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Todo es culpa del alcohol y de sus amigos.
La mente de Mernuel trabaja de una forma poderosa siempre, él escucha una palabra y su cabeza inmediatamente se llena de ideas sobre próximos directos con invitados, nuevos proyectos o cómo puede participar en diferentes eventos.
Por eso sabe que la tiene jodida cuando sus amigos comienzan a hablar acerca de su vida sexual.
Su experiencia con el tema es grande; ha estado con chicas en el pasado, las ha encarado en boliches y por supuesto que disfruta la compañía de ellas, le fascina. Por lo que cualquiera pensaría que puede hablar sobre sexualidad sin tapujos, contando sobre sus vivencias.
Lo único malo está en que las experiencias que sus amigos cuentan no tienen que ver con mujeres. Y es por eso que toda la conversación le resulta desconocida.
Es hetero, lo sabe a la perfección.
Sin embargo, la forma en la que los chicos hablan lo hace imaginar millones de escenarios, tratando de entender como mierda se relaciona un hombre con otro, más allá de la penetración.
—Uno puede desconocerse de vez en cuando, trago va trago viene—. Comenta Coker, con un movimiento de hombros ligero, como si quisiera restarle importancia al tema.
¿Tan normal era?
Bautelli no tarda en contar su experiencia más cercana con otro chico y Mernuel se siente patético al sorprenderse, se supone que de todos los presentes, su mejor amigo es el más recto de todos, sin embargo, para el resto de la mesa parece ser algo normal.
Se supone que Bautelli también es hetero, lo han hablado en stream antes.
¿Qué dirían las personas si estuvieran en directo justo ahora? seguro los criticarían.
Moski comienza a hablar, contando varias experiencias con otros hombres y Mernuel siente un jalón en su pecho de solo escucharlo, para su gusto son más de las que le gustarían saber.
—¿Abajo o arriba, Mosca?—. Pregunta su mejor amigo.
—Y depende, uno siempre debe experimentar todas las opciones.
A Mernuel se le hace sencillo entender a qué se refiere la pregunta, por más asqueroso que le parezca. Y quiere decirles sobre su incomodidad, pero sabe que no da ese tipo de comentarios en este momento, mucho menos cuando hasta las mujeres en la sala comienzan a contar sus experiencias también, dejando claro que es más común de lo que parece toda la situación.
La mayoría de los presentes habían tenido al menos una interacción con una persona del mismo sexo, menos él.
¿Se estaría perdiendo de algo realmente?
La conversación continua y él solo se pierde en las voces de sus amigos, sin prestar verdadera atención a lo que sea que están hablando.
Su instinto aventurero lo hace cuestionarse muchas cosas. Pensando en que tan estrecha es su relación con sus amigos y hasta que punto pude perdirles un favor.
¿Lo ayudarían?
Piensa en la idea de tener sexo con otro hombre y cuando esta no se ve tan mala, empieza a sacarle la ficha a todos los que están en la sala, solo para pensar quien puede ser una buena opción.
Descarta muchas caras en tan solo segundos; Coker y Bautelli están de primeros en la lista de "No", seguidos de Goncho y el Bana y una vez analiza a todos los chicos a su alrededor se da cuenta que no tiene ni el mínimo intereses de estar con ellos. Tal vez eso no era lo suyo.
—¿Están facheros, verdad?
Se sobresalta en su asiento, sintiendo una repentina timidez al ser descubierto. Moski lo está mirando con diversión, esperando que el pelinegro confiese.
—¿Qué te metes pelotudo?
—No te enojes gordo, solo estaba chismeando.
Mernuel asiente, dándole un trago a su fernet para intentar olvidar el momento tan vergonzoso que está pasado. Moski se había dado cuenta que estaba mirando a un chico y probablemente sabía lo que estaba pensando.
Su mirada había estado en tantas personas que ni siquiera recordaba que el rubio estaba junto a ellos, algo patético de pensar, más si se toma en cuenta el hecho de que Moski estaba sentado a su lado. ¿Por qué no lo había visto antes?
Culpa al alcohol una tercera vez, cuando se recuesta en el sofá para poder observar al chico a su lado, prometiéndose a sí mismo que solo lo observaría durante unos segundos. Solo para ser justos y que su mente se sienta tranquila de haber examinado a todos los chicos de la sala sin excepciones.
Pero es su misma mente la que en lugar de tranquilizarlo, lo altera. Observando el rosa en las mejillas de Moski, probablemente acalorado por culpa del alcohol, el rubio se ríe con sus amigos antes de darle un trago largo a su birra y Mernuel tiene que parpadear un par de veces luego de observarlo.
Se siente extraño y tan confundido, que no sabe que más hacer además de pedir por la atención del rubio.
—Che, Moski—. Cuando el menor lo observa se arrepiente de inmediato de haber hablado, sintiéndose incapaz de formular una oración.
—¿En qué tanto andas pensando, Manu?
No quiere responder, así que solo muerde la uña de su pulgar mientras niega con la cabeza No entiende porqué se pone en esta situación.
—Eres muy obvio... nos miraste a todos, justo cuando antes hablábamos de un tema algo interesante—. Sus mejillas arden y se siente totalmente estúpido. —¿Qué querías decirme?.
Piensa en lo que realmente quiere, sintiendo como el alcohol desvanece de su cuerpo casi por completo. Quiere experimentar, conocerse un poco más, saber que se está perdiendo.
—¿Te puedo proponer algo?—. Se anima a habla, Moski asiente de inmediato.
Siempre lo apoya en todo, son mejores amigos desde hace más de un año, cuando no eran nadie. Por supuesto que confiaba en el chico para hacer esa estupidez.
Moski parece captar que él tema va más en serio cuando Mernuel mira la salida del lugar. Entonces Moski se levanta, despidiéndose de sus amigos con la excusa de estar cansado.
Mernuel piensa en una excusa para dar, pero sus amigos parecen estar tan concentrados en sus cosas que ni siquiera lo miran cuando sale del lugar, encontrándose al rubio apoyado en la pared de la terraza.
—¿Ahora sí me dirás que tramás?—. Moski pregunta, alejándose de la pared para comenzar su camino en el gran pasillo del apartamento.
—Sí te reís de mí te juro que no la contas—. Moski rueda los ojos antes de asentir, moviendo sus manos para que él pelinegro continúe. —¿Está bien que me de curiosidad estar con un chico?
—Y obvio, boludo.
Moski lo dice con tanta tranquilidad que solo logra atormentarlo ¿sí era normal porque nunca lo pensó antes? muerde su pulgar, preguntándose si hay algo mal en él.
—No lo pensé antes, pero ahora ¿soy raro verdad?
Hay tanta vulnerabilidad en su voz, necesitaba ayuda y solo su mejor amigo puede dársela en ese momento. Y es así que Moski se da cuenta de que sus preocupaciones son más complejas que un simple pensamiento a las tres de la mañana.
—Hey, no hay nada de malo en tener curiosidad ¿sabés? somos seres humanos y estamos en constante cambio, nuestros gustos, ideologías, pasatiempos—. Siente como la mano del rubio toca su barbilla, levantando su rostro. Los ojos de Moski brillan, llenos de consuelo. —Siempre estamos fluyendo. No hay nada malo en vos por querer experimenter algo nuevo.
Las palabras del chico logran tranquilizarlo, sin embargo siente la necesidad de apartar su rostro de la mano del contrario y Moski parece notarlo, por lo que intenta alejarse de inmediato.
Antes de que lo haga, Mernuel sostiene su mano, pidiéndole con un solo movimiento que se quede. Y no es la primera vez que ocurre, sea en stream o sin cámaras de por medio, ellos siempre se están tocando, mordiéndose o acariciandose.
¿Por qué esta vez se siente diferente?
—¿Se siente bien?—. Moski pregunta en un susurro, acariciando con su pulgar el mentón del pelinegro. Mernuel asiente, suspirando cuando siente el pulgar cerca de su labio y en un reflejo lo abre sin pensar.
—Ayudame a conocerme—. Suplica, en un intento de llenar el vacío y la risa suave que escucha lo hace querer morirse.
"¿Garchando?"
—Deja, soy un boludo—. Mernuel de separada del toque del rubio, caminado en la dirección contraria a donde estaban.
Y es muy inocente al querer escapar de la situación, caminando por el pasillo directo a su habitación. Trata de ignorar que la casa es muy pequeña para escapar y que le pertenece a ambos, por lo que no puede esconderse sin ser encontrado.
Escucha los pasos del castaño seguirlo por el pasillo y antes de que Mernuel logre abrir la puerta de su habitación, Moski habla.
—Por supuesto que puedo ayudarte.
La tranquilidad vuelve a su cuerpo, haciéndolo sonreír solo un poco, totalmente lleno de emoción. Su mirada se fija en el rubio, quien lo mira con curiosidad, soltando una risa sarcástica que lo confunde un poco más.
Supone que su rostro lo delata, porque Moski no tarda en hablar.
—No es nada, Manu. Es solo que parece que estás apunto de jugar a la play, nunca te había visto tan emocionado por algo.
—Cómeme el orto.
—Ya casi amor, tampoco estés tan desesperado.
—¡Dale pajero!—. Abre la puerta de su habitación y espera no verse tan nervioso como se siente.
Su amigo con toda la confianza entra, tirandose en la cama de lleno. Han compartido ese lugar millones de veces y agradece que el rubio no esté tan nervioso como él, siendo tan espontáneo como siempre.
Sabe que la mejor persona con la que experimentar estas cosas es Moski, han vivido más de un año juntos, han compartido la misma cama, se han visto prácticamente desnudos en alguna ocasión.
Esto no debería ser diferente. Excepto que sí lo es.
El rubio lo mira desde la cama, esta vez sentado en la orilla de esta, mientras él permanece inmóvil detrás de la puerta cerrada.
—¿Entonces que querés hacernos, Manuel?—. Lo escucha preguntar luego de unos minutos.
—No sé... ni siquiera sé como funciona eso.
Sus pies toman la iniciativa, caminando directamente hacia el rubio, quien lo toma de la cintura cuando están frente a frente. Baja su cabeza para poder observar al chico frente a él, quien ya lo estaba mirando con cierta intensidad que no había visto antes en él.
La posición no es incómoda, por más que el rostro del rubio esté tan cerca de su abdomen y tengan que inclinarse ligeramente para poder observarse bien.
—¿Querés empezar con un beso?—. Pregunta Moski, envolviendo su mano en la camisa del pelinegro.
— Ah, es que sos bien puto—. Suelta, una broma de la que se arrepiente de dar cuando siente un jalón en su camisa y seguido de eso el choque de unos labios contra los suyos.
Es un rose húmedo que termina tan rápido como empieza. Moski lo escanea, necesitando comprobar que el más alto no estaba entrando en pánico por la situación, por supuesto que no lo está.
Moski le da una pequeña sonrisa antes de ponerse de pie y volver a cortar la distancia entre ambos para besarlo, tomando su labio inferior para besarlo con firmeza.
Pasan un par de segundos para que se permita disfrutar del beso, sintiendo como una mano toca su cintura, Moski lo acaricia de una forma tan desconocida que no puede evitar abrir sus labios, esperando que el menor se adentre en él, y cuando lo hace quiere morir.
Un suspiro lleno de satisfacción escapa de sus labios cuando siente la lengua del otro chico acariciar su labio inferior, pidiendole permiso para adentrarse en su boca y él acepta de inmediato.
Siempre fue quien inició los besos, tomando el mando de ellos, haciendo suspirar a las chicas que besaba y por supuesto que le encantaba sentir el cuerpo de alguien totalmente derrito por culpa suya. Pero justo ahora, él no tenía el control de nada, por primera vez alguien lo estaba besando con tanta autoridad, que cuando intenta mandar el beso se le es denegado, obteniendo un pequeño mordisco por el atrevimiento.
Moski lo besa tan bien que solo puede suspirar, llevando sus manos a la nuca del chico para atraerlo un poco más, sintiendo como las manos de Moski entran por debajo de su camisa, tocando la piel de su cintura y abdomen. Dedos delgados pero para nada delicados, tan diferentes a los que estaba acostumbrado.
El menor lo toca con tanta determinación que se siente perdido, abriendo un poco más sus labios para poder ser besado con más intensidad, no le importa si se ve patético en ese momento. Él está disfrutando, sintiendo como Moski toma toma cadera para acercarlo más a él, uniendo sus cuerpos.
Tiene que separarse por un momento, cuando siente que no puede más.
—¿Estuvo bien?—. No puede evitar preguntar, sintiendo la repentina necesidad de aprobación.
—Estuviste genial—. Esas palabras provocan un escalofrío en todo su cuerpo, llenándolo de una energía que desconocía poseer. Busca con necesidad el cuello de la sudadera de Moski para atraerlo de nuevo a él y besarlo, siendo él quien toma el control del beso esta vez.
Muerde sus labios, sintiendo como el chico abre su boca y él pueda besarlo con más fuerza y dominio, jugando con su lengua antes de lamerla y succionarla. Escucha un gemido salir de la boca del rubio y eso le da vía libre para soltar un gemido, ese que viene acumulando desde hace un rato. Sabe que está perdido cuando el rubio los mueve hacia el escritorio en su cuarto, donde con una palmadita en su culo le indica que se siente.
Se deja hacer cuando las manos de Moski acarician sus muslos mientras lo besa, apretando a medida que el tiempo pasa, cada vez subiendo un poco más. Y es capaz de gemir cuando lo siente tan cerca, pero el rubio sigue sin tocarlo donde necesita.
—Lautaro—. Lo llama con necesidad, el chico se separa de él y entonces lo ve, sus ojos están tan oscuros y dilatados, su cabello rubio desordenado, mejillas rojas, piel brillante y labios bien besados, tan atrayentes que quiere volver a probarlos.
—Dime—. Las manos del chico nunca se apartan de él, tocando su piel, pellizcandola y acariciandola a la vez. Y Mernuel no puede hablar cuando siente unos labios en su cuello, donde besan y chupan, dejando un camino de pequeñas succiones.
Su cuerpo arde por todo lo que está sintiendo y cuando el dolor en su abdomen se hace más presente no puede evitar soltar un gemido, sintiendo un escalofrío en todo su cuerpo. Es consciente de como el liquito preseminal moja su bóxer, como si fuera un completo virgen que no ha sido tocado nunca.
Aunque a decir se siente como si lo fuera.
Casi agradece cuando siente las manos de Moski en su pantalón, desabrochándolo para que pueda respirar. Y se siente tan libre cuando el pantalón desaparece, sintiendo al fin el toque de los dedos en su piel desnuda, tan calientes.
Sin embargo Moski sigue jodiendolo, tocándolo de tantas maneras pero sin centrarse en donde realmente lo quiere.
—Duele, por favor hace algo—. Su voz suena tan necesitada que rápidamente se arrepiente de haber hablado, pero al sentir una mano cubrir su miembro se le olvida por completo. Suspirando y gimiendo en el hombro del chico cuando este lo comienza a acariciar.
—Tan bueno—. Murmura Moski en su oido y eso provoca que todo su cuerpo ronronee ante las palabras de aliento. —Te ves tan lindo así, tan perfecto y necesitado de mí.
Sus ojos arden y el movimiento de la mano de Moski no para, llevándolo casi a la cima. Y por un momento no está preparado para tomarlo, no quiere ir por la ruta fácil, corriéndose con una paja y besos, sin importar lo sobreestimulado que se siente. Por favor, estaba casi llorando.
Toma la mano de Moski para apartarlo y su cuerpo lo traiciona cuando suelta un gemido necesitado, debido a la falta de atención que el mismo se está obligando a tener.
Su mirada se encuentra con una extrañada frente a él, preguntándole que pasaba con solo un movimiento de cejas.
— Más, dame otra cosa... no pienso correrme con algo tan básico—. No le importa si parece un tipo orgulloso, mucho menos si se ve como un ser necesitado.
Lo era.
Moski le sonríe con diversión, asintiendo mientras lleva una mano hacia su cuello, enredando sus dedos en los pequeños cabellos en su nuca.
—¿Y que querés hacer entonces?—. Su pecho duele, totalmente excitado al escuchar la forma en la que Moski dice las palabras, jalando su cabello mientras con la otra mano toca su abdomen, delineando sus abdominales con su pulgar. Siente un escalofrío cuando la mano comienza a subir poco a poco, llegando a sus pectorales. —Estoy seguro que esto te encantará.
Esas palabras suenan a una promesa, una promesa que se encarga de cumplir. Suelta un gemido cuando los dedos del contrario llegan a uno de sus pezones, apretándolo con delicadeza antes de aplastarlo con la yema del dedo, una total tortura.
Su respiración vuelve a ser inestable y no puede hacer más que tirar su cabeza hacia el cuello del rubio, mordiendo a medida de que lo tocaban.
—Podemos hacer muchas cosas divertidas ¿sabes? podés caer de rodillas y permitirme joderte la boca y vos lo tomarías todo tan bien, serías tan bueno haciendo una mamada aunque sea tu primera vez dandola—. Muerde la piel del rubio, sintiendo su cabeza dando vueltas con la idea. — O podría tocarte durante mucho tiempo, llevándote al borde para luego apartarme y ver como necesitas más y tendrías que tocarte a vos mismo, sabiendo que no será lo suficientemente bueno, porque me necesitas a mí para poder terminar—. La mano en su cuello desciende por toda su espalda, hasta acabar en su culo, donde lo aprietan, sin apartar la otra mano de su pezón, está perdido. —¿ Y sabes que es lo mejor, amor? que yo te lo daría y te jodería tanto que no querrás descansar y estarás tan acabado que necesitarás aún más".
La mente de Mernuel da vueltas y siente la necesidad de apartarse del cuello del menor para poder tomar un poco de aire, sin embargo este aire nunca llega, porque tan pronto como su boca se separa del cuello, esta es tomada por esos labios carnosos que le encantan.
El extasis es tanto que siente un ardor en sus ojos y no puede evitar gemir en los labios del rubio, quien hace exactamente lo que le dijo que haría. Y Mernuel quiere saber más, así que lo pide, escuchando lo rasposa que suena su voz a causa de todo lo que está pasando.
—¿No es suficiente?—. No reconoce la voz de la persona que lo está jodiendo, es dura, tan diferente a la usual. —¿Querés que te coja? porque también puedo hacerlo Mernu, puedo llevarte a esa cama y hacernos sentir bien, tan bien que me lo agradecerás por siempre.
Mernuel asiente frenéticamente, mientras mantiene sus ojos cerrados, permitiéndose sentir toda la bola de emociones que cae en él. Siente las manos del chico colocarse en la parte superior de sus muslos, dándole un par de palmadas para hacerlos caminar.
Perdió la timidez hace un rato, porque apenas es puesto en la cama se quita su camisa para luego tomar la sudadera de Moski y quitársela también.
Y no se sorprende con lo que ve, lo ha visto tantas veces, lo ha tocado tantas veces. Pero nada se compara a lo que están viviendo ahora, ahora puede besar el hermoso cuerpo que tiene frente a él, lleva sus manos a la cintura pequeña del rubio, tan diminuta que puede confundirse con la de una chica, sin embargo el resto de estructura no se puede comparar con la de una, han hecho ejercicios juntos y sabe lo fuerte que es el rubio, incluso más que él.
—Sos hermoso, Moski.
El nombrado le da una corta sonrisa antes de tomar su tobillo y jalarlo hacia él, un grito escapa de sus labios por el asombro del movimientos, sin embargo, debe calmarse cuándo siente unas manos a cada lado de su cabeza, las cuales son utilizadas para poder apoyarse en la cama y besarlo con más facilidad, cómo si estuviera haciendo flexiones y él fuera la recompensa.
Suspira cuando su mente procesa lo que posiblemente vaya a pasar y es hasta ese momento que siente el verdadero pánico, una de sus manos aprieta el brazo del rubio, sintiendo la necesidad de expresar su incertidumbre.
—¿Querés seguir?—. La pregunta aniquila todas sus neuronas y se siente estúpido cuando sus mejillas empiezan a arder, sabe que está poniéndose colorado.
Por supuesto que estar debajo de Moski es algo que nunca en su vida imaginó, ni siquiera cuando lo examinó hace un par de horas, pensando que de pasar algo, la situación debía ser al revés. Pero ahora que es real solo podía aceptar la invitación de lo que sea que Moski quiere mostrarle.
Su mente se toma un segundo para pensar en todas las cosas que podrían salir de esto. Podía gustarle o desagradarle y ni siquiera sabía cual de las dos debía ser la buena o la mala noticia.
Moski parece tomárselo con calma, ya que en ningún momento ha dejado de acariciar su cuerpo, besando su torso desnudo, pasándola bien.
Asiente en silencio, sintiéndose un poco más expuesto ahora que sabe que todo va en serio. Pero Moski se encarga de devolverle la confianza con cada beso que deja en cada parte de cuerpo, en su cuello, sus clavículas, su pecho y costillas. Las manos del rubio seguían en sus muslos y supo que todo se iría a la mierda cuando la boca del castaño se posa en la parte interna de uno de ellos.
Se siente tan agradable y excitante que en silencio pide por más, totalmente encantado con la nueva sensación. Su respiración está más alterada que nunca, junto con su corazón y su mente.
No recordaba que el sexo podía sentirse tan bueno.
Cierra sus piernas cuando siente el par de manos que lo están torturando con el elástico de su bóxers, jalandolo hacia arriba para que su erección quede apretada durante un momento, mientras el chico sigue besando y mordiendo la piel de sus caderas, tan cerca de él.
—Sos un hijo de pu—. Sus palabras son remplazadas por un gemido cuando siente un beso sobre la tela.
—Se dice gracias Lautaro—. Responde Moski, bajando con rapidez sus boxers y Mernuel no tiene tiempo de hablar cuando siente un casto beso en su miembro.
La vista es simplemente magnífica. Moski no lo toma, solo da pequeñas lamidas en su cabeza, jugando con él, destrozandolo. Y sabe que tiene que agarrar algo cuando una de las manos del chico encuentra la zona sensible en su pecho, pellizcandolo.
Traga un gemido, soportando las manos y besos en él, en todo él. Ese podía ser el maldito paraíso y no quería irse de ahí nunca.
Se retuerce en las sábanas cuando Moski lo lleva más lejos, y se ve volteando la cabeza para morder la almohada debajo de él, suspira, tratando de entender que mierda le están haciendo y porque se siente tan bien.
Un sollozo entrecortado sale de su garganta cuando la boca deja de estar él, el rubio lo mira con los labios abiertos, haciendo un absurdo juego con sus dedos en el aire y él se ve imitando el rostro, abriendo sus labios.
—Bonito—. Lo llama Moski y él acepta los dedos que llegan a su boca, sintiéndose perdido por la forma en la que el chico los mueve. Los lame muchas veces, cerrando sus ojos cuando se permite disfrutar la sensación. Escucha un gemido salir de los labios del castaño y eso lo tiene con el ego arriba, haciendo su trabajo lo mejor que puede.
Y hace todo lo posible para no mostrarse decepcionado cuando Moski quita los dedos de su boca, es injusto.
—No pongás esa carita precioso, después puedo darte algo mejor ¿está bien?
Mernuel asiente, lamiéndose labios cuando las imagenes en su mente aparecen, haciéndole la boca agua por un segundo. Moski le indica lo que está apunto de suceder y él solo puede tomarlo del hombro cuando siente un dedo adentrándose en él.
Suelta un pequeño gemido lleno de sorpresa, dolor y algo más, la sensación que siente es tan extraña. Siente un hormigueo recorrer todo su cuerpo cuando Moski doble el dedo dentro de él.
El rubio espera unos segundos, haciendo una pregunta con sus ojos y cuando el pelinegro le da el sí, el rubio no tiene compasión de él. Sintió dedos en su interior, moviendose en varias direcciones, estirándolo, tocando puntos sensibles que él no sabía que existían, haciéndolo gemir tan fuerte que necesita llevar una de sus manos a su boca, mordiéndola para no soltar algo más.
A pesar de tener los ojos entre abiertos por toda la situación que está viviendo puede ver a Moski sobre él, sonriendo cada vez sus sonidos inundaban la habitación, tiene el cabello desordenado, mientras pequeñas gotas de sudor resbalan por su frente, lo hacen lucir exquisito, con sus ojos café mirándolo únicamente a él.
No para de rogar por más, sintiendo como los dedos de Moski lo embisten lentamente para luego aumentar la velocidad, siguiendo un patrón que logró encontrar luego de unos segundos. Tocando un punto que lo hace tomar los hombros del más bajo y arañarlo.
—Más, por favor.
—¿No hay malas palabras ahora?—. Niega, no quería recibir un ataque desprevenido de ese chico por hablar de más.
Toda sensación placentera desaparece, las manos de Moski no están en él, lo que deja escapar otro gemido, todo era tan injusto.
Lo ve levantarse de la cama y solo ahí se permite observarlo una vez más, tal como siempre hace. Su espalda está tan marcada como la parte delantera de su abdomen, sin embargo su mirada baja a ese trasero redondo, notando la forma en la que llena perfectamente los boxers que anda puestos y no logra apartar la mirada de ahí, mucho menos cuando el chico se agacha para tomar el pantalón.
Moski busca su billetera, sacando un empaque color metálico, antes de dar pequeños pasitos y caminar de regreso a él. La vista sigue siendo igual de buena y por un momento se siente mal al ver todas las marcas en el cuello y hombros del chico, no sabía que tipo de problemas podría traerle eso a ambos.
Su mirada vuelve al trasero del chico y tiene que morderse los labios para callar todos los pensamientos que invaden su mente.
"Por supuesto que mi culo podrá ser tuyo luego, pero ahorita es mi turno de jugar" Moski acomoda una almohada en el centro de la cama y le hace señales para que se acerque, acomodándolo cuando tiene la oportunidad de hacerlo. "Ahora... manu", susurra Moski en su oido. "¿Cómo te gustaría que hiciéramos esto, duro, lento...?
¿Cómo podía decirle que lo quería intentar todo sin sonar tan desesperado?
—¿Cuál te gusta a vos?
—Sí vos me estuvieras cogiendo a mí, me gustaría hacerlo tan lento cómo vos querás, pero dada la situación, no sé si yo pueda contenerme a eso.
—Entonces no lo hagas...
Moski asiente un par de veces, sonriendo antes de tomar sus caderas y hacerlo girar. Mernuel se queja por el rápido movimiento, antes de doblar su espalda cuando la mano del rubio le da una caricia por toda su columna vertebral.
"Ahora sí, a disfrutar de eso"
Y por supuesto que lo hacen. Sus mentes dan vueltas totalmente idos con todo lo que estaban sintiendo en ese habitación.
Mernuel se escucha gimir tan fuerte cada vez que Moski le dice halagos que lo hacen sentir bien, mientras el rubio se estremece cada vez que el pelinegro le ruega por más, yendo rápido, luego duro y todo lo hace sentir tan bien que en cuestión de nada siente la necesidad de correrse.
Su pene ha estado chocando contra la almohada y su estómago, tan rojo y necesitado. Moski no lo toca, porque sus manos van a su cintura, sus labios a su cuello y las embestidas continúan, jodiendolo tan bien.
Los gemidos de Moski lo tienen totalmente desesperado y no le basta escucharlo hablar una vez más para gritarle entre sollozos que ya no puede aguantar, que necesita correrse porque si no morirá.
—Está bien, puedes hacerlo.
—Graciaaas—. Y eso es todo lo que necesita decir antes de correrse, gimiendo cuando siente como sus paredes se contraen, apretando a Moski. Lo escucha maldecir, pellizcando sus glúteos embistiéndolo unas cuantas veces más antes de venirse.
La sensación es tan extrañaba que se permite disfrutala, sintiendo todo su cuerpo contraerse y estirarse, su respiración es un desorden y siente que necesita mucha agua para poder sobrevivir.
Las manos de Moski dejan de estar sobre él y aún cuando quiero protestar no dice nada, se siente tan jodido que ni siquiera tiene ganas de hablar.
Escucha la luz del baño prenderse, el sonido del grifo abriendose, luego el mueble de su ropa y por último el sonido de alguien cayendo a su lado.
No piensa abrir los ojos, sin importarle la forma en la que Moski pica su brazo con su dedo. Lo escucha llamarlo varias veces pero finge no escuchar, negando cuando Moski le dice de tomar algo y cambiarse de ropa.
—No vas a ser un bebé perezoso ahora, amor, no te lo permito—. La voz de Moski vuelve a su estado habitual, con ese tono dulce y delicado que tanto lo caracteriza.
—Quiero dormir boludo, así que vení acá o te vas a dormir a tu recámara no sé, pero déjame dormir—.
Moski quiere hacerle caso, ya no es su responsabilidad el estado de Mernuel, él chico tenía los años suficientes para poder cuidarse sólo.
Sin embargo se queda ahí, pasa un paño húmedo por la frente del chico, sus brazos, su pecho y sus piernas, con tanta delicadeza que observa como la respiración del chico se tranquiliza, siguiendo un mismo ritmo.
Deja la toalla en una orilla de la cama, solo para poder tomar el vaso de agua que le sirvió al chico, junto a unos analgésicos, sabiendo lo horrible que puede ser una resaca luego de una cogida.
Recoge todo el desorden que hizo en la habitación del chico luego de su pequeña ducha.
A diferencia de Mernuel, él sí quiere llevar un par de bóxer, siempre le ha incomodado dormir completamente desnudo, algo que Mernuel sabe por todas las veces que han dormido juntos.
Se acuesta en la parte izquierda, en la orilla para que Mernuel no se despierte, sin embargo el mayor lo hace. Dándose vuelta para quedar cara con cara, mientras se hace una bolita, entrelazando una de sus piernas con las suyas mientras lo abraza.
—¿Lo hice bien?—. Lo escucha preguntar medio dormido, sus labios tocan parte de la piel de su pecho y sabe que probablemente debería matarse dentro de unas horas, cuando Mernuel regrese a su estado habitual, ese donde lo mira con deseo pero sin hacer nada el respecto.
—Lo hiciste muy bien. ¡Ya tenés el título de máster en el sexo gay! —Dice con una diversión que se nota a kilómetros que es falsa, solo para molestar al pelinegro, sintiéndolo murmurar a su lado.
—Aún me falta cogerte el culo.
—Okeeeeeey campeón, eso lo veremos dentro de un rato, ahora debemos dormir, acordaste que en un par de horas tenemos esa sesión de fotos.
Si alguien los regañaba por no despertarse a tiempo para el evento, Mernuel culparía a sus amigos, después de todo ellos fueron los que se empedaron con él. Lo que ocurrió luego de eso podía pasarse de largo, por supuesto"
—¿Y sí cancelamos?.
Moski intenta responder, sin embargo cuando observa al chico en su pecho, este se encuentra profundamente dormido.
Y ese es su momento de proceder que carajos había pasado.
