Work Text:
El televisor parpadeaba bajo la oscuridad de la habitación, la pantalla pequeña y borrosa mostraba el rostro de un hombre que sin duda fue el crush de Steve en su infancia, pero que ahora mismo no recuerda su nombre. Sentado en la comodidad de su sofá familiar en la sala de estar, los pies sobre la pequeña mesa, bajo una manta gruesa y comiendo sus papitas favoritas.
El hombre en la pantalla estaba siendo hermoso, en especial bajo la belleza de su co-protagonista, la imagen se produciría, pero nada entraba en la mente de aquel que estaba comiendo. Demasiado cansado para analizar lo que estaba pensando, con suficientes decisiones e incógnitas en su mente para siquiera poder disfrutar lo que estaba viendo.
Una canasta de ropa doblada estaba bajo sus pies, había otra que necesitaba limpiarse, pero este era su momento para descansar, las pocas horas que no tenía unos gorgoteos hermosos intentando enterrarse en su cráneo. En especial bajo las paredes finas de la pequeña casa de apenas dos cuartos y un baño, comprada con ahorros de los dueños.
Unos pasos prácticamente en puntillas a toda prisa, entran a la habitación:
-¡Bien, cariño, le canté una canción completa de Ozzy, dormirá por unos buenas treinta minutos! - un hombre de cabello lleno de rizos peinados y vivos por sí mismo, piel llena de tatuajes bajo su camisa de una de sus bandas favoritas, cortada en sus mangas y pantalones cortos en su pijama cómoda; se lanza en el sofá.
-¿Treinta? Apuesto veinte - Steve suelta una pequeña carcajada, ofreciéndole la bolsa de papitas a su novio, y padre de su hijo. El hombre toma un solo pedazo antes de negar por más.
-¿Veinte? Harrington, hablamos de Ozzy y esa niña lo sabe...- Steve niega con una sonrisa amena, volviendo a tomar una papita y mirar el televisor.
-Se parece demasiado a ti para ser sano, Munson...- Eddie suelta una risilla, mostrando sus hermosos hoyuelos que sin duda fueron hereditarios.
-¿Te molesta, cariño? - el chico baja su sonrisa, fingiendo tristeza, mientras se levanta con rapidez, cruzando desde la sala de estar a la cocina, en un par de pasos.
Steve solo suelta rueda los ojos, pasando su mano sobre su cabello brilloso, sin quitar la sonrisa de su redonda cara.
-¡Solo digo que no es justo que la tuve nueve meses en mi, y se parezca tanto a ti, Eddie!
El recién llamado abre los brazos con dramatismo, mostrando que no es su culpa; abriendo la puerta de la nevera y sacando dos latas, una de cerveza y otra de Coca Cola.
Steve posa una mirada sobre el sofá, mirando a su novio.
-¡No debiste haberme permitido escoger en el nombre! - Steve está de acuerdo con eso, pero realmente, después de cinco meses a su lado, no encuentra uno mejor para la princesa - ¡Kas David, nació para ser un músico como su padre!
Eddie procede a hacer un extraño movimiento con sus manos, como si estuviera tocando una guitarra invisible.
Kas David, ese el nombre que Eddie Munson había decidido poner a su primera y única hija, la heredera de su apellido. Y Steve solo lo había aceptado, porque muy profundo en su ser, amaba demasiado que su novio había decidido nombrarla fuera del estándar de un nombre tan básico como Steven, al igual que el Señor Harrington, incluso el de la Señora Harrington, Jessica.
Tomó un tiempo acostumbrarse, como el hecho de terminar embarazado a los veinte años, luego de resolver el pleito de Upside Down, Vecna y todo lo que no le permitían ser un adulto mayor normal. Pero luego del enorme y devastador susto de la muerte de Eddie, Steve no quiso esperar más, no quiso dar pausa a sus sentimientos por la aprobación de unos padres que jamás estaban en su vida.
Eddie lo quería, él quería a Eddie, nada más importaba. Entonces de su amor, de una relación nueva, nació Kas David.
Pero era estable; algo floreciendo. Porque ambos se amaban como unas viejas almas.
No fue fácil, jamás lo a sido, y no lo será, los Harrington al enterarse de tal situación, decidieron prácticamente desheredar a su hijo, aquel que pensaban comprometer con una señorita de alta cuna, dejándolo a la deriva con un embarazo sin anillo en el dedo, pero Eddie siempre estuvo ahí.
Estuvo allí cuando le dijo su gran temor, tomó su mano y aceptó su responsabilidad. Dijo que no tenía problema en guiar la van con sus seis hijos y encender la parrilla en las tardes.
Ahí Steve supo que por sobre todos las cosas, todo iba a estar bien.
Entonces Steve se vio en el camino de vivir en el tráiler con su novio y su tío Wayne en lo que encontraban un lugar por su propia cuenta. Bajo el cuidado de los niños que no paraban de perseguirlo como patos detrás de su madre, Robin, las palabras gentiles de Wayne y la ayuda de la Señora Henderson, tuvo algo que no pudo tener jamás.
Familia, calidez.
Conforte.
Y con los ahorros guardados de Eddie, junto a su nuevo trabajo en la fábrica del tío Wayne, los propios de Steve sacados de Scoop Ahoy, y bajo su propio sueldo en la tienda de videos -también un poco de ayuda de la Señora Henderson, aunque eso solo Steve lo sabía- pudieron comprar su propia casa.
Pequeña, en especial luego de la mansión que Harrington había crecido toda su vida, un poco destartalada pero nada que un poco de pintura no pudiera hacer, apenas dos cuartos, una cocina pequeña, un comedor igual, y una sala que no tomaba mucho espacio.
Era perfecto, porque estaban comenzando.
Está era su familia, era todo lo que Steve Harrington había soñado en su vida. Al igual que Eddie, hicieron las cosas terriblemente desordenadas, en diferentes prioridades. Pero no lo cambiarían por nada.
Y Harrington solo puede soltar un suspiro que intentaba disimular su sonrisa, burlándose de las tonterías de su novio, antes de volver a posar su mirada en el televisor.
En cuanto la mirada del pelimarrón no está en él, Eddie termina todo acto de bravuconearía, abriendo su cerveza con prisa y dando un gran sorbo, rasca ligeramente su frente en nervios, la ansiedad comiendo la punta de su estómago.
Camina hasta el sofá de nuevo, cruzando sus piernas y dejando la cerveza en la pequeña mesita de madera destartalada de segunda mano, abriendo la soda y pasándosela a su novio.
-Gracias, amor - responde Steve, dando un trago, volviendo a posar la mirada en el televisor.
Eddie solo asiente, mirando la pantalla apenas por unos segundos antes de bajar hasta sus dedos, moviéndolos nerviosamente.
Toma otro trago de cerveza. Intentando inútilmente darse unos ánimos que no le están sirviendo de mucho en este momento. ¡Es su novio, demonios, él entenderá todo! ¡Hablaba de Steve, su Steve, la mamá de Henderson en otra vida!
¡Sin duda había parido a Will en otro universo, junto a Max! ¡Y todo el grupo de niños que lo seguían como si fuera una mamá pato!
¡Solo tiene que dejar de ser una pequeña perra asustadiza! ¡Después de Upside Down, todo es pan comido!
-Eddie amor...- llama Steve, sacando al llamado de sus pensamientos - hablé con Robin, aún me tienen mi lugar guardado en la tienda, voy a empezar la semana que viene.
-Steve...- Eddie niega, aún es muy pronto, y su novio no se siente suficientemente cómodo, lo sabe - el posparto...
El chico es testarudo, así que niega: -No Eddie, estoy más que bien, sé que te preocupas, pero no puedo darme el lujo de estar aquí sin hacer nada. No te preocupes.
Eddie niega con un suave puchero. Él vive preocupado cada hora que está lejos de su familia, es solo su papel de padre ahora.
-Pero tú quieres ser amo de casa...
Steve, con sus bellos y grandes ojos verdosos con un toque marronado, brillosos desde el embarazo, siempre llenos de compasión, solo asiente. Aún acostumbrándose que lo que verdaderamente quiere hacer, el secreto de antaño, salga a la luz. Nadie lo sabía, ni siquiera Robin.
Excepto, claramente Eddie.
-Y lo seré, pero más adelante. Quedamos en que luego de dar a luz, yo volvería a trabajar mientras te gradúas de secundaria y prácticas en la banda ¿cierto?
Eddie asiente, pero no le gusta...
-Pero no puedo dejarte la carga de la casa solamente por eso - el menor solo lo detiene con un suave respingo en su nariz.
-No lo harás, es tu futuro, y tu sueño junto a ser reconocidos como Corrored Coffin y eso harás...- Eddie abre la boca para protestar, pero Steve es más rápido: - además, me aumentaron el salario, y Tío Wayne junto a Robin pueden cuidar a Kas, amor.
-Parece que lo tenías todo planeado, Steve...- Steve solo asiente, dando un largo trago a su soda - aún así, voy a buscar un trabajo a tiempo parcial.
El menor no lo niega, después de todo es dinero que necesitarían, pero al menos su novio no llegará a su hogar con la espalda matándolo, en un ambiente que no fue creado para él, haciendo un trabajo que desagradaba.
-Juegas sucio, Harrington.
-Aprendí del mejor, Munson.
El silencio vuelve a reinar el lugar, ambos demasiado cómodos en los pequeños momentos sin la pequeña Kas, tan habladora como su propio padre. Una niña de cinco meses con tres días, y grandes ojos avellanas que relucían bajo los rayos del sol, de extensa mata de cabello en suaves rizos esponjosos, nariz pequeña y labios que sin duda habían salido a Steve, lo único que lo había hecho, si era totalmente sincero.
Realmente nueve meses y cuatro horas de parto para que Kas David Munson fuera la niña más Munson que podría existir; Eddie estaba orgulloso de ello, por algo era la debilidad de tío Wayne.
La película había acabado hace unos minutos atrás, mostrando los dibujos animados de las ocho de la noche que ambos hombres juraban que veían para tener un momento de familia junto a la pequeña princesa, pero realmente Kas apenas sabía diferenciar entre mamá y papá, vomitaba lo que comía; se dormía a mitad del capítulo, y por alguna extraña razón, ambos hombres seguían viéndolo.
A esta hora no había nada interesante, sin duda era eso.
-Empezaron los dibujos favoritos de Kas - dice Steve, dejando las papitas a sus pies, junto a la lata de soda.
No hay respuesta de parte de Eddie, pero ninguno hace el intento de tomar el control remoto de la mesa.
Eddie suspira con nervios, posando su cabeza junto a los rizos desenredados sobre el hombro de su compañero, sintiéndose tan tonto por siquiera pensar en ello, habían tenido a Kas, sin duda habían hecho algo más que tomarse las manos.
Pero había un gran problema.
Steve acomoda el flequillo de su novio, sacándolo de sus ojos con movimientos rutinarios, riéndose suavemente cuando el perro de la serie animada se cae.
Eddie toma ventaja del despiste de su pareja, posando sus brazos al rededor de la cintura rellena de su pareja, enterrando su quijada en el hombro, y bebiendo cada facción de su novio como si fuera la primera vez.
El rostro había cambiado, naturalmente, sus mejillas estaban más rellenas, los ojos titiritaban como un par de estrellas, los labios seguían tan jodidamente calientes así como su nariz más afilada. Todo se complementaba tan bien con el rostro con la mejor piel que Eddie había visto alguna vez en su vida. El cabello había crecido hasta tocar sus hombros, se había vuelto tan sedoso desde su embarazo que las hondas caían sobre la frente como si hubieran sido creadas para estar allí.
Era hermoso, y era totalmente suyo.
Y por primera vez en todo el día, más no en unos buenos meses, los hombros de Steve se tensan ante el toque. Pero Eddie no va a dar un paso hacia atrás, necesita hacer esto a pesar de la negación de su novio, sino jamás avanzarían en este tira y afloja.
Eddie posa un beso en el cuello del chico, haciendo que el hombre debajo de sus brazos se remueva con incomodidad. Mirando a su novio.
-¿Qué...Fred Jones te excitó? - Eddie suelta una suave carcajada pero niega, con sus ojos analizando cada pequeña peca de la belleza de su novio como si fuera su razón de existir.
Era hermoso, era suyo, y necesitaba estar entre sus piernas tanto.
-No él, tú...- y contrario a las conversaciones sucias que Steve disfrutaba, no hay mucho detrás.
Pero el Munson mayor esconde su rostro en el cuello de Steve, repartiendo besos húmedos desde la punta de su oreja hasta bajar a su cuello con un puñado de pecas que no estaban ahí antes del embarazo, pero que hacían en su cuello regordete parecer más delicioso.
Estaba tan desesperado, tan ansioso, que la intimidad de hace un rato se había convertido en necesidad. Empujando al hombre a su pecho, dedicándose adorar cada pedazo visible de su novio, subiendo su camino hasta los labios gordos y llenos de brillo labial que el chico disfrutaba usar a escondidas.
Steve empieza a negar, hasta que un beso es posado detrás de su oreja, su punto débil, y pierde un poco la razón después de eso, suelta un pequeño gemido, aguantando los brazos de su pareja.
El televisor era la única luz que reflejaba la necesidad de ambos hombres, aquel de rizos, tomando la mano del menor y posándola en su muslo, peligrosamente cerca del miembro despierto, deseando ser atendido. En una posición incómoda pero totalmente necesaria.
Pero besa, muerde, jala y entierra su lengua bajo los labios que lo vuelven terriblemente loco.
-Eddie...- el mayor estaba demasiado concentrado en sentir la piel debajo de sus dientes - Amor...
-¿Si, cariño?
Entonces Eddie sube su mano, posándola en el pecho de su novio, sobre el suéter color salmón de gran tamaño, y comete el terrible error....
El hombre debajo de las sábanas demasiado calientes, al sentir el toque, toda excitación baja. Sus hombros se tensan el doble, detiene el beso y el fuego jocoso de una necesidad en sus ojos se esfuma.
-Eddie - llama con nerviosismo, moviendo su cabeza lejos de los labios de su novio, queriendo terminar la sección de besos - Eddie, Kas puede despertarse.
El mayor niega, tomando la mano de su pareja y posándolo en su miembro levantado, mostrando que deseaba tanto lo que estaba a punto de ocurrir. Pero contrario a la emoción que debería de sentir Steve Harrington, Harrington quita la mano como si el solo toque quemara.
-Ahora no, Eddie, Kas se levantará pronto.
Y Eddie lo intenta de nuevo: -Tenemos un par de minutos, podemos hacer algo entretenido entre ambos...
-¿Eso duras ahora, Munson? - Steve suelta una pequeña risilla, intentando detener al hombre y detener todo intento de segunda base.
Y funciona, demasiado bien.
El mayor se levanta del sofá, haciendo una mueca con sus manos que muestra que se rinde, sin mirar más allá que los hombros de su novio, toma su cerveza y camina hasta la cocina con solo una pequeña luz iluminando a su alrededor, dando un enorme trago. Quedándose de pie en medio de la nada, intentando analizar qué demonios hizo mal.
Le gusta pensar que era un hombre muy bueno en la cama, que sabía complacer a otro hombre y sobretodo en un juego de dominio. Le encantaba decir que a pesar de no ser el hombre más agraciado, era atractivo, y añadir que aunque todo en él gritaba que era un chico malo, realmente no era algo más allá que otro hombre joven que se asustaba con facilidad.
Había un gran problema, cinco meses habían pasado y Steve rechazaba su toque como si lo detestara.
Quizás Steve Harrington se había dado cuenta de ello, por eso no lo encontraba deseable. No deseaba a un hombre que no había hecho algo más allá que correr como un desgraciado con todo el asunto de Vecna, que aún dependiera de su tío, o que solo fuera un distribuidor de drogas, posiblemente no quería eso al lado de algo tan precioso como Kas. No quería que fuera contaminado.
Y Eddie lo entiende, porque Kas a sido la mejor cosa que ha pasado en la vida, la dueña de su corazón negro.
Pero eso no lo hacía mejor, está era su familia, quería ser mejor para Steve, y sobretodo, lo mejor para ella. Era un chico grande, usualmente era mejor escondiendo sus seguridades.
Pero habían pasado cinco meses...
-Eddie...- llama Steve desde el sofá, pero al ver que el chico estaba de pie sin moverse como un maldito maniquí, quita la manta de sus piernas y se levanta detrás de su novio - Eddie.
No hay respuesta, eso lo preocupa.
-¡Eddie, Eddie! - el recién llamado da un pequeño brinco, mirando al hombre a unos pasos atrás, en su camisa el doble de su tamaño al igual que sus pantalones de cuadros negros, todo lo contrario a los usuales shorts que tenía la necesidad de usar, antes del embarazo - Eddie amor, ¿estás bien?
-¿Bien, Harrington? - el recién llamado posa una sonrisa burlona - ¿estoy bien?
Tiene que arreglar esto.
-Lo siento tanto, amor, sé que no es excusa, solo que...
-¿Soy yo? - interrumpe el chico con sus dedos lleno de anillos, señalando la gran separación entre ambos.
Steve cruza los brazos, mirando a su novio como si le hubiera crecido un tercer ojo; captando ma mirada tan profundos como un hoyo negro, rebosante de una inseguridad profunda, duda, confusión. Algo que un hombre como Eddie Munson no debería de tener. ¡Algo que un hombre tan amable, amoroso y sincero no debería de si quiera pensar!
Era tan bueno que a veces Steve se preguntaba cómo había decidido terminar con un hombre como él.
-¿Qué?
-¿Soy yo? E-En relación al hacer el amor, demonios Steve ¿soy egoísta? - quizás nunca lo supo, demasiado concentrado en el clímax del momento.
Steve jamás había escuchado tremenda estupidez.
Por un momento vuelven a ser Eddie y Steve alejados de su propio mundo, dos seres separados en las esquinas totalmente opuestas de la secundaria Hawkins, unos adolescentes de nuevo. Porque Eddie y Steve eran terriblemente diferentes, pero eso hacía que se complementaran tan bien. Qué su amor fuera único, perfecto, y que de él creciera una cosa tan hermosa como una pequeña bebita.
En su presente, y Steve odia con su alma, que él fuera la causante de la duda de un muro inquebrantable como su novio.
Está tan sorprendido por lo preguntado por tal, que Eddie toma su silencio terriblemente mal, con ojos húmedos y expresión derrotada, toma su cerveza antes de dar un último trago y echarla en el fregadero. Dando pasos para salir del infierno que se sienta en la pequeña cocina.
-Eddie, ¡espera Eddie! - al menos el mayor le hace caso, evitando el paso que lo sacaba finalmente de la habitación.
Los rizos brincan cuando se da vuelta, mostrando que su hija era una copia y pega de él mismo.
-...Eddie, eres el hombre que más placer me ha dado jamás - es el único, pero ninguno toca ese punto - eres magnífico en todo lo que haces, el mejor padre, el mejor cocinero, el mejor novio, sin duda el mejor amante. Incluso haces mi trabajo mejor que yo, los chicos te adoran y yo también.
Y lo que va a decir ahora, el Harrington de hace un par de años atrás jamás habría podido decirlo, ni siquiera amenazado de muertes. Pero sus palabras solo sueltan la verdad.
-Eddie, me tienes a tus pies...- levanta los hombros con parsimonia, porque no hay más palabras para explicar como se siente: - y te amo con mi vida, agradezco todos los días por dame algo que jamás creí tener. Lo siento si te hice pensar lo contrario.
Y si empieza jamás acaba, la lista de la felicidad que le ha traído Eddie, es demasiado larga, complicada y profunda.
Eso no es suficiente para Munson, se da cuenta, a pesar de que sus hombros están relajados, la forma en que pasa la mano por todo su rostro en cansancio, muestra que algo le molesta más allá de que si es bueno o no en la cama.
Es el mejor.
Pero Steve no quiere pensar que podría hacer, aunque muy en el fondo lo sabe. También sabe que esta es una conversación cuál no se puede escapar.
-Steve...lo siento.
-No te atrevas, Munson, esta es mi culpa y solo mi culpa. Yo lo siento por ello - no pueden darse el lujo de empezar con el conteo de culpas, hay una chica que sin duda no puede cerrar los ojos por más de un par de minutos y ellos pueden estar hasta la mañana intentando luchar por eso - ven, hablaremos de eso luego, vamos a seguir viendo algo de TV.
Y Eddie toma la mano de su novio, queriendo dejar toda conversación detrás, sintiéndose realmente avergonzado por la muestra de debilidad de hace un rato, pero la picazón en su corazón no se detiene así como no lo a sido en semanas. La forma en que Steve se había separado de su toque como sí lo odiaría.
Eso jamás había pasado, ambos se deseaban tanto que no pudieron mantener sus manos quietas y Kas había nacido, había prueba de ello. Simplemente no puede dejar pasar eso, un rechazo a su toque se sentía peor que ser atacado por las criaturas del Upside Down. Y aún tenía las cicatrices de ello.
El chico empuja la pared de ladrillos llamada Eddie, queriendo que siguiera sus pasos, pero el mayor no lo hace.
-¿Pasa algo, amor? - inquiere Steve, acercándose a su novio, posando ambas manos en las mejillas del hombre más hermoso del mundo, el cabello haciéndole cosquillas en los dedos.
Eddie toma la última oportunidad,una muestra, posando sus labios sobre el amor de de su vida, enterrando su lengua, mostrando su deseo ante el chico. Por un momento cree ilusamente que iban a continuar, en la forma en que el chico posa sus manos alrededor del cantante, profundizando el beso.
Hasta que Eddie abraza la cintura de Steve. Y se siente como un maldito deja vu y en la forma en que Harrington detiene el beso, posando una suave sonrisa que Eddie conoce demasiado de bien como para que le guste, acariciando los brazos, dice:
-Se está haciendo un poco tarde, ¿deberíamos de dormir antes de qué Kas despierte? - otra maldita excusa.
Eddie suspira con cansancio, quitando los brazos de su novio alrededor de su cuello y buscando las malditas fuerzas para hablar, porque lo menos que quiere es ser inconsciente. Pero simplemente se siente tan perdido.
-Steve, te amo con mi alma, lo sabes bien ¿verdad? - intenta ser compasivo, aguantando las manos del hombre como tío Wayne cuando le explicaba que no, no podía tomar de su lata de cerveza y tenía seis años.
Steve solo asiente, intentando de la paranoia de esas simples palabras no le calen tan profundo como realmente hace.
-Entonces ¿qué demonios está pasando?
-¿Pasando sobre qué?
Eddie posa una suave sonrisa esperando que confortara a su pareja, levanta la mano, aún aguantando la otra y señala a ambos: -Entre nosotros.
-¿Pasa algo entre nosotros? - ahora está intentando hacerse el tonto, Steve lo hace a propósito, ahora no es algo más que un cobarde.
-Steve han pasado cinco meses, de hecho, más que eso y nosotros no...- es un maldito desastre, ¿cómo puede ser un hombre dominante experto en la materia y no poder hablar de sexo frente a su pareja? Imbécil. Desea demasiado no asustar a Steve, y termina siendo un idiota -...nada de nada.
Steve levanta una ceja ahora totalmente confundido.
-¿Nada de nada? - pregunta.
Maldición Eddie, solo sácalo.
-Steve, han pasado un buen tiempo desde que tuviste a Kas y no hemos tenido sexo desde entonces - al fin termina de decirlo. No es tan complicado.
Pero demonios lo es. Los labios de Steve se abren en sorpresa, pero su mente trabajaba demasiado rápido, sabía que esto iba a llegar en algún momento, pero jamás pensó tan rápido.
Eddie había intentando, lo había hecho, pero él se había vuelto un experto en evadir eso. En evitar que este hombre lo vea como vino al mundo, desnudo o que hablen sobre algo de ese tema. Se ha vuelto tan bueno en quitar el tema de raíz.
-Eso no es verdad, amor, tuvimos un rápido hace unas semanas - señala el chico intentando sacar una sonrisa a su novio.
No lo hace, porque no es Eddie Munson y no es bueno en esto, solo en ladrar y discutir. En especial porque lo que el hombre hablaba era una masturbación rápida con un par de besos fogosos donde el mayor ni siquiera pudo tocar a su maldito novio. Nunca se había sentido tan restringido en su vida y le molestó cada minuto. Él era quien restringía a las personas, no al revés y había diversión de por medio.
No fue divertido aquella vez ni lo es ahora. El necesita ese hombre en sus brazos, tocarlo, besarlo; amarlo, y Steve no lo permitía.
-Steve...- Eddie pasa los dedos sobre sus ojos, restregándolos con tanta fuerza que una punzada se instala en la cabeza, terminando hasta mover sus rizos hacia atrás - bebé, tenemos que hablar de esto.
-¿Tenemos que? - pregunta como último recurso porque puede vencer a Vecna y Demogorgon pero no puede tener una conversación sobre sus sentimientos con su pareja.
¡Realmente es mejor niñera que novio, maldición!
-Si, Steve, tenemos que. P-Porque necesito entender que carajos está pasando. No me dejas tocarte, no me dejas acercarme, incluso antes de dar a luz - y Eddie realmente necesita un porro para esto, sino fuera porque está intentando ni siquiera acercarlo a su pequeña guerrera -...al principio pensé que era el post parto, o que estás cansado todo el tiempo, sé que Kas no es fácil y no estoy aquí siempre para ayudarte debido al trabajo, demonios, ni siquiera estoy seguro que no sea eso. Me siento como la mierda, no soy un maldito imbécil, puedo aguantar mi pene entre mis pantalones pero no puedo soportar que huyas de mi. Algo no está bien, Steve, simplemente lo sé...-
-Eddie...- el hombre toma la mano de su novio, repentinamente un hombre alto como Steve, se sentía pequeño al lado Eddie -...no huyo de ti, te prometí que no te dejaría y jamás pienso hacerlo.
-¿Entonces Steve? ¿Por qué huyes de mí toque como si lo odiaras? - Steve niega con ímpetu - solo quiero entenderte.
-Eddie, amo tu toque...- entonces puede ser algo peor.
-¿Entonces no me deseas?
-¡No, Eddie! - los ojos de Eddie se abren con dolor y Steve se da cuenta del error que acaba de cometer - ¡digo, si, si te deseo!
Oh perfecto, no puede ser más imbécil, no se siente muy diferente a Steve "El Rey" Harrington. Uno de los peores sentimientos posibles, se vuelve tan tonto de nuevo, porque solo quiere hacer las cosas bien.
-Eddie...- y Steve no puede evitar tomar los brazos llenos de tatuajes en sus manos - no quiero que pienses eso jamás.
-¿Cómo no hacerlo, Harrington? ¡Detestas mi toque!
-¡Eso es imposible, Eddie! ¡Te deseo...!-
Eddie hace tan simple como extender su mano, posando un toque inocente sobre el pecho de Steve, solo para ser recibido con un suave empuje, el hombre dando pasos hacia atrás como si tuviera a Nancy Wheeler apuntándolo con la escopeta que parece incapaz de separarse.
Termina dándole la razón a Munson.
Eddie asiente con una mueca de dolor, y Steve se da cuenta lo que ha hecho; empieza a negar en dirección a su novio, pero el chico ya se había ido de su lado.
-Iré a ver cómo está Kas...- y en menos de un segundo ya había pasado de largo al otro hombre en la habitación.
-Espera, no no, Eddie...-
Steve se da la vuelta, detrás de su novio, solo para encontrarlo caminando directo a la pequeña habitación de Kas, corre por primera vez en meses, brincando el sofá y posándose frente a la puerta como un escudo.
-Eddie...-
Eddie solo suspira, dando una vuelta, buscando otra ruta de salida, pero Harrington hace lo mismo, pasando al lado del chico y cruzando los brazos para evitar que vaya a la cocina, y era lo bastante pequeña como para poder evitar la entrada, a pesar de que un hombre como Munson puede simplemente quitarlo con un empujón, él era demasiado caballeroso para ello.
-¡Eddie!
El mayor solo levanta los brazos, dándose la vuelta, a este punto listo para salir por la ventana detrás del televisor.
-¡Eddie! - el hombre se gira a tiempo, solo para ser teclado, empujándolo sobre el sofá con todo el cuerpo de Steve encima, sacándole un suspiro debido al choque.
-¿Qué carajos, Steve?
Al darse cuenta de lo que acaba de hacer, Steve se levanta con arrepentimiento en sus ojos.
-Oh Eddie, lo siento mucho. ¿Estás bien? - pregunta el hombre, bajándose y arrodillándose a su lado, buscando heridas que claramente no estaban en su novio.
El hombre solo estaba sorprendido:
-Es lo más cercano que ha estado en estar encima de mí en meses...-
-¡Eddie! Es serio, pude hacerte daño...
Eddie solo asiente, sentándose sobre el sofá, analizando la situación por unos minutos antes de solo asentir con entendimiento, los rizos tapando su mirada.
-Voy a quedarme con tío Wayne por unos días...
-¡Eddie! - habla Harrington, carajo - ¡Eddie, maldición, no es como piensas!
Entonces ya no tiene nada más que decir, Munson no tiene por qué tener que sufrir esto al menos en lo que intenta no llorar por horas. Se levanta, apenas dando unos pasos, apenas saliendo de la sala de estar, cuando un suave golpe lo detiene.
-¡Munson, no te atrevas a salir por esa puerta! - Eddie se detiene por un momento, mirando al suelo, los zapatos rosa neón horribles que Steve odiaba con su alma, pero que usaba en la seguridad de su casa debido a los pies hinchados.
Le había tirado un zapato.
-No puedo, Steve, no puedo estar aquí sabiendo que...
-¡No sabes nada! - Steve se rompe, quizás gritando más fuerte de lo que debería, pero hay una emoción prominente que no le permite hablar racionalmente - ¡no Eddie, te deseo como la primera vez que te vi! ¡Pero sé que tú no lo haces!
Ahora ¿qué demonios?
Eddie se gira, mirando al hombre como si fuera un total demente.
-¿Qué no te deseo? ¡Steve, he intentado meterme entre tus pantalones por semanas! - y eso se escucha terrible cuando piensa que tienen una hija en común.
-¡¿Por qué?! - Eddie mira al hombre con ceño fruncido.
-¡¿Cómo que por qué?! ¡Quizás porque tengo esta tonta idea de que me gustas! - sorpresa, lo sabe.
Steve niega, con ojos empezando a humedecerse, llenos de dolor y pensamientos negativos reprimidos por meses.
-¡¿Por que?! ¡¿Por qué te gusto cuando estoy...así?! - se señala.
Y Eddie ve al mismo hombre que se enamoró, es cierto que con pijamas no precisamente sensuales, pero Steve se ve bien con lo que sea y habían pasado ese punto hace tiempo atrás, después de ayudarlo con lo necesario en post parto. Pero cosas habían cambiado.
El rostro relleno mostraba unas mejillas que no estaban antes, un cuerpo esbelto debido al ejercicio, habían empezado a disminuir a caderas gordas que rellenaban las puntas del suéter al menos tres veces su tamaño que peleaba por no permitir que se pegara a su piel. Su trasero había crecido de una forma grandiosa al igual que sus muslos totalmente diferentes a un hombre de ejercicio apretaban la tela. O es todo lo que Eddie puede ver desde un punto de vista, porque ni siquiera a podido posar sus manos en algún lado del cuerpo.
Steve Harrington había engordado. Y jamás se había visto tan madre, lleno de vida.
-¿Así como? - inquiere Eddie.
Steve se señala, gritando con ojos llorosos:
-¡Eddie, mírame! ¡Mira mi cuerpo, mi rostro, las camisas del equipo no me sirve, mis piernas son el doble de grandes! ¡No soy el hombre sexy que solía hacer! ¡Solo soy una máquina que produce leche y algo está roto en mi! ¡Solo como y como, y me gusta hacerlo! ¡No puedes quererme en tu cama de esa forma!
El hombre está poniendo palabras en la boca de Eddie que nunca han salido, demonios, ¡incluso pensamientos!
-¡Steve, eso es totalmente mentira, yo te deseo! ¡Te desee antes del embarazo y después de ello! ¡Estoy tan loco por estar dentro de ti! - Steve no se permite sonrojarse - ¡te ves igual de hermoso que antes, sigues siendo el sensual Steve, mi Steve Harrington! ¡Demonios, no se como ayudarte, pero lo haré si me permites hacerlo!
Harrington niega, no escucha realmente lo que su novio qué decir, demasiado seguro de que en el momento en que lo vea como es realmente, no lo querrá. No a permitido que este hombre lo vea desnudo más allá que un par de días después de dar a luz, se había encerrado en sus ropas poco ajustadas, y pantalones elásticos porque aquellos que usaba no podía siquiera acercar los cierres.
-¡No soy el hombre que te enamoraste!
-¡Permíteme a mí ser el juez de eso! ¡Steven, ni siquiera he podido abrazarte sin que estés incómodo en más semana de lo que he podido contar!
-¡Por qué se lo que quieres! - Steve niega, quitando las lágrimas que entorpece su visión, a sido un manojo de emociones por tanto tiempo -...¡y no puedo dártelo!
Lo ha escondido tanto tiempo, desde que veía que el vientre de bebé desaparecía más su peso no, que comía una porción más grande de lo usual, y un gusto por lo dulce que creía haber reprimido. No había rebajado, había subido. No era el Steve Harrington de siempre y teme que Eddie le desagrade.
Porque puede sobrevivir a Vecna pero jamás el rechazo de Munson.
Por eso antes de ser rechazarlo, Harrington se alejaba. Así que hay total confianza en sus palabras cuando grita:
-¡Se que no te gusto!
-¡Pero Harrington, que carajos! - el hombre levanta sus manos en sus usuales movimientos flamboyantes que se vuelven el doble de torpe cuando no sabía qué hacer - ¡¿a-alguna vez te he dado entender algo de esa forma?! - Steve niega, porque jamás a pasado y Eddie pocas veces decide alzar su voz, aún menos en una pelea - ¡¿Cómo puedes decirme eso cuando he intentado meterme en tu cama como un maldito puberto con la persona que me gusta?!
Munson al contrario de lo que muchos pueden pensar, no es una persona explosiva, es alguien que prefiere hablar todo como adultos a pesar de que no es muy diferente a Mike detrás de los huesos de El. Es muy pacifista, grita cuando gana D&D, alza la voz cuando su personaje está perdiendo o sacaron un nuevo volumen de su cómic favorito, incluso cuando el traje de Supermán es repentinamente más apretado.
No explota cuando están discutiendo.
Hasta ahora.
-¡Tú eres la persona que me gusta, te quiero a ti! ¡He visto cada parte de tu cuerpo y me encanta como es, Harrington!
-Eddie, no has visto como está ahora.
-¡Entonces enséñamelo! - el chico busca fuerza, pasando las manos por sus rizos revueltos de tanto moverlos. ¡Pero carajos, ni siquiera a podido ver a su novio sin ropa en tanto tiempo, ni siquiera haciendo algo tan cotidiana como salir de la bañara, cambiarse, o mil cosas que le vienen a la mente!
Los ojos de Steve se llenan de temor, un susto que no debería de tener en la comodidad de su relación. ¡Como si Eddie fuera un mal hombre, como si fuera imbécil que dejaría su pareja solo por unos kilos de más! ¡Como si Eddie fuera un maldito!
-Eddie, no quiero que te vayas...
-¡Pero no lo pienso hacer! ¡Steve, amor, si alguna vez te he hecho dudar de mi, lo siento! ¡Pero así no funcionan las cosas, si te alejas, me alejas a mi! ¡Y maldición, no quiero hacerlo!
Entonces Steve se da cuenta, que está tan acostumbrado a que las personas se alejen cuando muestra su verdadero ser, que simplemente esperó que Eddie lo haría. Porque todo el mundo lo hacía, sus parejas, incluso Nancy a pesar de que lo disimulaba mejor, sus amigos lo hicieron, sus padres y cada persona que lo conocía por más tiempo que "El Rey" Harrington.
Estaba esperando el momento en que Eddie fuera uno más.
Pero Eddie Munson jamás fue uno más...
Siempre peleó con su peso toda su vida, pero su necesidad de ser importante, de mostrar algo cuando no era real era más, hasta que no tuvo que hacerlo. Y se dejó llevar...
Solo se siente tan avergonzado, tan inestable con la idea de ser él, porque nadie había tomado tiempo de verlo.
Nadie había preguntado. Nadie hasta Munson.
Se siente como un tonto, porque ama tanto a este hombre, simplemente debió darle el beneficio duda.
Más igual, se tarda en demasiado en responder, porque Eddie se encontraba alejándose, queriendo darle espacio.
-Voy a ver a Kas - Steve no le permite llegar lejos.
Con movimientos temblorosos, el menor solo pide que esté quieto, tomando la mano de su novio, siempre llenos de anillos en formas de calaveras que solo se quitaba cuando iba a dormir, las manos que lo resguardaban tanto, su seguridad. Tiene que recordar eso.
Entonces toma las palmas rasposa debido al trabajo constante, y con el corazón en la boca, mete la mano debajo de su suéter hasta posarla en su cintura. Y mucho antes de que pueda arrepentirse, toma la otra mano posándola en su pecho.
El peso es un conforte y la calidez inunda su corazón, un picor se instala en su vientre lleno de una ansiedad llena de calor. Esa era la reacción de su cuerpo cuando Eddie lo tocaba, lo volvía adictivo. Lo extrañaba.
Pero también se sentía tan tenso, una parte de él esperaba que Eddie lo rechazara y lo dejara de lado.
-No rechazo tu toque, o esa no era la intención, te necesito Eddie, como no tienes idea. Pero no soy lo que era antes...
Más Eddie se encontraba sorprendido del movimiento, no sabiendo muy bien qué hacer, no se esperaba esto. No se siente muy diferente a la primera vez que se acostó con Steve, una picazón incesante de tocarlo, agarrarlo y besarlo, hacerlo nada más que algo pidiendo por más.
Solo disfruta la piel suave debajo de sus palmas.
Repentinamente se siente tímido, cuando pregunta:
-¿Puedo ver más? - los labios de Steve tiemblan pero asiente antes de que pueda cambiar de opinión. Eddie baja las manos.
Toma la tela de la camisa, levantándolo con una suavidad abismal, sacando su cabeza, seguido de sus brazos. Y de una forma dolorosamente rápida, el suéter estaba afuera y no había nada que lo protegiera de la mirada de su novio.
Era la primera vez que mostraba su cuerpo a nadie más que no sea a sí mismo. Mostrando sus brazos que habían dejado de ser musculosos a llenos de grasa empezamos a cumularse, seguido con un pecho relleno lo suficiente para crear un bulto no muy diferente a un par de senos, usados para producir leche. Solo por eso Steve no los detestaba totalmente; mientras en su vientre colgaba un par de rollos en piel lechosa, creando un estómago que caía sobre el elástico de sus pantalones. Pecas reluciendo sobre la piel de seda junto al tatuaje de estrías dibujadas.
Munson posa la mano en su boca, cerrando los ojos, porque no puede creer que sea esto lo que hace al amor de su vida sentirse tan mal consigo mismo. A los ojos de Eddie, seguía siendo el mismo hombre hermoso de siempre. El mismo Steve, el mismo ser que le daba felicidad.
Lo merecía, después de ser el pilar de todos, merecía tener unos kilos de más y disfrutarlos. Si Eddie pudiera, le diera el mundo y toda la comida que lo hiciera feliz.
Y el temor de Steve lo inunda, porque cree erróneamente que Eddie le tiene tanto asco que no quiere verlo. Así que con ojos llorosos, aprieta la tela de su camisa, tomándola en sus manos a punto de ponerla...
Cuando unos abrazos rodean sus hombros, encontrando su rostro debajo de los rizos rebeldes del mayor, apretándolos como si temiera que saliera corriendo. En su defensa, Steve estaba a punto de hacerlo.
-Eddie, no tienes que consolarme...- suelta Steve a pesar de que sus lágrimas dicen lo contrario.
-No estoy consolándote, tonto - aun llamándolo de esa forma, posa un suave beso en la frente de su novio. Y Steve se aferra a los brazos del otro como si fuera un salvavidas - estás hermoso, amor, tan sensual como siempre.
-No tienes que decir mentiras, entiendo si no me deseas...
-Eso no es verdad....-
-Eddie - Steve mira los hermosos par de ojos del cantante, queriendo que leyera la verdad a pesar de que le doliera con el alma - realmente puedes decirme lo que sea, entiendo que no soy el Steve que conociste.
Eddie solo asiente, rodando los ojos, posando un pequeño beso en los labios de su pareja, antes de ser él quien toma la mano del chico y bajarla, hasta posarla en su entrepierna.
Una erecta entrepierna.
-No creas mis palabras si no quieres, cariño, pero cuando dije que quiero estar dentro de ti, no mentí.
Hay un poco de colorete en el rostro de Steve, quizás pasándole cuentas la necesidad de tener a este hombre donde pertenece. Entre sus piernas.
-¿Puedo tocarte? - Steve solo asiente.
Y las manos no dudan en recorrer desde sus hombros hasta pecho maltratado, seguido por la cintura descubierta, con manos explorando las curvas y la carne nueva que tomaba como si fuera suya. Adorándolas como si fuera un hombre hambriento.
-Te deseo Steve, te deseo en cualquier forma. Te necesito...- entonces vuelve el mismo Eddie necesitado -...eres hermoso, mi chico grande.
Steve golpea el hombro de su novio con fuerza, sacándole una carcajada.
Las manos recorren hasta llegar al trasero de Harrington, otra de sus inseguridades. Su parte trasera había aumentado tanto de tamaño en los últimos meses que incluso los pantalones de maternidad estaban empezando a estorbarle. Más cuando Eddie llega a tal parte, sus ojos se iluminan como si hubiera visto las mismas estrellas.
-Cierra la boca - regaña Steve, y Eddie hace caso.
Antes de apretar los pedazos de carne redondos y empujarlo contra su cuerpo, la erección enterrándose en el muslo derecho del menor. Una sonrisa llena de dobles intenciones en su rostro perfecto.
-¿Puedo tocarte?
-Ya lo estás haciendo, Eddie.
Los ojos de Eddie bajan a los pantalones de Steve, señalando lo que quiere afuera.
-Necesito tener ese gran trasero en mis manos...por fines científicos - Steve suelta una carcajada - pero cariño...¿puedo hacerte a Winter?
Claro que Eddie había tomado en serio el sueño de Steve de tener seis hijos, claro que había puesto nombre en todos y cada uno de ellos. Por eso lo amaba con su alma.
Y claro que Steve no va a permitir que Eddie vuelva a ponerle nombre a sus futuros hijos, tiene una tendencia a crear mezclas extrañas que por más que intente esconder el hecho de que está inspirado en sus artistas favoritos, Steve lo sabe.
No puede creer que este era el hombre llamado un hijo del diablo en la escuela, este chico con corazón sensible.
Suelta una pequeña carcajada, porque al fin había encontrado a la persona que estará a su lado hasta el final, luego de buscar tontamente.
Eddie era su futuro.
-¡No es momento para reír, Harrington! - Steve suelta otra pequeña carcajada.
-Eddie, yo soy el hombre en post parto y tú eres quien dudaba tu cuerpo...- el hombre solo posa una sonrisa, posando un beso en el cuello de Steve.
Y Harrington lo quiere, realmente lo hace, extraña estar a disposición de su novio.
-Eddie, realmente quiero...pero no sé si todo está como debería de estar...- solo hay verdad detrás de su palabras.
-Mi amor, si no quieres hacerlo, lo entiendo, pero si me permites, yo estaría muy feliz de inspeccionar eso...- Steve lo detiene con un beso, aprovechando la poca valentía que le queda.
-Apaga la luz.
Eddie no se ve muy feliz por eso, pero apaga la luz de la cocina, solo quedándose con la iluminación del televisor que había cambiado de episodio.
Y repentinamente solo son Eddie y Steve como la primera vez que se acostaron juntos, uno esperando la señal del otro. Más como siempre, Eddie deja de sus ganas lo controlen, quitando su camisa con rapidez y agarrando el rostro de su novio, estampando un beso necesitado.
Steve agarra los hombros, enterrando sus uñas, correspondiendo el deseo. El calor posándose en sus pantalones así como la necesidad de estar juntos...
Un suave quejido detiene a ambos demasiado parecido a la llamada de atención de Kas, quedándose como piedras.
Hasta que se detiene.
El par de hombres se miran, con la misma idea en la mente, rápido antes de que se despierte.
Los labios se Eddie bajan al cuello de Steve, mordiendo con suavidad la piel, mientras el menor intenta con la poca concentración bajar los pantalones del otro, ambos tropezándose como un par de adolescentes, cayéndose en el sofá.
-Maldición...- suelta Eddie, tomando el elástico de los pantalones de Steve junto a los bóxers y bajándolos con un solo movimiento.
-Shh, levantarás a Kas.-
Eddie solo posa un pico en los labios, tomando las caderas del hombre y dándole una vuelta como si solo pesara una pluma. Besando los hombros y siguiendo el camino hasta su cintura llena de rollos regordetes, apretando con necesidad, dejando chupetones como si no fuera algo más que carne para usar.
Soltando un grito poco masculino, muy Eddie, en cuando ve el trasero de su novio.
-¿Tan mal estoy? - inquiere Steve con preocupación.
¡¿Mal?!
Eddie tiene una nueva obsesión con el trasero de Steve, es su parte favorita, su nuevo amor y va a estar en su corazón por siempre; redondo, grande y suave.
La respuesta para Steve a su pregunta es una mordida a su glúteo derecho, sacándole un pequeño grito, que intenta silenciar con una mano en su boca.
-Quizás tú no lo amas, pero yo sí. Si tuviéramos tiempo te haría el mejor anal de tu vida...
-¡Eddie!
Eso no evita que el hombre bese los glúteos, apretando sus muslos como si su vida dependiera de ello, pero podría volverse loco por la necesidad de tenerlo y verlo escurrir debajo de su piel.
A Eddie le gustan los hombres, todo tipo de hombres, pero le encanta Steve en cada maldita versión de él.
No tienen tiempo que perder, quitando sus zapatos y bajando sus pantalones, dejando al aire su generoso miembro, duro e hinchado como algo que a sido ignorado por tanto tiempo.
Se golpea la frente debido a su torpeza, le faltaba algo muy importante.
-Iré a buscar el lubricante...-
-No, está bien...- detiene Steve; apretando el reposabrazos del sofá marrón.
-Steve, cariño, van meses...-
-Lo quiero así...- lo necesita, solo quiere tenerlo a dentro a pesar de los nervios en su vientre. Y si el hombre se va, no puede asegurar que los nervios no le ganen cuando vuelva.
Eddie levanta las manos a pesar de que nadie lo está viendo, volviendo a su lugar.
-¿De espaldas o de frente?
Steve prefiere de frente, más de espaldas no podrá ver el rostro de Eddie que a pesar de ser hermoso, podría mostrar desagrado ante su cuerpo.
-Creo que amas mi trasero más que a mí en este momento...- suelta, mordiendo sus labios cuando una nalgada cae en su trasero.
Separan sus piernas con suavidad, dos dedo entrando con rapidez, moviéndose con conocimiento envidiable, sacándole un suspiro de sorpresa, solo lo suficiente para abrirlo. Tiene que recordarse que todo debe de ser antes de que Kas despierte.
Un rasguño cae en el lugar que necesita, sacándole un quejido que intenta morder en el sofá.
-Te tengo...- suelta Eddie con una sonrisa, que a pesar de tener el reloj sobre sus hombros, conoce tan bien a su novio que sabe dónde dar.
-Tonto - muerde Steve, sintiendo la necesidad de simplemente empezar a moverse sobre los dedos - entra.
-No me lo tienes que decir dos veces.
Sin tiempo que perder, otra nalgada cae en Steve, separando sus glúteos con una mano, mientras en la otra dirige su miembro a la entrada, penetrando completamente en una sola estocada.
-¡Demonios! - suelta Harrington, aguantando la punzada de dolor que él mismo se buscó.
Su espalda picaba debido a los rizos cayendo de la cabellera de Eddie, su cuerpo recostado encima del otro aguantado solo por el peso en uno de sus brazos, tomando los rollos de la cintura como si siempre hubiera estado allí, y tratando de no venirse al apenas entrar, como un total perdedor.
Pero demonios extrañó demasiado estar dentro de Steve, extrañó su cuerpo y lo bien que se siente.
Posa un beso en el cuello de su novio, tratando de recordarle que puede esperar todo lo que necesita.
-Puedes moverte...- muerde Harrington.
Un quejido de sorpresa sale de su garganta en cuando una punzada de dolor se instala en su cabeza, Eddie le había jalado el pelo, mostrando su cuello y mejillas regordetas.
Ambos ojos se conectan y vuelven a ser esos chicos antes de una bebé en el camino. Esos hombres terriblemente calientes que definían sumiso y dominante, pero con un futuro llamando a su puerta.
-De espaldas...pero veré tu rostro en cada momento - suelta Eddie conociendo a su novio, el flequillo empezando a pegarse a su frente debido al sudor.
Mueve su única mano disponible, acomodándola para aguantar mejor su peso, antes de empezar a empujar con sus caderas. Suave, por solo un par de segundos antes de que la necesidad lo consumiera, aumentando los movimientos con fuerza, mostrando todo lo que se estuvo aguantando por tanto tiempo.
-Oh maldición...-
El choque entre pieles empieza a sonar sobre las voces de la pantalla, un toque crudo crujiendo en el calor del roce, el sofá de segunda mano arrastrándose en el intento de aguantar tanto peso.
Un empujón directo a su punto, hacía a Harrington cerrar los ojos, dejando la vergüenza de lado, hacia su vientre apretarse, convertía su corazón en papilla y los dedos de sus pies enrollarse. Su cuerpo y mente teniendo solo un dueño, solo siendo de Eddie.
Se siente bien, se siente sensual de nuevo, a pesar de que ahora solo sea algo más que una pequeña perra -como lo llamaba Eddie en sus juegos- que no paraba de sollozar pidiendo por más.
-¡Eddie...! - y demonios, tiene que posar una mano en su boca para evitar soltar un gemido que sabe que despertaría a la única otra persona en la casa.
Munson gruñe, porque le encanta escuchar los gemidos de Steve, son sus canciones favoritas, pero entiende que no puede pedir eso.
-Steve...-
Suelta el cabello, permitiendo al hombre descansar pero no mucho tiempo, porque toma las caderas y se mueve con velocidad, aumentando el chapoteo, acariciando el relleno de grasa, solo dando y dando hasta que el nudo se instala en su vientre.
Steve se adelanta, empujando al otro con su trasero, descargándose en el sillón. Seguido por un Eddie que no puede aguantar más, con un suave agarre en los rollos en las caderas, inunda su interior.
Cuando el clímax golpea y ambos terminan cansados, sudorosos y desechos, hay un silencio de ambas partes, uno de Steve Harrington enterrando su rostro en el sofá, y otro de Eddie Munson con la punta de su cabeza tocando la espalda de Steve. Ambos tan llenos de vergüenza...
Maldición...
-...Es por el tiempo...- intenta soltar Steve, cerrando los ojos. No se había venido tan rápido en años, desde que tuvo su primera vez.
-...Si, definitivamente es eso...- asegura Eddie, de igual manera.
Demonios, una rabieta de Kas, un discurso de Robin, incluso los balbuceos de Dustin duraron más que ambos en la cama.
-Voy a salir...- suelta Eddie, dejando un último beso en el cuello húmedo de su novio, quitando su pene con suavidad.
Cuando toma su camisa del suelo, se la pone con rapidez, seguido por su boxers y pantalones, removiendo sus rizos hacia atrás, sintiendo renovado de nuevo. No solo por un buen momento, sino porque su hermoso había necesitado de su toque igual de desesperado.
Un quejido resuena desde la pequeña habitación al otro lado, y esta vez es seguido por un llanto profundo. Justo a tiempo.
-Yo voy por Kas...- dice Eddie, mirando a su novio, cual apenas había logrado sentarse, apenas acomodándose su camisa, mirando la mancha del sofá con recelo - ¿quieres que te limpie primero, cariño?
El hombre niega, haciendo una seña para que vaya detrás de la bebé.
-Ve, debe de estar de mal humor por dormir la siesta tan tarde...
Eddie asiente con una sonrisa, posando un pequeño pico en los labios antes de alejarse como un hombre renovado.
-¡Te dije que iba a dormir por treinta minutos! ¡Es Ozzy, amor! - el chico apenas desaparece cuando Steve tiene la necesidad de llamar.
Algo rondaba en su mente.
-¡Eddie! - el chico vuelve dando pasos hacia atrás.
-¿Si, bebé?
-Cuando estábamos...- el hombre se detiene, rodando los ojos a si mismo -...tú ¿te viniste agarrandome...? - sus rollos y no de hecho, lo agarró y luego se vino. Pero eso está implementado.
Eddie solo lo mira con esa gran sonrisa y esos ojos que muestran una burla que conoce bien, levantando los hombros como si fuera un hombre inocente.
A Eddie le le encantan todos los hombres, siempre a sabido eso, pero...
-Supongo que acabo de descubrir un nuevo gusto...- torcedura en realidad.
Eddie suelta un guiño, yendo hacia la pequeña que demandaba su atención tan necesitadamente.
Winter Wayne.
Ese es el nombre del próximo bebé que nace un año después, y claro que es escogido por Eddie, en honor a otra de sus bandas y a su querido tío.
Aquel que disfruta a Steve y todo su grande ser quizás...demasiado.
