Work Text:
Shaoyou tenía apenas diez años cuando vio al Príncipe Hua Yong por primera vez. No fue en una audiencia formal, sino en los jardines traseros, donde el joven príncipe practicaba con la espada bajo el sol abrasador. Shaoyou, hijo de un sirviente de bajo rango, estaba escondido tras unos arbustos, observando cómo el sudor perlaba la frente de Hua Yong y cómo sus ojos brillaban con una determinación feroz. En ese instante, no solo vio a un futuro emperador; vio a su dios, su destino.
Pasaron los años, y el amor de Shaoyou creció junto con él, convirtiéndose en una obsesión silenciosa y agónica. Veía cómo las damas de la corte suspiraban por Hua Yong, cómo los ministros intentaban casarlo con sus hijas. El corazón de Shaoyou se retorcía cada vez que recordaba la cruda realidad: él era un hombre, y el Emperador Hua Yong jamás podría amarlo... ni siquiera verlo como un igual.
—Solo las mujeres pueden tocarlo. Solo ellas pueden estar en su cama —se repetía Shaoyou, mirando su reflejo en un estanque.
La idea surgió no como un capricho, sino como un acto de desesperación absoluta. Una noche, mientras observaba a una de las concubinas del harén caminar con altanería, una chispa prendió en su mente.
—Si no puedo ser su igual, seré lo que él desea —susurró para sí mismo.
El plan fue meticuloso. Shaoyou era de complexión delgada y facciones delicadas, un regalo que ahora usaría como arma. Aprendió a modular su voz, a caminar con pasos cortos y suaves, a usar el maquillaje para suavizar su mandíbula. Robó sedas, estudió los modales de la corte femenina y, lo más difícil, entrenó su mente para ignorar el terror de la horca si lo descubrían.
No era solo un disfraz; era una reinvención. Shaoyou murió aquella noche en el estanque, y nació "Xiu Ying", la concubina misteriosa y esquiva que pronto captaría la atención del frío Emperador. Todo estaba listo. El juego de riesgo más alto de su vida estaba por comenzar
Hua Yong empujó a Shaoyou sobre la cama, la seda de las sábanas era fría contra su espalda caliente. El Emperador se cernió sobre él, sus ojos ardiendo con una necesidad que Shaoyou había deseado ver toda su vida. Cuando Hua Yong comenzó a acariciar sus muslos, Shaoyou contuvo un gemido, temiendo que su voz sonara demasiado grave.
—Estás tan tenso... —murmuró Hua Yong, confundido por la firmeza de su cuerpo, pero sin detenerse—. Me encanta esa resistencia.
La mano de Hua Yong se deslizó hacia la última barrera de su ropa interior. Shaoyou sintió que el corazón se le salía por la boca. Era el momento. Si Hua Yong dudaba, todo terminaría. Pero Hua Yong, impulsado por una urgencia que no le pertenecía, simplemente rasgó la tela con un movimiento posesivo, encontrando finalmente la verdad desnuda, no como un error, sino como una sorpresa que lo consumió por completo
Hua yong contempló la piel lochosa frente a el, húmeda y rosada qué parecía querer tragarselo por completo, sus ojos se dilataron
- Siempre quise ver el manjar que escondías debejo de ese hanfu - murmuró mientras se agachaba para
Comenzar a sorber y comer como un hombre hambriento
Los dulces gemidos de shaoyou llenaron la habitación, sus ojos se abrieron como platos jamás imaginó sentir ese placer tan indescriptible, se volteo y hundió más la cara de yong en su trasero sediento de más, hua yong se apartó con la mitad de la cara llena de la grasa de shaoyou
Cuando shaoyou sintió que lo iban a voltear supo que debía tomar el control de la acción, con velocidad volteo agarra a hua yong y lo Lanzó a la cama, dejandolo impactado por un momento antes de que una sonrisa se expsandiera por sus labios
Shaoyou le amarró las manos con el hanfu y tapó sus ojos
- Tranquilo cariño, esta noche no debes preocuparte por nada yo te cuidare bien- tomando una respiración profunda termino de desnudarlo deleitandose con la vista
Dejo un camino de besos húmedos, hasta que llego a la gran hombría de hua yong
- Necesito mojarte cariño para que puedas entrar en mi -
- shaoyou, espera un momento que vas a hace-
Antes de que pudiera terminar de hablar, shaoyou le quito el bóxer y la gran hombria salto ante sus ojos, grande, venosa, palpitando con la punta rosada húmeda, shaoyou sintió que su boca se hacía agua y se llevó su premio a la boca
Los gemidos de hua yong resonaron por la habitación, no se contuvo en todos sus años nadie lo había echo sentir así, nadie tomaba el control
- Cariño se bueno y llevalo hasta el fondo, por favor - shaoyou hizo caso, casi ahogandose en el proceso, la saliva escurria de su boca y sus ojos lagrimeaban, lo sacó con un pop de su boca
- Sabes increíble cariño pero prefiero sentirte dentro de mi -- tomo el falo en su mano y poco a poco lo inserto en su entrada húmeda ambos gimieron de placer
A shaoyou le tomo un momento adaptarse, y después empezó a rebotar poco a poco
La fricción era insoportable y deliciosa. Shaoyou se movía con un ritmo frenético, cada embestida de Hua Yong desde abajo lo acercaba más al borde de la cordura. Hua Yong, con las manos atadas firmemente a la cabecera de la cama por el propio hanfu de Shaoyou, arqueaba la espalda, jadeando, impotente pero completamente entregado al placer que Shaoyou le estaba provocando.
Fue entonces cuando Hua Yong, en un intento desesperado por moverse más, sintió la textura de la piel de Shaoyou contra la suya. La firmeza de sus caderas, la forma en que sus músculos se contraían... eran diferentes a cualquier mujer que hubiera tenido antes.
—shaoyou .. —murmuró Hua Yong, la voz ronca por la excitación y la sorpresa, reconociendo la sensación a pesar de la venda en sus ojos—. Esa fuerza...
Shaoyou detuvo su rebote abruptamente, jadeando, con la frente apoyada en el pecho del emperador.la confusión se apoderado de su rostro . Con una mano temblorosa, le quitó la venda de los ojos.
Hua Yong lo miró, sus ojos oscuros dilatados por la pasión y la confusión. Tardó un segundo en procesar la imagen de Shaoyou, su sirviente, encima de él, desnudo y jadeante, totalmente destruido, sus perfectos labios en forma de corazón rojos, sus mejillas sonrojadas, sus ojos llorosos, estaba así por el..
—Hua Yong —susurró Shaoyou con voz temblorosa — Como lo sabias...
Los ojos de Hua Yong recorrieron el rostro de Shaoyou. una sonrisa feroz y posesiva se dibujó en los labios del emperador.
—Como no reconocería a mi ayou , —dijo Hua Yong, con voz de mando, pero sin ninguna malicia—. Crees que eres el único que observó por años, cuando vi tu plan me fascinó saber todo lo que estabas dispuesto a hacer por mi
Al escuchar esas palabras, Shaoyou sintió que el mundo daba vueltas. ¿Lo sabía? ¿Todo este tiempo? Antes de que pudiera reaccionar, Hua Yong tensó los músculos de sus brazos y, con un tirón seco y poderoso, rompió las ataduras de seda que lo sujetaban.
Shaoyou ahogó un grito de sorpresa, pero fue ahogado por la acción rápida del Emperador. En un movimiento fluido y dominante, Hua Yong le dio la vuelta, empujando a Shaoyou hacia las sábanas y quedando él encima, su cuerpo imponente cubriendo por completo al de su sirviente.
—El juego de la concubina ha terminado, Ayou —susurró Hua Yong con voz ronca contra su oído, haciendo que un escalofrío recorriera la columna de Shaoyou—. Ahora es el turno del Emperador de reclamar lo que es suyo.
Hua Yong no dudó. Reintrodujo su hombría con un empuje profundo y posesivo que hizo que Shaoyou arqueara la espalda y soltara un grito agudo, una mezcla de dolor y placer intenso. El ritmo ya no era el rebote suave de Shaoyou; ahora era salvaje, exigente y devastador.
Hua Yong sujetó las muñecas de Shaoyou contra la cama, dominándolo por completo mientras embestía con fuerza. Shaoyou, con los ojos empañados por las lágrimas y la respiración rota, podía sentir cada parte de Hua Yong dentro de él, cada movimiento diseñado para llevarlo al límite.
—Mírame —ordenó Hua Yong, moviéndose más rápido, más fuerte—. Mírame y siente cómo te hago mío.
Shaoyou clavó sus uñas en los hombros del Emperador, entregándose totalmente a la posesión. Cuando el clímax llegó, no fue un gemido dulce, sino un grito compartido que resonó en los aposentos imperiales, un sello de que la mentira había muerto para dar paso a una verdad cruda, apasionada y absoluta.
