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—¿Estás seguro de esto? —cuestionó un atemorizado y tembloroso Jisung aferrándose a la manga de su camisa sin dejar de mirar a los lados totalmente nervioso.
Entendía el enojo de su amigo pero no lo compartía. Jisung continuaba pensando que Jeongin estaba siendo irracional.
El omega le lanzó una mirada a su amigo que le hizo callar. Bien, él también estaba comenzando a arrepentirse del loco plan que había formulado con la cabeza caliente pero ya estaba aquí y nunca había llegado tan lejos en el pueblo sin la compañía de uno de sus guardias así que realmente, no podía arrepentirse.
Era tarde por la noche, habían tenido que esperar hasta después de la cena y los preparativos nocturnos para poder escapar sin que nadie los notara. Su mejor amigo Jisung había estado de visita por su boda, que sería mañana, cuando había llegado aquella carta firmada con el sello del rey afirmando que era suya aquella estúpida y tan terrible petición. Se sentía tan indignado. Ya era horrible tener que casarse con un hombre del que no conocía nada más que historias que lo tachaban como un tirano cruel y sin escrúpulos.
Jeongin no quería casarse con él.
No quería y aún así se había mantenido tan casto como era debido.
¿Cómo se atrevía este a dudar de su pureza?
¡Lo odiaba!
Lo había sometido a un examen de lo más humillante e incómodo solo para comprobar que su adquisición estuviera intacta. Estaba tan enfadado con aquel hombre que ni siquiera le importaba que fuera su mismísimo Rey. Lo odiaba y odiaba tener que darle el gusto de que fuera el primero. No se merecía dicha victoria y no le importaba lo aterrador que era o que estaba metiéndose en serios problemas que podrían traer todo tipo de consecuencias. En este momento, solo quería devolverle un poco de su propia medicina al imbecil de su prometido.
—¿Jeongin? —murmuró esperanzado su mejor amigo al verlo detenerse en medio del camino pero pese a sus deseos, Jeongin no había cambiado de opinión.
Tomó la mano de Jisung y lo jaló haciendo que se detuviera en el mismo sitio que él.
Era una cantina.
Hombres y mujeres entraban y salían; algunos tan ebrios que se tropezaban y caían. Los omegas vestían ropas cortas y provocadoras que atraían la atención de los alfas en el lugar, habían soldados y personas del común. El lugar estaba repleto. Probablemente ante la emoción de saber que mañana sería la boda real tan esperada durante años.
A Jeongin lo habían prometido al alfa en cuanto este fue coronado como Rey.
Eso había sido hace cinco años y hasta ahora nunca se habían visto en persona.
Nunca se había interesado en conocerlo.
La prueba de castidad solo había acabado con su paciencia.
—Te diría que regreses al palacio si no quieres estar aquí pero te perderías tú solo. —murmuró sin apartar la mirada del lugar. Era extravagante y grotesco; no como nada que conociera.
Jisung se detuvo a su lado viéndose como un animalito asustado. —¿Y si... y si mejor venimos otro día con Binnie de compañía? Seguramente tampoco esté de acuerdo pero sabría que lo harías igual a sus espaldas y preferiría acompañarnos. —era razonable.
El hermano mayor de Jisung era uno de los alfas más agradables que Jeongin conocía. Era mayor que ellos por menos de un año así que siempre se apoyaron en todas sus travesuras por más descabelladas que fueran.
—No. —dijo y su voz de hecho, tembló. Muy en el fondo en verdad solo era un omega más en busca de la aprobación de su pareja, nada de esta valentía que mostraba era más que una fachada guiada por el enojo. Su madre lo clasificaría como un berrinche. —Debe ser ahora... Mañana será la ceremonia y ya no tendrá sentido después de eso. —dijo observando su alrededor.
Se cruzó de brazos intimidado ante los hombres que se habían fijado en ellos. Estaban en la entrada de la cantina con jarras de cerveza en sus manos y miradas vacías demostrando que no estaban del todo sobrios. Jeongin apartó la mirada al escucharlos reír en algo asqueroso que vibro contra sus oídos y se contuvo de decirle a Jisung sabiendo que el pobre colapsaría de la ansiedad.
Debía reconocer que su plan era una tontería. Ellos no eran omegas pueblerinos ni tampoco tenían la confianza que uno de ellos podría poseer. No pasarían desapercibidos entre todos los presentes debido a la calidad de su ropa y al porte sofisticado de los omegas nobles.
Ninguno de ellos había pensando en algo como eso. En lo fácil que las cosas podrían descontrolarse y salir mal. Podrían robarlos, ultrajarlos y todo tipo de cosas desagradables que ahora mismo no podía imaginar.
Tragó pesadamente y tomó la muñeca de Jisung con fuerza jalándolo hasta otro extremo del lugar. No tenían que ir a esa cantina en específico, solo era la primera que encontraron, podían continuar su camino hasta llegar a un lugar mucho mejor. Lo cual fue más fácil de lo esperado.
No era mucho mejor que la anterior taberna pero estaba... bien.
Había menos gente y pudieron entrar sin problema. Más que solo un roce de hombros y olores desagradables golpeándolos al cruzar la puerta de entrada.
¿Qué demonios estaba haciendo? Se cuestionó en cuanto se sentó en una de las sillas de madera frente a un tipo de barra larga donde habían más personas bebiendo, riendo y celebrando metidos en su propio mundo.
Al menos, en medio de su inocencia agradeció que nadie se había fijado en ellos.
Jisung parecía pálido sentado a su lado encogiéndose ante cada ruido demasiado alto o ante los gritos de las personas ebrias a su alrededor. Jeongin también se sorprendió, cuando un alfa diferente se detuvo frente a ellos, era mucho más joven que la mayoría de viejos y borrachos en el lugar y tenía una sonrisa amigable en su rostro. En uno de sus hombros había un trapo que seguramente usaría para limpiar y alrededor de su cintura había un delantal que caía flojamente en su uniforme desgarbado y medio sucio.
Jeongin se quedó quieto. Tan quieto que hasta aguantó la respiración mirando al alfa y esperando a ver cuál sería su siguiente movimiento. Estaba cerca pero continuaba separado de ellos por la barra de medio metro de ancho.
—¿Están solos? —fue lo primero que preguntó antes de cambiar su mirada a una que pretendía ser encantadora después de estudiarlos durante unos segundos. Jeongin dudó en asentir pero su pequeño movimiento de cabeza fue suficiente para alegrar al hombre quien golpeó la mesa con una de sus manos haciéndolos jadear por la sorpresa. —¡La casa les invita su primer trago entonces!
Jeongin abrió sus ojos en grande y boqueó sin saber qué decir mirando de reojo a Jisung quien estaba igual de perdido. El escándalo había atraído la mirada de un grupo de borrachos y también de las personas un poco más alejados compartiendo mesas individuales.
—No creo que...
El hombre lo desestimó con una de sus manos. —Se ve que no son de por aquí. —explicó sin dejar de servir un par de cosas que no pudieron ver del todo por los movimientos rápidos y ágiles del desconocido. Los miró y les tendió ambas bebidas. —Para que se sientan bienvenidos. —dijo guiñándoles un ojo.
Trago pesadamente y se obligó a sonreír sintiéndose más que tímido y acechado, acercó una de sus manos temblorosas para tomar la bebida que el alfa le tendió y Jisung hizo lo mismo. El hombre desapareció en seguida yendo a servir más jarras de cervezas y bebidas al resto de comensales dejándolos aturdidos por lo que acababa de pasar.
Jeongin acercó este a su rostro y el aroma irritó su nariz, miró a Jisung quien había dejado el vaso abandonado en la mesa sin intenciones de beberlo. Sus ojos abiertos como platos lucían aterrados y como si hubiera visto a un fantasma.
—Solo estaba siendo amable, ¿No? —dijo intentando tranquilizar a su amigo y a él mismo a la vez. Su terquedad impidiéndole aceptar que estaba cometiendo un error.
Al darle una mirada al contenido en su vaso se decidió a qué este no lucía tan mal, era un líquido ámbar cuyo olor le hizo arrugar la nariz ante lo pesado que era. No estaba acostumbrado al alcohol y estaba seguro de que este superaba los grados aptos para una bebida apropiada. Trago saliva pesadamente y sabiendo que Jisung lo miraba se decidió por beber, acercando la copa lo suficiente a sus labios como para sentir el frío cristal tocando la punta de su lengua pero antes de que pudiera tomar algo de aquel líquido el vaso fue robado de sus manos con brusquedad.
Jadeo levantando la mirada en dirección contraria a Jisung para encontrarse con un hombre alto y musculoso vestido de pies a cabeza con ropa negra y ligera, cuyo rostro parecía llevar una eterna mueca malhumorada. Apenas se le permitió reaccionar cuando este volcó la bebida al piso y dejó el vaso vacío en la barra con un golpe sordo, Jeongin escuchó como a sus espaldas alguien más también tiraba el contenido del vaso de Jisung.
—¿Qué...? —intentó hablar pero tan nervioso como había estado y sumado a la sorpresa y susto que se había llevado no pudo formular una pregunta real.
El ceño del pelinegro se frunció y revolvió su cabello corto hacia atrás con lo que parecía ser frustración tensionando los músculos de su cuello y mandíbula. —No tomes esa mierda. —el alfa ordenó entre gruñidos que le erizaron la piel, alerta. Su voz profunda y ronca pero aún así también tenía una calidez inusual que inundó todos sus sentidos con solo oírle. —¿No te enseñaron el tipo de cosas que alfas como ese le quieren hacer a omegas como tú? —cuestionó ante su silencio aturdido.
Jeongin ladeó su cabeza. —Omegas como yo. —repitió sin saber cómo tomarse tales palabras.
—Si, omegas bonitos y perdidos como tú. —respondió sin inmutarse.
—No estoy perdido. —trató de defenderse pero su voz salió insegura y el sonrojo creciendo en sus mejillas lo delató.
Bonito.
Ese hombre le había llamado bonito.
Hyunjin se sentó a su lado y su cuerpo era tan grande que ocupaba parte de su propio espacio personal, lo que provocó que sus rodillas se chocara y sus pies se enredaran. Jeongin se tensó inmediatamente y al tratar de poner algo de distancia entre ellos, casi tropezó si no fuera por la mano que lo sostuvo en su asiento. Su torpe comportamiento empeoró al sentir su toque directo contra la piel de su brazo.
—Podrías engañarme. —bromeó sin dejar de acariciar el dorso de su mano con tal control que solo miró inerte como la yema de su dedo se presionaba contra su piel pálida en total contraste con el tono ligeramente tostado del alfa.
—N-no me toques. —titubeó alejándose nervioso con su corazón galopando acelerado. El alfa no pareció ofendido por su rechazo al contrario sonrió y llamó la atención de una de las camareras del lugar ordenándole algo que Jeongin no entendió del todo hasta que fue dejado frente a ellos. Una botella oscura con varios sellos en la parte inferior, el líquido espeso y de un color rojo como la sangre. Hyunjin lo descorchó frente a sus ojos y sirvió dos copas antes de tenderle una de esas, a lo que Jeongin arqueó una de sus cejas dudoso. —No debería recibirle bebidas a extraños, ¿No fue lo que dijiste hace un segundo cuando tiraste groseramente mi vaso?
Algo brilló en los ojos del mayor, la comprobación pura de que no había sido reconocido por el omega quien lo retaba con su barbilla alzada testarudamente.
—Si vas a beber algo debería ser de esta forma. Un vino lo suficientemente agradable recién descorchado solo para ti.
Jeongin tembló cuando sus dedos se rozaron pero trató de no parecer afectado aceptando la copa pero negándose a beberla.
—¿Y por qué harías tú eso por mi? —tal vez su tono era lo suficiente descarado e informal como para sorprenderlo porque este le dio una mirada deleitado, observándolo como si lo hiciera por primera vez y aprobara lo que veía.
Al omega no debería agradarle tanto tener esa atención pero una parte suya se regodeó de gusto.
—Soy un caballero. —su voz salió ronca y pesada sin apartar la mirada de los labios rosados y visiblemente esponjosos del omega. Se veían tan dulces. —¿Qué clase de caballero solo se quedaría mirando ante una situación como esa?
Jeongin estuvo en acuerdo silenciosamente pero de cualquier forma, su inconformidad no fue pasada por alto por Hyunjin. Sus ojos cayendo en el alcohol servido sintiendo dudas y mucha incertidumbre.
Pero Hyunjin volvió a sorprenderlo colocando su mano encima de la mucho más pequeña y delicada del omega que descansaba alrededor de la copa y la llevó hasta sus labios tomando un trago de esta para demostrarle que podía confiar en sus palabras. Jeongin se quedó sin aliento, sobreestimulado ante la cercanía y la falta de decoro del alfa que había acortando el espacio entre ellos al punto en que Jeongin podía atrapar su aroma sin ninguna clase de esfuerzo. Respiro muy lentamente llenando sus pulmones con timidez de su aroma robusto y penetrante que llenó sus fosas nasales y sentidos con un cedro que se mezclaba con algo más que no puede discernir pero que es como el cuero y café. Se le hizo la boca agua. Jeongin desearía que su aroma fuera así de bueno. Era adictivo. Sin apartar la mirada ambos hicieron contacto visual como si supieran lo que pasaba, como si el hombre pudiera saber lo que pasaba entre las piernas del omega y en los pensamientos en su cabeza. Sintiéndose caliente se alejó, una fiebre subiendo por su cuerpo y depositándose en su vientre y mejillas. Todo lo que sabía era que quería girar la mano y entrelazar sus dedos con los del desconocido, lo cual era... bueno, algo extraño.
Hyunjin se alejó solo un poco después, dejando ir su mano y el calor que había traído con su cuerpo, sintiéndose tan frío que había olvidado el propósito tras su repentina cercanía. Vino. Por supuesto. Mismo que el alfa ahora bebía, esta vez, desde su propia copa. Observó como este bajaba por la fuerte garganta del alfa quien no dejó de mirarlo ni por un segundo y Jeongin se sintió bajo combustión.
Parpadeo saliendo de su ensoñación y miró nuevamente a su copa, balanceando el contenido, la acercó a su rostro y el olor esta vez fue dulce y aunque era intenso no le hizo arrugar la nariz del asco, contrario a ello sintió la boca seca deseoso de probar un poco. Mirando al pelinegro a través de sus pestañas finalmente bebió un sorbo, el alcohol dulce y sedoso se deshizo en su boca y fue mucho mejor de lo que esperaba. Hyunjin no había mentido. Era como la miel y aún así se sentía deliciosamente ensordecedor.
Su gemido de sorpresa alentó al alfa a reír. —Te gusto, ¿huh?
No queriendo darle el gusto, devolvió la copa a medio tomar al borde de la barra. —No está mal. —susurró con voz neutra.
Ante la risa burlesca del alfa se encogió sabiendo que había fracasado en mantenerse indiferente.
—¿Puedo preguntar que hace un omega como tú aquí?
La razón por la que había escapado del palacio llegó a su cabeza y se ruborizó ante lo absurdo que aquello sonaría.
Arqueó una de sus cejas cruzándose de brazos. —Haz resaltado el "como yo" dos veces, ¿Qué tengo de diferente? —reclamó a la defensiva pero la sonrisa atractiva en el rostro del alfa continuaba pulsando sus botones adecuadamente.
—No soy ciego, omega y todo de ti es un foco de luz diciendo que no perteneces a este lugar, ¿Así que, qué fue lo que te orilló a venir hasta aquí, a una zona tan peligrosa a solas?
Jeongin titubeó dos veces casi tirandose el vino encima cuando una mano grande y cálida se movió para descansar en su muslo afianzando la fuerza de sus palabras. Asumió que era por lo atractivo que era el alfa o tal vez por lo al límite que estaba por todas sus travesuras del día pero no podía respirar adecuadamente. Ni mucho menos pensar.
Trató de centrarse y responder.
Le habían hecho una pregunta.
Una pregunta que comenzaba a deslizarse de su cabeza reemplazada por la mano que acariciaba sutilmente sobre su rodilla. Las capas de ropa impidieron que llegara a su piel pero de alguna forma u otra continuaba sintiéndolo como si estuviera desnudo.
Parpadeo mirando lo bien que las venas resaltaban en la mano del alfa subiendo por su antebrazo y perdiéndose en la manga arremangaba hasta sus bíceps.
Pero Jeongin no estaba solo.
Sobresaltado recordó a su amigo. —Ji... —pronunció solo para interrumpirse al verlo hablando con el mismo alfa que había llegado en compañía del hombre frente suyo. Jisung estaba lejos de estar disgustado y hablaba hasta por los codos, riéndose y viéndose tan cómodo con aquel desconocido que Jeongin pensó que tal vez algo había poseído al omega porque este era de carácter tímido, nunca en el pasado había sido capaz de tener una conversación de dos palabras con un solo alfa.
—Estará bien. —dijo Hyunjin.
Parecía estarlo, admitió. Lo cual era más que bueno porque se había sentido culpable de arrastrarlo en esta locura de viaje y había temido que le pasara algo y aún tenía ese miedo, por lo que deberían irse, si, debían irse antes de que todo se fuera a la mierda otra vez. Podrían estarlos buscando o incluso, algún borracho podía intentar algo... Jeongin había sido tan tonto y apresurado, su enojo no le dejó pensar en lo absoluto.
Debían irse pronto pero...
—Mírame, omega.
Levantando la mirada parpadeó varias veces sintiéndose acalorado por la atención. Se sonrojó al ver la sonrisa naciente en el rostro del pelinegro al igual que sus oscuros ojos que lo observaban como si fuera algo digno de su admiración.
—Buen chico. —masculló con sorna.
Se estremeció y quiso ronronear bajo su toque, la aprobación solo lo hizo peor para el ansioso omega. No quería irse, no cuando implicaba escapar del escrutinio del alfa más atractivo que había conocido en su vida. No debería sentir este deseo pero era tan fuerte e intenso que empujaba el resto de sus inhibiciones y también lo volvía incoherente. Debería volver al palacio y poner a salvo a Ji y a si mismo. Era un noble, sus padres eran duques y tenía una educación exquisita y llena de buenos valores y lo más importante de todo eso, era que mañana se casaría con un rey.
El no... el definitivamente no debería estar deseando fundirse bajo aquel alfa. No solo estaba traicionando a su futuro esposo sino también a si mismo.
—Estas pensando muy fuerte. —bromeó acariciando la mejilla caliente con sus nudillos. Jeongin se inclinó más cerca y receptivo. —¿Qué te preocupa, bonito?
Su pecho se apretó y contuvo el aire con la garganta hecha nudos por los nervios. Inhalo temblorosamente varias veces.
—Debo... debo irme.
Era lo correcto. Por más insufrible y cruel que fuera su futuro alfa él le debía su completa entrega y devoción. No estaba nada bien lo que había intentando. Estaba poniendo en riesgo su matrimonio y el acuerdo de sus padres por un berrinche.
Hyunjin asintió. —Deberías. —estuvo de acuerdo con facilidad pese a que no se alejó ni rompió el toque de sus piernas entrelazadas o de su mano en su muslo y la otra en la mejilla.
Estaba avergonzado y arrepentido. El no era de esta forma, no era impulsivo ni rencoroso. Su prometido estaba en todo su derecho de pedir una prueba de pureza. No tenía sentido enojarse, no, él estaba mal. Muy mal. Pero aún podía remediarlo.
Aún podía alejarse.
E irse.
Hasta ahora no había hecho nada malo.
Pero... no se movió.
Ninguno de los dos se alejó. Hyunjin acortó la poca distancia y entonces, sus aromas se mezclaron. El cedro sobreponiéndose al jugoso aroma a melocotón del omega que era tierno y delicado. La atención del alfa cayó en el cuello ajeno cuyo pulso estaba cubierto con un collar de encaje blanco que ocultaba tanto como podía la fuente de su aroma. La obsesión se acumuló al imaginarse rompiendo este y hundiendo su rostro entre el pliegue de su clavícula pronunciada.
Justo cuando estaba a punto de unir sus bocas, el alfa recordó algo y miró a su alrededor asegurándose que nadie los observara. Sería poco prudente que alguien lo hiciera y terminara reconociéndolo. Tomando la mano del omega que continuaba dócil lo llevó hasta otro lugar, uno mucho más oscuro y aislado que el resto de la cantina en qué se había metido.
Jeongin se olvidó de su culpa y de sus deberes. Hyunjin de su verdadero objetivo al acercarse.
La nariz del alfa se presionó a su mejilla y este casi se desvanece, su espalda contra la pared no le dejaba ir más allá por lo que ambos cuerpos estaban presionados uno contra el otro sin dejar nada de espacio entre ellos. Una mano grande y pesada descendió desde la curva de su cintura a su cadera y subió hasta detenerse en un lugar más seguro, envolviendo sus dedos alrededor de su antebrazo. El tacto igual quemó a fuego vivo.
Mordió su labio inferior con fuerza temiendo hacer algún ruido que delatara lo que pasaba al resto de personas a su alrededor. Se habían alejado del centro de la cantina pero aún podía oír el ruido de las charlas, gritos y risas al igual que el choque de copas y pasos.
Los labios de Hyunjin rozaron la comisura de su boca pero no lo besó. Su aliento cálido chocó contra su mejilla y sus ojos le observaron analíticos como si volviera a darle la oportunidad de acobardarse y huir.
No se movió, no se alejó ni un solo centímetro apoyando sus manos en sus hombros y entonces, su respuesta fue más que clara para ambos.
