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pagando el favor

Summary:

Lando le debe un favor a Oscar después de lo que hizo en la carrera, y se asegura de que lo pague.

Notes:

Buenobuenobueno. Primera vez que escribo algo así, no estoy acostumbrada y cualquier corrección o lo que sea pueden dejarla en los comentarios, de verdad aprecio mucho cualquier cosa que quieran decir. Sepan que lo estoy intentando y tengo que mejorar 😭🙏🏻💘

Algún día que me anime lo voy a traducir a inglés pero por ahora me da vagancia. Gracias por leer!

Work Text:

La cabeza le daba vueltas. Y no en el sentido de un leve mareo, si no de esos que hacen que veas mal y caminar se te haga difícil. Así estaba Oscar. Frustrado, cansado, molesto y, si te le acercabas a más de tres metros, hasta se te pegaba la mala vibra que tenía.

La carrera fue una mierda. El calor, el dolor en el cuerpo, la estrategia y las ordenes de equipo, todas una mierda. No quería ni pensar en lo que pasó.

Lo dejó en claro, aunque solo para la prensa: no se arrepentía de haber dado la posición. No lo hizo por buena persona, sino por las consecuencias del después si no lo hacía. Prefería eso a las reprimendas del equipo. Tampoco es que Oscar es un sol, hace lo más conveniente.

Lo importante: lo hecho ya está hecho. Y nadie parecía entenderlo: ni el equipo, ni los periodistas, ni los fans, ni siquiera Lando. Porque al frente de los periodistas declaraba que él haría lo mismo, y que era su deber hacerlo.

Cuando escuchó esas declaraciones, le hirvió la sangre. “Era lo que tenía que hacer”. Riéndose, sonrisa en la cara, ganador. No, no lo era, e igualmente lo hizo. Le irritaba la felicidad que tenía.

Ahora se arrepentía de haber dicho que no le molestaba. Le molestaba, y mucho.

 

-

 

Mientras cruzaba el pasillo que daba directo a su habitación en la hospitalidad, pensaba en rueda de prensa. En la cara de Lando, en la forma en que su boca se curvaba levemente, en las mentiras piadosas a los periodistas, en la mirada que no sentía lo que realmente estaba diciendo. En esos ojos, que son tan hermosos y tan mentirosos-
Basta. Si seguía así se iba a descarrilar y terminar pensando cosas no muy adecuadas de su compañero, cosas que nunca se permitió pensar.

Peleando un campeonato, no se puede dar el lujo de ver esa cintura y querer agarrarla. De empujarlo con fuerza a la pared y hacerle sentir lo mucho que lo despreciaba pero el hambre que tenía de su cuerpo. Que no era justo, porque odiaba sus actitudes, pero no se podía alejar de esa inevitable atracción que había.

Sí, no eran muy cercanos y es probable que nunca lo sean. Si Oscar pasase mucho tiempo a su lado, no sabe cuanto aguantaría sin saltarle encima.

Y Lando nunca fue particularmente bueno con él: nunca estuvo muy interesado en conocerlo, entonces él tampoco. Con esa actitud, ninguno iba a progresar. Para las cámaras, buenos compañeros y sonrisas forzadas, fuera de ellas, apenas hablaban.

Chocaron algunas veces, y es que, con personalidades opuestas y a su vez sin ninguno queriendo ceder, era obvio que no iba a funcionar.

Pero esos choques tenían una tensión que ninguno podría describir muy bien, de ese tipo donde parecía que el aire estaba pesado y cada suspiro contaba. Donde, si alguno perdía por un segundo el control, iba a terminar en algo más. Pero ninguno quería perder.

Así que por eso, Oscar piensa que Lando no haría lo mismo por él. No cedería tan fácil, porque lo que Oscar hizo es un gran favor, y ahora Lando le debía uno muy grande también.

Suspirando, abrió la puerta. Entro a su habitación, que estaba sorpresivamente ordenada y empezó sacándose la ropa de carrera, eligiendo en cambio una remera blanca con un estampado y unos shorts negros. Se acostó en su cama y se quedó pensando en todo lo que pasó en el día.

 

-

 

El hilo de pensamientos de Oscar fue interrumpido por un golpe en la puerta de su habitación.

¿Quién carajos quería algo ahora?

Se levantó de la cama para abrir la puerta y encontrarse con la figura de Lando. Ja, que novedad.
Estaba parado en la puerta con una expresión que no podría descifrar. Tenía puesta una remera de McLaren y unos jeans claros, y unos rulos que mostraban que acababa de bañarse. Raro, porque siempre esperaba a llegar al hotel para hacerlo.

“¿Qué querés?”- Dijo Oscar, con cara de pocos amigos y sin ganas de lidiar de vuelta con otra charla.

”Que mala onda que tenés, no te hice nada. Venía a hablar bien”- Contestó con mala cara el rizado, mientras hacía una mueca.

Oscar suspiró y lo dejó pasar, cerrando la puerta con seguro para que nadie moleste. Se sentó en un costado de la cama, mientras que el mayor se quedó apoyado en la mesa que tenía al frente, mirándolo.

 

-

 

Hubo un silencio incómodo hasta que el menor lo rompió:
“Bueno, decime”.

“No sé… pensé que estabas enojado conmigo después de lo que pasó. No quiero que queden las cosas así”.

”No te hagas. No te importa si estoy enojado, te sentís culpable de que tuve que pagar por un error que no era mío”- La cara de disgusto de Oscar era notable, y su tono empezaba a sonar irritado.

“Tampoco era mío”- contradijo.

”No dije que lo fuera”.

“Pero hacés parecer que sí! No sé que querés que te diga, no me quisiste ni mirar cuando te trate de hablar antes de entrar” dijo Lando, que ya estaba empezando a desesperarse.

”¿Y cómo no? si vas con esa cara de superado al frente de todos como si nada, no me dijiste ni gracias, era lo mínimo que podías hacer!” El tono que usó empezó a levantarse, sonando más profundo.

”Bueno, no sé que decirte, era obvio que estoy agradecido! Que más querés que haga, que vaya y te la chupe para mostrarte que tan agradecido estoy?!” Gritó Lando, que se quedó callado después de darse cuenta de lo que dijo.

El silencio reinó la habitación por unos segundos. Oscar lo miró paralizado, anonadado por lo que dijo. Lando, en cambio, no sabía donde meterse, con el cuerpo agitado y los cachetes volviéndose de un color rosa que lo hacía ver tan, pero tan lindo al desgraciado.
Las palabras salieron de su boca antes de que lo pudiera pensar dos veces.

”Hacelo, dale. Te quiero ver” La mirada de Oscar se volvió oscura, hambrienta, con un deseo repentino pensando en lo que podía pasar.

“Me tenés que estar jodiendo” Dijo Lando, que ya no sonaba tan disgustado.

“Vení para acá. ¿Qué, gritás, te haces el malo y cuando quedás como una trola ya te da vergüenza? Hacete cargo”. Los pantalones empezaban a apretarle, y podía ver que el mayor no estaba mucho mejor.

Lando lo miró con lo que trató de ser odio, pero lejos estaba de serlo. Tenía hambre de él, hace tiempo que la tenía, y la tensión llegó a su punto de quiebre.

Igualmente, y sin decir nada, hizo lo que su compañero dijo, caminando frente a la cama y poniéndose de rodillas.

Fue cuando Lando se agachó frente a él que Oscar se permitió pensar lo bien que se veia. Con las pestañas cayéndole de una forma casi etérea, y los rulos adornando su cabeza, que no iba a tardar en despeinar.

Se levantó de la cama y se desabrochó el pantalón, siendo el más bajo Lando quién tomó la iniciativa de bajárselo.

“Desesperado? No te tenía así”- Se burló.

“Callate, pelotudo de mierda”- Murmuró bajo, pero lo suficiente como para que pudiese escucharlo, y le bajó los boxers para encontrarse con la longitud, que hizo que se le hiciera agua la boca.

Sin darse tiempo para pensar, empezó a darle caricias, subiendo su mano de arriba a abajo y ganándose en recompensa un gemido por lo bajo de Oscar.

“Dejá de hacerte desear, caprichoso de mierda. No jodás”. Y lo dijo en un tono tan demandante que hizo que Lando se retorciera en sus pantalones. Le encantaba que lo tratasen medio mal.

Así que dejo de joder y se lo metió a la boca, siendo recibido por un gruñido de Oscar.

El calor era insoportable, y la boca de Lando se sentía tan bien que no iba a tardar mucho en volverse loco. Empezó despacio, haciéndolo sufrir, para después aumentar el ritmo y empezar a hacer círculos en la punta con la lengua, ahuecando las mejillas.
Lo repitió varias veces, y Oscar se estaba volviendo loco.

“Quién hubiese dicho que la princesita de McLaren estaría acá, abajo mío, como una puta? Imaginate que dirían de verte así”- Gruñó, ido en el placer.

Lando gimió en respuesta, mandando vibraciones a lo largo del miembro de Oscar, haciendo que una corriente de placer recorriera su cuerpo. También empezó a tocarse con una mano para aliviar el dolor de la dureza en sus jeans.

“No sabés como te ves ahí abajo, hijo de puta. Lo hacés a propósito”.

Y era un maldito, porque sabía lo que hacía, y se llevó toda la longitud hasta que tocara su campanilla, y volvió para mirarlo con los ojos llorosos al menor, que lo agarró fuerte del pelo y volvió a empujarlo al límite.
Lo repitió otra vez hasta que el australiano dijo entre gemidos:

“Lando, ah, me estoy por- ah pelotudo, por venir, para”

Y cuando vió que el rizado en vez de frenar empezó a chupar más rápido, con un ritmo errático por el cansancio, sintió el orgasmo formarse en su vientre con solo entender que quería que se viniese en su boca.

Oscar se corrió en la boca de Lando, llenándolo mientras gemía su nombre con voz ronca. El británico, con los ojos llorosos, lo miró mientras se tragaba todo lo que le dieron.

Lando también se vino en sus pantalones, manchándose y sintiéndose pegajoso. El placer era insoportable.

“Que hermosa puta que sos. Ahora sabés como se devuelve un favor, eh?” - habló Oscar sin pensarlo mucho, todavía en una nube por su orgasmo.

Hasta se tomó el atrevimiento de golpearlo con su miembro en la cara, y el mayor sacó la lengua, tratando de limpiar cada restante de líquido que quedara. Era un maldito, ¿cómo se podía ver tan lindo así?

 

-

 

Lando estaba por hablar, cuando un golpe en la puerta lo interrumpió.

“Oscar, estás? Nos tenemos que ir ya para el hotel. Si podés también escribile para avisarle a Lando, que no aparece”- Dijo lo que parecía la voz de su entrenador.

Se miraron entre ellos y el menor contestó:
“Si, dame 10 minutos que me cambio y estoy. Me quedé dormido”.

“Si, no hay problema. Nos vemos afuera”.

 

Cuando se escucharon pasos alejándose, Oscar habló primero:
“Dale, levantate del piso y te presto pantalones para cambiarte, que hiciste un desastre”.

“Ah, esto también es culpa mía?”

“No empecés de vuelta si no querés seguir cobrando. Hay jeans en los cajones y un boxer si te hace falta, yo voy al baño”.

 

-

 

Cuando ya estaban ambos cambiados y listos para irse, dijo: “Espero que hayas entendido como se cobran los favores. Y no volvás a hacerte el desentendido al frente de todos porque no voy a ser tan bueno como hoy”.

Y sin más, salió por la puerta dándole la espalda a Lando, dejándolo con ganas de más.