Chapter Text
HOLAAAA, mi amor, te doy la bienvenida a mi fanfic. 😘
Esta historia tendrá drama, acción, violencia, tragedia, algunos momentos de comedia y, por sobre todo, un hermoso romance entre Muichiro y un personaje original que inventé: Shiori. Para crearla me inspiré mucho en Ryuko Matoi de Kill la Kill y en Yachiru Unohana de Bleach, además de darle un toque más con mi propia imaginación. Espero les agrade. 🥺🙏
Si te gusta mi historia, por favor deja tus comentarios. Sin más que decir, VAMOS CON TODO. LET'S GO!!!!
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Una fría mañana desciende sobre la Cofradía de Cazadores. El sol se eleva lentamente, tiñendo el mundo con su manto dorado; los pájaros cantan, y los cazadores agotados regresan de sus patrullas nocturnas.
El amanecer es sinónimo de paz para quienes arriesgan la vida contra los demonios... aunque no todos utilizan esa paz para descansar.
En la soledad de su finca, el joven Tokito Muichiro ya ha comenzado a entrenar desde temprano.
Varios muñecos de madera están esparcidos por el jardín, y con una espada de práctica en mano, el Pilar de la Niebla ataca uno tras otro. Sus movimientos son veloces y precisos; cada golpe corta el aire con elegancia, como si la niebla de la mañana respirara a su ritmo. El viento levanta su largo cabello, y los rayos del sol naciente se filtran entre las ramas, danzando sobre su figura.
Antes de notarlo, el jardín ya es un desastre de astillas y fragmentos rotos. Incluso la espada en su mano había cedido ante la fuerza de sus golpes.
—Mmm... —musita, observando con su expresión impasible el fragmento de madera partida. La deja caer al suelo y murmura con voz plana—. Ya no sirve.
Ni siquiera ha sudado una gota. Aquellos señuelos eran demasiado frágiles para él. La única manera de medir su fuerza es enfrentando demonios... o entrenando con otros pilares, aunque eso último no ocurre con frecuencia. Además, suele olvidarse de ellos todo el tiempo.
Ya fuera entrenando, combatiendo o simplemente durmiendo, los días de Muichiro comparten un mismo hilo: una sensación de vacío. Algo que olvida una y otra vez, pero que siempre regresa, como la niebla al amanecer.
Su katana puede cortar cualquier amenaza... pero no logra cortar el vacío de su mente.
Estaba por llamar a los Kakushi para que repongan los señuelos, cuando el batir de unas alas lo saca de sus pensamientos. Su cuervo desciende con urgencia, graznando con voz clara:
—¡El patrón convoca una reunión de emergencia en la Mansión Ubuyashiki!
Muichiro apenas parpadea, pero su respuesta es inmediata. La obediencia y respeto hacia el patrón son una de las pocas cosas que jamás olvida. Envaina su Nichirin y parte sin demora.
Cuando llega, los demás Pilares ya se encuentran reunidos, todos con rostros entre intrigados y tensos.
—¿Se tratará de alguna misión importante? —pregunta Shinobu, su tono tranquilo, pero cargado de curiosidad.
—¿Podría estar relacionado con Kibutsuji Muzan? —añade Obanai, con su voz serpenteante y el brillo inquieto de Kaburamaru sobre sus hombros.
—¿Y si se trata de un evento importante? Quizás sea el cumpleaños del patrón... o de una de sus hijas —comenta Mitsuri, su sonrisa esperanzada.
—Si es así, no me importaría hacer de la celebración un evento muy extravagante ✨—dice Tengen con su aire arrogante y teatral.
—Los Pilares no estamos para fiestas... —murmura Giyu, sin levantar la vista. Nadie parece escucharlo.
—¡Esperemos que no sean malas noticias! ¡A veces hay que mantener el espíritu positivo! —exclama Kyojuro, su voz resonando como un trueno de entusiasmo.
—No grites tan de repente, maldición... —refunfuña Sanemi, frunciendo el ceño.
—¡Oh! ¡Lo siento, amigo!
—Tch... 💢
Gyomei permanece en silencio, con las manos juntas en oración, esperando pacientemente.
Muichiro, en cambio, se limita a observarlos sin decir palabra, su mirada ausente, como si todo lo que ocurre a su alrededor flotara lejos de él.
Entonces, la figura del patrón Ubuyashiki aparece desde el interior de la mansión, acompañado por dos de sus hijas que lo guían suavemente. Su rostro mantiene aquella serenidad que inspira respeto, calma... y cierta melancolía.
Pero lo que realmente capta la atención de los Pilares es la figura que lo acompaña: una joven desconocida, vestida con un uniforme de cazadora. Sus pasos son firmes, aunque su presencia irradia algo diferente... algo que nadie puede definir todavía.
Aquella joven tiene una contextura delgada pero visiblemente entrenada, cabello negro y liso que llega hasta sus hombros, con un flequillo que cubre su frente. Sus facciones son delicadas, señal de su juventud; sus ojos, rojos como rubíes, brillan con una intensidad que contrasta con la ternura de su rostro. Lleva lentes redondos que reposan sobre el puente de su nariz, dándole un aire sereno y ligeramente vulnerable.
Su uniforme difiere de lo común. Una capa negra cae sobre sus hombros, con el kanji 「守」—"Proteger"—bordado en la espalda. La chaqueta de cazador que viste carece de mangas, dejando sus brazos al descubierto; su falda oscura llega por encima de las rodillas y combina con sandalias y medias cortas blancas, un conjunto sobrio pero distintivo. En la cintura lleva su Nichirin: la funda es negra y la empuñadura, en forma de rombo, alterna tonos azul y rojo.
La desconocida observa a todos los presentes con un atisbo de nerviosismo en su mirada. Traga saliva, intentando mostrar una calma que realmente parece no sentir. Sus manos tiemblan apenas, pero se esfuerza por ocultarlo.
Muichiro la mira con una chispa de curiosidad. "Esos ojos rojos...", piensa, recordando por un instante algunas caras de los demonios.
Las preguntas estaban por llegar, pero el patrón se adelanta con su serenidad habitual y ese tono de "esperanza en lo inusual" que siempre transmite.
—Hijos míos, los he reunido hoy por un anuncio importante: un nuevo Pilar se unirá a la cofradía.
Las palabras se despliegan y provocan una oleada de miradas. El silencio se espesa en el jardín; todos evalúan a la joven con cautela.
Entonces Kagaya prosigue con una voz suave:
—Ella es Hiroyuki Shiori. Ha descubierto una forma de emplear el poder demoníaco a favor de los cazadores. A través del consumo de carne de demonios desarrolló una técnica propia: la Respiración de la Sangre. Aunque su poder es distinto... su voluntad es igual a la nuestra: proteger a los humanos.
El silencio se apodera del ambiente. Podría escucharse el caer de un alfiler. La joven se estremece bajo todas esas miradas, pero mantiene la espalda recta.
Las reacciones llegan una tras otra:
—¡Eso es ridículo! ¡¿Comer carne de demonio?! ¡¿Qué clase de broma es esta, patrón?! —Sanemi estalla en furia.
—No puede ser posible... —musita Shinobu, atónita.
—¿Un cazador utilizando el poder de los demonios? —cuestiona Obanai, su tono cortante y desconfiado.
—¿Una jovencita que ha comido demonios...? —susurra Mitsuri, su voz temblando entre la confusión y la pena.
—¡Nunca he oído de alguien que pueda hacer algo como eso! ¿Es seguro confiar en una persona que utiliza el poder de nuestros enemigos? —agrega Kyojuro, dudando por igual.
La desconfianza flota en la sala como un humo espeso. Gyomei asiente con calma, mientras que Muichiro sigue observándola, curioso, sin emitir juicio; en su mente cruza un pensamiento mundano: "¿A qué sabrá la carne de demonio?", pero lo guarda para sí.
Shiori recibe cada mirada con pesadez en el pecho, pero no retrocede un paso. Respira hondo, acomoda los lentes y habla con voz clara, temblando apenas:
—Hola a todos. Sé que tienen sus dudas acerca de mí. Sé que mi poder es algo que atenta contra la moral y las reglas de los cazadores, pero... —se lleva una mano al pecho, mientras que la otra la apoya sobre el mango de su espada—. ¡Les juro con mi vida que mi propósito y determinación son iguales a los de ustedes! Lucharé como un Pilar contra los demonios y protegeré las vidas indefensas. Daré mi vida para servir con honor a esta misión.
Con escucharla, el silencio regresa otra vez. El patrón sonríe con esa calma que siempre transmite confianza; algunos Pilares titubean entre creer y desconfiar.
Pero, envuelto en la ira, Sanemi desenvaina su katana y la apunta agresivamente en contra de Shiori.
—¡No me creeré nada de tu palabrerío, traidora! Alguien que usa el poder de los demonios no puede ser humano como nosotros. ¡Te desafío a un duelo!
La joven se sobresalta un poco por su desafío, mientras que los demás guardan silencio, ninguno con la intención de intervenir. Una chispa de expectativa está presente por lo que hará la nueva Pilar.
Shiori vacila un instante, siente el temor recorrer su cuerpo ante aquella mirada llena de desprecio por parte del Pilar del Viento. Sin embargo, su rostro se endurece del coraje. Sus ojos carmesíes destellan una inquebrantable determinación.
—No soy un demonio. El corazón que late en mi pecho es de un humano y no permitiré que me señales como si fuera un monstruo —responde con voz firme.
—Comprobaré si de verdad eres humana cuando te rebane las entrañas —escupe Sanemi sin titubeos.
Entonces, Shiori sale al jardín con la espada desenvainada; su hoja, de un azul oscuro, brilla a contraluz. Sus pasos resuenan sobre el suelo rocoso; el viento juega con los extremos de su capa. Los demás Pilares se apartan como espectadores del combate que ocurrirá.
El aire en el jardín se espesa con la expectativa. Las hojas de los cerezos tiemblan bajo una brisa que anuncia violencia. Shinazugawa se adelanta con una sonrisa torcida, los músculos tensos, su katana en mano y el filo apuntando directo al pecho de la nueva Pilar.
—¡Prepárate, mocosa! —gruñe con voz ronca—. Voy a demostrarte que los cazadores no necesitamos la carne de los demonios para ser fuertes.
Hiroyuki refuerza el agarre sobre su espada e inhala lentamente; sus ojos relucen sin vacilación y no se apartan de él.
—No busco demostrar que soy fuerte, sino que soy una cazadora como ustedes.
Sanemi se lanza antes de que siga hablando. Su figura se difumina en un estallido de viento y furia; la tierra bajo sus pies se agrieta. Su espada corta el aire con un silbido feroz. Shiori logra interceptarlo con su Nichirin; el choque resuena con fuerza y saca algunas chispas. El impacto la hace retroceder unos pasos, pero no cae.
—Tsk... no está mal para empezar —masculla Sanemi, girando sobre su eje y arremetiendo de nuevo con cortes en espiral.
Shiori apenas tiene tiempo para reaccionar en su defensa. Su respiración se intensifica, sus brazos se mueven rápidamente para bloquearlo. Pero Sanemi no se detiene ahí, continúa arremetiendo con pura agresividad sin darle un solo segundo de descanso, apuntando a matarla en cada impacto.
Ella frunce el ceño y retrocede paso tras paso, su katana bloqueándolo tan rápido como puede. Sin embargo, la fuerza de Shinazugawa se impone con brutalidad.
—¡Este es poder de un verdadero cazador, maldito monstruo! —exclama con furia.
Pronto, él aspira aire en sus pulmones y recita mentalmente: "Respiración del Viento, Sexta Postura: Tormenta de Humo Negro". Acto seguido, su cuerpo da un giro veloz y ataca con un corte a la cabeza que desata tras de sí una cortina de humo oscura.
Shiori consigue inclinar su cuerpo, esquivando el filo por pocos centímetros, y da un salto atrás para apartarse. El humo se interpone entre ambos; Sanemi suelta una risa pedante, balanceando la espada en su mano de forma burlona.
—¿Qué pasa? ¿Retroceder es todo lo que puedes hacer? ¡Ven aquí, mocosa!
De repente, una onda carmesí atraviesa el aire, viajando rápidamente hacia su contrincante. Él se sorprende y se mueve para esquivarla, pero le termina rozando el hombro. En ese momento siente el dolor y ardor explotar sobre su piel: aquel impacto le ha dejado un corte, seguido de un hilo de vapor y una sensación ardiente como el fuego.
Observa el humo oscuro dispersarse, revelando a Shiori apuntándole con su katana, cuya hoja se ha tornado roja y derrama algunas gotas. Las venas se han marcado por el cuerpo de la chica, mechones carmesíes aparecieron entre su cabello, sus uñas y dientes se han afilado. Tras sus lentes, su mirada es más imponente y agresiva... como un demonio.
En su muñeca hay una herida sangrando. Dicho jugo se mueve directamente hasta envolver el filo de su espada.
—Respiración de la Sangre, Primera Postura: Danza del Río Carmesí. —Recita con fiereza en la voz.
Los demás Pilares observan con cierta sorpresa.
La expresión de Shinazugawa cambia por un instante: asombro, y luego de regreso a la ira.
—¡Tienes agallas!
Sin perder tiempo, Shiori blande de nuevo su Nichirin y ondas cortantes de sangre se proyectan hacia Sanemi. El aire vibra con cada ataque y él va esquivando cada uno con majestuosa agilidad. Estas impactan en el suelo, dejando surcos fogosos como si hubieran sido hechos por ácido.
Acercándose rápidamente, Sanemi salta sobre ella con una estocada vertical que podría partir una roca. Shiori levanta su espada, detiene el golpe, pero el poder del impacto la empuja hacia atrás, dejando marcas en el suelo.
—¡No bajes la guardia o te arrepentirás! —grita el Pilar del Viento, desatando una ráfaga que levanta polvo y pétalos a su alrededor.
Shiori aprieta los dientes, siente su pulso acelerarse en su pecho. Su respiración cambia de ritmo; el latido de su corazón retumba como un tambor de guerra.
"Segunda Postura: Corazón Escarlata", recita en su mente.
En un par de segundos, todo su cuerpo enrojece y aumenta de temperatura. De inmediato se mueve con una velocidad que incluso Sanemi tarda un instante en seguir. Su sangre parece brillar por debajo de la piel, reforzando sus músculos y su mirada encendida. Sus espadas chocan de nuevo en una danza frenética.
La fuerza de Hiroyuki comienza a igualar a Shinazugawa. Ahora se mueven a un compás nivelado; él también retrocede algunos pasos mientras se concentra en bloquear cada ataque.
Desde la distancia, los Pilares reaccionan.
—Vaya... es rápida —musita Shinobu, con los ojos entrecerrados.
—Su respiración es diferente, pero no impura —dice Gyomei, en calma, juntando las manos.
—Tiene una fuerza descomunal, ¡qué increíble! —exclama Mitsuri, emocionada.
—Qué forma tan vistosa de luchar, creo que podría agradarme —añade Tengen con una sonrisa pícara.
—... —Muichiro no dice nada. Su expresión se mantiene neutral, pero observa con atención.
Sanemi, jadeando apenas, ríe con un deje salvaje.
—Eres fuerte, lo admito. Pero esto aún no ha terminado.
Sus cortes se vuelven erráticos, más agresivos, cada movimiento cargado con intención asesina. Shiori retrocede, esquiva, gira, pero el vendaval es demasiado rápido. Una estocada le roza la mejilla, otra corta su capa. Sabe que no puede resistir a la defensiva por mucho más tiempo.
Sin dudarlo, aprieta su katana con una mano; la sangre de su palma gotea y cubre todavía más filo. La hoja absorbe las gotas, volviéndose más oscura.
—¡Tercera Postura: Rubíes Resplandecientes!
Su sangre se solidifica a lo largo del arma, formando un filo cristalino que brilla bajo el sol. Carga contra Sanemi; cada golpe resuena con fuerza, cada destello rojo corta el aire con un siseo vibrante. El Pilar del Viento sonríe, disfrutando cada choque como si fuera un juego.
Shiori no vacila en ningún momento. Su corazón arde al igual que su cuerpo, pero no es únicamente por su peligrosa técnica, también es por el fuego de su voluntad. No piensa rendirse.
Tras una fuerte estocada, los dos se detienen a la vez, jadeando; el polvo levantado les cubre los hombros. Los demás Pilares contienen el aliento.
—Suficiente —la voz del patrón se alza desde el porche de la mansión, suave pero imposible de ignorar.
Ambos se detienen de inmediato. El viento se apaga, la tensión se disuelve lentamente.
Kagaya sonríe con serenidad y pronuncia:
—Han demostrado lo suficiente. Ninguno de los dos es débil... y ninguno ha cedido. Consideraré este duelo un empate.
Sanemi resopla con el ceño fruncido y envaina con un gesto brusco.
—Tch... qué desperdicio —gruñe por lo bajo mientras se aleja.
—¡Espera, Shinazugawa-san! —la voz de Shiori lo detiene.
Él se gira apenas, mirándola por encima del hombro. La chica envaina su espada; su cuerpo vuelve poco a poco a la normalidad, las heridas regenerándose gracias al poder demoníaco que fluye dentro de ella.
—Sobre lo que dije antes... —comienza, con voz firme a pesar del cansancio—. Me mantendré fiel a mi propósito hasta el final. Incluso si este poder está corrompido y termina por destruirme, lucharé para proteger a todos de los demonios. Por eso, espero contar contigo en el futuro... como compañeros en el mismo deber.
Sus ojos carmesíes brillan con convicción. Acto seguido, la joven hace una ligera reverencia. Su capa ondea con la brisa, su respiración agitada pero constante. Aunque tiembla un poco, su voz no vacila cuando concluye:
—¡Gracias por el duelo!
Sanemi la observa un instante más.
—Me sumaste otra cicatriz encima —es lo único que dice antes de marcharse sin mirar atrás. No lo admitirá, pero en el fondo, la nueva Pilar le ha dejado una buena impresión.
Lo mismo ocurre con los demás Pilares. Todos han podido ver que, pese a lo inusual de sus habilidades, el corazón de aquella chica es puro y sincero.
Uno tras otro comienzan a acercarse: Kyojuro se presenta con su entusiasmo característico, Mitsuri corre a felicitarla con una sonrisa radiante, Shinobu le lanza preguntas curiosas sobre su poder, Tengen elogia su belleza y destreza con un tono exageradamente galante, Obanai reconoce su determinación con una breve pero sincera aprobación, y Gyomei, conmovido, deja escapar unas lágrimas silenciosas como es costumbre en él.
Shiori apenas puede procesar tanta atención. Su rostro se sonroja de nervios, sus labios tiemblan entre sonrisas torpes y respiraciones entrecortadas.
A la distancia, Muichiro la observa en silencio. El duelo fue, cuando menos, entretenido. Y esta nueva compañera... es sin duda digna de ser un Pilar.
Su mirada inexpresiva no cambia, pero en su mente aparece una idea fugaz e inocente: "Un conejo negro... pequeño, valiente y amenazante. Interesante."
Seguramente la olvidará para el día siguiente. Pero, sin saberlo, una pequeña semilla se ha sembrado en el corazón del Pilar de la Niebla.
FIN DEL CAPÍTULO 1.
