Chapter Text
"La apariencia es efímera, la esencia de tu persona, un remolino como tus cejas"
Frase dicha por Zorojuro
-No tengo pruebas pero tampoco dudas-
.....
— ¿Realmente es un buen lugar para vivir? — la única chica del grupo miro con ojo critico las grietas y el moho en la pared del edificio.
— La renta es accesible — el peliverde se encogió de hombros con cierta indiferencia — y un poco de diversión para mis chicas, no le hará daño — levanto la funda que contenía sus katanas, resguardada de cualquier daño posible por la mudanza.
— Odio cuando sonríe de esa manera — Usopp se abrazó a si mismo calmando el escalofrío que le inundo al notar la sonrisa maliciosa después de las palabras de Zoro. El moreno de cabello rizado camino hasta la carrocería de la camioneta pequeña que lo usaba para cargar las chatarras que compraba.
— Es el perfecto lugar — chillo el moreno saltando de la parte trasera, provocando que la camioneta diera pequeño brinco y rechinara — ¡Viviremos en nuestra anchas! — abrazo a su amigo, compañero de cuarto y de aventuras — ¡Seremos libres!
— No les doy más de dos semanas — murmuro cargando una de las cajas.
— Apuesto que será en menos de tres días — afirmo la avariciosa chica mirando a Usopp en busca de formalizar la apuesta.
— ¡No! — corrió lejos de Nami, entrando al edificio; ella fue detrás de él, y antes que hablara: — la ultima vez me dejaste con una deuda que recién pude terminar de pagar ayer — frunció el ceño molesto, esperando en el lobby del hotel que no tenía nada que envidiar a otros, olía a moho y orina.
— Que cobarde que eres — refunfuño, y antes que pudiera insistir, el moreno les grito subiendo los escalones.
— ¡El ascensor no sirve!
— ¡Ni piense que les ayudare!
— Con o sin ascensor no lo harías, avara — refunfuño a su lado Zoro siguiendo a Luffy.
— Acaso escuche una suplica de aumentar tu tasa de interés, ¿Zoro?
El susodicho murmuro una maldición mientras subía los escalones con pasos pesados, provocando que la madera rechine.
— Este edificio parece que se derrumbara pronto — Usopp no estaba muy confiado en el lugar que habían elegidos sus amigos para vivir lejos de sus tutores.
— Me arrepiento de darle la idea — murmuro Nami.
Subieron los escalones en silencio, escuchando los gritos de Luffy que comentaba como vivirían de ahora en adelante, las horas que se levantaría, lo que haría toda la mañana y tarde, y cuanto comería.
— Eso sí — Zoro le interrumpió — mi habitación queda fuera de tus manos — Nami recordó que ese era el motivo porque su amigo decidió mudarse de la casa de su tutor — la cocina, la sala, es toda tuya.
— ¡Esta bien! — Luffy ríe, aunque Usopp no se fiaba de esas palabras, y no creía que el peliverde fuese tan ingenuo.
— Bien — Zoro parecía bastante contento.
"Que ingenuo", llegaron a la conclusión mentalmente Nami y Usopp.
— ¡Este es...
— ¡Jodete cabron de mierda! — Un estridente insulto corto las palabras de Luffy, y una puerta se abrió de golpe, tirando a una persona que choco contra la otra pared. Los cuatros pares ojos no evitaron observar el escándalo. Un rubio con un vestido rosa y el rostro pintado exageradamente salió furioso, y posiblemente era el que arrojo al tipo y casi la puerta — ¡Que te joda! ¡Que te joda! — grito iracundo caminando descalzo hasta el sujeto que vestía un short corto y una blusa ombliguera, y antes que pudiera levantarse, el rubio le tecleo con varias patadas — ¡Te dije que no me pintaras con tonos fuertes! ¡Morirás maldito parasito!
— ¡Sanji! — otros hombres muy afeminados, y otros no, salieron del mismo apartamento, uno de ellos, el más alto y menos agraciado, retuvo al rubio que soltaba tantos insultos y amenaza de muertes a su victima que parecía bastante acostumbrado a los arranques de ira de su compañero, puesto no paraba de reírse — ¡Sanji arruinaras el vestido! Además, te puedo ver tus pantaletas — menciono subiendo la falda para observar mejor.
El rubio soltó un chillido poco masculino y se aferro con sus manos la falda levantada.
— ¡Maldito pervertido! — el rubio avergonzado bajo la pierna que parecía apunto de partir una sandia en forma de cabeza.
— Oh vamos, los colores te quedan tan bien, hace resaltar tu cara — el hombre que había recibido todo el golpe se levantó, limpiando un hilo de sangre, y su sonrisa se agrando — tan bien como un payaso — suelta una carcajada.
— ¡Voy a matarte intento de cisne! — rugió volviendo a levantar las piernas, pero Ivan fue más rápido para alejarlo.
— Ivankov, Sanji tendrá nuevo vecino — aviso uno de los hombres que tenia una mascara verde en su cara, y un sombrero para cabello en la cabeza, mirando a los cuatros que habían quedado estupefactos — y son todos muy guapos — guiño un ojo.
Usopp ríe nervioso, deseando desaparecer.
— Oh, que lamentable primera impresión — Ivankov llevaba un traje de malla vintage de los años 80 sin las calzas, por lo que ellos no pudieron perderse aquel trasero masculino que había pasado a mejores años — Sanji, niño tonto, compórtate.
El rubio bufo cuando Ivankov lo hizo voltear para dejar de asesinar con la mirada a Bon Clay, aunque al notar la belleza femenina, hizo que su mal humor desaparezca, de un codazo se zafo del agarre y corrió hasta ella, inclinándose como un caballero y sosteniendo con merecida delicadeza la mano femenina.
— Madame, je me présente, votre chevalier Sanji, à votre service.
— ¿Qué diablos está diciendo? — Nami tensa murmuro a Usopp que se encogió de hombros.
— Que es un intento de hombre patético — respondió Zoro con una sonrisa burlona al notar el maquillaje excesivo en el rostro del rubio, que frunció sus cejas al voltear a verlo, — Ey, el circo lo he visto pasar hace unos minutos, corre antes que te dejen.
— Mira quien habla, el fenómeno de cabello verde, — el rubio se levantó de golpe y se acercó tanto a Zoro que este tuvo que retroceder nervioso un paso para mantener distancia — ¿Qué sucedió, el reino marino te expulso, marimo? — choco su frente contra él.
Zoro soltó un chasquido por el dolor, su cabeza resonó con fuerza, y las lagrimas se contuvieron en sus ojos.
— ¿Ma-marimo? — pregunto adolorido, tenía unas ganas de sobar esa zona, pero las cajas, recordó que allí estaban los platos que su hermanastra le regalo y si en una de sus visitas sorpresa no veía en las repisas, sería hombre muerto.
— Un hombre marimo que no conoce de su ecosistema — el rubio carcajeo mientras se retiraba, empujando a su grupo de amigos extraño a su apartamento — bienvenido à la porcherie, en unos momentos les llevare algo para que coman.
— Oh, la comida de Sanji es la gloria, todo lo malo de su carácter es perdonado con sus habilidades culinarias — murmuro uno de ellos saboreando el recordatorio de algunos platillos que el rubio compartió, otros se unieron dándole la razón mientras que entraban, y el ultimo meneo la cola y les guiño el ojo antes de cerrar la puerta.
— Que vecinos tan extraños — murmuro Nami aun sintiendo la sensación fría del toque que dejo el rubio, su cuerpo le dio un corrientazo al recordarlo — necesito una bebida fría para borrar esto.
— Yo también lo necesito — urgió Usopp no pudiendo quitar de su cabeza el meneo de ese trasero.
.....
Casi al anochecer terminaron de subir las cajas y muebles que se encontraba desparramadas en la sala, solo las que eran personales se encontraba en la habitación de su propietario.
Nami y Usopp se habían retirado casi al finalizar el atardecer, dejando que los otros continúen; ambos estaban tirado, uno en el sofá y el otro en el piso de madera.
— Luffy pide comida — Zoro sentía que la espalda se le iba a partir, subir tantas cosas hasta el quinto piso, era el peor ejercicio que sometió a su cuerpo; todo su cuerpo quemaba, y el piso frío no calmaba en nada, por primera vez deseaba un baño caliente, lastima que en ese departamento cutre no lo tendría.
— Tengo hambre — su voz sonaba ahogada, el delgado muchacho estaba tirado bocabajo, con la cara contra el cojín del asiento, apunto de comerlo.
Zoro cerró los ojos, estaba agotado, y su estómago gruñía por comida.
Pronto abrió los ojos al escuchar tres toques secos detrás de la puerta, levanto la cabeza para mirar fijamente la puerta, como si pudiera ver detrás de la madera. Nuevamente la puerta fue golpeada, esta vez sin mucha delicadeza, retumbando la pared.
— ¡La puerta esta abierta! — sea quien sea, Zoro decidió que podría entrar, no deseaba levantarse del frío suelo, que ahora estaba mojado y caliente por su sudor.
La puerta se abrió lentamente, y primero ingreso una cabeza rubia, el ojo celeste visible miro a los grises de él, Zoro sintió que el tiempo se detuvo, era el mismo hombre de aquella tarde, ahora sin ese excesivo maquillaje, y llevaba en su labio un cigarro. Tenía un rasgo varonil suave, la ceja delgada y perfilada terminaba de una manera extraña, con un incipiente bigote en el mentón que no lo había notado antes, posiblemente por el exagerado maquillaje; el cabello rubio le caía lacio ocultando su otro ojo y la ceja que posiblemente tenía la misma forma, el ojo no oculto con un brillo miraba con curiosidad todo, los labios se le antojaron apetitoso, brillaban en una tentación traslucida cuando quito el cigarro mientras ingresaba, haciendo malabares con la bandeja que llevaba en una mano mientras esquivaba las cajas esparcidas.
Zoro se sorprendió de verlo en un traje de tres piezas, muy diferente a la primera presentación, además notaba que el traje y la cara limpia con un ligero labial, le quedaba tan bien.
El rubio inclino la cabeza, extrañado, ya sea por encontrarlo acostado en el suelo o porque no dejaba de estudiarlo.
— ¡Huelo a comida! — Luffy se levantó de golpe como si fuese un resorte, provocando que su cuerpo se resienta, y que Zoro diera un brinco porque no esperaba una interrupción a su observación — ¡Ahh! ¡Mi espalda!
— Supongo que no fue una buena mudanza — murmuro apartando suavemente la mirada de Zoro, dio una calada al cigarro antes de aplastarlo en la suela de su zapato.
— Ninguna mudanza es buena — rechino el peliverde volviendo acostar su cabeza.
— Marimo levanta — el rubio le lanzo la colilla aplastada del cigarro, apuntando a su frente. Provocando que el anfitrión gruñera sin deseos de levantarse.
El pie de Zoro fue pateado un par de veces, volviendo a ver al rubio justo cuando evito que Luffy robase la fuente que traía, cubierto por una lámina de aluminio.
— ¡Trajiste comida! ¡Quiero comer!
— Recuerdo que les dije que le llevaría una comida de bienvenida — busco con la mirada a los otros — ¿Dónde están los otros? Vi que eran cuatros.
— Tu preciosa dama se fue — Zoro se levantó, muy cerca, notando que era un centímetro más alto que él, sonríe internamente.
— Que lastima, me hubiera gustado saber el nombre de mi cisne de sus labios — canturreo en un tono empalagoso que provoco un gruñido de Zoro.
— Sigue soñando, ella no te lo dirá, aunque fueras el único hombre en la tierra.
Sanji frunció el ceño y le siguió con la mirada, Zoro camino hasta la isla que dividía la cocina de la sala recibidor, bajando de aquella mesa las cajas que habían dejado.
.....
Las veces que Zoro se volvió a encontrar con el rubio de su vecino que vivía en frente de ellos, fueron relativamente cortas para él; se encontraba en el pasillo cuando el de cejas extrañas regresaba donde sea que hubiera estado en la noche, con la ropa algo desordenada, la camisa desabotonada hasta el nacimiento de su pecho, fuera del pantalón, la corbata con el nudo deshecho o aflojado, y la chaqueta colgando en su brazo o en uno de sus hombros, era muy diferente cuando se iba del departamento, la camisa abotonada, metida en el pantalón, la corbata anudada y sellada, la chaqueta puesta y todo sin una sola arruga; sobre todo, en el amanecer tenia el rostro adornado de cansancio, las ojeras oscuras, el cabello alborotado pero sin evidenciar el ojo que ocultaba con recelo, por lo que se había dado cuenta.
Suponía que era una cicatriz la que ocultaba, como la que él tenía, pero que orgullosamente lo mostraba.
El rubio en el amanecer ingresaba a su apartamento, gruñendo un saludo y pateando la puerta una vez que ingresa; mientras el peliverde salía del apartamento para hacer su corrida matutina hasta el gimnasio antes de ir a buscar trabajo, sin mucho éxito.
— ¿No tienes ningún trabajo? — se detuvo en el lobby del hotel, estaba frustrado — sabes que puedo aprender cualquier cosa — se escuchó a alguien regañando en el otro lado de la llamada — ¡fue un accidente! Y recuerdo que me lo descontaste ¡Ah! Bueno, es lo mismo — soltó un bufido al pensar en su deuda con Nami, la cual estaba en la otra llamada, que aumentaría por haber roto la maquinaria, la cual Usopp y Franky pudieron arreglar, pero lamentablemente Nami se había enterado — ¡En una semana debo pagar el alquiler! A este paso no comeré nuevamente, quedaré en huesos y será tu culpa ¡Avara! — molesto colgó la llamada.
Guardo el celular en el bolsillo de su pantalón y giro sobre sus talones para subir las escaleras, encontrándose al rubio de cejas extrañas mirándolo fijamente con un semblante neutro.
Zoro notó que llevaba una ropa extraña esta tarde, a una hora de anochecer, llevaba un short holgado que parecía una falda, una blusa que se cerraba en el cuello, y dejaba al descubierto unos hombros firme y definida que enmarcaba las líneas de su trapecio, y los brazos descubiertos evidenciaba los fuerte y saludable, contrastando con su figura estilizada.
Tenía el rostro ligeramente pintado, los ojos con una línea negra que resaltaba el gris que se ocultaba en el celeste de sus ojos, los parpados brillaba en plateado, las pestañas dobladas y abundantes, las mejillas con un ligero rubor, y el labio resaltaba en un tono rosado que brillaba como si fuera una linterna llamando a las luciérnagas para que se maree con el cantor de su brillo.
— Perdona si es que me estoy metiendo en asuntos ajenos — Zoro se obligó a levantar la mirada, suplicando que su rostro no enrojezca, pero el rubio parecía no darse cuenta como lo perturbaba, no era la primera vez que lo veía vestido así, cada sábado de dos semanas siempre a la misma hora salía del apartamento 12 con esa pinta afeminada, o como Vivi había mencionado "femboy" — no pude evitar escucharte — soltó un suspiro y llevo una mano enguantada hasta su cabello rubio, y antes que lo pase por esas hebras doradas, se detiene, su cabello nunca cambiaba, era lacio y siempre ocultaba el mismo ojo, si se había peinado, Zoro no noto la diferencia —, si estas buscando trabajo, puedo recomendarte a uno, eso sí, la paga al principio no es buena, pero con el tiempo puedes ganar muy bien, también, el ambiente laboral es una mierda — Zoro se sentía confundido con el rubio, su lenguaje parecía a de un marinero, siempre soltando palabrotas, rompiendo esa imagen de chico dorado angelical y caballeroso, dependiendo de como estaba vestido — Claro, si es que te interesa.
Sanji saco un cigarro, aburrido lo prendió y lo fumo.
Zoro trago saliva, ¿un ángel fumando?, parecía un demonio disfrazado de ángel, tan seductor que no se daba cuenta.
— Bien, musgo, suerte con tu búsqueda de trabajo.
Zoro se dio cuenta que no había dicho ni una sola palabra, se tenso al notar que el rubio caminaba a la salida.
— Lo pensaré — soltó con la calma que no tenía, Sanji giró la cabeza para verlo, su mirada seria no cambio en nada, parecía muy molesto. Y antes que la cabeza de Zoro trabaje en unas palabras más agradecida, pero no tan agradecido para que no sospeche, el rubio se perdió detrás de las puertas cerradas.
Zoro dejo caer el aire que había estado aguantando.
— Menudo idiota — soltó en voz alta, muy molesto.
— ¡El idiota eres tú, imbécil!
Zoro brinco como si fuese un gato, Sanji se acercó tan furioso a él, lo había escuchado, y parecía muy molesto. Lo golpeo con fuerza en el pecho, haciendo que tropiece al retroceder y golpee su espalda contra la pared. El rubio lo agarro del cuello de la camiseta, y recién se dio cuenta que el rubio estaba usando zapatos con tacos, porque estaba más alto que él.
— Te crees que voy a aguantar tus mierdas, maldito cabrón — las palabras como el aire caliente que salía de sus labios, abofetearon su cara — escucha muy bien maldita escoria, si vuelvo a ver tu puta cara gruñendo a mi persona o a mis amigos, tu linda cicatriz tendrá compañeros nada agraciado — y dando fe a sus palabras, sintió un rodillazo en su vientre que le quito el aire.
Lo dejo caer como basura en el suelo, con la visión borrosa vio como el rubio caminaba de regreso a la salida, con el trasero respingón meneando con coquetería con cada paso, haciendo sonar con fuerza sus tacos.
Maldijo su puta suerte.
....
Continuará....
