Actions

Work Header

Forbidden || Julienzo

Summary:

A Julián siempre le gustó el mejor amigo de su hermano

Enzo siempre fue ese amigo gato, chamuyero y que conseguía siempre lo que quería

Julián se compra un suspensor y decide usarlo justamente el día en que se queda solo con Enzo, lo que pasa después es evidente por si mismo.

Chapter 1: Forbidden

Chapter Text

 

 

 

 

 

Enero en Buenos Aires era sinónimo de un par de cosas obvias, humedad por todos lados, calor insoportable de casi cuarenta grados, mosquitos que no paraban de picar, días tan largos donde parecía que el sol nunca se pondría y, obviamente, vacaciones de todo lo relacionado a la facultad y estudios.

Para Julián era un alivio ya que solo debía ocuparse por disfrutar el día a día en la pileta de su casa, tomar algo de sol para intentar quemar su piel blanca, poner la cabeza en modo automático sin pensar en nada particular y dejarse relajar por el calor de verano que tanto le gustaba.

Claro su época favorita del año, donde no solo se juntaba el calor y las muchas horas de sol si no que también lo hacían sus vacaciones donde no debía hacer nada al ser un mantenido por sus padres.

Todo ese combo le gustaba.

Pero no le gustaba tanto como lo hacía el mejor amigo de su hermano.

Enzo, el mejor amigo de su hermano mayor era ese fruto prohibido que siempre había estado lejos, muy lejos, de su alcance.

Hace años que lo traía flechado y el muy maldito lo sabía, por lo que cada vez que lo veía no paraba de tirarle miradas, guiños y algún que otro toque disimulado que obviamente era a propósito con el objetivo de hacerlo sonrojar, avergonzarse y volverlo loco.

Y Julián siempre caía rendido ante él, porque tenía ese magnetismo y forma de ser tan… soberbia, narcisista y canchera que le encantaba.

Lo compraba con solo una mirada y un gesto.

Enzo era el típico chamuyero que se levantaba hasta la sombra si quería con solo una sonrisa y un par de frases entrenadas por esa labia que había perfeccionado para conseguir lo que sea y a quien sea.

Llamaba la atención con solo su presencia y cuando decía unas palabras las personas a su alrededor no podían evitar hacer silencio para escucharlo y perderse completamente en su sonrisa blanca compradora, su tono de voz grueso y sus ojos achinados.

Julián, para mala suerte de su hermano, había sido una de esas personas y había caído rendido a sus pies.

Porque si había algo de lo que Enzo era plenamente consciente era de lo lindo que era y se aprovechaba de esto cada que podía.

Le gustaba gustar y llamar la atención.

Y Julián no podía evitar darle el gusto en todo lo que quisiera.

Pero si había dos grandes defectos que tenia Enzo, eran que tenia novia y era, supuestamente, heterosexual.

Por lo que por más que el Julián de hace años, el que se había enganchado perdidamente con el amigo de su hermano a primera vista haya cambiado y ahora tenga mucha más confianza en sí mismo, la realidad es que no haría nada, ni siquiera intentaría tantear la zona ya que se sabia que eso era una batalla que no podría ganar, no cuando era el típico heterosexual que jugaba al fútbol, tenía novia, jugaba a la play con sus amigos y era un infiel cada fin de semana que podía.

Pero eso no evitaba que pudiera mirar ¿no? Eso no estaba mal, total los ojos los tenia para eso y era exactamente lo que estaba haciendo en ese momento

Se encontraba sentado en la reposera al lado de la pileta del patio, anteojos negros para tapar su vista y no ser delatado, mientras el sol daba de lleno en su piel y cada tanto se untaba un poco más de protector para no quedar rostizado

Frente a él Leandro, su hermano mayor, y el dueño de sus deseos más prohibidos, Enzo, se encontraba forcejeando para ver cual caía primero a la pileta.

Unos pelotudos si, pero justamente uno de esos pelotudos le encantaba por más idiota que sea

—¡Eh la concha de tu hermana!— gritó Leandro cuando Enzo logró tirarlo y Julián tuvo que girar sus ojos

Pero rápidamente algo llamó su atención, Enzo lo miraba desde el otro lado con una sonrisa ladeada, estaba en cuero con el sol pegándole a pleno en esa piel morena y tatuada, sus abdominales marcados y sus pectorales que se habían hecho más grandes con el claro entrenamiento que el morocho hacía.

Si tenía que ser sincero, tenía unas ganas terribles de prenderse como ternero recién nacido a esas tetas.

Enzo, al parecer, se dio cuenta que tenía sus ojos fijos en él por lo que se acomodo su short de baño bajándolo un poco más y dejando a la vista ese tatuaje de beso que se ubicaba en esa zona tan peligrosa por la que Julián se moría de ganas de pasar su lengua algún día pero que sabía, eso nunca pasaría.

Largo un suspiro que se quedó en su garganta para que no sea sonoro y tuvo que hacer fuerza para que la sangre que se estaba agolpando en un punto en específico de su cuerpo no lo delate

Leandro tomó por lo tobillos a Enzo y lo tiró a la pileta cortando ese momento, se lo agradeció en silencio e internamente porque si seguía viendo como Enzo mostraba todo lo que tenía en frente suyo iba a tener que ir a encerrarse en el baño para hacerse un paja

Cerró sus ojos y se recostó sobre la reposera mientras escuchaba los gritos y el ruido del agua por la pelea que los dos más grandes estaban teniendo a metros suyo, prefirió no mirar más por su propio bien y porque necesitaba bajar cierta parte de su cuerpo que se encontraba bastante dura en ese momento

Algunos minutos después hubo silencio por lo que se alertó un poco, no sería la primera vez que lo tomaban por sorpresa tirándolo al agua la fuerza y arruinando el cuidado que venía teniendo en su pelo, abrió un ojo mirando de costado y los encontró susurrando

—Pedile vos, a mi me va a sacar cagando— decía Leandro

—Nah es tu hermano amigo mira si le voy a pedir, dale no seas pelotudo—

—Pero no va a querer, además a vos siempre te hace caso en lo que le pedís—

No entendía a qué se referían pero estaba preparándose para decir que no, estaba demasiado cómodo ahí como para moverse

—Juli— llamó su hermano —Hermano querido de mi alma—

Julián se bajó los anteojos y lo miró con su mejor cara de orto

—No— le respondió antes de siquiera escuchar

—¿Te haces unos licuados?—

Tenía la mirada de Enzo clavada en él, quien lo miraba con la mitad de la cara metida en el agua pero solo prestaba a lo que le decía su hermano

—No, salí y hacetelos vos, ¿Qué te pensas que soy tu empleado?—

—Uh esta bravo hoy— acotó Enzo

Julián le dedicó una mirada entre divertida y desafiante por lo que le este le sonrió como respuesta

—Da no te cuesta nada Julito, dale—

—Ya te dije que no Leandro—

Su hermano le tiró agua con fuerza empapándolo demasiado —¡Dale pelotudo de mierda!—

—Por ortiva te pasa—

Julián comenzó a secarse sin darse cuenta que Enzo en ningún momento le sacó los ojos de encima, muy atento a cómo la toalla pasaba por toda su piel

—Dale Juli, hacete unos licuados, hace un re calor, no seas maaalo— le dijo el amigo de su hermano usando sus ojos de cachorro y su clásico tono chamuyero, no le quedó otra opción que aceptar

—Bueno ahí voy, que pesados de mierda que son—

—Ah como te lo pide Enzo lo haces al toque ¿no? Forrito—

Enzo levantó sus cejas y lo miro a la par que su cara se ponía toda roja por lo que dijo Leandro

—Callate o le cuento a Camila todo lo que escuche hoy— respondió titubeando y cuando el mayor le volvió a tirar agua corrió casi resbalando para no ser mojado y entrar a su casa

Una vez dentro bufó ya que de verdad no quería hacer nada pero Enzo tenía esa facilidad para hacerle decir que si a todo lo que le pida y claramente se aprovechaba de esto cada vez que podía

Porque sos boludo, sabe que te gusta y se hace el lindo

Su amigo Rodrigo le había dicho eso y tenía más que razón pero simplemente era débil ante los encantos del morocho

Enchufo la licuadora, preparó tres vasos, una cubetera con hielo y sacó unas bananas que empezó a cortar con un cuchillo

Estaba tan concentrado en hacer su tarea que no prestaba atención a nada más

—¿Tanto laburo para unos licuados?—

Se sobresaltó al escuchar la voz grave de Enzo desde la puerta, al girarse lo vio apoyado contra el borde de esta con los brazos cruzados, una sonrisa canchera en su rostro y el short tan bajo como se lo había dejado antes de caer en la pileta, con el tatuaje del beso a la vista

Tuvo que usar todo su autocontrol para no evidenciar lo nervioso que se encontraba —Me asustaste pelotudo—

Enzo empezó a reír y caminó hacia él —¿Te asuste o te puse nervioso? Porque si es la segunda mucho mejor—

Julián no respondió solo escondió su rostro para que este no delate lo rojo que se había puesto en ese momento, todo mientras Enzo lo miraba de arriba hacia abajo, casi como si quisiera devorarlo

—Igual vine a buscar un poco de agua, permiso— sin dejar que se mueva, el morocho apoyo una de sus manos en su cadera desnuda y paso todo su cuerpo por detrás suyo, casi apoyándolo

Julián cerró sus ojos e instintivamente tiro sus caderas hacia atrás, juraría que sintió como algo lo rozó pero no podía confirmarlo

Se quedó con la sensación de la mano de Enzo en su piel que parecía estar quemándolo en cada segundo que pasaba y se quedaba ahí estacionada

Un apretón llamó su atención y el morocho le sonrió —Te quedaste tildado, ¿querés que te ayude?—

Julián volvió en sí y se aclaró la garganta mientras seguía cortando las bananas —No, estoy bien, anda con Lean, tranqui—

A Enzo pareció no importarle lo que decía y mucho menos le parecía importante sacar su mano de la cadera del castaño mientras le hablaba desde detrás —¿Con que los vas a hacer?—

—¿Cómo con qué? Con agua y miel—

Escucho como el morocho chasqueó su lengua y empezó a reír —Así no se hace el licuado de banana, Juli—

—Hacelos vos entonces si te haces el que sabes—

Su pequeño reto parecido divertir más al morocho que empezó a reír todavía más alto —Por eso te decía que te ayudo, mira primero lleva azúcar no miel—

Enzo sacó la mano que descansaba en su cadera y se alejó de él mientras hablaba, le dejó el pote de azúcar como si no fuera su propia casa y no supiera donde guardan todo

Fue hasta la heladera, sacó un sachet y volvió a ubicarse detrás de él, haciendo que Julián se sobresalte

—Y lleva leche, no agua— le susurró desde detrás

Julián se quedó mudo en ese mismo instante, su cara roja del pánico y sus palpitaciones por los cielos, no había necesidad de que se apoye detrás suyo

—Pone la banana Juli— le dijo cuando terminó de cortar la fruta —Y el hielo—

Julián obviamente lo hizo, sintiendo como sus manos temblaban

—Ahora azúcar—

Estaba en modo automático, cumpliendo cada una de las órdenes que el morocho le decía, sus brazos se movían por inercia ya que no podía pensar en otra cosa que no sea la mano de Enzo en su cintura, su culo casi apoyado en la entrepierna de este, la respiración que daba de lleno en la curvatura de su cuello y el calor que emanaba el cuerpo tatuado detrás suyo

Cerró los ojos con fuerza y se tomó del borde de la mesada de granito cuando escucho lo que le dijo después

—Ahora dejame a mi que yo te doy la leche—

Enzo paso su brazo musculoso y tatuado por delante de él, pegándose por completo a su cuerpo y vertió el líquido dentro del artefacto

Julián sentía que en cualquier momento la erección que tenía en sus pantalones cortos terminaría saliendo de estos por propia voluntad

—¿No lo vas a prender?— preguntó con Enzo con un tono divertido

Claro, el estaba riendo mientras Julián sentía que en cualquier momento sería arrastrado al infierno por el calor que sentía en todo su cuerpo

Se aclaró la garganta otra vez y puso una mano en la tapa de la licuadora mientras que con la otra la encendía y sostenía con fuerza

—Che, ¿tenes calor o me parece a mi?—

Enzo pasó dos dedos por su hombro haciéndolo estremecer

—Si, hace calor— respondió con un esfuerzo sobre humano, como si tener al chico que le gustaba, que además era el amigo de su hermano, detrás suyo rozando todo su cuerpo no fuera suficiente además lo quería hacer hablar

Enzo sonrió y volvió a pasar un brazo por delante suyo, dirigiéndose a la cubetera —Capaz esto te ayuda—

Colocó una cubo de hielo en su cuello y lo paseo por su piel mientras esté se iba derritiendo por lo caliente que estaba su cuerpo

Julián siseó, sus piernas temblaron ante la sensación, cerró sus ojos, largo un jadeo sonoro y tiró su culo hacia atrás, ahora si, apoyándolo por completo contra la entrepierna del morocho que tuvo que aferrarse aún más de su cintura para no separarse

El momento se cortó cuando aflojo el agarre de la licuadora, la tapa se salió volando y empezó a salir licuado para todos lados —¡La re puta madre!—

Se separaron y empezaron a reír por el desastre que era la cocina, mientras Julián puteaba porque sabía que él iba a tener que limpiar todo eso

Se quedaron mirándose mientras reían agitados

—Que lastima, otro día será entonces— dijo Enzo caminando hasta la puerta

—¿Qué?—

Enzo volvió hacia él con su característica sonrisa canchera ladeada —Te quedó un poco ahí— pasó un dedo por la comisura de sus labios donde había caído un poco de licuado y después lo llevó hasta su propia boca para saborearlo —Estaba rico eh—

Le dedicó otra sonrisa, puso el cubo de hielo que antes estuvo en su cuello ahora en su boca para empezar a chuparlo y se fue, dejándolo solo

Como si no hubiera hecho un completo desastre, no solo en la cocina eso era lo de menos, si no dentro de Julián que ahora no entendía nada

Miro hacia abajo y decir que tenía una carpa en su pantalón era poco —Hijo de re mil puta— tiró su cabeza hacia atrás y largó otro suspiro, tenía que decidir que iba a hacer con todo eso porque claramente no iba a quedarse con las ganas, él no iba a quedarse como si nada cuando el otro jugaba de esa manera con su cuerpo y después se iba como si nada pasara

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al día siguiente se encontraba tirado en su cama mientras hacía videollamada con Rodrigo, por la diferencia horaria mientras en Argentina eran las once de la mañana, en España, donde su amigo se había ido a vacacionar, ya eran las cuatro de la tarde

Bueno y entonces, ¿Qué pasó?— la voz de Rodrigo se escuchó algo distorsionada producto del viento que había en Madrid en ese momento —La concha de mi hermana hace un frío acá

Julián empezó a reír —A tu familia nada más se le ocurre ir para España en invierno, boludito—

Es más barato se supone amigo pero yo que sé no me pareció nada barato

—Espero que no ratonees y le traigas un regalo a tu amigo que no pudo ir a ningún lado estas vacaciones—

Una patada en el orto te voy a llevar si no me contas que paso con Enzo, deja de hacerte boludo, estaban haciendo licuados ¿y?

Julián sonrió y miró la pantalla, Rodrigo en verdad parecía enojado con él por la cara de orto que tenia, o era el frio no lo sabía bien —Me paso un hielo por el cuello y me apoyó toda la pija en el orto—

Que boca sucia Julián hijo de puta, me encantas— Rodrigo reía desde el otro lado —Me imagino que después te lo cogiste ¿no?

—¿Qué? ¿Vos estas loco Rodri? Primero que estaba mi hermano y no daba, y segundo que es hetero, eso lo hace porque sabe que soy trolo y gusto de el, viste que a los paki les gusta jugar de mano y si es un trolo que babea por ellos mejor—

Excusas, excusas, primero a tu hermano no lo metas porque en cualquier momento lo agarro y le pego una chupada de pija que se le va a reiniciar la vida

Julián arrugó toda su cara, de verdad le daba asco cuando Rodrigo hablaba así de Leandro —¿Tanto te gusta Leandro? ¿Qué carajo le ves? Si es horrendo—

A vos te gusta ese negrito villero y yo no te digo nada, no me podes juzgar y de mi hombre no vas a estar hablando, mi bostero es hermoso

Julián giró sus ojos con una sonrisa divertida

Y segundo, tan paki no es, te apoyo toda la poronga en el orto amigo y me dijiste que te estuvo tirando miraditas y sonrisitas todo el día, además del claro palo con la leche, ese tiene unas ganas de detonarte que no entiendo porque no te das cuenta

—No se Rodri, no se—

Ay Julián me desesperas, una vez que el pibe que te gusta te tira más de un palo disimulado y vos no lo captas, te juro que si estaría ahí te cagaria a trompadas de la bronca que me haces dar

Nuevamente empezó a reír por las palabras de su amigo, si decía que le pegaría era real, ya lo había hecho mas de una vez

—¿Qué hago entonces?—

Rodrigo se pasó la mano por la barbilla, como meditando una idea —Provocalo para ver hasta donde llega y si prende, chau, garche asegurado

—¿Como?— Julián se sentó en la cama poniendo toda su atención en lo que le decía su amigo

¿Te compraste eso al final?— Julián asintió —¿Ya lo estrenaste?

—No todavía nada, no tuve oportunidad—

Rodrigo sonrió, malicioso, algo se había prendido dentro suyo —Hoy cuando Enzo vaya para tu casa, usalo, y asegurate que el lo vea pero tenes que asegurarte que lo vea si no, no va a servir de nada, así te vas a dar cuenta si avanzas o te quedas ahí mismo donde estás, pero estoy segurísimo que te ve el orto con eso puesto y te entra de una, si hasta a mi me dan ganas con el culo que tenes

—¡Dale tarado!— Julián empezó a reír, Rodrigo era ese amigo que vivía subiéndole la autoestima y le daba la seguridad que a veces necesitaba —Y si cae entonces ¿Qué hago?—

¡Chupale la pija, cogetelo, no se que querés que te responda Julián! ¡Te juro que me desesperas!

—¡Bueno pero calmate!—

En medio del griterío con su mejor amigo, Leandro entró a su cuarto abriendo la puerta con rapidez y sin golpear, como hacía siempre —Julián—

—¿No podes golpear la puerta? ¡Mil veces te lo dije!—

A Leandro pareció ni siquiera importarle lo que le dijo —Escuchame—

¿Quién es? ¿Mi amor? Hola bebote, te deje dos semanas nada mas pero te juro que ya vuelvo, no me extrañes que cuando menos te des cuenta ya voy a estar de nuevo con vos

El de ojos claros giro sus ojos mientras Julián empezaba a reír por la cara de hartazgo de su hermano

—Que pesado este pibe, hola Rodrigo—

Bien que cuando hacemos cucharita no me decís pesado, después andas llorando por mis besos

—No tengo tiempo para esto, escuchame una cosa Julián, tengo que ir a buscar a Camila hasta la casa de la abuela y es en la loma del orto, en un rato viene Enzo, ¿le podes abrir vos? Dejalo que haga lo que quiera hasta que yo vuelva, espérenme y nos metemos a la pile los cuatro—

La mente de Julián se puso en blanco y su boca se secó, se iba a quedar a solas con Enzo como por dos horas

—¿Julián?—

Al escuchar la voz de su hermano y la risa socarrona de Rodrigo desde el otro lado del teléfono volvió en sí —Anda tranqui, los esperamos—

—Te deje plata para que compren algo para comer, no se manden ninguna cagada eh—

Julián no respondió, solamente asintió y Leandro volteó para irse

¿Me cambias por esa zorra? Solito vas a volver Leandro acordate, mira que no te voy a esperar toda mi vida

—¡Chau Rodrigo!— grito el de ojos claros mientras reía por sus palabras antes de cerrar la puerta del cuarto e irse del todo

Este va a ser mío, acordate Juli, vamos a ser cuñados nosotros dos

Julián parpadeó un par de veces y cuando escucho el auto de Leandro alejarse entonces cayó en que estaba solo —Amigo, Rodri, ¿Qué hago?—

¿Cómo que que haces? ¡Anda a ponerte el coso y espera a ese turro en cuatro! ¡Amigo hoy coronas!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tan solo quince minutos después de cortar la llamada con su amigo, fue directo al baño para cambiarse y ponerse esa prenda que Rodrigo le había insistido tanto en que se compre, ya que según él, era mucho más cómoda para el calor y además lo hacía verse y sentirse mucho más lindo

Con delicadeza lo arrastro desde sus pies, sus muslos y hasta su cadera donde lo ajustó hasta que calzó perfecto en su cuerpo

Se miró en el espejo y pudo confirmar cuánta razón tenía su amigo, el suspensor no solo era cómodo si no que acentuaba y levantaba su culo, haciendo que se vea mucho más redondo y grande de lo que era, si Enzo no caía con esto ya nada lo haría caer, no podía jugar con él y su cuerpo de esa manera y no esperar consecuencias.

Lo que no esperó para nada fue que al salir del baño con solamente el suspensor puesto, y confiado de que se encontraba solo, Enzo se encontraría ahí mirándolo con ojos penetrantes

Trastabilló y todo lo que traía en sus manos terminó en el piso, no supo bien qué hacer primero si taparse o levantar todo, o salir corriendo, no lo esperaba tan temprano —¿Que?— tragó saliva por los nervios —¿Qué haces acá?—

Enzo tenía la boca abierta, no una sonrisa, una expresión de sorpresa e incredulidad ante lo que tenía delante de sus ojos —Me cruce a tu hermano cuando venía, me dijo que estabas solo, que iba a buscar a Cami y me… uff— la mirada del morocho se detuvo en sus piernas y en la curvatura de su cintura y su culo —Y me dió la llave—

A Julián no le dieron las manos para levantar sus cosas, las tomó todas lo más rápido que pudo y se fue corriendo al cuarto por lo rojo que se puso, escuchando como Enzo le gritaba algo pero sin entender bien qué

—Pelotudo, pelotudo— se dió dos golpes en la frente —Así no, tenes que creértela, dale que vos podes—

Si Rodrigo hubiera estado ahí le hubiera metido sus buenas cachetadas por cómo reaccionó, tenía que ser mucho más determinado si quería que eso suceda

Se puso un short, no se quitó el suspensor y siguió el consejo de Rodrigo dejando que el elástico de este sobresalga en su parte de atrás y deje entrever que su culo quedaba expuesto

—Yo puedo, yo puedo— se repitió y salió de su cuarto, dirigiéndose hacia el living donde Enzo ya se había sentado frente al televisor y había encendido la play

Pero lo que se llevó completamente su atención fue que el morocho se encontraba en cuero tirado en el sillón con las piernas abiertas y el short de baño subido todo lo que podía en sus piernas por lo que esos muslos grandes le pedían a gritos meter su cabeza entre ellos para se la aprieten, tuvo que agarrarse de la pared para no perder la compostura

—¿Que… qué haces?— preguntó poniendo una mano en su cintura

—Estoy matando el tiempo hasta que te decidas salir— Enzo lo miró de arriba hacia abajo, mientras pasaba su lengua por sus labios y levantaba una ceja —¿Te lo sacaste?—

Las mejillas de Julián tomaron color al instante —¿Qué cosa?—

—El coso ese que tenias puesto recién, ¿te lo sacaste?—

Se tuvo que aclarar la garganta antes de responder —Que te importa a vos, no te interesa—

Enzo dejó el mando de lado y sonrió —Lástima, te quedaba re lindo— se quedaron mirándose unos segundos en un silencio sobrecargado de tensión, cualquier movimiento en falso haría que todo estalle, el problema era quién iba a ser el encargado de dar ese siguiente paso —Veni Julián— demandó Enzo con su voz gruesa

El castaño caminó y se paró frente a él, sus manos quedaron detrás de su cuerpo, intentando no demostrar lo alterado que se encontraba

Enzo lo miró otra vez de arriba abajo, ojos negros intensos y una mano en su boca, intentando ver mas allá de lo que podía, se recostó sobre el sillón y abrió mas sus piernas —¿Te pongo nervioso?—

Julián ya para esa altura tenía su respiración agitada y le costaba muchísimo sostenerle la mirada, además del calor que hacía ya de por sí, había que sumarle el aire que en ese mismo momento se sentía pesado, casi sofocante, pero no debía ceder, debía demostrar autocontrol

—No— respondió intentando sonar lo más seguro posible, aunque su voz salió aguda y temblorosa

—¿Seguro?— Enzo ladeo su sonrisa y posó una de sus manos en su entrepierna —A ver, date vuelta—

—¿Qué? Enzo, ¿en serio?—

—Julián, date vuelta te dije—

Como si fuera una orden obligatoria a cumplir se giró y ahora puso sus manos en el frente de él, intentando tapar la erección que estaba apareciendo en su entrepierna

—Sabía que no te lo habías sacado— dijo Enzo desde detrás suyo —Bájate el short— demandó el morocho y Julián, que ya estaba mentalizado en que pase lo que tenga que pasar, lo hizo de manera lenta y pausada, dejando poco a poco que su culo y piernas blancas y prominentes queden expuestas a merced del morocho

—Que buen orto que tenes Julián— Escuchó que le dijo y cuando se giró no pudo creer lo que sus ojos veían, Enzo estaba tocando su entrepierna por encima de su short, donde claramente había una erección dura que no podía disimular —Vení— le hizo una seña con un dedo para que se acerque

Julián ya estaba completamente estimulado por lo que poco le importaba ya lo que pueda pensar de él, lo que había visto recién había sido esa chispa que necesitaba para dejar salir su lado más atrevido, más lujurioso y más morboso.

Por lo que no dudo en acercarse al tatuado con decisión, ubicar descaradamente su mano en la entrepierna de este y acercar su rostro al suyo

—¿Me vas a seguir histeriqueando o vas a hacer algo con esto que tenes acá?— su mano hizo fuerza y apretó la pija del morocho por encima del short, robándole un siseo

Enzo tomó el elástico de su suspensor y jaló de este con fuerza —¿Esto te lo pusiste para mi?—

Sabía lo que estaba haciendo, sabía que el tatuado necesitaba validar que todo giraba en torno a él y, si bien tenía algo de razón, no le daría ese gusto del todo, por lo que Julián miro de lado donde la mano del morocho tiraba del elástico de su prenda y sonrió

—En parte sí pero en parte también porque me queda bien—

—Hermoso te queda— Enzo habló sobre sus labios y Julián pensó que iba a besarlo pero en lugar de eso solo se quedó a milímetros suyo

—No me respondiste lo que te pregunté— para este punto sus alientos estaban mezclados, el ambiente estaba más pesado de lo que lo estuvo alguna vez y sus respiraciones agitadas junto a sus erecciones demostraban cómo todo estaba a nada de irse a la mierda —¿Vos te pensas que yo soy como una de esas trolas con las que podes histeriquear y no pasa nada? Estas muy equivocado Enzo, acá te vas a tener que hacer cargo, no me gusta que me jodan a mí—

La sonrisa del morocho se dibujó otra vez en su rostro e inspeccionó todo su rostro, frenando en sus labios antes de hablar —Sos el hermano chiquito de mi amigo, no podemos Juli—

—Leandro no tiene porque enterarse—

—Y tengo novia—

—No te hagas el pelotudo conmigo que escucho todas las semanas como la haces cornuda, poco me importa eso a mí—

Enzo mordió su labio inferior frente a él, en un gesto que demostraba cuanta fuerza estaba haciendo pero que sabía que de nada serviría, por que llevó una mano al culo de Julián y otra a su cuello, apretó ambos lugares sacándole un gemido y después le pasó la lengua por los labios —Ni una palabra a tu hermano—

—Lo mismo te digo—

Tan rápido como dijo esas palabras juntó sus labios en un beso desesperado donde se notaba había ganas acumuladas de años, el gemido que salió de la boca de Julián resonó en toda la casa

Rápidamente se sentó encima del morocho y ubicó las manos de este en su culo, riendo sobre su boca al sentir como esos dedos callosos y tatuados se hundían en su piel blanca, pero Julián quería más, mucho más.

Atrapó la nuca de Enzo, acaricio su pelo e introdujo su lengua hasta lo más profundo de la garganta de este, ganándose así un gemido ronco y grave que hizo vibrar todo su cuerpo, ubico su entrepierna sobre la del tatuado y empezó a moverse lento y pausado, de adelante hacia atrás, sintiendo como el suspensor apretaba su erección y la pija del morocho no paraba de crecer haciendo que el roce de ambas telas eleve todavía más la temperatura

Paseó sus dedos por todo el pecho tatuado de Enzo y marcó el camino por sus abdominales disfrutando como este cada tanto tenía un ligero espasmo por su toque, con ferocidad se tiro mas encima suyo, paseó toda su lengua por la boca del morocho y terminó mordiendo su labio inferior casi haciéndolo sangrar pero robándole un grito ahogado

—Estabas desesperado hijo de puta—

Julián atacaba su cuello, mordiendo cada porción de esa piel morocha, tatuada y sudada, saboreando todo lo que podía, no quería perderse nada ya que no sabía si esto se repetiría en algún momento, por lo que tenía que aprovechar

—Con los años que esperé ¿vos querés que me controle?—

—¿Años?—

—Y si hijo de puta si siempre te hiciste el lindo nada mas, no se como no te diste cuenta antes que quería que me cojas—

Enzo empezó a reír y levantó sus cejas, tomo el mentón de Julián y ubicó su cara justo en frente de la de él —¿Quién te dijo que no me di cuenta?— paso nuevamente su lengua por sus labios y volvió a mirarlo —No te tenia así de atrevido, al final los tranquilitos son los peores eh—

La risa de Enzo más que calentarlo hizo que se sienta furioso, hace años sabía que le tenía ganas y aún así jugó con él todo ese tiempo, no era consciente de lo que había provocado

—No me conoces lo suficiente, tuve que hacer algo porque si era por vos no activabas más— El tatuado quiso responder pero no dejo que lo haga, puso un dedo en su boca para que no hable y después se movió unos cuantos centímetros apoyando su culo exactamente donde la erección del morocho levantaba el short e hizo presión hacia abajo sintiendo como esta encajaba perfecto con su prominente parte de atrás —No te equivoques Enzo, vos no me vas a coger hoy, yo te estoy cogiendo a vos—

—Julián la re puta madreeee— gimió cuando el castaño se enterró en su cuello para volver a chupar la zona y al mismo tiempo se movía sobre su pija y la apretaba incesantemente sobre su cuerpo

Cuando levanto la vista se encontró con un espectáculo hermoso, Enzo con las venas de su cuello marcadas, sus músculos tensionados y su piel transpirada mientras no paraba de jadear, se sintió victorioso al haber provocado eso en el tatuado por lo que no lo dudo mucho mas y se acercó otra vez para comerle la boca con desesperación siendo él quien marcaba el ritmo del beso

Enzo tomó con fuerza el elástico del suspensor comenzando a marcar así el ritmo de las estocadas falsas que estaba dando contra su culo, Julián sabía que era fuerte, se notaba en su musculatura pero no sabia cuanto por lo que se tuvo que separar de él un poco para respirar porque con solamente esos movimientos le estaba sacando todo el aire de los pulmones

—Chupá— le dijo cuando le acerco dos dedos a su boca y Julián obviamente le hizo caso embadurnándolos con saliva todo lo que podía

—Enzoo— gimió cuando por el agarre del elástico del suspensor le hizo levantar mas las caderas y esos dedos llenos de saliva empezaron a tantear su entrada —Enzooo— pegó su frente contra la del morocho cuando un dedo empezó a entrar despacio, de a poco, expandiendo su interior

—¿Te gusta? ¿Mmmm?—

Julián gemía al mismo tiempo que se contorsionaba con cada empujón que daba el tatuado con su mano en su interior, siempre mirándolo a los ojos para hacerle saber que él era quien tenía el control ahí

Tuvo que cerrar sus ojos con fuerza y tirar su cabeza hacia atrás cuando sintió como el dedo entro por completo en él —¡No me dijiste si te gusta, Julián!— demandó el tatuado por lo que cayó sobre él y lo beso, desesperado, caliente, ya no sabia que mas hacer con su lengua

—Me encanta, más, quiero más— jadeo sobre el y una sonrisa orgullosa fue la antesala de lo que sucedería después

Un segundo dedo entró en él y por un momento juró que vio las estrellas cuando al mismo tiempo Enzo ataco su cuello, clavícula y pezones, robándole jadeos y gritos que ya no sabía cómo contener

Pero debía frenar, eso estaba siendo demasiado, si seguía con este ritmo acabaría ahí mismo y todo se terminaría, no quería que eso suceda, quería estirarlo todo lo que podía

Se aferró a la cabeza de Enzo permitiéndole que haga lo que quiera con su piel mientras su entrada seguía siendo expandida por el morocho, solo unos minutos más hasta que estaba completamente dilatado, lo trajo otra vez hacia él y lo besó sintiendo el desastre que ya eran ambos por toda la estimulación que se habían regalado

—Dejame chupartela, quiero chupartela— susurró sobre su oreja y pudo jurar que sintió como una escalofrío recorrió todo el cuerpo de Enzo a la vez que sus ojos se volvían mas negros que de costumbre

Sin decir nada, el morocho se tiró hacia atrás a la vez que acariciaba su pija por sobre su short, Julián se separó de él y empezó a dejar besos y lamidas sobre todo el abdomen tatuado de Enzo a medida que descendía, cuando llegó hasta el borde del short tomo este con ambas manos y levantó la vista conectando con la de Enzo y regalándole sus ojos de súplica que solamente pedían ser destruidos

Enzo apoyó una mano en su mejilla —Te la vas a tragar toda— eso no era una sugerencia ni una pregunta, era una afirmación y él no era nadie como para contradecirlo

Bajo el short con rapidez y la pija dura del morocho salió con fuerza rebotando hacia arriba por lo erecta que se encontraba, la tomo con una mano y empezó a mover la piel del morocho de arriba hacia abajo con delicadeza pero con ritmo, sin frenar

Antes de siquiera hacer algo se dirigió hasta el tatuaje del beso, lo mordió y lo besó para después dedicarle una sonrisa morbosa el morocho —Siempre quise hacer eso— le dijo viendo que este también le sonreía

Volvió a su objetivo, escupió una buena cantidad de saliva sobre la extensión del morocho que se encargó de llevar desde la base hasta la punta con su mano, vio como este apretaba los dientes seguramente por la excitación y anticipación, y ese simple gesto lo encendió todavía más.

Se acercó y pasó la lengua por la punta, robándole un pequeño gemido que lo hizo sonreír, y después, con determinación, introdujo la punta entera en su boca saboreando con su lengua el sabor algo amargo del presemen que había acumulado y sintiendo como el calor del falo erecto se apoderaba de su boca.

La mano de Enzo viajó hasta su cabeza y se aferró a sus rulos con fuerza, comenzando así a marcar el ritmo en el que la pija entraba y salía de su boca con rapidez

Julián ahuecó sus mejillas y se sostuvo de las piernas del tatuado mientras su boca era utilizada por éste tanto como quería, hace años se moría porque esto suceda y ahora no podía creerlo, no podía creer que se estuviera ahogando con la pija del supuesto paki con el que tantas veces se pajeo pensando

—No le vas a decir nada a tu hermano ¿No?— Enzo sacó su glande húmedo de su boca y lo paseó por todo su mentón, mojando el resto de su cara y frenando en su mejilla —No le vas a decir nada a Leandro—

Julián lo miró desde abajo con ojos lujuriosos y de deseo de querer todavía más que eso —No le voy a decir que te metiste con su hermanito— tomó la pija del tatuado nuevamente con su mano y paso su lengua por la cabeza caliente de esta atrapando el líquido que salía de la punta —Solamente si me coges—

Enzo se levantó del sillón y se aproximó hasta su cara, ojos negros y dilatados por la excitación, lo tomo con ambas manos y lo pego frente a él —Te voy a romper tanto el orto que no vas a poder caminar por dos días—

Julián suspiró fuerte, ya mismo quería que lo haga pero no debía apurar el momento, debía aprovecharlo todo lo que pueda —Vamos a ver que podes hacer, acordate que yo no soy como todas esas trolitas con las que le metes los cuernos a tu novia— habló sobre sus labios a medida que volvía a empujarlo contra el sillón con una mano

—¿Ah no? Hasta ahora te veo bastante parecido a todas esas—

—No digas pelotudeces Enzo— bajó nuevamente hasta su objetivo y lo miró directo a los ojos antes de proceder —Yo soy mucho mejor— sin dejar que le responda abrió su boca, aflojó su mandíbula y enterró la pija del morocho hasta el fondo de su garganta sintiendo como su nariz llegaba a tocar lo vellos púbicos que estaban en la piel del tatuado

Enzo tiró su cabeza hacia atrás al mismo tiempo que volvía a sostenerse de los rulos de Julián y emitía un gemido que se escuchó en toda la casa —Como te la tragas hijo de re mil putaaaa—

El castaño sonrió orgulloso al escucharlo, mas que conforme con lo que había logrado, por lo que empezó a subir y bajar ahora con más rapidez por toda la extensión

—Ay dios la puta madre, me vas a sacar el alma Julián—

Enzo transpiraba, no solo por el calor del ambiente, todo se había elevado de temperatura entre esas cuatro paredes y el aire viciado hacia que le cueste respirar o quizás era la boca de Julián succionando su erección como si no existiera un mañana, no lo sabía bien

—Chupa dale, chupa que ahora te voy a coger tanto que no te vas a acordar ni de tu apellido—

—¿Si?¿Me vas a romper el orto?— respondió con su aliento caliente y su voz delató lo destruido que ya se encontraba

Enzo sonrió de lado, llevo ambas manos a la cabeza del castaño tomándola por los lados, separó su cadera del sillón y empezó a cogerle la boca tan rápido que Julián tuvo que arañar sus piernas por la fuerza que hizo para no soltarse

Solo un par de estocadas bien profundas y después Enzo lo apretó con fuerza contra él enterrándose hasta el fondo de la garganta de Julián

Lo escuchó ahogarse mientras varios sonidos guturales salían de su garganta, sus ojos se llenaban de lágrimas y se volvían blancos, cuando toda su cara se torno roja y sus venas se marcaban lo soltó justo antes de que se quede sin oxígeno

Julián suspiró aliviado y dejando caer varios filamentos de saliva mezclada con otros fluidos de sus labios, recuperó un poco el aire pero al instante el morocho se levantó y lo tomó por los hombros

—Ahí, en cuatro te quiero— ordenó mientras buscaba algo en su pantalón —Y levántame el culo que quiero verte bien—

La voz de Enzo era más grave y ronca, parecía casi que enojado pero por alguna razón eso solo hacía calentar todavía más, quiso sacarse el suspensor pero la mano grande del morocho lo frenó

—No, ¿Qué haces? Esto dejátelo, te lo voy a romper de tanto que te voy a coger—

No respondió nada, su garganta todavía le dolía un poco como para hablar, por lo que se ubicó sobre el sillón y levanto su cadera todo lo que pudo para dejar su entrada expuesta al morocho

A los segundos Enzo se ubicó detrás de él y tomó con una mano su cadera para acercarlo, fue ahí que se dio cuenta que se había puesto un preservativo

—¿Tanta fé te tenías para hoy?—

No se esperó para nada el chirlo que Enzo le dio en una de sus nalgas haciéndolo sobresaltar y dejando grabados de rojo en su piel blanca la marca de sus dedos —Si pasaba algo lindo, entonces iba a pasar hoy—

Lo sintió acercarse y ubicarse justo detrás de él, tomando su cadera con fuerza con una mano, hundiendo sus dedos sobre su piel, mientras que con la otra tomaba su extensión y la rozaba contra su entrada a modo de anticipación

Julián no pudo evitar suspirar y tirar su cabeza hacia atrás, sentía que lo estaba torturando, que estaba haciendo esos movimientos premeditados con el simple objetivo de hacerlo desear, de hacer que le ruegue, y si bien el tenia su orgullo, tampoco es que era para tanto

—Dale Enzo, no aguanto más—gimió suplicando

—¿Si? ¿Qué querés que haga?— sintió la punta del glande erecto sobre su entrada y cuando se tiró hacia atrás, este se alejó

Era un hijo de puta, un forro que sabía exactamente lo que hacía, no podía verlo desde ahí pero no dudaba que una sonrisa socarrona ocupaba su rostro

—Te detesto— agregó Julián y tomo el brazo de Enzo para atraerlo más hacia el —Pero cogeme ahora, no doy más—

La mano tatuada del morocho se aferró a su cuello y la otra a su cadera, cuando sintió como la pija erecta de Enzo iba entrando poco a poco en él, le tomó unos momentos y un par de rechinar de dientes el acostumbrarse a la intromisión de la extensión palpitante del morocho

—Estas re apretado Julián— la voz ronca de Enzo contra su odio lo hizo vibrar y cerró los ojos ante la sensación que invadió su cuerpo al sentir como su propia erección quería escapar del suspensor

Tiró su cabeza hacia atrás cuando Enzo lo tomo con fuerza de sus rulos y empezó a moverse, en un principio despacio pero aumentando el ritmo al sentir como las paredes de su interior se iban acostumbrando a su tamaño

—No tenes idea hace cuanto quería detonarme tu culo Julián— lo ahorcó y se enterró en el haciendo rebotar sus nalgas contra su pelvis —No te das una sola idea—

No podía hablar, estaba totalmente ido al sentir el cuerpo de Enzo sobre el suyo, el calor del ambiente, su mente hecha un desastre y su entrada siendo masacrada una y otra vez como tantas había soñado que pasaría

No, esto era mejor que cualquiera de esos sueños

—¿No vas a decir nada?— Enzo lo tomó por el cuello y lo pegó contra su pecho en el mismo momento en el que daba justo en su punto sensible, haciéndolo gritar —¿Qué pasa? ¿Te dan una buena pija y ya no podes hablar?—

Las estocadas se volvieron más rápidas, su boca era un desastre de gemidos y gritos, los sonidos similares a aplausos provenientes de sus pieles transpiradas se escuchaban en toda la casa y sus manos estaban por cualquier lado sin saber bien dónde ubicarlas al sentir que casi no tenía control sobre ellas.

Enzo lo tiró sobre el sillón y levantó una pierna, se aferró al elástico del suspensor y con la fuerza de un brazo enterró su cara entre los almohadones, con una ímpetu que no había experimentado antes el morocho empezó a cogerlo tan fuerte que su cuerpo se hundía al no poder sostenerse, sus piernas ya le temblaban y tenía que morder la tela de los almohadones para canalizar por alguna lugar la fuerza que estaba haciendo al aguantar las estocadas

Tiro tan fuerte de la prenda que traía puesta que se la termino arrancando, a Julián poco le importó, podría comprarse todas las que quisiera pero en ese momento solo quería ser usado y arruinado por el morocho que, al parecer, pensaba exactamente lo mismo que el

Con una última estocada salió de el, lo tomo por las caderas y lo giro

—¿Me querés ver mientras me coges?— No supo de dónde sacó algo de su voz para decir eso pero necesitaba también confirmar que Enzo quería eso tanto como él lo hacía

—Te quiero ver cuando te termine de arruinar— respondió el tatuado mientras se ubicaba entre sus piernas

La vista era de ensueño, Enzo con sus venas marcadas, su piel transpirada, el pelo que se le pegaba al cuerpo, sus músculos marcados, su mandíbula tensa, sus ojos hambrientos y todo acompañado de los tatuajes que tan bien le quedaban, Juliana sentía que podría acabar de solamente seguir mirándolo

Los movimientos eran lentos, a su vez que cada vez más profundos, pero nada pausados a medida que fue entrando nuevamente en el

—Enzo, Enzo— gemia Julián cada vez que sentía como entraba y salía de él

El morocho lo miraba desde arriba, mientras sostenía sus piernas que mantenía abiertas, con su sonrisa orgullosa al ver lo que había creado, el castaño agotado y arruinado, respirando agitado, el rulo tan característico se pegaba a su frente transpirada, mientras mordía su labio y giraba sus ojos cada vez que se hundía en él

Sin dejar de moverse para nada, se acercó hasta su cara y le dejó un beso caliente en sus labios —No le vas a contar a nadie de esto ¿no? ni a tu hermano ni a nadie—

Julián negó repetidas veces, apurado y desesperado —No, nadie se va a enterar de esto—

—Así me gusta— respondió Enzo antes de esconderse en su cuello y volver a cogerlo con la misma velocidad e ímpetu con la que lo había hecho antes

Julián sentía que veía las estrellas mientras cerraba sus ojos con fuerza cada vez que la extensión del tatuado daba en su punto sensible y su erección frotaba contra su abdomen una y otra vez

Enterró sus uñas contra el tatuaje del león y sus ojos se desorbitaron cuando no pudo contenerse mucho más, enredo sus piernas alrededor de la cintura del morocho y cuando este dio repetidas veces contra ese punto en específico acabó sin siquiera tocarse mientras largaba un grito contra ambos estómagos manchando ambas pieles y llenándolas de su eyaculación caliente que no paraba de salir

Enzo sonrió nuevamente y lo volvió a besar, no tuvo ni un poco de compasión de que él estuviera totalmente sensible y siguió cogiéndolo buscando su propia liberación

Con rapidez salió de su interior, se quitó el preservativo, se puso de pie frente a su rostro y se masturbó con fuerza

—Abrí Julián, abrí, abrí— Enzo apretaba los dientes mientras gemidos lastimeros salían de su boca, estaba ahí, a nada

Pero algo los frenó, el sonido de un auto estacionando los alertó —¡Leandro!— gritaron al mismo tiempo que se miraban con pánico y empezaron a agarrar todo lo que podían

Salieron corriendo al patio y se tiraron a la pileta, agitados, asustados y por sobre todo, todavía excitados, observando como la pareja entraba e iba directamente hacia arriba

—Sentate ahí— le dijo Julián cuando se dio cuenta que todavía no saldrían

—¿Qué? ¿Estas loco? ¡Está tu hermano!—

—¡Enzo callate la boca y sentate ahí te dije!—

El morocho, que ya se había puesto su short cuando salió corriendo, se sentó al borde de la pileta dando la espalda a la casa. Julián que estaba en el agua se acercó hasta él y se ubicó entre sus piernas

—Julián ¿Qué estás…?— tuvo que morderse una mano cuando el castaño le bajó el short e introdujo su pija en su boca hasta el fondo de la garganta

Estuvieron así unos segundos, Enzo sosteniéndose de los bordes de la pileta y Julián masturbándolo mientras los miraba a los ojos y sacaba su lengua para recibirlo

No se demoró mucho más y con un gemido lo más silencioso que pudo, acabó dentro de la boca del castaño que sonreía satisfecho al haber logrado su objetivo de recibir su eyaculación en su interior

Enzo quedo agitado y cansado, pero también sonreía al ver la cara de Julián que lo miró a los ojos y le mostro como se tragaba todo

—No tenían que quedar pruebas ¿no?— le dijo al ver su cara de sorpresa

—Sos un hijo de puta—

El castaño levanto sus hombros como que no le importaba y se alejó de él, al mismo tiempo que Enzo también se metía nuevamente al agua

—Da acabaron juntos al final—

—¡¿Que?!— gritó Julián al escuchar lo que dijo su hermano y viendo la cara de pánico de Enzo

—Que acabaron metiéndose juntos a la pile, les dije que nos esperen— respondió el de ojos claros y el alma les volvió al cuerpo

—Bueno amigo hacía calor y no nos aguantamos las ganas— respondió Enzo dedicándole una sonrisa cómplice que lo hizo reír

—Ahora venimos con Cami— grito el de ojos claros y se metió nuevamente a su casa

Enzo, viendo que estaban otra vez solos, se acercó al castaño —Escuchame Julián, si querés que esto pase de nuevo más te conviene no decírselo a nadie, ¿me escuchaste?—

Julián sonrió y lo miró como rebajándolo —Me parece que no te quedo algo bien claro a vos, el que te cogió hoy fui yo— el castaño apoyó un dedo sobre su pecho —No te equivoques Enzo, el que me va a terminar buscando para repetir vas a ser vos así que hace las cosas bien si sabes lo que te conviene, ¿estamos?—

El castaño se alejó orgulloso de haberlo dejado perplejo y sin palabras, el mas gato y paki de Enzo iba a terminar rogándole, no iba a dejar que lo trate como una trola más de las que pasaban por su cama

Cuando se alejó unos metros, un pensamiento lógico cruzó por su mente —Enzo, ¿agarraste todo cuando saliste?—

—Mi short y mi bóxer ¿por?— respondió el morocho

Los ojos del castaño se llenaron de pánico y Enzo lo entendió al instante por lo que puso la misma cara de terror

—¡¿QUE MIERDA HICIERON HIJOS DE RE MIL PUTA?!— el grito de Leandro les terminó por confirmar que se había encontrado con el preservativo y el suspensor roto.