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Crossover

Summary:

soy mala con esto pero buebno mi idea es que no hay suficientes fics de percy jackson en el universo de DC asi q aqui esta mi humilde aporte
}

Chapter 1

Notes:

finalmente corregi los errores que tenia este capitulo, me costo bastante xq la verdad tuve q releer y vigilar que estaba pasando en el mismo y verificar el final del capitulo y ver si puedo agregar detalles pero creo q el final quedo mejor asi un suspenso leve

Chapter Text

ODA A LOS DIOSES

Percy Jackson estaba feliz. Su mamá había publicado su primer libro y había sido un éxito rotundo. Pero esa felicidad, como todo en su vida, era un río con corrientes ocultas. La ausencia de Paul había dejado un hueco en su pecho, un vacío que dolía con cada respiración.

Un asalto. Un villano cualquiera en una tienda cualquiera. Paul había salvado muchas vidas ese día, convirtiéndose en un héroe sin poderes, sin profecías ni oráculos que anunciaran su destino. Un héroe de los silenciosos. El costo había sido su propio aliento.

Por eso, la primera firma de libros de Sally tenía que ser en su cumpleaños. Porque incluso en la muerte, Paul merecía ver sus sueños cumplidos, vinieran de donde vinieran los ecos de su alma —ya fuera el lúgubre Hades o los dorados Campos Elíseos, tal como Nico alguna vez había mencionado—. Paul había muerto como un héroe, además de ser profundamente adorado por los semidioses a los que ayudaba con tutorías debido a su dislexia, ganándose el respeto silencioso de varios dioses.

Lo que ninguno de los dos esperaba era ver cruzar el umbral a la familia del multimillonario Bruce Wayne. No era que Percy no los reconociera: su madre había mostrado alguna vez en la televisión las imágenes de aquel hombre serio rodeado de su séquito de hijos adoptivos, una sombra elegante y magnética que se movía con soltura entre las altas esferas del mundo.

Pero verlos ahí, de frente, era otra cosa. Irradiaban lujo, sí, pero no el lujo dorado y rutilante de Apolo; era un lujo frío, preciso, sigiloso... semejante al filo de cuchillas bien guardadas o al silencio denso que precede a una tormenta marina. Una opulencia que extrañamente recordaba a Atlantis, cuando Tritón intentaba imponer coronas de oro puro y togas de conchas blancas bordadas con perlas negras.

Si bien Percy tenía razones de sobra para ser paranoico —el Pozo de Tártaro y las guerras en su haber le habían enseñado a olfatear la desgracia antes de que tocara a la puerta—, ver a su madre radiante, explicando con una sonrisa el origen de su libro, le arrancó un gesto genuino. Además, no pasaba nada... aún.

Tan pronto comenzó la firma de autógrafos, Sally se tensó levemente al notar la presencia de los Wayne. Percy lo percibió al instante; había aprendido a leer cada microgesto de su madre desde niño, en aquellos días en los que el miedo era un comensal frecuente y la supervivencia dependía de callar y observar.

Sin embargo, Sally firmó cada ejemplar con pulso firme y una sonrisa cálida. Fue en ese preciso instante cuando una mano grande y familiar se posó con suavidad sobre su cabello alborotado.

—Padre... —murmuró Percy.

Poseidón estaba a su lado, su aura divina llenando sutilmente el espacio, mientras Amphitrite sostenía a Estelle en brazos con una ternura inusitada. Rhode permanecía junto a su madre, seria y vigilante como un faro de piedra en medio de la marea. Kymthoris charlaba animadamente con Amphitrite sobre corrientes oceánicas, mientras Tritón intentaba, una vez más, aplacar los rizos de Percy con un peine de coral, murmurando reproches sobre su aspecto de "tritón salvaje y sin decoro". Percy esquivó el artefacto con reflejos perfectos y le dedicó una mirada cargada de una advertencia letal: ni lo sueñes.

De pronto, un murmullo de conmoción quebró el ritmo del lugar. Percy se giró y los vio: su madre y el señor Wayne se abrazaban con la desesperación de dos náufragos reencontrados tras años de deriva en alta mar. 

—Mamá... ¿El señor Wayne y tú se conocen? —preguntó Percy, su voz suave pero afilada, el eco silencioso de Anaklusmos en reposo.

—Sally... —balbuceo Bruce, con la voz rota, como si le hubieran arrancado algo vital de las entrañas—. Creí que... que...

No pudo terminar la frase. Sally lo estrechó con fuerza, sus lágrimas silenciosas cayendo sin pudor sobre el traje impecable del multimillonario. Él la sostuvo con una intensidad feroz, como si temiera que ella se desvaneciera en el aire, convertida en un recuerdo demasiado doloroso para ser real.

A pocos pasos, los hijos de ambos bandos se miraron con desconfianza. Damian frunció el ceño, con la mandíbula tensa y lista para el combate. Dick observaba con una curiosidad teñida de profunda preocupación. Tim ya tenía el teléfono en mano, procesando algoritmos y recopilando datos en milisegundos. Jason Todd se limitaba a cruzar los brazos, con sus ojos calculadores midiendo cada gramo de peligro en la atmósfera.

Por su parte, la familia marina reaccionó cerrando filas. Poseidón y Rhodos proyectaban una mezcla de desconcierto y protección sorda, lanzando miradas implacables hacia los recién llegados. Amphitrite mecía con suavidad a Estelle, como si la inocencia de la pequeña fuera el único ancla que impedía que la marea del dios de los mares se desbordara allí mismo. Kym contemplaba la escena con una diversión apenas velada, deseando casi en secreto que el caos estallara de inmediato. Tritón, inmutable, los evaluaba con una fría distancia principesca, un depredador analizando el tablero.

El silencio cargado de electricidad que envolvía la escena se rompió cuando la campanilla de la entrada tintineó alegremente.

Un grupo de adolescentes irrumpió en el local. Llegaban riendo, envueltos en la caótica energía de quienes han sobrevivido juntos al fin del mundo. Llevaban camisetas naranjas y moradas, algunas manchadas de grasa de motor, otras deshilachadas en los bordes.

Sin embargo, al cruzar el umbral y notar la tensión antinatural de la sala, las risas murieron de golpe. Sus ojos escanearon la escena: Percy tenso, dioses del mar a la defensiva, un grupo de extraños de traje listos para pelear, y en el centro de todo... Sally Jackson, el pilar de todos ellos, llorando en los brazos de un hombre.

En un microsegundo, Nico y Hazel se tensaron como resortes divinos; las sombras de las estanterías parecieron alargarse y el metal de la estructura del edificio crujió sutilmente. Jason Grace entrecerró los ojos, con chispas estáticas erizándole el vello de los brazos. Leo dejó caer las manos a sus bolsillos de herramientas, perdiendo todo rastro de humor, y Piper retrocedió un paso, canalizando el embrujahabla en su garganta por puro instinto de supervivencia.

Fue entonces cuando una voz fuerte, cargada de una furia protectora letal, rompió la frágil paz del lugar.

—Más vale que confiesen por qué la señora Jackson está llorando, o van a tener que vérselas con nosotros.

Los siete semidioses formaron una línea de defensa tan inconsciente como absoluta frente al grupo de Gotham. Sus ojos chispeaban con esa lealtad ciega y temeraria que siempre precedía al desastre.

Percy exhaló un suspiro, sintiendo un cansancio poético y antiguo gravitar en su pecho.

Sí. Definitivamente, el día acababa de complicarse.