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Darkness and Secrets

Summary:

Draco Mafoy, príncipe de Slytherin y un codiciado doncel, se ve obligado a casarse con el general Harry Potter, quien tiene una mala fama en el reino de Hogwarts. Rodeado de oscuridad, un atisbo de luz y un peligroso camino, llevan a Draco a descubrir que todo lo que sabe es una posible mentira

Notes:

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Chapter Text

El sonido de los tacones acercándose lo ponían nervioso, la piel se le erizó, intentó no apartar la mirada de la ventana que daba el pueblo gris de Slytherin. Tenía sus brazos cruzados, trataba de fingir indiferencia, pero cada vez que pensaba en lo que le esperaba el siguiente mes, simplemente lo incomodaba. Un mes en el que aprendería a cómo someterse ante el poder de alguien a quien ni siquiera a visto en persona, el cómo tendría que soportar los abusos y la triste vida al lado de un hombre que no ama, y que probablemente, nunca amará. 

—Señor Malfoy, es un placer verlo finalmente. —La Matrona estaba parada bajo el arco de la puerta, Draco podía verla a través del leve reflejo de la ventana—. Sus padres me explicaron todo a detalle así que no debe preocuparse por explicar nada, solo debe sentarse y podremos empezar con la primera clase. 

Draco no se movió, aunque hubiera querido; su cuerpo entró en un estado de alerta que le impedía moverse al sillón ubicado frente a la pizarra en la que la matrona escribía. Todos sus nervios le advertían peligro, como si a sus espaldas tuviera a una serpiente venenosa que ante el mínimo movimiento en falso, atacaría. 

—Señor Malfoy. —Un frío inexplicable le recorrió la espalada—. Siéntese. 

Se dio media vuelta, evitando mirar a la señora, fijó su mirada en su vestimenta en su lugar. Un horrible vestido rosado con brillos que distraían, llevaba plumas en las mangas, unas horribles medias del mismo color que el vestido y zapatos de charol negro. Su vestimenta era igual de desagradable que la misma Dolores Umbridge. Chillón, colorido pero horroroso, además que el llamativo color no iba con la asquerosa personalidad de mierda de la matrona. 

Especializada en la educación para donceles, sus padres contrataron a la matrona Dolores Umbridge luego de haber sido comprometido en contra de su voluntad con un general de la guardia de Gryffindor. La matrona estaba únicamente ahí para educarlo apropiadamente para su nueva vida. Pasar de una desgracia disfrazada por el oro que lo rodeaba, a otra desgracia opacada por el brillo de las placas de honor de un hombre del que nadie tenía una opinión positiva. 

—Bien. El día de hoy es nuestro primer día, así que empezaremos con lo básico e iremos aumentando hasta aquellos detalles que solo los mejores donceles tienen. Usted, señor Malfoy, debe dominar estos últimos con una precisión quirúrgica, ya que es un príncipe después de todo. —La matrona caminó alrededor del sillón como cazador que rodea a su presa antes de devorarla—. Siéntese recto —dijo mientras ponía su larga regla en la espalda para enderezarla—, cabeza arriba, brazos a los costados y piernas levemente inclinadas a la izquierda. —Mientras decía esto, iba apuntando con la regla y corrigiendo la postura—. Desde ahora en adelante, tendrá que mantener la pose durante las horas que esté aquí, es importante que un doncel tenga una buena postura, debe demostrar que está orgulloso de estar ahí para, en su caso, su esposo. 

La mujer caminó hasta quedar frente a Draco de nuevo, quien ahora estaba obligado a ver su alargada sonrisa, dándole una forma de sapo a su cara, y su maquillaje, que definitivamente no le quedaba. Draco obligó a su mente a difuminar su rostro para no terminar soñando por la siguiente semana con esa expresión. 

La clase fue eterna, el reloj que Draco tenía en frente, solo tenía que subir un poco la mirada cuando la matrona no veía, parecía no mover sus agujas. Cuando pensaba que pasaron veinte minutos, en realidad habían pasado solo cinco. Su cuerpo empezaba a resentirse al no estar acostumbrado a aquella posición y sus ojos se cerraban en contra de su voluntad. 

Cuando sus ojos se volvían a cerrar por décima vez en la clase, Draco sintió un golpe en su muñeca, lo que lo sorprendió por completo, haciendo que retrocediera, sosteniendo el lugar que ahora escocía. No podía comprender la expresión de la mujer: por un lado, su ancha sonrisa seguía ahí, pero por otro, sus ojos estaban abiertos completamente y su pupila contraída en su totalidad.  

—¿Le parece aburrida mi clase, señor Malfoy? —preguntó con su voz chillona y una calma que le inquietaba.

—¿Tengo que responder a la pregunta? —Otro golpe cayó sobre la mano que sostenía el golpe anterior. Draco frunció el ceño y el sentimiento de incomodidad se empezaba a transformar en ira—. ¿Qué mierda le pasa? ¿Quién le dio derecho a golpearme? 

—Sus padres, señor Malfoy. Ellos me dieron el derecho de hacer todo lo que fuera necesario para que no avergüence el apellido familiar comportándose como un completo idiota frente a su esposo. —Se dio vuelta y escribió en el pizarrón, con la tiza chirriando sobre la superficie—. Si se cometen tres faltas o errores, lo golpearé una vez, si se cometen cuatro, golpearé dos veces, y así sucesivamente. —La matrona se dio vuelta, su voz adoptó un tono que fingía compasión—. No quiero golpearlo, señor Malfoy, no me agrada la idea de dañar su preciosa piel, pero si las circunstancias lo ameritan, no tendré otra opción. 

Draco mantuvo su vista fija en el rostro nuevamente borroso de la mujer, su ceño estaba fruncido y su respiración era irregular. Mordió su lengua para no responder, si lo hacía, recibiría tres golpes, y no creía aguantar un reglazo más sin lanzarle el objeto más cercano a la cara. 

—Ahora, continuemos con la clase. 

*----*----*----*

—¿Cómo le fue? —escuchó la voz de su madre mientras subía las escaleras a paso rápido hacia su habitación. 

No le interesaba en absoluto escuchar cómo esa perra le cuenta a sus padres que lo golpeó y que ellos no iban a hacer nada para detenerla. Ya estaba bastante enojado con ellos al casarlo con Potter, no creía soportar otra estupidez más por parte de sus progenitores. 

Se encerró en su habitación, se movió directamente a la cama, se tiró boca abajo y ahogó sus gritos contra la almohada. Gritó hasta que la garganta le dolía cuando pasaba saliva. También le ardían los ojos, en algún punto de su desahogo empezó a llorar. Se sentía miserable, atrapado entre sus padres, la matrona y el general Potter; quien a pesar de no estar ahí, su simple existencia lo agobiaba. 

Si el maldito Harry Potter no se hubiera involucrado en el conflicto político entre Slytherin y Gryffindor, dejando al pueblo de Draco sumido en la miseria y a sus padres entre la espada y la pared, él no se hubiera visto obligado a casarse con Potter para intentar establecer conexiones con el pueblo del león para mejorar su situación económica. Y lo odiaba por eso, deseaba que un día antes de la boda, un mercenario con sed de venganza por Potter lo matara y Draco fuera libre. 

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el leve toque en su puerta, y una voz calmada habló del otro lado: 

—Jovencito Malfoy, soy yo. —Dobby, el único ser humano que parecía entenderlo—. Le traigo un té caliente y galletas de chocolate. 

Draco se levantó con algo de dificultad y quitó el seguro de la puerta, se volvió a tumbar en su cama mientras su viejo mayordomo entraba en la habitación. Cerró la puerta tras él, se acercó a la cama y dejó la bandeja en la mesita de noche para luego sentarse sin decir nada. 

—No me quiero casar. —Draco se sentó con las piernas pegadas al pecho—. No quiero vivir atado a un idiota pirómano y posible psicópata. 

—Tiene una impresión muy mala del General Potter, por lo que veo. —Dobby sonrió levemente—. Aunque no es mi intención cambiar esa impresión, tendrá que cambiarla usted solo con el paso de los días a su lado. 

—¡No quiero cambiar mi impresión de él! ¡Quiero seguir pensando que es un maldito imbécil! —Draco golpeó el colchón con ambas manos—. ¡Quiero seguir siendo ajeno a su realidad! ¡Quiero seguir viviendo en la ignorancia! 

Las lágrimas volvieron a acumularse en sus ojos y se sentía estúpido por verse tan vulnerable frente a su mayordomo. No era del todo raro, ya que la mayor parte de su vida y sus recuerdos fueron al lado de Dobby. Que se permitiera sentir vulnerable era el resultado de su aprecio a aquel señor pálido con orejas raras y ojos saltones. 

—Pero no lo podrá hacer —dijo con calma—, tendrá que estar al lado de ese pirómano y posible psicópata hasta que sus padres logren mejorar la situación de Slytherin, y si es de consuelo, conozco personalmente al señor Potter. 

—¿Y por qué eso sería de consuelo? —preguntó Draco con enojo. 

—Porque puedo decirle de la educación que sus padres le acaban de imponer, y créame cuando le digo que al señor Potter nada le agrada la señora Dolores. —Draco alzó ambas cejas, trataba de encontrar un deje de burla en su expresión. Nada—. El señor Potter es famoso de una mala forma, pero es porque conocen al general Potter y no a Harry Potter en sí, son personas muy diferentes, y como el viejo mayordomo que conoció al señor Potter tanto como lo conoce a usted, le puedo prometer que no es nada de lo que los periódicos dicen. 

Draco no podía creerle al mayordomo, no porque este sea mentiroso; es solo que su cerebro se negaba a imaginar que Potter fuera diferente de lo que su imaginación  había planteado. Tomó la bandeja y se dedicó a comer, tratando de no pensar en lo que Dobby le acababa de decir. 

—¿Quiere que le diga? 

—¿Perdón? 

—Como ya le dije, puedo comentarle al señor Potter de esta situación. —Draco alzó sus hombros.

—Hazlo, de todas formas nada va a pasar. 

Dobby le dio una sonrisa que mostraba que se iba a equivocar, se levantó de la cama, acarició levemente el cabello rubio y salió de la habitación, dejando solo a Draco con sus pensamientos. 

*---*---*---*

Al día siguiente, Draco bajó a la biblioteca donde recibía las clases. Tomó un libro para esperar a la matrona, pero los minutos pasaban y nadie llegaba. Draco sintió algo extraño. ¿Dobby dijo la verdad? ¿Potter obligó a sus padres a cancelar las clases con la matrona? 

Despreció los pensamientos y siguió leyendo, pero las tres horas de clases culminaron y nadie se había presentado, ni siquiera sus padres o Dobby para decirle que nadie vendría. Dejó su libro a un lado y salió de la biblioteca en busca de alguien que le dé una explicación. 

Cuando llegó a las escaleras que daban al salón principal del palacio, distinguió la voz de su padre, hablaba con alguien cuya voz no reconocía. Se quedó parado en el inicio de la escalera, aguzando el oído para escuchar la conversación: 

—No se preocupe, general Potter. —Draco abrió los ojos y se acercó más a la pared, bajando un escalón para estar más cerca—. Creí que educar a Draco sería una excelente forma de que su comportamiento sea de alguien digno para estar con usted. 

—¿Comportamiento digno? —La voz de Potter era profunda, además, utilizaba ese tono que causaba escalofríos—. Creo que Malfoy es completamente capaz de comportarse por su cuenta, ya no es un niño, es un adulto. 

—Sí, así es —dijo con nerviosismo su padre—, pero Draco suele ser difícil a veces, además, un doncel debe tener una buena educación en modales. 

—Yo creería que todos deben tener una buena educación en modales. Si todos la tuvieran, no tendrían el pensamiento de que son los donceles los que deben mantener la cabeza gacha y ser sumisos. Pero supongo que no todos tienen esa educación. —Su padre se quedó callado, Draco casi podía imaginar la expresión pálida de Lucius—. Espero no volver a escuchar que Draco es sometido a cualquier clase de educación que se considere para donceles, si llega a ser el caso... Espero que no. 

Escuchó cómo los pasos se alejaban hacia la puerta principal. Draco se levantó y corrió hacia las habitaciones de servicio, cuando llegó, tocó con insistencia la puerta del cuarto de Dobby. 

—¿Fuiste tú? —preguntó en cuanto el mayordomo abrió la puerta— ¿Tú le dijiste a Potter sobre la matrona? 

—Usted me dijo que lo hiciera, y por su reacción, supongo que escuchó la pequeña conversación del señor Potter con su padre. —Dobby esbozó una sonrisa—. Le dije que el señor Potter y el general Potter son muy diferentes. 

*---*---*---*

La vida de Draco volvió a la normalidad luego de ese pequeño encuentro de Potter y su padre, y aunque él nunca le dijo sobre la conversación que tuvo con él, solo le informó que la matrona no volvería debido a unas "calamidades domésticas". Draco intentó no reírse para que su padre no sospeche, y solo fingió inocencia. 

Mientras desayunaba con sus padres transcurrida una semana luego de que la matrona se haya ido, uno de los sirvientes entró con una carta con un característico sello rojo: un león en el centro. Draco tomó la carta y la analizó, no decía nada por fuera. Sus padres lo veían fijamente mientras Draco abría la carta. 

—¿Qué dice? —Su padre trató de fingir indiferencia, pero disimular nunca fue su fuerte. 

—Al parecer Potter quiere que decida dónde celebrar la boda. 

—¿Tú? —La confusión en la voz de su madre era comprensible.

Era normal que los donceles no intervinieran en los detalles de la boda, ellos solo llegarían a la iglesia que escogió su esposo, comería la comida que también escogió, e incluso, vestiría lo que escogieron para él. No era normal que un doncel se encargue de ese tipo de cosas.

—Sí, yo. Al parecer puedo escoger el lugar, alguna preferencia de comida. —Draco leía la carta con desinterés—. También dice que no es necesario llevar las prendas tradicionales de un doncel.

—¡Imposible! —Su madre se levantó para arrancarle la carta de las manos. Se volvió a sentar cuando leyó por completo el contenido.

—De todas formas llevarás la vestimenta tradicional —intervino su padre. 

—No, no lo haré —dijo Draco con calma mientras volvía a su comida—. Potter dice que no es necesario, además estaba pensando en algo más bonito que esas horribles e insípidas prendas para donceles. 

—Debes llevarlas, es importante que mantengas la imagen limpia y pulcra de un doncel. —Su madre lanzó la carta al centro de mesa—. Potter dijo que no es necesario, pero no que no lo llevaras. Permitimos que no recibas la educación necesaria por el problema familiar de la matrona, pero esto es demasiado. 

—No entiendo, ¿Quién es el que se va a casar? ¿Tú o yo? 

—¡Draco! —Su padre golpeó la mesa con la palma de la mano—. No te permito que le hables así a tu madre. 

—¡Bien! ¡Lo siento!, pero es la verdad. Hasta ahora, nada de la boda lo he elegido yo, ustedes intervienen en todo. Potter me está dando libertad para hacer lo que quiera y eso haré, sino les gusta, pueden hablar con él. 

Draco se levantó de la mesa y tomó la carta, ignoró las advertencias de su padre y subió a su habitación, la cerró con llave y se recostó en la cama, releyendo la carta varias veces. Aún no se lo creía, las palabras de Dobby resonaban en su cabeza. 

No, no se dejaría llevar por las palabras de Dobby y un par de buenas acciones de Potter, seguiría repudiando al general hasta el día en que se pueda divorciar. E incluso después de su divorcio, lo seguiría odiando.