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Recovery, Redemption and Romance by Moonbeam (luvsbitca)

Summary:

Cuando Thorin es herido en la Batalla de los Cinco Ejércitos, Bilbo sorprende a todo el mundo con sus aptitudes sanadoras.
Mientras Erebor comienza a ser reconstruida, Bilbo continua sorprendiendo a la gente con sus conocimientos y habilidades. Por encima de todo ello resulta que un rey y un hobbit puede que se estén cortejando mutuamente sin el conocimiento del otro, mientras sus compañeros; o son útiles o están confusamente regocijados.

Spoilers del final del libro, aunque este se trata de un final alternativo.

Notes:

Traducción del maravilloso Bagginshield de una más maravillosa autora. Gracias Moonbeam por permitirme llevar tus geniales palabras a mi idioma.
Gracias a mi fiel escudera intimisky por su siempre apurado beteo.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Sanador por sorpresa

Chapter Text

“Tomadlo, si lo queréis vivo; nada de mi amistad irá con él.”
Thorin Oakenshield
. . .
”Allí efectivamente yacía Thorin Escudo de Roble, herido de muchas heridas, y la armadura abollada y el hacha mellada estaban junto a él en el suelo. Alzó los ojos cuando Bilbo se le acercó.
—Adiós, buen ladrón —dijo—. Parto ahora hacia los salones de espera a sentarme al lado de mis padres, hasta que el Mundo sea renovado. Ya que hoy dejo todo el oro y la plata, y voy a donde tienen poco valor, deseo partir en amistad contigo, y me retracto de mis palabras y hechos ante la Puerta.”
- ‘The Hobbit’ by JRR Tolkien

—No todo está perdido, Rey bajo la montaña —dijo Bilbo arrodillándose al lado de Thorin.

—Mis mejores sanadores me han examinado y han confirmado que no hay nada que puedan hacer.

Bilbo sacudió la cabeza y se puso en pie para llamar a los dos guardias enanos.

— ¿Conocéis una planta con hojas blanquecinas y una flor color sangre?

—Aye —dijo uno de los guardias—. Nosotros la llamamos Anochecer.

—Necesito suficientes para llenar un cuenco del tamaño de tu cabeza, con raices y todo.

Por encima de él, el guardia miró al rey.

—Consíguele a mi saqueador cualquier cosa que te pida —dijo Thorin en la voz más firme que Bilbo le había oído desde que había entrado en la tienda.

—Necesito a tres enanos más para recolectar provisiones —le dijo Bilbo al otro guardia.

Ambos salieron deprisa a su orden. El hobbit se volvió hacia el rey.

—No puedo prometer nada, por supuesto, pero ¿confías en mí?

Thorin le miró durante un momento antes de asentir contundentemente con una sonrisa.

—Nunca podré expiar lo que dije en la Puerta, pero sé que eres un compañero digno de confianza y te confíaría mi vida.

—Lo harás. Necesito sacar el vendaje y tus ropas para poder ver las heridas.

Cuatro enanos aparecieron en la entrada.

—Necesito varios toneles con agua —le dijo Bilbo a un enano, que se fue corriendo—. También la sabia de un antling —el siguiente guardia salió rápidamente del campamento—. Necesito dos piedras para machacar las plantas —el siguiente enano se fue—. Conseguidme nuevos vendajes y telas limpias, así como hojas del árbol cordeus más grande de la zona, y el musgo que crece en su base —el último que quedaba salió corriendo de la tienda.

—Has pedido más de él— carraspeó Thorin a su espalda.

Bilbo se giró.

—Le pedirá a alguien más las vendas. Ahora voy a examinar tus heridas.

Bilbo trajo a otro enano para ayudar que parecía más aterrado por hacer daño a su rey que interesado en sostenerle confortablemente. Le tomo algún tiempo, pero cortó las ropas desnudándole hasta que nada más que su pelo y las rojas vendas empapadas cubrían a Thorin. Bilbo extendió una tela sobre su modestia y comenzó a verificar sus heridas. Una estaría infectada antes del anochecer, si Bilbo conseguía curarlas, el resto probablemente sanaría si lograba actuar rápidamente.

—Señor Bolsón —dijo una voz silenciosa desde la entrada de la tienda.

—Entre —convocó Bilbo.

—Maese Bolsón, señor, he sido enviado para informarle de que Kíli, heredero del Rey bajo la Montaña, está cercano a la muerte.

—Haga que lo traigan a la tienda y veré lo que puedo hacer.

— ¿Sabes cuál ha sido la suerte de Fíli? —preguntó Thorin con una tos cargada.

—Me trajeron directamente aquí —contestó Bilbo—. Lo averiguaré cuando haya acabado contigo.

Dos guardias entraron apresuradamente en la tienda, uno llevando un montón de Anochecer en sus brazos, y el otro la sabia de antling.

—Extraed las flores y haced una infusión con ellas, dejadme el resto a mí.

Tres enanos aparecieron en la entrada y pusieron una mesa en la base de la cama de Thorin, con un mortero y un almirez encima, antes de traer el agua. Bilbo comenzó a moler las raíces de anochecer en un fino polvo.

A su espalda un grupo de guardas entraron a Kíli en la tienda y lo colocaron en un catre. Había poco espacio entre las dos camas, pero Bilbo, siendo pequeño, no tenía problemas con ello. Examinó a Kíli antes de indicar a un enano que le desvistiera. Añadió la sabia del antling al polvo de raíces de anochecer y le prendió fuego. Hubo un destello y un estallido que hizo que unos cuantos enanos entraran corriendo, pero Bilbo les ignoró y empezó a retirar las vendas de las heridas del rey bajo la montaña y a lavarlas antes de presionar en ellas la mezcla que había hecho. Thorin siseó, pero le dijo a los otros enanos que se fueran mientras el hobbit trabajaba rápidamente. Luego se giró para ocuparse de Kíli.

— ¿Cómo está? —preguntó Thorin débilmente.

—Ni mejor, ni peor que tú —dijo Bilbo—. Tiene una oportunidad, aunque un par de sus heridas se pueden infectar fácilmente. Necesito los elementos del árbol cordeus para mantener a raya la infección, pero será lo que más les cueste encontrar de lo que les he pedido. Las cosas que necesitaré para mañana serán aún más difíciles de localizar, aunque esto al menos os mantendrá estables durante toda la noche.

Thorin observó cómo se ocupaba de Kíli, que en realidad tenía menos heridas que él, pero eran más profundar y sangraban más.

— ¿Qué más necesitas? —le preguntó, y Bilbo pudo escuchar el agotamiento en su voz.

—Tengo el té, Señor Bolsón —dijo un enano desde la puerta, trayendo un gran perol de la infusión.

—Dale una taza al rey y luego tendrás que conseguir ayuda para forzar a que Kili tome un poco.

—Aye —contestó éste, mientras dos enanas entraron detrás cargadas con ropa de cama.

—Tendremos que hervirla para después secarla junto al fuego —dijo una de ellas, aunque sus ojos no miraban a Bilbo sino a Thorin, que estaba tras él, moviéndose con dificultad para poder sorber su té. El hobbit no se ofreció para ayudarle; concediendo al rey un poco de independencia.

—Perfecto, no estoy lo suficientemente listo para ello, necesito que el ungüento se endurezca algo más antes de cubrirlo. ¿Hay algún lugar donde pueda mantenerlas limpias?

Ambas mujeres asintieron y salieron rápidamente de la tienda.

—Les avergüenza ver a su rey tan cerca de la muerte —dijo Thorin.

Bilbo se giró y le fulminó con una mirada antes de cernirse sobre él.

—¡No digas eso! No vas a darte por vencido mientras yo lucho para salvarte, ¿me oyes, Thorin Oakenshield?

Éste asintió lentamente.

—Nunca te he visto tan fiero, pequeño.

—No voy a perderte ahora, Thorin.

—Entonces lucharé. Por ti.

Bilbo sonrió y le sirvió un poco más de té.

—Esto te ayudará a dormir, menguará el dolor y ayudará a que las toxinas abandonen tu cuerpo.

—Tiene un sabor horrible —dijo Thorin.

—Se supone que debe de ser así; es para sanar, no por gusto —le record Bilbo—. Cuando estés mejor te prepararé un adecuado té de la tarde, con mi mezcla especial y mis famosos pastelillos de miel con scones y crema. Están muy buenos.

—Merece la pena vivir para probarlos —dijo Thorin con un suspiro, y siguió bebiendo más té.

El ultimo enano que Bilbo había enviado volvió con una bolsa llena de hojas y un bolsillo lleno de musgo. El hobbit sonrió agradecido y le dijo al enano que estaba dando de beber el té a Kíli que le diera tres tazas llenas y le dejara descansar. Después vertió agua y el musgo en un recipiente y salió a colocarlo cerca del fuego. Había un grupo de cinco mujeres trabajando, convirtiendo en polvo más raíces de anochecer.

— ¿Qué estais haciendo? —preguntó, dirigiéndose hacia ellas después de haber dejado el recipiente sobre una piedra caliente.

—Hay muchos más heridos además del rey —dijo una de ellas—. Nuestras medicinas no son suficientes para salvarlos, hemos pensado en ayudarles.

Bilbo sonrió, no había pensado en nadie más aparte de Thorin.

—Cuando se haga un fino polvo como… este —dijo, señalando el trabajo de una de ellas—, añadid la sabia de antling, hasta que quede así —vertió la sabia y lo mezcló. Sacó un palo ardiendo del fuego y lo mantuvo sobre la mezcla—. Lo encendéis y entonces… —hubo un destello y un estallido—, entonces lo aplicáis sobre las heridas.

—Yo ví cómo le aplicaste el ungüento al rey —dijo una de las mujeres—. Sé cómo hacerlo.

—Bien. Deja que le dé el aire. ¿Habéis enviado a alguien para recoger todas las cosas que he pedido? —una de las enanas asintió—. Muy bien. Poned el musgo en un recipiente con suficiente agua como para cubrirlo y colocadlo sobre una roca —Bilbo volvió a donde había dejado el musgo y lo revolvió. Todavía no estaba listo, así que volvió hacia ellas.

—Gracias señor Bolsón —dijo una de las enanas.

Bilbo les miró.

— ¿Por qué me llamáis así? Mi nombre es Bilbo.

Las enanas sacudieron la cabeza.

—Usted ayudó a que Thorin Oakenshield reclamara su trono; será señor Bolsón hasta que nuestro rey esté suficientemente recuperado como para concederte tu merecido título.

Bilbo se sonrojó.

—Ya veo —Se giró y comprobó el musgo de nuevo. Encontró que estaba listo, y se lo enseñó a las mujeres antes de girarse y ofrecer un vistazo a cualquiera que lo necesitara.

—Aquí estás, pequeño —le dijo Thorin a Bilbo cuando regresó. El rey estaba parpadeando, apunto de quedarse dormido.

—¿Ha tomado suficiente té? —preguntó Bilbo, tomando la taza de su mano.

—Tres tazas —dijo el enano que les había estado vigilando—. Las mismas que le di a Kíli.

—Entonces duerme, Thorin.

—¿Cómo es que no sabía que eras un sanador, Bilbo?

Bilbo posó la mano sobre la frente de Thorin para comprobar la fiebre.

—¿No sabías que, de entre los hobbits, los Tuk siempre hemos tenido habilidad para curar?

—No, no lo sabía —respondió Thorin lentamente.

—Ahora duerme, mi rey, aquí estaré cuando te despiertes.

Thorin le miró y sonrió antes de cerrar los ojos y caer dormido.

Bilbo miró entonces al enano.

—Necesito que los vigiles, pero antes necesitaré que me encuentres un grupo de buenos y fuertes enanos, para que pueda ir con ellos a recoger el resto de las cosas que necesito.

—Cualquier cosa que necesite, señor Bolsón, la recogeremos para usted; no hay necesidad de que se aventure fuera.

—Yo sé lo que estoy buscando y dónde se esconde, pero necesitaré que me ayuden a traerlo si voy a tener otros pacientes, además del rey y su heredero.

El enano asintió y salió apresuradamente de la tienda. Bilbo se puso a cubrir las heridas que parecían más próximas a infectarse con el caliente ungüento de musgo. Después vendó las heridas de Thorin y Kíli. Cuando hubo acabado encontró pieles con que cubrirlos, y después se fue con el grupo que había sido reclutados para recolectar las cosas que pudiera necesitar para salvar al rey.