Work Text:
.
.
.
.
.
Su nombre rasgó el viento en un grito ahogado, solo para ser devorado por la tormenta, como si el propio mundo se burlara de su desesperación, como si la misma tierra se empeñara en arrebatarle hasta la última esperanza.
La nieve azotaba su chasis, cubriéndolo con una capa de hielo que se aferraba a las juntas de sus alas. Sus sistemas internos parpadeaban en rojo, un sin fin de alertas que advertían sobre fallos críticos...
[Advertencia: Movilidad reducida. Servomotores afectados por bajas temperaturas.]
No necesito moverme rápido... solo necesito encontrarlo...
[Señal de transmisión intermitente]
No importa. No necesito ayuda, solo necesito....
[Alerta crítica: Temperatura del núcleo descendiendo a niveles críticos.]
Que se congele. Que se apague. No me detendré hasta encontrarlo...
El frío estaba devorando cada fibra de su estructura. Pero eso no importaba. Seguía avanzando, tropezando con cada paso, mientras sus manos, congeladas y temblorosas, aún intentaban aferrarse al aire vacío, como si pudiera arrancarlo de las garras de la tormenta.
[Error: Visibilidad reducida al 43%.]
Solo necesito ver un poco más... Solo un destello. Un indicio de que sigues aquí.
Sus ópticos, empañados por la escarcha, buscaban entre la nada un destello de azul, una señal de que no estaba solo. Sin embargo, lo único que encontró fue el eco de su propia voz, desgarrada y perdida entre el rugido del viento.
.
.
.
.
.
Había gritado hasta el límite, hasta que su módulo de voz se quebró, reduciendo sus intentos a un zumbido estático que apenas lograba rasgar el rugido de la tormenta.
[Error crítico: Módulo de voz dañado. Emisión de sonido comprometida.]
"Skyfire..."
Quiso pronunciar su nombre de nuevo, pero solo un sonido distorsionado escapó de su garganta, un eco inútil que se perdió entre las ráfagas heladas. La ventisca golpeaba con furia, sepultando cualquier rastro del mecha que había intentado salvar, consumiendo toda esperanza.
Starscream tambaleó sobre sus pasos, sintiendo la carga de su propio peso como si su estructura estuviera cediendo. La nieve se arremolinaba a su alrededor, envolviéndolo en una prisión helada donde el frío no era lo único que lo devoraba. Su chispa latía errática, palpitante de una emoción que se desbordaba con cada segundo que pasaba sin encontrarlo.
No. No. No.
Su respiración se volvió un jadeo forzado, entrecortado por la angustia que se arrastraba desde lo más profundo de su núcleo. Su visión estaba empañada, no solo por la escarcha que se acumulaba en sus ópticos, sino por la pura desesperación que lo ahogaba.
"No puede ser. No puede ser. ¡No puede ser!"
Sus piernas fallaron. No supo si fue el peso de la culpa o el pánico, pero cayó de rodillas, hundiéndose en el manto blanco. Sus manos, temblorosas, rasgaron la nieve con furia ciega, arañando la superficie congelada en un intento frenético por desenterrar lo que la tormenta le había arrebatado.
"Skyfire está aquí. Está aquí, en algún lugar. Solo... solo tengo que cavar. Solo tengo que seguir buscando."
Pero cuanto más escarbaba, más fría y vacía se sentía la respuesta.
Como si el hielo no solo cubriera metal, sino también el tiempo.
Como si cada puñado de escarcha que apartaba fuera una memoria que se deshacía entre sus dedos.
La voz en su procesador le decía que parara. Que era inútil.
Que lo había perdido hace eones, y que lo único que quedaba era una idea, un eco, una promesa rota enterrada junto con todo lo demás.
Pero sus manos no se detenían.
Porque si lo hacía, entonces tendría que aceptar que ya no quedaba nada.
Y esa idea... dolía más que el frío, más que la culpa, más que la soledad.
Dolía como un adiós que nunca se dijo.
.
.
.
.
.
"No puedes dejarme así... no así..."
El pensamiento se clavaba en su procesador como una chispa al rojo vivo, quemando más que el frío que congelaba sus extremidades. "Es mi culpa... Yo prometí que esta misión era solo un paso más hacia algo más grande, algo mejor..."
Su voz se quebró, distorsionada por la estática. "Fui yo quien dijo que nada nos detendría. Que este planeta no era una amenaza. Que solo era nieve. Solo viento. Solo un mundo más bajo nuestras alas..."
Apretó los puños contra la nieve, sus dedos temblando bajo la carga del hielo y la culpa. "Tú dudaste. Tú dudaste y yo te obligué a seguirme. Como siempre."
Una carcajada vacía escapó de sus vocalizadores, amarga, dolida. "Y lo hiciste. Me seguiste. Porque confiabas en mí."
Bajó la cabeza, sus hombros temblando, no de frío, sino de rabia contra sí mismo. "¿Cómo puedo volver sin ti? ¿Cómo puedo mirar a esos idiotas en Cybertron y decirles que te perdí? Que te dejé atrás... por mi orgullo."
El rugido del viento respondió con su mudo desprecio. Y aún así, él siguió cavando.
"Todo fue mi culpa."
Sus ópticos, empañados por una mezcla de escarcha y lágrimas que no admitía tener, se cerraron con fuerza. "¿Por qué no puedo encontrarte? Skyfire... ¿Estás allí, en algún lugar, esperando a que te rescate? ¿O ya... ya no hay nada que salvar?"
"No... Debes estar ahí. Tienes que estar ahí."
Sus dedos, rígidos por el frío, se hundieron en la nieve con una fuerza desesperada, escarbando más hondo, más rápido, ignorando el dolor en sus articulaciones congeladas. No podía detenerse. No cuando todavía existía la mínima posibilidad de verlo otra vez, de escuchar su voz. De no quedarse solo....
.
.
.
.
.
La nieve crujía bajo sus pies, un recordatorio cruel de su impotencia con cada paso. Sus manos temblaban -no solo por el frío que se colaba hasta lo más profundo de sus placas, sino por el peso invisible que le oprimía la chispa- un vacío helado que se expandía con cada segundo. No podía detenerse. No quería detenerse. Pero la tormenta, esa maldita tormenta, lo empujaba de vuelta, como si el planeta mismo buscara castigarlo por su arrogancia.
"Primus... sólo dame una señal. Algo, cualquier cosa..." Sus pensamientos eran una plegaria desesperada, palabras que jamás admitiría haber pronunciado si alguien más estuviera cerca. "No puedo perderte, Skyfire. No a ti..."
Se detuvo por un instante, su cuerpo tambaleándose bajo el peso de la ventisca. Miró hacia la nada, a ese interminable océano blanco que parecía extenderse más allá del infinito. Había cavado hasta que sus manos quedaron inservibles, hasta que sus propios sistemas le imploraron detenerse, pero aún no podía aceptar la verdad que estaba frente a el.
"Por favor..." El sonido apenas escapó de sus labios, un susurro perdido en la furia del viento. "Regresa. Dame una razón para seguir caminando."
Pero la única respuesta fue el rugido implacable de la tormenta, sepultando cualquier esperanza que le quedara. La nieve se acumulaba en sus alas, un peso que arrastraba tanto su cuerpo como su chispa. Y aun así, Starscream avanzó, porque detenerse significaba aceptar que todo había terminado. Y eso... eso era algo que todavía no estaba listo para enfrentar.
Pero tarde o temprano, incluso el más terco debe ceder ante lo inevitable...
Starscream cayó de rodillas, exhausto, su cuerpo incapaz de seguir luchando contra el frío. Los sistemas de alerta inundaban su visión con destellos rojos, gritando fallos críticos, pero nada de eso importaba. Lo único que sentía era el vacío.
[Error crítico: Nivel de energía descendiendo]
"Chatarra"
Sus manos, rígidas por el hielo, aún se aferraban a la nieve, a un espejismo de esperanza que se desvanecía con cada segundo que pasaba.
"No puedo irme... No puedo dejarlo aquí..."
Pero el viento silbaba a su alrededor, como si se burlara de su obstinación. No había respuesta. No había señales. Solo frío, solo muerte.
Algo dentro de él se resquebrajó.
Starscream apretó la mandíbula, negándose a aceptar lo que su procesador ya comenzaba a comprender. Se obligó a seguir buscando, rasgando la nieve con la poca fuerza que le quedaba, su chispa gritando en protesta.
"Si sigo... si sigo un poco más, lo encontraré. Tiene que estar aquí. Tiene que estar aquí."
Pero cuanto más cavaba, más profundo se hundía el hielo en sus articulaciones, en su chispa.
Un pensamiento se abrió paso entre el caos de su mente.
"Si me quedo más tiempo... si sigo aquí..."
Las alertas parpadearon con mayor intensidad.
[Advertencia: Temperaturas extremas afectando el sistema central.]
[Error en sistemas de propulsión: Riesgo de congelamiento inminente.]
Moriría aquí.
Su cuerpo caería junto al de Skyfire, y este planeta miserable los tragaría a ambos, condenándolos al olvido.
No.
No podía permitirlo.
Pero si se iba, si se daba por vencido... ¿Qué quedaría de él?
Starscream cerró los ópticos con fuerza, sintiendo que su chispa se desgarraba con cada posibilidad que su mente le arrojaba. ¿Qué significaba vivir sin él? ¿Qué sentido tenía regresar a Cybertron sin Skyfire a su lado?
Su servo tembló, queriendo volver a hundirse en la nieve. Pero no lo hizo.
Inspiró profundamente, su sistema de ventilación funcionando con dificultad, y por primera vez desde que la tormenta lo había separado de su compañero, dejó que la realidad lo golpeara con toda su crudeza.
Skyfire se había ido.
No podía cambiar eso. No podía revertirlo. Pero... ¿y si aún había una posibilidad?
Su procesador se aferró con desesperación a un último pensamiento, una última chispa de esperanza que se negaba a morir.
"Skyfire es fuerte. Más fuerte que yo. Tal vez... tal vez entró en estasis."
Era una posibilidad remota, casi absurda, pero si se quedaba allí, congelándose junto a él, jamás lo sabría. Si quería salvarlo, tenía que volver. Tenía que reunir un equipo, buscar ayuda... tenía que sobrevivir.
Pero Primus, ¿Cómo se suponía que lo hiciera?
Su chispa ardía de dolor ante la sola idea de abandonar este lugar, de alejarse de donde su compañero estaba enterrado. Sentía que si se iba, algo dentro de él se rompería para siempre. Pero si se quedaba... si moría aquí, no habría nadie que pudiera regresar por él.
"No puedo perderlo... No así... No para siempre."
Las alertas en su sistema insistían en que el tiempo se agotaba.
[Advertencia: Nivel de energía crítico.]
Apretó los puños con rabia, con impotencia. Sus ópticos recorrieron la tormenta una vez más, buscando una señal, cualquier cosa.
Nada. Solo blanco. Solo vacío.
"Por favor..." murmuró, sin saber si hablaba con Primus, con Skyfire o consigo mismo. "Solo... dime qué hacer."
El único que le respondió fue el viento.
Con un peso insoportable en su chispa, activó sus propulsores. Pero en lugar del rugido familiar de su motor, solo recibió un zumbido entrecortado y un tirón seco en sus extremidades.
[Error en sistemas de vuelo: Propulsores primarios obstruidos.]
No... No aún.
Un latigazo de energía recorrió su chispa, pero lo ignoró. No importaban los errores en sus sistemas ni las advertencias parpadeando en su HUD. No iba a quedarse allí.
No iba a morir en ese lugar.
Con un gruñido feroz, ajustó su núcleo de energía y forzó la activación de sus propulsores. El primer intento los hizo vibrar peligrosamente, el segundo los encendió en un rugido ahogado. Para el tercero, Starscream ya no lo veía como un intento. Era un hecho.
Él. Se. Iría.
El motor rugió con fuerza y se elevó de golpe, dejando una ráfaga de calor en la nieve helada. El dolor era insoportable, sus extremidades protestaban con cada movimiento, pero nada lo detendría.
Mientras se elevaba, la ventisca devoró lo que quedaba de sus intentos desesperados. Los pozos que había cavado con manos temblorosas, las marcas que su lucha había dejado en el hielo... todo desapareció bajo el manto implacable de la tormenta, borrado como si nunca hubiera existido.
La inmensidad del paisaje blanco se extendía en todas direcciones, una prisión sin muros, un recordatorio cruel de lo insignificante que era frente a un mundo que ni siquiera le concedía el rastro de un cadáver.
Starscream tembló. Miró una última vez hacia abajo, hacia la nada que se extendía donde antes había depositado todas sus esperanzas.
Un nudo se formó en su garganta. Su chispa dolía, desgarrada entre la fe y la realidad.
Entonces, con voz temblorosa, susurró:
"Escúchame, Skyfire... No es el final."
La ventisca quiso ahogar sus palabras, pero él siguió, con la determinación de quien se aferra a la última luz en la oscuridad.
"Voy a volver. Lo juro por mi chispa, por Primus, por todo lo que nos prometimos... No dejaré que este planeta te reclame."
Sus ópticos brillaron con una intensidad febril.
"Sobreviviré. Iré a Cybertron. Buscaré a quien sea necesario. Y cuando regrese, te encontraré."
Exhaló con dificultad, sintiendo cómo la desesperación lo asfixiaba.
"Solo... resiste."
Se forzó a alejarse, con los puños apretados y el dolor clavándose en cada fibra de su ser.
El rugido de sus propulsores fue ahogado por la ventisca cuando finalmente abandonó el planeta, dejando atrás su orgullo, su miedo... y la promesa más importante de su vida.
.
.
.
.
.
Ahora, en Cybertron, ese silencio lo perseguía. Caminaba entre las sombras de Vos, su hogar natal, pero ni las imponentes torres ni los destellos de energón lograban disipar el eco que persistía en sus auriculares.
Aún podía escucharlo. Un murmullo helado, un susurro cortante que se filtraba entre los ruidos de la ciudad, como si la ventisca nunca lo hubiera dejado ir. Cada vez que el viento silbaba entre los edificios, sentía el mismo escalofrío recorriendo sus circuitos, el mismo vacío devorándolo desde dentro.
No importaba cuánto tiempo pasara. La tormenta seguía allí...
"Les pedí ayuda." La ira y la desesperación se entrelazaban en su chispa. Sus ópticos recorrieron los semblantes fríos y vacíos de los suyos, cada uno más indiferente que el anterior. "Les rogué que enviaran un equipo de rescate. Les grité que Skyfire seguía allí, que aún podía estar vivo."
Y ellos lo habían ignorado. Lo habían mirado con desdén, con esa misma arrogancia podrida que siempre había contaminado la casta científica. La guerra estaba al borde de estallar, y para ellos, un investigador perdido en un planeta helado no valía nada. Solo un daño colateral, una nota insignificante en los márgenes de un dat-pad.
El desprecio en sus miradas se grabó en su memoria como fuego.
Cada paso lo alejaba más de la persona que había sido. Antes, sus manos habían sostenido datos estelares, trazado rutas hacia lo desconocido, ensamblado teorías que expandían los límites del conocimiento. Había creído en la grandeza de la exploración, en el deber de avanzar, de descubrir.
Pero ahora... ahora lo único que sostenía era el peso de la traición y el vacío de la pérdida.
La curiosidad que lo definió alguna vez se marchitó, sofocada por la furia hirviente que consumía su chispa. La audacia del explorador se transformó en rencor. La maravilla con la que veía el universo se pudrió en un odio denso y sofocante.
Porque lo entendió.
No había justicia en Cybertron. Solo sistemas podridos que dictaban quién vivía y quién moría. Solo élites que decidían a quién valía la pena salvar y a quién dejarían morir, sin remordimientos.
"Skyfire era uno de los mejores."
Sus puños se cerraron con tal fuerza que sus servos crujieron.
"Y lo dejaron morir como si no fuera nada más que chatarra."
Sus ópticos ardían con un fulgor febril, su chispa vibraba con un odio que le oprimía el pecho, que le corroía hasta lo más profundo de su ser.
Si Cybertron estaba gobernado por un sistema tan débil, tan podrido, tan indiferente a los suyos...
Entonces no merecía seguir existiendo.
.
Starscream caminaba por las calles de Vos con la mirada fija en el suelo, sus pensamientos girando en un torbellino de ira y dolor. Sus pasos resonaban en el vacío metálico, pero un destello de color rompió su concentración.
Allí, tirado en el suelo, yacía un trozo de papel maltratado por el tiempo y el polvo de Cybertron. Era insignificante, apenas una hoja olvidada entre los escombros, arrugada y descolorida como tantas otras que nadie se molestaba en mirar. Starscream habría pasado de largo, como siempre lo hacía con cualquier desperdicio esparcido por la ciudad muerta de Vos.
Pero algo en él lo hizo detenerse. Tal vez fue la forma en que el viento lo hizo girar sobre sí mismo, como si se negara a ser ignorado. O quizá fue el tenue resplandor violáceo de un símbolo impreso en su centro, un color aún vibrante que contrastaba con el gris de las calles. Sin saber exactamente por qué, se inclinó y lo recogió.
Era una propaganda. Un rostro afilado y desafiante ocupaba el centro, acompañado de palabras que prometían cambio, justicia y una rebelión contra el sistema que había permitido tantas injusticias.
"¿Decepticons?" murmuró para sí, sus ópticos recorriendo cada línea del mensaje. "¿Qué clase de basura es esta?"
Starscream caminaba por las calles de Vos, con la propaganda aún en sus manos, sus pensamientos sumidos en el caos. El símbolo Decepticon seguía clavado en su mente, como si lo desafiara a mirarlo más allá del papel. Fue entonces cuando alzó la mirada, atraído por un destello en la lejanía, y allí lo vio: Una enorme pantalla colgada en lo alto de una torre proyectaba imágenes de los pozos de gladiadores en Kaon.
La transmisión era cruda, violenta, y... fascinante. En el centro de la arena, un coloso de metal se alzaba como una tormenta desatada, su sola presencia pesando sobre el campo de batalla. No luchaba, arrasaba. No atacaba, devastaba. Cada movimiento estaba cargado de precisión y fuerza bruta. Una fuerza imparable que reducía a sus oponentes a meras sombras antes de que pudieran siquiera alzar sus armas. Era implacable, indomable, un símbolo viviente de desafío y poder.
Starscream se quedó inmóvil, con sus ópticos clavados en la figura que se alzaba victoriosa en medio de los vítores de la multitud. Allí estaba, en el centro de la pantalla, un gladiador. Y colgando de su cuello, oscilando con cada respiración pesada, estaba el símbolo que Starscream había visto en el volante: El emblema "Decepticon", forjado en metal y teñido de energía bruta.
"¿Quién es él?" pensó, su chispa latiendo con fuerza, como si algo desconocido estuviera despertando en su interior. La pantalla parpadeó por un momento, cambiando la imagen a un primer plano de un mech que apenas estaba en la sombra. El rostro, afilado y marcado por cicatrices, apareció con una dureza que no dejaba lugar a dudas: No era un simple gladiador.
Starscream lo observó en silencio, sintiendo cómo cada rasgo del mech despertaba una emoción reprimida. Su figura era imponente, un símbolo de algo más grande, algo que había estado presente en las entrañas de Cybertron pero que nunca había tenido nombre, nunca había tenido forma. Entonces, cuando la cámara se enfocó más de cerca, la identidad de aquel mech se reveló ante él con un impacto que lo atravesó como un rayo.
"Es... Megatron."
El nombre resonó en su mente con una certeza que le revolvió la chispa. No era un desconocido. No era solo otro gladiador buscando fama en las arenas de Kaon. Era el líder, el rostro detrás de aquellas palabras que circulaban en los rincones oscuros de Cybertron, el que hablaba de cambio, de justicia, de destruir un sistema que no podía ser reformado.
De repente, recordó a Soundwave.
Tiempo atrás, aquel mech silencioso lo había buscado. No con súplicas, ni con amenazas, sino con una oferta. Los Decepticons necesitaban voladores. Necesitaban mechs como él, rápidos, letales, capaces de dominar los cielos y cambiar el rumbo de la guerra que se avecinaba. Se rió en su cara. Lo había considerado una pérdida de tiempo. "No soy un mercenario," le había dicho con arrogancia. "No peleo en batallas ajenas."
Pero ahora...
La cámara se alejó, mostrando a Megatron en su elemento: Un guerrero alzando el puño, desafiando a un mundo que intentaba aplastarlo. No pedía permiso. No se arrodillaba. No suplicaba. Tomaba.
Un ardor desconocido se encendió en Starscream. Algo feroz, algo oscuro. Algo que había sido enterrado bajo la humillación de ser ignorado, de ser tratado como si no valiera nada. Los Senadores. La Elite de Cybertron. Aquellos que lo despreciaron. Que dejaron morir a Skyfire sin parpadear.
Él quería verlos caer.
No. No solo caer. Quería ser la causa de su caída. Quería ver el miedo en sus rostros cuando se dieran cuenta de que su sistema ya no los protegería.
"Ellos no piden permiso. Ellos toman lo que creen que les pertenece."
Las palabras de Megatron reverberaron en su mente como un trueno.
Soundwave ya lo había invitado antes. Esta vez no habría dudas. Esta vez, él mismo iría a buscarlos.
Apretó el volante con fuerza, sintiendo el crujido del metal bajo su agarre. Sus alas se alzaron con decisión.
"Si este sistema no se va a inclinar por las súplicas de alguien como yo, tal vez sea hora de romperlo."
Y así, sin mirar atrás, comenzó a caminar hacia el lugar donde sabía que los Decepticons estaban esperando.
.
.
.
.
.
.
La guerra era un susurro ensordecedor. Las armas disparaban sin cesar, y el viento cortaba el aire como cuchillas afiladas. El estruendo de los disparos se mezclaba con el crujir del metal y el retumbar de explosiones a lo lejos, donde el horizonte parecía una línea de fuego. La atmósfera estaba cargada de tensión, el sonido del viento perforando el vacío, como un grito lejano.
El sonido del metal chocando contra metal resonaba en cada rincón, una sinfonía caótica de destrucción. Los vehículos Decepticon se deslizaban sobre el terreno, dejando una estela de polvo, mientras las figuras blindadas se desplazaban con rapidez, casi sin ser vistas. El sonar del viento, arrastrado por los propulsores, se hacía más y más intenso, marcando el ritmo de la batalla.
La guerra no necesitaba colores ni nombres. Solo el ruido de las armas, el viento rasgando la quietud y la fría certeza de que en cada segundo, alguien caía.
.
El rugido de los propulsores rompió el silencio del aire, mientras Starscream cortaba los cielos con velocidad. El viento golpeaba su figura, su fuselaje afilado cortando el espacio como una flecha. Los disparos y explosiones resonaban en la distancia, pero él se mantenía ajeno a todo, surcando el campo de batalla sin un solo titubeo. El suelo comenzó a acercarse, y con una precisión impecable, sus alas se plegaron, giró sobre sí mismo y aterrizó con un sonido metálico seco.
En un instante, su forma altísima se transformó, y en un parpadeo, el jet se convirtió en la figura ágil y guerrera de Starscream. Con un movimiento fluido, esquivó a los Decepticons que pasaban a su lado, sus pasos rápidos, su mirada fija en el objetivo. La sala que buscaba estaba cerca.
Cruzó la puerta sin detenerse, dejando atrás los ecos de las discusiones y órdenes que retumbaban en los pasillos. La habitación estaba vacía, fría y distante, como todo lo que ahora sentía. Se dejó caer sobre su litera, sus manos extendidas a los lados, el peso de la guerra y sus pensamientos pesando sobre él como nunca antes.
No había victoria que celebrara, no había causa que lo llenara. Sólo el constante zumbido en sus oídos, el frío en su chispa y el vacío de la misión incompleta. Sus ópticos se apagaron un momento, y por un breve instante, el silencio le permitió escuchar el sonido más desgarrador de todos: El de su propio ser desmoronándose.
.
Cada noche, cuando las luces de la base se apagaban y el bullicio del campo de batalla se desvanecía en la distancia, Starscream se quedaba solo. A veces, su cuerpo parecía no descansar, inmóvil en su litera, mientras la tormenta de recuerdos lo azotaba con la misma fuerza con que el viento golpeaba la Antártida.
No había lágrimas en sus ojos, ni lamentos que pudieran escapar de su garganta. Pero en su interior, la tormenta nunca cesaba. El sonido de su propia chispa acelerada, el retumbar del viento, el eco de una pérdida que no podía borrar. A veces, lo sentía, como si la nieve volviera a cubrirlo todo, como si estuviera de nuevo allí, gritando, luchando por sacar a Skyfire del frio.
Las imágenes lo perseguían, como espectros grabados en su mente. No había visto su cuerpo, no había visto nada más que la tormenta devorándolo, su silueta desvaneciéndose entre la nieve mientras su voz se perdía en el viento.
"'¡Skyfire!"
El grito aún resonaba en su chispa, vacío, sin respuesta. Y del otro lado, su nombre, pronunciado con la misma desesperación, antes de ser tragado por la ventisca.
¿Qué habría pasado si hubiera hecho algo más?
Nunca lo encontró, nunca supo si cayó o si luchó hasta el final. Solo podía imaginarlo. Enterrado bajo el hielo. Perdido, atrapado, llamándolo en vano.
La duda era una condena sin fin. Un tormento que le corroía los circuitos, desgarrandolo.
No podía hablar de ello. Nadie comprendería. Pero en la soledad de la oscuridad, cuando todo quedaba en silencio, sus pensamientos lo devoraban. Los mismos pensamientos que, aunque se disfrazaban de ira, siempre volvían a la misma herida abierta, a lo que había perdido y no podía recuperar.
Así, cada noche, la ventisca seguía, no solo en el exterior, sino también dentro de él. Una tormenta que nunca se calmaba, un recordatorio constante de que la vida seguía adelante, pero él no podía.
La guerra, las luchas, las victorias y derrotas, todo pasaba. Pero no había forma de huir de aquello que había perdido en aquella ventisca, ni de la verdad más cruel: Que no habría retorno, que ya no habría salvación.
.
La guerra seguía, incesante, y ruidosa a su alrededor con la misma violencia sin fin. Los Decepticons avanzaban con fuerza, y Starscream era un engranaje más en la maquinaria destructiva, volando de un lado a otro, ejecutando misiones con una arrogancia feroz. Cada disparo, cada orden, cada combate era una oportunidad para reafirmar lo que había decidido ser: Alguien imparable, alguien por encima de los demás, alguien que hacía temblar el campo de batalla con su mera presencia.
"Alguien a quien no se le negaría nada," pensó, con la certeza que solo podía nacer de una mente decidida a conquistar, a arrebatar lo que merecía. En cada misión, en cada victoria, sentía cómo ese poder crecía dentro de él, como una llama alimentada por su furia, por su necesidad de ser reconocido, por su anhelo de romper con todo lo que lo había limitado hasta ahora.
Ya no era el científico que alguna vez soñó con explorar y descubrir. Ese Starscream había quedado atrás, enterrado bajo una capa de desilusión y dolor. Ahora, era el segundo al mando de los Decepticons, un título que llevaba con altivez y orgullo. No era un simple soldado, no era un seguidor ciego. Era temido, respetado, una figura que se alzaba por encima de los demás. No pediría permiso para conquistar, no aceptaría el rechazo, y no dudaría en tomar lo que fuera necesario para conseguir lo que merecía. Porque él no era cualquiera. Él era Starscream.
Cuando su figura se alzaba en el campo de batalla, sus alas abiertas como el emblema de su supremacía, la confianza de Starscream se transformaba en un escudo. Nada lo tocaba, nada lo quebrantaba. La desesperación que había sentido, las noches solitarias, todo eso ya no importaba. Había creado una coraza de arrogancia que lo mantenía intacto ante el mundo. Apartado de el.
Su voz, siempre cargada de desprecio, se alzaba por encima del ruido de las armas, dando órdenes, imponiendo su voluntad sobre los demás. Los Decepticons lo temían, lo respetaban, y eso era lo que más lo alimentaba. Se había transformado en el líder que nunca había sido, pero de una manera retorcida. Era la figura que la guerra había forjado, sin piedad, sin dudas. Cada acción que realizaba, cada movimiento, se realizaba con la certeza de que estaba por encima de los demás. Porque eso era lo que debía ser.
"Ellos no entienden. No saben lo que es perder. No saben lo que es sentir la impotencia de no poder hacer nada," pensaba mientras observaba a sus subordinados. "Por eso debo ser el mejor. Porque si no lo soy, si no lo demuestro, todo lo que perdí... todo lo que sacrifiqué... será en vano."
Se ocultaba detrás de esa fachada de altivez, porque era lo único que quedaba. Los gritos de los heridos, el eco de los caídos, no llegaban a su chispa, ni en su rostro altivo. Los que lo seguían, los que le temían, solo veían a un líder decidido, confiado. Pero detrás de esa imagen, en los momentos en que las batallas se calman y el ruido se desvanece, había algo más.
El vacío persistía. La rabia lo alimentaba, sí, pero no lo llenaba. Se había olvidado de cómo ser algo más que un guerrero. Todo lo que quedaba en su interior era un torbellino de sentimientos reprimidos, deseos de venganza, y la necesidad de demostrar a todos que, a pesar de todo, él era quien controlaba su destino. Que la guerra no lo había doblegado.
Su ego, desbordante, le daba una sensación de poder, de control sobre el caos. Y, mientras el rugido de la guerra continuaba, Starscream se aferraba a esa imagen que había creado de sí mismo: Un ser imparable, el centro de todo. Pero la guerra no perdonaba, y cada victoria solo lo alejaba más de lo que realmente necesitaba....
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
Era una señal tenue, casi imperceptible, pero Starscream la vio. Un pulso débil, un llamado de ayuda resonando en la pantalla frente a él, como una melodía lejana, casi olvidada. Un código que hacía latir su chispa más rápido, que lo congelaba en su lugar. Esa ubicación, esas coordenadas... todo lo que había jurado dejar atrás regresó de golpe. No puede ser...
Era la misma zona en la que lo había perdido, en la que Skyfire había desaparecido bajo la nieve, su último grito resonando en la tormenta. Todo lo que había enterrado en lo más profundo de su ser, las noches solitarias llenas de gritos ahogados, el rostro de Skyfire sepultado bajo toneladas de nieve, la sensación de impotencia que lo había perseguido durante años, todo eso regresó como un torrente imparable.
Cada error, cada palabra no dicha, cada intento fallido de salvarlo, todo se apoderó de su mente. Pero ahora, algo más surgió entre la maraña de recuerdos: Una señal de auxilio. Una luz en la oscuridad. Como una chispa en la fría vastedad del universo, un destello de esperanza que lo hizo vacilar por un momento, solo un momento, antes de que la furia y el dolor lo invadieran.
"¡Es él!" La exclamación salió de sus labios con una furia tan intensa, que por un segundo pensó que la pantalla frente a él podría estallar. Era él. Skyfire.
La emoción lo golpeó como una avalancha, rápida, brutal, inesperada. Todo el dolor, todo el vacío que había sentido al dejar ese planeta atrás, regresó en forma de rabia y desesperación. No podía permitirlo. No podía dejarlo de nuevo. No podía vivir con el recuerdo de haber fallado, de haberlo dejado allí, solo, en ese infierno blanco de hielo y nieve. "No lo voy a perder de nuevo."
Aunque ya estuviera desactivado, aunque el tiempo, la distancia y la tormenta le hubieran arrebatado toda esperanza de encontrar algo más que un cuerpo frío y sin vida, Starscream no podía dejarlo ir. La señal seguía allí, una línea tenue en el vasto vacío del espacio, como si el destino le estuviera ofreciendo una última oportunidad para hacer las paces con su propio dolor. "Voy a encontrarte," murmuró, la voz rota, casi inaudible.
Un temblor recorrió su cuerpo mientras su mente recorría las posibilidades. ¿Qué quedaba de él, después de todo este tiempo? . La nieve, la tormenta, la desesperación que lo había empujado a abandonar... todo lo que había hecho fue inútil. Pero en ese momento, la idea de no saber, de seguir con la duda de si había algo que todavía pudiese salvar, lo atormentaba más que la propia pérdida.
"Solo quiero verte una vez más..." . Un suspiro quebrado escapó de su voz, casi como una plegaria. La idea de abrazar su cuerpo, de sentir, aunque fuera una vez más, su presencia cerca, se convirtió en la única razón por la que seguiría adelante. Para despedirse, para cerrar ese capítulo de dolor y arrepentimiento, aunque fuera solo en sus propios términos.
No se trataba de salvarlo. Ya era tarde para eso. Lo que Starscream deseaba ahora era encontrarlo, tal vez para finalmente aceptar la pérdida, para al menos poder darle el adiós que no le había dado en su momento. Para enfrentar sus propios fantasmas, para que la culpa ya no lo devorara.
"Te prometí que no te dejaría. Y aunque sea tarde... cumpliré esa promesa." Las palabras resonaron en su mente, pero eran solo ecos vacíos, un intento de consolarse a sí mismo ante lo inevitable. En su interior, sabía que nunca podría librarse de la culpa, esa sombra que siempre lo perseguiría, como una mancha indeleble en su chispa. Pero aún así, no podía dejarlo ir, no podía simplemente vivir con el vacío de no saber qué había pasado, de no haber hecho más, de no haber luchado hasta el final.
Si encontraba lo que quedaba de Skyfire, aunque fuera solo su cuerpo, tal vez... tal vez podría cerrar los ojos y finalmente descansar de la tortura de la duda. Al menos podría saber que había hecho todo lo posible para no fallarle de nuevo. Pero, aun en ese pensamiento, una necesidad más profunda lo abrumaba.
"Por favor... que aún esté vivo..." susurró en lo más profundo de su ser, como si pudiera hacer que el universo lo escuchara. Cada fibra de su ser rogaba por esa posibilidad. No era solo la culpa lo que lo impulsaba, sino el deseo, la desesperación de que esa chispa de esperanza no se apagara. "Solo una vez más..." se dijo, implorando en silencio a cualquier fuerza cósmica que pudiera escuchar su súplica. "Que esté allí... en algún lugar. Que no haya muerto. Por favor, Skyfire, no me dejes solo en este vacío..."
La imagen de Skyfire, enterrado bajo la nieve, se mantenía viva en su mente, y ahora, la posibilidad de encontrarlo, aunque fuera en los límites de la muerte, era lo único que lo mantenía de pie. Deseaba, con cada partícula de su ser, que lo que había sucedido, lo que había perdido, pudiera deshacerse, que todo el sufrimiento de los años se desvaneciera si tan solo pudiera encontrarlo, abrazarlo, despedirse.
Pero a medida que sus ojos se clavaban en la pantalla y la señal débil parpadeaba, todo lo que podía hacer era esperar. Esperar, rezando en su mente que aún hubiera algo por salvar.
El resto de los Decepticons estaban ocupados con sus misiones y rutinas diarias, pero él no podía, no quería ignorar esto. No esta vez. No cuando se le presentaba la oportunidad de redimir lo que había perdido. Debo ir, pensó con una intensidad que le quemaba en el pecho. Debo salvarlo.
Se levantó de golpe, las manos temblorosas de una emoción que nunca se había permitido sentir de esa manera. Miró la pantalla, clavando la mirada en esas coordenadas, en esa débil señal que representaba una posibilidad que ni siquiera había imaginado: Skyfire no estaba muerto.
Cada fibra de su ser le gritaba que simplemente lo hiciera. Que tomara lo que necesitaba y se largara, sin esperar la aprobación de nadie. Era más fácil pedir perdón que permiso... ¿no?
Pero entonces, la duda se deslizó entre sus pensamientos como un veneno. Si iba por Skyfire sin autorización y lo traía de vuelta... ¿Qué pasaría? ¿Megatron lo vería como un acto de traición? ¿Lo castigaría para dejar claro que desobedecerlo tenía consecuencias? ¿Volcaría su furia sobre Skyfire solo por haber sido la razón de su desafío?
No. No podía permitirlo. No podía dejar que Skyfire sufriera por sus decisiones. No de nuevo.
Pero incluso si... incluso si ya no quedaba nada por salvar, si lo único que hallaba era un cascarón vacío atrapado en el hielo... tampoco iba a permitir que su destino terminara en las garras de los Decepticons. No dejaría que Knockout recibiera el cuerpo y lo desmantelara, seleccionando las piezas que más le convinieran, despojándolo de su dignidad como si solo fuera chatarra. Ni permitiría que Shockwave lo tomara para convertirlo en otro de sus experimentos sin alma, retorciendo lo que alguna vez fue en algo irreconocible, en algo monstruoso.
No.
No iba a permitirlo.
Su mirada se endureció, su mandíbula se tensó hasta casi rechinar, y un tic involuntario lo llevó a morderse el labio.
Lo hago por Skyfire.
No lo hago por mi posición.
No lo hago por mi reputación.
No lo hago para demostrar que puedo.
No lo hago por orgullo.
Y menos lo hago por la validación de Megatron.
Lo hago porque es lo que prometí. Porque no permitiré que lo olviden, que lo destruyan, que lo tomen como si fuera suyo.
Con cada pensamiento, su determinación se solidificaba. Sus pasos resonaban con más peso mientras avanzaba por los pasillos de la nave. Cada luz parpadeante en los paneles, cada murmullo distante de otros soldados, se volvía irrelevante. Solo existía un destino, solo existía un propósito.
La puerta de la sala de comando se alzó ante él con un siseo mecánico, revelando la imponente silueta de Megatron de espaldas.
Starscream se detuvo un segundo, respirando hondo, controlando la tensión en su cuerpo. Luego, con una última afirmación en su mente-Lo hago por Skyfire-dio el primer paso dentro de la sala, listo para enfrentarse a su destino.
.
Starscream se detuvo en el umbral, respirando profundamente para calmar las emociones que rugían en su interior. Cada fibra de su ser se rebelaba contra la necesidad de contener su ira, de tragar el veneno de sus propios pensamientos. Megatron estaba allí, su figura imponente de espaldas, con la misma presencia que siempre había dominado el campo de batalla, pero ahora, Starscream no veía un líder, sino un obstáculo. Un obstáculo que necesitaba sortear si quería cumplir con lo que no había logrado antes.
Pero no podía dejar que su resentimiento lo guiara ahora. No podía permitir que el odio nublara la claridad que tenía en mente. Esta vez, no importaba lo que pensara de él, ni lo que hubiera hecho en el pasado. Lo que importaba era su misión, su promesa. Con una última exhalación, contuvo todo el rencor que sentía hacia el líder de los Decepticon y dio un paso al frente, su voz, al principio firme, fue suavizada por la calma tensa de quien sabe que el resultado de esta conversación podría cambiarlo todo.
— Lord Megatron —dijo, su voz cargada de una tranquilidad inusual. Su tono no reflejaba ni una pizca del odio que había alojado en su interior durante tanto tiempo—. Solicito permiso para llevar un equipo de rescate a la Antártica.
Megatron se giró lentamente, su mirada fija en Starscream, su presencia pesada y calculada como siempre. Alzó una ceja, claramente intrigado pero también cauteloso. No era común que el traidor que tenía frente a él pidiera un permiso tan específico, mucho menos uno tan enfocado en un lugar tan remoto como la Antártida.
— ¿La Antártida? —repitió Megatron, su voz profunda y resonante, una mezcla de curiosidad y desdén. No hacía falta preguntar más, pero su mirada penetrante decía todo lo que su silencio no podía expresar: Dime más.
Starscream, a pesar del desgarrador impulso que sentía dentro de sí, logró mantener la compostura. Sabía que esta era su oportunidad. Esta vez, no podía permitir que su necesidad personal interfiriera con la razón.
— Es... un mech. Un mech que podría ser muy importante para la causa. —Su voz vaciló solo un instante, como si estuviera luchando por encontrar las palabras adecuadas para comunicar lo que realmente estaba en juego—. Es alguien que, si sigue con vida, podría ser clave para el futuro de los Decepticons. Alguien con un valor estratégico incalculable.
Starscream miró fijamente a Megatron, su tono un poco más bajo pero lleno de determinación, como si el peso de sus palabras fuera suficiente para convencer al líder de la causa.
Megatron lo observó por un largo momento, sus ópticos penetrantes escudriñando a Starscream, buscando una chispa de duda o arrogancia, pero no la encontró. El líder de los Decepticons nunca lo había visto tan comprometido, tan decididamente enfocado. Algo en sus palabras, en la intensidad de su mirada, lo convenció.
— ¿A qué estás jugando, Starscream? —preguntó Megatron con voz baja, pero cargada de desconfianza.
—No estoy jugando, —respondió Starscream, con una frialdad que incluso sorprendió a Megatron. — Es simplemente alguien que podría sernos de ayuda.
Megatron dio un paso adelante, su figura imponente llenando el espacio entre ellos. Sus ópticos brillaron con intensidad, fijándose en Starscream mientras el líder de los Decepticons se cruzaba de brazos. La desconfianza en su voz era clara, pero también lo era la curiosidad.
— ¿Y por qué debería, gastar recursos y tiempo valiosos para responder al llamado de un mech casi muerto en la Antártida? —preguntó con tono calculador, cada palabra marcada por una frialdad que reflejaba el mismo cinismo que había gobernado siempre su forma de pensar. Su mirada no dejaba lugar a dudas: Si iba a invertir algo en esto, debía ser más que una simple promesa o un capricho.
Starscream, a pesar de la presión y el constante zumbido de su rabia interna, mantuvo la calma. No podía permitir que Megatron lo leyera de la misma manera que siempre lo había hecho. Esta vez, tenía que ser más astuto. Más convincente.
— Porque este mech... no es solo un "mech". Es alguien que podría cambiar el curso de nuestra lucha. — La frialdad de su voz se mezcló con un toque de urgencia, como si cada palabra fuera vital—. Y si está vivo... si logramos recuperarlo, el impacto será incalculable. No solo para la guerra, sino para nosotros. Podría ser la clave que necesitamos para finalmente superar a los Autobots.
Megatron permaneció inmóvil, sus ópticos fijos en Starscream mientras procesaba cada palabra que el aviador le había dicho. Su rostro permaneció impasible, pero la tensión en el aire era palpable. Al fin, tras unos momentos de silencio, Megatron alzó una ceja, como si estuviera esperando una respuesta más elaborada.
— ¿Y por qué debería confiar en tus palabras, Starscream? —preguntó con tono incisivo, sus palabras cargadas de desdén, como si no estuviera convencido de que este mech realmente valiera la pena el esfuerzo.
Starscream no dudó. Esta vez, su mirada no flaqueó, y comenzó a hablar con la calma de quien sabe que está vendiendo su único as en la manga.
— Es un científico de primer nivel. Un experto en varios campos, desde la ingeniería avanzada hasta la astrofísica. -La voz de Starscream se volvió más firme a medida que enumeraba las virtudes de aquel mech, sin mencionarlo directamente—. Podría trabajar directamente con Shockwave, ayudar a mejorar nuestros sistemas, o incluso desarrollar nuevas armas. Su conocimiento podría darnos una ventaja inesperada en cualquier campo de investigación que necesitemos.
Megatron lo miró fijamente, pero no dijo nada, esperando a que Starscream siguiera hablando.
— Además, su tamaño y resistencia lo hacen ideal para realizar tareas que otros no podrían, desde el transporte de cargas pesadas hasta la destrucción de objetivos de alto valor. Su capacidad para adaptarse a situaciones extremas podría ser crucial. Un transbordador como él, con su habilidad de operar bajo condiciones tan adversas, podría ser la clave para misiones más allá de la atmósfera.
Starscream dio un paso más hacia Megatron, su tono vacilante, pero al mismo tiempo cargado de una urgencia disimulada. Las palabras salían con rapidez, como si estuviera buscando desesperadamente encontrar el argumento perfecto.
— Y aunque... no sea un experto en combate, tiene la capacidad para adaptarse. Aprende más rápido de lo que parece, y en poco tiempo podría integrarse en nuestras filas. — Se detuvo un momento, como si dudara de lo que acababa de decir, pero rápidamente continuó-. Es... es la clase de mech que podría sorprenderte. Tiene potencial para más de lo que cualquiera podría imaginar, aunque... claro, tendría que ser entrenado, pero, de nuevo, eso no sería un obstáculo para alguien con su capacidad.
Su tono vaciló al final, como si estuviera consciente de la fragilidad de sus palabras, pero sabía que no podía detenerse. La oportunidad estaba allí, y necesitaba que Megatron viera lo que él veía, aunque no tuviera todas las respuestas.
— Solo... solo estoy diciendo que tiene un valor que no podemos ignorar. Si lo recuperamos, incluso con lo que ha pasado, será más de lo que cualquier otro mech podría ofrecer.
Era la primera vez que Starscream mostraba tal vulnerabilidad, y eso hizo que Megatron lo pensara dos veces. Tras un largo silencio, Megatron finalmente asintió, quizás con la sospecha de que algo más estaba en juego, pero sin poder negarse a la necesidad de una misión que podría resultar útil para su ejército.
— Está bien, —ordenó. — Organiza una misión de rescate. No me hagas arrepentirme de esto.
El alivio, aunque fugaz, fue suficiente para que Starscream dejara la sala sin pensarlo dos veces. Ordenó a sus hombres que se prepararan para la misión, pero en el fondo, sabía que esto no era solo una tarea de rescate. Era su oportunidad de encontrar a Skyfire, de recuperar lo que había perdido, de confrontar lo que había quedado atrás.
Cuando llegaron a la ubicación indicada, la señal era débil, apenas un eco de lo que había sido. Pero la esperanza aún ardía.
La zona estaba cubierta por capas de nieve y hielo que parecían no tener fin. Las horas pasaron con pesadez mientras el equipo de Starscream trabajaba sin descanso, excavando frenéticamente en busca de cualquier rastro, cualquier señal de vida.
Starscream no dio tregua, cavando con la misma furia y desesperación que lo había embargado años atrás, cuando todo parecía perdido. Era él quien lideraba, quien no cesaba, y a medida que el tiempo avanzaba, los otros miembros de la misión comenzaron a seguir su ejemplo. Pero no había dudas: Él estaba más decidido que nunca, más enfocado en cada puñado de nieve que arrancaba, en cada capa de hielo que desplazaba. El frío lo atravesaba, pero no lo sentía. Solo había un pensamiento en su mente. Lo debo encontrar.
Fue durante una de las excavaciones, cuando sus manos temblaban ya por la fatiga y el cansancio, que su servo tocó algo que no era solo hielo. Un sonido distinto, el roce de metal contra metal. Sus servos se detuvieron de golpe. Sus ópticos se abrieron más de lo que creía posible. Por un instante, el mundo pareció tambalearse sobre sí mismo.
No puede ser.
Se quedó paralizado, su respiración entrecortada, sin atreverse a mover la mano que había sentido aquel contacto. Su chispa latía contra su pecho con una fuerza dolorosa. Despacio, con un cuidado reverente que contrastaba con su frenética excavación anterior, apartó más nieve y hielo.
Y entonces lo vio.
Un fragmento de metal asomando entre el blanco inmenso. No era cualquier metal. No era parte del entorno.
Era él.
Las alas de Starscream se estremecieron violentamente, alzándose primero en alerta antes de plegarse contra su espalda con un temblor involuntario. Una ráfaga de aire escapó de su boca, una exhalación temblorosa que podría haber sido un sollozo si no se hubiera mordido la lengua.
Quiso llorar en ese instante.
Todo su cuerpo temblaba, no solo por el frío, sino por la avalancha de emociones que amenazaba con derribarlo. Pero no podía permitirse el lujo de quebrarse, no con los Vehicons rodeándolo, no con su orgullo aún exigiéndole que mantuviera su imagen.
Así que tragó su angustia, endureció su expresión y arrancó más nieve.
No podía permitirse perder el control.
Pero sus alas temblaban.
Sus servos también.
Y por dentro, sentía que todo se rompía.
"Skyfire..."
Fue un susurro, apenas audible, pero su voz se quebró a mitad de la palabra.
Siguió cavando con más fuerza, con más urgencia. Cada pedazo de hielo que removía revelaba más del cuerpo atrapado bajo él. Un brazo. Parte del torso. Las líneas de una armadura que conocía mejor que su propia sombra.
Los Vehicons a su alrededor se detuvieron, observando en silencio. Nadie se atrevió a decir nada cuando el líder aéreo de los Decepticons se arrodilló sobre el hielo, con las manos aún aferradas al metal helado.
Su óptico se clavó en el rostro inerte de Skyfire, esperando, ansiando ver siquiera el más mínimo indicio de luz en sus ópticos apagados.
Nada.
Pero estaba allí.
No muerto.
Ni perdido.
Vivo...
La presión en su pecho se volvió insoportable. El tiempo pareció ralentizarse mientras las sombras del pasado lo alcanzaban de golpe, recordándole aquella noche en la tormenta, la desesperación, la impotencia, la promesa que no había cumplido.
Y ahora... ahora lo había encontrado.
No iba a perderlo de nuevo.
Finalmente, cuando el último rastro de nieve cayó de su compañero, la tormenta que rugía a su alrededor comenzó a ceder, como si el mismo planeta estuviera conteniendo la respiración ante el momento.
Starscream cerró los ópticos por un instante, aspiró con fuerza y se obligó a levantarse.
No podía permitirse la debilidad.
No aquí.
No ahora.
Pero su chispa, por primera vez en cuatro millones de años, ardía con una emoción que no era odio, ni rabia, ni ambición.
Era algo mucho más profundo...
Algo olvidado...
.
.
.
.
.
.
.
.
Skyfire estaba tendido en una litera, el sonido metálico de sus sistemas reparándose llenaba la habitación. Su cuerpo, cubierto de parches y dispositivos médicos, aún mostraba signos de los años perdidos, pero lo más importante era que seguía en linea. A pesar de su desconcierto y la niebla que envolvía su mente, una parte de él sabía que estaba siendo cuidado.
Los primeros pensamientos que cruzaron su mente fueron confusos: ¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado? ¿Cómo... llegué aquí?
Un suspiro resonó en sus labios, y cuando sus ópticos finalmente comenzaron a enfocarse, lo primero que vio fue una luz tenue, la sala llena de maquinaria y la figura de un mech moviéndose cerca de su lado. Su sistema aún estaba reiniciándose, los datos llegaban en fragmentos desordenados, pero antes de que pudiera procesar su entorno, algo más captó su atención.
Una voz.
Estridente, afilada, autoritaria.
¿Starscream...?
Skyfire parpadeó, confuso. La reconocía... o al menos, una parte de él lo hacía. Pero no era exactamente la voz que recordaba. Había un filo distinto en ella, una dureza que antes no estaba ahí.
-Revisen todos sus sistemas inmediatamente. No quiero retrasos ni excusas, -ordenó la voz con un tono gélido y afilado. -Si algo falla, más vale que lo arreglen ya.
Era una exigencia, una amenaza apenas velada dirigida al médico que lo atendía.
Skyfire intentó moverse, pero su cuerpo apenas respondió. Sus circuitos zumbaban con un letargo incómodo, y cuando finalmente logró girar la cabeza, su óptico se fijó en la figura de quien había hablado.
Starscream.
La imagen lo golpeó con una extraña sensación de desconcierto. Su estructura era la misma, pero al mismo tiempo, algo era diferente. Su porte, su mirada, la forma en que se mantenía de pie con una arrogancia aún más marcada de la que Skyfire recordaba.
No podía entenderlo del todo. Para él, apenas habían pasado unos momentos desde aquella tormenta, desde el accidente. Pero este Starscream... su expresión, su aura... era como si hubieran pasado eones.
Skyfire no pudo evitar mirarlo fijamente, intentando descifrar lo que estaba viendo.
Starscream también lo observó por un instante, su expresión ilegible, sus alas apenas moviéndose en un tic casi imperceptible antes de volver a mirar al médico con frialdad.
— ¡Lárgate! —dijo, su voz cargada de autoridad, sin permitir que el médico pudiera decir una sola palabra más.
Knockout, que estaba de pie junto a ellos, parpadeó incrédulo antes de cruzarse de brazos con visible indignación.
— ¡¿Perdón?! ¿Me estás echando de mi propia enfermería? —protestó, alzando una ceja con una mezcla de exasperación y ofensa.
— ¡Sí, largo! —replicó Starscream con un tono cortante, sin dejar espacio para más discusión.
Knockout chasqueó la lengua y puso las manos en sus caderas, claramente fastidiado.
— Oh, claro, cómo no, porque ahora resulta que tú sabes más sobre medicina que yo -espetó, rodando los ópticos—. ¡Fantástico! Ya que estás tan interesado, ¿Por qué no te pones la bata y lo atiendes tú mismo?
Starscream lo fulminó con la mirada.
— ¡QUE. TE. LARGUES!
Knockout exhaló un suspiro dramático, alzó las manos en un gesto de rendición y comenzó a caminar hacia la puerta.
— De acuerdo, de acuerdo, lo que digas, Segundo al mando —musitó con sarcasmo—. Pero si lo rompes más, tú lo arreglas.
Con una última mirada entre divertida y fastidiada, Knockout salió de la sala, dejando solo un eco de sus pasos.
Skyfire observó toda la escena en silencio, su procesador aún aturdido, pero una sensación incómoda se asentó en su chispa. Ese no era el Starscream que había conocido. Había algo en su tono, en la forma en que su autoridad no admitía réplica, en la crudeza con la que había echado al médico sin dudarlo.
Un escalofrío recorrió su estructura.
No, definitivamente ese no era el mismo mech de antes.
Ahora, solo quedaba Starscream, que se acercó a la mesa donde yacía Skyfire. La tensión en el aire era palpable. Skyfire, aún aturdido, intentó alzar la vista, pero sus ópticos eran lentos, incapaces de enfocarse correctamente.
Starscream se quedó en silencio por un momento, observando con algo que Skyfire no podía interpretar del todo. Luego, suavemente, su voz cortó la quietud de la habitación:
— Skyfire... —dijo Starscream, su voz firme pero con un matiz contenido. Se acercó sin vacilar, dejando que el silencio se instalara entre ellos mientras sus ópticos se encontraban por primera vez en lo que para Skyfire habían sido apenas unos instantes, pero para Starscream, una eternidad.
Skyfire parpadeó, tratando de enfocarse. Su sistema aún estaba reiniciándose, su mente luchando por aferrarse a la realidad.
— ¿Dó... dónde estoy...? —logró articular, su voz más débil de lo que le gustaría. Todo se sentía pesado, su cuerpo tenso, agotado. Ni siquiera estaba seguro de si su pregunta tenía sentido.
Starscream soltó un bufido, cruzándose de brazos mientras lo miraba con una mezcla de exasperación y algo más difícil de identificar.
— En una base Decepticon, obviamente. ¿O acaso esperabas despertar en algún idílico refugio Autobot, con Ratchet cuidando de ti y dándote energón caliente?
Skyfire parpadeó de nuevo, más confundido que antes. ¿Autobot? ¿Decepticon? ¿Se suponía que eso significaba algo? ¿Y quién demonios era Ratchet? ¿Era importante? ¿Debería preocuparse por no saberlo?
Su procesador tardó unos segundos en intentar encontrar respuestas, pero nada le venía a la mente. De hecho, lo único que logró pensar fue: ¿Energón caliente? ¿Eso se come?
Antes de que pudiera abrir la boca para preguntar, Starscream ya se estaba acercando a él, revisando algo en su brazo con un toque sorprendentemente cuidadoso, en completo contraste con su tono despectivo.
— Encontramos tu señal y vinimos a buscarte -continuó, sin apartar la vista de lo que hacía-. No porque fuera una prioridad, claro, sino porque no podía permitir que algo tan... valioso se desperdiciara en el hielo.
El sarcasmo en su voz era evidente, pero Skyfire apenas tenía la capacidad de analizarlo. Todavía estaba intentando entender qué era lo que acababa de decir.
— ¿Cómo...?
— ¿Cómo qué? ¿Cómo sigo aquí? ¿Cómo sigues vivo? ¿Cómo demonios es posible que sigas igual de tonto? -Starscream dejó escapar una risa seca, sin humor, pero sus manos se mantuvieron firmes en su tarea, asegurándose de no lastimarlo más de lo necesario—. Ahórrate las preguntas. No tengo tiempo ni paciencia para responder cada una de tus dudas existenciales.
Skyfire quiso protestar, pero su cuerpo todavía se sentía pesado y lento, como si estuviera luchando por volver a funcionar correctamente.
Starscream, sin embargo, pareció darse cuenta de su incomodidad. Sus alas se movieron con un tic imperceptible antes de que se obligara a apartar la vista, como si no quisiera que nadie-ni siquiera él mismo-notara cuánto tiempo había pasado observándolo.
— Tsk. No tienes que decir nada —murmuró, su voz más baja ahora, con una especie de cansancio disfrazado de impaciencia—. Solo... descansa. Ya bastante problema ha sido todo esto como para que ahora colapses en mi guardia.
Skyfire, a pesar de la debilidad que aún lo consumía, no pudo evitar una pequeña sonrisa.
Estaba agotado. Sus sistemas apenas lograban mantenerse en línea, su mente aún luchaba por comprender todo lo que Starscream le había dicho-Autobots, Decepticons, Ratchet... nada de eso tenía sentido. Era como si alguien hubiera reescrito la realidad mientras él dormía, llenándola de términos extraños que no significaban nada para él.
Pero al final, nada de eso importaba.
Porque lo único que realmente resonaba en su chispa era que Starscream estaba ahí. Después de tanto tiempo-o al menos, lo que para él habían sido solo segundos o días de soledad en la tormenta-Starscream estaba frente a él. Vivo. Real.
Y eso, por ahora, era suficiente.
— Nunca pensé que te vería otra vez... —susurró, su voz apenas un eco débil. Pero su chispa brillaba con una calidez innegable.
Sus ópticos se suavizaron mientras miraba a Starscream, y a pesar del agotamiento, una sonrisa genuina se formó en su rostro.
— Estoy... feliz de verte, Starscream. Realmente... feliz.
Starscream parpadeó.
Lo miró por un segundo, completamente inmóvil. Luego, su expresión se torció en algo entre incredulidad y sospecha.
— Tsk. No me digas que el déficit de energón ya te está afectando la lógica -murmuró, cruzándose de brazos, pero sin apartar la vista de él—. ¿O acaso te golpeaste la cabeza más fuerte de lo que pensaba?
Skyfire apenas registró el comentario, su mente demasiado centrada en la presencia del mech frente a él como para procesar el sarcasmo con el que lo dijo.
Starscream entrecerró los ópticos, analizando su expresión. Había esperado que Skyfire estuviera confundido, molesto incluso... pero no esto. No esa calma, esa sonrisa que parecía provenir de lo más profundo de su chispa.
Algo en su núcleo se tensó.
— Hmph, definitivamente estás delirando -farfulló, como si intentara convencerse a sí mismo de que eso era todo—. ¿Feliz? ¿De verme a mí? Pff, sí, claro. Ya veremos cuánto te dura esa emoción cuando termines de procesar dónde estás.
Pero aunque su tono era mordaz y lleno de escepticismo, sus acciones seguían delatándolo. Su ala se movió en un tic nervioso, y por un breve instante, su mano se mantuvo cerca de Skyfire, como si, a pesar de todo, necesitara asegurarse de que aún estaba ahí.
Skyfire sonriendo, después de tanto tiempo, después de todo lo que había pasado... Eso era algo que nunca había imaginado. No lo merecía. No lo había merecido entonces, y lo sabía. Pero aún así, allí estaba.
Starscream tragó saliva, luchando contra la sensación de calor en su pecho, la mezcla de emoción reprimida y la ira que siempre había guardado hacia sí mismo. Quiso hablar más, pero las palabras se quedaron atoradas en su garganta. El alivio de verlo a salvo, de tenerlo nuevamente frente a él, casi lo desbordaba.
Finalmente, después de un largo suspiro, sus labios se curvaron en una expresión amarga y casi afectuosa.
—Eres... un estúpido. —La palabra salió con una suavidad que sorprendió incluso a él mismo. Su voz temblaba ligeramente, pero se mantenía firme. —Descansa. —ordenó, su voz volviendo a ese tono autoritario que lo caracterizaba—. Después hablaremos.
Skyfire, aunque aún confundido y con el cuerpo debilitado, asintió lentamente. Cerró sus ópticos, permitiendo que la calma lo envolviera por un momento, tan escasa y preciada en los últimos años. Sintió la fatiga inundar cada parte de su ser, y sin poder evitarlo, se permitió descansar, con su procesador aún girando con todo lo que había sucedido.
Antes de que pudiera inclinarse a la recarga, sintió una leve presión en su mano. La mano de Starscream, firme pero sorprendentemente suave, se posó sobre la suya. Era un toque sutil, como si le estuviera dando un pequeño recordatorio de que no estaba solo, de que su regreso no había pasado desapercibido.
Aún demasiado débil, apenas pudo responder con la misma fuerza. Su mano tembló ligeramente al intentar devolver el gesto, pero lo hizo, una conexión silenciosa que hablaba más de lo que las palabras podían expresar. Con esa pequeña interacción, permitió que la paz lo envolviera, comenzando su recarga.
.
Starscream permaneció allí toda la noche, su mano firmemente entrelazada con la de Skyfire, como si aferrarse a él fuera la única forma de asegurarse de que todo esto no fuera un sueño. No se movió, ni una sola vez, aunque el cansancio lo invadía. La quietud de la sala médica se llenaba de un silencio denso, solo interrumpido por el suave zumbido de los sistemas de recuperación de Skyfire.
Nadie se atrevió a entrar. Los Decepticons sabían lo que significaba ese momento, y Starscream lo hizo claro con una mirada: Ningún mech o femme se acercaría. La noche pasó lentamente, pero él no podía permitir que nadie interfiriera, que alguien lo separara de él, ni siquiera por un instante. Estaba allí, aferrándose a la última oportunidad de no perderlo nuevamente.
.
.
.
.
.
Los días pasaron en la Nemesis, y con cada amanecer, Skyfire comenzaba a recuperar más de lo que había perdido. Su cuerpo, aunque aún marcado por el tiempo que había estado enterrado, respondía cada vez mejor a los tratamientos. Los médicos seguían monitoreando su progreso, pero era evidente que la chispa de su antigua vitalidad había regresado. Con sus sistemas restaurados, se dedicó rápidamente a sus tareas como científico, reconociendo que su conocimiento y habilidades eran más cruciales que nunca para los Decepticons.
No era extraño que Starscream apareciera en el laboratorio de Skyfire sin previo aviso, pero lo que sí había cambiado era la frecuencia.
Si no estaba quejándose de algo, estaba presumiendo de algún supuesto logro en batalla. A veces, llegaba echando humo, despotricando sobre los Autobots con una pasión que solo él podía desplegar; otras, su entrada era más teatral, casi como si esperara que todos en la sala se detuvieran solo para prestarle atención.
Y Skyfire, por supuesto, no se inmutaba.
— ¡¿Puedes creerlo, Skyfire?! -exclamó Starscream al irrumpir en el laboratorio, las alas tensas y la mirada encendida con una mezcla de indignación y satisfacción—. Otra vez he tenido que arreglarlo todo yo solo. Mientras Megatron pierde el tiempo con su obsesión por Prime, yo soy quien mantiene este ejército en pie. ¡¿Pero quién recibe el reconocimiento?! ¡Nadie más que él, como siempre!
Skyfire, que revisaba tranquilamente unos gráficos de energía, apenas giró levemente su óptico en su dirección.
—Hm. Ya veo. ¿Otra vez te ignoraron en la reunión de estrategia? —preguntó con una neutralidad perfectamente ensayada.
Starscream resopló, cruzándose de brazos.
— ¡Ni siquiera fue una reunión de verdad! Shockwave estaba ahí, farfullando sobre tácticas de eficiencia y ecuaciones ridículamente complejas que solo él entiende, y Soundwave, bueno... ¡Soundwave solo asiente como si eso contara como aportar algo!
Skyfire reprimió una sonrisa. No era muy distinto a cuando Starscream se quejaba de los políticos en sus días en Vos, clamando que los impuestos para exploraciones científicas eran injustos y que los materiales para las naves espaciales se habían encarecido demasiado. Entonces, su rabia se dirigía a burócratas que nunca habían puesto un pie fuera de Cybertron; ahora, su furia se centraba en los Autobots y en la incompetencia de sus compañeros.
Curioso cómo algunas cosas nunca cambiaban del todo.
— Tienes razón, suena insoportable. Casi tanto como cuando te quejabas de la subida de precios en el mercado de aleaciones raras —comentó con tono despreocupado, sin apartar la vista del monitor.
Starscream lo fulminó con la mirada.
— ¡Eso fue un problema real, Skyfire! ¿Sabes cuántos créditos costaba el energon refinado en esos días? ¡Una fortuna! Pero al menos entonces tenía sentido quejarse, ahora... ¡Ahora tengo que lidiar con idiotas que no tienen idea de lo que hacen!
— Sí, sí, el peso del mundo sobre tus alas —murmuró Skyfire, terminando su análisis.
Starscream chasqueó la lengua, pero no se fue. Al contrario, se apoyó en una mesa cercana con los brazos cruzados, observando lo que hacía.
Esa era otra cosa que había cambiado.
Antes, Starscream podía hablar durante horas sobre política, injusticia y su genio incomprendido, pero cuando Skyfire se sumergía en su trabajo, rara vez se quedaba más de lo necesario. Ahora, en cambio, lo hacía con más frecuencia, y aunque nunca lo admitiera, parecía encontrar en el laboratorio una especie de refugio.
Skyfire no lo comentó. No tenía sentido hacerlo.
— ¿Y bien? —preguntó Starscream tras unos segundos de silencio—. ¿Cómo va todo?
Skyfire no le respondió de inmediato, concentrado en los datos del mapa digital. Finalmente, suspiró.
— Más o menos —respondió—. Si realmente queremos ganar esto, necesitaremos más recursos. Algo más grande.
Starscream asintió, su expresión perdiendo un poco de su altivez y volviéndose más seria.
— Lo conseguiremos —dijo con una seguridad que a Skyfire casi le resultó divertida. Luego, con un gesto altanero, añadió—. Aunque, claro, todo sería mucho más fácil si ciertas personas dejaran de ser tan incompetentes.
Se cruzó de brazos, meditando por un segundo—. Ahora que lo pienso, Soundwave me dijo que si necesitabas algo para tus investigaciones, podía incluirlo en el próximo envío. Quizás puedas añadir algunos componentes para reforzar la matriz de energía. O, quién sabe, un par de drones con más cerebro que Knock Out.
Skyfire lo miró de reojo, una sonrisa apenas contenida curvándole los labios. No podía evitarlo: Starscream estaba tan confiado, tan absorto en su propio plan, que era el momento perfecto para gastarle una pequeña broma —como solía hacer cuando ambos eran científicos en Cybertron.
— Bueno, no lo sé... —empezó, fingiendo pensarlo un momento, como si buscara algo lo suficientemente ingenioso—. Si realmente quieres ayudar... podrías empezar por dejarme en paz por un rato —dijo, encogiéndose de hombros con falsa indiferencia. Luego, como para enfatizar su punto, levantó una mano e hizo un gesto de 'desaparece'.
Starscream parpadeó, ofendido.
— ¡¿Perdón?! ¿Acaso no acabas de decir que necesitabas ayuda?
— Sí, pero no de ti —replicó Skyfire con una sonrisa burlona.
Starscream abrió la boca para soltar una réplica, pero terminó cerrándola, chasqueando la lengua con dramatismo.
— ¿De verdad? —repitió, con un tono que oscilaba entre la incredulidad y el ligero fastidio.
Skyfire apenas le dirigió una sonrisa.
— Tal vez incluso podrías intentar no ser tan... ¿Cómo decirlo? ¿Tan brillante todo el tiempo?
Sin embargo, al ver la sonrisa maliciosa en el rostro de Skyfire, un leve resplandor de comprensión cruzó por su mente. Entonces, las últimas palabras de Skyfire lo tomaron completamente desprevenido.
—¡HEY! ¡No te creas tan importante, pedazo de chatarra!
La broma rompió la seriedad del momento con una torpeza que descolocó a Starscream. Parpadeó, confundido por un segundo.
— ¿Qué clase de chiste fue ese? ¿Sigues siendo igual de malo para el humor o era en serio?
Skyfire se encogió de hombros con inocencia exagerada, pero no pudo ocultar la risa que le subía por el pecho.
Starscream, en lugar de sentirse ofendido, sintió una mezcla desconcertante de frustración y diversión. El comentario había sido absurdo, pero... cálido.
— ¡Vas a arrepentirte de eso! —dijo, fingiendo indignación mientras trataba de no sonreír.
Skyfire soltó una risa suave, disfrutando de la ligera molestia que había causado en Starscream. — Vamos, Star, ¿Tan sensible eres ahora? Sabes que te aprecio, incluso si no lo demuestro con tanto entusiasmo, —dijo con un tono burlón, dejándole claro que la broma era solo eso.
Starscream frunció el ceño al escuchar aquellas palabras. Su actitud de superioridad se intensificó, y su expresión se tornó aún más arrogante. Se cruzó de brazos con una postura tan altiva que parecía desafiar cualquier intento de cuestionarlo.
— ¿"Te aprecio, incluso si no lo demuestro con tanto entusiasmo"? —replicó, su voz cargada de desdén, mientras se acercaba un paso hacia Skyfire. — ¿Qué demonios significa eso?
Skyfire, viendo la reacción de Starscream, no pudo evitar una sonrisa divertida. — Oh, vamos, Star.
— ¡No me llames Star! —interrumpió de inmediato, hinchando el pecho con aire de absoluta importancia. — Soy tu superior, Skyfire. El segundo al mando de los Decepticons, líder supremo de los Seekers, estratega sin igual, genio de la aviación, el guerrero más letal que haya surcado los cielos de Cybertron...
Se tomó un momento para dramaticidad, levantando la barbilla con altivez antes de continuar:
— ¡Futuro líder de los Decepticons! ¡Próximo gobernante de Cybertron! ¡Y algún día, conquistador del universo entero!
Skyfire parpadeó.
— ...Vaya, parece que has cambiado tus aspiraciones desde la última vez que nos vimos.
Starscream hizo un ademán teatral con la mano, como si el comentario fuera innecesario.
— Por supuesto, era inevitable.
Skyfire se llevó una mano al rostro, reprimiendo la risa.
— Claro, inevitable, —repitió, divertido. — Ahora dime, oh gran conquistador del universo, ¿Quieres dejarme trabajar en paz o debo prepararme para escuchar tu discurso de victoria durante el resto del ciclo?
Starscream chasqueó la lengua, pero no se movió ni un milímetro.
— ...Solo si admites que mi grandeza te inspira.
Skyfire soltó una carcajada baja.
— Seguro, mi Lord. Lo que tú digas.
Por un instante, Starscream pareció complacido con el título, su pecho hinchándose con orgullo. Pero luego sus ópticos se entrecerraron con suspicacia, como si algo no encajara del todo.
— Espera un momento... —murmuró, inclinándose hacia él, con el tono de alguien que acaba de detectar una herejía personal. — ¿Crees que voy a tolerar semejante insolencia envuelta en falsa cortesía? ¿A mí?
Con un movimiento dramático de muñeca, extendió la mano hacia el aire, como si apartara de sí una ofensa imperdonable.
— Puedo despedirte en un abrir y cerrar de ópticos, —dijo con una sonrisa altanera, moviendo los dedos de su mano con un gesto de desprecio absoluto. — Mandarte a volar al espacio, convertido en chatarra, si me lo propongo.
Skyfire, sin inmutarse, apoyó un codo en la mesa y descansó su mentón en su mano, observándolo con la misma paciencia de quien escucha a un noble hacer un discurso sin fin.
Lo miró, los ópticos brillando con un toque de diversión. — ¿Sí? ¿Y qué harías sin mí, eh? —replicó, levantando una ceja.
Starscream, aunque un tanto irritado por el desafío, no pudo evitar sonreír, disfrutando de la energía que Skyfire aportaba, incluso si se trataba de una broma en medio de todo lo que los rodeaba. — No te olvides de quién te salvó, Skyfire, —dijo con una sonrisa ladeada, pero en sus ópticos se reflejaba una pizca de sinceridad. "Lo que yo haga ahora, es por ti. Recuerda eso."
Skyfire lo miró por un momento, un brillo de comprensión en sus ojos, antes de encogerse de hombros. — Ya, ya. No te hagas el héroe, —dijo con un tono ligero. — Lo importante es que estamos aquí. Y eso, amigo mío, vale más que todo el espacio.
Starscream permaneció en silencio por un momento, sorprendido por las palabras de Skyfire. La intensidad de su mirada parecía ir más allá de la simple conversación. Algo en sus ópticos reflejaba una calma nueva, como si, por primera vez, pudiera entender lo que había estado perdiendo todo este tiempo. Pero cuando Skyfire volvió a su trabajo, regresando a lo que hacía antes, esa pequeña burla que había lanzado, Starscream se dio cuenta de que, sin quererlo, había sido callado.
"Lo importante es que estamos aquí..." La frase de Skyfire resonó en su mente. Y por un instante, todo lo demás pareció desvanecerse. La guerra, las luchas, las tensiones... todo desapareció, y lo único que importaba era el mech que tenía al frente, tan cercano y tan inalcanzable, pero finalmente presente.
Skyfire no se percató de la quietud de Starscream, concentrado en lo que hacía, convencido de que aquello era solo un sueño del que no quería despertar. ¿Cómo podría ser real que estuviera aquí, bromeando y sonriendo con el mech que había perdido tantos años atrás? El sonido de la nave, las conversaciones a su alrededor, todo parecía haberse desvanecido. Solo estaba él y Starscream, compartiendo un espacio que, antes, parecía impensable.
Starscream lo observaba de reojo mientras Skyfire volvía a trabajar, sus ópticos brillando con una mezcla de admiración y algo más, algo que no estaba dispuesto a admitir ni siquiera ante sí mismo. ¿Era posible que, después de tanto tiempo, todo lo que había hecho, todo lo que había soportado, hubiera valido la pena solo para este momento? La idea de que ambos pudieran volver a estar juntos, no solo como aliados, sino de alguna forma más... eso le daba vueltas en su procesador.
No sabía cómo seguir adelante con esto. Estaba tan acostumbrado a ser arrogante, orgulloso, pero ahora que Skyfire estaba aquí, tan cerca, tan vivo... todo eso se desvanecía. No sabía si lo que sentía era simplemente el alivio de haberlo encontrado o algo más profundo. Quizás estaba demasiado asustado de reconocerlo, pero por una vez, no quería irse.
Se quedó allí el resto de su tiempo libre, en silencio, sin interrumpir a Skyfire, solo disfrutando de la rara paz que le ofrecía la compañía del mech que tanto había perdido...
.
.
.
Y así siguieron sus días a bordo de la Nemesis. En los laboratorios, el trabajo se convirtió en un espacio de encuentro y diálogo-discuciones entre Starcream y Skyfire. Aunque sus conversaciones a veces comenzaban con temas científicos, con Skyfire explicando alguna fórmula o teoría complicada, pronto se deslizaban hacia discusiones más ligeras, bromas y una camaradería que hace mucho tiempo no experimentaban.
Starcream, quien siempre había sido el líder solitario, comenzó a relucir en su papel de científico, compartiendo ideas, experimentando junto a Skyfire, y redescubriendo su pasión por el conocimiento que pensaba que había perdido.
Las largas horas de trabajo se aliviaban con risas y conversaciones sobre temas ajenos a la guerra y los Decepticons. Bromeaban sobre sus experimentos, se molestaban mutuamente por las pequeñas imperfecciones en sus teorías, y entre tragos de energon, Starcream dejó atrás la antipatía que lo había caracterizado, volviendo a ser el mech que disfrutaba de la ciencia, el descubrimiento y, por primera vez en mucho tiempo, de la compañía.
Este cambio no pasó desapercibido para los demás. Nadie podía sacarlos de su burbuja. En el fondo de su chispa, Starcream había encontrado una forma de ser feliz, aunque fuera en estos pequeños momentos robados entre los escombros de una guerra interminable. Incluso Megatron, que nunca había sido aficionado a la idea de la colaboración entre sus subordinados, notó el cambio. Algo en Starcream había cambiado, y de alguna manera, ese nuevo comportamiento le agradaba. El mech que antes siempre estaba conspirando, que vivía para los planes más perversos y traicioneros, ahora parecía ser más... efectivo. Había algo en su enfoque que lo hacía más valioso, no solo como un sirviente "leal", sino como un aliado digno.
El Starcream de ahora no solo era más tolerable; era útil. No solo cumplía con sus tareas, sino que las hacía bien. Y a Megatron le convenía tenerlo cerca, sobre todo cuando los resultados hablaban por sí mismos. El viejo Starscream, lleno de ira y ambición desmedida, había sido reemplazado por un nuevo modelo, uno más centrado, incluso un poco más confiable.
Los Decepticons no podían evitar notar la diferencia. El ambiente en el Nemesis había cambiado. Incluso aquellos que antes se mantenían distantes de Starcream, ahora lo trataban con un respeto tácito. Y si bien aún existían las tensiones en las filas, nadie podía negar que este nuevo Starcream era más tolerable, más efectivo, y, sobre todo, mucho más interesante que el viejo.
.
La tarde en la Nemesis transcurría con el zumbido constante de la maquinaria en el laboratorio, acompañado por los ocasionales suspiros frustrados de Skyfire. Frente a él, un experimento que se negaba a cooperar.
— No lo entiendo —murmuró Skyfire, frunciendo el ceño mientras ajustaba los controles del microscopio con sumo cuidado. Su tamaño hacía que el delicado instrumento pareciera un simple juguete atrapado entre sus enormes servos, y cada ajuste requería de una precisión que claramente ponía a prueba su paciencia.
Starcream, observándolo de reojo, tuvo que reprimir una risa burlona. La imagen de un mech tan grande y formidable tratando de maniobrar con algo tan diminuto le resultaba absurdamente cómica. Sus labios se curvaron apenas en una sonrisa ladina mientras fingía toser para disimular su diversión.
Skyfire, ajeno a la burla, soltó un suspiro frustrado y apoyó su frente en una mano.
— Esto no tiene sentido... Hice los cálculos tres veces, ajusté cada variable y aun así el resultado sigue siendo errático. —Su tono estaba cargado de exasperación mientras tamborileaba los dedos contra la mesa con impaciencia.
Volvió a inclinarse sobre el microscopio, murmurando para sí mismo, con sus alas de vuelo cayendo levemente en señal de frustración.
Starcream alzó una ceja con altivez y cruzó los brazos.
— Déjame ver —dijo con su usual tono arrogante, acercándose con aire de superioridad.
Skyfire apenas reaccionó, demasiado concentrado en su problema, mientras Starcream se ubicaba a su lado, empujándolo ligeramente con el codo.
—Dame espacio —exigió, sin perder la oportunidad de reafirmar su autoridad.
Skyfire, sin cuestionarlo, se movió apenas, permitiendo que Starcream se inclinara sobre la mesa y tomara el microscopio. Con paciencia —aunque no sin su característico aire de superioridad—, Starscream ajustó el enfoque, murmurando para sí mismo mientras analizaba la muestra.
Codo a codo, Skyfire observaba con atención, inclinándose ligeramente para seguir cada uno de sus movimientos. Su frustración inicial se transformó en curiosidad cuando vio a Starscream maniobrar con precisión, su experiencia en la materia evidente en cada pequeño ajuste que realizaba.
El más pequeño de los dos ajustó la lente y tras unos segundos, dejó escapar un sonido de comprensión.
— Ya veo en dónde está el problema -anunció con satisfacción, esbozando una sonrisa autosuficiente, saboreando el momento en el que demostraría su superioridad—. No estás...
Pero justo cuando alzó la vista para asegurarse de que Skyfire le prestara atención, todo rastro de triunfo murió en su glosa.
No esperaba encontrarlo tan cerca.
Apenas a unos centímetros de distancia, los ópticos de Skyfire estaban clavados en él, expectantes. La cercanía era repentina, íntima sin intención, pero lo suficiente para que Starcream sintiera un golpe inesperado en su sistema.
Los ópticos de Skyfire, de un azul profundo y brillante como el núcleo de una estrella lejana, lo miraban con atención genuina, con una intensidad que Starcream no esperaba. Había algo en ellos, una calidez, una curiosidad inquebrantable, como si estuviera viendo más allá de su armadura, más allá de su arrogancia y de todo lo que fingía ser.
Por un momento, su chispa titiló con una sensación extraña, y el cálido flujo de energón subió sutilmente a su rostro, reflejándose en un leve brillo azul en sus placas faciales.
— Tsk... —chasqueó, girando bruscamente su cabeza hacia otro lado, como si así pudiera ignorar la situación.
Primus, que Skyfire no se dé cuenta. Por todos los engranajes del universo, que no lo note.
Starcream se maldijo internamente mientras su propio sistema se regulaba con más esfuerzo del que estaba dispuesto a admitir. Lo último que necesitaba era que Skyfire lo mirara de esa forma otra vez, con esos ópticos azules tan malditamente brillantes, tan llenos de atención y... No. No iba a pensar en eso.
Si había algún dios cósmico en ese momento observándolo con diversión, Starcream lo habría amenazado con su propio puño.
Pero en lugar de apartarse, respiró hondo y continuó como si nada hubiera ocurrido, recuperando su tono habitual de superioridad.
— El problema es que no estás calibrando bien la mezcla. Tu proporción de energon sintético está ligeramente desviada —explicó, señalando con una garra el visor del microscopio—. Si reduces la densidad en un 0.3% y ajustas la presión, obtendrás la reacción que esperas.
Skyfire, aún sin notar la incomodidad de su compañero, asintió lentamente, procesando la información.
— Eso tiene sentido... —murmuró, volviendo su atención al experimento.
Mientras tanto, Starcream mantuvo la vista en cualquier dirección que no fuera Skyfire, intentando disipar la sensación de calor que aún persistía en su sistema.
Starcream dio un paso atrás, dándole espacio a Skyfire para que volviera a mirar por el microscopio. Aprovechó el movimiento para apartarse discretamente, tomar distancia y, con ello, disipar esa sensación que aún recorría su sistema.
Se cruzó de brazos, adoptando una postura más altiva para recuperar la compostura.
— Se acabó mi hora de descanso —anunció con fingida indiferencia—. Debo volver.
Skyfire, que seguía inclinado sobre el microscopio, levantó la cabeza apenas al escucharlo.
— ¿En serio? —preguntó con un tono que, aunque casual, tenía un matiz que hizo que la chispa de Starcream diera un pequeño salto en su pecho.
No respondió de inmediato.
Skyfire, notando el silencio, parpadeó y se apresuró a aclarar—. Digo, es solo que... ha sido bueno tenerte aquí. Ya sabes, trabajando, conversando... no muchos en esta nave se interesan en este tipo de cosas y, bueno, tú sí, y es... interesante, y...
Las palabras empezaron a enredarse entre sí, perdiendo coherencia a medida que hablaba. Era un revoltijo de explicaciones nerviosas que, para cualquiera más, podrían no significar nada. Pero Starcream entendió.
Y eso lo inquietó más de lo que quería admitir.
Se mordió el labio con suavidad, sintiendo el peso de lo que Skyfire realmente intentaba decir. Porque lo entendía. Porque, en el fondo, él también lo sentía. Pero no podía corresponderle. No ahora. No en medio de una guerra.
Así que, con la misma fachada que había perfeccionado durante tantos ciclos, dejó escapar una risa breve, ladeando la cabeza con esa expresión de arrogancia que usaba como escudo.
— No te acostumbres demasiado —soltó con indiferencia, como si su presencia en ese laboratorio hubiera sido un simple capricho pasajero—. Solo lo hago para perder tiempo. No es como si tuviera algo mejor que hacer.
Y sin darle oportunidad a responder, se giró y salió con paso seguro, sin mirar atrás.
Dejó a Skyfire en silencio, con los labios entreabiertos, aún atrapado en el impulso de querer seguir hablando. Solo cuando Starcream desapareció por la puerta, exhaló, bajando la mirada al microscopio sin realmente verlo.
Por alguna razón, la habitación se sintió un poco más vacía.
.
Los días siguientes, Starscream apenas pasó por el laboratorio. Su tiempo se llenaba con misiones cada vez más intensas, volando a través de los cielos, gritando órdenes a los Vehicons, y enfrentándose a los Autobots. Cada misión parecía dejarlo más cansado, más agotado, hasta que sus energías se drenaban, dejando atrás solo una inquietante sensación de vacío.
Al final, terminó en la enfermería, bajo la luz blanca que lo envolvía, mientras su cuerpo se recuperaba. Pero no era solo su cuerpo lo que necesitaba descansar. Sus pensamientos, confusos y enredados, no dejaban de dar vueltas. El ruido de la batalla seguía en su mente, pero la imagen de Skyfire, sus palabras, su cercanía, seguía persistiendo.
Estaba atrapado en un revoltijo de emociones que no entendía bien. Quería corresponder lo que sentía Skyfire, quería volver a aquellos días en los que eran científicos, los dos riendo, bromeando, jugando con sus palabras. Días y noches girando alrededor del otro, sin saber exactamente si era más por la ciencia o por algo más. Pero ahora, entre la guerra, las misiones, y la distancia que él mismo había puesto, no sabía qué hacer.
Para colmo, no solo la guerra y el peso de sus pensamientos lo atormentaban. También tenía que lidiar con el insoportable doctor que no lo dejaba en paz.
Un día, sin rodeos, se acercó a Starscream, observando su rostro con una sonrisa ligera, como si estuviera disfrutando de cada momento.
— Entonces... ¿Qué pasó con tu científico? ¿Eh? ¿Acaso te dejó? —preguntó Knockout, con ese tono inquisitivo, saboreando cada palabra que salía de su procesador.
Starscream frunció el ceño, su chispa chisporroteando con molestia. —¿Mi científico? —escupió con desprecio, la ira contenida en cada palabra. — Acaso se te safo un tornillo? Yo y Skyfire... no somos nada.
Knockout alzó una ceja, visiblemente divertido. — ¿En serio? Pero se veían tan bien juntos... Hasta pensé que eran Conjux Endura.
Las palabras de Knockout hicieron que la chispa de Starscream se encendiera con furia. De inmediato, se puso a la defensiva, como si alguien hubiera tocado una fibra sensible. — ¡No hables tonterías! —gruñó, sus ópticos brillando con desdén. — Eso es lo último que podría hacer, unirme a alguien en ese tipo de... vínculo.
— Lo único que necesito es el poder, —replicó Starscream, su tono cargado de arrogancia, como si sus palabras fueran una verdad absoluta. — Nada ni nadie va a interponerse en eso, ni siquiera Skyfire. Mi camino está claro, Knockout, y ningún obstáculo me detendrá.
Su chispa brilló con intensidad, mientras su rostro se tornaba más grave, la visión de su futuro como líder de los Decepticons tomando forma en su mente.
— ¡Seré el líder de los Decepticons! ¡Y cuando lo sea, todos se arrodillarán ante mí! Nadie más tendrá el control, ni Skyfire, ni Megatron... ¡Solo yo! Y esa es la única distracción que me interesa, Knockout. No perderé mi tiempo con vínculos débiles.
Starscream lo miró con una mirada de absoluta superioridad, como si ya estuviera en la cima de su imperio, dejando claro que sus delirios de grandeza no solo eran una fantasía, sino su destino inevitable.
.
Mientras Starscream paseaba por los pasillos de la Nemesis, inmerso en sus pensamientos de grandeza y poder, una fuerte explosión sacudió los cimientos de la nave. Un retumbante rugido llenó el aire, seguido de un estruendoso sonido metálico que resonó en todo el corredor. Starscream, sorprendido por la violencia de la explosión, reaccionó instintivamente.
— ¡Skyfire! —gritó, su voz rasgando el aire mientras corría hacia el laboratorio.
El humo comenzó a expandirse por la sala, y la luz parpadeó brevemente antes de estabilizarse. Starscream no pudo evitar acelerar el paso, su chispa golpeando con fuerza en su pecho. Cuando finalmente cruzó la puerta, la escena que encontró lo dejó sin palabras.
Entre las sombras del laboratorio, el caos era evidente. Las herramientas esparcidas por el suelo, el aire cargado de polvo y humo, pero lo que realmente llamó su atención fue la figura que apareció de entre el vapor. Skyfire estaba de pie, manchado de hollín, su armadura ennegrecida por el impacto de la explosión, pero, a pesar de todo, llevaba una sonrisa torcida en su rostro. Una sonrisa que, a pesar de lo desordenado y caótico de la situación, parecía un gesto de disculpa.
Starscream, por un segundo, se quedó parado allí, sin saber qué hacer. La furia que había sentido minutos antes, esa necesidad de mantener su dominio y su arrogancia, se desvaneció momentáneamente al ver esa expresión en su rostro. Era como si, por un momento, el mundo se hubiera detenido.
Skyfire, con una risa nerviosa, se encogió de hombros. — Lo siento... Creo que cometí un pequeño error. —Su voz era suave, casi inocente, como si no hubiera causado una gran explosión que podría haber destruido todo a su alrededor.
Starscream lo miró fijamente, su chispa latiendo de una manera incómoda, como si algo en su interior comenzara a tambalear. Sin embargo, su fachada no se rompió. Apretó los dientes, dándose cuenta de que su orgullo seguía intacto, pero en su interior, algo más había comenzado a surgir.
— ¡IDIOTA! —gritó Starscream, su voz llena de furia y una preocupación que trató de ocultar bajo su tono agresivo. Se acercó a Skyfire con pasos rápidos, tomándolo del brazo con tal fuerza que casi lo hizo tambalear. La rabia que sentía por el riesgo innecesario que Skyfire había corrido se reflejaba en su mirada feroz.
— ¡NO TE SALVÉ DE ESE MONTÓN DE HIELO SOLO PARA QUE INTENTES MATARTE EN UN LABORATORIO! —continuó gritando, arrastrándolo por el pasillo sin darle oportunidad de defenderse. Sus palabras eran una mezcla de enojo y frustración, como si fuera incapaz de aceptar lo que Skyfire había hecho. Sin embargo, detrás de la ira, había una capa de preocupación que Starscream no podía esconder, aunque lo intentaba con todas sus fuerzas.
Skyfire, por su parte, no hizo nada más que sonreír de manera torcida, como si la intensidad de las palabras de Starscream no pudiera borrar la satisfacción de ver su preocupación, incluso en medio de la tormenta de regaños.
A medida que avanzaban, Starscream seguía vociferando, cada palabra un reproche, cada frase cargada de la incomodidad que sentía por el hecho de que, aunque lo reprimiera, se preocupaba profundamente por Skyfire. En sus palabras duras y su actitud arrogante, intentaba controlar esos sentimientos, mantener el distanciamiento que tanto había cultivado a lo largo de los ciclos.
Skyfire, a pesar de la reprimenda, no podía evitar sonreír, y aunque Starscream lo arrastraba, se sentía una extraña calidez en sus circuitos. Sabía que, a pesar de la fachada de desdén y superioridad, Starscream no lo dejaría morir. No lo dejaría fallar. Pero aún así, nunca dijo una palabra para romper el ciclo de reclamos. Solo lo seguía, permitiendo que Starscream apretara su brazo con una fuerza que no dejaba lugar a dudas de la intensidad de sus sentimientos.
La distancia que Starscream intentaba mantener era una ilusión, y aunque seguía gritando, algo en su interior se retorcía. No era amor, se repetía a sí mismo. Pero el gesto lo decía todo.
.
Después de aquel incidente, las cosas volvieron a una especie de normalidad. Starscream, aunque seguía regañando a Skyfire, se las arregló para pasar más tiempo con él, en el laboratorio. No porque quisiera, sino porque, en su mente, necesitaba vigilarlo para evitar que cometiera más tonterías como combinar hidrógeno y oxígeno de manera imprudente, algo que, según su criterio, podría haber causado una explosión capaz de destruir todo el laboratorio.
— ¡¿En qué demonios estás pensando?! —gruñó Starscream cada vez que veía a su compañero manejando un nuevo experimento. —¡Eso podría haberte matado!
Pero a pesar de sus palabras, Starcream se quedaba en el laboratorio, observando en silencio, lo que no dejaba de ser una excusa perfecta para mantener cerca a Skyfire y asegurarse de que no hiciera algo tan estúpido nuevamente.
.
Starscream, con un paso ligeramente más firme de lo que su chispa le permitía, se dirigió al laboratorio tras su paso por la enfermería. Las reparaciones eran superficiales, pero aún así le molestaban, algo que intentaba ocultar con cada movimiento. Se sentó sobre una estantería cerca de Skyfire, manteniendo una postura orgullosa, como si nada de lo que había pasado le afectara. Desde allí, observaba a Skyfire trabajar con esa mirada que siempre tenía, con una mezcla de desafío y curiosidad.
Skyfire, al notar la presencia de Starscream, no dijo nada de inmediato. Simplemente movió sus alas en un gesto que, aunque sutil, era una forma de saludo. Sabía que Starcream estaba allí, como si su presencia fuera algo inevitable. Después de unos minutos de escribir en su data-pad, Skyfire se giró hacia él, sus ópticos reflejando una leve sorpresa al ver los parches en su compañero.
— ¿Día difícil? —preguntó, dejando escapar la pregunta con una ligera sonrisa, pero sabiendo que con esas palabras, Starscream probablemente comenzaría a despotricar sobre los Autobots.
Era una invitación silenciosa a que su compañero dejara salir la furia acumulada.
Starscream frunció el ceño ante la pregunta de Skyfire, y con un suspiro de frustración, dejó escapar un resoplido de desprecio.
— Esos Autobobos... —murmuró, usando su palabra favorita con desdén, mientras sus ojos brillaban con furia. — Son como el Senado, creyéndose tan justos y... tan perfectos, — dijo, la ira acumulada dándole un tono mordaz y afilado a su voz. — Actúan como si estuvieran por encima de todos, como si fueran los guardianes de la moralidad, pero en realidad son unos hipócritas.
Se puso en pie de un salto, moviéndose de un lado a otro mientras sus palabras se desbordaban de su boca, cada vez más furioso. Sus manos se movían con agitación mientras hablaba, como si intentaran aplastar las imágenes de los Autobots en su mente.
— No puedo soportarlos. Son como una plaga que no hace más que destruir y retrasar nuestro avance -Su rostro se torció en una mueca, y su chispa brilló con el calor de su furia contenida.
Se detuvo un momento, tomando aire como si estuviera intentando calmarse, pero las palabras seguían fluyendo, incontrolables.
— No puedo quedarme quieto mientras ellos actúan como si todo lo que quiero hacer fuera... innecesario. ¡Que se los lleve el viento!
La última frase salió con fuerza, como un rugido, y al darse cuenta de que aún estaba alterado, intentó retomar la compostura. Pero la furia seguía allí, burbujeando en lo más profundo de su chispa.
Skyfire observó a Starscream en silencio por un momento, el ruido de la furia de su compañero llenando el espacio entre ellos. Sabía que no solo se trataba de los Autobots; Starcream tenía mucho más en juego, mucho más que simplemente una batalla perdida o una misión fallida. Aquello iba más allá de su orgullo, más allá de la guerra. Era la sensación de estar atrapado, de no alcanzar lo que quería, lo que creía merecer.
Skyfire dejó escapar una ligera exhalación y detuvo su mano sobre el data-pad. Sus dedos permanecieron inmóviles sobre la pantalla un momento antes de que, con un gesto casi ausente, lo apartara a un lado. Sus notas ya no importaban. En ese instante, solo había una cosa en su mente.
Starscream
Lo observó en silencio, fijando su mirada en él con una intensidad inusual. No era la primera vez que lo veía consumido por la frustración, pero esta vez era diferente. Había algo más profundo detrás de sus palabras, algo que ardía con un fuego distinto, más personal.
Skyfire respiró hondo, preparando sus pensamientos, sabiendo que lo que estaba a punto de decir probablemente sonaría ridículo para Starscream. Pero aun así, tenía que decirlo...
— Recuerdo los viejos tiempos, Star, —comenzó, su voz algo titubeante al principio. Como si no estuviera seguro de si esto sería bien recibido, pero igual se lanzó. — En Iacon... antes de todo esto. Cuando los Vosianos no eran más que una sombra para el resto de Cybertron. Tú, con tus ideas, con tu actitud...
Hizo una pausa, estudiándolo. No esperaba que Starscream reaccionara de inmediato, así que siguió adelante.
— ¿Te acuerdas de cómo hacías callar a todos? No importaba cuánto nos miraran por encima del hombro o intentaran ignorarnos. Siempre encontrabas algo que decir, algo que los obligaba a escucharte.
La nostalgia en su voz era palpable, pero no era solo eso. También había una especie de admiración latente, una que siempre había estado ahí, aunque tal vez nunca lo había dicho en voz alta.
— Y lo lograste. Callaste a cada uno de los que decían que nunca llegaríamos a nada. Demostraste que la batalla no siempre se gana con la fuerza, sino con lo que llevas en la chispa. Con las decisiones que tomas.
Starscream lo miraba ahora, no con burla ni desdén inmediato, sino con algo más difícil de leer. Skyfire sintió que tal vez estaba pisando terreno peligroso, pero ya no podía detenerse.
Así que, con un tono más bajo, casi como si supiera que lo que estaba por decir provocaría un estallido de ego o una mirada exasperada, continuó:
— Si aquel Starscream pudo hacer eso, ¿Por qué no este?
Le sostuvo la mirada, casi desafiándolo a responder.
Con las últimas palabras, Jetfire no pudo evitar un pequeño rubor, avergonzado por la forma en que iba a plantear las cosas. — Solo... Patea sus molestosas popas y mándalos al pozo, —dijo casi en un susurro, como si tratara de suavizar la metáfora.
Skyfire se preparó para recibir cualquier tipo de respuesta: una burla, una exageración sobre su futura grandeza, o incluso una queja sobre lo tonto y sentimental que sonaban sus palabras. Pero fuera cual fuera la reacción de Starscream, Skyfire no se arrepentía. Porque, después de todo, había dicho la verdad.
Starcream lo miró, la sorpresa claramente visible en su rostro. En su habitual arrogancia, alzó una ceja y sonrió de forma burlona. — ¿Desde cuándo eres tan audaz, Skyfire? —le dijo, cruzándose de brazos, un brillo juguetón en sus ojos.
Skyfire, por un momento, no supo cómo reaccionar. Estaba acostumbrado a la actitud de Starcream, pero este comentario era diferente. Sin embargo, no podía evitar sonrojarse ligeramente ante la burla. — No sé, dicen que uno se adapta a su entorno... —respondió con una sonrisa que intentaba ser más segura de lo que realmente era.
Starcream, aunque siguió sonriendo de manera burlona, no pudo evitar sentir que algo dentro de él había resonado con las palabras de Skyfire. No lo admitiría, por supuesto, pero tal vez, solo tal vez, tenía razón. Tal vez era hora de dejar de lamentarse y, por una vez, demostrar lo que era capaz de hacer.
.
Skyfire no podía evitarlo. Había algo en Starscream que seguía siendo el mismo, incluso después de todo lo que había sucedido. Después de 4 millones de años, de la destrucción de Cybertron, su hogar, de la guerra, y de la brecha que los había separado, Skyfire había vuelto a encontrarse con un Starscream que, aunque diferente, le resultaba extrañamente familiar.
A lo largo de esos días juntos en el laboratorio, compartiendo risas y pensamientos sobre su investigación más reciente, lo había redescubierto en pequeños detalles que no habían cambiado.
Pero en ese redescubrimiento, Skyfire también había notado algo en sí mismo. Algo que lo inquietaba.
Sus alas temblaban.
No era visible a simple vista, pero podía sentirlo. Pequeños espasmos recorriendo su estructura, como impulsos eléctricos sin un destino claro. Un recordatorio de lo que le hacía falta. De lo que su sistema le exigía y él, consciente o no, había estado ignorando.
Skyfire dejó escapar una exhalación y apartó su data-pad con un gesto ausente. Sus dedos se quedaron un momento sobre la superficie antes de finalmente soltarlo, como si en el fondo supiera que no podía seguir distrayéndose con trivialidades. Su mirada, en cambio, se posó en Starscream.
Ese mech, con sus alas tensas y su expresión endurecida, no había cambiado del todo. No importaba cuántas veces lo viera en ese estado, Skyfire siempre podía leerlo con facilidad.
Las alas erguidas, crispadas en una posición de rigidez absoluta.
"Está molesto. Algo lo inquieta. Siempre ha sido así."
El ceño fruncido, una sombra entre sus ópticos que hablaba de más que simples frustraciones momentáneas. Había algo más profundo, algo que Starscream arrastraba consigo desde hacía demasiado tiempo...
"No importa cuánto intente ocultarlo, sus gestos siempre lo delatan."
Y luego estaba su tono de voz. Ese tono estridente, cargado de desdén y arrogancia, que Starscream utilizaba como un escudo contra el mundo. Skyfire había oído ese tono tantas veces que ahora podía distinguir cuándo realmente significaba ira y cuándo era otra cosa. Cuando era frustración. Cuando era miedo. Cuando era tristeza.
"Ese tono... está lleno de cosas que no te atreves a mostrar."
Pero lo que realmente lo desconcertaba, lo que lo mantenía despierto por las noches, eran las reacciones nuevas. Pequeñas diferencias que nunca había visto antes. Tal vez por su propia ignorancia o por su incapacidad de comprenderlas en el pasado.
La forma en que Starscream sonreía cuando recibía un mensaje o cuando alguien lo llamaba para una misión. No una sonrisa burlesca o de satisfacción, sino una sonrisa inquietante. Forzada. Como si supiera algo que los demás no. Como si estuviera ocultando algo.
Cada vez que veía esa sonrisa, Skyire sentía una punzada en su pecho.
"Está a punto de desaparecer otra vez."
Ese pensamiento le revolvía la mente más de lo que quería admitir.
Starscream había seguido adelante, había cambiado, se había adaptado. Pero él... él había estado congelado en el tiempo. Estancado en un ayer que ya no existía. Amando un planeta muerto...
Skyfire sintió un nuevo espasmo recorrer sus alas. Un latigazo de energía descargándose en su armadura.
Había pasado demasiado tiempo en tierra...
Demasiado tiempo sin volar...
Para un Seeker, y para un transbordador como él, eso era una condena silenciosa. La necesidad estaba programada en su sistema, una parte de él tan natural como el propio impulso de moverse. Y sin embargo, ahí estaba, atrapado en un laboratorio, observando a Starscream con un pensamiento que se repetía en su procesador como un bucle constante....
"Él ha cambiado. Yo no."
"Él es diferente. Ya no es el mech que conocí, pero hay algo... algo que sigue siendo él." pensó Skyfire.
Mientras observaba a Starcream, la sensación de estar desfasado lo invadía. En esos 4 millones de años, Skyfire se había mantenido congelado en el tiempo, esperando por una revancha que no se materializó, mientras Starcream, con su arrogancia y su lucha, había seguido su propio camino, acumulando cambios y victorias, pero también pérdidas. Starcream había transformado su dolor en impulso, mientras Skyfire se encontraba atrapado en un ayer que ya no existía.
"Tal vez... tal vez con el tiempo pueda comprenderlo mejor," pensó, aunque algo dentro de él le decía que ya era demasiado tarde. "Él ha cambiado, yo no. ¿Qué puedo hacer ahora?"
En silencio, observó a Starcream desde su lugar, reconociendo las diferencias en su comportamiento, los nuevos gestos que ya no reconocía completamente. A pesar de la dureza, la arrogancia y los gestos que Starcream nunca podría admitir que ocultaban algo más, Skyfire sabía que había algo más en ese mech. Algo que había permanecido intacto a lo largo de los años. Y, aunque se sentía desconectado, incapaz de seguir el ritmo de Starcream, Skyfire no podía dejar de pensar que tal vez, solo tal vez, algo aún podía unirse, aunque fuera de manera diferente.
Pero acaso ...
"¿Todavía hay algo que nos mantenga unidos?"
.
.
.
Starscream se percató de ello demasiado tarde.
El movimiento no era obvio, apenas una pequeña vibración en la armadura de Skyfire, un temblor sutil en sus alas cuando caminaba. Algo que cualquiera podría haber pasado por alto.
Pero Starscream no era cualquiera.
Se reprendió a sí mismo en silencio, sintiendo una punzada de irritación. ¿Cómo no lo había notado antes? ¿Desde cuándo llevaba Skyfire con esos espasmos? ¿Desde cuándo estaba fallando su cuerpo sin que él se diera cuenta?
Frunció el ceño y sin pensarlo, disparó la pregunta:
—¿Desde cuándo tienes esos espasmos?
Skyfire se detuvo por un segundo, como si no esperara la pregunta. Luego, forzó una sonrisa, nerviosa y casual.
— ¿Eh? Oh... no es nada, solo...
Starscream chasqueó la lengua con impaciencia. Cruzó los brazos sobre su chasis, sus ópticos fulgurando con desconfianza.
— No me vengas con excusas.
Alzó una garra y lo señaló de manera acusadora, su tono cortante. A pesar de la diferencia de tamaño, Starscream lo miraba con el ceño fruncido, con la misma intensidad con la que se enfrentaba a un enemigo. Su porte orgulloso contrastaba con la postura de Skyfire, quien, aunque mucho más grande, parecía encogerse apenas, inseguro.
Antes de que Skyfire pudiera terminar su respuesta, Starscream bajó la mano y lo tomó bruscamente del brazo. Sus garras se cerraron con firmeza sobre la fría armadura de su compañero.
— Sígueme —ordenó, jalándolo con una determinación inquebrantable.
— ¿Qué? ¿A dónde...?
— No preguntes. Solo camina.
Sin soltarlo, Starscream se movió con rapidez a través de los pasillos de la Némesis, jalando a Skyfire consigo.
Skyfire parpadeó, completamente desconcertado. No entendía qué se suponía que estaba pasando, pero la forma en que Starscream lo arrastraba, con pasos ligeros y calculados, le decía que aquello no era un simple capricho. Había algo más...
— Starscream, ¿Qué estamos haciendo?
— Ya lo verás.
El tono de Starscream no dejaba espacio para discusión.
Skyfire sentía cómo la tensión en su pecho aumentaba con cada giro que daban. No era solo la sorpresa de haber sido tomado así de improviso; era el sigilo con el que Starscream se movía, la manera en que revisaba cada rincón antes de avanzar. La paranoia latente en sus gestos lo hacía aún más inquietante.
Con cada paso apurado, Skyfire sintió crecer su inquietud. Starscream iba con una precisión que solo podía significar que no quería ser visto.
— Si Lord Megatron nos ve...
Starscream se detuvo de golpe, girando apenas la cabeza hacia él. Sus ópticos fulminaron a Skyfire con una advertencia silenciosa.
— Cierra la boca.
Skyfire cerro su boca, sintiendo la tensión en su estructura mientras avanzaban por zonas cada vez más oscuras. A medida que la temperatura bajaba, un leve sonido de viento comenzó a silbar entre las rendijas de la nave.
~
[Cree esta parte con la canción Wicked game de Chris Isaak] y [Cosmic Currents de The Potion]
~
Finalmente, llegaron a una plataforma en penumbra.
Skyfire, aún recuperando el aliento por la repentina carrera, miró alrededor con desconcierto.
— Starscream... ¿Qué es este lugar?
Starscream no respondió de inmediato.
Se acercó a un panel oculto en la pared y, con un gesto fluido, introdujo una serie de comandos en la consola. Un zumbido suave llenó el aire mientras una compuerta masiva comenzaba a abrirse lentamente, revelando el paisaje más allá. Solo entonces avanzó, permitiendo que la débil luz de los astros iluminara su figura, y alzó su brazo señalando el horizonte.
Skyfire lo siguió con la mirada y entonces... lo vio.
El espacio.
Amplio, profundo, eterno.
Miles de estrellas brillaban en la oscuridad, esparcidas como polvo cósmico. Algunas en grupos formando constelaciones, otras solitarias y distantes. Un planeta sin nombre flotaba a lo lejos, reflejando la luz pálida de un sol que apenas asomaba en el horizonte.
El aire se sintió más liviano.
Skyfire se quedó quieto, permitiendo que la brisa pasara por sus alas, deslizándose entre cada una de sus placas de armadura.
No pudo evitarlo.
Cerró los ópticos y respiró hondo.
— ¿Por qué me trajiste aquí?
Starscream apenas giró la cabeza para mirarlo.
— Porque me niego a verte oxidarte dentro de esa maldita nave.
El comentario tomó a Skyfire por sorpresa.
Ver a Starscream de pie, con el resplandor de las estrellas reflejándose en su armadura. Por un momento, la imagen lo deslumbró, y antes de que pudiera reaccionar, Starscream dio un paso adelante... y saltó al vacío.
Skyfire parpadeó, atónito.
Se apresuró hacia la orilla, asomándose por instinto. Su visor captó de inmediato la figura de Starscream cayendo con elegancia, su silueta recortándose contra el vasto fondo estrellado. Pero entonces, con un movimiento fluido, sus propulsores se encendieron y ascendió de golpe, trazando una curva impecable en el aire hasta quedar a su altura.
Pasó rozando su costado, lo suficientemente cerca como para que el viento de su vuelo agitara sus alas.
— ¿Acaso vas a quedarte ahí parado? —se burló Starscream, su voz vibrante en el comunicador.
Skyfire exhaló, esbozando una pequeña sonrisa.
Una invitación
Sin dudarlo más, tomó impulso, corrió hacia el borde y saltó.
La caída solo duró un instante antes de que sus sistemas entraran en acción. En un movimiento ágil, su cuerpo se transformó, y con un rugido mecánico, se elevó para alcanzar a Starscream.
Y entonces, como en los viejos tiempos, lo siguió...
El vasto espacio se desplegó ante ellos.
El frío del vacío era un contraste con la tibia luz de las estrellas. Sus armaduras brillaban con reflejos plateados y rojizos mientras ascendían, alejándose de la sombra de la nave, de las órdenes, de la guerra...
Como dos amantes escapando en la noche.
Skyfire giró la cabeza para verlo.
Starscream volaba con una gracia casi irreal, cortando el vacío con su silueta aerodinámica, la luz de los astros destellando sobre su fuselaje. Era rápido, demasiado rápido, como si temiera que, si reducía la velocidad, la realidad lo atraparía.
Skyfire lo conocía bien. Sabía que para Starscream, la verdadera libertad solo existía en el cielo. Allí, donde nadie podía alcanzarlo, donde ningún soldado, ningún líder, ningún destino impuesto podía atarlo. Era el dueño absoluto de los cielos, el único que reinaba entre las corrientes y las estrellas.
Y, sin embargo, en este momento, no estaba solo.
Estaba compartiendo ese cielo con él
Y, por un instante, la idea de que Starscream lo hubiera traído aquí simplemente para recordarle lo que alguna vez fueron le estrujó la chispa.
— Sigues mirándome como antes.
La voz de Starscream resonó en su canal privado, con un dejo de diversión.
Skyfire se sobresaltó.
— ¿Qué?
— Siempre me mirabas así cuando volábamos por Vos.
Skyfire sonrió.
— Y tú sigues volando como si quisieras alcanzar las estrellas.
Starscream soltó una risa breve, pero no respondió.
En su lugar, ascendió aún más, atravesando el brillo disperso de un campo de asteroides lejanos. Skyfire lo siguió de cerca.
Skyfire recordó aquellos tiempos, cuando volaban juntos sobre los cielos de Cybertron, cuando no había guerra ni facciones que los separaran. Cuando aterrizaban en alguna estación, reían, bebían energon y discutían sobre exploraciones y descubrimientos.
Cuando podían tocar las estrellas sin miedo a perderse en la oscuridad.
Ahora, mientras ascendían por encima de la órbita terrestre, Skyfire miró a Starscream nuevamente.
Desde su perspectiva, Starscream parecía un meteorito cruzando el cielo. Brillante, veloz, imposible de atrapar.
Y desde las perspectiva de Starcrea, Skyfire parecía la luna.
Imponente, brillante, pero siempre manteniendo su distancia.
Starscream lo observó de reojo mientras volaban, viendo cómo su silueta plateada se deslizaba entre el fulgor estelar. Sus movimientos eran precisos y elegantes.
Por un instante, Starscream recordó todas las veces que lo había visto así, elevándose sobre los cielos de Cybertron, perdiéndose entre las estrellas sin miedo a la inmensidad del espacio.
Y sin embargo, cada vez que regresaba, lo hacía con la misma calma inquebrantable.
La luna, pensó Starscream.
Siempre ahí, siempre orbitando en su propia trayectoria, sin que nada pareciera alterarla.
Y él...
Una estrella fugaz, ardiendo con intensidad, siempre en movimiento, sin un punto fijo al que volver.
Pero aquí, en este momento, estaban juntos.
Dejaron atrás la órbita terrestre, ascendiendo cada vez más. No había sonido, solo el sutil eco de sus sistemas ajustándose a la falta de atmósfera.
A su alrededor, el universo se desplegó en todo su esplendor.
La luz de estrellas lejanas titilaba en la inmensidad del vacío. Constelaciones que alguna vez reconocieron en sus mapas cibernéticos ahora parecían susurrarles promesas de libertad.
Era como en los viejos tiempos.
Cuando no existía la guerra. Cuando volaban por Vos y se deslizaban entre los anillos de algun planeta solo por el placer de hacerlo. Cuando aterrizaban en lunas desconocidas y bebían energón hasta que sus sistemas colapsaban en risas sin sentido.
Cuando podían ser solo ellos.
No un Autobot, ni un Decepticon.
Solo dos exploradores, persiguiendo las estrellas y sus sueños.
Y entonces, sin necesidad de palabras, se transformaron.
Sus formas metálicas se plegaron y cambiaron, transformándose de cazas a mechs con una facilidad instintiva.
Por un instante, flotaron en el vacío.
Sin gravedad. Sin peso.
Sus cuerpos suspendidos, mirándose.
Starscream lo miró.
El sol naciente iluminó la armadura de Skyfire con tonos dorados, reflejando su luz en el cristal de su visor. Por un segundo, parecía el propio astro, un sol frío y silencioso, pero con una calidez escondida que Starscream nunca había sabido describir.
Y antes de que pudiera evitarlo, sintió un deseo enterrado en lo más profundo de su chispa.
Deseaba...
Deseaba que esto nunca terminara.
Skyfire sonrió.
Starscream no se movió.
Solo lo miró, con los ópticos bien abiertos, como si tratara de capturar ese momento en su memoria, de grabarlo en su código para que nunca desapareciera.
Pero entonces, la gravedad reclamó lo que le pertenecía.
Y la caída comenzó.
Starscream sintió cómo el peso del mundo volvía a aferrarse a su chasis, arrastrándolo de vuelta a la realidad, separándolo de ese instante efímero de paz.
Deseó, con cada línea de su código, con cada fragmento de su chispa, que esto nunca terminara. Que el mundo jamás volviera a interponerse entre ellos.
.
— Es hora de que tu científico deje de jugar con sus juguetes, —dijo Megatron con voz baja, pero peligrosa. —Ya basta de juegos, Starscream. Es hora de que Skyfire sirva a la causa.
Starcream sintió como si una parte de él se desmoronara con esas palabras. El labio superior de su boca tembló levemente mientras su postura, normalmente orgullosa, se encorvaba apenas. Era como si alguien hubiera arrancado una parte de su alma, algo que había estado protegiendo a toda costa.
La burbuja que Starcream había creído impenetrable no era algo que él hubiera construido conscientemente, sino una ilusión, una fantasía que había creado en su mente. Había creído, por un breve momento, que podía seguir a su propio ritmo, sin preocuparse por lo que le deparaba el futuro, que él y Skyfire podrían estar en ese pequeño refugio, aislados del resto del caos que gobernaba su vida.
Dentro de esa burbuja, solo existían ellos dos. No había guerra, no había Megatron ni Optimus, no había Decepticons ni Autobots. Solo la quietud de su relación, que, aunque difícil de definir, le ofrecía algo que nunca creyó posible: La sensación de que había algo más allá de la lucha y la destrucción. En esa burbuja, Starcream no tenía que ser el líder de los Decepticons, no tenía que ser el villano, ni el estratega arrogante. Podía ser simplemente él, sin máscaras, sin responsabilidades.
Pero esa burbuja, tan frágil como un sueño, fue destrozada por las garras afiladas de Megatron. La voz de su líder retumbó en sus oídos, con la frialdad de siempre, como un recordatorio cruel de que nada, ni siquiera lo que más deseaba, estaba a salvo en un mundo donde la guerra era la ley. El brillo de esperanza en los ojos de Starcream se apagó momentáneamente al escuchar las palabras de Megatron. Su pequeño sueño se desmoronaba.
— No es un mech de combate, Megatron, —replicó, con la voz más baja, como si en sus palabras estuviera defendiendo no solo a Skyfire, sino a todo lo que había llegado a significar para él. "Él no está hecho para esto."
Pero Megatron no mostró ni una pizca de simpatía. Su rostro era una máscara de furia contenida, y cuando sus ojos se fijaron en Starcream, las palabras que siguieron fueron como un golpe directo al núcleo de todo lo que Starcream había intentado proteger.
—"¿Recuerdas lo que me dijiste sobre él?" dijo Megatron, el tono sarcástico lleno de veneno. —"Dijiste que era rápido aprendiendo, ¿no es así? Pues que aprenda a ser útil para la causa. Tienes un Orn para entrenarlo."
La sentencia fue como un latigazo. Starcream se quedó en silencio, sus alas caídas pesadamente a los lados de su cuerpo. El orgullo que normalmente irradiaba había desaparecido por completo, reemplazado por una mezcla de frustración, tristeza y una angustia que no sabía cómo expresar.
— No puedes hacerme esto, —murmuró Starcream, más para sí mismo que para Megatron, pero sabía que ya no había marcha atrás.
Megatron, sin inmutarse, giró la espalda y dio la orden final, dejando a Starcream atrapado en un torbellino de emociones que lo destrozaban por dentro. Sin embargo, no hubo más palabras. Megatron ya se había ido.
.
Starcream se dirigió al laboratorio con pasos firmes, ocultando las turbulencias internas tras una fachada de indiferencia. Cuando vio a Skyfire trabajando, no dudó en anunciar la noticia, sabiendo que podía sorprenderlo.
—Bueno, parece que finalmente tendrás tu oportunidad, Skyfire. —Starscream cruzó los brazos, inclinando apenas la cabeza con una expresión de falsa indiferencia—. Megatron ha decidido que es hora de que entres en combate. Por fin podrás demostrar si realmente sirves para algo más que flotar como un satélite inútil.
Skyfire parpadeó, sorprendido por la noticia, pero aún más por el tono de Starscream. Había algo en su forma de decirlo, algo que no terminaba de encajar. Como si, bajo su altanería habitual, hubiera un atisbo de otra emoción que no lograba descifrar.
— ¿De verdad crees que... que puedo hacerlo? —preguntó, su voz titubeante.
—Por supuesto, —replicó Starcream, su tono ahora un poco más despectivo. —No es tan difícil, solo tienes que hacer lo que se te diga, seguir instrucciones y, sobre todo, no estorbar. Y si eres rápido, aprenderás, como me dijo Megatron.
Skyfire, aún un poco incrédulo, se sintió extrañamente impulsado por el sarcasmo de Starcream. Sabía que si iba a hacer esto, necesitaba dejar atrás sus dudas. Finalmente, asintió con determinación. — Está bien, Starcream. Estoy listo.
Starcream sonrió para sí mismo, aunque era una sonrisa pequeña, casi imperceptible. — Bien. Comencemos con lo básico.
Con un gesto firme, Starcream le entregó un blaster a Skyfire, mostrando cómo sujetarlo correctamente. — Este es un blaster, no es tan complicado como parece. Solo asegúrate de mantener la mano firme y apretar el gatillo cuando lo necesites. No seas torpe con eso, o terminarás disparándote en el pie.
Skyfire, un tanto nervioso, agarró el blaster con cuidado, siguiendo las instrucciones de Starcream. A pesar de la dureza en sus palabras, no podía evitar notar cómo su compañero, aunque distante, le daba instrucciones con la misma precisión que empleaba para todo. Cada movimiento de Starcream, cada gesto, parecía estar impregnado con una dedicación que Skyfire no sabía si quería aceptar o rechazar.
— Concéntrate, —dijo Starcream, observando atentamente. — Este blaster no es un juguete, Skyfire. Hazlo bien, o no tendrás la oportunidad de hacer nada.
Skyfire ajustó su postura, concentrándose en lo que Starcream le decía. El entrenamiento no iba a ser fácil, pero algo en el tono de Starcream lo impulsaba a continuar, como si, de alguna manera, su aprobación significara más que cualquier otra cosa en ese momento.
Con un movimiento rápido, Starcream corrigió la forma en que Skyfire sostenía el blaster. — No es tan difícil, ¿verdad? Solo recuerda... no te distraigas. Lo que haces aquí podría salvar tu vida.
Era curioso, pensó Skyfire. Aunque las palabras de Starcream siempre sonaban cargadas de sarcasmo o dureza, había algo detrás de ellas. Algo que, aunque él nunca lo diría, le daba una razón para seguir adelante.
— Ahora dispara, —dijo Starcream, observando atentamente.
Skyfire apretó el gatillo y el blaster disparó una ráfaga de energía hacia la pared. Fue un poco desviado, pero no estuvo mal para ser su primer intento.
— Meh, no está mal, —dijo Starcream, sin mostrar mucho entusiasmo, pero claramente satisfecho. — Con práctica, podrás hacerlo mejor.
Y, aunque Starcream no lo decía en voz alta, Skyfire sabía que, de alguna manera, Starcream no solo lo estaba entrenando para la guerra, sino que, en su extraño y sutil estilo, lo estaba cuidando. De una manera que Starcream ni él mismo podría reconocer, pero que existía. Y eso, por extraño que fuera, lo mantenía motivado.
La burbuja que Starcream había intentado proteger se había roto, pero, quizás, de una forma u otra, las piezas podían encajar de nuevo. Y tal vez, solo tal vez, este entrenamiento sería el primer paso para que ambos, finalmente, pudieran enfrentarse a lo que vendría.
.
El entrenamiento había durado un largo Orn y, aunque Skyfire había mejorado en su manejo del bláster, el verdadero desafío apenas comenzaba.
Ahora era el momento de probarlo en el campo de batalla.
El aire que rodeaba a la Némesis era fresco y cortante, pero no fue eso lo que llamó su atención. Cuando descendió tras Starscream y se elevó en su modo jet, una inmensidad desconocida se desplegó ante sus ópticos. Un azul profundo y ondulante, infinito en todas direcciones, reflejando el cielo como si fuera un espejo vivo.
El océano.
El viento marino rugía contra su estructura, pero algo más se filtró en sus sistemas: Un sabor extraño, casi metálico, que nunca había percibido antes. Sal.
— Starscream... ¿Qué es esto? —Su voz resonó a través del comunicador, teñida de fascinación.
Starscream, unos metros adelante, no disminuyó la velocidad, pero su respuesta llegó con la altanería de siempre. —¿Nunca habías visto un océano, Skyfire?
Skyfire apenas escuchó su tono burlón. No podía apartar la vista del agua, de su movimiento hipnótico, de cómo las olas chocaban entre sí en una danza eterna. Se sintió pequeño, no por la guerra ni por la flota que volaba a su alrededor, sino por la inmensidad de ese mundo líquido que se extendía más allá del horizonte.
Sin embargo, la belleza de la escena no podía hacerle olvidar la razón por la que estaba allí. El rugido de los motores, los disparos rompiendo el aire y el resplandor de las explosiones le recordaron que su primera misión no era para maravillarse con el planeta.
Era para luchar.
Se había quedado atrás.
Skyfire se movió con precisión entre las nubes bajas, sus alas cortando el aire mientras la batalla se desataba a su alrededor. El sonido ensordecedor de las explosiones y el retumbar de los disparos se convirtió en una especie de melodía caótica que lo rodeaba, pero, en su interior, solo sentía un vacío. Su mente estaba en guerra consigo misma, atrapada entre el científico que era y el guerrero que se veía obligado a ser.
Y en medio del caos, su mirada se fijó en Starscream.
Y, por un momento, todo lo demás dejó de importar.
El mech, en medio del caos, parecía flotar sobre el campo de batalla. Con movimientos rápidos y certeros, disparaba sin piedad, derribando a los humanos como si fueran meras sombras en su camino. No había un solo indicio de remordimiento o duda en sus ojos, ni en la forma en que ejecutaba cada disparo. Cada vez que un organismo caía, su cuerpo permanecía frío, implacable. Starcream, al igual que el campo de batalla, era como una tormenta imparable, y nada podía detenerlo.
Skyfire observó en silencio, como un espectador horrorizado, mientras uno de los humanos caía al suelo, su grito ahogado siendo sofocado por el estrépito de la guerra. Starcream no mostró la más mínima vacilación. De hecho, parecía casi... complacido. La manera en que sus armas se mantenía firme, la frialdad con la que apuntaba y disparaba, como si fuera una rutina diaria, hizo que una oleada de incomodidad recorriera el cuerpo de Skyfire.
"Esto es... esto no es real," pensó Skyfire, su rostro reflejando el horror que sentía en su interior. La distancia entre él y la acción era tan grande, pero, al mismo tiempo, tan pequeña. Podía ver cómo Starcream se movía con facilidad entre los cadáveres, sin ningún tipo de conflicto emocional. Para él, este mundo de destrucción no era nuevo. Era su día a día.
El viento que había sentido hace un momento ya no parecía tan refrescante. La libertad que había sentido al volar se desvaneció ante la realidad cruda que estaba viviendo. Skyfire, atrapado entre lo que era y lo que debía convertirse, no pudo evitar sentir un nudo en el estómago.
Skyfire no quería creerlo. No quería aceptar lo que estaba viendo. Pero ahí estaba, justo frente a él, la verdad...
Los ópticos de Starscream brillaban con un rojo intenso, reflejando las llamas que consumían todo a su alrededor. Su sonrisa, amplia y torcida, irradiaba algo que Skyfire no podía —o no quería— descifrar, pero que sin duda le erizaba el cableado. No era frialdad. No era indiferencia. Era algo mucho peor...
Su postura era amenazante, con las alas erguidas y sus armas aún humeante, su figura recortada por la luz tenue de los incendios.
Skyfire parpadeó, como si pudiera disipar la imagen que tenía frente a él, como si, por un instante, la realidad pudiera reescribirse. Pero la verdad permanecía allí, tan cruel como el resplandor de las llamas.
Y, entonces, su mente lo arrastró de vuelta al pasado.
Recordó a un Starcream de pie en lo más alto de Vos, en su laboratorio, con la luz dorada del atardecer bañando su figura. Sus ópticos rojos no tenían entonces el brillo afilado que veía ahora; eran cálidos, reflejaban la curiosidad, la ambición, el deseo de descubrir lo desconocido. Su sonrisa era diferente también, no era un gesto amenazante ni un vestigio de crueldad contenida... era genuina, de esas sonrisas que Starcream rara vez compartía con el.
Pero ahora... ahora esa luz dorada se había desvanecido. La única luz que quedaba era la de las llamas devorando el campo de batalla, proyectando sombras irregulares sobre el rostro de Starcream. Y su sonrisa... esa sonrisa... ya no tenía nada de la calidez que alguna vez conoció. Era oscura. Era feroz.
¿Dónde había quedado aquel mech con el que discutía sobre teorías imposibles hasta el amanecer? ¿El que agitaba las manos con emoción mientras hablaban de los secretos del universo? ¿El que se burlaba de él por obsesionarse con cálculos minuciosos, solo para luego quedarse despierto toda la noche verificando los mismos datos?
¿Dónde estaba el mech con el que había volado por las estrellas, dejando que el viento cósmico acariciara sus fuselajes en la soledad del espacio?
¿El que, en las noches más frías de Cybertron, compartía con él bebidas cálidas mientras conversaban bajo la luz de los astros?
En aquellos días, sus ópticos también brillaban, pero no con la intensidad hambrienta que veía ahora. Antes, lo miraban con ambición, con pasión, con ese inquebrantable deseo de alcanzar la grandeza... Pero ahora, todo eso se había transformado en algo distinto. Algo más afilado. Más voraz y torcido.
Starscream se erguía con orgullo en medio del caos, con las alas abiertas en una postura casi altanera, como si el fuego a su alrededor no fuera una amenaza, sino su propia corona. Sus armas aún humeaba entre sus brazos, y su expresión... su expresión era la de un rey satisfecho al ver su imperio arder.
Y en ese instante, Skyfire se preguntó si lo que veía frente a él era realmente Starscream...
O si, cegado por su propio resplandor, lo había perdido hace mucho tiempo.
Skyfire sintió el peso de la guerra en ese instante, no como una historia lejana que otros le habían contado, sino como una verdad ardiendo justo frente a él. La guerra había cambiado a Starcream. O tal vez... tal vez siempre había sido así, y él simplemente no quiso verlo.
Starcream estaba de pie en medio de los cuerpos sin vida, y a sus pies, el líquido rojo y espeso que los humanos tenían dentro se acumulaba en charcos oscuros. La sangre empapaba sus talones, manchando el metal con cada paso que daba, pero él no parecía inmutarse. Si acaso, parecía encajar con la escena a la perfección, como si hubiera nacido para estar en ese lugar, en medio de la destrucción.
Skyfire sintió que su procesador se negaba a aceptar la imagen. Quiso encontrar algo, cualquier indicio de duda en la postura de Starcream, pero solo encontró firmeza. Solo encontró seguridad.
No... No puede ser real.
Sus manos temblaban. Cerró los ópticos con fuerza, como si al hacerlo pudiera borrar todo lo que tenía enfrente. Como si al abrirlos de nuevo, el mundo volviera a ser lo que recordaba. Como si Starcream aún pudiera ser el mech que alguna vez conoció.
Primus, por favor... que esto solo sea una pesadilla.
Y entonces, el mundo cambió.
El sonido del fuego rugiendo y los gritos distantes se desvanecieron en un instante.
Skyfire abrió los ópticos de golpe.
Ya no estaba en la Tierra. Ya no había sangre, ni llamas, ni muerte. No había tanques humanos reducidos a chatarra bajo sus manos, ni explosiones que lo ensordecieran, ni el calor sofocante del blaster aún humeando en su brazo. Ya no estaba empujando a Starscream fuera del alcance de los misiles. Ni tenia metralla incrustada en su chasis.
Se encontraba en su laboratorio, inclinado sobre su mesa de trabajo. Las luces frías iluminaban los planos que tenía desordenados frente a él, y su cuerpo entero se sentía pesado, como si hubiera estado sentado allí por ciclos enteros sin moverse.
Su ventilación era irregular, su chispa palpitaba con fuerza contra su placa torácica. Se llevó una mano al rostro, tratando de calmarse, pero la sensación no desaparecía. La imagen de Starcream rodeado de muerte seguía grabada en su procesador, tan vívida.
Un estremecimiento recorrió su espalda.
No era una pesadilla.
Era un recuerdo.
Solo era un maldito recuerdo.
"Chatarra..."
Skyfire apretó la mandíbula y dejó caer su peso sobre la mesa, hundiendo su rostro entre sus manos. La presión en su procesador era insoportable, como si la imagen de Starcream entre los cadáveres se hubiera incrustado en su chispa y se negara a desaparecer.
Respiró hondo, tratando de encontrar estabilidad, pero solo logró que su propio temblor se hiciera más evidente.
¿En qué te has convertido, Starcream...?
Ese no era el mech que recordaba. El mech que solía compartir teorías con él en lo alto de Vos, que discutía con pasión sobre aerodinámica y armamento con una chispa de orgullo en sus ópticos.
¿O acaso siempre fuiste así... y simplemente fui demasiado ingenuo para verlo?
La idea lo hizo apretar con más fuerza los dedos contra su rostro. ¿Fue su propia ceguera la que le impidió ver a Starcream por lo que realmente era? ¿O la guerra realmente lo había cambiado hasta volverlo irreconocible?
Lo peor de todo era que Starcream no estaba aquí ahora. Se había ido.
A celebrar.
A celebrar.
El pensamiento le revolvió el estómago. Mientras él se desmoronaba en el laboratorio, tratando de darle sentido a todo, Starcream seguramente estaba en algún lugar riendo, alardeando de su victoria como si nada importara.
Como si él no importara.
.
En el Laboratorio dentro del Némesis. El aire es denso con el olor del energon refinado, los monitores parpadean con datos en código Cybertroniano, y el leve zumbido de las máquinas llenan el espacio.
Skyfire estaba inclinado sobre una mesa de trabajo, su servo firme sujetando una herramienta de precisión. Frente a él, un cristal de energon refinado flotaba suspendido en un campo de energía. Observaba las fluctuaciones en su estructura molecular, registrando cada cambio con una precisión impecable.
No se giró cuando las compuertas del laboratorio se abrieron con un sonido metálico y un par de pasos familiares ingresaron al recinto.
Starcream había llegado.
—Tch. Otra vez en este lugar aburrido... —murmuró, cruzando los brazos mientras sus ópticos recorrían el laboratorio con desdén.
Skyfire mantuvo su atención en su experimento. No reaccionó de inmediato.
— Hmmm... —fue su única respuesta, apenas un sonido de reconocimiento.
Starscream entrecerró los ópticos. Algo era... diferente.
Normalmente, Skyfire al menos voltearía a verlo o movería sutilmente sus alas en un gesto silencioso, casi automático, una costumbre entre ellos. Y Starscream siempre respondería de la misma manera, un intercambio mudo pero significativo. Pero esta vez, nada.
Starscream esperó un instante más, luego, casi con cautela, probó a hacerlo él primero. Movió apenas sus propias alas, esperando una reacción, una señal de que la costumbre aún permanecía.
Pero Skyfire no se movió. Ni siquiera giró la cabeza.
Starscream frunció el ceño. Algo no estaba bien.
Starcream se acercó unos pasos más.
— ¿Ni siquiera un saludo? Me hieres, Skyfire —ironizó, con su sonrisa habitual, afilada y burlona.
— Estoy ocupado —respondió Skyfire sin levantar la vista.
Starcream arqueó una ceja.
"Ocupado."
Eso era cierto... pero también era una excusa.
Starcream chasqueó la lengua y apoyó una mano sobre una de las mesas, inclinándose un poco hacia él.
— Vaya, últimamente pareces más... callado. ¿O acaso finalmente te comió la lengua un cybergato? —su tono era burlón, buscando provocar aunque sea un atisbo de la reacción habitual de Skyfire.
Nada.
Skyfire solo anotó un último dato y luego, sin siquiera mirarlo, apagó el holograma frente a él.
Frustración
No intensa todavía, pero sí suficiente para hacer que Starcream sintiera una punzada de irritación en su chispa.
"¿Qué demonios le pasa?"
Por costumbre, su primera suposición fue que esto no tenía nada que ver con él. No podía tener nada que ver con él.
Tal vez estaba de mal humor. Quizás Shockwave le había asignado alguna tarea tediosa. Tal vez simplemente estaba demasiado ensimismado en su ciencia como para prestarle la debida atención.
Pero incluso con todas esas excusas revoloteando en su mente, Starcream no pudo evitar notar cómo, cuando él se movió un poco más cerca... Skyfire se alejó sutilmente.
No mucho. Apenas un par de pasos.
Pero suficiente.
Suficiente para que Starcream lo notara. Suficiente para que su irritación creciera como un molesto picor en su procesador.
"Algo está mal."
Pero no lo demostraría. No ahora.
En su lugar, solo dejó escapar una risa ligera, casi despreocupada.
— Oh, vamos, Skyfire, no me digas que has desarrollado una obsesión enfermiza con el trabajo. Deberías relajarte un poco. Quizás salir del laboratorio y...
Skyfire exhaló un suspiro.
— ¿Necesitas algo, Starcream?
El tono. Esa maldita entonación indiferente.
No fue agresivo. No fue cortante. Pero tampoco fue el mismo de siempre.
Starcream sintió que su ala derecha se crispaba con molestia. Su risa se volvió un poco más forzada.
— Nada importante. Solo pasaba a comprobar que el laboratorio siguiera entero.
Skyfire apenas asintió con la cabeza, como si no le interesara en absoluto, y volvió a enfocarse en su trabajo.
Y eso fue todo.
Starcream permaneció ahí por unos segundos más, esperando... esperando que Skyfire volteara, que hiciera algún comentario, que actuara normal.
Pero nada.
Finalmente, Starcream dejó escapar un bufido y se dio la vuelta, alejándose con pasos que resonaban con algo de brusquedad en el laboratorio.
"Está bien. Que se quede con su maldito trabajo."
Pero a pesar de intentar convencerse de que no le importaba, la idea no abandonó su procesador.
Algo pasaba con Skyfire.
Y Starcream lo iba a averiguar.
.
En los pasillos del Némesis. Las luces frías del techo proyectaban sombras metálicas en el suelo, y el sonido de los pasos de Starcream resonaba con un eco agudo y constante.
El irritante pensamiento de la distancia de Skyfire aún giraba en su procesador como un parásito del que no podía deshacerse. No podía simplemente ignorarlo.
Starcream no era idiota. Sabía leer a la gente... sabía interpretar los gestos, los silencios, los pequeños detalles que otros pasaban por alto. Y Skyfire estaba actuando diferente.
Pero no por su culpa.
"No he hecho nada."
Ese pensamiento se repetía una y otra vez en su mente, como si al reafirmarlo pudiera convertirlo en una verdad absoluta.
Entonces... ¿Qué había cambiado?
Su primera teoría era lógica: Alguien más debía ser el responsable.
"No puede ser otra cosa. No después de todo este tiempo."
Porque él había cambiado. Lo sabía. No era el mismo mech que había sido hace cuatro millones de años, ni siquiera el mismo de hace unos meses. La guerra lo había cambiado, endurecido, convertido en lo que necesitaba ser para sobrevivir. Pero eso no podía ser la razón.
Si lo fuera, entonces ¿Por qué ahora? ¿Por qué justo ahora, cuando hasta hace poco habían hablado con tanta comodidad? Cuando Skyfire lo escuchaba, cuando le respondía sin titubeos, cuando sus ópticos brillaban con la misma curiosidad de siempre.
No. No podía ser eso. No podía ser él.
Apretó la mandíbula, reprimiendo un pensamiento desagradable que amenazó con abrirse paso. Uno que sugería algo que no quería considerar. Que tal vez, solo tal vez, Skyfire finalmente se había dado cuenta de la clase de persona que era.
Pero eso era ridículo. Skyfire no era así. No era como los demás. No lo abandonaría por algo tan tonto. Tan simple. Debía ser otra cosa. Algo más.
¡Y debía averiguarlo!
Starcream observó con el ceño fruncido cómo un Vehicon pasaba por el pasillo, su andar mecánico y monótono resonando en la estructura metálica de la nave. Su mirada se afiló.
Seguro que eran ellos. Pasaban demasiado tiempo rondando la Nemesis, vigilando y patrullando sin mucho que hacer. Seguro que habían hablado con Skyfire. Seguro que le habían metido ideas tontas en la cabeza.
Sin pensarlo dos veces, Starcream avanzó con pasos firmes y rápidos, cerrándole el paso al Vehicon. La mirada roja y afilada del comandante se clavó en el soldado raso, que apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Starcream lo empujara contra la pared.
— ¿Qué le has dicho a Skyfire? —siseó, sus ópticos brillando con una amenaza latente.
— C-Comandante, no sé de qué hablas-
El golpe fue instantáneo. No lo suficiente para dañarlo gravemente, pero sí lo suficiente para dejar claro que Starcream no estaba jugando. El Vehicon tembló, enderezándose con rapidez.
— No me mientas, —gruñó Starcream, acercando su rostro al del Vehicon. —Si me entero de que alguno de ustedes ha estado metiéndole ideas ridículas en la cabeza, los desmantelaré yo mismo.
El Vehicon asintió rápidamente, sin atreverse a decir nada más. Starcream lo soltó con un bufido y giró sobre sus talones. Esto no era suficiente. Necesitaba asegurarse de que nadie estuviera interfiriendo entre él y Skyfire.
Así que fue a por los otros. A por aquellos que tenían acceso al laboratorio. Los que de vez en cuando intercambiaban palabras con el científico. Uno por uno, los encontró y los enfrentó.
—A ver... —la voz de Starcream era como un silbido venenoso mientras paseaba su mirada afilada sobre los Vehicons—. ¿Quién de ustedes ha estado hablando con Skyfire últimamente?
Nadie respondió.
Los Vehicons intercambiaron miradas incómodas entre ellos.
— ¡Hmph! No sean tímidos ahora —Starcream dio unos pasos más cerca—. Si alguno de ustedes se atrevió a meterle ideas estúpidas en la cabeza, más vale que lo diga ahora...
El silencio se alargó.
Starcream sintió cómo su irritación crecía como un incendio dentro de su chispa.
— ¡RESPONDAN!
El eco de su grito resonó en el hangar, y uno de los Vehicons, el más desafortunado del grupo, se atrevió a levantar la voz.
— Señor... Skyfire nos ha hablado por su cuenta, pero solo sobre temas científicos... nada más...
— ¡¿Ah, sí?! —Starcream entrecerró los ópticos, avanzando con una rapidez que hizo que el Vehicon diera un paso atrás—. ¿Y qué tipo de "temas científicos"?
— E-energón refinado... métodos de conversión... l-lo normal...
Starcream lo fulminó con la mirada.
"Mentiras"
No había nada de normal en cómo Skyfire estaba actuando.
Y aún así, ninguno de estos imbéciles parecía dispuesto a admitirlo.
Su irritación se desbordó.
Sin previo aviso, levantó el brazo y golpeó al Vehicon en el rostro.
El impacto hizo que tropezara y cayera al suelo con un ruido metálico.
Los demás Vehicons se tensaron, pero nadie se movió. Nadie se atrevía.
Starcream los observó con furia, su respiración agitada.
— La próxima vez que alguno de ustedes hable con Skyfire de algo que no sean sus estúpidas tareas, me aseguraré de que no puedan hablar en absoluto.
El Vehicon en el suelo asintió apresuradamente, llevándose una mano al rostro.
Starcream se giró sobre sus talones y se alejó con pasos pesados, su frustración aún burbujeando dentro de él.
Pero la distancia de Skyfire aún no cambiaba.
Y ahora, con esta teoría descartada, Starcream solo podía llegar a una conclusión más...
"¿Está siendo sentimental? ¿Blando?"
Si ese era el caso... tenía que hacerlo reaccionar.
Starcream observó desde la entrada del laboratorio cómo Skyfire trabajaba en silencio, su mirada clavada en los monitores, sus servos moviéndose con precisión. Parecía absorto en sus análisis, como si nada más en la nave existiera. Como si Starcream no estuviera ahí.
Eso lo irritó.
Así que empezó a probar.
Primero fueron los comentarios agudos, las pequeñas burlas que solían encender las discusiones entre ellos. Nada. Luego, pequeños empujones "accidentales" al pasar junto a él en los pasillos. Tampoco funcionó. Skyfire solo desviaba la mirada o fingía no darse cuenta.
Starcream apretó los dientes. Necesitaba verlo reaccionar, verlo demostrar que aún le importaba. Si no con palabras, al menos con enojo, con una chispa de la intensidad que solían compartir.
Así que intensificó el juego. Tomó herramientas del laboratorio sin permiso, sabiendo que eso normalmente sacaba de quicio a Skyfire. Nada. Interrumpió sus análisis con comentarios sarcásticos. Silencio. Incluso, en un momento de desesperación, movió ligeramente los parámetros de uno de sus cálculos solo para que se diera cuenta y le reclamara.
Pero cuando finalmente Skyfire notó el cambio, en lugar de explotar, simplemente suspiró, corrigió el error y siguió trabajando.
Algo en Starcream se quebró.
Se le hizo un nudo en el estómago, pero lo ignoró. En su lugar, sintió cómo la frustración hervía dentro de su chispa, escalando en una espiral sofocante. Intentó aguantarlo, intentó convencerse de que aún podía solucionar esto. Pero cuando finalmente tuvo la oportunidad de provocar una reacción—cuando lanzó un comentario deliberadamente mordaz, esperando la chispa de una discusión—Skyfire simplemente bajó la mirada y esquivó la conversación.
Starcream sintió que la furia lo atravesaba como un rayo.
— ¡ESTÁ BIEN! —rugió, su voz retumbando en el laboratorio. — ¡Pues no me hables! ¡Si eso es lo que quieres, adelante!
Su tono estaba cargado de una emoción que no quiso analizar, algo más profundo que la simple ira. Algo más parecido a un dolor que no quería admitir. Su respiración era agitada, su servo temblaba ligeramente por la tensión de su propio cuerpo.
Pero Skyfire no respondió. Solo cerró los ópticos por un instante y se volvió de nuevo a su trabajo.
Y eso fue peor que cualquier respuesta que podría haber dado.
Starcream se quedó ahí un segundo más, sus servos crispándose a los lados. Un amargo pensamiento cruzó su mente antes de que pudiera detenerlo, pero en lugar de desecharlo, lo dejó salir con un veneno frío.
— Debí dejarte en ese hielo.
El comentario quedó suspendido en el aire, helado y cruel. Luego, sin esperar respuesta, Starcream giró sobre sus talones y salió del laboratorio. La puerta se cerró automáticamente tras él con un siseo metálico.
Skyfire permaneció inmóvil.
No reaccionó de inmediato, ni siquiera cuando el silencio se volvió sofocante. Solo sintió el vacío que dejó Starcream al irse. Un dolor frío y sordo, clavándose en su chispa como un puñal bien afilado.
Exhaló lentamente, sus servos tensándose sobre la mesa. Cerró los ópticos.
Pero el comentario seguía ahí, quemando su mente con una frialdad que no se disipaba.
.
.
.
.
.
.
Los días pasaron....
Skyfire no volvió a ver a Starcream desde aquella noche. Ni en el laboratorio, ni en los pasillos. Lo buscó con la mirada en cada rincón de la Nemesis, aunque nunca tuvo el valor de preguntar directamente. Al principio, intentó convencerse de que era mejor así. Pero conforme el tiempo transcurría, la inquietud empezó a consumirlo.
Hasta que un día, ya no pudo soportarlo más.
Se obligó a preguntar.
Encontró a un Vehicon patrullando en uno de los pasillos. El soldado tuvo que alzar la cabeza para mirarlo, sus ópticos brillando con un destello nervioso.
— ¿Sí...? —preguntó con voz temblorosa.
Skyfire sintió un incómodo peso en su estómago. No estaba acostumbrado a su propia altura ni a la sensación de imponer miedo en otros. Dudó un segundo, pero finalmente dejó salir la pregunta que lo carcomía.
— ¿Has visto a Starcream?
El Vehicon pareció ponerse más tenso. Vaciló, sus servos temblando apenas perceptiblemente. Luego, con un tono aún más inseguro, respondió:
— ¿No te enteraste...? Los Autobots lo tomaron prisionero.
Skyfire parpadeó.
El eco de aquellas palabras resonó en su cabeza, pero su mente tardó en procesarlas. Un extraño frío se extendió por su estructura, una sensación de vacío que lo dejó momentáneamente inmóvil.
No podía ser.
No Starcream.
El Vehicon tragó saliva y empezó a retroceder, incómodo por el silencio tenso. Pero el movimiento fue suficiente para que Skyfire reaccionara.
— ¿Cómo pasó? —Su voz salió más baja de lo que esperaba, apenas un murmullo áspero, pero cargado de urgencia.
El Vehicon titubeó, como si quisiera evitar responder. Pero el silencio no era una opción.
Skyfire avanzó un paso, inclinándose sobre él. —Responde, —ordenó con un filo en la voz que no solía usar.
El Vehicon tragó saliva, dando un paso atrás. —Yo... No lo sé bien, solo escuché que-
— ¡Entonces dime todo lo que sabes! —Skyfire lo agarró por el brazo, sus servos apretando con más fuerza de la necesaria. Su tono se elevó, cargado de una ansiedad que no pudo contener.
El Vehicon se puso rígido, su sistema nervioso activando alertas de peligro.
— ¡Dijeron que fue en una misión de exploración! —balbuceó, sintiendo la presión en su estructura. — ¡Que hubo una emboscada en la superficie y no lo lograron evacuar!
— ¿Dónde? —Skyfire lo sacudió ligeramente, su agarre volviéndose más firme. — ¿Quiénes estaban con él? ¿Intentaron recuperarlo? ¡Dímelo!
El Vehicon alzó las manos en un intento de apaciguarlo. — ¡No lo sé! Solo nos informaron que los Autobots lo capturaron y que Megatron no quiere que nadie se meta- ¡Eso es todo lo que sé, lo juro!
Las palabras golpearon a Skyfire como un puñetazo en el centro de su chispa.
Lo soltó de golpe, dando un paso atrás. Su ventilación era irregular, su procesador se sentía sobrecargado. Miró al Vehicon, que aún temblaba levemente, como si temiera que lo atacara de nuevo.
Pero Skyfire ya no podía pensar en él.
Solo podía pensar en Starcream.
Capturado. Solo.
Y él no había hecho nada para evitarlo.
Skyfire se enderezó lentamente, su expresión volviéndose tensa, casi severa. Su mente quería aferrarse a la lógica, a los hechos. Starcream había sido tomado prisionero, y eso era lo único que importaba.
Pero otra voz dentro de él susurraba algo más.
Que quizás, solo quizás, él también tenía parte de la culpa.
Su distancia. Su frialdad. Sus reacciones.
¿Había sido eso lo último que Starcream recordaba de él antes de ser capturado?
Skyfire cerró los ópticos por un instante.
No podía quedarse quieto. No ahora.
Su mente era un torbellino de posibilidades, de imágenes fugaces de Starcream atrapado en algún oscuro rincón Autobot, rodeado de enemigos, con su boca afilada lanzando insultos.
Tenía que hacer algo.
No podía simplemente continuar con sus análisis, fingiendo que nada había pasado. No podía quedarse en su laboratorio esperando noticias que quizás nunca llegarían.
Solo había una opción.
Megatron
El mero pensamiento le provocó una punzada de inquietud. Nunca lo había visto en persona. Apenas tenía una vaga idea de cómo era, basada en informes, relatos susurrados y las imponentes órdenes que resonaban por la nave como un eco de poder incuestionable. Pero ahora, nada de eso importaba.
Inspiró hondo, intentando calmar su chispa acelerada. Rezó en silencio a Primus, pidiendo la fuerza que necesitaba para lo que estaba a punto de hacer.
Y luego, sin dudar más, se dirigió hacia la sala del trono.
.
Cuando entró, la presencia de Megatron lo envolvió como una sombra imponente. Skyfire era un poco más alto que él, pero aquello no importaba. La diferencia de estatura no restaba nada a la autoridad que irradiaba el líder Decepticon, a la sensación de que la misma nave respondía a su voluntad. Los informes no le hacían justicia.
Megatron lo observó con una curiosidad inicial, sus ópticos rojos evaluándolo con calma. Era la primera vez que veía a Skyfire fuera de los reportes de Soundwave, de los fríos datos que llegaban a sus manos. Verlo en persona era otra cosa.
Skyfire se cuadró con rigidez, pero su voz traicionaba la urgencia que ardía en su chispa.
— Lord Megatron, solicito un escuadrón para recuperar a Starscream.
Megatron alzó una ceja ante la exigencia de Skyfire, su expresión apenas mostrando un atisbo de interés.
— ¿Y por qué haría eso?
Skyfire parpadeó, desconcertado por la respuesta. Por un instante, creyó haber escuchado mal. ¿Por qué haría eso? La pregunta resonó en su mente con un peso inquietante.
No podía ser en serio.
Su chispa latió con fuerza, el desconcierto transformándose en incredulidad.
— ¿Cómo puede decir eso? —su voz se tensó, traicionando la furia contenida—. ¿Acaso no le importa Starscream? ¡Es su segundo al mando!
La pregunta quedó suspendida en el aire, como un desafío temerario lanzado sin medir las consecuencias.
Megatron no se movió de su trono. Su expresión permaneció impasible, como si las palabras de Skyfire fueran meros zumbidos insignificantes en la inmensidad de su mente. Luego, con una calma cortante, habló.
— Starscream se buscó esto solo.
Su tono no contenía ni furia ni compasión, solo una certeza fría y absoluta.
— Siempre ha creído que es más astuto, más inteligente, superior a los Autobots —continuó, su voz reverberando en la sala como un juicio inapelable—. Y, sin embargo, ahí está. Derribado. Derrotado.
Megatron apoyó un codo en el descansabrazos de su trono y apoyó su mentón sobre los dedos, evaluando a Skyfire con un aire de paciencia depredadora.
— Dime, Skyfire —sus ópticos brillaron levemente—. Si Starscream realmente fuera todo lo que dice ser, ¿Por qué necesitaría que alguien lo rescate?
Las palabras golpearon a Skyfire como un disparo directo a su chispa. Su mandíbula se apretó.
— Starscream es tu segundo al mando, comandante de los Seekers —dijo, su tono firme pero con un matiz de súplica apenas perceptible—. No pueden simplemente abandonarlo. No después de todo lo que ha hecho por la causa. Por tu causa.
Megatron soltó un leve resoplido, como si la respuesta no lo impresionara en absoluto.
— Entonces que pruebe su valía y regrese por su cuenta. Si sobrevive, significará que realmente merece seguir comandando y que es digno de su titulo.
El aire entre ambos se tensó. Skyfire sintió una ira latente burbujeando en su sistema.
— Usted no entiende...
Megatron inclinó la cabeza, sus ópticos afilándose.
— Oh, lo entiendo perfectamente, Skyfire. Entiendo que vienes aquí a exigirme que mueva mis fuerzas por un solo mech. Entiendo que desafías mi juicio sin conocer la verdadera naturaleza de esta guerra.
Su voz bajó, tornándose un susurro amenazante.
— Entiendo que olvidas con quién estás hablando.
Skyfire sintió el peso de la advertencia. Sus instintos le gritaban que se detuviera, que no cruzara una línea peligrosa. Pero no podía. No cuando Starscream seguía ahí afuera, quizás muriendo en este mismo instante.
— Si no hacemos nada, lo perderemos.
Megatron entrecerró los ópticos.
— ¿Y qué estás dispuesto a hacer para evitarlo?
El tono de su voz cambió. Ya no era solo una advertencia; era una prueba.
Skyfire sintió un escalofrío recorrer su espalda.
— Lo que sea necesario.
Por un breve momento, Megatron lo observó en silencio. Luego, muy lentamente, una sonrisa se curvó en su rostro. Sus ópticos rojos centellearon con un brillo depredador, como si acabara de atrapar a su presa justo donde la quería.
— "Lo que sea necesario" —repitió en un susurro, saboreando las palabras como si fueran un triunfo personal.
El aire a su alrededor se sintió más denso, más pesado. Skyfire se dio cuenta demasiado tarde de que había dicho exactamente lo que Megatron quería escuchar. Sintió cómo el líder Decepticon inclinaba apenas la cabeza, evaluándolo con un interés renovado, como un experimentado cazador observando a una criatura que finalmente había caído en su trampa.
— Cuida tus palabras Skyfire.
.
La noche cubría el desierto con un manto de sombras, roto solo por la luz de una instalación humana enclavada entre mesetas rocosas y carreteras olvidadas. Antiguas estructuras de concreto y acero, diseñadas para experimentos militares o almacenamiento, ahora servían como prisión improvisada para Starscream.
Skyfire avanzaba con su escuadrón de Vehicons, moviéndose entre las sombras. El sonido de sus motores era amortiguado por el viento, pero sabía que los Autobots estaban alerta. Sus sensores confirmaban su ubicación: Habían asegurado el perímetro con patrullas, y la energía de sus señales de comunicación vibraba en el aire.
No había tiempo para dudas.
Las luces de la instalación parpadearon cuando se activaron las alarmas. En cuestión de segundos, los Autobots emergieron, listos para defender su posición. El reflejo de las sirenas rojas y azules tiñó el metal de sus armaduras.
Skyfire ajustó su mira, su bláster cargando energía. Nunca antes había estado en esta posición, nunca antes había apuntado a quienes, en otra vida, habrían sido solo sus vecinos en Cybertron. Pero ahora no podía permitirse titubear.
Respiró hondo.
Y disparó.
Las luces de la instalación titilaban mientras las alarmas seguían resonando en la noche. El destello de los disparos iluminaba las sombras, proyectando figuras fantasmales sobre las paredes de concreto y las torres de vigilancia. El aire se volvió denso con el olor a metal quemado y el chisporroteo de circuitos dañados, mientras el polvo y el humo se alzaban en el ambiente, oscureciendo la visión de todos los presentes.
Skyfire entrecerró los ópticos, intentando distinguir las siluetas en la neblina de polvo y escombros. Entonces lo vio.
Entre el caos, entre el fuego cruzado, los Autobots no solo luchaban; también protegían. Sus movimientos no eran solo ofensivos, sino defensivos. Se interponían entre los humanos y las llamas, cubriéndolos con sus cuerpos, empujándolos fuera de peligro, asegurándose de que ninguno quedara atrapado en el combate.
Por un instante, Skyfire se quedó completamente inmóvil.
El arma en su mano tembló antes de bajar lentamente. Sus ópticos se abrieron con sorpresa, un pensamiento punzante perforando su mente. ¿Qué estaba haciendo? ¿A qué enemigo se estaba enfrentando realmente?
Entre las sombras y la bruma del enfrentamiento, una figura emergió. Más grande que los demás, imponente pero tranquilo, caminó con pasos firmes y seguros, la luz de la luna reflejándose en su armadura rojiazul. Sus ópticos azules lo miraron con una intensidad serena, no con furia, ni con desprecio.
— Puedo verlo en ti —su voz fue grave, pero suave, carente de odio o burla—. No quieres esto.
Las palabras resonaron en la chispa de Skyfire como un eco distante, despertando algo que no supo nombrar.
— Yo... —Skyfire intentó responder, pero su propia voz le falló.
La confusión lo envolvía, haciéndolo titubear por primera vez en toda la misión. Sus ópticos seguían fijos en aquel Autobot, en la calma con la que lo observaba, en la certeza con la que había pronunciado esas palabras.
Entonces, un grito rompió la tensión como un disparo directo a su chispa.
— ¡Lo encontré! ¡Starscream está aquí! —La voz de un Vehicon resonó por el canal de comunicación y también en el aire, haciendo eco en la estructura metálica de la instalación.
De inmediato, todo cambió.
El Autobot rojiazul se irguió con alerta, sus servos tensándose. A su alrededor, los demás Autobots se pusieron en guardia, preparándose para la ofensiva. Skyfire sintió cómo la mirada del líder Autobot se clavaba en él con renovada intensidad.
Sin pensarlo, actuó.
Disparó al suelo.
El impacto levantó una nueva cortina de humo y polvo, envolviendo la escena en una niebla cegadora. Se oyeron voces confusas, órdenes gritadas, movimientos apresurados en medio del caos.
Y en la siguiente fracción de astrosegundo, Skyfire ya no estaba en tierra.
Sus propulsores rugieron al encenderse, y su silueta se alzó en el cielo nocturno, dejando atrás la escena envuelta en sombras y fuego.
.
Starscream entreabrió los ópticos con un siseo bajo, su procesador aún aturdido.
Lo primero que vio fue una intensa luz blanca en el techo, demasiado brillante, demasiado fría. Parpadeó varias veces, intentando enfocar su vista, pero una punzada de dolor lo obligó a jadear entre dientes.
Sus alas.
Sus muñecas.
El ardor punzante le recorrió los circuitos al intentar moverse, un recordatorio de las restricciones que los Autobots le habían impuesto. Ya no tenía las ataduras, pero el daño que le habían dejado seguía ahí, latente, incrustado en su estructura como un eco persistente de su captura.
Se obligó a incorporarse con movimientos torpes, apoyando sus servos en la litera de la enfermería. Su sistema interno aún luchaba por estabilizarse, pero al menos ya no estaba en la celda Autobot.
Estaba en la Nemesis.
Antes de que pudiera procesar del todo su situación, un zumbido familiar anunció la apertura de la puerta.
No necesitó girarse para saber que no estaba solo.
Starscream entrecerró los ópticos al ver la figura en la puerta. Al principio, pensó que su procesador aún estaba afectado por el aturdimiento, porque no tenía sentido lo que veía.
— ¿Skyfire...?
El mech en cuestión se quedó congelado en el umbral, sosteniendo un par de cubos de energon entre sus servos. Por un instante, no respondió. Sus ventiladores tartamudearon con un sonido irregular, casi tembloroso, mientras una chispa de algo indescriptible brillaba en sus ópticos.
Y entonces, como si reaccionara de golpe, caminó apresuradamente hacia Starscream, dejando los cubos de energon a un costado con una torpeza inusual.
Antes de que Starscream pudiera decir otra palabra, sintió cómo Skyfire lo envolvía en un abrazo firme, casi desesperado.
— Gracias a Primus... —murmuró Skyfire, su voz vibrando con un alivio puro y genuino—. Estás bien.
Starscream, rígido al principio, parpadeó con incredulidad. Su sistema apenas procesaba lo que ocurría. La calidez de aquel gesto lo descolocaba por completo. Nadie lo había abrazado en... ni siquiera recordaba cuánto tiempo.
Su primera reacción fue abrir la boca para soltar una burla, un comentario mordaz sobre lo innecesario de todo aquello... pero, por alguna razón, las palabras no salieron.
Starscream se quedó inmóvil unos instantes, sintiendo el peso de Skyfire contra él, el leve temblor en su armadura, la presión de ese abrazo que parecía aferrarse a la realidad misma. Pero la confusión en su chispa no tardó en dar paso a su instinto natural: La necesidad de respuestas.
Frunció el ceño y, con un movimiento un tanto torpe—en parte por el dolor en sus muñecas y alas—se separó apenas de Skyfire, lo suficiente para mirarlo directamente a los ópticos.
— ¿Qué demonios está pasando aquí? —su voz salió ronca, pero no perdió su filo—. ¿Dónde estoy? ¿Quién me trajo de vuelta?
Skyfire parpadeó, su expresión pasando de puro alivio a una mezcla de vacilación y algo más difícil de descifrar.
—Yo... —comenzó, pero sus ventiladores tartamudearon otra vez. Se obligó a enderezarse, recomponiendo su postura con una seriedad inusual—. Te trajimos de regreso al Nemesis.
Starscream entrecerró los ópticos.
— "Te trajimos" —repitió con escepticismo—. ¿Quiénes exactamente?
Skyfire desvió la mirada un instante, como si las palabras fueran difíciles de pronunciar.
-Yo. Dirigí la misión de extracción —admitió finalmente—. Megatron me concedió un escuadrón para recuperarte.
Starscream parpadeó. Su procesador tardó unos segundos en procesar esa información, y cuando lo hizo, su expresión se torció entre incredulidad y una pizca de desconfianza.
— Megatron te envió a rescatarme —soltó, como si estuviera probando la frase en voz alta, esperando que sonara menos absurda.
Skyfire asintió con firmeza.
Starscream lo escrutó con atención. Había algo en su postura, en su tono... algo que le decía que no le estaba contando todo.
Starscream parpadeó un par de veces, como si esperara que Skyfire de repente se echara a reír y le dijera que todo era un mal chiste. Pero el otro solo lo miraba seria.
— ¿Esto es una broma? —Su tono pasó de incredulidad a agitación en cuestión de segundos—. ¿Me estás diciendo que Megatron, Megatron, decidió enviar una misión de rescate por mí? ¿Desde cuándo le importa lo que me pase?
Se enderezó bruscamente en la litera, pero el dolor en sus alas y muñecas lo hizo soltar un siseo. Eso no lo detuvo.
— ¡Y tú! —señaló a Skyfire con una garra temblorosa, su exasperación creciendo como una tormenta—. ¿Por qué demonios aceptaste? ¿Por qué estabas ahí? ¡No tiene sentido! ¡Nada de esto lo tiene!
—¿Acaso tienes idea de lo que has hecho?! —Starscream escupió las palabras con veneno, sus ópticos brillando con una furia impotente—. ¡Podía haber salido de ahí por mi cuenta! No necesitaba tu ayuda, no la quería!
Se inclinó hacia adelante, sus manos crispándose sobre la litera.
Skyfire mantuvo la mirada fija en Starscream, ignorando la forma en que sus propios ventiladores tartamudeaban con esfuerzo. No podía permitir que sus emociones lo hicieran titubear.
— No podía dejarte así —su voz era baja, pero firme—. No podía dejarte sufrir a manos de ellos.
Starscream dejó escapar un bufido despectivo, cruzándose de brazos con visible irritación.
— ¿Sufrir a manos de ellos? ¡Por favor! —soltó con sarcasmo, pero la tensión en su estructura traicionaba sus palabras—. ¡No sé qué viste allá, pero yo no necesitaba que me rescataras!
Skyfire frunció el ceño, pero antes de poder replicar, escuchó algo más, un murmullo apenas perceptible.
—Esto no debería estar pasando...
— ¿Qué dijiste? —Skyfire inclinó la cabeza, confundido.
De repente, Starscream golpeó la litera con ambos puños, su voz explotando en pura frustración.
— ¡Dije que esto no debería estar pasando!
Su cuerpo entero temblaba, sus alas tensas hasta el extremo, sus ópticos brillando con una rabia que iba más allá del enojo; era desesperación, era algo que no quería nombrar.
— ¡Yo soy quien te saca de problemas, no al revés! —continuó, su tono destilando algo que casi parecía pánico—. ¡Yo soy quien te protege! ¡Quien está un paso adelante! ¡Quien encuentra la salida cuando todo se derrumba! ¡No tú! ¡Nunca tú!
Skyfire lo miraba sin comprender del todo, pero Starscream ya no podía detenerse.
No podía aceptarlo. No podía aceptar que Skyfire hubiera sido quien lo rescatara. Porque Skyfire era... puro. Blando.
Débil.
No como él.
Starscream era el que había caído, el que había aprendido a sobrevivir en la inmundicia de la guerra, el que había vendido su orgullo una y otra vez para seguir adelante. Había sufrido bajo el yugo de Megatron, había soportado humillaciones y castigos, había tramado, traicionado y sido traicionado.
Skyfire... Skyfire aún tenía esperanza en su chispa.
Aún veía la luz.
Y él... él no tenía derecho a ensuciarlo con su miseria.
— No... no puedes ser tú —su voz bajó de golpe, áspera, vulnerable de una forma que lo enfermaba—. No tú.
Porque si Skyfire lo salvaba, si Skyfire lo sacaba de la oscuridad, entonces significaba que él estaba hundido.
Que necesitaba ser salvado.
Y Starscream no podía permitirse eso.
— ¿De qué demonios estás hablando? —Skyfire dio un paso al frente, sus ópticos buscando los de Starscream con urgencia—. ¿Por qué actúas como si hubiera hecho algo terrible? ¡Eras un prisionero, Starscream! ¡Te tenían retenido!
— ¡Y pude haber salido por mi cuenta! —espetó, su voz filosa como una cuchilla—. No necesitaba que un estúpido iluso viniera a "rescatarme" como si fuera un miserable despojo.
— ¡No estabas escapando! ¡No había forma de que lo hicieras solo! —Skyfire replicó, su propia paciencia tambaleándose.
— ¡Eso no importa! —Starscream bufó, su energía crepitando de frustración—. No entiendes nada, ¿verdad?
Skyfire frunció el ceño.
—Entonces ayúdame a entenderlo! —exigió, su voz temblando con una mezcla de rabia y desesperación—. Porque solo veo a alguien que está enojado conmigo por algo que cualquier otro mech haría por su amigo!.
Starscream se rio con amargura, un sonido cortante, venenoso.
Amigo.
Por supuesto. Para Skyfire, eso era lo que él era.
Starscream sintió una punzada en su chispa, una que lo irritó más de lo que estaba dispuesto a admitir. Amigo. Como si todo lo que él había hecho, todo lo que había perdido, todo lo que había sacrificado pudiera reducirse a esa simple palabra.
Como si no hubiera pasado ciclos enteros tratando de olvidar, tratando de convencerse de que Skyfire no significaba nada. Como si no hubiera enterrado esos sentimientos bajo capas de ambición, orgullo y supervivencia, solo para que ahora, con un simple gesto, Skyfire desenterrara todo y lo dejara expuesto, vulnerable.
Una chispa en su interior gritó que eso era lo que siempre había querido, que su búsqueda desesperada de poder, respeto y temor jamás llenaría el vacío que dejó la ausencia de Skyfire.
Pero otra parte de él—la que había sido forjada en traición, guerra y desesperación—lo odiaba por siquiera pensarlo.
— ¡Por supuesto que no lo entiendes! ¡Siempre has sido un maldito tonto! ¡Siempre has visto lo mejor de todos, lo mejor de mí, incluso cuando no existe!
Skyfire entrecerró los ópticos.
— Starscream...
— ¡Tú no puedes salvarme! —escupió, sus alas agitándose de frustración—. ¡No tú!
Skyfire sintió que algo se rompía en su chispa.
— ¿Por qué no? —preguntó con un tono más bajo, pero inquebrantable—. ¿Por qué es tan malo que haya sido yo?
Starscream se quedó callado, pero la tensión en su estructura era abrumadora. Sus manos se cerraron en puños. Su mirada ardía con algo más que furia.
— Porque entonces significaría que necesito ser salvado... —susurró finalmente, su voz ronca, cargada de un dolor que no quería admitir.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire, como un disparo que aún reverberaba.
Skyfire sintió la verdad detrás de ellas como un golpe en su centro.
Starscream se quedó allí, con las alas tensas y los puños apretados, esperando... ¿qué? ¿Qué se burlara de él? ¿Qué lo mirara con lástima?
Pero Skyfire solo dio otro paso, su mirada sin titubeos.
— Y si lo necesitas... ¿qué?
Starscream apretó los dientes, como si su propio cuerpo se resistiera a responder. Como si admitirlo en voz alta lo destruyera.
— No puedo permitírmelo —susurró finalmente, apenas audible.
Starscream sintió su estructura temblar. No de rabia, sino de algo mucho peor. Algo que había mantenido enterrado bajo capas de orgullo, de ira, de necesidad de sobrevivir.
— ¿Quieres saber por qué? —su voz se quebró en una risa amarga—. Porque esto no debería estar pasando. ¡Nada de esto debería estar pasando!
Skyfire no dijo nada. No interrumpió. Simplemente lo miró, con esos malditos ópticos azules que nunca lo juzgaban, que nunca lo veían como el resto.
—Antes, todo tenía sentido —continuó Starscream, y su voz sonaba cada vez más descompuesta, más rota—. Cada ciclo era predecible: Investigar, registrar resultados, presentar informes. Todo era... monótono, sí, pero claro. No importaba nada más. No importaba lo que hubiera sido antes. No sin ti.
Apretó los puños, sus garras rechinando contra su propia armadura.
— Pero cuando lo perdí... cuando te perdí, quería destruirlo todo. Nada tenía sentido. Nada importaba.
Skyfire entreabrió los labios, pero Starscream no le dio oportunidad de hablar.
— Entonces encontré algo. Algo que me permitió seguir adelante. Una causa, una razón para existir. —Sus ópticos se oscurecieron un instante, como si reviviera todos esos ciclos de guerra, de muerte, de desesperación—. ¡Luché, escalé, me hice valer! Me convertí en alguien respetado, en alguien temido. En alguien que no volvería a ser pisoteado.
Su voz se tornó un susurro afilado.
— Y entonces volviste.
Skyfire sintió un nudo apretarle la chispa.
— Starscream...
— ¡Y, Lo arruinaste todo! —escupió con frustración, sus alas agitándose con violencia—. ¡Tú y esa condenada manera de verme como si yo siguiera siendo el mismo idiota que volaba a tu lado hace millones de años! Como si nada hubiera cambiado.
Su respiración se aceleró, y por un momento pareció que iba a decir algo más, pero se detuvo.
Skyfire, sin embargo, ya lo sabía. Lo veía en su mirada, en la forma en la que temblaba, en cómo su cuerpo parecía debatirse entre seguir luchando o derrumbarse por completo.
— No quieres perderme de nuevo —susurró, dándole voz a la verdad que Starscream no se atrevía a decir.
Starscream cerró los ópticos con fuerza.
— No.
El silencio que cayó entre ambos fue abrumador.
— Porque a pesar de todo... —Starscream sintió su voz temblar, sus propias palabras atrapadas en su garganta como metralla—. A pesar de la guerra, de los ciclos de odio, de lo que tuve que hacer para sobrevivir...
Sus ópticos rojos se encontraron con los de Skyfire, y en ese instante, ya no pudo esconderse más.
— A pesar en lo que me he convertí...
Inspiró profundamente, como si el aire pudiera darle valor. Pero no había vuelta atrás.
— Te amo.
La confesión salió como un disparo, una herida abierta en su chasis. Lo amaba. Lo había amado incluso cuando se convenció de que ya no era posible. Incluso cuando lo perdió. Incluso cuando trató de arrancarlo de su chispa, de enterrarlo bajo capas y capas de ambición y rencor.
Y se odiaba por ello.
— Y lo odio —su voz se quebró, y esta vez ni siquiera intentó ocultarlo—. Me odio.
Una risa vacía escapó de sus labios, rota, desesperada.
— Porque no debería sentir esto. Porque no debería importarme. ¡Porque no debería quererte! No después de todo lo que pasó, no después de lo que soy ahora.
Se agarró la cabeza con ambas manos, las garras temblando contra su casco.
— ¿Cómo podría gustarte ahora? —escupió, con furia, con dolor—. ¿Cómo podría siquiera agradarte en lo que me he convertido?
Respiró agitadamente, su ventilador tartamudeando en un intento de regular su energía, pero no podía. No podía porque Skyfire seguía ahí, mirándolo con esos ópticos suaves, como si lo entendiera, como si nada de lo que él dijera pudiera cambiar lo que veía en él.
Starscream dejó caer las manos, sintiéndose vacío, sintiéndose agotado.
— No importa cuánto lo intente, cuánto lo niegue... nunca se ha ido. Nunca dejó de estar aquí.
Se tocó el pecho, casi en un reflejo involuntario, y su voz cayó en un susurro.
— Sigo amándote. Y me condena cada ciclo, cada astro, cada fragmento de chispa en mi interior.
El silencio se alzó entre ellos, espeso, como el vacío del espacio. Y entonces, después de lo que pareció una eternidad, Skyfire finalmente habló.
— Yo también.
Starscream parpadeó.
—¿Qué?
Su voz fue pequeña, frágil, como si temiera haber escuchado mal. Sus ópticos finalmente se alzaron para mirarlo a la cara, y Skyfire... Skyfire se acercó, sin dudarlo, sin miedo.
—También te amo.
Starscream sintió que su chispa saltaba en un latido.
Starscream retrocedió, como si las palabras de Skyfire fueran una amenaza, como si el peso de ellas pudiera aplastarlo.
—No. —Negó con la cabeza, con el cuerpo entero, con la chispa—. No, eso no puede ser posible.
Sus ópticos temblaron cuando lo miró de nuevo, cuando su voz se quebró con furia y desesperación.
— ¡Tú no puedes amarme!
Y señaló con una garra temblorosa, acusadora, como si con ese gesto pudiera romper la realidad, como si pudiera negar lo que estaba ocurriendo. Como si pudiera negar lo que sentía.
Skyfire no desvió la mirada.
— Starscream...
Su voz era suave, dolida, pero firme. Dio un paso adelante, extendiendo sus manos, queriendo alcanzarlo, queriendo sostenerlo, demostrarle que hablaba en serio.
— Te amo. De verdad.
Intentó tomar sus manos, pero Starscream reaccionó al instante.
Con un golpe seco, apartó sus manos de un manotazo.
— ¡NO!
El sonido resonó entre ellos, como un disparo en la distancia.
Skyfire se quedó inmóvil. No por el dolor físico, sino por lo que el golpe significaba.
Starscream respiraba con dificultad, su estructura rígida, las alas tensas contra su espalda. Lo miró con furia, con desesperación, con miedo.
— No puedes... —susurró, casi como una súplica—. No puedes amarme.
— Pero lo hago.
La voz de Skyfire fue suave, pero firme. No titubeó. Ni apartó la mirada.
Starscream sintió que algo dentro de él se rompía aún más.
— ¡No puedes! —gruñó, con los ventiladores acelerados.
Skyfire avanzó.
— Lo hago, Starscream —insistió, con el tono de quien estaba dispuesto a decirlo cuantas veces fueran necesarias—. Te amo, porque... porque incluso cuando eres cruel, incluso cuando tratas de alejarme, incluso cuando dices que no me necesitas, yo veo la verdad en ti.
Starscream apretó los dientes.
— ¡No sabes nada de mí!
— Sé suficiente —Skyfire no se detuvo—. Sé lo que sacrificaste. Sé lo que perdiste. Sé cuánto te dolió, cuánto te duele todavía.
Se acercó de nuevo, con la intención de tomar sus manos otra vez.
Starscream reaccionó al instante, alzando el brazo para apartarlo con otro golpe. Pero esta vez, Skyfire lo detuvo.
Lo sostuvo.
Starscream sintió la presión alrededor de su muñeca, sintió el calor de su contacto.
—Déjame ir —gruñó entre dientes, pero su voz sonaba más rota que furiosa.
— No.
Starscream intentó usar su otra mano, esta vez para empujar a Skyfire lejos, pero sin pensarlo, sus garras se clavaron en su chasis, aferrándose, como si en el fondo, su propio cuerpo se negara a apartarlo.
Como si no pudiera.
Como si no quisiera.
Skyfire no dudó más.
Con un movimiento firme, lo envolvió en un abrazo, tirando de él con la misma determinación con la que había pronunciado aquellas palabras.
Starscream se quedó rígido al principio, con su cuerpo temblando por la tensión, por la ira, por el torbellino de emociones que se desbordaban dentro de él. Pero entonces, como si algo dentro suyo finalmente cediera, se aferró a Skyfire.
Sus garras se hundieron en su chasis, con desesperación, con rabia.
— Eres un... un idiota, un necio sin arreglo, una chatarra oxidada, un estúpido de turbozorro, un maldito engranaje defectuoso, un procesador sobrecalentado, un servomecanismo inútil, un montón de metal sin sentido, un cabeza hueca de primera, un vuelo fallido, una condenada lata ambulante —jadeó, con su voz rota entre cada palabra, con sus ventiladores hipando entre sollozos ahogados—. ¡Eres lo peor!
Skyfire no dijo nada. Solo lo sostuvo con más fuerza.
Y Starscream... Starscream escondió el rostro en su chasis, aferrándose aún más fuerte.
— Aun así... —Starscream inhaló temblorosamente, su rostro aún oculto contra el chasis de Skyfire—. No podemos estar juntos.
Su voz sonaba más calmada, agotada. Como si cada palabra que había soltado antes lo hubiese drenado por completo.
Skyfire, sin soltarlo, comenzó a trazar suaves círculos en su espalda con sus dedos. Era un contacto ligero, apenas una caricia, cuidadoso de no tocar sus alas.
— ¿Por qué? —preguntó en voz baja, con genuina inquietud.
Starscream cerró los ópticos por un momento.
— Porque te pondría en peligro —confesó finalmente—. Megatron... —Su tono se endureció, pero no se adentró en detalles—. Digamos que él y yo no nos llevamos precisamente bien.
Skyfire se tensó apenas, comprendiendo lo que eso significaba.
Starscream dejó escapar un suspiro cansado.
Hizo una pausa, finalmente alejando un poco su rostro para mirar a Skyfire con cansancio—. No quiero que mate.
— No soportaría otra vez ese dolor... —susurró Starscream, su voz apenas un hilo, pero cargada de un peso abrumador.
—Star... —Skyfire quiso alcanzarlo, quiso sostenerlo, pero la chispa de su mech brilló con una furia repentina.
Starscream se zafó del abrazo de golpe, empujándolo con ambas manos, alejándolo.
— ¡No! —espetó, su cuerpo vibrando con frustración—. ¿No lo entiendes?! Aceptarlo... ¡Aceptar esto... significaría someterme!
Skyfire lo miró, con sus ópticos llenos de tristeza y comprensión, pero Starscream no le dio oportunidad de hablar.
— Sería darle a Megatron en bandeja de plata todo lo que soy. ¡Perdería lo poco que queda de mí! ¡Perdería mi libertad!
Starscream se agarró el casco con ambas manos, moviéndolo de un lado a otro con desesperación, negándose a pensar en lo que sus propias palabras implicaban.
— Si él se entera, si siquiera lo sospecha... —Su tono se quebró, y su expresión se ensombreció aún más—. Tendría que someterme a él para salvarte, para protegerte... ¡y ni siquiera eso garantizaría tu seguridad!
Su respiración se aceleró. Su mente giraba, su chispa latía con un pánico visceral.
— Y si lo hiciera... si lo hiciera, entonces no tendría sentido todo lo que he hecho.
Skyfire frunció el ceño, pero dejó que hablara.
— Nada tendría sentido... —Starscream soltó una risa amarga, temblorosa—. Todo lo que hice, todas las cosas horribles que hice... por venganza, por ti.
Skyfire sintió su chispa apretarse al escuchar eso.
— Por vengarte —susurró Starscream, con el dolor crudo en su voz—. Por abolir el sistema que te dejó morir.
Su voz tembló y su respiración se quebró en un jadeo.
— Nada tendría sentido si simplemente decidiera olvidar todo eso.
Skyfire ya no lo soportó más. Se lanzó hacia él, atrapándolo en un abrazo fuerte, desesperado.
—Starscream... —susurró, su voz dulce y firme.
Starscream sintió su estructura estremecerse. Su cuerpo quería aferrarse a él, pero su mente se negaba.
— ¡Déjame ir! —gruñó, forcejeando contra el abrazo—. ¡No quiero escucharte! ¡No quiero escucharte, maldita sea!
Pero Skyfire no lo soltó y volvía a repetir esas dos palabras...
— Te amo.
Starscream se detuvo.
Sus brazos seguían empujándolo, sus manos estaban sobre su pecho, forzando un pequeño espacio entre ellos, pero ya no tenía fuerzas para apartarlo.
Sus ópticos se alzaron, temblorosos.
— Deja de decir eso... eso no puede... eso no puede ser posible. No después de todo lo que he hecho y... dije.
Skyfire le sonrió con tristeza, pero con una ternura inquebrantable.
— Pero aún así lo hago.
Starscream dejó escapar un jadeo corto, como si le hubieran dado un golpe directo a su chispa.
Y entonces, con un grito ahogado, golpeó el pecho de Skyfire.
— ¡Idiota! —Lo golpeó otra vez—. ¡Ingenuo, cabeza hueca, chatarra sentimental!
Cada insulto venía con un golpe más fuerte, hasta que finalmente, su fuerza se desvaneció y sus golpes se hicieron más débiles.
Hasta que finalmente se detuvo.
Hasta que finalmente dejó caer la cabeza contra su pecho.
— Yo también lo hago, chatarra... —murmuró, con una voz apenas audible.
Su cuerpo temblaba. Sus alas temblaban. Su armadura temblaba.
—Estamos condenados... —susurró, apenas un soplo entre el metal.
Skyfire lo abrazó más fuerte, sosteniéndolo, protegiéndolo, sin importar lo que pasara después.
.
Skyfire suspiró suavemente, permitiéndose disfrutar del momento un poco más antes de alzar su mirada a un monitor cercano.
— Starscream... —lo llamó con suavidad.
No hubo respuesta.
Intentó de nuevo, esta vez removiéndose un poco en su sitio y dándole un ligero empujón. Esta vez, recibió un sonido de molestia en respuesta, algo entre un gruñido y un quejido. Skyfire sonrió con ternura.
— Es tarde, deberíamos recargarnos.
Starscream no respondió de inmediato. Sus alas temblaron levemente, y por primera vez desde que había hundido el rostro en su chasis, alzó la cabeza y lo miró directo a los ópticos.
— ¿Mi litera o la tuya? —preguntó con un tono casual, como si fuera lo más normal del mundo.
Skyfire sintió cómo su sistema de enfriamiento se activaba al instante. Su chasis se calentó visiblemente, tomando un leve tono azulado.
— ¡Eso no es lo que estaba pidiendo! —replicó de inmediato, la vergüenza en su tono delatándolo.
Starscream entrecerró los ópticos con un brillo pícaro, sus labios curvándose en una sonrisa burlona.
— Me refería a "recargar", ¿En qué estabas pensando, Skyfire?
El tono juguetón en su voz hizo que Skyfire se pusiera aún más azul.
— ¡No estaba...! —intentó replicar, pero las carcajadas de Starscream lo interrumpieron.
— ¡Oh, Primus! ¡¿Quién lo diría?! El honorable Skyfire pensando en esas cosas... ¡Qué descaro!
Skyfire apartó el rostro, cruzando sus brazos con una expresión de pura vergüenza.
Starscream, aún riendo, dejó que su burla se apagara poco a poco antes de suspirar con algo parecido a la diversión.
— Tranquilo, solo era una broma.
Skyfire le dedicó una mirada de sospecha.
— Aunque... — Starscream inclinó la cabeza, su voz tomando un matiz más relajado—. No me importaría compartir litera contigo.
Skyfire parpadeó.
— ¿En serio?
Starscream se encogió de hombros, como si no fuera gran cosa.
— Por supuesto. Además, la mía es más grande.
.
.
.
.
.
Los ciclos pasaron, y poco a poco, la normalidad de sus días comenzó a girar en torno a algo nuevo. Algo que Starscream nunca se habría permitido antes. Algo que, para su desconcierto, no se sintió como una debilidad... sino como algo natural.
Cada ciclo, antes del amanecer, Starscream abría los ópticos y lo primero que veía era el brillo tenue del chasis de Skyfire a su lado. Su calor. Su presencia. Y, por alguna razón, en vez de apartarse, en vez de alejarse antes de que el otro despertara, simplemente se quedaba allí.
Y Skyfire, sin falta, lo abrazaba.
Sus manos trazaban círculos en los circuitos de su espalda, sobre su armadura, hasta llegar a sus alas.
Desde un principio, Skyfire fue respetuoso con Starscream y solo se limitó a trazar leves movimientos en su espalda, sin tocar sus alas. Hasta que un día, Starscream se hartó.
— ¿Vas a seguir actuando como si fuera a romperme? —bufó, su tono cargado de impaciencia.
Skyfire, que había estado dibujando lentos círculos en su espalda, se detuvo de inmediato.
— No es eso... es solo que... —Su ventilación se aceleró, y un leve tono celeste se extendió por su armadura—. No quisiera cruzar un límite.
Starscream rodó los ópticos, exasperado.
— Si no quisiera, te lo habría dicho. —Se giró apenas, su mirada encendida por una chispa desafiante—. ¿O es que te da miedo tocarme, Skyfire?
Skyfire sintió su sistema fallar por un nanoklik.
— No es miedo —protestó, aunque su tono lo traicionaba.
Starscream sonrió con burla y, con un movimiento lento pero intencionado, agitó sus alas apenas, casi rozando las manos de Skyfire.
— Entonces hazlo.
Skyfire tragó en seco.
— S-Stars...
— No voy a repetirlo.
— Pero... las alas son...
— Si no lo haces —la voz de Starscream se tornó más filosa, más retadora—. Dejaré de visitarte en el laboratorio.
Skyfire parpadeó con incredulidad.
— Eso es un chantaje.
— ¿Y? —Starscream ladeó la cabeza con una expresión de absoluta indiferencia—. ¿Vas a hacerlo o no?
El calor volvió a recorrer el sistema de Skyfire. No era justo. No era justo.
Pero Starscream lo estaba viendo con esos ópticos afilados, esa mezcla de expectación y orgullo, como si estuviera midiendo hasta dónde llegaría por él.
Así que, con un último respiro profundo, Skyfire finalmente deslizó sus manos con seguridad sobre sus alas.
Starscream dejó escapar un suspiro bajo y satisfecho.
Ahora, así eran todos sus despertares.
Antes de que el primer rayo de luz cruzara el horizonte, antes de que la Nemesis se llenara de actividad y de que los Vehicons empezaran a patrullar, Starscream despertaba con las manos de Skyfire recorriendo su espalda y sus alas, trazando movimientos lentos y precisos, presionando con la justa fuerza en cada unión, en cada circuito tenso.
Era un ritual que había nacido de una orden caprichosa de Starscream, pero que ahora era algo más. Algo que ninguno de los dos se atrevía a nombrar.
Skyfire nunca se apresuraba. Sus movimientos eran pacientes, como si estuviera memorizando cada centímetro de Starscream con sus manos, como si quisiera grabarlo en su código mismo. Y cuando terminaba, inclinaba su rostro con reverencia y depositaba un beso sobre las afiladas alas de Starscream, dejándolo apenas sentir la calidez de su máscara.
Starscream siempre se mantenía en silencio cuando lo hacía, con los ópticos apenas entrecerrados. Nunca lo detenía. Nunca decía nada.
Luego, como si siguiera una coreografía ensayada, Skyfire se inclinaba y besaba su casco, justo sobre su cresta, con una suavidad casi dolorosa.
— Ya me voy —susurraba entonces, su voz baja y grave, apenas un eco entre ellos.
Y antes de que Starscream pudiera reaccionar, antes de que pudiera susurrar algo de vuelta, Skyfire se apartaba con sigilo, moviéndose con la precisión de un mech que sabía lo que estaba en juego.
Siempre evitaba las cámaras.
Siempre se iba antes de que Soundwave pudiera verlo.
Porque si el espía de Megatron descubría su relación, la información llegaría a oídos de su líder antes del amanecer.
Y los días en que les tocaban misiones lejos de la Nemesis, como explorar alguna cueva en busca de Energon, eran los mejores.
Eran días tranquilos, donde podían surcar los cielos despejados, alejados del peso de las miradas inquisitivas y del miedo constante de ser descubiertos. Skyfire volaba a su lado, a veces adelantándose, a veces siguiéndolo, pero siempre cerca, lo suficiente como para sentir la turbulencia que Starscream dejaba tras de sí.
Para Skyfire, cada vuelo era una maravilla. No solo porque podía estar con Starscream sin restricciones, sin el miedo de Soundwave acechando en cada sombra, sino porque este planeta, la Tierra, tenía algo que Cybertron ya no tenía: Vida.
— Mira eso —le decía a Starscream a veces, señalando con un leve movimiento de ala alguna vasta extensión de bosques, o las ondulantes dunas de un desierto.
Starscream solo resoplaba.
— Es solo vegetación. ¿Qué tiene de interesante?
Pero Skyfire no le prestaba atención. En cuanto aterrizaban, si la misión se lo permitía, se detenía a recolectar muestras.
Flores diminutas que crecían en los bordes de las cuevas de Energon. Fragmentos de rocas erosionadas por el viento. Hojas de árboles extraños que se sacudían con la brisa.
— Si Megatron se entera de que en lugar de recolectar Energon te dedicas a jugar con plantas, te arrancará las manos —murmuraba Starscream, con los brazos cruzados, observándolo con una mezcla de burla y genuina exasperación.
Skyfire solo se reía, guardando con cuidado su última muestra.
— Es ciencia, Starscream. ¿No te da curiosidad?
— No.
Pero aún así, cada vez que Skyfire se distraía demasiado con sus muestras, Starscream terminaba lanzándole una mirada de reojo y diciéndole que se apurara, que había visto algo más adelante que podría interesarle.
Skyfire nunca lo mencionaba, pero sabía que, en su propia manera retorcida, Starscream lo estaba ayudando.
Y esos eran los días tranquilos.
En cambio, otros... no lo eran tanto.
Todo había ocurrido demasiado rápido. Los Autobots los habían emboscado cerca de un yacimiento de Energon, y aunque Skyfire había peleado junto a los suyos, de alguna manera terminó aislado en el campo de batalla. Y no con cualquier Autobot.
Con el Prime
Optimus Prime se alzaba imponente frente a él, con su postura firme, su mirada severa. Skyfire apretó los dientes y sostuvo con fuerza la cuchilla afilada que llevaba. No era un arma a distancia. No era un bláster con el que podía atacar desde lejos y evitar el contacto directo. No. Esta vez tenía que pelear cuerpo a cuerpo.
El choque fue brutal. Chispa contra chispa. Acero contra acero.
Skyfire luchó con todo lo que tenía. Sus golpes eran rápidos, certeros. Su mente trabajaba a toda velocidad, analizando los movimientos del Prime, buscando una apertura, cualquier oportunidad de inclinar la balanza a su favor.
Pero Optimus era un guerrero experimentado. Más de lo que Skyfire jamás podría aspirar a ser.
Con un solo movimiento, veloz como un relámpago, Optimus bloqueó su ataque y lo desarmó.
El arma se deslizó lejos, fuera de su alcance.
Skyfire apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de sentir el impacto. Su cuerpo golpeó el suelo con fuerza, y cuando alzó la mirada, encontró la afilada cuchilla del Prime apuntando directamente a su cuello.
No había escapatoria.
Por primera vez en su vida, Skyfire pensó que ese sería su fin.
Cerró los ópticos.
Lo siento, Starscream.
Era su último pensamiento. Un susurro silencioso dentro de su chispa. Una disculpa que nunca podría decirle en voz alta.
Pero el golpe nunca llegó.
Skyfire seguía vivo.
Confundido, abrió los ópticos lentamente, esperando ver la hoja de la cuchilla descendiendo sobre él. Pero en su lugar, lo que encontró fue una mano extendida hacia él.
La de Optimus Prime.
Su gesto era firme. No había crueldad en su mirada ni satisfacción por haberlo vencido. Solo una quietud inquebrantable, como si le estuviera ofreciendo una salida.
Skyfire no supo qué hacer al principio. Permaneció en el suelo, con su sistema interno aún en alerta, procesando lo que ocurría. ¿Por qué no terminaba con él?
Dudoso, casi con recelo, alzó su mano y la tomó.
El agarre del Prime era fuerte, pero no doloroso. En un solo movimiento, lo ayudó a ponerse de pie.
Skyfire se tambaleó un poco, todavía desconcertado. Su sistema registró los daños que había sufrido en la pelea, pero ninguno era crítico. Seguía de una sola pieza. Seguía con vida.
Optimus lo miró un instante más antes de soltarlo.
— No desperdicies esta oportunidad —dijo con su voz profunda y serena.
Skyfire abrió la boca, pero no encontró palabras. ¿Por qué? ¿Por qué lo estaba dejando ir?
Antes de que pudiera preguntar, un disparo resonó en el campo de batalla.
El conflicto aún no había terminado.
Optimus giró sobre sus talones y se alejó sin decir más, volviendo a unirse a la lucha.
Skyfire se quedó allí, con su chispa latiendo con fuerza dentro de su pecho.
No entendía.
Pero tampoco podía quedarse quieto.
Con una última mirada al Prime, se giró y emprendió vuelo.
Cada vez que veía al Prime, algo se removía en su interior.
Era un murmullo, un eco en lo más profundo de su chispa que no podía ignorar.
No perteneces aquí.
Pero al mismo tiempo, sí lo hacía.
Aquí estaba Starscream. Aquí estaba la causa en la que había decidido creer, la que había abrazado con todas sus fuerzas tras ser ignorado, tras ver cómo su ruego desesperado por rescatarlo no había significado nada. Aquí estaba su estrella.
Y por eso, quería apoyarlo.
Quería estar con él, pelear a su lado, demostrar que, aunque algo dentro de él dudara cuando veía al Prime, no tenía dudas sobre Starscream.
Pero los días que más amaba, los que más le llenaban de paz, eran aquellos en los que no había batallas ni estrategias.
Eran los días en los que podía perderse en su laboratorio, en los que pasaba ciclos enteros investigando la composición de la Tierra, descubriendo los secretos de sus elementos, analizando cada pequeña muestra que había recolectado en sus misiones. La ciencia era su pasión, lo que le hacía sentir que todavía podía hacer algo más allá de la guerra.
Pero lo que hacía esos días realmente peculiares... era Starscream.
Su presencia nunca era silenciosa. Desde el momento en que entraba, llenaba el laboratorio con su energía. Siempre encontraba la manera de interrumpirlo, de hacer algún comentario ingenioso sobre cómo desperdiciaba su tiempo con esas cosas en lugar de hacer algo "más útil".
Y sin embargo, se quedaba.
Al principio, Skyfire pensaba que era porque Starscream no tenía nada mejor que hacer, pero con el tiempo entendió que era todo lo contrario: Starscream estaba ahí porque quería estar con él.
Y, en algunos ciclos, lo hacía notar demasiado.
— Oh, Skyfire... —murmuró Starscream una vez, apoyándose en su mesa de trabajo mientras trazaba círculos con una garra sobre la superficie metálica—. ¿Cuánto más te piensas quedar aquí jugando con tierra?
Skyfire, concentrado en un análisis de minerales, apenas giró una antena hacia él.
— No estoy jugando, Starscream. Es fascinante cómo los elementos de este planeta pueden...
— Sí, sí, fascinante, claro. —Starscream rodó los ópticos y se inclinó un poco más hacia él, su voz bajando de tono—. Pero dime, ¿Acaso no hay algo más fascinante en esta habitación que tu precioso polvillo terrestre?
Skyfire se tensó un poco. Sabía lo que estaba haciendo. Sabía exactamente qué estaba haciendo.
Y lo peor era que funcionaba.
Starscream lo miraba con esa sonrisa ladina, con esos movimientos calculados que sabía que lo afectaban, inclinando ligeramente la cabeza de una manera que lo hacía ver indecentemente atractivo.
Era irritante.
Y Skyfire no podía evitar que los tonos celestes volvieran a subir por su rostro.
Starscream notó el cambio de color y su sonrisa se amplió.
— ¡Oh, mira eso! —exclamó, apoyando un codo sobre la mesa y posando el mentón sobre su mano—. ¿Te has sonrojado, Skyfire?
—N-no... —balbuceó, desviando la mirada.
—¿En serio? —preguntó Starscream, ladeando la cabeza con una ceja alzada, antes de inclinarse peligrosamente cerca—. Vamos, déjame ver de cerca.
—N-no es nada... —murmuró, sin mucha convicción.
Antes de que pudiera dar un paso atrás, Starscream tomó su rostro entre sus manos, inclinando su cabeza con descarada curiosidad.
— Mira nada más... Estás tan azul como el energón más puro.
Skyfire cerró los ópticos, soltando un suspiro nervioso.
—Si... si sigues así, voy a lanzarte fuera del laboratorio —dijo, sin demasiada firmeza.
—¿Oh? —Starscream ladeó la cabeza aún más, sin soltarlo—. ¿Entonces ya no me quieres aquí?
Skyfire dudó, luego retiró sus manos con torpeza, como si temiera hacerlo bruscamente.
—No he dicho eso... —admitió en voz baja.
—Lo sabía —susurró Starscream, sonriendo con triunfo mientras alzaba una ceja—. Sabía que no podrías resistirte a mi encanto.
Skyfire desvió la mirada, intentando ocultar la creciente temperatura de sus placas faciales, y regresó al monitor frente a él con movimientos torpes.
Sí, Starscream podía ser insoportable.
Pero, aun así... le gustaba tenerlo cerca.
Nada hubiera sido mejor.
Nada hubiera sido más perfecto que esos ciclos de tranquilidad, de rutina, de estudios en su laboratorio con Starscream acosándolo con su coquetería descarada, con sus misiones recolectando energon y explorando los cielos juntos.
Pero, por supuesto, la guerra nunca permitía que nada se mantuviera así.
Fue en una de sus tantas confrontaciones con los Autobots. Una emboscada. No eran solo soldados esta vez: Optimus estaba ahí. Y eso lo cambió todo.
Skyfire había permanecido en el aire, cubriendo a Starscream desde las alturas, disparando cuando era necesario, pero cuando vio que Optimus se dirigía hacia él, supo que no podría evitar el enfrentamiento. El líder Autobot no atacó de inmediato, solo se movió con firmeza, con esa presencia imponente que siempre hacía que algo en su chispa titilara con duda.
— Skyfire.
Su voz era profunda, fuerte, pero no hostil.
Skyfire aterrizó con cautela, pero no bajó la guardia. No cometería el mismo error dos veces.
— ¿Qué quieres, Prime?
— Hacerte una pregunta.
El Autobot avanzó un paso, y Skyfire apretó los puños, pero no atacó. No todavía.
— ¿Por qué estás aquí?
Skyfire frunció el ceño.
—No tengo por qué responderte.
— Skyfire, tienes que tomar una decisión.
Skyfire se tensó.
—¿Decisión? —su tono fue burlón, pero solo para ocultar el peso en su chispa—. La decisión ya la tomé cuando elegí mi bando.
— No puedes seguir a Megatron ciegamente.
Las palabras de Optimus fueron directas, sin agresividad, pero con el peso de la verdad.
Y eso lo enfureció.
— No lo hago.
— ¿No? —Optimus inclinó la cabeza, observándolo con la misma calma inquebrantable—. Entonces dime, Skyfire... ¿Qué es lo que realmente estás siguiendo?
El aire se sintió pesado.
Skyfire apretó los puños. No estaba siguiendo a Megatron.
Nunca lo había hecho.
Desde el momento en que fue rescatado, cuando su chispa apenas se acostumbraba de nuevo al calor después de tanto tiempo sumida en el frío...
Desde el momento en que sus ópticos se cruzaron con los de Starscream.
— Lo que Megatron busca no traerá paz. —continuó Optimus—. Solo más guerra, más destrucción.
Skyfire no respondió.
— Te he visto. —Optimus rompió el silencio, su voz firme, sin hostilidad—. En las últimas misiones.
Skyfire no se movió, pero su visor se entrecerró con cautela.
— He visto cómo protegiste a los humanos, cómo los ayudaste a evacuar para que no terminaran en fuego cruzado.
Su chispa dio un vuelco.
— Eso no es algo que un Decepticon haría.
Skyfire apretó los puños.
— No sabes nada de mí.
— Sé que no perteneces a esto. —Optimus mantuvo la mirada fija en él—. Y también lo sabes.
Las palabras lo golpearon más fuerte de lo que deberían.
Más abajo, en el acantilado, Starscream seguía combatiendo contra los Autobots. No estaba viendo, no estaba escuchando. No tenía idea de la conversación que se estaba dando aquí arriba.
Pero eso no cambiaba nada.
Skyfire no estaba siguiendo a Megatron. Nunca lo había hecho.
Desde el momento en que sus ópticos se cruzaron con los de Starscream.
Él era la razón por la que estaba aquí.
Pero ahora... ¿Qué significaba eso?
—Tienes la oportunidad de hacer lo correcto. —Optimus dio un paso adelante—. Únete a nosotros.
El silencio se alargó entre ambos.
Skyfire sintió su respirador fallar por un segundo.
Unirse a los Autobots.
Por primera vez, no sonaba como una locura.
Optimus mantuvo su postura firme, sin apartar la mirada de Skyfire.
— Aquí. —Señaló el suelo con una inclinación de su mano—. A las 3 AM, hora terrestre.
Skyfire parpadeó, confundido.
— ¿Qué?
— Si realmente quieres hacer algo bien... ven.
— Podemos terminar esta guerra. —Optimus continuó, con esa convicción inquebrantable—. Juntos.
Optimus no esperó una respuesta. Solo le dio una última mirada, como si ya supiera que lo pensaría, y luego se retiró.
Skyfire se quedó solo.
Solo con sus pensamientos.
Y con la dirección de un punto de encuentro que podría cambiarlo todo.
.
.
.
.
.
Skyfire intentó concentrarse.
Los datos del último análisis de la flora terrestre estaban justo frente a él, la pantalla de su terminal brillaba con gráficos y números que usualmente le absorberían por horas... pero ahora solo eran líneas borrosas.
Su visor se desvió, casi por instinto, hacia la pequeña interfaz de su sistema interno.
Tiempo restante hasta las 3 AM, hora terrestre: 10:02:47
Una exhalación pesada escapó de su sistema.
¿Por qué estaba contando las horas? ¿Por qué siquiera estaba considerando ir?
Optimus Prime le había hecho una oferta. Una que, en cualquier otro momento, hubiera desechado sin pensarlo dos veces. No era un Autobot. No tenía que serlo.
Pero entonces, ¿Por qué su chispa latía con un incómodo peso en su cavidad torácica?
Volvió a intentar enfocarse en los datos. Energía residual en la estructura vegetal terrestre. Composición del néctar. Interacción con el Energon. Nada. No podía concentrarse.
El visor volvió a caer sobre su reloj interno.
09:58:12
Skyfire frunció el ceño, cerrando el puño sobre la mesa.
Se obligó a pensar en las razones por las que no debía ir. Su sitio estaba aquí. Con Starscream. Siempre había sido así. Desde el momento en que lo encontró nuevamente, él había sido su razón de estar aquí.
Pero entonces... ¿Por qué dudaba?
Porque tal vez... tal vez Prime tenía razón.
Los Autobots habían notado lo que él creía que nadie veía. Sabían que protegía a los humanos, que no permitía que fueran arrastrados por la guerra. Sabían que, aunque formaba parte de los Decepticons, no luchaba por los mismos ideales que Megatron.
Sabían que él... estaba atrapado.
— No. —Masculló, volviendo a centrarse en la pantalla—. No lo estoy.
Pero su reloj seguía contando.
09:52:37
Y su chispa... no dejaba de arder.
El sonido de la puerta deslizándose se mezcló con la voz altanera y triunfante de Starscream.
— ¡Hah! ¡Oh, deberías haberlo visto, Skyfire! ¡Los hice polvo! Yo solo acabé con esos Autobots. —Su tono rebosaba orgullo mientras avanzaba al interior del laboratorio con sus pasos ligeros y seguros—. Realmente deberían aprender de su glorioso segundo al mando, ¡Starscream!
Skyfire parpadeó y enderezó su postura de inmediato, tratando de parecer lo menos perturbado posible.
— Impresionante como siempre. —respondió con un tono tranquilo, aunque sintió su propia voz un poco más mecánica de lo normal.
Starscream se detuvo.
Los bordes de su sonrisa se suavizaron y, por un instante, su mirada escaneó a Skyfire con detenimiento.
— ...¿Skyfire?
Skyfire mantuvo su compostura, su visor centrado en la pantalla de datos.
— ¿Sí?
Starscream entrecerró los ópticos.
Algo está mal.
Starscream se cruzó de brazos, ladeando la cabeza con una expresión de evidente desconfianza.
— No me engañas, Sky. ¿Qué pasa? —Su tono no era paciente ni amable, sino exigente, esperando una respuesta inmediata.
Skyfire sintió sus alas bajar instintivamente apenas cinco grados.
— No es nada. —respondió, sin apartar la vista de la pantalla—. Es solo... un pensamiento que no puedo sacar de mi procesador.
Starscream chasqueó la lengua y en un instante ya estaba a su lado, inclinándose levemente, lo suficiente como para que su campo de visión quedara atrapado en esos ópticos rojos que lo escrutaban con intensidad.
— ¿Un pensamiento? —repitió con burla—. ¿Sobre qué exactamente?
Skyfire exhaló un suspiro y desvió la mirada.
— Es una hipótesis. —dijo lentamente, calibrando sus palabras con cuidado—. Una pregunta, más bien.
Starscream arqueó una óptica con escepticismo, pero no lo interrumpió.
— ¿Por qué destruirlo todo?
El aire en el laboratorio pareció volverse denso.
— ¿Perdón? —La voz de Starscream se tornó filosa.
Skyfire mantuvo la mirada fija en la pantalla por un instante, pero finalmente desvió los ópticos hacia Starscream.
— Los humanos... son seres vivos.
Starscream entrecerró los ópticos.
— ¿Y qué con eso?
— Sienten. Piensan. —Skyfire continuó, su voz tranquila pero firme—. Tal vez no como nosotros, tal vez no con la misma capacidad o tecnología, pero eso no significa que sean insignificantes. Están vivos, Starscream. Y ninguna vida debería ser menospreciada.
Starscream chasqueó la lengua y apoyó una mano en la mesa con un golpe seco, haciendo que algunas herramientas vibraran.
— ¡Eso no importa! —exclamó con impaciencia—. ¿Y qué si están vivos? ¿Y qué si sienten? No son nuestros iguales, Skyfire. Son débiles, efímeros, y su existencia no cambia el hecho de que este planeta es lo que necesitamos.
Skyfire no apartó la mirada.
— ¿Y eso justifica destruirlos?
Starscream soltó una risa seca, carente de humor.
— Es la ley del más fuerte. Si no podemos reclamar este mundo, entonces alguien más lo hará. ¿Prefieres que sean los Autobots?
Skyfire mantuvo el silencio por un momento antes de responder.
— Prefiero que no sigamos cometiendo los mismos errores una y otra vez.
Skyfire no apartó la mirada.
Starscream soltó una risa seca, carente de humor.
— ¿Desde cuándo te volviste un filósofo, Skyfire?
— Desde que empecé a preguntarme si lo que estamos haciendo es lo correcto.
El silencio que se formó entre ellos se sintió pesado, como si el aire en el laboratorio se hubiera vuelto denso de repente.
Starscream entrecerró los ópticos, su expresión pasando de la burla al fastidio.
— ¿Lo correcto? — repitió, con una risa seca—. No me digas que ahora vienes a sermonearme sobre moralidad, como si fueras un Prime.
Skyfire no apartó la mirada.
— No estoy sermoneándote. Solo quiero entender por qué seguimos en esto.
— ¡Porque es la única opción que tenemos! —Starscream golpeó la mesa de nuevo, esta vez con más fuerza—. ¿O qué? ¿Deberíamos rendirnos? ¿Entregarnos a los Autobots como buenos pequeños desertores y esperar que nos traten con compasión?
Skyfire apretó los puños.
— No se trata de rendirse, Starscream. Se trata de elegir algo más que destrucción.
Starscream soltó un bufido, como si la simple idea le pareciera ridícula.
— Por favor, ¿ahora crees que hay una alternativa? ¡Si los Autobots vencen, solo habrá más guerra! Son ellos o nosotros.
Skyfire sacudió la cabeza lentamente.
— No estoy tan seguro.
Starscream lo miró como si acabara de decir la mayor estupidez de su vida.
— Si no estás seguro... —Starscream dejó de apoyarse en la mesa y se acercó un paso, inclinándose sobre él—. Tal vez estás en el lugar equivocado.
Las palabras cayeron como un rayo en la chispa de Skyfire.
Tal vez estás en el lugar equivocado.
Su visor titiló por un segundo.
— ¿Eso es lo que piensas?
— No sé, Skyfire. —Starscream alzó las manos en un gesto exagerado—. Dime tú. Porque de repente pareces más preocupado por los humanos y por la moralidad Autobot que por la causa que estamos peleando.
— ¿La causa? —Skyfire dejó escapar un suspiro, bajando apenas la mirada antes de volver a fijarla en Starscream—. No es la causa lo que me importa... eres tú.
Starscream parpadeó.
— ¿Qué?
— Eres la razón por la que estoy aquí —continuó Skyfire, su voz sin titubeos—. No por Megatron, ni por esta guerra. Por ti, Starscream. Solo por ti.
El silencio que siguió fue tan intenso que Skyfire pudo escuchar el leve zumbido de la maquinaria en el laboratorio.
Starscream abrió la boca, pero ninguna palabra salió de ella. Sus ópticos se agrandaron apenas un segundo antes de que rápidamente desviara la mirada, cruzándose de brazos con exagerada indignación.
— ¡Ridículo sentimentalista! —Starscream explotó, sus alas temblando con furia contenida—. ¡No tienes remedio, Skyfire!
Skyfire abrió la boca para responder, pero antes de que pudiera decir algo, Starscream dio un paso adelante, su óptica roja ardiendo con una mezcla de enojo y... algo más.
Algo que Skyfire no pudo identificar antes de que Starscream alzara la voz.
— ¡Se acabó!
El laboratorio pareció volverse más pequeño ante esas palabras.
Skyfire sintió que algo dentro de él se rompía.
— ¿Qué...?
— ¡Rompemos! —Starscream lo interrumpió, su tono afilado, casi rabioso—. ¡Por esto, por tus malditas dudas, por tu absurda forma de ver todo! No quiero nada que ver contigo, Skyfire. ¡Nada!
Skyfire sintió que su respirador fallaba por un segundo.
Starscream giró sobre sus talones y se dirigió a la puerta, sus pasos furiosos retumbando contra el metal.
— ¡Starscream!
Skyfire reaccionó de golpe, su voz saliendo casi en un grito.
Starscream se detuvo justo en el umbral, sin voltear.
— ¡No puedes estar hablando en serio!
Por un instante, solo hubo silencio.
Entonces, Starscream se giró lo suficiente para clavarle una mirada gélida.
— Ve a un desguazadero, Skyfire.
Y con eso, se transformó en un jet, sus motores rugiendo mientras salía disparado del laboratorio, dejando solo un estruendo ensordecedor tras de sí.
Skyfire se quedó allí, inmóvil, su chispa latiendo con un vacío que no había sentido nunca antes.
Y eso fue todo lo que necesitaba para decidir dejar la Némesis.
Tal vez estaba siendo egoísta.
Tal vez no estaba pensando esto claramente.
Sus manos se movían con precisión mientras recopilaba todos los datapads, organizando información, asegurándose de llevar consigo lo esencial. Pero sus pensamientos eran un caos. Su chispa palpitaba con un peso insoportable, como si algo dentro de él se estuviera desmoronando.
Starscream realmente lo había dejado.
No, él mismo lo había arruinado.
Soltó un suspiro tembloroso y apoyó las manos en la mesa por un momento, tratando de estabilizarse. Su visión se nubló y un líquido cálido recorrió su rostro.
Estaba llorando.
Se llevó una mano al visor y cerró los ópticos con fuerza.
— Esta es la decisión correcta... —se dijo en un susurro, pero su propia voz le sonó frágil, quebrada.
Lo era.
Tenía que serlo.
Porque si se quedaba...
Si se quedaba, no solo seguiría siendo parte de una guerra sin sentido.
Seguiría siguiéndolo a él.
Y eso... eso dolía más que cualquier otra cosa.
.
Skyfire ajustó los últimos parámetros en su sistema de navegación. Solo tres horas para la hora pactada. Ya estaba listo. Su plan estaba trazado, su decisión tomada.
Se encontraba en el hangar, preparado para despegar. No había vuelta atrás.
Pero entonces, una sombra cayó desde lo alto.
Skyfire apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que una figura ágil se transformara en el aire, desplegando sus alas y aterrizando frente a él con la misma gracia feroz que siempre lo caracterizaba.
Starscream.
Por un momento, ninguno de los dos dijo nada.
Starscream no tenía esa altanería usual, ni esa sonrisa petulante que usaba para encubrir su verdadera naturaleza. Su postura era rígida, sus manos apretadas en puños, y aunque su rostro aún llevaba su típica expresión de irritación, había algo más en sus ópticos. Algo más profundo.
Dolor.
— ¿Así que esto es todo? —su voz no tenía burla, ni sarcasmo. Solo un dejo de amargura—. ¿Ni siquiera ibas a despedirte?
Skyfire apretó la mandíbula.
— Tú fuiste quien terminó esto, Starscream.
El Seeker bajó la mirada por un instante, sus alas temblando levemente antes de volver a levantar la cabeza.
— Yo... —hizo una pausa, exhalando con frustración—. Fui un imbécil.
Skyfire parpadeó.
— No quise decir lo que dije. No de esa manera.
Starscream avanzó un paso, su voz perdiendo fuerza con cada palabra.
— Tú sabes cómo soy, Skyfire. Tú sabes que... que no soy bueno con estas cosas. No sé cómo... manejarlo.
Skyfire no respondió, simplemente lo dejó hablar.
Starscream suspiró, apretando su puño antes de volver a soltarlo.
— No quiero que te vayas.
Era honesto. Y por Primus, eso era algo que Starscream rara vez era.
Skyfire sintió su chispa doler con esas palabras.
— Starscream...
Pero Starscream lo interrumpió.
— Sé que nunca lo dijimos oficialmente... —sus ópticos brillaban con algo parecido a la determinación, aunque sus alas traicionaban su nerviosismo—. Pero... ¿Te gustaría ser mi Sparkmate?
Skyfire sintió que su procesador se detuvo por un momento.
No podía haber oído eso bien.
Starscream lo miraba con intensidad, esperando. Como si la simple posibilidad de rechazo pudiera hacerlo pedazos en ese instante.
Skyfire entreabrió los labios, pero no encontró palabras.
Skyfire sintió que su chispa se detenía por un instante.
Starscream... ¿Acaba de pedirle eso?
— Yo... —intentó hablar, pero su vocalizador se quedó atascado.
Starscream desvió la mirada, su cuerpo rígido, sus alas temblorosas en un gesto que intentaba ocultar.
— Olvídalo —gruñó de repente, cruzándose de brazos con brusquedad—. Fue una idea ridícula. No tienes que responder.
Skyfire parpadeó, recuperando su voz.
— No es ridícula.
Starscream lo miró de inmediato, su expresión un caótico equilibrio entre orgullo herido y desesperación mal contenida.
Skyfire dejó escapar una risa suave, aunque cargada de emociones demasiado intensas para procesarlas todas en ese momento.
— Solo me sorprende que seas tú quien lo diga primero.
Starscream frunció el ceño, pero sus alas se relajaron apenas un poco.
— Hmph. Alguien tenía que hacerlo.
El silencio se instaló entre ellos, pero esta vez no fue incómodo. Fue un respiro.
Skyfire bajó la mirada hacia los datapads que había reunido, su plan de escape aún fresco en su procesador.
Tres horas.
Tres horas y habría volado lejos de la Nemesis, lejos de los Decepticons.
Lejos de Starscream.
Si hubiera ocurrido unos clics antes, si Starscream no hubiese aparecido, él ya estaría en el aire.
Pero ahora...
Skyfire dejó escapar un suspiro, pasando una mano por su rostro.
— Starscream... —levantó la mirada, sus ópticos reflejando conflicto—. ¿Qué esperas que haga?
El Seeker apretó la mandíbula, su orgullo y su vulnerabilidad chocando en sus facciones.
— Que no te vayas.
Skyfire sintió su chispa dar un vuelco.
— Y si me quedo... ¿Qué cambia?
Starscream abrió la boca para responder, pero luego la cerró. No tenía una respuesta clara.
Pero lo intentó.
— No lo sé.
Era la verdad más honesta que había dicho en siglos.
Skyfire lo miró con intensidad.
— Si me quedo, no pienso seguir ignorando lo que pienso. No pienso seguir fingiendo que todo está bien.
Starscream no apartó la mirada.
— Lo sé.
Skyfire tomó aire, aunque no lo necesitara.
— Entonces... dime por qué debería quedarme.
Starscream entrecerró los ópticos, su cuerpo tenso. Su orgullo gritaba que no debía rogar. Pero su chispa...
— Porque si te vas... -su voz bajó un tono, apenas audible—. No sé si podré soportarlo.
Skyfire sintió que algo dentro de él se quebraba.
Sujeto a la causa.
Siempre cediendo.
Siempre siguiendo a Starscream.
Pero... ¿No había sido esa siempre su elección?
Sus dedos se cerraron sobre uno de los datapads.
Tres horas.
Tres horas y contaba con el tiempo suficiente para tomar una decisión.
Skyfire exhaló y miró a Starscream con una intensidad que lo hizo retroceder apenas un paso.
— Dame una razón más, Starscream.
El Seeker entrecerró los ópticos y, sin previo aviso, se acercó y tomó su mano entre la suya.
— Porque no quiero un universo en el que tú no estés.
La chispa de Skyfire latió fuerte.
Bueno... no iba a morir.
Skyfire cerró los ópticos un instante.
Aún tenía tiempo.
Aún podía estar con Starscream unas horas más.
Y luego se iría.
Porque eso era lo correcto.
Exhaló lentamente, sintiendo la presión en su pecho al tomar su decisión.
— Está bien —dijo, con un tono más suave de lo que esperaba—. Me quedo.
Starscream se tensó. Sus ópticos se abrieron apenas más, y por un momento, Skyfire casi pudo ver el torbellino de pensamientos pasando por su procesador.
Pero no tuvo tiempo de analizarlos.
Porque un clic después, Starscream se lanzó sobre él.
Las garras del Seeker se aferraron a su cuello, y antes de que pudiera reaccionar, sintió la presión de un par de labios metálicos contra los suyos.
Un beso.
Un beso fuerte, desesperado, sin previo aviso.
Skyfire soltó un quejido de alarma, sus servos moviéndose instintivamente para apartarlo, pero el agarre de Starscream se mantuvo firme.
Y luego... su chispa se estremeció.
Había algo en la forma en que Starscream se aferraba a él, algo en la desesperación con la que lo besaba, que le decía todo lo que su orgullo no le permitía decir en voz alta.
Starscream no quería que se fuera.
Starscream tenía miedo.
Su resistencia se desmoronó en un instante.
Con un suspiro tembloroso, sus manos dejaron de intentar alejarlo y, en su lugar, se aferraron a su cintura, devolviendo el beso con torpeza y un calor que no esperaba sentir.
Solo unas horas más.
Solo un poco más de tiempo.
.
La puerta de la habitación se cerró con un chasquido metálico detrás de ellos.
Starscream no perdió tiempo.
En cuanto cruzaron el umbral, lo empujó contra la pared, sus labios atrapando los de Skyfire en un beso más profundo, más exigente. Sus garras se deslizaron con urgencia por su armadura, explorando cada borde y unión con una familiaridad ansiosa.
Skyfire dejó escapar un sonido ahogado, su chispa palpitando con una mezcla de emoción y alarma. Su mente le decía que esto era demasiado rápido, que las cosas estaban pasando sin control, pero su cuerpo no quería apartarse.
Cuando Starscream intentó profundizar el contacto, Skyfire giró el rostro con un jadeo, colocando una mano firme sobre su pecho.
— Espera... —murmuró, su respiración entrecortada—. Starscream, estamos yendo muy rápido.
Starscream se detuvo por un instante, pero en cuanto procesó esas palabras, su expresión cambió.
Sus ópticos se entrecerraron y una chispa de frustración brilló en ellos.
— ¿Muy rápido? —repitió con incredulidad, su tono subiendo de golpe—. ¡He esperado más de cuatro millones de años para esto, Skyfire! ¡Cuatro millones de años!
Se apartó bruscamente, cruzando los brazos con un bufido exasperado.
—¡No pienso detenerme ahora!
Skyfire sintió una punzada en su chispa.
Sabía que Starscream tenía razón.
Sabía cuánto había anhelado este momento, cuánto había reprimido.
Pero...
— Starscream... —su voz era tranquila, casi suplicante—. No es que no lo quiera.
Starscream lo miró, aún con el ceño fruncido, pero su postura se relajó apenas.
Skyfire dio un paso hacia él, bajando la voz.
—Solo... quiero que esto sea algo que recordemos bien. Algo que no pase porque nos dejamos llevar.
Starscream chasqueó la lengua y desvió la mirada, su ala agitándose con impaciencia.
— Ridículo sentimentalista... —murmuró, pero no había verdadera molestia en su tono.
Skyfire sonrió suavemente y, sin decir nada más, acomodó a Starscream en sus piernas con cuidado.
El Decepticon resopló, fingiendo fastidio, pero no se resistió.
Skyfire inclinó la cabeza y lo besó, esta vez con calma, con la dulzura de alguien que quería saborear cada momento.
El beso se profundizó. Sus cuerpos se buscaron instintivamente, y en algún punto, las palabras dejaron de ser necesarias.
Skyfire no quería olvidar nada.
Cada toque, cada sonido, cada mínima expresión de Starscream quedaría grabada en su memoria. Se aferró a él con más intensidad de la que debería, deslizando sus manos por cada rincón de su estructura, como si pudiera capturar la sensación en su propia chispa.
Starscream lo tomó con la misma desesperación. Sus garras se aferraban a Skyfire con fuerza, como si temiera que pudiera desvanecerse en cualquier momento. Había algo crudo en la forma en que sus cuerpos se unían, algo que no se trataba solo de deseo, sino de necesidad, de un anhelo profundo que ninguno de los dos se atrevía a decir en voz alta.
Skyfire deseó que el tiempo se detuviera.
Pero no lo hizo.
.
Más tarde, cuando todo quedó en calma, Starscream permanecía sobre él, sus motores emitiendo un ronroneo bajo y constante, lleno de satisfacción.
Skyfire acarició su espalda con lentitud, sintiendo la vibración bajo sus dedos.
Starscream no se movió. No dijo nada mordaz ni trató de apartarse con brusquedad. Solo se quedó allí, con los ópticos cerrados y una expresión de verdadera paz en su rostro.
Skyfire sonrió suavemente... pero la sonrisa no le llegó a la chispa.
En esos últimos minutos junto a Starscream, en ese cálido refugio que habían construido solo para ellos dos, su determinación comenzó a tambalear. ¿Realmente quería irse? ¿Podía dejar atrás esto? ¿Podía dejarlo a él?
Con una mirada triste, alzó una mano y trazó con delicadeza el rostro de Starscream. Sus dedos recorrieron sus ópticos cerrados, su nariz afilada, la suave curvatura de sus labios. Bajó lentamente hasta su espalda, donde sus alas descansaban en completa relajación, y les dio unos leves toques, como si quisiera memorizar su textura.
Bueno... era ahora o nunca.
Starscream no se movió. Ni siquiera hizo un sonido.
Skyfire contuvo el aliento y, con el mismo cuidado con el que uno maneja algo precioso y frágil, se separó de él.
Como en aquellas mañanas tranquilas, dejó un beso en su casco. Luego, en sus alas. Y por último, en sus labios.
Cruzó la puerta sin hacer ruido.
Y antes de desaparecer en la oscuridad del pasillo, se giró una última vez.
— Lo siento.
.
.
.
.
.
.
Lo había perdido
De verdad... lo había perdido.
Al despertar y no sentir el peso cálido de Skyfire a su lado, Starscream frunció ligeramente el ceño. No es que esperara que se quedara todo el ciclo de recarga con él—claro que no, sería ridículo, absurdo—pero... después de anoche...
Chasqueó la lengua y se sentó en el borde de su litera, estirando sus alas con un leve encogimiento de sus sistemas. Bueno, no podía culparlo. Seguramente se había marchado temprano para evitar miradas indiscretas. Con Soundwave monitoreando cada rincón de la nave y esos Vehicons entrometidos en todo, lo último que quería era que se empezaran a correr rumores. Todo por mantenerlo a salvo, por supuesto.
Con un movimiento ágil, se puso de pie y alisó sus placas con un aire de satisfacción.
Se sentía... liviano. Relajado.
Hacía mucho tiempo que no despertaba así, sin la tensión constante en sus cables, sin la sensación de que todo lo que tenía podía derrumbarse en cualquier momento. Había pasado más de cuatro millones de años desde la última vez que se permitió algo así.
Desde que lo perdió.
Pero ahora Skyfire estaba aquí, con él. Y aunque nunca lo admitiría en voz alta, aunque jamás le daría el placer de saber cuánto lo afectaba su presencia, una parte profunda de su chispa encontraba consuelo en ese simple hecho.
Se permitió un leve sonreír para sí antes de salir de su habitación y comenzar su día.
Cuando empezó a caminar por los pasillos de la Némesis, algo le pareció... extraño.
Los Vehicons lo miraban y, en cuanto lo veían acercarse, daban media vuelta y se marchaban apresurados, casi tropezando entre ellos. Otros se apartaban con rapidez, pegándose a las paredes como si esperar que los ignorara.
Starscream arqueó una ceja.
¿Qué demonios les pasaba ahora?
Cierto, los había golpeado hace un tiempo por su incompetencia, pero ¿todavía les duraba el miedo? Bueno... mejor para él. Que lo temieran, que entendieran quién estaba a cargo.
Y lo más importante: Que se mantuvieran alejados de su Skyfire.
Regodeándose en ese pensamiento, llegó al centro de mando, con la seguridad de que nada podría arruinar su día.
Pero al entrar...
Se detuvo en seco.
Sus ópticos se abrieron un poco más al ver las pantallas principales iluminadas con una grabación de seguridad.
Su chispa pareció detenerse.
Porque allí, en la imagen, estaba Skyfire.
Y en un solo instante, todo su buen humor se evaporó.
En las pantallas principales, una grabación de seguridad estaba en plena reproducción.
Y en ella... estaba Skyfire.
Starscream sintió cómo su ventilación se detuvo por un instante al verlo de pie en el hangar, solo, iluminado por las luces frías de la nave. Se veía tranquilo, demasiado tranquilo. Con un movimiento ágil, desplegó una interfaz en su brazo y comenzó a revisar coordenadas, sus ópticos fijos en los datos como si nada más importara.
Entonces, sin titubeos, se transformó y sus propulsores rugieron.
Y en la siguiente imagen, ya no estaba.
El hangar quedó vacío.
El silencio en la sala era denso, asfixiante.
Starscream sintió cómo su servo temblaba antes de cerrarse en un puño.
No.
No.
No, no, no.
— ¿Qué... es esto? —su voz salió baja, tensa, con una amenaza latente.
Megatron, observando la grabación con sus ópticos brillando con frialdad, se giró hacia él con expresión implacable.
-Skyfire ha desertado.
Y en ese instante, Starscream sintió que su mundo se rompía en mil pedazos.
.
No.
No, no, no, eso no podía ser cierto.
Sus ópticos permanecieron fijos en la pantalla, en la imagen de Skyfire revisando coordenadas en su brazo antes de transformarse y desaparecer en la inmensidad del espacio. Lo vio con sus propios sensores, lo vio con sus propios datos, pero su procesador se negaba a aceptarlo.
Lo había dejado.
Después de todo lo que habían vivido, después de lo que compartieron anoche.
Se sintió mareado.
Pero no tuvo tiempo de seguir sumido en su incredulidad, porque una sombra se alzó sobre él.
— ¡STARSCREAM!
El bramido de Megatron lo sacó de su trance. Apenas tuvo tiempo de girarse cuando el golpe cayó sobre él como un rayo.
La fuerza del impacto lo lanzó contra la consola más cercana, su espalda chocando con un estruendo metálico.
Starscream siseó, sus sensores protestando ante la agresión, pero no tuvo tiempo de reaccionar. Megatron ya estaba sobre él, tomándolo del cuello y estrellándolo contra la pared.
— ¿¡Cómo te atreves a traer a un traidor a mi nave!? —rugió el tirano, sus ópticos encendidos con furia pura.
Starscream se ahogó con el agarre, sus garras aferrándose a la mano que lo mantenía atrapado.
— ¡Y-yo... no lo sabía! —logró decir, su voz raspando por el estrangulamiento—. ¡Él nunca mostró signos de-!
Megatron no esperó a que terminara la frase. Lo lanzó al suelo con brutalidad y le propinó una patada en el abdomen, haciéndolo rodar varios metros.
El dolor se encendió en sus circuitos, pero no dolía tanto como el vacío en su chispa.
— ¿¡Cuánto tiempo planeaste esto con él, Starscream!? —Megatron avanzó con pasos pesados, su garra brillando con energía oscura—. ¿¡Acaso creíste que podías engañarme!?
— ¡Yo no...! —Starscream se cubrió justo antes de recibir otro golpe, esta vez en el rostro.
El impacto lo hizo ver chispas en su visión. Sintió el sabor metálico de su propio lubricante filtrarse en su boca.
Megatron no se detuvo.
Cada golpe era más fuerte que el anterior.
Estrelló su puño contra su pecho, haciéndolo toser. Lo levantó solo para volver a arrojarlo al suelo. Su visión parpadeaba con cada impacto, su sistema de integridad interna gritando advertencias.
Pero nada, nada de esto dolía tanto como lo que sentía en su chispa.
Lo había perdido.
Skyfire se había ido.
Se había ido sin él.
Había dicho que quería estar con él, que lo amaba, que quería permanecer a su lado...
Y aún así, se había ido.
¿Por qué?
¿No era suficiente?
¿Acaso nada de lo que hicieron significó algo?
Starscream apretó los dientes cuando otro golpe lo hizo caer de lado. Su cuerpo temblaba, su chispa se encogía con cada pensamiento.
Megatron gruñó y lo tomó por el ala, arrastrándolo hacia él.
— ¡Dame una razón para no arrancarte la chispa aquí mismo, Starscream!
Pero Starscream ya no lo escuchaba.
Porque nada de esto importaba.
Nada dolía tanto como el hecho de que, sin importar cuánto lo intentara...
Él siempre se quedaba solo.
Megatron lo soltó con un bufido de desprecio, dejando que su cuerpo golpeara el suelo con un sonido sordo.
— Patético —espetó el tirano, dándole la espalda con desinterés—. Espero, por tu bien, que no hayas tenido nada que ver con esta traición, Starscream. O la próxima vez, no me molestaré en contenerme.
Starscream no respondió.
Ni siquiera intentó levantarse.
Permaneció en el suelo, sintiendo cómo su sistema trataba de autor repararse mientras su chispa se encogía con un dolor indescriptible.
No podía pensar en otra cosa.
Skyfire se había ido.
No estaba en la Nemesis.
No estaba en su habitación.
No estaba a su lado.
El eco de sus palabras de la noche anterior se clavó en su mente como puñales ardientes.
"Quiero estar contigo."
"Tú eres mi elección."
¿Mentira? ¿Ilusión? ¿Una simple promesa vacía?
Starscream sintió su garra temblar sobre el suelo metálico. Quería convencerse de que no le importaba, que esto solo era un contratiempo, que Skyfire eventualmente se daría cuenta de su error y regresaría arrastrándose.
Pero una parte de él sabía la verdad.
Skyfire no volvería.
Y la simple idea le estrujó la chispa con una agonía más intensa que cualquier golpe de Megatron.
Con un siseo bajo, forzó su cuerpo a moverse. Se levantó con dificultad, ignorando el lubricante que goteaba de su boca y las alertas de daño en su sistema.
Tenía que encontrarlo.
No podía aceptarlo.
No podía perderlo.
No ahora.
No después de todo.
Starscream tambaleó fuera del puente de mando, sin importar que sus pasos fueran erráticos, sin importar que su procesador estuviera al borde del colapso.
Solo tenía una cosa en mente.
Skyfire.
Tenía que encontrar a Skyfire.
.
Starscream sintió como si algo dentro de él se rompiera de nuevo.
No, no podía ser verdad.
Skyfire no haría esto.
Él... él no los traicionaría de esa manera.
Pero ahí estaba.
En medio de esos dos Autobots, con una expresión tranquila, hablando con ellos como si fuera uno más. Como si perteneciera allí.
Starscream apretó las garras, sintiendo un temblor recorrer sus extremidades. Todo su viaje, todas las noches en vela, todo el dolor de su chispa destrozada... ¿Para encontrarlo así?
Rodeado de Autobots.
¿Era eso lo que había elegido?
¿Eso era lo que significaba haberlo dejado?
— No... —susurró, con la voz atrapada en su vocalizador.
Por un momento, un instante apenas perceptible, su desesperación le gritó que corriera hacia él, que lo tomara de los hombros y le exigiera respuestas, que le dijera que esto era un error, que regresara con él.
Pero entonces, Skyfire rió.
No fue una risa fuerte ni burlona, sino una de esas risas suaves, ligeras... genuinas.
Como si estuviera feliz.
Como si no lamentara nada.
El mundo de Starscream se tambaleó.
No supo cuánto tiempo se quedó allí, inmóvil, sus ópticos fijos en aquella imagen que no quería procesar. Su chispa latía con furia, con angustia, con una mezcla de emociones que lo estaban sofocando.
Y luego, algo en su interior cambió.
El dolor se convirtió en enojo.
El sufrimiento en furia contenida.
Si así era como Skyfire quería jugar... entonces que así fuera.
Los Autobots se llevaron a su Skyfire.
Los Autobots se lo arrebataron.
Y si esa era la verdad, entonces lo haría pagar.
"Te arrepentirás de esto, Skyfire."
Starscream cerró sus ópticos por un segundo, tomando aire, reprimiendo cualquier otra emoción que no fuera rabia.
Entonces, si Skyfire había elegido ser un Autobot...
Entonces él no dudaría en tratarlo como tal.
Skyfire apenas tuvo tiempo de girarse cuando el inconfundible sonido de un bláster cargándose cortó el aire.
De entre los arbustos, con los cañones de sus brazos encendidos y sus ópticos brillando con furia, Starscream emergió como una sombra de odio y dolor comprimidos.
—Traidor.
No hubo más palabras.
El disparo resonó antes de que Skyfire siquiera pudiera procesarlo.
El rayo de energía se dirigió directo a su pecho, y de no haber sido por sus reflejos, habría impactado de lleno. En el último segundo, logró girar sobre su eje, sintiendo el ardor del disparo rozando su armadura, dejando una marca humeante a su paso.
— ¡Starscream! —exclamó, atónito.
Pero no hubo respuesta. Solo otro disparo.
Y luego otro.
Los Autobots reaccionaron al instante.
—¡Cúbrete! —gritó Arcee, sacando sus armas y poniéndose en posición de combate. Bumblebee emitió un fuerte pitido de advertencia antes de lanzarse a la ofensiva, disparando de vuelta hacia el atacante.
Pero Starscream no se detuvo.
No escuchó.
No pensó.
Solo sintió el dolor rugiendo en su chispa y la traición quemándole el procesador.
Y su único deseo en ese momento era hacer que Skyfire sintiera lo mismo.
.
.
.
.
.
Desde aquel día en el bosque, Starscream solo tenía un objetivo cuando entraba en batalla: encontrar a Skyfire y destruirlo.
Cada vez que se reportaba un avistamiento del traidor, Starscream dejaba lo que fuera que estuviera haciendo y despegaba de inmediato, volando a máxima velocidad con un solo pensamiento en su procesador: Apagar su chispa con sus propias manos.
Ya no había recuerdos compartidos, ya no había noches de murmullos y risas contenidas en la penumbra de su habitación.
No.
Solo existía el odio.
Y Megatron no podría estar más complacido.
Ver a su segundo al mando lanzarse con tanta ferocidad contra los Autobots, sin dudar, sin cuestionar órdenes, sin siquiera dirigirle miradas de resentimiento como antes... era una maravilla.
Starscream estaba demasiado ocupado queriendo matar a Skyfire como para conspirar en su contra.
Y Megatron pensó que, después de todo, esta traición había resultado ser algo beneficioso.
.
Starscream forcejeaba con furia contra las esposas de energon que sujetaban sus muñecas, sus movimientos bruscos haciendo que Arcee soltara un gruñido de frustración.
— ¡Suéltame, sucia Autobot! ¡No necesito tu maldita escolta!
— Sí, claro, por eso sigues atado —replicó Arcee con sarcasmo, empujándolo para que siguiera caminando.
Pero entonces, al cruzar la puerta hacia la base Autobot, sus ópticos se encontraron con un par de luces azules familiares.
Skyfire.
El Decepticon se congeló por un instante, sus motores rugiendo con ira contenida antes de que su expresión se torciera en puro desprecio.
—¡Tú! —su voz salió como un siseo venenoso—. ¡Maldito traidor, escoria Autobot! ¡Sabía que no podías hundirte más bajo, pero mírate!
Skyfire no dijo nada al principio, simplemente observándolo con un gesto neutro.
Starscream forcejeó de nuevo, tratando de soltarse, sus movimientos haciéndolo tambalearse.
— ¡Por tu culpa estoy aquí! ¡Por tu culpa...! —Su voz se quebró ligeramente, pero lo disimuló al soltar una carcajada amarga—. Qué patético de tu parte, Skyfire. ¿Te gusta jugar a ser el héroe? ¿Te hace sentir mejor estar aquí, con estos buenos y honorables Autobots?
Arcee bufó, apretando el agarre sobre su brazo.
— Cállate y camina, Starscream.
Pero él no se detenía, sus insultos cayendo como metralla.
— No me toques, maldita chatarra, ¡Suéltame!
Arcee chasqueó la lengua con impaciencia.
— ¿Quieres cargar con este saco de tuercas, Skyfire? Parece que tiene algún asunto pendiente contigo.
Skyfire dudó un segundo antes de asentir con calma.
— Yo me encargo.
Starscream resopló con desprecio, pero por dentro... su chispa rugía con algo más. Algo que no podía —o no quería— nombrar.
Skyfire tomó a Starscream del brazo con firmeza pero sin brusquedad, guiándolo hacia la celda que le habían asignado. A cada paso, Starscream seguía soltando insultos entre gruñidos, forcejeando contra las esposas de energon que impedían cualquier intento de fuga.
— Qué irónico... —escupió Starscream con veneno—. Hace no mucho, eras tú quien caminaba por la Nemesis, libre, mientras yo tenía el control. Y ahora míranos... ¡MÍRANOS! —Se giró bruscamente hacia él, jalándolo un poco en el proceso—. ¿Cómo se siente, Skyfire? ¿Cómo se siente apuñalarme por la espalda?
Skyfire sostuvo su mirada sin inmutarse, aunque había un destello de algo más en sus ópticos.
— No te traicioné, Starscream.
— ¡MENTIROSO! —rugió el otro, su voz casi desesperada-. ¡ABANDONASTE A TU PROPIA ESPECIE! ¡ME ABANDONASTE A MÍ!
Skyfire bajó la mirada por un breve instante, pero recuperó la compostura de inmediato.
— Hice lo que tenía que hacer.
— ¡NO, NO LO HICISTE! —Starscream lo empujó con el hombro, aunque la diferencia de tamaño apenas hizo que Skyfire se moviera—. Tú y yo... ¡Siempre estuvimos juntos! ¡Siempre encontramos la forma de sobrevivir en este maldito universo, solo nosotros dos! Y tú... tú decidiste que no valía la pena.
Su voz se quebró, pero su orgullo le impidió detenerse.
— ¿Qué fue? ¿Hicieron un buen trabajo lavándote el procesador? ¿O fue culpa tuya desde el principio?
Skyfire suspiró, cansado.
— Si de verdad me odias tanto... ¿Por qué te importa?
Starscream abrió la boca, pero nada salió al principio. Sus ópticos destellaron con rabia, confusión... y algo más.
— ¡Porque... porque no puedes simplemente dejarme y esperar que todo siga igual! —apretó los puños y tiró de sus esposas con frustración—. ¡Eres un iluso si crees que esto se acaba aquí!
Skyfire permaneció en silencio por un momento antes de finalmente hablar.
— No quería que terminara así...
Starscream se quedó inmóvil. Sus ventiladores se activaron en un intento de calmar su sistema.
— Pero terminó —continuó Skyfire con voz suave—. Y ahora estamos aquí.
El silencio entre ellos se hizo pesado.
Finalmente, llegaron a la celda. Skyfire abrió la puerta, pero Starscream no se movió de inmediato.
— Camina, Starscream —le dijo con paciencia.
El Seeker soltó una carcajada áspera, sin humor.
—¿Sabes qué? —Se inclinó un poco, con una sonrisa amarga y torcida en sus labios—. No importa lo que digas...
Su voz descendió a un susurro venenoso.
— Voy a hacer que lo lamentes.
Skyfire no respondió.
Simplemente cerró la puerta de la celda tras él.
.
El final de la batalla....
El sonido del acero chocando resonaba con cada golpe.
Los dos mechs se enfrentaban con furia, sin guardarse nada, sin un solo respiro. Estaban solos. No había Autobots, ni Decepticons. Solo ellos y los millones de años de historia que los ataban.
Starscream bloqueó un golpe de Skyfire y lo apartó de una patada, volando hacia atrás antes de aterrizar con elegancia. Sus ópticos brillaban con una mezcla de odio y frustración.
— ¡Podríamos haber sido grandes juntos! —rugió, extendiendo los brazos—. Cybertron podría haber sido nuestro. Mi segundo al mando... mi Conjunx Endura.
Las palabras golpearon a Skyfire más fuerte que cualquier ataque.
Starscream jamás lo había dicho en voz alta. Jamás.
— Y lo tiraste todo al caño —su voz tembló con rabia, sus alas agitadas con emoción contenida—. ¡¿Cómo pudiste?!
Skyfire respiró hondo, su chispa latiendo con dolor.
— No podía seguir por ese camino...
— ¡Mentira! —Starscream se lanzó contra él—. ¡Mentira!
Sus cuchillas de energon brillaron bajo la luz de la guerra.
— ¡¿Cómo se te ocurrió abandonarme justo esa noche?! —gritó, esquivando un ataque y girando detrás de él—. Te lo di todo, maldita sea. Mi amor, mi cuerpo... mi chispa.
Y con esas palabras, su cuchilla se hundió en el abdomen de Skyfire.
El mundo se volvió silencio.
Skyfire tembló, sus ópticos abriéndose con sorpresa mientras su cuerpo se entumecía por el dolor. Sintió el acero caliente quemando su sistema, sintió la chispa parpadear dentro de su pecho.
Starscream jadeó, sus manos temblando alrededor del arma clavada en él.
— No... no, no, no, no... —su voz se rompió.
Skyfire levantó una mano débilmente, tocando el rostro de Starscream con suavidad.
— Siempre... pensé que eras hermoso. Brillante. Un guerrero increíble...
Starscream negó con la cabeza, su labio temblando.
— No...
— Y al final de todo... —Skyfire tosió, su sistema fallando—. Aún te amo.
Starscream sintió cómo el aire abandonaba su cuerpo.
— ¡NO!
Skyfire cayó.
Y Starscream cayó con él, sosteniéndolo, como si su agarre pudiera evitar lo inevitable.
Su mano voló hacia su arma, apretando la herida, intentando contener el daño que él mismo había causado.
— ¡¿Cómo puedes decirme eso ahora, idiota?! ¡¿CÓMO?! —gritó, su voz hecha pedazos.
El llanto lo sacudió, su cuerpo entero convulsionando con el dolor.
No podía perderlo. No ahora. No cuando se suponía que todo esto tenía que ser odio, rabia, venganza.
Pero lo único que quedaba era amor... y era demasiado tarde.
.
El blanco lo envolvía.
Todo su sistema estaba ligero, su cuerpo apenas parecía tangible.
Skyfire parpadeó.
¿Dónde...?
El resplandor cegador lo rodeaba como si flotara en un infinito vacío blanco. No sentía dolor, no sentía peso. Solo una extraña calma que lo hacía dudar si aún estaba vivo.
¿Había muerto?
No.
Algo en esto... se sentía familiar.
Un deja vu inquietante que lo hizo mirar a su alrededor con confusión.
Esto ya había pasado antes.
Su mente divagó, fragmentos de memoria bailando en el borde de su percepción. El brillo, la sensación de ingravidez... algo en su chispa le decía que esto no era la primera vez que lo experimentaba.
Entonces, una voz lo sacó de su trance.
— Vaya, ya era hora.
Skyfire giró la cabeza.
Ratchet
El médico Autobot estaba de pie junto a él, con los brazos cruzados y una expresión entre alivio y fastidio.
— Bienvenido de vuelta, Skyfire.
Skyfire parpadeó un par de veces, procesando lo que estaba escuchando.
— ¿Starscream... está aquí?
Ratchet suspiró con exasperación y cruzó los brazos.
— Si lo preguntas por preocupación o por si aún sigue vivo, sí, lo está. Aunque, honestamente, me gustaría que no estuviera en la base dando órdenes sobre cómo debo hacer mi trabajo.
Skyfire frunció ligeramente el ceño.
— ¿Qué quieres decir?
Ratchet hizo una mueca.
— No dejaba de quejarse sobre cómo debía tratarte con "cuidado", como si yo fuera a dejarte morir o algo así. Era insoportable. Tuve que echarlo fuera porque no podía concentrarme con su rechinar constante.
Skyfire se quedó en silencio, asimilando esas palabras.
Starscream lo había salvado.
Su chispa se estremeció.
Con cuidado, se reincorporó, sintiendo su sistema aún un poco torpe por la recuperación. Su mirada se dirigió a la salida del área médica y, sin pensarlo demasiado, comenzó a caminar hacia allá.
Cada paso lo llenaba de incertidumbre. ¿Por qué lo había salvado?
¿Acaso no quería matarlo? ¿Acaso no lo había atravesado con su cuchilla sin dudar?
Y sin embargo... estaba aquí. Vivo. Gracias a él.
Cuando cruzó la salida al exterior de la base, lo primero que vio fue a Starscream.
Y lo segundo fue el arma que tenía apuntando directamente a Bumblebee.
Skyfire se detuvo en seco.
Bumblebee tenía las manos en alto en un intento de calmar la situación, mientras Arcee, Bulkhead y Smokescreen estaban listos para atacar si Starscream hacía un solo movimiento en falso.
— ¡Starscream! —llamó Skyfire, su voz firme pero con un atisbo de nerviosismo.
Starscream apenas tuvo tiempo de procesar la voz de Skyfire antes de que Arcee se abalanzara sobre él con la agilidad de una depredadora.
— ¡Ugh! —exclamó cuando su arma fue arrancada de sus manos y su espalda chocó con el suelo con un estruendoso golpe metálico.
Antes de que pudiera reaccionar, sintió el peso de Arcee sobre su torso, inmovilizándolo con su pie.
— ¡Bumblebee! ¡Las esposas, ahora!—ordenó la Autobot, sin apartar su mirada feroz de Starscream—. ¡Y consigue un cable para atarle las alas!
Starscream gruñó, retorciéndose bajo su agarre, pero Arcee presionó su pie con más fuerza.
— ¡Maldita sea, apártate de mí, mocosa azul! —soltó entre dientes.
Bumblebee ya estaba en movimiento cuando una voz firme lo detuvo.
— No.
Todos se giraron para ver a Skyfire, quien se acercó lentamente hasta donde estaban.
— Déjenlo.
Arcee entrecerró los ópticos.
— ¿Perdón?
— Dije que lo dejen. Yo me encargaré.
— ¿Estás seguro? —preguntó Bumblebee, sin moverse.
Skyfire asintió con seriedad.
Arcee apretó la mandíbula y, tras unos segundos de tensión, resopló con fastidio y se apartó de Starscream.
— Escúchame bien, Starcream —gruñó, apuntándole con un dedo amenazante—. Si intentas algo, lo que sea, no dudaré en volarte la cabeza.
Starscream se incorporó con movimientos bruscos, sacudiendo el polvo de su estructura con altivez, a pesar de la evidente humillación de haber sido derribado.
Sus ópticos aún ardían en llamas cuando miró a Arcee y, sin dudarlo, cargó su cañón y lo apuntó directamente a ella.
— Con gusto te haría pedazos aquí mismo —espetó.
Pero antes de que pudiera hacer algo, Skyfire atrapó su brazo con firmeza.
— No.
Starscream giró el rostro bruscamente hacia él, con los labios curvados en una mueca molesta.
—¡¿No?! ¡¿No viste lo que hizo?! ¡Me pateó!
Skyfire lo miró sin decir nada.
Starscream bufó, cruzándose de brazos con indignación.
—Tsk...
Skyfire soltó su brazo con suavidad y lo miró de manera más serena.
—¿Quieres dar una vuelta?
Starscream parpadeó, sorprendido por la propuesta repentina, pero antes de que pudiera decir algo, Arcee se interpuso.
— Ni hablar. Es demasiado peligroso —dijo, su tono severo—. No confío en él.
Starscream chasqueó la lengua con fastidio y rodó los ópticos.
— Pfft. Qué sorpresa —murmuró antes de mirarla con una sonrisa burlona—. ¿Seguro que no puedo matarla?
Starscream soltó un bufido dramático y puso las manos en sus caderas, mirando a Arcee con exasperación.
— Esto es una conversación de adultos.
Arcee entrecerró los ópticos.
—Todos aquí somos adultos.
Starscream abrió la boca para replicar, pero Arcee giró la cabeza hacia Smokcreen y Bumblebee.
— Bueno, excepto ellos.
— ¡Oye! —protestaron ambos al unísono, mirando a la Autobot con indignación.
Starscream rodó los ópticos y se cruzó de brazos, resoplando como si le hubieran arruinado el día. Viendo que no lo dejarían ir tan fácilmente, desvió la mirada hacia Skyfire con un gesto impaciente.
— Bueno, entonces... ¿Qué me quieres decir?
Skyfire parpadeó, algo sorprendido.
—¿Qué? Pensé que tú querías hablar conmigo.
Un incómodo silencio se formó entre ambos. Los Autobots los miraban con atención, claramente esperando algo... y de repente, todo se sintió mucho más vergonzoso de lo que debería.
Starscream carraspeó y se enderezó.
— Pfft. Bueno... No iba a hablar con toda esta audiencia mirándonos como si fuéramos un espectáculo de circo.
— Estoy de acuerdo —Skyfire murmuró, sintiéndose igual de incómodo.
— Oh, por favor —intervino Arcee con una ceja alzada—. Nadie va a dejarlos ir solos.
Starscream puso los ópticos en blanco y se llevó una mano a la cara.
— Esto es ridículo.
Skyfire suspiró y miró a Arcee con una expresión paciente.
— Podemos quedarnos dentro del radio de la base.
— Hah, como si eso fuera a detenerme si decidiera traicionarte —soltó Starscream con una sonrisa socarrona.
Arcee lo miró con una expresión seria.
— Exacto.
Starscream abrió la boca para responder, pero se detuvo al ver que Skyfire le lanzaba una mirada de súplica silenciosa. Resopló y desvió la mirada.
— Tsk... ¡Que conste que esto no es mi culpa!
.
La puerta se cerró con un suave zumbido tras ellos, dejando a Starscream y Skyfire solos en la pequeña habitación. No había mucho en el interior, apenas una mesa y un par de asientos, pero la tensión que se acumuló entre ellos llenó cada rincón como una carga estática a punto de explotar.
Starscream se cruzó de brazos y bufó.
— Bueno, eso fue todo un espectáculo. ¿Cuántas veces tuve que repetir que no iba a traicionarte? Aunque, claro... —ladeó la cabeza con una sonrisa burlona— si quisiera hacerlo, no lo anunciaría, ¿cierto?
Skyfire suspiró, apoyándose en la mesa.
— No ayudas a tu caso, Starscream.
El ex-Decepticon rodó los ópticos.
— Como si eso importara. Me odian de todos modos.
Skyfire lo miró por un momento, evaluándolo. Sabía que detrás de toda esa arrogancia había algo más. Algo que Starscream no quería admitir.
— Si realmente te odiara, no estaría aquí contigo.
Starscream parpadeó. Su sonrisa desapareció por un instante antes de que intentara recuperarla, aunque ahora parecía más una mueca incómoda.
— Pfft. Bueno... si no me odias, ¿Por qué me dejaste?
Skyfire se quedó en silencio. Había esperado esta pregunta. Había ensayado una respuesta en su mente muchas veces, pero ninguna parecía suficiente.
— No fue por lo que piensas.
— ¡Oh, claro! —Starscream levantó los brazos en un gesto dramático—. No fue porque decidiste que los Autobots eran mejores, no fue porque querías alejarte de mí, ¡Ni porque esa noche en la que te entregué todo significó absolutamente nada para ti!
Skyfire sintió un golpe en su chispa.
— No digas eso.
— ¿Por qué no? -Starscream dio un paso adelante, su tono mordaz, pero con un dolor subyacente que Skyfire conocía bien—. Es la verdad, ¿no?
— No -respondió Skyfire con firmeza.
Starscream se detuvo.
— ¿No...?
— Esa noche significó todo para mí, Starscream —susurró Skyfire—. Y tal vez fue por eso mismo que tuve que irme.
Starscream entrecerró los ópticos, confuso.
— Eso no tiene sentido.
Skyfire miró hacia el suelo antes de levantar la vista de nuevo, su expresión cansada pero sincera.
— Si me hubiera quedado, habría seguido justificando las atrocidades que los Decepticons cometían. Habría seguido diciéndome que todo estaba bien porque te tenía a ti. Pero la verdad es que no podía seguir cerrando los ópticos. Tú y yo... nos estábamos perdiendo en algo que no tenía futuro.
Starscream apretó los puños.
— ¡Claro que tenía futuro! Podríamos haber sido grandes juntos, podríamos haber cambiado Cybertron. Pero en lugar de eso, me dejaste.
Skyfire dio un paso adelante, acercándose lo suficiente como para que sus ópticos se encontraran.
— No te dejé, Starscream. Solo... necesitaba encontrar mi propio camino.
— ¿Y qué hay de mi camino? —la voz de Starscream tembló por primera vez.
Skyfire extendió una mano, dudando un segundo antes de colocarla con suavidad sobre el brazo de Starscream.
— Aún puedes elegir.
Starscream tembló bajo su toque.
— Yo... —Su voz se apagó.
Por primera vez en mucho tiempo, Starscream no tenía una respuesta.
Starscream sintió el contacto de la mano de Skyfire como un ardor suave pero penetrante, como si su misma chispa reaccionara al tacto. Era absurdo. Era injusto.
No podía permitirse sentir esto. No ahora. No después de todo lo que había hecho.
Y sin embargo, su procesador se llenó de recuerdos.
Las risas compartidas en los cielos de Cybertron, cuando surcaban las nubes como si fueran los dueños del mundo. Las discusiones acaloradas, llenas de fuego y pasión, que siempre terminaban con una sonrisa o un empujón juguetón. Las noches en la Némesis, donde solo en la oscuridad podían permitirse bajar la guardia, donde Starscream podía tocar a Skyfire sin miedo de ser visto, donde los secretos que nunca se decían pesaban más que cualquier palabra.
Y aquella última noche juntos.
Había sido la primera vez que Starscream se permitió ser vulnerable, que bajó todas sus defensas y se entregó completamente a Skyfire. Su amor, su cuerpo, su chispa... todo. En sus brazos, por una vez en su miserable existencia, se sintió seguro. Se sintió completo.
Pero a la mañana siguiente, despertó solo.
Ese vacío lo había devorado, lo había transformado en rabia, en odio. En un ansia de venganza que, al final, solo era una excusa para enmascarar lo que realmente sentía: dolor.
Y ahora, con Skyfire de pie frente a él, ofreciéndole su mano, Starscream sintió que ese dolor regresaba con más fuerza.
— ¿Por qué ahora? —su voz salió rota antes de que pudiera detenerse.
Skyfire parpadeó, sorprendido.
—¿Qué...?
— ¿Por qué ahora vienes a decirme esto? —Starscream apretó los dientes—. ¡Me pasé ciclos odiándote! ¡Me convencí de que lo que sentía por ti no era más que resentimiento! ¡Que te borrar de mi chispa era la única opción! ¡Y ahora me dices que... que aún significo algo para ti?
Skyfire lo miró con una tristeza infinita.
— Siempre significaste algo para mí.
Starscream sintió que su estructura entera se estremecía.
No. No podía ceder.
Y sin embargo, su cuerpo traicionó su mente. Sin darse cuenta, su servo se levantó, tocando apenas la mano de Skyfire que aún descansaba en su brazo. No la apartó.
Por Primus, lo odiaba por esto.
Lo odiaba por seguir haciendo que su chispa latiera de esa manera. Por seguir despertando en él sentimientos que creía muertos.
Lo odiaba... porque aún lo amaba.
— ¿Y qué se supone que haga con eso? —susurró, casi sin fuerzas.
Skyfire no respondió de inmediato. Solo miró su mano sobre la suya, luego alzó su otra servo y la llevó al rostro de Starscream con una suavidad que lo hizo temblar.
— Solo dime la verdad.
Starscream tragó aire, sintiendo el cálido y familiar tacto de Skyfire en su rostro. Sintió cómo su rabia, su orgullo, sus barreras, todo comenzaba a desmoronarse.
Desvió la mirada, incapaz de sostener la intensidad de los ópticos de Skyfire. Su servo aún estaba sobre la suya, el tacto quemando su armadura como una descarga que no dolía, pero que tampoco podía ignorar.
La verdad.
La verdad era cruel. Era aterradora.
— No quiero perderte otra vez. —Las palabras escaparon de sus vocalizadores antes de que pudiera detenerlas, y su chispa pareció saltar dentro de su pecho al darse cuenta de lo que acababa de decir.
Skyfire no se apartó. Su mirada, tan malditamente cálida, lo envolvió por completo.
— Entonces no me pierdas.
Starscream sintió que algo dentro de él se quebraba. ¿Cómo podía decirlo así de fácil? Como si todo el ciclo de odio, venganza y dolor no hubiese existido. Como si pudieran simplemente... empezar de nuevo.
Pero... ¿No era eso lo que había querido todo este tiempo?
— Tsk... —Starscream apartó la mano con un respingo, cruzándose de brazos con una expresión severa, aunque su estructura aún temblaba ligeramente—. Como si fuera tan simple, Skyfire.
— No lo es —respondió él con tranquilidad—. Pero quiero intentarlo.
Starscream lo miró, con mil emociones pasando por su procesador. Quería reírse, quería gritarle, quería golpearlo por haberlo dejado, por haberlo hecho sentir así, por hacerle pensar que podía tenerlo de vuelta.
Pero sobre todo, quería creerle.
El silencio se alargó entre ellos. Ninguno sabía cómo dar el siguiente paso.
— Esto es absurdo... —murmuró Starscream después de un momento, suspirando mientras se masajeaba el puente de la nariz—. Primero me traicionas, luego casi te mato, después me traes a esta maldita base Autobot y ahora quieres... ¿Qué? ¿Qué nos tomemos de las manos y volemos juntos hacia el atardecer?
Skyfire sonrió, como si lo conociera demasiado bien.
— No, Starscream. Solo quiero que me mires y me digas si realmente quieres que esto termine aquí.
Starscream abrió la boca, listo para responder con algo sarcástico, para soltar alguna de sus típicas respuestas mordaces.
Pero no pudo.
Porque no quería que terminara.
Se quedó en silencio. Su servo apretó su propio antebrazo con frustración. No podía simplemente decirlo, ¿cierto? Decir en voz alta lo que realmente sentía. Ser vulnerable.
Pero entonces Skyfire hizo algo inesperado.
Se acercó.
No de forma amenazante ni imponente, sino con esa misma gentileza que siempre había tenido con él cuando nadie los veía. Cuando no eran guerreros, ni enemigos, ni líderes de bandos opuestos. Solo ellos.
Starscream sintió su presencia, el calor de su armadura, la forma en que sus sombras se unían en el suelo.
Y fue en ese momento que se rompió.
Su servo se movió por voluntad propia, aferrándose al chasis de Skyfire, atrayéndolo más cerca sin darse cuenta. Y antes de que pudiera detenerse a pensarlo, sus labios se encontraron.
El beso no fue suave ni paciente. Fue desesperado, como si el tiempo se les estuviera escapando. Como si ambos hubieran estado conteniendo esto por demasiado tiempo, y al fin, la presión había cedido.
Starscream no sabía quién lo había iniciado realmente. Tal vez él, tal vez Skyfire. Tal vez ninguno de los dos y simplemente sucedió.
Pero en ese instante, en medio de la guerra, de las traiciones y las heridas, de la rabia y el amor, por primera vez en eones...
Se sintió en casa.
La intensidad creció en cuestión de segundos. Lo que había comenzado como un beso desesperado se convirtió en un forcejeo cargado de emociones contenidas. Se empujaban contra las paredes, con servos apretando armaduras, labios chocando con una mezcla de pasión y frustración.
Skyfire no se quedó atrás. Starscream lo empujó contra la pared, pero él giró la posición, haciéndolo chocar contra el otro lado de la habitación con un estruendo metálico. Sus sistemas ventilaban con fuerza, ambos buscando algún tipo de control que ninguno quería realmente tener.
Rodaron por el suelo, sin soltar al otro, hasta que un ruido brusco los hizo congelarse.
La puerta se abrió de golpe.
Arcee se quedó en el umbral, ópticos muy abiertos al ver la escena.
Starscream, siempre rápido para adaptarse, sonrió con descaro y, sin perder la oportunidad, arqueó ligeramente su espalda, acomodándose en la posición más comprometida posible.
— Bueno, bueno, Arcee —murmuró con una sonrisa felina, su voz goteando picardía—. ¿No te enseñaron a no interrumpir conversaciones privadas?
Arcee tardó medio segundo en reaccionar antes de fruncir el ceño y resoplar con evidente fastidio.
— Oh, por favor. ¿Esto te parece una "charla de adultos"?
Starscream chasqueó la lengua y ladeó la cabeza con fingida inocencia.
— Por supuesto. ¿O es que te mueres de curiosidad por unirte?
— ¡Urgh! —Arcee apretó los puños, llevándose una mano al rostro como si quisiera arrancarse los ópticos por lo que acababa de presenciar—. ¡Por la Chispa, Starscream, eres repugnante!
Detrás de ella, Bumblebee y Smokescreen, que evidentemente también habían oído el ruido, asomaron sus cabezas, pero en cuanto vieron la escena, ambos dieron un respingo.
— Oh, no, no, no. Yo no quiero ver esto —dijo Smokescreen, dándose la vuelta al instante.
Bumblebee dejó escapar un pitido de disgusto antes de salir rápidamente.
Arcee, por su parte, los fulminó con la mirada antes de señalar a Skyfire con un gesto severo.
— Cinco minutos. Solo cinco. Si para entonces no lo has sacado de aquí, lo arrastro fuera yo misma.
Skyfire, que hasta ahora se había mantenido en un incómodo silencio, asintió con una mueca resignada.
Cuando la puerta se cerró de golpe, dejando a ambos de nuevo a solas, Starscream dejó escapar una carcajada baja.
— Debiste ver sus caras —dijo con diversión antes de mirar a Skyfire con un destello travieso—. ¿Y bien, qué haremos con nuestros cinco minutos?
Skyfire rodó los ópticos y lo empujó suavemente.
— Comportarnos como adultos de verdad, por una vez en tu vida.
Starscream suspiró dramáticamente, pero no pudo evitar sonreír.
— Qué aburrido eres.
.
.
.
.
Con el sacrificio de Optimus Prime, Cybertron renacía. Las tormentas de ceniza y las sombras de la guerra se disipaban, dejando espacio para la vida una vez más. Desde lo alto, la superficie metálica del planeta reflejaba la luz de sus soles gemelos, un resplandor que Starscream y Skyfire no habían visto en eones.
De pie en un risco, ambos contemplaban su hogar restaurado. Habían luchado demasiado, se habían odiado, amado y traicionado, pero en este instante, nada de eso importaba.
— Cybertron vuelve a vivir —murmuró Skyfire, con una suave sonrisa.
Starscream resopló, pero su mirada se suavizó.
— Era lo mínimo que podía hacer Prime antes de largarse al Pozo.
Skyfire rió y, sin pensarlo demasiado, extendió su mano. Starscream dudó... pero finalmente la tomó. Un gesto simple, pero que significaba todo.
Sin decir más, se transformaron y despegaron juntos, elevándose sobre su mundo natal. El aire chispeaba con nueva energía, los vientos les daban la bienvenida, como si Cybertron los reconociera como hijos suyos que finalmente habían regresado a casa.
Y así, surcaron los cielos en dirección a Vos, al único lugar donde siempre habían pertenecido, listos para pasar sus días juntos... hasta que llegara el momento de unirse al Pozo de Todas las Chispas, donde, sin duda, se encontrarían nuevamente.
.
.
.
.
.
FIN....
