Chapter Text
En la sala solo se escuchan los jadeos ahogados de Rin luego del intenso entrenamiento al que se expuso. Ego ya les dio aviso del partido contra la sub-20 y, en consecuencia, con su hermano. Rin estuvo entrenando más, intentando que su cuerpo esté lo mejor posible para el partido por venir, pero su cuerpo parece no querer colaborar.
Desde hace unas semanas, Rin viene sintiendo su cuerpo pesado y con mucho cansancio. Él no entiende por qué le pasa esto; su rutina es la de siempre. Hace yoga, se alimenta bien, hace ejercicio, se hidrata y también toma descansos. Intenta no sobreesforzarse; él sabe que no está bien y no le hará ningún bien a su cuerpo.
Intenta dormir y alimentarse un poco mejor, pero nada sirve; el cansancio no se iba.
Rin vuelve a respirar profundamente, soltando un leve gemido al posar su mano sobre su pecho izquierdo.
Ese era otro problema.
Sus pechos.
Rin no entiende el porqué, pero sus pechos están mucho más sensibles de lo normal. El más mínimo roce le envía escalofríos por todo el cuerpo y lo hace gemir. Pero esa no es ni por lejos la peor parte.
Los pechos de Rin están goteando leche. Al más mínimo toque y ya siente cómo el maldito líquido se filtra de sus pezones. Cada camisa que usa termina empapada en cuestión de minutos en la parte frontal. Es tan vergonzoso para Rin. Él quiere golpear algo.
Con el problema que tiene con sus pezones, le cuesta jugar al fútbol, ya que no pasan ni veinte minutos de partido que se tiene que cambiar la camisa por el líquido que se filtra. Antes de cada partido se pone curitas en sus pezones; Cumple su función de mantener la camisa seca, pero son una molestia.
Así que Rin aprovecha cuando está entrenando solo y no usa las curitas ni los parches aromáticos; Quiere entrenar en paz.
Paz que se vio interrumpida por la idiota de pelo blanco, Nagi Seishiro, justo el chico del que quería mantenerse alejado.
El alfa no era una molestia tan grande como los demás y tampoco lo veía mucho, así que Rin no le prestaba atención. Hasta que un día Nagi decidió no usar parches aromáticos.
A Rin todos los demás aromas le disgustaban. Algunos eran tan sofocantes e intensos que te dejaban con un horrible dolor de cabeza. Otros, por suerte para su nariz sensible, simplemente no se sintieron. Eran tan débiles que era fácil ignorarlos, y cuando esas personas tenían puestos los parches, que era la mayoría del tiempo (ya que Ego los obligaba a usars), era como si no tuvieran ningún aroma en absoluto. Y luego estaban los peores, los que tenían aromas simplemente asquerosos. Rin los odiaba. No importa qué haga después; esos aromas se quedan pegados a su nariz y lo dejan de mal humor y con náuseas el resto del día. Rin se quejaba de esas personas, de por qué no usaban parches si sabían que olían tan horrible. Luego se enteró de que el problema no eran ellos, era Rin.
Rin tenía una nariz muy sensible a los aromas. Cuando era pequeño, la mayoría de los olores, por alguna extraña razón, le hacían picar la nariz. Y al presentarse, empezaron las verdaderas molestias. Muy pocas personas no le disgustaban al omega, y eso era solo por sus aromas. Entre ellos estaba, obviamente, Sae. Su aroma era probablemente su favorito. Siempre, sin importar qué, lo tranquilizaba y lo hacía ponerse contento. Era la persona que mejor olía.
Y luego conoció a Seishiro Nagi.
Estaban por empezar el partido contra el equipo de Isagi cuando el aroma le llegó. Rin recuerda haber girado tan rápido que terminó asustando al pobre beta Tokimitsu. Dirigió su mirada hacia el equipo contrario y allí estaba él, ya mirándolo. Estaban a unos metros, y aún así Rin todavía podía sentir su intenso aroma. En todo el partido, Rin no pudo concentrarse completamente. Ganaron, por supuesto, pero por poco. Y la segunda vez que jugaron, Rin podía sentir la mirada del peliblanco, haciéndose estremecerse. Esas miradas y la cercanía con la que jugaban dejaron mareado a Rin. Estuvo contento de terminar el partido y poder salir de la mira del otro.
Por supuesto, su felicidad no es demasiado difícil. Con el final de la segunda selección llegó su problema con sus pechos. Compartir habitación con Nagi no ayudaba.
Desde el primer día que sintió el cambio en sus pechos, también sintió el cambio que tuvo Nagi hacia él. Antes, el peliblanco era la indiferencia misma; no le dedicaba al omega nada más que algunas miradas que, si bien podían ser persistentes, no detonaban nada sospechoso. Tampoco le interesaba algo más allá que jugar a sus estúpidos juegos y ganar en el fútbol. Rin estaba bien con eso; compartir habitación con él no era tan malo. Pero ahora Nagi no lo dejaba en paz.
Empezó fácil, dedicándole una o dos palabras a Rin, preguntando cómo estuvo el entrenamiento y si ya había cenado. A Rin le parecía un poco irónico el hecho de que el alfa se preocupa por él, cuando no se preocupa ni por su propia salud. Se sabía que Nagi en ocasiones se saltaba comidas solamente por ser perezoso. En la hora de la cena, Nagi siempre se acercaba donde Rin estaba sentada, y sin decir ni una palabra, tomaba lugar a su lado. Casi no hablaban, no había necesidad. Los silencios no eran incómodos, y era una de las cosas que llegó a gustarle del peliblanco, que no era una molestia estar con él.
Rin al principio intentó hacer que se alejara; Él no quería compañía, no la necesitaba, pero Nagi seguía insistiendo. Quería ignorarlo, pero a la segunda semana donde apareció el peliblanco con dulces, dejó de resistirse. Rin, lamentablemente, ya se acostumbró a la presencia del alfa; donde sea que vaya, sabe que no va a durar mucho tiempo solo. El otro siempre sabía dónde encontrarlo, sin importar dónde se oculta.
Y hablando del diablo…
— ¿Otra vez entrenando? —murmuró el peliblanco acercándose lentamente, con su característica pereza invadiendo cada paso—. ¿Alguna vez descansaste?
Rin lo ignoró. El partido contra la sub-20 se acercaba; él tiene que estar en su mejor momento para vencer al idiota de su hermano. No había tiempo que perder.
Nagi no parecía desanimado por ser ignorado. Simplemente se acercó donde el omega seguía entrenando y se sentó a un lado de él, manteniendo su mirada fija en Rin.
El peliverde miró cómo el contrario se removía incómodo, claramente queriendo decir algo. El silencio no duró demasiado.
—Rin —comenzó el alfa, agarrando una de las pesas y moviéndola de una mano a la otra, dudando—. ¿Tú… necesitas ayuda?
Rin dirigió su mirada hacia Nagi, confundido.
—Bueno… —se calló, sin saber cómo continuar—. Hace unos días vengo notando que algo te sucede, con… ya sabes —dijo, a la vez que miraba hacia el pecho de Rin.
Rin se congeló. Seguro el alfa no se refería a lo que él creía; Rin quiere creer que no.
Frunciendo el ceño, respondió: —¿De qué carajos hablas? —El omega baja las pesas. Ya no tiene ganas de seguir haciendo ejercicio; simplemente lo retomará mañana. No pasará nada por no acabar sus ejercicios una vez.
El alfa lo mira impasible, solo con leve brillo en sus ojos. Permanece en silencio unos segundos, recorriéndolo con la mirada, poniendo nervioso a Rin. El peliverde, ya cansado, agarra sus cosas, preparándose para marcharse. —Si no tienes nada que decir, entonces me largo —dice, ya dándole la espalda.
Rin llegó a dar unos cuantos pasos cuando escucha cómo el otro se levanta y lo sigue. Pensando que también se dirigía hacia la salida, lo ignora. Grave error.
De repente siente unos brazos que le rodean la cintura y lo acercan al pecho del peliblanco. Rin siente que se le corta levemente la respiración cuando esos brazos lo aprietan con fuerza. Intenta girar la cabeza para gritarle que lo suelte, pero el alfa aprovecha ese momento e inclina la cabeza y la hunde en su cuello. El omega se lleva las manos a la boca en un débil intento de tapar sus gemidos al sentir que el otro empieza a chupar sus glándulas olfativas.
—E-espera, ¿q-qué estás haciendo, idiota? —Nagi lo ignora y sigue succionando y mordiendo su cuello—. T-te voy a matar cuando m-me sueltes, maldito.
Uno de los brazos del peliblanco deja de apretarlo, y en cambio sube por su abdomen. Todo movimiento de Rin se detiene al sentir una mano apretando su pecho. Rin ya no puede evitar sus gemidos. Después de haber ignorado su problema, que alguien por fin se encargue de eso hace que el placer convierta su mente en puré.
El alfa juega con sus pezones, masajeando y apretando; intenta obtener algo que Rin ya no puede recordar. Siguen así unos cuantos momentos más, hasta que el peliblanco se detiene y lo suelta. Rin no pudo llegar a hacer nada cuando sintió cómo le daban vuelta, dejándolo cara a cara con el alfa.
Rin no se había dado cuenta hasta ese momento de que el peliblanco había soltado su aroma. La fuerte combinación de bergamota, geranio y vetiver lo golpeó con fuerza, dejándolo mareado. Nagi pocas veces había dejado salir su aroma en frente de Rin, pero cada vez que lo hacía, lo dejaba sintiéndose adormecido. Nagi bajó sus manos, metiéndolas debajo de la camisa del omega y acariciando su cintura. Todas las palabras murieron en la boca del omega cuando el peliblanco lo besó. El alfa dominó el beso desde el principio, invadiendo la boca de Rin con fuerza. Se besaron por unos eternos minutos, hasta que una voz los interrumpió.
—No sé qué mierda hacen aquí si no están entrenando. —La voz de Ego se escuchó fuerte desde algún lugar en el rincón del fondo. Rin empujó con fuerza al alfa, quien por fin lo dejó ir. —Guarden sus malditas hormonas hasta después del partido contra la sub-20, imbéciles. —
Rin observó de reojo cómo el peliblanco miraba con mala cara hacia una de las cámaras que estaba escondida detrás de una lámpara. Nagi tomó su mano y lo sacó de la sala, y con la otra mano se encargó de enviarle un gesto obsceno al alfa mayor.
Caminaron en silencio unos minutos, hasta que Rin se dio cuenta de que el alfa los condujo hacia uno de los baños aislados, donde lo más probable era que no hubiera nadie y pudieran seguir donde lo dejaron. Al llegar, el omega tira de la mano que sostenía el peliblanco, y cuando este se da vuelta, se quedaron mirando fijamente.
Rin sentía todo su rostro caliente, y ese calor solo aumentó al recordar cómo el alfa lo tenía acorralado hace solo unos momentos. Rin todavía podía sentir las manos del otro sobre su cuerpo, sintiendo la posesividad en el toque. Nunca nadie lo había tocado así. Todas esas sensaciones eran nuevas y Rin cree que podría volverse adicto. Un hormigueo comienza en su bajo vientre y Rin se recuerda concentrarse. Vuelve a levantar la mirada y encuentra al peliblanco con la mirada fija en él. Por la sonrisa que tiene en su rostro, Rin supone que el otro ya sabe lo que estaba pasando por su mente. Una mirada de lujuria aparece en el rostro del peliblanco y Rin habla antes de que el alfa salte sobre él.
—¿Qué mierda significó eso? —Intenta poner su voz de siempre, pero sale un sonido bajo y vulnerable. Tampoco le funciona fruncir el ceño. El alfa solo le sonríe.
—Ya te lo dije. —La mano del alfa se acerca a su rostro mientras habla, acariciando su mejilla izquierda, y Rin no encuentra la fortaleza para detenerlo. —Solo quiero ayudar. -
—No necesito tu ayuda. —Ambos sabían que era mentira; el omega no sabe cuánto tiempo más aguantará este problema, y si sigue así, lo más probable es que no pueda jugar el partido contra la Sub-20, a menos que quiera estar rodeado de alfas y oliendo como un omega necesitado, desconcentrando a todos en la cancha. Si eso pasara, le prohibirían jugar; Rin estaba seguro.
No, definitivamente no, Rin tiene que resolver esto. Mira nuevamente al alfa. Todavía podía sentir un leve aroma a excitación, pero fuera de eso, parecía estar muy tranquilo. Rin necesitaba la ayuda, y no cree que haya alguien más decente para que lo ayude que Nagi. Suspirando, levanta su mano y la coloca sobre la mano del peliblanco que aún mantenía en su mejilla.
—Te dejaré ayudarme, pero si me entero de que se lo contaste a alguien, te romperé el maldito cuello, ¿entendiste? —Nagi le envía una mirada divertida y Rin sabe que alguna idiotez va a salir de su boca, así que antes de que alfa pueda hablar, levanta su camisa, revelando sus pechos hinchados, goteando, y le hace una seña al peliblanco, dándole vía libre para que empiece. Nagi ni siquiera duda, y antes de que Rin pueda parpadear, tiene al alfa succionando uno de sus pechos, mientras masajea el otro con fuerza. El omega coloca una mano sobre el cuello del alfa y la otra sobre su cabeza, instándolo a seguir. Rin se permite gemir en voz alta, disfrutando de sentir la ligereza en su cuerpo después de semanas de pesadez.
Nagi juguetea con su cuerpo por unos cuantos minutos, alternando entre lamer y pellizcar sus pezones. El placer sube rápidamente por su columna, provocando espasmos en su cuerpo. Escucha al alfa gemir y la excitación del omega aumenta, sabiendo que él provocó que el peliblanco esté tan desesperado. Sus gemidos llenan el silencio del baño, y su excitación aumenta al imaginarse a alguien escuchándolos. Rin ya no se contiene; sus manos comienzan a tirar del pelo del alfa a la vez que gime su nombre.
La mano del alfa que estaba sobre su cintura baja, apretando fuertemente el trasero de Rin y empujando sus caderas hasta juntarlas. Ahora, sin ningún centímetro que los separe, Rin puede sentir el miembro de Nagi totalmente erecto, pero no hace nada para ayudarlo; en cambio, comienza a frotar su pene contra la pierna del alfa, intentando alcanzar su propio orgasmo.
El alfa parece darse cuenta de su acción egoísta, pero no lo detiene. Suelta una pequeña risa ahogada por el pezón del omega en su boca, y aplasta su pierna con más fuerza sobre el pene de Rin. Pasan eternos segundos donde Rin se sintió en el cielo, con el alfa estimulándolo en más de un sentido, hasta que logra alcanzar el orgasmo. Llega como un estallido que lo deja mareado y sin poder sostenerse, quedando totalmente a merced de Nagi.
Nagi lo sostiene en sus brazos mientras le deja suaves besos en su cuello, repitiendo lo buen omega que es por alimentarlo. Si Rin pudiera, se sonrojaría más de lo que ya está, o si la sangre le llegara al cerebro, le diría lo idiota que suena, pero en este momento solo puede pensar en que le encantaría que se repitiera.
Pasan los minutos donde intenta recuperar el aliento. Apenas siente que sus piernas dejan de temblar y no lo traicionarán dejándolo caer, Rin se separa del alfa y se acerca a uno de los lavados. Se limpia lo mejor que puede sin mirar al alfa, pero sabe que el otro no le quitó su mirada ni por un segundo. También sabe que Nagi sigue excitado, pero no se ofrece a ayudar; hoy ya traspasó más límites de los que le gustaría.
Se mira en el espejo una última vez, echándole una rápida mirada al peliblanco y asiente, despidiéndose. En el transcurso a su habitación, piensa en cómo todo se le salió de control y en cómo no le molestaría que se repitiera.
Por ahora, solo quiere descansar. Mañana pensará en las consecuencias.
♡♥︎♡
—M-Más rápido… —El alfa acelera el ritmo, masturbando a Rin justo como sabe que le gusta mientras aprovecha el temperamento dócil del omega y sigue succionando sus pezones. Rin gime más fuerte y acaricia el cabello de Nagi, instándolo a atiborrarse de su leche. El peliblanco jadea agradecido e intenta demostrar su gratitud elogiándolo, sabiendo lo cachondo que lo ponía al omega que le digan todas esas cosas bonitas. Seishiro sigue masturbándolo, ahora con movimientos un tanto torpes, pero con el mismo entusiasmo. Su boca se llena con ese manjar al que en tan pocos días se volvió adicto. Acaricia el glande del omega, justo como le gusta, y siente cómo su cuerpo comienza a temblar antes de derramar su semilla sobre su mano. Luego de unos segundos, el omega recupera totalmente la conciencia, pero no se mueve, permitiendo que el alfa se frote contra elél y logre alcanzar su orgasmo.
Pasaron casi tres semanas desde su primer encuentro y Rin quiere pensar que sabe lo que hace, pero siendo sincero, hace rato dejó de pensar en todo. Hasta hace unos días, se decía que todavía permitía que Nagi lo tocara porque necesitaba su ayuda; sus pechos siguen produciendo leche y causándole molestias, y por lo tanto, interfiriendo en su fútbol, pero ya no está para nada seguro de si sigue permitiéndole al otro estar cerca solo por ese motivo. Le gusta creer que sí; sabe que si piensa en otra razón, no podrá concentrarse, y lo último que necesita es otra distracción del partido por venir.
Una sensación cálida en su estómago lo vuelve al presente, dándose cuenta de que Nagi volvió a terminar sobre él. Frunce el ceño, sintiendo el semen bajar por su abdomen, dejando una sensación pegajosa a su paso. Suelta un suspiro, sabiendo que no tiene nada con lo que limpiarlo más que su camisa. No pueden usar la vestimenta del peliblanco, ya que arrastró a Rin al salir de la ducha y solo tenía puesto un pantalón; en cambio, Rin, que llegaba de entrenar y fue secuestrado al caminar por el pasillo y llevado a un armario al azar, todavía tenía puesta la ropa del entrenamiento.
Observa las manos del peliblanco y las ve también manchadas de su semen, pero el alfa no parece preocuparse, llevándose la mano hacia la boca y chupándola, dejándola limpia y liberando sus feromonas satisfecho. Rin desvía la mirada, sintiendo cómo la sangre vuelve a bajar hacia su pene. No quiere tener otra erección tan pronto, así que cierra ligeramente los ojos y se separa del otro, limpiándose rápidamente.
—Tienes que intentar disimular un poco más. —Habla Rin. Desde que esto que tienen comenzó, el alfa no se molestó en disimular, siempre marcándolo con su aroma y dejando marcas por todo su cuello. Después de cada encuentro, a pesar de ducharse, no usa el jabón bloqueador de olores, y ya todos deben saber que algo está pasando entre él y Rin. Sin mencionar que se la pasa pegado al omega, sin dejarlo mucho tiempo solo. Pese a eso, Rin todavía quiere que intente disimular un poco. Le importa una mierda lo que piensan los demás, pero el cómo lo miran cada vez que Nagi se le acerca le pone los nervios de punta. El peliblanco, por suerte, todavía no se animó a hacer algo atrevido frente a los demás, aparte de dejar su aroma, que no es un acto tan disimulado como él cree. Todo lo contrario, definitivamente reforzó toda esa idea de que están juntos.
Al alfa no parece interesarle el tema en cuestión, y comenta lo que a él le importa. —¿Por qué no me llamas por mi nombre? —Nagi desvía la mirada por unos segundos, pareciendo dudar, pero rápidamente vuelve a fijar sus ojos en Rin, esta vez luciendo más firmes. —Creo que tengo el derecho a que me llames por mi nombre.
—¿Derecho?
—¿Sí? Es decir… —se detiene, inseguro de seguir—. Somos novios, es raro que no me llames por mi nombre. —termina, con duda en su tono.
—¡¿Novios?! —Rin no puede evitar elevar la voz, tomado totalmente por sorpresa. Nagi lo observa con una mirada en blanco unos segundos hasta que parece llegar a algún tipo de conclusión.
—Rin… —comienza el peliblanco, pronunciando su nombre con lentitud, como si fuese un animal a punto de atacar, y Rin no puede no sentirse aunque sea un poco ofendido. —Llevamos haciendo esto hace semanas, ¿qué más se supone que somos?
—¿C-cómo… —se detiene, sin saber muy bien qué quiere decir. Todo este tiempo, Rin creyó que el alfa lo ayudaba porque estaba excitado y él era el único omega que lo dejaba tocarlo; estaba casi seguro de que Nagi no lo quería así. No de forma romántica, ¿por qué lo haría? No cree que haya hecho algo para interesarle al otro, no de esa manera. —En ningún momento me preguntaste, ni nada. —termina por comentar, sin querer pensar en lo demás.
Nagi se acerca y lo abraza por la cintura, escondiendo su rostro en el cuello del omega y dejando ligeros besos. Se queda unos segundos en ese lugar, hasta que se separa un poco y mira a Rin a los ojos. —Itoshi Rin, ¿me darías el honor de ser tu novio? —Su voz suena ligeramente burlona, algo que Rin sabe que lo hace mayormente para enojarlo. El omega lo mira fijamente, sin saber qué decir. No se suponía que esto fuera algo serio. Se suponía que el alfa lo ayudaría, y cuando esto termine, entonces todo se olvidaría. Pero, ¿en serio terminaría así como así?
No, Rin sabe que no.
Estas semanas que estuvo con el alfa sabe que no podría olvidarlas. Nagi no solo lo ayudó con su problema sexual, sino que lo contuvo y lo cuidó cuando Rin lo necesitó. Con el paso de los días y el partido a tan solo una semana, Rin cayó en el pozo sin fondo de la tristeza, sintiendo que haga lo que haga, Sae no volverá. Rin quiso aislarse, esconderse del dolor, concentrarse en los ejercicios e ignorar lo demás. Olvido cosas tan básicas como comer, beber agua y descansar. El insomnio no lo dejaba solo, y las noches se volvieron más frías. Rin sabía que su cuerpo iba a colapsar, podía sentirlo, pero como un ángel, Nagi llegó a su rescate. El alfa lo cuidó y lo ayudó a descansar, ya sea obligándolo a comer o haciéndole compañía al dormir. Al omega le cuesta admitirlo, pero dormir entre los brazos del peliblanco había hecho su sueño mucho más placentero.
Lo de ellos no fue solo lujuria, y Rin no sabía muy bien qué hacer con eso. Podía soportar ser usado; al fin y al cabo, Rin también estaba usando al alfa, pero ¿sentimientos? Rin no creía poder lidiar con ello. Siempre creyó que no estaba hecho para una relación; su naturaleza era destructiva, solo causaba caos. ¿Qué significaría estar en una relación?
¿Merecía estar en una?
Había una capa protectora en la que no dejaba entrar a nadie; la única persona en su mundo que valía la pena se fue, abandonándolo sin remordimientos. ¿Sería esto lo mismo? ¿Dañar y ser dañado? Porque Rin va a dañar; él sabe que lo hará. Es cruel, a veces sin quererlo, sin ninguna intención maliciosa, y otras veces, daña para protegerse; él no conoce otra manera.
Rin hará daño. Él lo expresó, y contrario a lo que esperaba, el peliblanco solo le sonrió. Le dedico una de esas sonrisas que, contra su voluntad, se acostumbró a recibir y esperar casi con anhelo. Quería detener eso, no quería enamorarse, pero antes de darse cuenta, había una nueva presencia en su vida que estaba seguro de que no podría sacar. El alfa se instaló con una sorprendente facilidad en su ser, y Rin tenía la certeza que, sin importar lo que haga, no podrá sacarlo de de ahí. Y si Rin se permitía ser sincero, tampoco quería hacerlo.
Nagi fue un respiro de aire fresco después de estar meses ahogándose en el dolor. Nagi lo miraba con esos ojos grises llenos de una adoración que Rin no estaba seguro de merecer. Nagi le daba caricias que lo hacían temblar de satisfacción, pero también le daba besos que lo hacían sentir amado. Nagi lo aguanta cuando estaba siendo especialmente molesto; no dejaba que sus pensamientos dolorosos lo alcanzaran; lo hacía abrirse, lo hacía ser feliz. En estas pocas semanas, Nagi lo hizo sentir demasiadas cosas que Rin ni siquiera podría describir, pero que lo hacían sentir seguro, amado, valorado.
Muchos pensamientos contradictorios atacaron la mente de Rin, pero él los ignoró todos. ¿Qué mierda estaba pensando? Rin se merecía esto, se merecía ser amado. Sus sentimientos ya habían florecido, ¿por qué intentar negarlos?, ¿por qué no intentarlo?
Antes de volver a pensarlo, Rin se abalanzó sobre Nagi —Seishiro —volvió a recordarse— y lo besó. —Alfa idiota. —Pasó sus brazos por el cuello del peliblanco, acercándolo aún más a su rostro. Rin se permite mirar de cerca al chico que, de alguna extraña manera, logró obtener un lugar en su corazón. Rin no puede creer la suerte que tiene. —Está bien, acepto. —Los ojos de Seishiro adquirieron un brillo que el omega se negaba a encontrar adorable. Rin solo quería abalanzarse y besarlo, pero antes de hacerlo, agarró la barbilla de Seishiro con una mano y habló: —No me hagas arrepentirme. —Su tono fue bajo; una leve amenaza se podía oír en él. Y Seishiro, volviendo a tomar desprevenido una vez más al omega, soltó una leve risa.
Seishiro no perdió el tiempo y lo besó, bajando sus manos hacia los muslos del omega y levantándolo con una facilidad que hizo cosquillas en el bajo vientre del peliverde. Rin rodea la cintura del peliblanco con sus piernas y profundiza el beso.
Comienza como un beso inocente, expresando la felicidad que sienten, pero rápidamente da un paso hacia la lujuria. Seishiro aplasta a Rin contra una pared y comienza a frotar sus penes y embestirlo por sobre la ropa, provocando gemidos en el omega. Rin intenta guardar silencio, temiendo que cualquiera los descubra teniendo intimidad en un armario donde cualquiera podría entrar.
Rin deja de preocuparse de que los descubran al sentir mordidas en su cuello. Y si alguien los interrumpe... bueno, Rin puede encargarse.
♡♥︎♡
Los días pasaron con relativa normalidad, tanto como se podía con un alfa totalmente obsesivo que no se separaba de ti.
Rin creía que Seishiro antes ya era pegajoso, pero ni se compara al Seishiro actual. Rin ahora puede confirmar que no tiene ni un solo segundo de soledad. No había momento en donde el peliblanco no estuviera cerca de él, siempre tocando al omega. Y ni hablar de sus feromonas, que cubrían totalmente al peliverde, tanto así que Rin ni siquiera podía distinguir su propio aroma.
A este punto, Rin admite que la mayoría, si no todos, saben que están juntos, o por lo menos lo intuían, incluso antes de formalizar la relación.
El tiempo avanzaba rápidamente. El partido con la sub20 estaba a la vuelta de la esquina y con eso llegó neblina de ansiedad. Todos estaban preocupados, esforzándose cada día más y totalmente enfocados en entrenar. No había tiempo para tonterías.
Días después, mientras Rin hacía ejercicio, con el alfa acomodado no muy lejos. Tokimitsu se le acercó, y muy nervioso le preguntó si quería que los dejara solos. Rin no se había dado cuenta de que eran los únicos en la sala, y miró confundido al beta, sin saber por qué preguntaba eso específicamente.
—B-bueno, ya sabes, creo que Nagi está un p-poco molesto… —El beta parecía inseguro de seguir, mirando entre el omega y el alfa. Rin miró al peliblanco, que simulaba seguir jugando con su celular, pero que claramente prestaba toda la atención a la conversación.
—¿De qué carajos hablas?
—¿N-no lo s-sientes? E-el aroma… —Rin, todavía confundido, inhaló profundo. Al principio, solo sintió el aroma normal de Seishiro, pero a los segundos ese aroma se intensificó, provocándole picazón en la nariz. Rin podía oler la molestia en el aroma, demasiada molestia, más de lo que es convencional en dejar escapar.
Agarró el primer objeto que tenía al alcance, que resultó ser su botella, y la tiró hacia la cabeza del alfa. Seishiro parece darse cuenta y la esquivó con facilidad, mirando a Rin y elevando una ceja, sin entender el porqué de ese arrebato.
—Contrólate, idiota. —gruño ferozmente. Odia profundamente a las personas que liberan sus feromonas sin importarles los que los rodean, como si estuviesen solos y como si los demás quisieran oler sus asquerosos aromas.
Seishiro, en vez de responderle, le envió una mala mirada a Tokimitsu y soltó un gruñido bajo de advertencia. —Creí que mis feromonas te dejarían claro que quiero que nos dejes solo, ¿tener un cuerpo tan grande provoca que tu cerebro sea pequeño? —Termino liberando más de su aroma, dejando en claro su molestia.
El beta comenzó a temblar visiblemente y, bajando la mirada, se escapó de la habitación. Un silencio intenso invadió el lugar por un momento, hasta que Rin huele la excitación en el aire y se da cuenta de la causa de todo.
—¿En serio hiciste ese drama solo porque estás excitado? —el alfa tiene el descaro de sonreír y parecer inocente. Rin vuelve a suspirar más lento esta vez, no queriendo explotar y golpear al peliblanco, sabiendo que todavía necesita su ayuda. Malditas sean sus hormonas y sus estúpidos sentimientos que lo hacen querer estar con un idiota. —Creí que eras pacifista. —Vuelve a hablar, recordando el trato del alfa hacia el beta, mientras se acerca al alfa, sentándose sobre su regazo. Ya que Seishiro se tomó la molestia de vaciar el lugar, tendrían que aprovechar sus esfuerzos.
—Lo soy. —Seishiro no duda, agarra a Rin, colocando las piernas de este sobre sus costados y pegando totalmente sus cuerpos, quedando Rin unos centímetros más alto, pero con su cuello libre para que Seishiro pueda marcar, como a él le gusta. Rin tiene que admitir que siente un calor en el vientre cuando Seishiro lo maltrata así, moviéndolo a su antojo, como si no pesara nada. —Creo que tus actitudes se me están pegando. —El alfa baja sus manos de la cintura de Rin y las arrastra hasta sus muslos, apretando y dejando un toque de electricidad a su paso. Rin no puede evitar que una pequeña risa se le escape. Seishiro tenía razón en eso; desde que comenzaron sus encuentros, notó cómo en ocasiones el peliblanco tenía actitudes similares a las suyas. Le da un poco de gracia la mirada sorprendida de los demás al escuchar al alfa siempre tranquilo insultar.
No fue del todo una sorpresa que hayan copiado actitudes del otro; pasaban tanto tiempo juntos que Rin sabía que en algún momento sucedería. Cada tanto, Rin inconscientemente se encontraba quejándose de que todo resultaba ser una molestia, o bebiendo té de limón en exceso, aparte de haberse descargado demasiados juegos, tantos que su pobre teléfono ya no tenía más espacio. Él no era de jugar mucho; de vez en cuando lo hacía, pero eran todos juegos de terror y ninguno lo impresionó demasiado como para jugarlo por más de tres días seguidos. Pero ahora, en cambio, en su teléfono tiene puros juegos de disparos, que no son para nada de su estilo, pero sí del estilo del alfa idiota que no lo deja en paz.
Rin no descargó los juegos para ser bueno con Seishiro; se los descargó para entretenerlo y que deje sus manos quietas por una maldita vez. No se refiere solo al ámbito sexual, sino también a las caricias de cada día.
Rin podría estar en una sala con los otros chicos, observando las jugadas, y Seishiro aparecía de repente y se acurrucaba detrás de él, abrazándolo con fuerza y, sin perder tiempo, se ponía a mordisquear su cuello, sin importarle las miradas que le dirigían los demás. Las pocas ocasiones en las que Rin se encontraba en el comedor solo, Seishiro llegaba, ocupaba el lugar a su lado y se acurrucaba en su costado. Nunca creyó que el peliblanco fuera tan pegajoso, aunque si lo pensaba bien, no era del todo una sorpresa, no si recordaba cómo trataba el alfa de pelo morado al peliblanco. Seishiro se habrá acostumbrado al contacto físico. Rin prefiere no pensarlo tanto en eso, no si no quiere estar de un humor peor de lo normal.
—A decir verdad, no planeaba nada sexual, solo quería pasar un tiempo a solas con mi novio. Últimamente no tenemos tanto tiempo.
—¿De qué hablas? Pasamos todo el maldito tiempo juntos. —
—Pero no a solas. —Seishiro vuelve a acurrucarse en su cuello, solo respirando la fragancia del omega. Eso es algo que le gusta mucho hacer al alfa, se dio cuenta Rin. —En unos días será el partido, ¿crees que ganaremos? —El cambio repentino de tema lo confundí unos segundos, pero le resta importancia y le responde, proyectando toda su confianza en sus palabras.
—Claro que ganaremos. —Rin estaba seguro de lo que decía; perder no era una opción. Si no ganaban este partido, el proyecto Blue Lock terminaría, y con él los sueños de todos ellos de convertirse en los mejores del mundo. —No tengo ninguna intención de perder contra Sae. - Termino por añadir.
Seishiro lo miró con atención, ladeando la cabeza, visiblemente confundido. —¿Acaso tienen una mala relación?
La imagen de Sae llena su cabeza. Las tardes jugando fútbol; los trofeos ganados; los paseos y los helados compartidos. Las risas. Los sueños. La promesa rota. Él siendo un estorbo como hermano menor.
Sae volviendo a España.
Un apretón en su cintura lo saca de sus pensamientos. Seishiro seguía mirándolo, ahora con una mirada ligeramente preocupada.
Rin no quiere arruinar el momento, no lo hará.
Sin querer hablar sobre Sae y su complicada relación, decide besar al peliblanco, logrando distraerlo. El beso se vuelve intenso rápidamente, y Rin, sin pensarlo, comienza a frotarse contra el alfa, quien, contrario a los deseos de Rin, lo detiene con una mano en su cadera.
—Lo decía en serio a lo de pasar tiempo de calidad como novios, sin segundas intenciones. —Se detuvo unos segundos, pareciendo pensar en algo. —A menos que quieras. No me opondría. -
Rin suelta un pequeño bufido, ligeramente divertido. Claro que el peliblanco no se opondría; aprovechaba cada oportunidad para meter mano, el pervertido. Rin no responde; en cambio, decide agarrar la mano del alfa que estaba sobre su cadera y la coloca sobre su pecho, apretando. No hacían falta palabras para que Seishiro entendiera y se pusiera manos a la obra. Sin dudarlo, el peliblanco le arranca la camiseta y no pierde el tiempo en comenzar a repartir besos y mordidas por todo el cuello del omega. Rin comienza a frotarse contra Seishiro al sentir su erección, logrando sacarle esos sonidos que al peliverde tanto le gustan.
El omega ya sabe cómo mover sus caderas para hacer que el alfa llegue a su orgasmo, pero hoy decide hacerlo un poco difícil para el otro. Ralentiza sus movimientos, apenas rozando la erección del otro, provocándolo. Una de sus manos se dirige al cabello del mayor, dejando caricias y acercando más su cabeza hacia su cuello. Rin ladea la cabeza, dejándole más lugar al otro y comienza a frotarse con más dureza. Siente cómo su ropa interior comienza a humedecerse y el aire huele a excitación.
Los gemidos llenan la habitación, junto con el sonido del roce de sus ropas. Seishiro sigue marcando su cuello y Rin ya no recuerda de qué estaban hablando. Una mano del alfa aprieta su cintura y la otra sujeta su muslo, y comienza a simular embestidas contra Rin. El omega siente ese calor característico en su bajo vientre y, sin pensarlo, se lanza a besar al alfa. El beso es desesperado, sus lenguas chocan y no hay parte de sus cuerpos que no se estén tocando.
Todo se siente bien, pero no es suficiente. Rin necesita más.
En un movimiento rápido desabrocha su pantalón y libera su pene, sintiendo un alivio instantáneo. Hace lo mismo con el alfa, y sin esperar a que diga algo, comienza a masturbarlos. El movimiento es rápido; el líquido preseminal usado como lubricante hace que todo sea más pegajoso, pero Rin no se detiene. Sus gemidos son tragados por el alfa, dejando solo el sonido de sus penes frotándose. El placer va en aumento, pero el omega todavía no siente que sea suficiente. Comienza a masturbarlos con más fuerza y tan rápido que resulta un tanto doloroso. Al alfa no parece molestarle, pero al observar la cara de insatisfacción del menor, decide ayudarlo un poco.
Mientras el omega seguía distraído intentando hacerlos llegar al orgasmo, Seishiro, sin dejar de besar a Rin, mete la mano en el pantalón del menor y comienza a masajear su trasero, disfrutando de poder tocarlo despues de tanto tiempo deseandolo. Pese a que estos encuentros iniciaron hace semanas, Seishiro no tuvo la chance de ir más allá de frotar sus miembros y, una única vez, poder hacerle una mamada al peliverde.
Puede sentir cómo el omega se moja, liberando sus jugos e invadiendo la habitación con su exquisito aroma. Seishiro ya no quiere contenerse. Sin pensarlo, mete uno de sus dedos dentro del omega, penetrándolo hasta el fondo. Siente al omega tensarse, sin esperar el atrevimiento. El alfa sigue moviendo su dedo, sacándolo y metiéndolo, a la vez que deja besos en el cuello del omega y continúa marcándolo, dejando al menor completamente impregnado de su aroma. Más resbaladizo, se escapa del agujero del omega, y Seishiro lo siente relajarse alrededor de su dedo.
Seishiro quiere que Rin tenga el mejor orgasmo, y sabe que asi no lo conseguira. Saca sus dedos de dentro de Rin y lo levanta de sus muslos, acostándolo con delicadeza en una de las colchonetas cercanas. Rin parece totalmente confundido con su ceño fruncido, sus mejillas sonrojadas y sus ojos con algunas lágrimas. Parecía estar a punto de terminar, y no pierde el tiempo en quejarse.
—¿Qué se supone que estás haciendo? —Su voz sale quebrada, provocada por todos los sonidos anteriores. A Seishiro le encantaría saber cómo sonará cuando finalmente le folle la boca.
El alfa abre las piernas del menor y se acomoda entre ellas. Los tonificados muslos del omega lo llaman, queriendo ser marcados y follados. Se deshace del pantalón y la ropa interior del omega, y comienza a apretar y besar esos dulces muslos. Tarda unos pocos segundos en dejar chupetones y mordeduras, acercándose cada vez más al plato principal. El agujero de Rin se contrae, como si supiera que pronto será devorado, y más resbaladizo comienza a liberarse. Seishiro no puede resistirse a oler ese dulce aroma como la miel, llamándolo, queriendo que deje de resistirse.
Seishiro ya no quiere esperar.
Levanta la mirada hacia el omega y lo encuentra con la vista fija en él. Su rostro, antes con un ligero rubor en sus delicadas mejillas, se encuentra totalmente rojo y con una mirada suplicante. Estos días Rin estuvo esforzándose tanto alimentándolo, que es hora de que el peliblanco le dé una recompensa.
Le envía una pequeña sonrisa y habla: —Gracias por la comida. —Sin dejar de perder tiempo, se sumerge entre las piernas del menor.
Gracias a la práctica con los pechos de Rin, Seishiro tiene más habilidad con su lengua, que casi sin pensarlo, comienza a lamer los jugos y succionar alrededor del agujero. El sabor estalla en su lengua; una delicia incomparable, de un exquisito sabor al que el alfa sabe, se volverá totalmente adicto.
Su mente se nubla, y Seishiro pierde la consciencia de todo, sabiendo solo que tiene entre sus manos la comida más deliciosa, que jamás dejará ir.
Sigue succionando, pero los jugos no dejan de salir, manchando su barbilla y terminando en el suelo. Agarra con fuerza las piernas del menor y lo acerca mas a su cara. Sus manos aprietan la carne de los muslos y su lengua invade el interior de Rin. Siente la estrechez del menor y empuja su lengua más profundo, donde sabe que hace ver estrellas a su omega. Los gemidos de Rin comienzan a escucharse más fuerte, rebotando en las paredes y mezclándose con los sonidos de succión. Todo es jodidamente obsceno y Seishiro siente su polla tensarse.
Rin comienza a moverse, tirando del pelo del alfa, intentando sujetarse a algo. Siente sus piernas como gelatinas y un calambre en su bajo vientre. Sabe que está cerca, pero no quiere venir. Todavía no. Todo se siente tan bien, tan perfecto, pero intenta aguantar un poco más. El alfa se lo estaba comiendo con entusiasmo, pareciendo desesperado por cada bocado, y Rin se siente pleno. Cierra los ojos, gritando el nombre de Seishiro, pidiendo más, pidiendo que sea más duro, pidiendo que se detenga. Es demasiado, pero también no es suficiente. Lágrimas de placer escapan de sus ojos y Rin ya no sabe qué está pasando.
Seishiro sabe que el omega está cerca; puede sentirlo al tensar las piernas, estirando su cabello, acercándolo. Suelta uno de los muslos del omega y dirige su mano hacia una de sus tetas, y con rapidez, comienza a masajear el pezón. Solo eso parecía bastar para que el menor llegara a su tan deseado orgasmo. Rin suelta un último grito y el alfa lo siente terminar en su boca. Los jugos salen a borbotones, escapándose de su boca y manchando su rostro. Y eso fue suficiente para hacerlo venir también. El alfa cierra los ojos al llegar al clímax y aprieta un poco más fuerte la pierna del peliverde, dejando un moretón con la forma de sus dedos en la suave piel. Seishiro lame hasta la última gota del lubricante, y solo se detiene al sentir un fuerte tirón en su cabello.
Se aleja del lío entre las piernas del peliverde solo para encontrarse al omega hecho un desastre. Lágrimas caían por el costado de su rostro, con la boca ligeramente abierta y un hilo de saliva recorría su barbilla para terminar en su cuello. Uno de sus pezones, el que Seishiro estimuló, estaba rojo y todavía goteando leche.
El alfa se inclina y lame, intentando limpiar todo lo mejor posible. Una suave mano se posa en su cabello y lo aleja del pecho del menor. Rin lo mira a la cara, con los ojos entrecerrados y las pestañas húmedas posándose con ligereza sobre las mejillas de este.
Es una vista hermosa y Seishiro solo quiere guardarla para siempre en un lugar donde nadie pueda encontrarla jamás y solo él sea capaz de contemplar.
Un fuerte sentimiento se enrosca en su interior, dejándolo sin poder pensar en nada más que en la persona que tiene bajo él. Siente tanta calidez que cree que muy pronto podrá incendiarse, quemando todo a su alrededor con el fuego provocado por este inmenso amor que siente.
Nunca estuvo enamorado, pero sabe que esto es lo que debe sentirse amar tanto a alguien, este dolor en el pecho al darte cuenta de que no podrás fusionarte con esa persona para que no puedan separarse y llevarlo siempre dentro, sin posibilidad de vivir ni un segundo lejos del otro.
Seishiro sabe que ama a Rin; ya aceptó que se enamoró, que el omega tiene su corazón en sus manos y podrá destruirlo sin ningún esfuerzo, pero al observar esos cautivantes ojos, también sabe que el otro no está en una situación muy diferente.
Sin poder contenerse, se acerca y besa con desesperación al omega, intentando transmitir todas las emociones, todo el amor y la adoración que siente por este maravilloso chico, que, sin quererlo, se apropió de todo su ser.
Seishiro se separa un poco, quedándose lo suficientemente cerca de Rin, compartiendo sus respiraciones, y habla;
—Te amo, ángel.
Quiere decir tanto, pero nada se siente suficiente, entonces se conforma con volver a besarlo. Sabe que Rin lo entenderá. Él siempre lo hace.
En el fondo, Seishiro se pregunta si es demasiado temprano para pensar en el matrimonio y en la idea de formar una familia.
Por ahora, lo importante es que se aman. Tienen todo el tiempo del mundo.
Seishiro no dejará ir a Rin.
