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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-02-02
Updated:
2026-02-02
Words:
911
Chapters:
1/5
Comments:
1
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1
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1
Hits:
30

culpable

Summary:

pedro hace lo que juró nunca hacer, desesperado por encontrar el rumbo de su vida acude a la iglesia.

Chapter Text

Hacía frío y el sol todavía no se asomaba, sus piernas temblaban pero no se detenían. Tenía que llegar a casa. Llegar a casa y bañarse. Limpiar su cuerpo una y otra vez.

La madrugada desolada acompañó la angustia que lo vestía. Apretó la campera contra su cuerpo, pero sentía como el frío lograba meterse igual… Todo parecía en vano.

Pedro estaba caminando de vuelta a su casa después de haber cogido por primera vez.

Le daba tanta pena toda la situación. Sentía que ya no tenía sentido probar, que si había soportado aquella hormonada juventud, entonces, podría sobrevivir el resto de su vida sin caer en la tentación. Pero aquel tipo en ese bar y todos esos tragos lo hicieron confundir.

La había pasado bien, no podía negarlo. El hombre había sido un caballero. Aunque no se había animado a contarle que era la primera vez que lo hacía, Santiago, ese era su nombre, lo había hecho todo con mucho cuidado y, sin juzgarlo, lo guió en cada momento.

Aun así, Pedro lloró cuando Santiago se arrodilló a chupársela, apretó los ojos con fuerza para no ver mucho y se tropezó con sus propios pies con tal de vestirse rápido y huir de aquella habitación.
Se limitó en el placer que podría haber sentido por varias razones, pero todas giraban en torno a lo mismo: culpa.

Había crecido catolico. Nacido y criado en una familia de pocas palabras, Pedro había aprendido desde la más tierna infancia que había cosas que no estaban permitidas.

Con 28 años, hundido en su bañera, solo podía pensar en todas las reglas que había desobedecido en tan solo una noche. Se arrepentía profundamente, nada de lo que había hecho valía realmente la pena.

Esquivó su reflejo, su cuerpo llevaba marcas que solo le recordaban todas sus malezas.

Se acostó a dormir con un último pensamiento en mente: “Ya no hay vuelta atrás”

Era cierto, había hecho la única cosa que lo diferenciaba del resto de hombres que eran como él… Había mordido la manzana más alta del árbol, después de tanto tiempo viendo frutas caer a sus pies…

Simplemente se sentía traicionado. Una vida de esfuerzo que se le iba entre los dedos y no iba a poder volver jamás.

Pensó mucho en Dios esos días. Pensó que Dios sabía y eso lo hacía sentir aún más miserable. Tenía que arrepentirse, pedir perdón, arrancar de nuevo. Por más difícil que parezca.

Fue así como una mañana de martes esquivó el camino a su trabajo y estacionó en la plaza, frente a la iglesia. Llevaba tiempo sin ir, pero el ritual estaba grabado en su memoria.

Entraba siempre con el pie derecho primero y mojaba su mano en la fuente fría de mármol, marcaba una pequeña cruz en su frente y besaba su mano. La sensación fría y salada le quemaba en los labios, labios que habían probado cosas que jamás pensó que iba a hacer. Cosas que deseaba cuando estaba solo en su habitación.
Recordaba con mucho dolor esas noches en su adolescencia, noches que forjaron quien era y cuáles eran sus deseos. Esas noches estaban siempre seguidas por mañanas de promesas. “Jamás caeré en mis perversiones” “Nunca actuaré sobre mis deseos más oscuros”

Y ahora estaba caminando hacia el confesonario. Ese lugar al que no iba hace mucho tiempo, que no le traía nada más que malos recuerdos. Mordió su lengua con fuerza con la intención de volver al presente, miró para todos lados buscando al cura. No había nadie más que algunas señoras sentadas en la última fila. Entró igual y esperó dentro de esa jaula de madera que lo llevaba a los peores rincones de su mente.

Pedro no se cansaba de esperar por algo. Una salvación divina, un castigo, un inicio o un final. Algo que le dé sentido a todas esas cosas que le pasaban.

El eco de unos pasos firmes que se dirigían hacia donde él estaba lo sacaron del trance.

“En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.”

“Bendíceme Padre, porque he pecado. Ha pasado mucho tiempo desde mi última confesión y no sé por dónde empezar.”

“Te escucho”

“Me acosté con un hombre”

“¿Cómo te sientes por eso?”

“Arrepentido, padre. Avergonzado…”

“¿Quieres que te perdone? ¿Eso te haría sentir mejor?”

“No quiero ofender a Dios.”

“Somos todos hijos de Dios. Él es bueno y grande. No lo has defraudado.”

“Está mal.”

“¿Ser gay?”

“Si. Está mal”

“No creo que Dios esté en contra de la felicidad de nadie.”

Eran palabras que hubiera deseado oír mucho tiempo atrás, antes de que el odio tomara su cuerpo, antes que juicios ajenos se apoderaron de su mente.

Ante el silencio que continuó, el Padre volvió a hablar.

“Da gracias al Señor porque es bueno. Su misericordia perdura para siempre. Yo te absuelvo de tus pecados, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo ”

“Amen. Gracias, Padre.”

Al salir del confesonario sintió como sus piernas se aflojaban y lo siguiente que supo es que su cara estaba estrellada contra el piso frío de la iglesia. Las manos de alguien intentaron levantarlo pero aquella persona no tenía la fuerza para hacerlo.

“Vamos, necesitas recomponerte.”

Quería hablar pero se sentía todavía muy mareado, con un gran esfuerzo se sentó con su espalda contra la madera. Junto a él se sentó el cura, quien lo miraba muy de cerca.

“No te muevas, te voy a traer agua.”