el humano es en la actualidad. La adaptación y la ferocidad pueden ser conceptos ajenos, que deberían ser separados por el bien de la correcta ciencia; sin embargo, la misma sigue insistiendo que la maravilla del humano proviene de lo más profundo y desconocido por la ciencia.
La evolución dictaminó la ley de selección natural. El humano la convirtió en la ley de selección sintética. Las cosas seguían siendo un poco arcaicas, empero. Porque estaba el fenómeno biológico del género secundario como parte de un factor de supervivencia adherido a los genes humanos por las preservación.
A través de estudios y vestigios de tantos científicos y pensadores, poco a poco se fue maquinando la comprensión de esta manifestación tan curiosa. El humano pasó por un punto bajo, donde su preservación estaba encadenada a la precaria situación climática y ambiental. La necesidad de supervivencia lo llevó a adoptar comportamientos de los seres mamíferos cercanos donde el sentido de éxito se concluya como la posibilidad de supervivencia. Con ello, los ancestros descubrieron sus raíces genéticas unificadas con familias lycanas.
Alfas, líderes naturales con sentido de supervivencia y cacería en pos de la manutención de su manada.
Omegas, administradores del hogar y principal fuente de reproducción para la preservación de la manada.
Betas, trabajadores y órgano fundamental de la mano de obra, perduración y avance de la manada sin la necesidad de doblegarse a los instintos primarios de los dos anteriores géneros secundarios.
La historia y los registros científicos explaya mucho más allá de las sencillas definiciones. Se refiere a un proceso de evolución que ha tomado más de 4 milenios para poder llegar a la conservación actual. Procesos complicados, eventos disruptivos que forjan un antes y un después de la especie, nuevas estructuraciones sociales, establecimiento del poder y el gobierno, la creación misma de la sociedad como un órgano y no como un simple grupo cercano. Cada uno de esos procesos tiene la influencia suficiente para hacer que la naturaleza humana y sus genes lycanos peleen de forma constante.
Hasta que el género secundario se volvió una molestia en vez de una vertiente más del humano.
Después de tantas batallas, tantos cambios, tantos procesos, la preservación de la raza humana dejó de ser una necesidad y se convirtió en un problema de sobrepoblación. A pesar de la creación de nuevos empleos, nueva tecnología, mejora en la calidad de vida, el humano empezó a ver tan animal su género secundario que decidió intervenir de forma artificial y dar un corte certero.
Dado que el LUCA estaba directamente conectado a la familia Lycana, el humano sabía que su género secundario era imposible de suprimir o erradicar, el desarrollo de un control fue la forma ortodoxa de controlar las masas. De esa forma, podrán no tener dominio en destruir el género secundario, pero sí manipularlo para crear una mayoría.
El género Beta era perfecto para ello. No dependía de los sentidos animales y apelaba más a la razón del primer género. Eran buena fuerza humana y mano de obra. Fértiles pero en tasas moderadas. Mejor control de las masas. No tener que lidiar con las necesidades que los Alfas y Omegas requieren.
En Piltover, ser Beta era celebrado y reconocido. Incluso se tenía la tonta creencia pagana de que era la fuerza humana renunciando a su género secundario por preferir lo correcto: el progreso. El mundo estaba evolucionando, también debían hacerlo los humanos. Un Beta era un buen presagio y aumentaba los apoyos de los propios programas gubernamentales para que la interferencia humana siga haciendo efecto en la evolución.
Programas de reproducción de castas ya sea por renta de vientre, uso de ovulación sintética o alguna citación premeditada por alguna dependencia, Piltover tenía el mejor programa de reproducción de Betas. Todo, con el objetivo de ir erradicando poco a poco los otros dos géneros secundarios hasta que la propia evolución comprenda la necesidad del humano de que su género secundario, considerado el mediador, se convierta en el líder de la autonomía y no depender más de los juegos de las feromonas y cortejos que lideran a peleas absurdas.
Aunque las características físicas seguían siendo demasiado presentes, tales como las orejas lobunas o las colas, la parte instintiva estaba teniendo un mejor control racional. Algo que indicaba un buen camino para la ciudad dorada. La búsqueda inquebrantable de la perfección estaba completamente regida por el juego de las apariencias. Poder demostrar cómo la razón humana era capaz de suprimir el desaire de un desliz genético inevitable como lo son órganos vestigiales o, en este caso, el género secundario, resultaba una buena carta de presentación que abría muchas más puertas en la escalinata de la sociedad.
Por supuesto, Jayce tenía que jugar muy bien ese juego.
La vida, por otro lado, tenía sus propios planes.
”Omega” dijo la doctora de cabecera de la familia Kiramman.
Era un día soleado de mayo. El cielo estaba despejado, brillante de un precioso azul cobalto. El ruido típico de las maquinarias y la industrialización era un ambiente funesto que se resquebraja con la reverberación de la amortiguación que se provocaba con las gruesas paredes blancas del gran consultorio que, de repente, se sintió demasiado pequeño. Cómo si sus muros comenzaran a contraerse sobre el joven chico. Aunque el aire era limpio no podía evitar sentirse sofocado y enfermo.
El tic tac del enorme reloj de circuito abierto y lindos engranajes parecía dictaminar una ruidosa sentencia.
Jayce sintió cómo la sangre se drena de su sistema, una ligera taquicardia le siguió en el aumento de su presión y su vista se volvió borrosa. Su respiración se cortó y sintió pesadez en su nariz. El tiempo se ralentizó y perdió noción total de su entorno. Los colores, los olores, los ruidos, las sensaciones, los sabores se volvieron tan lejanos. Como si hubiera abandonado su cuerpo. El diagnóstico seguía mermando una huella profunda en su psique. Lo suficientemente profunda como para desconectarse y preguntarse por qué decidió usar manga larga si ese día estaba haciendo tanto calor.
Instintivamente, llevó su mano derecha a su muñeca izquierda y acarició la gema azul en la pulsera de cuero café desgastado.
El género secundario aparecía con un punto álgido de la pubertad. Era completamente parte del desarrollo biológico. A parte de las manifestaciones comunes de la activación de receptores hormonales, el detestable acné, y cambios de humor, todos estos rasgos eran un simple previo a la manifestación del género secundario. Preparaba los cuerpos para adquirir las características de su casta lycana. Era un proceso largo donde los jóvenes tenían que ir a chequeos trimestrales para ver los cambios en sus receptores y los procesos evolutivos de sus cuerpos. La integración del género secundario era todo un enigma carismático de la biología que jugaba con muchas ponencias de los propios pensamientos racionales. Muchos de los fundamentos que podrían ser simplemente rápidos de comprender se doblegan ante esta presentación. Cosa que podía volverse confusa para el individuo si no contaba con la educación adecuada. Piltover tenía muy presente aquello, especialmente cuando tenían en la vista el cambio artificial de las jerarquías. Que aún existan Alfas y Omegas no era al azar, la ciudad del progreso tenía que estar calculando todo eso. Por eso, comprender la biología detrás del genoma Lycan era todo un arte que los más grandes científicos aspiraban. Traducidos a lo que ahora Jayce estaba viviendo.
Primera fase: Estudios de sangre. Estos permitían conocer todo lo que compone la fisiología del individuo a través de un exhaustivo examen a todos los antecedentes genéticos, las influencias y determinar el gen dominante de la ramificación biológica. Todo, con el objetivo de determinar la casta de la manera más óptima y racional posible. Aunque siempre puede existir el falso positivo.
Era a mitad del proceso en que se podía determinar el género secundario de manera contundente. Cosa que sólo respalda cuán efectiva era la prueba de examen del genoma Lycan. Así, cada joven piltovano se veía obligado a tomar la educación sexual necesaria según su casta. Todo por el bien del progreso, por supuesto.
Aunque ser Beta era el ideal, los Alfas y Omegas siguen estando muy presentes en la sociedad. Y seguían teniendo un papel fundamental. Piltover sabe que un simple experimento con chícharos se ha convertido en el mejor campo de reproducción por la búsqueda de la perfección. El progreso tiene una fuerte vinculación con ese alcance ideal platónico. Era por ello que había un control receloso en los programas de reproducción, porque en los anales de las falsas portadas existe la miseria pura que esconde oscuros secretos.
Por fuera, Piltover se encarga de ser la utopía Beta. Incitando a la normalización de parejas con Betas donde sea el Beta el gen dominante. Claro que no ha sido aún un programa tan exitoso como se desearía dado que las necesidades de los alfas y los omegas eran muy específicas, así que tenían que hacer un frente efectivo para poder equilibrar las tazas fértiles.
Hay una oscuridad que contrasta con el almirante fulgor de la gran ciudad dorada. Porque, al final, la apariencia lo es todo.
Ahora estaba ahí Jayce Talis. Ahora Omega. Escuchando, a sus quince años de edad, cómo su segundo género estaba condenando todos sus sueños e ideales.
Si Piltover se bautizaba como la ciudad perfecta del progreso, la investigación y la ciencia, era también el pilar de los prejuicios y la condenación a todo lo que no encaja con el status. Lo que puede ser una situación única es un error, lo que se repetía era una anomalía. Ahora Jayce sentía cómo su segundo género estaba borrando los pequeños cimientos de sus sueños.
No tenía sentido. Su madre era beta. Su padre fue un Alfa. ¿Cómo era posible que él saliera Omega?
”El gen del género secundario es generacional. Al igual que todo tu banco genético” explicó la doctora mientras le pasaba una carpeta con los resultados de sus análisis de sangre y niveles hormonales.
Ahí estaba impreso. Jayce Talis. Masculino. Fecha de nacimiento: 7 de julio. Quince años. Altura un metro con ochenta centímetros. Peso de ochenta kilos. Sin alergias conocidas. Enfermedades degenerativas: N/A. Antecedentes genéticos para enfermedades: N/A. Sub raza lycana Labrador. Resultados de test hormonal para determinación de género secundario.
Beta: Negativo.
Alfa: Negativo.
Omega: Positivo.
A grandes rasgos era lo que alcanzaba a ver en los papeles. Por supuesto, todo su historial clínico estaba plasmado en papel beige y tinta negra. Desglosando todo lo que Jayce declaraba como inverosímil para él en ese momento. Estaban los porcentajes genéticos, un montón de diagramas que explicaban cómo su sangre estaba compuesta, determinando todo su árbol genético. Aunque todo lo que le importaba era el resultado inicial.
Salió positivo como Omega.
Jayce alza los ojos hacia la doctora. Sus lentes ovalados le parecían muy feos y grandes. Además de que sus orejas anaranjadas eran paradas, así que no combinaban con su persona en general. Se veía afilada y peligrosa.
”Es probable que uno de tus abuelos haya sido Omega y fue su gen el dominante en tu rango genético”. Explicó con una voz algo robótica mientras entrelazaba sus dedos.
Comenzaba a arrepentirse de ir con otro doctor antes de que Thobias Kiramman le diera su opinión médica. Pensaba que sería menos vergonzoso. Estaba resultando en todo lo contrario, empero.
Jayce volvió a bajar los ojos a los resultados de sus exámenes.
”La herencia genética es un campo vasto” siguió hablando la doctora, ignorando el torbellino de emociones que Jayce estaba desatando en su interior “. Según tus resultados, tu abuelo paternal era un omega con un ligero gen recesivo que lo volvía excepcionalmente dominante. Heredaste su género secundario directamente. Todo indica que tendrás una maduración bastante óptima en lo referido a tus ovarios y útero. Aunque tu cromosoma XY te sigue definiendo como masculino, es algo completamente ajeno al desarrollo de tu segundo género”.
Jayce sintió una mano cálida y fría al mismo tiempo. Era la mano de su madre. Pequeña en comparación con la suya. Delgada y con ligeras manchas de la edad y los traumas que ambos comparten. Alza su mirada, algo enojado. Frunció el ceño y apretó los labios en un puchero. Los ojos de la beta estaban temblando ligeramente, escondiendo y dejando fluir tantos sentimientos al mismo tiempo que Jayce apenas era capaz de soportar la carga que eso le conlleva.
No puede evitar sentir frustración con su resultado. Saberse Omega era la peor noticia que un aspirante a científico como él, en Piltover sobretodo, resultaba en la condena definitiva hacia los programas de reubicación y control reproductivo. Piltover no tenía compasión con los Omegas. No hay registro alguno de científico, ingeniero o licenciado alguno con ese segundo género. Ni siquiera cuando los Alfas y Omegas eran el género secundario dominante.
Ximena, su madre, apretó sus dedos metálicos (un regalo y prototipo que Jayce hizo para ella) sobre los suyos. Su delgado y huesudo pulgar acarició su dorso de un lado a otro. Era un rasgo que heredó de ella.
Aunque quería entenderlo, Jayce sentía enojo puro contra ella por haberle escondido la verdad de los géneros secundarios de sus abuelos. Era imposible que ella no supiera que el padre de su padre fue un Omega con gen dominante que perfectamente puede heredar. Si Jayce tiene hijos no se verán afectados como Omegas; pero ese era el problema.
Él es la primera generación. A él le tocó ese juego de la ruleta y obtener ese gen. Ser el siguiente Omega a partir de esta mezcla genética.
”¿Cuáles son los programas de injertos beta?” Habló otra voz en el consultorio.
Cassandra Kiramman era una miembro influyente del consejo de Piltover. Una beta con ojos agudos y pose imponente que también era la patrocinadora de Jayce desde hace un año después de descubrirlo en una feria de innovaciones. Donde encontró una joven promesa volátil y tan optimista que fue suficiente para que ella decidiera entrar al programa de tutoría y acoger a Jayce para abrir oportunidades académicas a su mente brillante.
Claro que para ella Jayce es una inversión hacia el futuro, por lo que el resultado de su presentación preliminar de su segundo género era de suma importancia. Tenía que reconocer que el resultado le sorprendió demasiado. La complexión de Jayce estaba diseñada para ser fuerte y grande. De hecho, estaba completamente fuera de los cuadros determinantes de un Omega. Aunque se manifestaba hasta la mitad de la pubertad, las características físicas estaban también pre programadas dado que es parte de la cadena cromosómica el genoma Lycan. Así como este era el que hacía que los humanos sigan teniendo colas y orejas peludas, eran también la influencia de varios rasgos fisiológicos y físicos. Jayce tenía más la constitución de un Alfa, o un Beta con gen dominante.
Que eso último hubiera sido lo ideal para la consejera Kiramman.
Ella fue la primera en insistir en los exámenes de sangre para la mejor lectura de su genoma Lycan. Quería que Jayce tuviera algo mejor que acceso a los simples exámenes gratuitos de los programas de salud de Piltover. Que, aunque sobresalientes, seguían siendo un poco incompletos a la vista crítica de Cassandra. Ella necesitaba que Jayce estuviera perfectamente diagnosticado y estudiado. Eso comenta la seguridad del futuro. Así que se encargó de pagar todos los estudios con sus mejores médicos bajo el contrato de confidencialidad donde el acuerdo era una ligera amenaza con el hundimiento de la carrera y la baja de las cédulas de práctica de sus labores médicas si salía alguna información a la luz.
Era por eso, que todo lo que se hable en ese consultorio se quedaría en ese consultorio. Sólo la doctora, Ximena, Cassandra y Jayce sabrán lo que sería el porvenir del joven presentado como Omega.
”Los programas de injertos Beta siguen estando en una fase inicial demasiado prematura. No es aconsejable si quiere preservar el bienestar de Jayce. Es posible que aún falten varios años para que se tenga una respuesta hacia la posibilidad de modificar sintéticamente el genoma Lycan y restablecer la estructura genética para cambiar el género secundario” dijo la doctora con un suspiro condescendiente.
Jayce, por su lado, estaba pasmado que Cassandra estaba interesada en buscar una forma de suprimir su género secundario. Por un momento pensó que tal vez él era lo suficientemente valioso como para encrucijarse con una práctica tan arriesgada como cambiar su género secundario.
”Seré pragmática” sentenció Cassandra mientras cruzaba su larga pierna debajo de su falda oscura y entrelazaba sus dedos sobre su rodilla. Completamente derecha y con la barbilla alzada. Exudando una presencia poderosa y autoritaria. Sus orejas de galgo se movieron ligeramente. “Jayce es una pieza importante de inversión en la que veo potencial no sólo económico sino progresista. Ya estoy poniendo una buena suma de dinero en su futuro, su género secundario derrumba toda hipérbole de su capacidad”.
Aunque podría sonar como una defensora, Jayce se sintió algo sorprendido que Cassandra hablara como si él no estuviera presente. Eso le hizo entender que no tendrá voz ni voto en lo que la matriarca Kiramman determine como la mejor salida de esta situación. Su cola se enroscó ansiosa y sus orejas ya caídas también se sumieron instintivamente.
”Comprendo lo que dice, señora Kiramman…” Las orejas de la doctora se movieron inquietas. “Pero los estudios indican que Jayce tiene gen dominante Omega, esconder su casta con supresores es como tapar el sol con un dedo”.
”Si hace mucho sol, no lo tapes con un dedo, construye un techo” resopló con molestia la matriarca. “. No puede ser posible que estemos en la búsqueda de la estabilización social con la casta Beta como la determinante y no haya nada más que supresores de olor para erradicar la problemática. Puedo ver sus movimientos, doctora Cherie; por favor, no olvide que seguimos siendo cegados por estos pequeños impulsos instintivos y apesta usted a miedo”.
La doctora se encogió de hombros. Hasta entre betas había inferencias en sus sistemas hormonales. Algo más allá del poder jerárquico, estaba la impotencia hormonal con un juego de caza. La primera razón por la cual el genoma Lycan había sido el determinante de la supervivencia de la raza humana para enfrentarse a las dificultades de los tiempos pasados en los anales de la Historia. Cassandra era una mujer matriarca de un linaje impecable, una prueba viviente de cómo todo es una estrategia calculada, cada palabra es premeditada. Era claro que su presencia acapara todo el espacio de la estancia.
Un suspiro se escuchó segundos después y la doctora abrió el cajón con llave de su pulcro escritorio de caoba y resina acrílica. Una fina pieza que incluía acabados chapados en oro y tallados florales en los costados de muy buen gusto. Jayce prefirió ver un grabado de un narciso en vez de las dos betas a su lado derecho. La mano de Ximena nunca lo soltó, sino que afianzó su fuerza. A pesar del torbellino de sentimientos que lo están sofocando, agradece tener la mano de su madre manteniéndolo en la tierra. Siguió mirando la flor fijamente.
Un narciso solitario significaba malos presagios.
”Hay un programa conocido como el condicionamiento del beta artificial” explicó la doctora Cherie mientras enseñaba un folder grande con un gran número de papeles. “. Resulta efectivo en un noventa y cinco por ciento de los casos registrados, que no son pocos; pero sólo ha sido probado en sujetos de casta Alfa. Aunque las conclusiones han alegado que es igual de efectivo con castas Omega así que es éticamente correcto registrar al sujeto para comenzar el tratamiento”.
”¿En qué consiste el tratamiento?” Preguntó Cassandra mientras tomaba el estudio y comenzaba a hojearlo con un ojo crítico y certero. Sus orejas, sin embargo, seguían escuchando en dirección a la doctora Cherie.
”Es un tratamiento de acondicionamiento para programar el subconsciente del sujeto de casta alfa u omega para inhibir las necesidades de su género secundario y poderles hacer adoptar los comportamientos de un Beta. Se somete a tratamientos pesados de drogas supresoras de hormonas que ayuda a restringir la manifestación fisiológica de la segunda casta designada”.
La doctora señaló una serie de gráficos del propio estudio de sangre de Jayce, donde sus lecturas de estrógeno están simultáneamente vinculadas con el genoma Lycan con un concentrado potencial que infiere en su segunda casta, no en su fisionomía principal.
Jayce imaginaba que era como si dos como él estuvieran viviendo en el mismo recipiente. Uno es el interior, su naciente lado Omega; y el otro es su lado masculino, su apariencia grande y fuerte. Activamente ignoró el cuadro debajo del gráfico que la delgada uña de la doctora señaló.
”Se reubican los porcentajes de producción de hormonas según las necesidades y se continúa con un fuerte tratamiento de supresores de olor. En sincronía, el sujeto es expuesto a la educación de la casta beta, para poder suprimir los impulsos de su verdadero género secundario y programarlo psicológica y neurológicamente para que acepte de forma orgánica los tratamientos sin el mayor estrago posible”.
”¿Qué efectos tiene sobre el desarrollo fisiológico?” Preguntó Cassandra con un nuevo matiz de interés.
Jayce sólo podía pensar en cómo le sorprendía que lo que fue un experimento con ratones para encontrar queso en un laberinto ahora se había convertido en un programa de lavado de cerebro para renunciar a la casta imperfecta y poder encajar en la apariencia íntegra de Piltover.
Honestamente, no sabía si quería someterse a ese proceso. Aunque sabe que ser un Beta lo significa todo en Piltover y las próximas generaciones, hay una pequeña pero insistente voz en su interior que le gritaba por proteger quien es.
Sentía que renunciaría a quien es en verdad.
Aunque aún no sabe quién es él, en realidad.
Probablemente sólo es el miedo de someterse a fuertes procedimientos médicos. Cómo si no tuviera problemas ya tratando de salir adelante después de años de terapia y odio a las citas médicas. Semanas enfermo, aferrado a su moribunda madre. Las imágenes pasaron rápidamente por su cabeza. Con una fuerza catódica casi asesina, como simples flashes estridentes de muchos colores. El frío asesino, cortando su cara, resquebrajando sus labios, impidiendo saber que tenía huesos rotos, comenzando a tener males. Entonces, el cielo era azul y la silueta de ese hombre se aleja lentamente. Dejando esa simple pieza de cristal azul en su mano enguantada.
”El procedimiento sólo se puede comenzar cuando el sujeto alcanza la madurez física a los veinte años en el caso hipotético de un Omega. Para permitir que su cuerpo haya asimilado correctamente los cambios y evitar que la alteración hormonal provoque una atrofiación en su útero y tener algún tipo de cáncer” explicó la doctora con cierta seriedad especial, temiendo que Cassandra quiera adelantar el comienzo del tratamiento “. Previo a eso, se utilizan supresores de olor fuertes, parches anticonceptivos con un fuerte concentrado de esteroides para evitar afectaciones en los niveles físicos. Esto último sólo en cuerpos médicamente sanos, porque comprometerá su sistema inmune durante los periodos de administración. Además de que, en vez de comenzar directamente con la educación Omega que a Jayce le corresponde, se reubicaría en la de la casta Beta”.
”Y cuando cumpla los veinte años se sometería a los tratamientos hormonales, ¿hasta qué punto se vuelve algo de largo plazo?” Preguntó Cassandra, temiendo que haya un truco debajo de esta propuesta tan atractiva.
La doctora, por lo menos, tuvo la decencia de verse avergonzada por tener que soltar todo lo contraproducente que resulta el programa de condicionamiento Beta. Ximena Talis, por su lado, estaba temblando mientras lágrimas calientes caían de sus brillantes ojos. Completamente indignada con lo que escuchaba. Porque por lo que más temía era por el bienestar de su hijo. No sólo su salud física, no sólo por el bienestar de su género secundario, sino porque su hijo es lo único que le queda.
¿Qué clase de madre sería si no antepone la felicidad de su hijo?
Jayce no ha hablado desde esa mañana en que le agradeció por el café caliente de olla recién hecho.
“La verdad es que nunca podrá vivir plenamente como Beta. El cuerpo requiere de cosas específicas según cada género secundario. Aunque se intente condicionar, el subconsciente sigue siendo simbiótico a las necesidades del genoma Lycan. No puede renunciar completamente a lo que es, y tampoco es médicamente ético hacerlo. Para que el programa siga siendo efectivo, se debe interrumpir el tratamiento y permitir que el cuerpo tenga sus ciclos normales. En el caso de Jayce serían los periodos de celo, anidación y monitoreo de sus periodos menstruales. Estos sirven tanto para que su cuerpo no se vuelva inmune al condicionamiento como para evitar que enferme por la misma supresión de su casta Omega”. Explicó la doctora viendo sus manos en vez de los ojos críticos de Cassandra.
”¿Cada cuánto tendría que hacerlo?” Sentenció la matriarca de los Kiramman.
”Al inicio del programa, cada bimestre. Cuando llegue el inicio del proceso hormonal, según sean sus resultados, de dos a tres veces al año” respondió la doctora Cherie con una resuelta satisfacción médica “. Yo recomendaría que aunque se suspendan los esteroides, no suspendan la programación condicionante psicológica. Podría afectar la percepción del sujeto”.
”¿Y qué hay de la autonomía de mi hijo?” Preguntó Ximena después de haber tenido suficiente.
El consultorio se sumió en un grave y pesado silencio. Lo único que rompía con el inexorable mutismo, era el tic tac del reloj y los sollozos de la mujer con el lunar en la mejilla. Pequeños mechones caían sobre su frente, obstruyendo la perfección de su peinado y la temblorina que le estaba llevando más allá de sus manos hasta volverla vulnerable.
Jayce, por puro instinto, levantó la vista por segunda vez a ella, soltó las manos de su madre y la atrajo en un confortable y fuerte abrazo. Protegiendo su pequeño cuerpo de los miedos que la estaban aquejando. Apretó sus brazos como siempre hace cuando la abraza y hundió su nariz en el cuello de lazo y tela delicada de Ximena.
Su madre sintió impotencia. Jayce siempre intenta ser más fuerte de lo que es. Desde que escaparon de las frías montañas, se volvió tan protector con ella. Como si intentase absorber sus dolores para que sea él quien los cargue y no la mujer. Ahora, cuando él tenía todo el derecho de quejarse, de llorar si lo necesita, de protestar con ese programa, prefirió abrazarla y llenarla de consuelo.
Un ligero aroma dulzón se estableció detrás su paladar. Nunca lo había notado. Era ligero, muy ligero, pero reconfortante.
”Ximena, por favor, no hagas este tipo de escenas” dictaminó Cassandra con la suficiente seriedad tajante como para hacer que la nombrada se separe del abrazo y la mire a los ojos sorprendida “. Esto ya no se remite a deseos banales, se trata del futuro de tu hijo, el futuro de mi inversión. Doctora, deme los papeles de registro. Quiero que Jayce comience el programa de condicionamiento lo antes posible”.
”¡Cassandra, estás hablando de mi hijo! No puedes tomar esta decisión así, ¿qué hay de lo que él piensa?, ¿qué pasa si yo no quiero consentir esto?”
La matriarca Kiramman bufó exhausta del sentimentalismo de Ximena. Comenzaba a ver que el físico lo sacó Jayce de ella, pero esperaba que no lo sentimental. Era demasiado blanda. Tanto, que le sorprendía cómo es que era capaz de poder correr un negocio mediano como la fabricación de herramientas. Apretó con algo de fuerza con su pulgar e índice el puente de su nariz y cerró los ojos. Ver los ojos grandes de Ximena, con sus orejas caídas de labrador y la cola enroscada era demasiado patético para ella.
”Yo soy la tutora y patrocinadora de Jayce. Tú firmaste un contrato cediéndome tu consentimiento en las decisiones de Jayce cuando puse mi interés en esta inversión. Eso incluía en decisiones de estos calibres. Tengo más derecho en el futuro de Jayce que tú. Además, ¿no quieres arruinar un futuro para una mente tan brillante o sí?”
Había un subtexto en la maldad de su buena intensión que la volvía en un rival digno. Dejaba en claro por qué era una concejala allegada a los más altos rangos del consejo. Su presencia no apelaba por la compasión cuando todo movimiento no es más que parte de una estrategia por el progreso.
Qué remedio.
”Pues, no…, pero-“ tembló Ximena.
Cassandra levantó su mano y la silenció instantáneamente: “Eso es todo lo que quiero escuchar de ti por hoy, Ximena. Doctora, los papeles”.
La mujer detrás del escritorio asintió y llamó por un intercomunicador a su secretaria para que trajera el papeleo correspondiente. Mientras, le entregó a Cassandra un contrato de muestra para que fuera leyendo las cláusulas del programa y estuviera consiente de que, a pesar de que está confirmado que se puede hacer en Omega, Jayce sería el primer caso. Cassandra tomó la decisión que sería mejor tener un control mucho más cauteloso con este detalle. No pretende que esto se vuelva en un caso de estudio conocido. Todo lo contrario, buscaría que incluso todo registro, nota y mínimo papel sobre el proceso de Jayce esté bajo llave en su caja fuerte.
No puede arruinar su inversión. Si no puede jugar contra la maldita naturaleza que ha jugado una mala treta con su prospecto de mente sobresaliente, tiene que hacer lo que mejor se le da. Un juego de política, porque si las apariencias son lo que más importa en Piltover, utilizaría lo que se cree como una ventaja, una fortaleza, un arma de doble filo y doblegar los estatutos. Haría funcionar las leyes del humano como son: según su caso, estaba haciendo lo correcto. Estaba permitiendo y haciendo todo lo posible para que una joven promesa pueda seguir estudiando y teniendo acceso a su lujosa beca.
No puede ser algo malo cuando hay mucho por delante. Estaba viendo por el futuro de Piltover, por el futuro de su reputación con Zaun con un proyecto naciente que su familia tiene en mente para cuidar su puesto en el consejo y la aprobación de la ciudad minera. Hacer este tipo de movimientos tiene todo un proceso de sacrificios inéditos por el bien común. Así es como juega la sociedad y Cassandra está acostumbrada a ganar siempre.
Sin excepciones.
No habrá nada ni nadie que opaque la oportunidad de una buena inversión. Porque todo lo que está invirtiendo está pronosticado para duplicarse, triplicarse, cuadruplicarse a largo plazo.
”Me gustaría que mi abogado haga un contrato de confidencialidad” habló Cassandra con una resuelta decisión “. No quiero que más de cinco personas sepan de esto que haremos. Estará a cargo del procedimiento, doctora Cherie, no me falle o me veré en la penosa necesidad de jugar mal con usted. ¿Entiende lo que le estoy diciendo, verdad?”
”Comprendo su preocupación, señora Kiramman, y estoy consciente; pero soy una científica antes que doctora, este proceso me parece bastante educativo. Si el precio a pagar es mi silencio, cuente con ello” sonrió la doctora con una sonrisa tranquila.
Jayce sentía que se ahogaba.
Entonces, cuando Cassandra tuvo los papeles del registro para el programa de condicionamiento Beta, era como ver un demonio sentenciando su apertura al paraíso. ¿No era eso irónico?
Nunca le preguntaron si estaba de acuerdo. Es menor de edad, de todos modos, no tiene decisión sobre su cuerpo. De eso se encarga su tutora. No su madre. Nadie más.
”¿Comprendes por qué hago lo que hago, Jayce?” Preguntó Cassandra con una sonrisa y mirando al chico por primera vez en toda la consulta. Jayce no contestó “. Que te sirva de lección uno de política, aprende a jugar con las cartas de tu oponente. No queremos desperdiciar tu potencial y perder oportunidades por un fallo biológico de tu genética. Después de todo te veo como una promesa, serás el Tesoro de Piltover”.
El sonido de la pluma deslizándose mientras se pinta la firma de Cassandra Kiramman cediendo su consentimiento para que Jayce entre al programa de condicionamiento fue lo último que escuchó ese consultorio por ese día soleado.
CONTINUARÁ
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Perdón por las faltas de Ortografía.
Boceto del capítulo, todos los dibujos que vean en el fanfic son de mi autoría :) Por eso lo feo xd
