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Entre Cuerdas y Acordes

Summary:

Min Yoongi es un chico que se aficionó a la guitarra desde muy joven. Tras mucho esfuerzo, alcanzó el nivel que quería… pero la guitarra que tanto amaba ha perdido su brillo, y tocarla ya no le apasiona como antes.

Todo cambia el día que conoce a Park Jimin, un joven que se aferra con desesperación a una guitarra que ni siquiera sabe tocar. Cuando le pide a Yoongi que le enseñe, algo se sacude en su interior.

Haciendo que la música acelere nuevamente su corazón.

Chapter 1: Prólogo

Summary:

Entre cuerdas y emociones que aún no saben cómo sonar.

Notes:

Esta historia está inspirada libremente en el anime y manga "Given", adaptada al universo Yoonmin. El enfoque es emocional, musical y de descubrimiento personal. No es una copia literal del material original. Gracias por leer, espero que les guste esta adaptación.

Se van a usar símbolos para que puedan saber que punto de vista están leyendo de los personajes.
POV de Yoongi: 𝄞𝄞𝄞
POV de Jimin: ♪♪♪

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

♪ ♪ ♪

Nuevo día, nueva rutina para muchos, aunque nada diferente ni relevante para él. Todo era tan cansado, agotador, estresante, deprimente, monótono… y todas las palabras similares que pudiese encontrar. Se sentía como un reloj haciendo -tic tac- una y otra vez dentro de su cabeza, como si su propia mente estuviese contando el tiempo solo para meterle más presión. Lo hacía sentir tan ansioso… pero realmente no tenía ganas de absolutamente nada. Nada lo movía, nada lo hacía sentir, nada era igual que antes.
Y era por una simple razón: ya nada lo motivaba.
Nadie lo hacía sentirse vivo.

Aunque nuevamente escuchaba esa voz en su cabeza, repitiéndole la lista de cosas que tenía que hacer el resto del día. Era un bucle interminable que lo hacía sentirse agotado.

Llevaba consigo una guitarra eléctrica de color rojo. Era un objeto demasiado especial, y siempre disfrutaba llevársela a todos lados… porque le recordaba a él.
Era una herida muy grande, que probablemente lo perseguiría el resto de su vida. Se aferraba a esa guitarra como si su existencia dependiera de ello, como si eso pudiera traer de vuelta a la persona que alguna vez lo hizo tan feliz.

—Oh, casi lo olvido… Adiós, pequeño —le dijo, acariciando a su pequeña bola de pelos: un pomerania blanco, muy inquieto, pero también su única compañía en ese apartamento solitario. Lo hacía sentir un poco mejor en sus noches intranquilas.

Tomó su maleta y se fue, con la misma actitud de siempre: tan lúgubre y, a la vez, tan fuera del entorno.

—He tenido otra vez el mismo sueño… —murmuró con una voz inaudible, mientras caminaba hacia una de las estaciones de metro más cercanas—. Una y otra vez…

Caminaba a paso lento, mientras las demás personas alrededor parecían moverse con prisa, apuradas por llegar a sus destinos. Él, en cambio, iba con un lío dentro de la cabeza.
Cuando llegó el metro, se subió. Siempre se veía tan ido, tan alejado del mundo. Distraído por los pensamientos que le provocaban dolor. Completamente distante, con la mirada clavada en un punto fijo, abrazando con fuerza el objeto más preciado para él: su guitarra.

—No me siento solo… no me siento solo… —se repetía a sí mismo una y otra vez, en voz baja, apretando aún más el abrazo.

 

 

𝄞𝄞𝄞

 

—¡Yoongi! ¿Vamos por el almuerzo? —gritó un chico de cabello castaño, entrando al salón de clases para acercarse y golpearle el hombro.

—Hoseok, vete a la mierda… No quiero. Tengo sueño —refunfuñó, mientras volvía a acomodarse para seguir dormitando.

—¿Qué? —frunció el ceño—. ¿Y si jugamos baloncesto?

—Aaahh… —se quejó somnoliento, bostezó y se levantó de la butaca donde estaba sentado—. Iré a tomar una siesta…

—¡Yoongi! ¿Otra vez?

Él solo lo ignoró y salió del salón, caminando somnoliento por los pasillos mientras se pasaba una mano por su pelo color menta, despeinandolo en el momento, hasta llegar al lugar que siempre le había gustado para estar solo: las escaleras traseras del colegio.
De alguna manera, se había vuelto una costumbre pasar por ahí cada cierto tiempo, solo para tener un respiro. Un respiro de sus compañeros. De las clases. Incluso de sí mismo.

Por eso fue raro notar que no estaba solo. Había un chico ahí también, dormido… mientras abrazaba lo que parecía ser una guitarra.

Yoongi se quedó parado, dudando de su siguiente movimiento. Honestamente no se le ocurrían muchas opciones. Fue un momento algo raro e incómodo, pero finalmente decidió acercarse por completo y sentarse a su lado. Se sentía un poco incómodo y retraído.

Cuando pensaba en qué hacer a continuación, el chico se incorporó y se acomodó para sentarse, mirando hacia la nada. Yoongi, que dudaba de continuar con su objetivo, iba a decir algo, pero ese chico se le adelantó.

—¿Quién eres? —preguntó el chico pelinaranja, abrazando su guitarra, color rojo, parecía ser nueva, estaba muy bien cuidada, a excepción de las cuerdas, pensaba Yoongi.

—Min Yoongi… ¿por? —frunció el ceño. La situación era extraña, y aquel chico también lo era, lo que le causaba incomodidad y, al mismo tiempo, curiosidad.

Jimin solo miró hacia el frente, otra vez hacia la nada, completamente perdido en sus pensamientos.

—¿Por qué no hablas? —bufó Yoongi, mientras sus mechones color menta se movían de un lado a otro—. ¿Sabes hablar o no? ¡Es irritante! —se quejó ya frustrado—. ¡Las cuerdas de tu guitarra están oxidadas! ¡Por eso se te rompió una! ¿¡Por qué no las arreglas?!
¿Para qué tienes una guitarra si ni siquiera sabes…?

Su alegato fue interrumpido cuando Jimin se acercó lo suficiente como para invadir su espacio personal.

—¿Qué…? —Yoongi se echó hacia atrás.

—¿Se puede arreglar…? ¿En serio? —preguntó Jimin, con una expresión entre sorpresa y esperanza.

—Sí… pero aléjate un poco, ¿quieres? —dijo Yoongi, interponiendo sus manos entre ellos.

—¿De verdad? —susurró—. ¿Toma tiempo?

—Sí, supongo…

—¿Puedes ahora?

—No, ahora mismo no. No tengo las herramientas.

—Oh… —exhaló, triste, y volvió a clavar la mirada en la nada, regresando a esa aura lúgubre y deprimente que lo envolvía antes.

Yoongi comenzó a ponerse ansioso. Estaba confundido… desesperado. Y entonces se levantó de golpe.

—¡Aghhh! ¡Una maldita cuerda rota no es el fin del mundo!

Gritó mientras salía caminando rápido, al borde de comenzar a insultar a quien se interpusiera en su camino. Se dirigió al salón en busca de los materiales que necesitaba para arreglar la guitarra.
Abrió su mochila a toda velocidad, sacando cuerdas nuevas y unas pinzas. Estaba tan familiarizado con todo eso… Era guitarrista. Repuestos de cuerdas eran indispensables. A veces, los accidentes pasaban.

Salió del salón apresurado, volvió a las escaleras traseras y se reencontró con un Jimin bastante confundido. Sin decir nada, tomó su guitarra y empezó a trabajar: cambiar las cuerdas viejas por unas nuevas.

Todos sus movimientos eran rápidos. Estaba frustrado y desesperado. ¿Era irónico? Quizás.
Él mismo no entendía del todo por qué se comportaba así. Solo refunfuñaba, maldiciendo en voz baja, mientras quitaba las cuerdas oxidadas con las pinzas y las reemplazaba con cuidado.

—¡Ahora me siento mal por haberte dado esperanzas! ¡Devuélveme mi siesta!

Jimin solo lo miraba, algo confundido, observando sus movimientos con atención.

—¡Wahhh! —exclamó sorprendido.

—¡Deberías alegrarte más! ¡Elogiame y págame por las cuerdas!

Jimin iba a pasar un dedo por las cuerdas, pero Yoongi lo detuvo.

—Aún no. No tan rápido, novato —dijo mientras comenzaba a afinar la guitarra. Era evidente que sabía lo que hacía.
Jimin solo lo observaba. Su atención estaba en sus manos. No sabía por qué, pero había algo en ellas… algo llamativo. Atractivo.

Cuando Yoongi terminó de afinarla, colocó sus dedos en una posición específica y rasgueó una nota.

Y ahí sucedió.

Una sola nota, tocada con tanta perfección, que para los oídos de Jimin fue como un golpe eléctrico. Su piel se erizó al instante.
Fue una sensación real, como si algo dentro de él se hubiera despertado. Como si le recordaran que seguía vivo.

Por primera vez en mucho tiempo, se sintió bien.

Fue ese tipo de sentimiento que se experimenta cuando descubres algo nuevo, algo que te hace sentir que perteneces. Tranquilidad mezclada con euforia.
Lo desbordaba. Era abrumador.

Jimin jaló suavemente del uniforme de Yoongi y lo acercó un poco hacia él.

—Eso… —habló entrecortado, aún envuelto en la bruma de emociones—. ¡Enséñame a tocar eso, por favor!

—T-Tengo que seguir afinándola…

 

 

Todo comenzó con ese acorde.

Sin darme cuenta, comencé a rasguear cuerdas de su corazón sin reparo.

Fue gracias a ese encuentro que mi mundo comenzó… a avanzar a máxima velocidad.

Notes:

Este prólogo está basado ligeramente en la escena inicial de "Given", pero con una reinterpretación emocional desde la perspectiva de Yoongi. ¿Les gustó el tono que tomó la historia? Estoy abierta a sugerencias o comentarios! Gracias por leer hasta aquí. ¡Nos vemos en el capítulo 1!