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Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Collections:
Descagarre (Aquelarre RPG)
Stats:
Published:
2025-11-27
Words:
1,039
Chapters:
1/1
Comments:
1
Kudos:
2
Hits:
16

Té y Galletas

Summary:

Joaquín nunca fue fan de lo dulce, más nunca había probado la miel.

Work Text:

Un vacío que jamás podrá ser llenado...

Pasos apresurados comenzaron a hacerse audibles en el corredor de aquellos altos y sagrados techos....
El hombre cargaba con un montón de libros y pergaminos, su apariencia era desalineada haciendo notar sus prominentes ojeras.
Esta era la imagen de un hombre cansado... Cansado, hambriento y descuidado.

Joaquín empujó la puerta de su habitación con la espalda, está abriéndose con un poco de dificultad mientras empujaba el resto de papeles y botellas vacías atiborradas detrás de esta, no paso mucho tiempo para que el clérigo notará la presencia de una figura familiar.

"Oh- Malek hola!"

Una sonrisa tímida se formó en su rostro mientras dejaba torpemente sus pertenencias sobre un mueble de igual forma atiborrado de papeles y botellas.
Se arregló como pudo la ropa y el cabello peinándolo hacia atrás 
"Que sorpresa..." Se acercó a el, y coloco una mano gentilmente en hombro mientras le sonreía con algo de -entusiasmo-

"No sabía que la orden estaba cerca, cuándo llegaste?"

Pero para su sorpresa, el caballero no solo no correspondió su entusiasmo si no que al quitarse el casco, se podía observar una expresión cansada y algo incluso preocupante, no tan marcada pero la pequeña sonrisa desganada que le ofreció al obispo fue suficiente para volver este encuentro...algo lejos de una agradable visita.

"Si... Um, nos ubicaron en el hospital"

Malek dirigió su mirada hacia la habitación 
por un momento, para luego dirigirla hacia el hombre que llamaba su amigo y solo suspiro para poner una mano sobre los delgados dedos que tocaban su hombro.
"Joaquín, cómo estás?"

El hombre solo arqueó una ceja en total confusión y negó momentáneamente.
"Bien por supuesto... Me alegro de verte"
Pero inmediatamente este dio dos pasos hacia atrás volviéndose consciente del estado de su habitación y como si de un encuentro casual se tratase, comenzó a intentar mover cosas de lugar.
A lo que Malek solo lo observaba en silencio con algo que solo se podría describir como -lastima-

"Lo siento por el desastre... N-...no estaba esperando visitas, bueno, Soltó una risa seca y corta ciertamente no -Tu- visita."

Incapaz de poder poner orden en su propio espacio, Joaquín solo suspiro al ver el desastre y tocó su sien.
"Tal vez sea mejor que vayamos a otro lado" 


•••

Después de un rato de hablar y ponerse al día en algunos tópicos, ambos se encontraron sentados en la mesa de la cocina... Ahora vacía en este momento del día y sin ninguna monja a la vista, Joaquin se dio la libertad de hacer té para ambos.
Té, una bebida aún algo nueva para el clérigo, pero también una costumbre que comenzó a amar con el tiempo desde su llegada a esa iglesia.
Sirvió un vaso para Malek y empujó la charola con lo que parecían galletas hacia el... Había algo tan -domestico- en esta sencilla situación.

"Siempre me he preguntado cómo pueden comer tanto dulce en este lugar"
Exclamo el caballero con una sonrisa burlona mientras se llevaba una de las piezas a la boca.

"Es la misma pregunta que me hago desde que llegué" 
Fue la respuesta del clérigo la cual hizo que ambos compartieran una calida risa.
Por un momento sus miradas se encontraron y entonces el obispo sintió una increíble calidez en su estómago...
Bueno, calidez que le atribuyó a la caliente bebida bajando por su garganta.
Que más podría ser?.

"No te gusta el dulce?"

Joaquín miro sobre su taza y solo desvío la mirada sin prestar tanta atención.

"Nunca fui muy partidario de la miel...
Además estoy ayunando."

Fue lo único que respondió a eso, por alguna razón que el ignoraba totalmente, el simple hecho de pensar mucho en la comida o en comer lo hacía sentir aquel vacío en su estómago solo haciéndose aún más grande y doloroso por lo que solo intento cambiar inmediatamente el tema a cualquier otra cosa mundana... 
Chismes tal vez, amargas palabras saliendo de la boca de Joaquín que solo mostraban lo vacío que realmente estaba por dentro y justo cuando soltó risas cortas terminando de escupir su conversación, el caballero no dejo pasar esas miradas ocasionales del clérigo hacia las galletas así que este solo le sonrió maliciosamente y tomo una entre sus dedos.

Sin pensarlo dos veces este se inclino levemente hacia enfrente, levantando la galleta hasta rozar los labios de Joaquín.

"Que estás..."

Su cuerpo se paralizó en ese momento... de cualquier reacción esperada, está era la única cosa que nunca imaginó que podría llegar a pasar. Totalmente congelado, Joaquín solo hizo una mueca de confusión, arqueó una ceja, partió sus labios para protestar ante este infantil y humillante acto pero en el momento que su boca se abrió lo más mínimo, pudo sentir como una pieza de galleta fue empujada con cuidado hacia adentro.

Ambos hombres se miraron fijamente, uno sorprendido ante esta abrupta acción y el otro simplemente sonriendo sin tener idea de lo que acaba de desatar en las entrañas del clérigo.
Joaquín solo dejo que esa pieza azucarada se deslizara lentamente más adentro de su boca hasta que las yemas de esos dedos rozaran sus labios, simplemente dejando al hombre perplejo....

Sus mejillas se pintaron en contraste con su pálida piel... Cómo se atrevía....
Que pasaba por su mente? Joaquín, un hombre respetado en la iglesia, el obispo pudo sentir como algo se retorcía en su estómago, como este sucio hereje, este esclavo se atrevía a hacer una cosa tan denigrante, tan infantil... Humillarlo de esa manera la osadía de-!

"Bueno, no creo que a Dios le importe una galletita" 

Oh.
Oh... Por supuesto.
Este era Malek, Malek su amigo Malek, Roque el caballero, el hombre al que bautizo con sus propias manos, quien rezaba a la orilla de su cama mientras dormía... Roque.

Al darle un vistazo a esa suave expresión sintió un apretón en sus entrañas mientras ese alimento bajaba por su garganta, por un momento al mirar esa cálida y burlona sonrisa junto al brillo de aquellos claros y gentiles ojos, ya no encontraba coraje en su estómago, ni en sus mejillas... Ni en su corazón.

Fue entonces que Joaquín, sin ninguna razón explicable...
Sintió una gran necesidad de comer una cucharada de miel.