Work Text:
Estaban solos, completamente solos.
Malcolm y Reese eran los únicos que estaban en casa.
Lois había tenido que ir a buscar a Francis por una pelea que tuvo con uno de sus superiores.
Hal y Dewey, por otro lado, habían ido a ver un partido de béisbol para el que habían conseguido entradas.
Reese estaba en la habitación, mientras que Malcolm estaba terminando una tarea que tenía que hacer.
La termino rápidamente, así que decidió subir a ver a Reese, ya que ya llevaba un rato sin verlo.
Subió rápidamente las escaleras y caminó lentamente por el pasillo.
En cuanto se acercó a la puerta de la habitación empezó a escuchar sonidos extraños provenientes de la habitación.
Aún así no le dio importancia, simplemente abrió la puerta vió algo que claramente no debía haber visto.
Reese estaba en su cama, con los pantalones y los calzoncillos por las rodillas.
Su mano subía y bajaba por su erecto pene, tenía los ojos cerrados y claramente una cara de placer.
Malcolm sintió como su cara se enrojecía por la vergüenza mientras trataba de alejarse.
No sirvió, ya que Reese se dio cuenta de que él estaba ahí.
—Joder, Malcolm—exclamó mientras paraba con su movimiento y trataba de cubrirse con las sábanas—. Pensaba que estabas abajo…
—Yo… no quería molestarte—contestó completamente sonrojado el chico de ojos azules.
—No, no me molestas, es sólo que no te esperaba.
—Mejor… me voy.
—No hace falta.
—¿Qué?
—Te puedo hacer sentir bien, Malcolm.
Reese y se levantó y se acercó lentamente hacia Malcolm, tratando de no asustarlo.
—Malcolm… ¿Quieres que te haga sentir bien?
El ojiazul no pudo sonrojarse aún más, mientras dirigía su mirada hacia la fuerte erección que tenía su hermano.
—Me lo tomaré como un sí.
Se quedó lo más cerca posible de Malcolm y empezó a acariciar con su mano izquierda la pierna del ojiazul mientras con la derecha acercaba su cara a la suya.
—Reese… no deberíamos hacer esto.
—¿No te gusta?
—Ese es el problema, me encanta.
—Solo… déjate llevar.
Reese continuó su acción, recorría el pecho de Malcolm con sus grandes manos, podía sentir los fuertes latidos de su corazón.
—¿Quieres seguir?
—S-sí.
—Bien.
Decidió facilitar las cosas, así que arrastró del ojiazul y lo tiró sobre su cama.
—Tus labios tienen muy buena pinta ahora mismo.
Malcolm no pudo soportar escuchar a Reese decir eso, simplemente respondió con un gemido ahogado.
—Voy a besarte, pequeñín.
Y sin más decidió devorar los labios contrarios, que sabían a una mezcla entre limón y chocolate.
—Sabes tan bien…
Malcolm solo fue capaz de murmurar, totalmente incapaz de formar una frase coherente.
—Ya no habrá vuelta atrás cuando lo hagamos, ¿Lo sabes no?
—Sigue… por favor.
Ver a Malcolm rogar de esa manera le encantó, simplemente le fascinó.
Reese quitó con fuerza su camisa y la de Malcolm.
—¿Sabes?, eres precioso.
Después de decir eso empezó a chupar y morder los pezones rosados de Malcolm, realmente le encantaba escuchar los fuertes gemidos que provocaba en el contrario solo con eso.
—Me encantan esos ruidos que haces, sigue con ello.
—Mgh, joder.
—Me encantas, Malcolm.
—Quitate la camisa, ahora.
—Sí es lo que quieras, lo haré.
Se quitó la camisa y el contrario tomó la iniciativa de tocar y acariciar el musculado pecho de Reese.
¿Te gustan mis músculos, Malc?
—Sí, se nota que entrenas.
—Créeme, voy a usarlos muy bien contigo.
Rápidamente siguió atacando los labios del Malcolm.
Le dio un pequeño mordisco y metió la lengua en la boca del contrario mientras con las manos le bajaba los pantalones.
—Eres muy sexy, pequeñín.
—Cállate, Reese, deja de decir tonterías.
—Para ser el genio, eres bastante tonto a veces.
Reese ya no aguanto más y le quitó los boxers a Malcolm, le encantaba verlo ya desnudo.
—Estás muy duro por mí, ¿Verdad, hermanito?
—No es justo, tú todavía tienes ropa.
—¿Ya quieres verme desnudo?
—Sí, joder.
—Tranquilo, sé lo mucho que lo quieres, así que no te haré esperar.
Reese se quitó los pantalones y los boxers y los tiró al suelo para que no molestaran.
Malcolm dirigió su mirada hacia el ahora su desnudo hermano.
—¿Te gusta lo que ves, pequeñín?
—Reese…
El ojiazul ya había visto a Reese desnudo antes pero nunca se había dado cuenta de que su pene fuera tan grande, no creía que eso pudiera caber dentro suyo.
—Es muy grande…
—Tranquilo, iré lento.
Malcolm solo asistió, tratando de confiar en Reese.
—Chupa.
Reese había acercado sus dedos a la boca de Malcolm para hacer que los chupara, después de todo tenía que preparar a Malcolm antes de empezar con lo bueno.
Rápidamente lo hizo y Reese empezó a meter uno de sus húmedos dedos dentro del agujero del contrario.
Como no reaccionó decidió meter un segundo dedo y comenzó a hacer un movimiento en forma de tijeras.
—Mgh, Reese…
—Te estás acostumbrado muy rápido bebé, definitivamente has nacido para esto.
—Cállate y fóllame.
—Solo te he preparado un poco.
—No me importa, necesito sentirte dentro.
—Joder, menuda puta eres.
Malcolm no pudo evitar sentir una ola de placer al oír a Reese decir eso mientras restregaba su erección contra su ano.
—Estas muy estrecho, maldita sea.
Reese había conseguido meter la punta, pero Malcolm se sentía tan bien que pensaba que se iba a correr pronto y claramente no quería eso, así que esperó un rato para que ambos se acostumbran.
—Reese, muévete, te lo ruego.
Se empezó a mover lentamente, quería disfrutar de esto al máximo.
—Ve más rápido.
—Que necesitado eres, me encanta.
Reese empezó a moverse verdaderamente rápido, iba a volver loco a Malcolm.
Sabía que lo hacía por la manera en que lo estaba haciendo gemir su nombre.
—Me encanta oírte haciendo esos ruiditos.
Reese follaba como una máquina, era algo que se le daba genial y ahora Malcolm lo sabía.
—Reese, me voy a correr.
—Ni siquiera te he tocado y ya te vas correr solo con mi polla, lo cuál me encanta, córrete para mí.
Malcolm no aguantó más y se soltó varios chorros de semen manchando su abdomen.
Lo que continuaba era el sonido de las embestidas de Reese en el trasero de Malcolm, se podía oír incluso como rebotaban las pelotas de Reese contra sus nalgas.
—Me estás matando, pequeñín.
—¿Te vas a correr?
—Sí, ¿Dónde me corro?
—Hazlo dentro, quiero sentir tus bebés dentro mío.
Reese no pudo aguantar más y se corrió brutalmente dentro de su hermano, dejándolo completamente lleno de su semen.
Ambos estaban agotados, por lo que tuvieron que quedarse tumbados.
—Supongo que esto cambiará nuestra relación.
—Sí, Malc, ahora vamos a ser más que hermanos, pero se momento sólo quiero dormir.
—Vale, yo haré lo mismo.
—Te quiero.
—Yo también.
Buenas noches, pequeñín.
