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He Dejado el Hogar que Conozco

Summary:

"Jiang Cheng. Mi esposo." Los dedos de Lan Xichen se deslizaron hacia arriba por el cabello de su nuca. "Por favor, discúlpame si soy muy directo. Si deseas hacer solo lo necesario y nada más, entonces eso es lo que haremos. Pero... el cuerpo tiene ciertos gustos, que pueden ser despertados con la práctica."

Traducción autorizada/Authorized translation of "I Have Left the Hearth I Know" by the amazing TrueColours.

Notes:

En este AU el transplante de núcleo de Wei Wuxian a Jiang Cheng nunca pasó. Como resultado, Jiang Yanli ahora es lider de secta, mientras que Jiang Cheng toma la responsabilidad de fortalecer la secta a través de una alianza matrimonial con Lan Xichen.

Esta traducción se publicó en Wattpad hace ya dos años, pero siempre quise publicarla aquí también! Les dejo el link aquí: https://www.wattpad.com/story/331466222?utm_source=android&utm_medium=link&utm_content=story_info&wp_page=story_details_button&wp_uname=Catupop

Work Text:

Había sido un día largo.

Se había aseado antes del amanecer, y otras manos lo vistieron capa tras capa con seda fina, adornada con cuentas y bordados de oro. Él y Lan Xichen habían presentado sus respetos en el templo; honrado a una sucesión de personas importantes y miembros de secta; escuchado como el intermediario matrimonial terminaba de nombrar una lista interminable de términos y obligaciones mutuas; clasificado documentos y firmado sus nombres. Esa parte se había sentido más como el negociar un tratado normal – y lo habían hecho juntos, justo como lo habían hecho varias veces en nombre de la longeva alianza de sus dos sectas. Habían navegado juntos por las complejidades, ayudándose el uno al otro.

No fue hasta que Lan Xichen estaba desatando la cinta sagrada de su frente y enrollándola alrededor de sus muñecas que la verdadera naturaleza de lo que estaba sucediendo lo golpeó de repente. La tela le hizo cosquillas en la piel, suave, pero insistente como una marca. Cuando se inclinó a tomar la copa ceremonial para celebrar su matrimonio, la cinta tiró de su muñeca. Tragó el vino con el estómago vacío, mirando a Lan Xichen por encima de la copa. Su cabeza dio vueltas.

Mientras que Lan Xichen bebía a su vez, buscó los ojos de su hermana. El matrimonio era bueno para la Secta Lan si la Secta Jiang prosperaba, pero por ahora sólo era bueno para la Secta Jiang. Se les prometió apoyo práctico, así como la renovación de su antiguo prestigio; los documentos matrimoniales lo estipulaban. Como Líder de Secta, ella debería estar feliz, pero en su lugar estaba mirando la cinta que lo unía a Lan Xichen, y parecía más bien preocupada. Más preocupada por su hermano que por su secta.

Jiang Cheng no le daría motivo de preocupación. No podía obligarse a sonreír ampliamente como tal – su sonrisa se habría visto muy falsa si lo hubiera hecho - pero miró la expresión de su nuevo esposo y trató de imitarlo. Lan Xichen se veía solemne y tranquilo. Tal unión, que jugaba con el destino no de dos corazones sino de las dos familias enteras involucradas, era después de todo un asunto muy serio. Jiang Cheng no dejó que su expresión flaqueara, a pesar de que la cinta de seda se sentía como un grillete alrededor de su muñeca.

El banquete fue más complicado. El asunto más serio había terminado, y lo siguió el júbilo estrepitoso, considerado casi obsceno por los Lan; e incluso demasiado para el gusto de Jiang Cheng. Ésta difícilmente era una unión por amor, y nadie pensaba que lo fuera, pero parecían dar por sentado que los frutos del matrimonio debían ser celebrados por todas las parejas, sin importar cuán dispares pudieran ser. Personalmente, Jiang Cheng habría evitado el matrimonio si se le hubiera presentado otra opción. Pero ninguna otra forma de alianza era tan inquebrantable. Y con su hermana ahora como la única capaz de liderar la Secta, le tocó a Jiang Cheng encontrar pareja. Por eso, hubiera preferido no escuchar las felicitaciones por las delicias inherentes de la unión a la que acababa de entrar.

Wei Wuxian estaba molestando más de lo normal, sus comentarios yendo mucho más allá de las nociones del buen gusto de los Lan. Jiang Cheng sabía que él buscaba grietas en su armadura, como si un comentario oportuno sobre la excelencia de su nuevo marido en la cama pudiera empujarlo a abandonar todo este teatro en el acto.

No tuvimos elección, quería regañarle. ¡Era esto o hacer que nuestra hermana se case con el Pavo Real, y sé que hubieras odiado la idea tanto como yo! ¿Qué es lo que quieres? ¿Que seamos solo los tres contra el mundo? Sonaba genial cuando teníamos dieciséis, pero así no funcionan las cosas.

Lan Xichen se inclinó delante suyo para servirle más vino. Su manga se estiró, bloqueándole la vista de Wei Wuxian brevemente. Sus ojos se encontraron cuando Lan Xichen le ofreció la copa. Jiang Cheng trató de aguantar las ganas de virar sus ojos ante el comportamiento de su hermano, pero su expresión pareció delatarle de todos modos, pues Lan Xichen le sonrió.

Traía un aire relajado y confiado en su lenguaje corporal desde la ceremonia, como si algo dentro de él se hubiera liberado cuando ató la cinta alrededor de la muñeca de Jiang Cheng. No era de sorprenderse que Zewu-Jun fuera tan bueno en 'estar casado' como lo era en todo lo demás.

Jiang Cheng se humedeció los labios con el vino y se tapó los oídos mientras los invitados abucheaban, algunos de ellos instando a Lan Xichen a ayudar a su nuevo esposo a relajarse. No era que no estuviera de acuerdo con la opinión popular sobre Lan Xichen. Sería arrogancia ciega negar que él era realmente encantador y fuera demasiado fácil sentarse a su lado y disfrutar de la gloria de ser su cónyuge elegido. Pero Jiang Cheng sabía que Lan Xichen le había hecho un favor al casarse con él. Lo sabía, y había aceptado la carga del deber por el bien de su secta. Disfrutar de los aspectos mundanos de la unión sería como ser un ladrón que disfruta del botín, o un blasfemo que incita la ira del cielo. Ya se había beneficiado lo suficiente.

Un toque en su hombro – una tía llamándolo a un lado, como si tuviera una pregunta del banquete. Lan Xichen lo observó de reojo mientras se levantaba de la mesa, y Wei Wuxian comenzó otra ronda de su palabrería que a duras penas camuflaba su mirada ansiosa.

Una vez fuera de la vista del banquete, Jiang Cheng se encontró rodeado por una manada de jóvenes Lan que se reían tontamente. Como había sospechado, era 'esa' hora de la noche. Iba a ser llevado a la cámara conyugal, donde su esposo pronto sería dirigido a encontrarse con él. Por qué no pudieron haberse levantado y marchado juntos, ni idea, aunque podría haber sido peor. En algunas sectas, los invitados llevaban a los recién casados a la cama sobre sus hombros, despojándolos de sus prendas en el camino.

Sus jóvenes guías lo apresuraron a través de un patio callado y a través de una puerta deslizante.

'Póngase cómodo en su nuevo hogar, nuevo maestro Lan', le decían. 'Tal vez -' Se estaban riendo tan fuerte que no podían hablar bien. 'Tal vez tenga una visita más noche, sin tardar'.

Bueno, claro que lo tendría. Estaba en la recámara de Lan Xichen, después de todo.

Una vez solo, miró sus alrededores. Era una habitación espaciosa, de techo alto, bellamente decorada. Los discípulos Lan habían cerrado las puertas corredizas detrás de ellos, dejando fuera de vista el patio con su sendero de grava y su estanque ornamental. Las lámparas de aceite iluminaban el escritorio, donde Lan Xichen seguramente se ocupaba de la correspondencia tan urgente que no le daba tiempo a vestirse; el tocador; los guardarropas con sus preciosos contenidos de brocados y sedas, esperando recibir los trajes de boda; la baja cama cubierta por cortinas. Al lado de la cama, alguien ya había colocado toallas y una jarra de agua humeante. Durante la guerra, la vista de agua caliente en las tiendas de campaña de los cirujanos siempre lo había llenado de temor; la vista parecía igual de ominosa ahora.

Al otro lado de la habitación, había una puerta que daba a un pasillo y al resto del complejo, y una pantalla deslizante que ocultaba la habitación que había sido reservada para Jiang Cheng. Ahí era donde dormiría de ahora en adelante: no cerca de su hermano y hermana, no en su hogar en Lotus Pier, sino a una pared de distancia de su nuevo esposo.

Consideró ir a explorar, pero la idea de ser atrapado husmeando por Lan Xichen era vergonzosa – aunque claro, no sería realmente 'husmear', ahora que esta era la habitación de ambos. Pero no quería ir a explorar. Se sentía cansado e incurioso. Lo que quería era un momento a solas para pensar.

Se sentó en la alfombra cerca del escritorio, donde una corriente de aire entraba por las puertas cerradas del patio y refrescaba el ambiente del cuarto. Colocó su mentón sobre su mano y miró la llama hipnótica de la lámpara.

Sentía alivio. Este matrimonio fue de mayor beneficio para la Secta Jiang que para los Lan. Lan Xichen nunca se retractaría de su palabra una vez dada, pero Jiang Cheng no había podido descansar tranquilo hasta que se declaró públicamente su compromiso. Ahora se sentía aliviado - pero era un tipo de alivio amargo. Quería estar haciendo algo, pero todo lo que podía hacer por su secta se había hecho ya. Se había casado por su bien, para ganarles una alianza fuerte, y ahora todo lo que tenía que hacer era estar casado.

Sabía que no iba a ser bueno en ello.

Pobre Lan Xichen. Él conocía la fuerza de la Secta Jiang y el carácter de su futuro esposo cuando había accedido al compromiso, pero eso no impidió que Jiang Cheng se sintiera culpable al ver a su amigo y aliado aceptar la peor parte del trato, por su culpa. La había reprimido cuando hizo la propuesta. El bien de los Jiang venía primero. Pero ahora el bien de los Jiang estaba asegurado, y la culpa permanecía.

Deseó nuevamente que hubiera algo que pudiera hacer, para mitigar este desastre inminente. Pero no había nada. La decisión estaba tomada; tendría que vivir con ello. Le dolían los ojos; tragó saliva para disolver el nudo que se formaba en su garganta.

Escuchó una conmoción en el corredor: varias pisadas y algunas voces. Los discípulos de la Secta Jiang trayendo a su esposo, y haciendo mucho más revuelo a comparación de los Lans. Jiang Cheng hizo una mueca. Estaba a punto de salir al corredor, ordenarles que se dejen de burradas y que dejaran solo al Primer Jade. Si se atrevían a entrar a la habitación no sabía de lo que sería capaz.

Podía escuchar la voz de Lan Xichen, alta y risueña, participando activamente en el alboroto, sus palabras indiscernibles. Lo que sea que haya dicho parecía haber sido aceptable. Las pisadas se alejaron. Lan Xichen entró solo a la recámara, luciendo un poco desaliñado.

"Es raro ser bendecidos con huéspedes tan animados, aquí en los Recesos de las Nubes", dijo al cerrar la puerta.

"Son unos rufianes", dijo Jiang Cheng. "Les dije que no lo hicieran".

"El pueblo debe tener su celebración", dijo Lan Xichen, "sin importar cuan solemne consideremos a la alianza".

De repente, el nudo en su garganta volvió a apretarse, y las llamas de las lámparas se volvieron borrosas al llenarse sus ojos de lágrimas. Esta unión no era solemne; era una farsa. Los tontos de afuera tenían razón.

¿Cómo podía Lan Xichen tomarse todo esto con tanta calma? Si hubieran tratado de empujar a Jiang Cheng por el pasillo de esa manera, probablemente todavía estaría gritándoles y correteándoles ahora mismo.

"Jiang Wanyin", exclamó Lan Xichen, "estás llorando?"

Jiang Cheng se apartó de su repentina mirada preocupada, pero ya era demasiado tarde. Demasiado tarde para apartar el brillo de sus ojos o para ocultar la aspereza de su voz. ¿Qué podría decir? Mejor dejar que el polvo se asiente en este matrimonio antes de hacerle saber a Lan Xichen la pésima inversión que era Jiang Cheng - aún quedaba la consumación del matrimonio, un intercambio final de regalos entre sectas y la declaración pública, para que todo sea oficial e inquebrantable. Pero dejar que Lan Xichen pensara que estaba llorando porque estaba insatisfecho... no, eso no podía ser.

"¿No es costumbre que el cónyuge que es adoptado en el nuevo hogar derrame lágrimas?" preguntó. Trató de mantener su voz ligera, aunque temblaba notoriamente. "He dejado el hogar que conozco. Ahora manos ajenas me han de mandar; caminos desconocidos dirigen mis pies; costumbres ajenas gobiernan mi corazón".

"El poeta plasmó lo que muchos han sentido," dijo Lan Xichen, "pero espero que no seamos tan completos extraños".

"No," concedió Jiang Cheng. "No lo somos". Si lo hubieran sido, él podría haber estado sintiendo más satisfacción y menos miseria en estos momentos.

"Jiang Wanyin," dijo Lan Xichen, y se arrodilló a su lado. ¿Se hubiera sentado tan cerca ayer? Lo más seguro es que sí, pero ahora se sentía demasiado cerca, demasiado real. Jiang Cheng se dio cuenta de que había retrocedido un poco cuando los ojos de Lan Xichen siguieron el movimiento. Cualquier cosa que iba a decir, la omitió y empezó de nuevo. "Jiang Wanyin. ¿Estás...preocupado por el resto de esta noche?"

El horror de Jiang Cheng ante la pregunta debe haberse reflejado en su rostro, porque Lan Xichen se apresuró a agregar,

"Te ruego que seas sincero conmigo sobre esto. Estamos casados ahora. Este tipo de cosas serán más sencillas si las enfrentamos juntos."

No debió haber mencionado la parte sobre las manos ajenas. Claro que Lan Xichen escucharía eso y pensaría que le preocupaba el acto de amor –

Y de repente Jiang Cheng se dio cuenta que sí le preocupaba. Acababa de tomar una decisión que cambiaría su vida, el trabajo de toda una vida por delante, y le preocupaba un poquito de incomodidad física. Hubiera pensado que al menos había superado ese tipo de pequeñas mezquindades, pero no. Se sentía mortificado.

Y ahora había estado callado demasiado tiempo como para que cualquier intento de negación funcionase. Intentó admitir su miedo y descartarlo a la vez.

"Sólo es una tradición," dijo. "Los dos hemos pasado por cosas peores".

"Es verdad", dijo Lan Xichen.

Sus últimas palabras, reflexionó Jiang Cheng, habían sido algo groseras.

Lan Xichen estaba en la misma situación que él. Jiang Cheng no debería asumir que era inmune a la ansiedad solo porque lo parecía. Tal vez esperaba un poco de ternura para facilitar el camino - un pequeño elogio de sus encantos, como en las canciones. Pero Jiang Cheng no sabía cómo hacer eso. Todo lo que tenía era toda una vida de lucha, un cuerpo lleno de cicatrices para demostrarlo, y un núcleo extinto. Recordó ese brillo cálido y confiado dentro de él, la parte de él que siempre parecía saber qué hacer, incluso en las situaciones más difíciles. Tal vez lo habría guiado ahora, tal como lo había hecho en la batalla. Si él no hubiera sido quebrantado.

"El matrimonio es una bendición." Lan Xichen parecía estar escogiendo sus palabras con cuidado. "Pero a veces el matrimonio viene primero, y las bendiciones vienen después. Lo que quiero decir es... ha sido un día cansado. Y no tiene que ocurrir hoy."

"Por qué aplazar lo que debe hacerse?" Jiang Cheng respondió.

"Muy bien," concedió Lan Xichen. Su mirada era cerrada y pensativa. "En ese caso – me desatarías el cabello?" Se dio la vuelta de rodillas, ofreciéndole a Jiang Cheng su espalda y la cascada oscura de su cabello.

Jiang Cheng respiró hondo para tranquilizarse. Los cónyuges estaban destinados a ser sus propios ayudantes más cercanos; con ese fin, se suponía que debían vestirse unos a otros - al menos la primera noche y la primera mañana, aunque sus sirvientes probablemente regresarían después. En el caso de los matrimonios por amor, lo entendía, la primera desvestida era un ritual encantador por derecho propio. Incluso había una canción al respecto, con la joven novia comparada con un árbol floreado, derramando pétalos cual lluvia. Se había cantado en la fiesta, con muchos aplausos.

Quizás sus ancestros habían tenido razón cuando establecieron la tradición. Él había vestido y desvestido a otros antes, ayudándolos a ponerse o quitarse esta prenda o aquella; siempre había una forma adecuada de hacerlo, según la persona y la ocasión. Al menos sabía cómo empezar, y una vez que se desvistieran, tal vez sabría cómo continuar también.

Al menos eso esperaba.

Se puso de pie para poder mirar lo que estaba haciendo y tocó el adorno tallado en el cabello de Lan Xichen. Se mantenía en su lugar con un alfiler pulido que atravesaba la jaula de plata y el nudo de cabello en el interior. Jiang Cheng deslizó el alfiler con cuidado y levantó el adorno de la cabeza de Lan Xichen.

"Sobre la mesa, por favor", murmuró Lan Xichen mientras Jiang Cheng vacilaba. Él obedeció, dejando el adorno donde Lan Xichen debió haberlo colocado innumerables veces, en esta habitación que le era familiar, extraña para Jiang Cheng. Una casa ajena, un ritual ajeno. Jiang Cheng reprimió la oleada de soledad en su vientre y desató la delgada correa de cuero que sostenía al moño de Lan Xichen en su lugar. El cabello estaba ansioso por soltarse. Se deslizó alrededor de la cara de Lan Xichen cual pesadas cortinas cuando Jiang Cheng soltó la atadura.

Lo único que faltaba era el listón bordado de nubes alrededor de la frente de Lan Xichen.

"Esto también?" Preguntó Jiang Cheng.

Lan Xichen asintió. "Por favor."

Se sintió un poco sacrílego tocar el listón de seda, pero Jiang Cheng obligó a sus dedos a obedecer. Casado. Estás casado ahora. El nudo estaba perdido en algún lugar detrás de la cabeza de Lan Xichen, debajo de su cabello. Buscó torpemente, tratando de no tirar, y por fin la cinta se soltó. Rápidamente la enrolló junto con el alfiler de plata, tratando de no recordar la forma en que se había sentido envuelta alrededor de su muñeca, ese mismo día.

Se suponía que los adornos hacían a las personas más hermosas, pero había algo elemental en el cabello suelto de Lan Xichen. Caía lisamente por su espalda, sin necesidad de decoración adicional cual cataratas. Una parte de él sentía que debía apartar la mirada. Otra parte se preguntaba cómo sería pasar los dedos por esos mechones brillantes. Ignoró a ambas partes.

Lan Xichen se puso de pie con cuidado. Cuando se dio vuelta para mirar a Jiang Cheng, un mechón de cabello se deslizó de su hombro y le rozó la mejilla, ahí Jiang Cheng sí desvió la mirada. Rápidamente se arrodilló, para que Lan Xichen pudiera arreglar su cabello igualmente. Se acomodó sobre sus rodillas, como era apropiado, con la espalda recta y la barbilla alta.

Lan Xichen estaba de pie detrás de él. Era algo que años de conflicto le habían enseñado a evitar, pero Jiang Cheng mantuvo los ojos al frente, ignorando el sentimiento de hormigueo en su nuca. Sintió largos dedos aflojando su moño, el peso de su cabello caer libre sobre su espalda. Se preguntó si el cabello suelto lo hacía ver tan... tan desnudo como lo hacía con Lan Xichen. De repente, sintió nuevas lágrimas naciendo en sus ojos. Los cerró con fuerza, bajando la cabeza para que Lan Xichen no lo viera. Era muy consciente de que aún no estaban completamente casados, y no lo estarían, hasta que completaran esto. Pero se sentía como enfrentarse a una pelea para la cual no había entrenado, una pelea que no podía evitar; una en la cual su única arma era este cuerpo desgastado y sin núcleo que llamaba suyo.

Los dedos de Lan Xichen se deslizaron por su cabello, interrumpiendo sus pensamientos. Se envolvían en su cabello y rascaban, removiendo la forma que había dejado su moño, calmando el dolor casi imperceptible del peso del cabello y los adornos. Por un momento, también calmaron su mente. Había presión, y no podía pensar bajo ella. No podía moverse.

"Jiang Wanyin," dijo Lan Xichen.

"Jiang Cheng." Logró encontrar su voz. "Estamos casados ahora. Deberías... llamarme por mi..."

"Como desees." Los dedos de Lan Xichen se deslizaron hacia arriba por el cabello de su nuca. "Jiang Cheng. Mi esposo. Por favor, discúlpame si soy muy directo. Si deseas hacer solo lo necesario y nada más, entonces eso es lo que haremos. Pero... el cuerpo tiene ciertos gustos, que pueden ser despertados con la práctica. Y tal vez lo encontrarías más fácil si..."

Se detuvo, con tacto. Jiang Cheng, todavía de rodillas con el peso de manos en su cabello, quería exclamar que, claro que accedería a cualquier cosa que pudiera hacer esta unión más agradable para Lan Xichen, pero se dio cuenta que eso no era lo que quería escuchar. Él se preocupaba por la comodidad de Jiang Cheng.

"Quieres ayudarme a que me guste?" preguntó.

"Preferiría tenerte dispuesto, a lo contrario," dijo Lan Xichen con ironía.

"Y yo a ti." Eso, por lo menos, podía decir sinceramente. "Pero...me temo que no soy hábil."

"¿Te sorprenderías mucho si te dijera que lo soy? Experimentado, me refiero – no me atrevería a decir que soy hábil.

"No." No le sorprendía, incluso le daba gusto, de cierta manera agridulce – la idea de que Lan Xichen tuviera recuerdos de un tiempo más feliz, más fácil, con una persona que hubiera escogido. "Tendrás que mostrarme – " Las palabras se le atascaron en la boca por un momento. "- qué hacer."

La mano de Lan Xichen apareció en su campo de visión, abierta y amable. Jiang Cheng la tomó, y lo ayudó a ponerse de pie, con vista a su acompañante. Lan Xichen soltó su mano y tomó su rostro en su lugar, y tuvo exactamente el mismo efecto que la mano en su cabello. No podía moverse bajo su toque. El pulgar de Lan Xichen frotó bajo su ojo, donde se le había escapado una lágrima.

"Jiang Cheng, así no," dijo, y había una sonrisa amable plasmada sobre su boca, pero la ansiedad de Yanli y Wuxian acechaba en sus ojos.

Ninguno de ellos cree que pueda hacer esto, pensó Jiang Cheng, y fortaleció su determinación.

"Solo...estoy nervioso" dijo.

"Lo entiendo," dijo Lan Xichen. "Si no logro calmarte...hablaba en serio antes; no tiene que ser todo a la vez. Podemos tomarnos un tiempo para conocernos mejor."

"Sí."

"Me dirás," Lan Xichen enfatizó, "¿si decides que eso es lo que quieres?"

"Sí." Mintió Jiang Cheng.

"Gracias." Los dedos de Lan Xichen se flexionaron sobre su mejilla. "Me has seguido antes, Jiang Cheng. ¿Me seguirás esta vez?"

"¿Justo como en la antigua Campaña?" Sugirió Jiang Cheng.

"No tanto así, espero. Ahora, ¿Puedo besarte?"

Jiang Cheng asintió. La mano de Lan Xichen se movió, tomando el costado de su mandíbula. Sus caras repente estaban muy cerca. Mirándole a los ojos a Lan Xichen, Jiang Cheng recordó lo primero que se le vino a la mente cuando se conocieron: que el líder de Secta Lan tenía merecida su reputación de belleza. Ese pensamiento había sido ahogado rápidamente por otros, pero había sido el primero.

Lan Xichen lo besó.

Un shock repentino. Todos sus órganos vitales parecían revolcarse dentro de él a la vez. Y luego vino una oleada cálida – un sentimiento agradable.

Trató de suprimirlo. No quería sentirlo. Ya era lo suficientemente malo que se hubiera robado el anhelo de una generación para sí mismo; no iba a disfrutar descaradamente de su premio como si hubiera perdido todo sentido de rectitud. Se había casado con él por la Secta, no por su voluntad. Pero – Lan Xichen le había pedido que lo disfrutara, si pudiera. Se inclinó hacia la mano instructora en su rostro, y se dejó besar.

Su boca, donde se unía a la de Lan Xichen, no se sentía como la boca de un hombre roto. No se sentía como la boca de un líder de secta tampoco. No se sentía diferente a la de Lan Xichen. Suave, húmeda, humana: dos cuerpos encontrándose en un espacio tranquilo.

Lan Xichen retiró la mano del rostro de Jiang Cheng. Jiang Cheng giró su cabeza, extrañando la caricia, buscándola. El beso pausó. Lan Xichen intentaba alcanzar el complicado nudo de su cinturón.

Miraba a Jiang Cheng con cuidado, preocupación todavía latente en sus ojos, así que Jiang Cheng se armó de coraje y lo besó de nuevo. Lan Xichen exhaló el más pequeño de los suspiros. Sus labios eran muy suaves.

Sintió su traje ceremonial moverse al soltarse su cinturón; se vio muy consciente de su peso colgando sobre sus hombros.

"¿Podrías darte vuelta, por favor?" instruyó Lan Xichen, y cuando lo hizo le quitó el pesado traje de sus hombros. Jiang Cheng se dio vuelta para mirarlo colgarlo en el guardarropa olor a sándalo. En la mañana sería recogido, lavado, doblado, y guardado cuidadosamente para la siguiente ocasión. En la mañana, después de esta noche, después de esta noche...

Despojarse de su traje no lo asustó tanto como lo había hecho el desatarse el cabello. Se sentía más como él mismo ahora, no menos desnudo de lo que hubiera estado en un día cualquiera. Pero cuando Lan Xichen se giró hacia él y le rodeó la cintura con un brazo, notó que podía sentirlo con más claridad a través de las suaves capas de su bata que a través de rígido bordado.

"¿Puedo...?" preguntó. Jiang Cheng cerró la distancia entre ellos; se besaron de nuevo.

"Se convirtió en ti, sabes" Lan Xichen dijo en voz baja. "Tu traje de bodas."

"Me beneficio de la ornamentación," dijo Jiang Cheng, "cuando tú no necesitas nada".

"Oh, bueno, en ese caso..." Lan Xichen dirigió sus manos al nudo de su cinturón. Era más fácil ahora, hacer lo que tenía que hacer. Había cierta comodidad en el ritual cuidadoso de desvestirse, y las palabras que habían intercambiado le recordaron que le agradaba Lan Xichen; que podrían ser amigos. Lan Xichen se dio vuelta, posicionando sus brazos de manera que Jiang Cheng pudiera deslizar su traje de sus hombros. Todo movimiento suyo era experto y elegante, como si esta ceremonia de bodas fuese solo una ceremonia, sin ninguna parte humana desagradable que temer. Las líneas sencillas de su bata de día le hacían ver de altura delgada, pero Jiang Cheng podía ver la amplitud y poder en sus hombros; lo había visto en práctica en batalla lo suficiente para saber. Esta vez, cuando se sorprendió admirándolo, no se reprimió. De seguro a todo hombre le agradaría más ser admirado que lo contrario. Si Lan Xichen no pudiera soportar ser admirado por él, no le hubiera dicho que sí.

"Puedes colgarlo al lado del tuyo," sugirió Lan Xichen, regresándole a ver, cuando después de un momento Jiang Cheng aún no se había movido. Jiang Cheng juntó coraje.

"Tuve que pausar un momento," dijo, "para admirar un bello paisaje."

Esta vez Lan Xichen se río en voz alta, brevemente, y sus ojos se encogieron.

"Has visto este paisaje antes", dijo.

"Y he visto las colinas traseras de los Recesos de las Nubes antes" Contestó Jiang Cheng. "¿Debería cansarme de verlas tras una sola mirada?"

Colgó el traje de Lan Xichen donde este había colgado la suya, y cuando lo hizo el sonido de pasos sobre los tablones le avisó brevemente antes de que fuertes brazos le rodearan desde atrás. Lan Xichen lo sostenía contra su ser, y Jiang Cheng se tensó sorprendido. Sabía que esto no era parte de ningún ritual, pero –

"¿Está esto bien?" La boca de Lan Xichen estaba cerca de su oído. Le daba cosquillas. Se le erizaron los vellos del cuerpo.

"Sí," dijo Jiang Cheng, respirando contra la presión sobre sus costillas.

"Bien." Lan Xichen soltó un brazo y apartó su cabello sobre un hombro. Bajó su cabeza y presionó un beso sobre la piel justo arriba del collar de su bata de día.

Jiang Cheng no pudo evitar tragar aire repentinamente. Eso se sintió – Lan Xichen se inclinó sobre su hombro, labios moviéndose gentilmente sobre su piel – se sintió bien.

El beso chisporroteó como fuegos artificiales robados; inesperado, desconocido placer. Los dedos de Lan Xichen en su cabello, sus labios sobre los suyos – esos habían sido momentos libres de dolor. Pero esta caricia, esta caricia particular, era puro placer.

¡Que codicioso su cuerpo! Entró a esto sin esperar nada, peor que nada, y ahora que experimentó algo de dulzura, quería más. Se tensó, temiendo al dolor que siempre venía luego de desear algo, pero Lan Xichen lo besó de nuevo, en la base del cuello.

'¡Oh!' jadeó Jiang Cheng.

Ligero, tan delicado... agradeció por la presión de los brazos de Lan Xichen rodeándolo, pues sentía que su piel estaba lista para arrastrarse fuera del alcance de tal sensación que era insuficiente y demasiado a la vez. Luego los labios de Lan Xichen se partieron; sintió sus – sus dientes sobre su piel, hincándose. No dolía. Envió una chispa de sensación dentro del músculo de su cuello, ya no insuficiente pero intensamente perfecto.

"Hmm," dijo Lan Xichen sobre su oído, moviendo su boca, explorando. Jiang Cheng se encontró relajándose en sus brazos; los brazos de Lan Xichen se apretaron aún más, manteniéndolo de pie. Su mano derecha bajó para posarse sobre el vientre de Jiang Cheng, bajo su ombligo, las puntas de sus dedos apuntando hacia abajo. Jiang Cheng trató de hacer funcionar sus piernas, pero Lan Xichen estaba besando y besando su cuello, no podía moverse, solo dejarse abrazar.

No lo sabía. No tenía idea que habría este manojo de nervios sensibles justo bajo su piel, esperando a tomar vida ante el toque correcto. Virgen del toque de la guerra, ignorante de costumbres, indiferente al bien y al mal, listo para hacer su parte a la perfección. Y su labor era sentir.

Lan Xichen lo tomó por sus hombros y le dio vuelta para apreciarlo. Sus manos se sentían diferente ahora. No había trazo de rudeza en su acción, pero cuando antes sugerían, ahora mandaban. Y Jiang Cheng obedeció. Encontró los ojos de Lan Xichen, y antes de darse cuenta qué estaba haciendo y por qué, alzó su mentón. Lan Xichen lanzó otra de sus sonrisas secretas y se inclinó para besar su cuello, alcanzando las tiras de su bata a su vez.

"¿He encontrado algo que te guste?" sugirió.

"Sí," admitió Jiang Cheng. Lan Xichen hizo un 'Hmm' contra su garganta de nuevo, y empujó la bata de sus hombros, para que cayera enredada a sus pies.

Jiang Cheng jadeó ante el aire frío que sentía a través de su túnica interior. Lan Xichen lo abrazó de nuevo, y sus manos de repente estaban tan cálidas y cercanas, sin alejarse de su piel. El sonido de la bata sin colgar fue junto a la coloración de sus orejas. Hablaba de apuro. Los brazos de Lan Xichen lo apretaban firmemente, y la sensación que lo llenó se asemejaba tanto al miedo que no sabía cómo llamarla, excepto que no parecía 'miedo' en primer lugar.

Lan Xichen dejó de besarlo y tomó sus manos. Se dio cuenta que habían estado aferradas al frente de la bata de Lan Xichen, arrugándola. Esperó que lo regañasen gentilmente, o que le digan qué hacer. Entonces Lan Xichen tomó su mano izquierda y la metió dentro del cuello semiabierto de su túnica. Jiang Cheng sintió piel cálida bajo su palma. Lan Xichen lo besó de nuevo.

Solo era un cuerpo. Él había tocado cuerpos antes. ¿Entonces por qué nunca había notado que la piel de una persona podía ser tan suave como la seda? ¿Por qué nunca se había preguntado cómo se sentiría rozar las puntas de sus dedos sobre el pecho de alguien, bajando por su cintura? Cómo se sentiría, ¿cómo lo sentirían ellos?

"Ah," Lan Xichen dijo, "Jiang Cheng, así es."

Así es. Buscó a tientas las ataduras de la bata de Lan Xichen, desatándolas para deslizar sus manos más adentro. Su corazón se retumbaba frente a su propia audacia, pero Lan Xichen había dicho así es, y sus manos parecieron cobrar vida propia. Abrió la bata, preguntándose si debería hacerla caer al suelo como Lan Xichen lo había hecho con la suya. No lo hizo, pero lo que si se atrevió a hacer fue acercar su boca a la clavícula de Lan Xichen.

Lan Xichen rio, suave, faltándole un poco el aliento, complacido, y los brazos de Jiang Cheng lo rodearon, manos deslizándose por su espalda, mapeando la curvatura de sus escápulas, trazando su columna. Lan Xichen jaló las dos capas de su bata y túnica interior a los lados, exponiendo su cuello, su pecho, su vientre... y Jiang Cheng no tenía que mirar más abajo si no quería, no aún; podía esconder su cara a un lado del cuello de Lan Xichen y pretender que sólo estaba ahí para besarlo, y no para escapar de la vista. Pero sus manos, sin supervisión, siguieron explorando. Se deslizaron más abajo, encontrando la curvatura de su cintura y caderas.

"Cariño," Dijo Lan Xichen, y comenzó a desatar las ataduras del a túnica interior de Jiang Cheng.

Jiang Cheng se precipitó hacia atrás, empujando la mano de Lan Xichen lejos.

Se miraron mutuamente, y los ojos de Jiang Cheng miraron abajo después de todo. Y ahí estaba el miembro erecto de Lan Xichen, sin encajar con lo pintoresco del resto de su cuerpo, justo como el difícil acto de la consumación no encajaba con el resto de la ceremonia de matrimonio.

Cerró su túnica interior, cubriendo las cicatrices que le llegaban casi hasta el cuello. Sabía que Lan Xichen había visto. Sabía que se suponía que debía ver, porque tenían que desvestirse, pero no le importó. Esto no.

Lan Xichen lució la expresión que usualmente hacía ante la incertidumbre. Ojos abajo y a un lado, sonrisa pequeña.

"Perdóname," dijo. "Me precipité." Se dio vuelta y se inclinó sobre las lámparas de aceite que alumbraban la habitación, apagándolas una tras otra.

Jiang Cheng sintió una oleada del mismo alivio amargo que lo recorrió al momento de terminar sus venias matrimoniales. Estaba lejos de ser una solución llenadera o perfecta, pero era la mejor que iba a obtener. Lan Xichen estaba dispuesto a no tomar en cuenta sus imperfecciones, y Jiang Cheng... le agradecía.

Las lámparas se apagaron. Lentamente logró que su mano se afloje del fuerte agarre sobre el cuello de su túnica, preguntándose seriamente qué era lo que intentaba hacer. Hacer el amor – al menos la versión placentera que Lan Xichen estaba intentando que hicieran – requería quitarse las prendas. Si planeaba nunca permitir aquello, nunca debió permitirle a Lan Xichen besarlo en primer lugar.

"Vendrás a la cama?" preguntó Lan Xichen. Ahora se encontraba parado al costado del bajo lecho cortinado. Jiang Cheng lo siguió, moviéndose con cautela, como caminando a través de agua, porque no veía como se pudiera estar acercando a nada bueno. El buen ambiente que Lan Xichen había logrado, él lo acababa de romper.

Se arrodilló sobre la cama. Lan Xichen cerró las cortinas alrededor, cubriéndolos en una oscuridad más profunda. Entonces lo buscó de nuevo. Sus manos eran más cuidadosas que nunca, casi tanteando. Ocasionaron un escalofrío inesperado de Jiang Cheng; una parte de el había esperado que Lan Xichen se diera cuenta de lo inútil que era intentar que lograra hacerlo bien, que era mejor apurarse para acabar con esto lo más pronto posible.

Deseaba saber qué era lo que tenía que hacer. Sus manos se sentían atrapadas cual moscas en miel. Si tan solo pudiera preguntarle... pero bueno, tal vez si podría. Lan Xichen había dicho que era mejor que afronten las cosas juntos, ahora que están casados. Además, ¿a quién estaba engañando? No podía ser más obvio que no tenía idea de qué estaba haciendo.

"¿Cómo puedo complacerte?" titubeó.

"Disfrútalo" dijo Lan Xichen. "Ponte cómodo. Oh, mi corazón, ¿acaso no te gusta esto para nada?"

¿Era acaso angustia lo que sentía? Se preguntó Jiang Cheng. Ver cómo otra persona da todo de si, ¿y luego decida que ellos tienen la culpa de que sus esfuerzos hayan fallado en compensar lo que eres? Pero le había gustado. De verdad que sí.

Alcanzó a Lan Xichen y lo besó nuevamente, sin práctica. Lan Xichen soltó un quejido de sorpresa y ajustó su posición para mejorar el ángulo. Jiang Cheng se acercó, arrastrándose torpemente con sus rodillas. Podía sentir la duda en los movimientos de Lan Xichen. Recordó la promesa de que si Jiang Cheng no se sentía cómodo, pararían. Pero no iba a para ahora.

"Sí me gustó," dijo.

"Te gustó cuando te besé aquí." Lan Xichen tocó su cuello, su voz sonando algo más cálida, un poco menos triste. Jiang Cheng se alejó de su mano.

"Sí, pero no puedes seguir haciéndolo solo porque– "

Las manos de Lan Xichen se apretaron sobre sus brazos. "¿Y por qué no?" preguntó.

Jiang Cheng no tenía respuesta. Verdad, ¿y por qué no? Excepto que todo en este matrimonio ya era para su solo beneficio, incluso sin el beneficio de esas caricias delirantes en el botín. Excepto que era tan impensable que a alguien se le ocurra ocupar cinco minutos de su tiempo con el solo propósito de causarle placer, y no veía cómo eso podía cambiar ahora.

"¿Te gustó tocarme?" Preguntó Lan Xichen.

"No te habría dejado tocarme..." exclamó dudoso Jiang Cheng.

"Eso importa? Somos dos hombres distintos." Lan Xichen tomó sus muñecas firmemente. "Ponme las manos encima, A-Cheng."

Tales palabras le estremecieron la piel, corrieron por su columna y lo impulsaron hacia adelante. Y entonces tomó a Lan Xichen de nuevo, besándolo, dolor y placer juntos revoloteando en su corazón al mismo tiempo que acariciaba la piel lisa e intacta de su pecho. Sus brazos se encontraron llenos; se aferró al sentimiento. Sus sentidos aún no le daban importancia a las dudas que lo preocupaban. Se encendían frente al toque de Lan Xichen.

Lan Xichen lo soltó, pero solo para salir de su túnica. Lo hizo despacio, como esperando a la protesta de Jiang Cheng. No dijo nada. Deseaba que tuvieran la luz de las lámparas aún, para así lograr ver algo más que la vaga sombra de su esposo. Lo alcanzó de nuevo en la oscuridad, sintió calor bajo sus palmas y propagándose por el aire, y de repente ya no lo podía soportar. No podía tener a Lan Xichen desnudo y tan vivo en sus brazos, cuando él aún estaba escondido bajo capas de tela y vergüenza.

"Espera", dijo, y tomó los lados de su túnica donde se cruzaban. "Si-" Se mordió la lengua. Odiaba preguntar – pero Lan Xichen ya lo sabía. "Si me quito esto... no debes...tocar mi pecho."

"Lo prometo," dijo Lan Xichen con delicadeza. Jiang Cheng podía sentir sus mejillas flameantes mientras se quitaba la túnica, arrojando la tela a un lado. Su piel desnuda se estremeció ante el frío repentino. Lan Xichen lo alcanzó, y no tocó su pecho. Pasó sus dedos por sus brazos en su lugar, trazando la curva de sus bíceps.

"Jiang Cheng," dijo, "gracias. Me gusta poder tocarte, así..."

Rodeó a Jiang Cheng con sus brazos y trazó su espalda con sus uñas.

"...Y así..."

"Sí," dijo Jiang Cheng. "Así. Por favor. Sí."

Lan Xichen movió su peso, inclinándolo un poco.

"Te recostarías junto a mí?" preguntó. Jiang Cheng relajó sus músculos sosteniéndolo, y se dejó caer hasta que su cabeza tocó la almohada. Lan Xichen se movió sobre él, y por un momento no pudo respirar. Miedo y antelación lo paralizaron; las extremidades de Lan Xichen lo atrapaban. Deseaba – y el impulso lo sorprendió – deseaba que lo tomara, que pusiera su peso sobre él, lo sujetara con fuerza. Pero sólo lo tocó para retirar el cabello de su rostro, y acomodarlo para un beso. Besó su boca, su mejilla, su frente. Jiang Cheng levantó su mentón, buscando más.

Estaban pecho a pecho ahora, piel contra piel; pensó que Lan Xichen debía ser capaz ahora de sentir la rugosidad de las cicatrices, pero su cuerpo, incluso dañado como estaba, hacía su mejor intento para evitar recordárselo, para enfocarlo a pensar en la forma en la que Lan Xichen movía sus labios por el costado de su rostro, de como su brazo se deslizaba entre la espalda de Jiang Cheng y la cama, curvando su cuerpo contra el suyo. Sus piernas se entrelazaban y superponían, y sentía el miembro de Lan Xichen contra su cadera, y su cuerpo correspondiéndole igual. El cuerpo tiene ciertos gustos, había dicho Lan Xichen, pero esto era más que un gustar. Jiang Cheng se sentía abrumado, deshecho por unos simples besos y piel cálida bajo sus manos. Ardiente emoción, algo de dulce vergüenza, se retorció en su vientre, y dejó que Lan Xichen lo acercase a su cuerpo para que sintiera cómo le correspondía.

"A-Cheng," dijo Lan Xichen, besando su mandíbula. Ese apodo otra vez... lo cortaba como cuchillas. Quería corresponder. Si escuchar su primer nombre calentaría a Lan Xichen, quería exclamarlo.

"Lan Huan," susurró, el nombre era adictivo en su lengua. "Lan Huan..."

"Mi corazón," dijo de nuevo Lan Xichen, presionando bajo su mentón para besar su cuello. Había un indicio de su fuerza, esa presión controlada que había querido. El apodo de cariño susurrado hizo correr a su corazón.

¿No que se había prometido no comportarse como si esto fuera una unión de amor? ¿No tomar placer de lo que no tenía derecho de disfrutar? Pero si había alguna parte de su mente que recordaba algo antes de esto, estaba apagada. Lan Xichen quería esto. Su cuerpo quería esto. Gimió y se dejó llevar por la sensación.

Siguió así y así. La piel de Jiang Cheng se sentía como un campo congelado, brillando bajo el sol. Los labios de Lan Xichen contra su cuello, luego su boca, su lengua. Su cabello caía sobre el rostro de Jiang Cheng en cortinas. La piel de Jiang Cheng se sentía como un cielo estrellado.

Por fin, Lan Xichen pausó. Jiang Cheng lo observó desde abajo, tratando de distinguir su rostro. Se sentía caliente ahora, a pesar de su desnudez, y su respiración era pesada.

"A-Cheng," dijo, "¿Me tendrás ahora? ¿O yo a ti?"

La aprensión llegó dando tumbos a través de las capas de placer. Jiang Cheng tragó saliva. Le habían gustado los besos que Lan Xichen le había ofrecido de entrada, pero ¿le gustaría lo que vendría después?

"Tú deberías..." dijo. "Por favor. No sabría dónde comenzar."

"Si estás seguro." Lan Xichen presionó un beso contra su frente. "¿Te darías vuelta, por favor?"

Jiang Cheng obedeció, quedando boca abajo. Sintió la cama hundirse al momento que Lan Xichen alcanzaba un objeto – aceite, supuso; sabía lo suficiente de estas cosas como para entender lo poco que sabía. Sus hombros se estremecieron, protestando ante la idea de un enemigo a sus espaldas. Y aún así el miedo, como la vergüenza, era indescriptiblemente dulce.

Lan Xichen se arrodilló a su costado. Su mano se posó en su espalda baja. Ahora manos extrañas me han de mandar, Jiang Cheng pensó nuevamente, su estómago hecho nudos.

"¿Dolerá?" preguntó, y nunca se hubiera permitido preguntar, si la gentileza de Lan Xichen no hubiera requerido más confianza de la que hubiera querido dar.

"Si lo hace," dijo Lan Xichen, "pararemos."

Entonces, lo tocó, y fue un toque tan íntimo que la única forma de aceptarlo era dejarse llevar. Dejar ir la voluntad, dejar ir el control, porque ¿cómo hubiera decidido permitir un toque como este? Escondió su cara en la cama y dejó que Lan Xichen lo tomara.

No dolió, mucho.

"¿Te gustaría en esta posición?" Lan Xichen preguntó, por fin, inclinándose sobre él. "¿O tal vez podrías sentarte sobre mí, si prefieres?"

No así, suplió la mente de Jiang Cheng de inmediato. Aliado de confianza o no, no quería a Lan Xichen detrás de él. No le gustó su segunda sugerencia, tampoco. A duras penas podía soportar que se lo hagan a él, hacérselo a sí mismo sería demasiado. Lo que quería, se dio cuenta, era retornar a cómo habían estado antes, cuando Lan Xichen le había dado esos besos estrellados, presionándolo contra la cama.

"Me recostaré de espaldas," dijo.

"Está bien," dijo Lan Xichen, dándole espacio para darse vuelta. Entonces se movió sobre él, deslizando su cuerpo entre sus piernas, colocándose entre el calor de sus muslos. Jiang Cheng sintió la punzada de dulce miedo nuevamente.

"Jiang Cheng, ¿estás listo?" preguntó Lan Xichen. Le habló en susurros, así que era difícil discernir su tono, pero Jiang Cheng pensó escuchar tensión entre sus palabras. "No tiene que ser ahora," dijo.

"Estoy listo," Le susurró de vuelta Jiang Cheng.

"Okay," dijo Lan Xichen. Pausó. "...Lo siento."

"Sí quiero!" exclamó Jiang Cheng. Dijo esas palabras por la costumbre. No eran del todo ciertas. En verdad no quería. Pero si Lan Xichen le iba a prestar importancia a ese detalle...no podía ser. No podría soportarlo. Empezaría a querer hacerlo, antes que eso.

Se encontraban tan cerca que sintió como Lan Xichen tragaba saliva. Entonces había una mano entre ellos, alineando sus cuerpos, vaina y espada.

"Jiang Cheng," susurró, "Permíteme tenerte, entonces..."

"Sí," dijo Jiang Cheng. "Sí."

Lan Xichen se movió. Presionando dentro.

Jiang Cheng jadeó mientras lo llenaban. No dolía. Una fuerte conmoción lo atravesó, una sensación latente que quemó todas sus negativas. Sabía a qué le tenía miedo; tenía miedo de desear a Lan Xichen, y ahora lo tenía. Incluso lo tenía dentro de él. Se sintió curiosamente aliviado. La conmoción se convirtió en un shock de placer.

"Oh, bien hecho," Lan Xichen suspiró en su oído, y luego, más bajo, "Buen chico."

Jiang Cheng se estremeció. El elogió resonó en sus oídos. Y lo había logrado, ¿verdad? ¿No se lo había ganad-?

Lan Xichen se meció contra él, y lo tomó, y el sentimiento – ni siquiera era un sentimiento placentero, pero sabiendo lo que significaba, eso era placentero – retumbó por su columna, agarrando fuerza con cada reverberación; encendió sus nervaturas y lo alzó alto, y se encontró temblando, temblando –

"¡Oh!" exclamó Lan Xichen. "¡Oh, cosa preciosa!"

Por un momento a Jiang Cheng le costó darse cuenta de lo que le acababa de pasar; fue tan diferente de cualquier otro clímax que haya sentido. Nunca se había venido así antes, sin tocarse. Pero el líquido sobre su estómago era bastante familiar. Se habría dado vuelta avergonzado, si no hubiera estado tan aturdido como para reaccionar.

Lan Xichen puso una mano sobre su cadera para moverse. Jiang Cheng se dio cuenta que era para alejarse, y rápidamente envolvió una pierna alrededor de su cintura. Fue casi instintivo. Lo dejó inesperadamente vulnerable.

"Espera – " dijo. Lan Xichen esperó. Se le ocurrió a Jiang Cheng por primera vez que tal vez él tendría algo de poder aquí; que tal vez pudiera prevenir que Lan Xichen se alejara; que Lan Xichen pudiera no querer alejarse.

"Tú también," dijo.

"Jiang Cheng," dijo Lan Xichen, "Tal vez necesites un momento – "

"No hemos terminado," dijo Jiang Cheng. "Tú también."

Lan Xichen se posó lentamente contra él de nuevo. "Si tú – " empezó.

"Lo sé," Jiang Cheng lo interrumpió. Le podría pedir que parara – pero no lo haría.

"Por favor," le susurró, tan tentador como pudo. Lan Xichen hizo un sonido ahogado, casi un quejido, y comenzó a moverse dentro de él.

Oh, debió haberlo pensado dos veces. Su cuerpo aún estaba desesperadamente sensible de su cresta de placer anterior, tanto dentro como fuera, en lugares en donde no había sabido que se pudieran sentir los efectos de la excitación. El movimiento del cuerpo de Lan Xichen era casi demasiado para él. Le sacó un grito; sintió a Lan Xichen tensarse ante el sonido, y rápidamente apretó las piernas alrededor de él para mantenerlo en su lugar. Iban a continuar; lo había decidido. Se aferró a él, a pesar de que cada giro de las caderas de Lan Xichen se sentía casi demasiado intenso para él.

Y no era sólo la forma en la que se juntaban sus cuerpos tampoco. Era el sonido de su respiración; la sensación de su cabello sobre él; el conjunto de músculos en sus hombros de los cuales Jiang Cheng se aferraba. Era cada muestra de su placer – y Jiang Cheng esperaba desesperadamente que él sintiera placer de esto, forzando a alejar a los pensamientos de qué significaría eso para su corazón. No era difícil de hacer, cuando su cuerpo estaba tan abrumado con sensaciones que a penas y podía pensar.

"Jiang Cheng," le susurró Lan Xichen al oído. "¿Estás bien, Jiang Cheng?"

"Lan Huan..." Jiang Cheng olvidó lo que iba a decir. Podría haber querido pedirle que se detuviera. Pero una vez que dijo el primer nombre de Lan Xichen una vez, con este moviéndose dentro de él, lo único que quería hacer era decirlo de nuevo. "Lan Huan, Lan Huan!" gritó, y de repente la sensación fue de placer. Placer insoportable.

"A-Cheng," dijo Lan Xichen, su voz algo alterada, y continuó. Jiang Cheng pudo escuchar su respiración, solo algo ajetreada, y ese delicado sonido lo emocionó casi más que todo lo demás en conjunto. Quiero que esto te guste, pensó, por favor disfrútalo, por favor disfruta hacérmelo...

Su cuerpo trataba de moverse sin rumbo, tratando de encontrar la manera de invitar a Lan Xichen más cerca de lo que ya estaba. Sintió los hombros de Lan Xichen flexionarse bajo sus manos, y se dio cuenta que lo estaba agarrando demasiado fuerte, sus dedos tensos, hincándole las uñas. Rápidamente soltó su espalda, bajando los brazos, pero Lan Xichen agarró una de sus muñecas y le susurró,

"Agárrate de mí..."

Sujétame, su mente respondió, de la nada. Sostenme, úsame, fóllame; disfrútalo, por favor...

Lanzó sus brazos alrededor de Lan Xichen y se aferró con fuerza. Sentía la fuerza controlada travesando por sus músculos cada vez que se mecía contra su cuerpo. A penas y podía soportarlo, quería más, y le costaba pedirlo.

"¡Por favor – !" jadeó.

"¿Hmm?" Lan Xichen se incorporó en sus codos, creando un pequeño espacio entre sus vientres, y deslizó su mano en la brecha. "¿Podría tocarte? ¿Disfrutarás esto de nuevo, A-Cheng?"

"N-no, Yo – " Jiang Cheng casi no podía articular su protesta. Placer más intenso del que haya sentido nunca le estaba quitando el aliento. "Tú primero. Tú también – "

"Juntos, entonces," dijo Lan Xichen, y movió su mano junto al girar de su cadera; Jiang Cheng lanzó su cabeza hacia atrás con un chillido. Se sentía poseído y controlado, sostenido por las manos de otro.

"Bésame," susurró Lan Xichen. Jiang Cheng giró su rostro para que Lan Xichen encontrara su boca. Choque de labios, el penetrar de su lengua, y no podía controlarse ya. Su cuerpo tomaba vida propia, importándole solo la mano firme sobre su erección y el placer arrasando por cada nervio.

Lan Xichen jadeó sobre su boca. Jiang Cheng lo sintió contraerse, adentro, y luego temblar de hombros a muslos. Apoyó su rostro fuertemente en su hombro, respirando fuerte, y cada exhalación salía de su garganta como un suave gemido. Jiang Cheng lo sostuvo cerca; tan cerca que el temblar de sus cuerpos parecía de uno solo; tan cerca que él era todo lo que podía escuchar, tocar u oler.

"!Oh!" Exhaló de repente Lan Xichen contra su cuello. "Ah. Hah. Oh, Jiang Cheng." Levantó su cabeza de su hombro y juntó suavemente sus frentes. Sus narices se rozaron. El gesto fue dulce. Jiang Cheng, con su cuerpo aún temblando de la estimulación, sintió vagamente que se encontraban al borde de algo aún más trascendental de lo que acababa de pasar. Y entonces Lan Xichen lo besó suavemente y preguntó,

"¿No fue tan malo?"

"N-no," Aceptó Jiang Cheng.

"Bien. Quédate quieto." Su cuerpo se relajó obedientemente ante la orden, y se dio cuenta que algo había cambiado. Obedecer a Lan Xichen lo había salvado del eje del desastre y lo guio a través de esto, y ahora quería seguir haciéndolo. Si tan solo Lan Xichen pudiera decirle qué hacer en cada parte de su matrimonio, no sólo en esto. Sería fácil estar casado entonces.

Se quedó quieto, y Lan Xichen salió de él, cuidadosamente. Sintió el frío en donde antes habían estado sus cuerpos juntos cálidamente, y una tenue incomodidad donde habían estado conectados tan íntimamente. Lan Xichen abrió la cortina alrededor de la cama. Un rayo de luna entró, lo suficiente para ver, un tanto brillante para los ojos acostumbrados a la oscuridad de Jiang Cheng. Casi de reflejo, alcanzó las sábanas, colocándolas sobre su pecho.

Lan Xichen se levantó de la cama, elegante y con fluidez, a diferencia de Jiang Cheng quien todavía se sentía muy deshecho como para moverse, y alcanzó la jarra con agua, aún caliente.

"¿Puedo...?" Preguntó, extendiéndose hacia él con la toalla en su mano.

De seguro, de seguro Jiang Cheng ya se había agotado por completo, y aún así su cuerpo se precipitaba con un sí. Murmuró un consentimiento, y Lan Xichen metió su mano bajo la colcha para limpiar sus muslos.

Hemos de tocarnos de nuevo, una parte de Jiang Cheng exigía. Todos los días a partir de ahora. Debemos hacerlo.

Ay no.

Lan Xichen le dio la toalla y miró hacia un lado. Jiang Cheng comenzó a limpiar su estómago y pecho, verdaderamente agradecido, ignorando la parte de su mente que no lo estaba. Hemos de tocarnos cuando sea necesario, se dijo firmemente. Y no tenemos que tocarnos ahora. ¿Por qué querría él?

Terminó de asearse, y ahí estaba Lan Xichen, listo para recoger la toalla.

"Todo listo," dijo, y Jiang Cheng supuso que lo estaban.

Lan Xichen se limpió con la otra toalla. Se levantó nuevamente hacia el guardarropa donde habían colgado sus prendas de boda. Sacó una túnica de dormir sencilla, y alcanzó otra para Jiang Cheng.

"Déjame ayudarte con esto," dijo, regresando a la cama.

Jiang Cheng lo dejó rodear la túnica sobre sus hombros, luchando contra la inquietud en su pecho. Algo en el actuar de Lan Xichen era diferente de cuando le ayudaba a quitarse la ropa. Jiang Cheng se sentía como un animal de compañía, o un niño consentido.

Miró hacia donde estaba su bata de día, tirada por ahí en el calor del momento; a donde Lan Xichen había tirado su ropa lejos de la cama.

"¿Deberíamos recoger el resto de las cosas?" preguntó.

"Oh." Lan Xichen tenía una mirada y una sonrisa para todo. "Supongo."

Jiang Cheng forzó a sus extremidades a moverse, salió de la cama, fuera del pasado y de vuelta a la realidad. Recogió su bata de día y la sacudió.

"No te esfuerces tanto," dijo Lan Xichen. "Todo va a ser lavado mañana, igual."

Sin duda. Y sin duda las arrugas de las prendas serían fuente de mucha especulación en la lavandería mañana. Pero, Jiang Cheng se recordó, eso iba a ser el caso sin importar cuanto sacudiera las arrugas, porque la gente celebraba a su manera al oficiarse una boda.

Colgó la bata en el guardarropa, se volvió hacia la cama, y de repente no estaba seguro de qué hacer a continuación.

"¿Te recostarías conmigo un rato?," preguntó Lan Xichen, "¿Antes de que vayas a tu cuarto?"

Alivio y gratitud, otra vez. Lan Xichen enseñándole el orden de las cosas. Algo de afecto, la cercanía apropiada entre personas casadas, antes de despedirse para dormir.

Subió de nuevo a la cama, encontrándose de nuevo donde empezó, sin saber qué hacer con su cuerpo.

"Ven aquí," dijo Lan Xichen, abriendo sus brazos. "Recuesta tu cabeza sobre mi hombro. Así."

Jiang Cheng encontró una posición cómoda, acurrucado contra el costado de Lan Xichen, y este los cubrió con la manta. Jiang Cheng respiró hondo y se calmó. Tal vez todo saldría bien. Su esposo era lo suficientemente sabio para guiarlo, gentil para perdonarlo, fuerte para corregirlo. Que fuera también hermoso... Jiang Cheng no pensaría en eso ahora, mañana sí.

"¿Estás bien?" Le preguntó Lan Xichen con delicadeza. "¿Te duele algo?"

"No, nada." Jiang Cheng trató de leer su tono. Tenía miedo de que fuera simplemente cortesía; quería que fuera ternura.

"Me alegro." Lan Xichen lo apretó suavemente. "Tú..." Una pequeña pausa. "Lo hiciste muy bien."

"Fue..." Empezó Jiang Cheng. No podía dejar que la noche pase desapercibida; debía decir algo. Buscó alguna palabra que no sonara como una petición, pero que fuera lo suficientemente fuerte para comunicarle a Lan Xichen cómo se había sentido. "Fue..."

"Lo sé," dijo Lan Xichen, y besó su cabello.

Así que entendió. Sabía lo que le había dado a Jiang Cheng. Un regalo, y más que suficiente. Más que suficiente.

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