Chapter Text
No todos podían cumplir sus sueños, o al menos eso es lo que había descubierto el pequeño Izuku Midoriya a su corta edad de cinco años, hace unos cuantos días su madre lo había llevado al doctor para confirmar lo que más temía, había nacido sin un don, su deseo de ser un héroe tan grande como All Might se había destrozado ese día, a pesar de las palabras de ese doctor, él siguió intentando atraer cosas como su madre lo hace e incluso escupir fuego como su padre, el momento en el que comprendió que jamás tendría un don fue al ser abrazado por su madre tras preguntarle si él también podría ser un héroe para después escucharla disculparse.
Todo su mundo cambió a partir de ese día, su madre intentaba animarlo, él lo notó, pero también había notado los momentos en que su madre lloraba a solas, no quería lastimarla, no quería verla llorar, pero tampoco podía fingir que no le afecta no tener un don, no cuando Kacchan y sus amigos ya no lo querían cerca, lo trataban distinto, le decían cosas hirientes y le hacían daño.
Esa noche Izuku no podía conciliar el sueño, sabía que era muy tarde, por ello la luz de su habitación estaba apagada y lo único que hacía en ese momento era mirar a través de la ventana observando el cielo estrellado, deseando la posibilidad de que aquel doctor estuviera equivocado y en cuestión de tiempo manifestara un don, quería que su vida regresará a como lo era hace más de una semana.
Sentía lágrimas formándose en sus ojos una vez más, no sabía cuanto tiempo había pasado, pero era momento de ir a la cama, cuando estaba a punto de cerrar la cortina de su ventana lo vio, en el cielo nocturno había dos estrellas fugaces danzando una al lado de la otra hasta que se unieron formando una sola estrella fugaz tan brillante y gigante, el momento fue corto, pero el pequeño Izuku sentía que había visto todo en cámara lenta, una extraña sensación de felicidad y calidez se extendió desde su corazón hasta recorrer todo su cuerpecito, una vez la estrella fugaz se apartó de su vista corrió sin dudar hacía la habitación de su madre, tenía que contárselo.
Inko despertó sintiendo como su hijo la sacudía por el hombro mientras hablaba tan rápido que le hacía imposible descifrar sus palabras al apenas salir de sus sueños, miró el reloj que tenía en su habitación, era casi media noche, al girarse para preguntarle a Izuku que hacía despierto tan tarde se sorprendió al verlo tan animado y sonriente, desde aquel día no había visto la sonrisa de su hijo ni una sola vez.
—… Y entonces las dos estrellas se fusionaron, era solo una en el cielo y me sentí muy feliz mamá, aquí sentí calientito cuando la vi —decía el pequeño Izuku mientras con su manita presionaba su pecho, justo donde estaba su corazón.
Inko no comprendía bien que decía su hijo, pero le sonrió, la alegría del pequeño era muy contagiosa, ¿dos estrellas que se fusionaron?, se quedó pensando por un momento hasta que por su mente pasó un recuerdo.
—¿Sabes, Izuku? De niña mi madre me solía contar mucho un cuento de dos estrellas que ayudaban a las almas gemelas a encontrarse, ¿quieres escucharlo? —preguntó Inko mientras ayudaba a su hijo a subir a su cama, dormir una noche a su lado tal vez le ayudaría a su pequeño.
Izuku gritaba —¡Sí, sí, sí! —mientras saltaba en la cama por la emoción de escuchar una historia antes de dormir e Inko se acomodaba a su lado para contarle aquel cuento.
Hace muchísimos años atrás, quizás incluso siglos, en el universo las estrellas eran separadas por dos clases, las que exploraban el espacio descubriendo lugares que otras nunca habían visitado y las que permanecían en un punto fijo donde se quedarían a iluminar y ser guías para aquellas estrellas que se perdían en su exploración.
Una de esas estrellas que anhelaban explorar se fue sin ningún guía y sin conocer las ubicaciones de los lugares a los que deseaba visitar, como era lógico perdió su rumbo y no pudo encontrar alguna estrella cercana que le ayudara a regresar, se encontraba entre unos planetas que jamás había conocido en sus clases de exploración, con el miedo de perderse al avanzar más decidió quedarse ahí esperando ser encontrada por otra estrella exploradora.
El tiempo pasaba y la pequeña estrella iba perdiendo la fe de regresar a su hogar, hasta que a lo lejos vio una luz que se acercaba a ella lentamente, era otra estrella exploradora, pero a diferencia de ella se veía feliz y relajada, cuando aquella estrella estaba lo suficientemente cerca lo sintió, una conexión que jamás había sentido antes junto a una calidez que la cubría por completo.
La estrella mayor a ella le explicó que se encontraban en la vía láctea, y se ofreció a acompañarla de regreso al lugar donde las estrellas iniciaban su exploración, durante el camino se fueron conociendo, la mayor le contó sobre los lugares que más le gustó conocer, la pequeña habló sobre cuantos lugares anhelaba visitar, el trayecto se sintió tan corto que al llegar la pequeña no quería dejar ir a la mayor, pero no podía retenerla más tiempo cuando tomó parte de su tiempo para traerla hasta aquí, se despidieron y cada una siguió su propio camino.
Pasaron los años y la pequeña estrella seguía sin descifrar que fue lo que sintió al conocer a la otra estrella, preguntó tanto a estrellas más jóvenes como mayores, pero no encontraba respuestas, no sabía que era esa conexión que sintió, pero deseaba volver a sentirla, después de mucho tiempo sin volver a explorar el espacio decidió que volvería a esa galaxia donde conoció a la otra estrella en la que no podía dejar de pensar.
El camino era muy poco conocido lo cual le costó encontrar el lugar donde la conoció, sin embargo, cuando llegó la vio, estaba ahí observando un planeta y la misma sensación que tuvo la primera vez que la miró volvió, sin dudar se acercó a ella.
“¿Me recuerdas?” fue lo primero que dijo cuando la otra estrella notó su presencia, a lo que asintió la mayor, la menor le explicó todo lo que había estado deseando decirle, desde el largo camino que recorrió para volver a verla hasta lo que siente al estar cerca a ella y pensar en ella, la estrella estaba sorprendida, le contó que ella también había experimentado la misma sensación desde que se conocieron y fue ahí donde le explicó un término que desconocía: almas gemelas.
La primera vez que la mayor conoció sobre esto fue después de mucho observar aquel planeta que los humanos llamaban tierra, ahí había visto como los humanos tenían un conexión profunda con otro humanos, una conexión única e inigualable, la cual se daba al ser almas gemelas, ella creía que solo existía esa conexión entre los humanos al haber estado en tantos sitios y no haber visto algo similar en otros seres hasta que lo experimentó ella misma, al inicio creyó que al observar tanto tiempo a ese planeta había confundido lo que sintió, pero después se dio cuenta que esa sensación volvía al pensar en la estrella menor, anhelando volver a verla sin atreverse por temor a que fuera unilateral.
Ambas estrellas estaban felices al entender por fin sus sentimientos y darse cuenta que eran correspondidos, decidieron que cualquier camino que tomarán sería juntas, y una forma que encontraron de agradecer a esa galaxia el conocerse y a los humanos de ponerle nombre a la conexión que tenían fue lo siguiente, si dos humanos destinados que desconocían ser almas gemelas miraban al cielo en el mismo instante, ellas aparecerían antes sus ojos y les ayudarían a unir sus sueños para poder conocerse a través de ellos, serían aquel puente para las almas gemelas que merecían conocerse y amarse tanto como ellas lo hacían.
Inko terminó de relatar la historia y miró en dirección a Izuku quien seguía despierto, el niño estaba completamente emocionado.
—¿Las almas gemelas aún existen?, una niña en el kinder dijo que no, pero yo vi a esas estrellas, ¿tengo un alma gemela? —soltó el pequeño Izuku con mucha curiosidad mientras se tocaba la barbilla recordando.
—Antes de que aparecieran los dones las personas solían tener una marca de alma gemela, aparecía al cumplir los quince años, la genética de los dones modificó eso y dejaron de aparecer esas marcas, las almas gemelas no dejaron de existir solo son más difíciles de encontrar —le explicó Inko a su pequeño mientras veía como el niño la miraba confundido al no entender mucho, volteó hacía su reloj y se dio cuenta que era muy tarde, —Izuku es hora de dormir, tienes clases temprano.
El pequeño no protestó, se acomodó en la cama dispuesto a dormir, deseando poder ver en sus sueños a su alma gemela.
