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Cap 1
Como cada mañana en la fortaleza roja el consejo privado del rey Viserys se reunía a discutir los diferentes temas que nesecitaban de supervisión, hablando sin descanso sobre las diversas situaciones llegadas hasta ellos lo que generaba discusiones interminables con todos ellos lanzando de uno a otro acusaciones y responsabilidades.
Lord Strong encargado de las leyes intentaba modificar las reformas que cobrarán impuestos por artículos básicos a los señores pues lo consideraba absurdo, especialmente porque le afectaba directamente.
Sin embargo el rey se negaba a escuchar más de unas pocas palabras pues presionado por su maestro de moneda se veía en el apuro de conseguir oro para seguir solventando sus tan exorbitantes gastos, ya Lord Besbury le había informado que o encontraba la manera de hacer llegar más ingresos o definitivamente se vería obligado a reducir gastos impidiendo con ello sus celebraciones recurrentes y tan amados festines.
Después de horas de discusiónes que no llevaron a ningún lado el Lord mano sacó el tema más importante.
- es mi deber como mano aconsejar en los asuntos del reino y es por ello que me atrevo con el permiso de su majestad a exponer la siguiente situación, anoche el príncipe Daemon ha ordenado una masacre en la ciudad bajo el manto de justicia desatando horrores por las calles.
Al igual que cada una de las veces que se le otorgaba un cargo a Daemon, Otto Hightower siempre encontraba la manera de hacerle ver mal ante el rey quien sencillamente asentía a las palabras del hombre.
Para todo el reino la aparición de Daemon solo podía significar una cosa, problemas y esto Otto lo sabía aprovechar muy bien.
- Se le ha pedido cuidar la ciudad, imagino que solo ha hecho lo que consideraba necesario.
Viserys siempre apacible intento por un momento defender a su hermano.
Esta vez sin embargo fue Lyman Besbury quien dio sentencia.
- no es solo eso majestad, antes ha sacado bastantes monedas del tesoro para solventar las costosas capas doradas que sus hombres usan y me temo ha sido un gasto exorbitante.
- Tal vez lo mejor- siguió esta vez Lord Strong - sería enviarle como emisario a las ciudades libres.
Todos asintieron mostrándose deacuerdo con su decisión esperando solamente la aprobación de Viserys.
- ¿exiliarlo entonces? - preguntó con cansancio pero la reunión fue interrumpida por la llegada tardía de quien se hablaba.
- lamento la demora, a diferencia de algunos yo estuve trabajando durante toda la noche - saludó con descaro al ingresar, tomando asiento en el lugar que aún le correspondía.
- ya hemos escuchado sobre tus hazañas nocturnas ¿que tienes que decir al respecto hermano? - le miró el rey intentando darle una última oportunidad.
- querían que limpiara no, porque les sorprende que lo hiciera - Respondio llenando de vino su copa.
- Daemon, esta vez has ido demasiado lejos - Viserys manipulable como era había aceptado la decisión de sacar del consejo a su hermano - ya no puedes ser parte de esto, no tienes lo necesario para dirigir y mucho menos para decidir sobre mi pueblo - y con esas palabras el rey selló su propio destino.
Daemon quien había llegado cansado pero emocionado después de tan intensa noche detuvo todo movimiento para por unos instantes sólo mirar a su hermano.
- ¿Me estás echando? - preguntó en voz baja, calmado pero expectante bajando su copa sin derramar el vino.
- comprende hermano que tu lugar no es en mi consejo, tal vez deberías regresar con tu esposa tal vez viajar por essos - intentó apaciguarle disfrazando de benevolencia el despido.
Daemon permaneció en silencio solo observando, esperando que Viserys se retractara y tal vez se disculpara también pero después de unos instantes donde ningun sonido salió Daemon entonces comprendió que nuevamente se le había eliminado del consejo.
- A la mierda contigo, me escuchaste Viserys ¡ A LA MIERDA CONTIGO! - Respondio con furia levantándose con un estruendo y apuntándole con ahínco -así agradeces todo mi apoyo y sacrificio, echándome como si no importara - en ese momento Daemon solo sentía furia y desprecio por quien nuevamente le despreciaba - fui yo quien te puso la corona que llevas en la cabeza ¡lo olvidaste Viserys! -gritó sin acercarse logrando que los presentes temieran por su seguridad.
- Príncipe por favor no juzgue a su gracia el solo pretende - pero las palabras de Lord mano solo lograron avivar aún más el fuego de Daemon.
- ¿que has hecho por mi? ¡dime Viserys! No has sido capaz de darme lo único que te he pedido y ahora que me tienes arreglando tu mierda y otros te susurran decides enviarme lejos - Sir Redwyne se acercó a proteger al rey quien pálido balbuceaba buscando defenderse pero el movimiento fue seguido por Daemon quen decidió que ya había tenido suficiente.
- ¡A la mierda Viserys! tu y tu consejo pueden irse a la mierda - y saliendo furioso Daemon se dirigió al pozo por su siempre leal Caraxes.
Azotando la puerta al salir empujó todo aquel a su paso hasta llegar donde su caballo ya ensillado le esperaba saliendo a todo galope dispuesto a viajar muy lejos.
Mientras cabalgaba recordaba cada desprecio y humillación que a causa de la escoria de Hightower su hermano le había sometido molestándose aún más decidiendo irse a su castillo del cual era dueño almenos hasta que su prima Aemma diera un hijo.
Pero cuanto más se acercaba y su furia más se templaba descubría que sus palabras eran ciertas, que la corona de Viserys sólo permanecía en su inútil cabeza gracias a no sólo sus esfuerzos si no también a Caraxes y el miedo que este les daba a quienes buscaran oponerse.
¡No me merece! Pensaba al desmontar y acercarse a Caraxes ¡ni lo que yo puedo darle! Y mirando a los ojos al dragón hombre y bestia sincronizaron sus corazones, ahora ellos tomarían lo que les pertenece, lo que algunos temían ahora se haría realidad.
Aquel día, al subir el sol a su punto más alto el príncipe canalla y su wyrm de sangre sobrevolaron la ciudad entre rugidos estridentes y llamaradas de fuego.
Al haber pasado cerca de una hora Daemon ordeno a su montura aterrizar en la puerta principal de la fortaleza desde donde ya sus capas doradas le esperaban.
No hablo, ni ordeno pues no lo necesitaba para que sus hombres se movilizaran comprendiendo sus deseos sin necesidad de palabras.
Ingreso a paso firme, seguro con la confianza de quien nada perdería, dejaba a su paso miedo y desesperación pues blandiendo hermana oscura ejecutaba a todo aquel que se le interpusiera.
No tardo mucho tiempo en llegar al salón del trono donde ya se habían convocado los más ilustres del reino para juzgarle.
- ¡Daemon! - gritó entonces Viserys, espantado y enojado desde lo que él creía era la seguridad que su trono le otorgaba - ¿que significa esto? - deteniendo efectivamente el avance de su hermano.
- ¿lo recuerdas Viserys?- preguntó entonces sonriendo Daemon sin responderá su hermano - la promesa del padre, la que rompiste cada vez que no me elegiste - continúo acercándose un poco más desviando su intensa mirada hacia su espada cubierta de sangre.
- No voy a permitirte actuar así, ¡te lo prohíbo como tu rey! - ordeno ignorando como solía hacer siempre, lo que su hermano decía.
- Demasiado tarde, ahora ya no eres capaz de ordenar a nadie - las palabras honestas y claras de respuesta de Daemon alteraron a los presentes quienes angustiados permanecían quietos.
- !GUARDIAS! - gritó entonces temblando de furia Viserys amenazando, buscando mostrar su poder, pero para Daemon sus gritos ya no llevaban poder alguno y soltando una cruel sonrisa él también habló.
- Guardias - habló firme sin gritar levantando la cabeza mostrando entonces quien realmente manda.
Al instante cientos de hombres ingresaron al salón portando sobre sus hombros una fina capa dorada los cuales se dispersaron e incapacitaron a los escasos cinco guardias que anteriormente respondieran el llamado de Viserys.
- no tienes poder, nunca lo tuviste y ya me he artado de prestarte el que me pertenece - paso a paso Daemon subió los escalones del trono llegando hasta donde Viserys temblaba - ahora tienes aquí algo que me pertenece - dijo antes de quitarle la corona que perteneció a Jahaerys.
- ¡No hagas esto Daemon! - suplico entonces mirándole desde abajo, derramando lágrimas buscando a ese hermano que siempre le había apoyado.
- Lo has hecho tu con tus acciones ¡ahora afróntalas! - Respondio en voz baja calmado antes de tomar a su hermano de sus ropas y levantarle de su trono arrojándole hacia el final de los escalones - lleven al príncipe Viserys a las habitaciones de su esposa y custódienles desde dentro para que no escapen, mantengan a la niña aparte y a Aemma llevarle a las habitaciones del rey asegúrense de que ninguno escape.
Al momento sus hombres cumplieron sus órdenes movilizándose con agilidad aunque sin gracia, el silencio reinaba y ni una alma se atrevía a fragmentar el momento pero Daemon aún no había terminado y levantando en alto la corona de su abuelo exclamó.
- ¡Ahora yo soy su rey! - procediendo a colocarse la corona - arrodíllense ante mi.
Y aunque el desagrado abundaba el miedo exigía y uno a uno todos los presentes doblaron rodilla.
Sin mirar a nadie en particular y con la corona ya puesta Daemon, ahora el rey Daemon procedio a sentarse en el trono que él mismo había reclamado.
No necesito ordenar nada pues su sola presencia imponía si no respeto si miedo por lo cual la voz de un hombre resonó con potencia interrumpiendo con ella el tenso silencio del lugar.
- Ante ustedes se encuentra su Majestad el Rey Daemon primero de su nombre Rey de los Andalos, de los Rhoynar y los Primeros Hombres, Señor de los Siete Reinos y protector del reino.
