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How come I see you and ache instead? (What if...?)

Summary:

Después de que Kal-El lo obliga a devolver lo que le "arrebató", Bruce logra escapar con la ayuda de Flash. Viaja en el tiempo antes de que Lois Lane muera; sin embargo, ahora debe lidiar con los recuerdos dolorosos de un futuro que no existió.

 

(Basicamente, Injustice solo existe en las memorias de Bruce y... alguien más)

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Soñó de nuevo, una vez más con lo mismo. Estaba atado de piernas y manos en una cama que no era la suya, en un lugar que no era su hogar porque había sido destruido.

Estaba en celo, no era una sorpresa, había estado sobreviviendo los últimos cinco años con la reserva de supresores que había escondido. Sin embargo, eso no lo eximía de la sensación de odio y asco que sentía cuando esas manos callosas tocaban su piel o dejaban marcas dolorosas en su cuerpo.

Siempre deseó que algo así sucediera, pero nunca creyó que en esas circunstancias. No lo deseaba ahora. Él tenía las manos manchadas de la sangre de otros héroes, de sus cachorros, de personas inocentes. 

Fue cruel. Lo desgarró una y otra vez al sacar el nudo antes de que bajará. Quería hacerlo sufrir en nombre de la “justicia”. Apretaba su mano contra su cuello, dejaba su piel magullada y la sangre escurría de las heridas con la forma de sus colmillos sobre su cuerpo. 

Gemía como un omega herido y no con placer. Quería dejarlo embarazado para reemplazar lo que “le había arrebatado”.

Siempre tenía el mismo sueño. 

El terror se mezclaba con el pánico cada vez que se acercaba mucho a su glándula de apareamiento o cuando volvía a correrse dentro de él. Se sintió miserable.

El amor que sintió se esfumó con la muerte de sus cachorros, su amistad quedó reducida a cenizas y las esperanzas abandonaron su cuerpo con cada embestida de Kal-El, no Clark, ya no.

Entonces, despertó, esperando encontrarse en alguna habitación desolada de la Fortaleza de la Soledad, alerta, tensó, listo para pelear. Sin embargo, no estaba allí.

El corazón le latía en la garganta y su cuerpo temblaba. Ni siquiera se había dado cuenta de cuándo se había levantado de la cama.

Suspiró pesadamente, sintiendo que no podía controlar su respiración agitada. Jadeaba y apenas tomaba algo de aire, se sentó temblorosamente sobre la cama y cubrió su rostro con sus manos. 

Estaba bien. No estaba atado ni siendo violado ni golpeado hasta la inconsciencia.

Tomó respiraciones profundas hasta que tuvo el control sobre sí mismo. 

Estaba en Blackgate, cumpliendo su condena como el asesino del Guasón. Eran dos años de condena, uno si tenía buena conducta. Podría pudrirse en ese lugar por veinte años, pero el sistema judicial consideró que no sería razonable, después de todo se entregó por su cuenta como Batman.

Lo mantenían en una celda aislada, no podía salir al comedor ni al patio para proteger su identidad secreta, pues los criminales allí sabían que Batman estaba encarcelado, pero no sabían quién estaba detrás de la capucha.

Ni siquiera los medios sabían que era Bruce Wayne. Su identidad estaba salvada. No obstante, eso no hacía su estadía allí más llevadera.

Aunque le brindaba la distancia que necesitaba de Superman, de Clark, de Kal-El o lo que fuera. Pensar en estar cerca de él provocaba que su estómago se apretará. El resto de la Liga de la Justicia, a excepción de algunos miembros, provocaba el mismo sentimiento en Bruce, pero mayormente traición.

Ese era su universo, su mundo. No obstante, flotaba entre lo que conocía y un futuro que no sucedió.

Bruce ni siquiera pudo devolver el tiempo por su cuenta. Obtuvo la ayuda de Flash por lástima. Él era uno de los aliados más confiables de Superman, visitaba con frecuencia la Fortaleza de la Soledad para darle reportes sobre los avances en la búsqueda de la insurgencia a Kal. La insurgencia que Bruce había dirigido hasta que decidió lanzarse como cebo cuando Kal entró por la fuerza a la guarida en la que estaban, pasó por sobre la kriptonita y el plomo, así que Bruce ganó tiempo para sus compañeros.

Esperaba ser ejecutado, en cambio fue encerrado para ser criado y darle a Kal lo que había perdido por su inacción contra los villanos de Gotham. 

Barry lo veía seguido, no por gusto, pero Kal siempre estaba rondando a Bruce para evitar que escapara o que lo rescatarán. Siempre estaba en la enfermería de la Fortaleza, con el cuerpo magullado y apenas consciente. 

Eso no se detuvo cuando quedó embarazado. Bruce intentó suicidarse, así que Kal fue más duro con él, aunque solo golpeó los lugares que sabía que no serían perjudiciales para el bebé en camino.

Dio a luz a un niño, pero no lo conoció. Qué fuera de Kal no significaba que Bruce no pudiera quererlo, después de todo era lo único que tenía, Damian dejó de ser su hijo cuando Bruce lo culpó por la muerte de Dick, no estuvo bien, así que se merecía el odio de su hijo. Sin embargo, apenas nació, los robots se lo llevaron y no lo volvió a ver.

Supuso que ese fue el punto de quiebre para Barry. Lo ayudó a escapar después de que Bruce sanará por completo de las fracturas que Kal le había hecho cuando intentó acercarse a la zona de la Fortaleza donde supuso que estaba el bebé.

Bruce lo odiaba. No obstante, confió en él cuando le dijo que quería ayudarlo. Le dio su antiguo traje de Batman y creó una grieta en el espacio-tiempo para que cruzará.

Se disculpó por todo antes de que Bruce entrara en la grieta, pero lo ignoró. Él no quería escuchar lo que tuviera que decir.

Llegó a tiempo para prevenir que el Guasón usará el gas alucinógeno con kriptonita sobre Clark. Eso evitó que Lois muriera y el hijo nonato sobreviviera. 

Tenía la intención de llevar al Guasón a la cárcel, entregarlo a la ley, pero cuando empezó a hablar sobre seguir intentando acabar con Lois y el hijo de Superman, Bruce revivió cada doloroso recuerdo de un futuro que no podía suceder.

Recordó la muerte de Dick, el asesinato de Tim y Jason, el distanciamiento de Damian, su columna rota, los años de angustia, la traición de los héroes que consideraba sus amigos, la muerte de aquellos que ayudaron la insurgencia, el secuestro en la Fortaleza… 

El dolor se acumuló y simplemente actuó. No solo para evitar que Clark se convirtiera en un dictador, sino para su familia y aquellas vidas que no merecían acabar cruelmente por una causa irrazonable.

Rompió su cuello dentro del Batimóvil. No sintió culpa ni remordimiento. Tuvo que hacerlo hace mucho tiempo, pero era una línea difícil de cruzar cuando su cordura dependía de ese hilo.

Ese evento logró restablecer y fusionar la línea temporal. Por ello, no había otro Batman en las calles mientras seguía en la cárcel, lo cual podría haber ocurrido con una paradoja temporal como lo era la presencia de Bruce en el pasado.

Ambas versiones de sí mismo se fusionaron, así que estaba en el cuerpo de Bruce del pasado, por lo que no tenía tantas cicatrices ni dolores fantasmas como en el futuro, pero sus recuerdos seguían allí. Vívidos y dolorosos.

Clark lo visitó en prisión. Bruce no quería verlo; sin embargo, era consciente de que ese futuro no existía y ese Superman dictador no era el que estaba frente a él, pero Bruce seguía sintiendo repulsión.

La repulsión fue reemplazada rápidamente por miedo cuando Clark rompió la pared que los separaba durante la visita. No sé enorgullece, pero sus manos temblaron a sus costados y su corazón quería salirse de su pecho, aunque se mantuvo impasible porque había perfeccionado su expresión en situaciones que escapaban de su control.

Le ofreció sacarlo de allí, pero Bruce se sentía más seguro dentro de Blackgate que cerca de Superman, así que se negó y a cambio, recibió un abrazo como agradecimiento por “salvar a Lois y a su hijo”, uno que correspondió. Reprimió un estremecimiento y permitió que lo hiciera, era su manera de decirle “adiós” al amigo del que estuvo enamorado alguna vez.

Miró en silencio las paredes grises de la celda aislada en la que se encontraba. No había nada nuevo, al menos el Alcaide era amable y le había permitido usar bloqueadores de olor, de lo contrario el lugar estaría colmado con su aroma a angustia.

Nadie podía visitarlo, Clark fue una excepción porque se trataba de “Superman”. No había visto a sus cachorros ni a Alfred. Quería disculparse con cada uno y darles explicaciones porque los había perdido antes y no quería cometer los mismos errores de nuevo.

Él sabía lo que haría una vez que saliera de allí. Nunca se tienen demasiadas previsiones. Nunca son suficientes planes de contingencia.


Volvió a tener la misma pesadilla, pero en lugar de despertarse exaltado como en la prisión, solo abrió sus ojos mientras el sudor frío se deslizaba por su sien.

Estaba en su cama, en su mansión, estaba bien, respiraba con normalidad, no tenía hematomas, hemorragias internas ni fracturas causadas por el Kriptoniano. No estaba atado ni en celo.

Miró el techo tratando de poner en orden sus pensamientos y las sensaciones desagradables que sacudían su estómago. El movimiento a su lado, provocó que se tensara involuntariamente antes de girar su rostro. 

Dick estaba allí. Lo recordaba. Estaba anidando con sus cachorros después de una patrulla nocturna. Lo había estado haciendo desde que salió de la cárcel hace un año.

Tim dormía pegado a su costado, Jason estaba detrás de Tim, abrazando una almohada con el aroma  a petricor de Bruce. Él había sido el más receloso a entrar en el nido al principio, Bruce lo entendía, así que no lo obligó, pero paulatinamente cedió.

Por otro lado, Dick abrazaba el peluche de elefante que tenía desde que era un niño y Damian se abrazaba a la espalda de Dick, ronroneando suavemente como un cachorro, aunque estaba cerca de los quince. Eso era tierno.

Su nido era grande, estaba hecho para que todos pudieran entrar. Era cómodo y el aroma de sus cachorros estaba mezclado con el suyo. Sintió que la angustia abandonaba su cuerpo y sus ojos se humedecieron porque seguía siendo una visión surrealista para él.

Se disculpó mucho con ellos cuando salió de Blackgate. No sabían por qué actuaba tan extraño, pero no lo presionaron. Jason simplemente resopló con molestia y le recriminó la muerte del Guasón cuando antes no hizo nada contra ese psicótico para vengarlo.

Quizás las disculpas nunca serían suficientes, pero aún así Jason le permitió abrazarlo y olfatearlo hasta dejar su aroma en él. 

Bruce hacía nidos una vez a la semana. Sus cachorros nunca se perdían el momento. A veces los escuchaba discutir, cuando creían que no estaba cerca, sobre quién estaría a su lado. En está ocasión, Jason y Damian perdieron, no estaban felices con ese resultado. Incluso Damian, irritado, sacó la carta de “tengo más derecho que ustedes, plebeyos”. 

Aún no había hablado sobre lo sucedido, pero lo haría eventualmente. No entraría en detalles irrelevantes, pero contaría lo necesario sobre ese futuro cuando se sintiera seguro.

Sus hijos lo entendían. No hicieron preguntas cuando Bruce se hizo la salpingectomía ni tampoco cuando empezó a sintetizar la kriptonita como gas o en rocas más grandes. Las almacenó dentro de una habitación recubierta con plomo. Incluso fortaleció la mansión y la baticueva con plomo. Ellos no lo cuestionaron, simplemente lo ayudaron.

No sabía cuánto tiempo duraría esa paz, así que tuvo que tomar medidas.

Guardó provisiones imperecederas y fondos secretos para casos de emergencia.

Sabe que sus acciones habían estado llamando la atención de la Liga de la Justicia. No le importaba lo suficiente. Ellos no sabían lo que hacía dentro de Gotham ni en su mansión, pero sí notaban que se había distanciado de algunos miembros, aquellos que habían proclamado el régimen de Superman como la visión correcta para el mundo y los que le habían dado la espalda a la insurgencia por miedo.

Seguía doliendo, la traición. El dolor ardía en sus venas como si estuviera a punto de explotar. Fingía porque le convenía estar cerca de sus enemigos y prepararse en caso de que hubiera algún movimiento extraño, pero Bruce estaba agotado.

Los odiaba por dejarlo solo.

Aquellos que estuvieron en la insurgencia, peleando hasta el final a su lado, Bruce los respetaba. Ellos tenían su aprecio, ellos tenían un lugar en su plan de contingencia, estaba listo para acogerlos de ser necesario. Aunque seguía teniendo algunas dudas alrededor de Shazam.

Él se alió al régimen, pero es un niño fácil de manipular, por lo que lo catalogó, en su mente, como “posible aliado”.

Volvió a mirar a sus hijos, en silencio acarició el rostro de cada uno con cariño. Bruce no los volvería a perder.


—Siguen circulando armas de Apokolips y hay registros que sugieren que los Parademonios han estado transportándose a la tierra en los últimos meses —dijo con voz firme en medio de la reunión de la Liga de la Justicia, era prioridad que se encargarán de esas armas peligrosas.

No querían otra posible invasión en la tierra.

Todos los miembros estaban allí. Discutiendo sobre cuál sería la mejor estrategia para acabar con estas “fugas”. Sin embargo, Bruce trataba de mantenerse en calma. Cómo miembro fundador debía estar al lado de Diana y Clark. Se sentía oprimido.

Al menos era capaz de ver a Diana, pero estar cerca de Clark estaba revolviendo su estómago de nuevo. Tenía náuseas. Mantuvo la compostura, a pesar de que se sentía sin oxígeno cada vez que Clark se dirigía a Bruce para preguntar al respecto sobre los planes que estaba sugiriendo.

Quería irse. Hoy no era su día de anidación, pero estar dentro de su hogar bastaría. Al menos ver una película con Damian y Tim lo calmaría.

Cuando la reunión terminó, Bruce trató de actuar con normalidad, así que pensaba ser uno de los últimos en retirarse de la Atalaya. Habló con Canario Negro, supervisó la guardia de ese día para verificar que estuvieran haciendo su trabajo y finalmente, se aseguró de que hubiera suficientes provisiones antes de dirigirse al tubo zeta.

—Bruce —sus hombros se tensaron involuntariamente y en contra de su mejor juicio, se detuvo.

—¿Sí, Clark? —se giró para mirarlo, él estaba parado muy cerca, sintió que su piel se erizó debajo de su traje. 

—¿Estás bien? —parecía preocupado, como lo estaría un amigo. Casi resopló con diversión, pero se contuvo—. Has estado diferente desde que saliste de la cárcel. Si es por lo del Guasón, yo… —Bruce lo detuvo.

—No. Estoy bien, si me disculpas —estaba a punto de irse cuando Clark voló hasta interrumpir su camino con los brazos cruzados.

—No voy a presionarte, Bruce, pero nos preocupas —eso le hizo levantar una ceja con incredulidad debajo de su capucha, aunque se mantuvo en silencio. Clark parecía incómodo por el silencio, así que una sonrisa adornó su rostro y descruzó sus brazos—. ¿Sabes? Batman es el héroe favorito de Jonathan, ¿podría llevarlo a la baticueva para que te conozca? —Bruce no quería. No necesitaba a Clark pisando su lugar seguro ni que se diera cuenta de las modificaciones que había hecho, poniéndolo en sobreaviso.

No conocía a Jonathan directamente, pero sabía lo suficiente sobre él. No tenía nada en contra del niño, apenas tenía dos años. Al menos Lois tuvo la oportunidad de cuidar de su cachorro, Bruce despejó esos pensamientos de su mente antes de responder.

—No. La baticueva no es apropiada. Puedes traerlo aquí la próxima vez que haya una reunión —sabía que la Atalaya tampoco era una buena opción, pero prefería conocerlo con otras personas, dónde no pudiera sentir que invadían su privacidad.

Clark parecía un poco decepcionado, pero logró disimularlo con una sonrisa—Está bien. Estoy seguro de que también le gustará conocer al resto de la Liga —Bruce hizo un sonido breve en afirmación y rodeó a Clark para seguir su camino hacia el tubo zeta.

—Nos vemos luego, Clark —ni siquiera esperó una respuesta antes de ingresar al tubo.

Volvió a Gotham y luego a su mansión. 

Tuvo un ataque de pánico en la baticueva, pero se recompuso antes de subir a la mansión y acurrucarse con Tim y Damian para ver una película a la que casi no le prestó atención. Ellos sabían que algo no estaba bien, así que no protestaron cuando Bruce decidió perfumarlos con su aroma de pronto y se quedaron en silencio a su lado, comiendo galletas que Alfred hizo.


Esa día, infortunadamente, habían trabajado juntos. No solos, sino como un equipo con el resto de la Liga mientras detenían una invasión alienígena del planeta Alfa-Centurion.

Bruce podía soportarlo. Su mente estaba en el combate, en ingeniar planes para terminar con esa batalla de manera eficiente y sin bajas innecesarias.

Habían evitado lo peor y ahora Bruce terminaba de darle las últimas indicaciones a la Liga por el intercomunicador. Los linternas verdes se habían llevado a la mayoría de los invasores para ser juzgados, Wonder Woman junto a Shazam y el Doctor Destino estaban ayudando a los civiles atrapados entre los escombros; el resto de la Liga estaba recibiendo asistencia médica en la Atalaya. 

Todo estaba en orden. Habían sobrevivido.

Estaba observando a Zatanna apilando el armamento alienígena en una zona despejada de la calle, el material sería llevado a la Atalaya para la investigación. Ella estaba hablando con él, quejándose de Constantine y Bruce la estaba escuchando con atención, incluso sonrió un poco cuando mencionó que sería más fácil salir con la Cosa del Pantano que con el mago.

Sin embargo, la tranquilidad después de la tormenta se desvanecía para Bruce. Podía sentir la presencia de Clark acercándose detrás de él. Su cuerpo se tensó y su piel se erizó debajo de su traje.

—Batman —se giró y se encontró con Clark parado con la distancia prudente como para que Bruce pudiera respirar un poco—. ¿Podemos hablar un momento? —frunció el ceño, no tenían nada de qué hablar, pero Clark parecía preocupado por algo. 

Hizo un pequeño sonido en afirmación y le dio unas últimas indicaciones a Zatanna antes de dirigirse a un lugar más apartado para hablar con Clark. Fueron a un callejón cercano. Bruce trató de mantener una distancia adecuada, estaba tensó y a la defensiva, si no usará bloqueadores de olor, seguramente Clark notaría que lo veía como una amenaza.

—¿De qué se trata, Clark? —él suspiró como si tuviera un gran peso sobre sus hombros y se pasó la mano por el rostro con cansancio mientras Bruce lo observaba con los brazos cruzados.

—Lois y yo nos vamos a divorciar —Bruce, por un momento, sintió un poco de pena. La clase de sentimiento que habría tenido por el viejo Superman al que consideró su amigo por mucho tiempo y del que se enamoró, de haber sido antes de toda la tragedia, Bruce le habría ofrecido consuelo, pero no lo hizo. Para él, ese Clark no existía.

No obstante, sabía las reglas básicas de la decencia humana.

—Lo lamento —dijo a secas. No de una forma dura, pero tampoco suave o preocupada. Clark sonrió con tristeza, cabizbajo.

—Es difícil —Bruce tampoco pidió detalles, no los necesitaba. Al menos nadie se estaba muriendo y Clark no estaba desquiciado. Sin embargo, había un nudo formándose en su estómago, no sabía cómo reaccionaría Clark al divorcio. Tenía náuseas de nuevo—. Jon apenas tiene cinco y no sé cómo manejará la noticia —quería irse. Jonathan era el hijo de Kal-El, desarrollaría sus poderes en algún momento y Bruce no podía predecir si sería un aliado o un enemigo, así que tenía más planes de contingencia a su espalda. Estaba agotado—. Sé que la Liga de la Justicia me necesita, pero quisiera algo de tiempo para arreglar todo —Bruce asintió en comprensión.

—Está bien. Nos encargaremos en tu ausencia —ya estaba ordenando un nuevo horario alrededor de está situación imprevista, pero suponía que funcionaría. Cuando estaba a punto de hablar para preguntar si era todo, Clark se movió.

Apenas pudo registrar que se había acercado para abrazar a Bruce. Sintió que su corazón se hundía y el miedo se coló con fuerza en su cuerpo. Temía ese tipo de contacto con Clark, lo hacían sentir al borde de las lágrimas debido al pavor. Lo detestaba porque se sentía débil.

—Lo siento. Permíteme esto un poco más, por favor —entendía que necesitaba consuelo de alguien, pero no quería ser él. No cuando Bruce había dejado de tener pesadillas sobre el futuro hasta hace unos meses, no cuando Damian tenía la misma edad ahora que en aquel momento cuando se unió al régimen, no cuando Bruce había aprendido a dejar de temblar cerca de Clark… 

Su mente empezó a nublarse. Tenía miedo. Estaba seguro de que Clark lo apretaría con fuerza dentro del abrazo hasta romper sus costillas porque quería que Bruce sufriera. Prefería morir en ese momento a seguir soportando el ciclo de “lastimar, sanar y repetir”.

Se sentía angustiado y Clark seguía allí, abrazándolo, sin saber el pozo en el que se hundía Bruce.

Sus instintos le pedían salir de sus brazos. Volvió a ser aquel Bruce Wayne atrapado en la Fortaleza de la Soledad, embarazado e indefenso.

Entonces empujó a Clark tan lejos de él como pudo. Clark no se resistió—¡Aléjate de mí, Kal! —no quería gritar, pero lo hizo. Sentía su corazón en su garganta y el pánico se arremolinaba en su interior.

Estaba jadeando, se dio cuenta. Miró a Clark y él parecía sorprendido, Bruce nunca lo había llamado “Kal”. Tentó rápidamente su abdomen y casi se sintió aliviado de no encontrar ninguna protuberancia o bulto que indicará que estaba embarazado. No podía, recordó.

—¿Estás… —Clark intentó acercarse de nuevo con las manos en alto en señal de rendición, con una expresión culpable o preocupado en su rostro, no podía estar seguro cuando sus ojos estaban nublados, pero Bruce lo silenció con un gruñido de advertencia. Parecía desconcertado, pero se detuvo.

Salió del callejón tratando de actuar normal pero temblaba. Subió al Batwing y salió de allí hecho una bola de nervios.

Ni siquiera estaba seguro de cómo llegó a la baticueva, pero se desmayó una vez que estuvo dentro de un lugar que reconocía como seguro.


Esa noche Bruce no esperaba encontrarse con nadie. Era su turno de hacer guardia en la Atalaya. Usualmente, solo estaba él en ese lugar. 

No esperaba que el sistema de la nave anunciará la llegada de alguien por el tubo zeta y mucho menos que fuera “Superman”.

Bruce trató de respirar con calma mientras seguía monitoreando el sistema de la Atalaya, verificando que todo estuviera funcionando correctamente. 

No se inmutó cuando la puerta de metal se abrió ni cuando escuchó los pasos de Clark aproximarse. Se paró a su lado, en silencio. 

Sus manos vacilaron un poco mientras seguía presionando los botones del control principal de la nave y miraba la pantalla que se mostraba frente a él. Su corazón siguió latiendo con normalidad, aunque su piel se erizó y sus sentidos estaban alertas. 

Esperaba lo peor. Un brote psicótico por parte del Kriptoniano sería el mejor escenario entre los demás que seguían llegando sin fin a su mente.

Su aroma a hierba recién cortada era un contraste entre lo que era y lo que podría ser. El divorcio no lo volvió loco, pero sabía que estaba peleando por la custodia de un pequeño Jonathan de seis años. Bruce estaba listo para usar las pastillas con los poderes de Superman que había sintetizado en el futuro del que venía, nunca tuvo la oportunidad de usarla, pero Alfred sí y eso le había salvado la vida en aquella ocasión.

—He tenido pesadillas, Bruce —él también las tenía, con más frecuencia después de que Clark lo abrazará en aquel callejón, pero no lo dice—. Son sobre aquel día, cuando el Guasón intentó usarme para matar a Lois mientras estaba embarazada —Bruce se tensó. No debería ser posible, la línea del tiempo se había fusionado, así que Clark ni nadie más debería recordar algo sobre ese futuro.

Movió su mano discretamente hacia su cinturón, sosteniendo el compartimiento de plomo con el anillo de kriptonita. Podría ganar tiempo para huir.

Bruce no respondió con palabras, solo hizo un zumbido desinteresado y fingió seguir trabajando.

—Maté a Lois y te culpé por ello —hizo los ejercicios de respiración que había practicado para mantener el ritmo de su corazón constante. Detuvo su trabajo, pero no miró a Clark—. Instauré un régimen con la mayoría de la Liga de la Justicia; estabas en la insurgencia. Te rompí la espalda y maté a aquellos que estaban en mi contra —susurró lo último como si no quisiera que Bruce lo oyera.

Escuchó cómo se arrodillaba con fuerza sobre el suelo de metal. Bruce dirigió su mirada hacía Clark, parecía dolido y culpable. Como si sus padres lo hubieran atrapado haciendo una travesura.

—Me dejé consumir por el dolor. Me llené de odio y eso me cegó —vio como apretaba las manos con fuerza a sus costados—. Te hice cosas imperdonables, Bruce —su voz se quebró al final y sintió que su corazón se detenía por un instante—. Yo… no merecías eso —Bruce trató de encontrar las palabras adecuadas, pero su boca se sintió seca—. Cuando Barry escapó contigo, me sentí aliviado de que alguien me detuviera de seguir haciéndote daño… lo lamento —entonces, levantó su mirada y las lágrimas empezaron a acumularse en sus ojos azules.

Bruce tragó saliva, sintiendo que su respiración se aceleraba y su mente trataba de ponerse al día.

—Fue solo un sueño. No has hecho nada, Clark —él negó con la cabeza entre lágrimas.

—He tenido estás pesadillas desde el día en el que me dijiste que me alejara. Aquella vez hiciste la misma expresión que cada vez que me acercaba a ti en esas pesadillas, Bruce. Tenías miedo… de mí —quizás debería insistir en que Clark estaba confundido, pero se quedó en silencio—. Viajaste en el tiempo —hizo un sonido impropio de él, el de un omega herido. Clark volvió a bajar la mirada como si no pudiera soportar la culpa y el remordimiento que sentía al ver a Bruce.

Él siguió en silencio, sintiendo que los recuerdos volvían a reaparecer como en una película. Su corazón se aceleró con frenesí y empezó a temblar de nuevo. 

—Sé que no sirve de nada, pero lo siento —apretó su mano con fuerza sobre el compartimiento de plomo—. Espero que me odies —se levantó de la silla y se giró para ver a Clark, arrodillado frente a él.

—Lo hago. Durante seis años lo he hecho —Clark no lo miró, incluso pareció encogerse sobre sí mismo—. Tú y los miembros de la Liga que estuvieron contigo traicionaron todo en lo que creíamos, acabaron sin piedad con el resto de los miembros… los odio —susurró eso último con él corazón apretado contra su pecho, sintiendo que se quedaba sin aire—. Fuiste el peor de todos, Kal —él se estremeció, no pidió perdón ni suplicó una oportunidad. Se mantuvo en silencio bajo la mirada mordaz de Bruce—. Cumplí con lo que querías. Mi “inacción” no volverá a afectar tu vida —en ese momento Clark levantó su mirada y Bruce sintió una pequeña pizca de remordimiento al ver su rostro enrojecido debido al llanto silencioso. 

Sin embargo, solo apretó sus labios en lugar de seguir hablando y se dió la vuelta para salir de la sala de control.

No salió de la Atalaya, pero fue a su habitación asignada. Se quitó el traje y bloqueó el sistema de la puerta desde adentro.

Hizo un nido en su cama. Extrañaba a sus hijos, pero solo tenía que esperar un poco más para volver a su hogar.

Mantuvo su cinturón dentro del nido, listo para usar el anillo en caso de necesitarlo. Ya no tenía lágrimas para llorar, así que solo se quedó dentro de su nido, esperando por algo, cualquier cosa, pero nada sucedió, además de la activación del tubo zeta cuando Superman se fue.

Era lo mejor.

Quizás en un universo alternativo pudieron terminar juntos o simplemente seguir siendo amigos, pero ninguna de esas opciones estaba sobre la mesa para está versión de ellos.

Ya no más.

Notes:

Quizás no se note, pero a Clark le gusta Bruce, esa fue una de las razones del divorcio. Clark empezó a tener recuerdos "pesadillas" sobre un futuro que no existió porque ver a Bruce tenerle miedo lo desencadenó.