Chapter Text
La clase 2-A miraba con frustración hacía el rincón en donde se encontraba cierto rubio cenizo, en resúmen, el día anterior había llegado Aizawa junto a Bakugo, quién en una misión durante sus pasantías, había sido atacado por un villano que lo convirtió en gato o algo así, aún estaban confundidos.
El cenizo tenía su cuerpo normal, pero unas orejas y cola de gato lo adornaban, además de unos pequeños bigotes en sus mejillas, si lo miraban podía pasar casi desapercibido, pero su personalidad fue transformada literalmente a un gato, uno muy gruñón, no dejaba que nadie se le acercara, si alguien lo intentaba, este les gruñía e intentaba atacarlos.
Ahora mismo, estaba en un rincón de la sala común mirándolos a todos con desconfianza, llevaba desde el día anterior así, no había aceptado comida, tampoco había hecho más que gruñir, por lo que no saben si es que puede hablar. Midoriya era el que menos quería resignarse, así que volvió a intentarlo.
– Kacchan – llamó suavemente, recibiendo una mirada alerta del mitad felino – Ven, debes comer, no has probado bocado desde ayer – intentó acercarse pero el rubio soltó un bufido fuerte y le mostró los dientes.
El peliverde se alejó decepcionado de no lograr un avance, pero dejó un plato con la comida favorita del cenizo lo más cerca de él que pudo llegar. En ese momento entró Aizawa junto a Koda y pidió que se reunieran.
– De acuerdo, muchachos, el villano nos dió pequeña información sobre su quirk, pero ni siquiera él sabe algunas cosas – suspiró decepcionado – Al parecer el efecto dura una semana, Bakugo tiene la mentalidad de un gato, no es consciente de ser un humano, lo que no sabemos es que si en el fondo él puede entender las cosas como para seguir asistiendo a clases, por lo que lo mejor es que se quede aquí – explicó, para luego pedirle un papel a Koda – Ahora, según la información que pudo reunir Koda, los gatos acostumbran ellos a elegir a su “humano favorito” y no aceptan cosas de cualquiera, por lo que debemos esperar que él se adapte – hizo una mueca mirando al rubio, que los miraba desde lejos con total desconfianza.
– Pero no se da con nadie, Aizawa-sensei – exclamó Mina – Ni siquiera con Midoriya o Kirishima, no ha comido desde que se convirtió en gato, no preocupa.
– Lo sé – respondió el pelinegro – Pero debemos darle un poco de tiempo, es sabido que a los gatos no hay que forzarlos.
Todos hicieron una mueca disconformes mientras miraban al cenizo que ante tanta atención se puso en modo de autodefensa, pero no pudo hacer nada porque justo en ese momento la puerta principal fue abierta.
Todoroki entró luciendo realmente cansado, pero su mirada cambió cuando vió a todos reunidos en el salón, se acercó a pasos lentos para preguntar qué sucedía.
– Todoroki – saludó primero su profesor – ¿Qué tal la misión con Endeavor? – el bicolor había estado fuera dos días pues la misión en la empresa de su padre había sido en otra ciudad, por lo que todos estaban felices de ver llegar al semialbino sano y salvo.
– Salió todo perfecto – respondió simplemente – ¿Sucede al…? – no pudo terminar su pregunta cuando sintió una cabeza comenzar a frotarse contra su brazo izquierdo – ¿Bakugo? – preguntó confundido al ver al cenizo con orejas y cola de gato, su confusión creció más cuando escuchó al más bajo comenzar a ronronear bajito mientras se pegaba más a su brazo, miró a los demás buscando explicación.
Todos estaban tan estupefactos como él, intentaron acercarse al verlo tan sumiso, pero este los miró con el ceño fruncido y volvió a gruñirles mientras se ponía detrás del bicolor.
– Parece que eligió a su “humano favorito” – murmuró Aizawa, para luego asentir aprobando lo dicho – Verás, Todoroki, Bakugo fue atacado por un quirk, ahora es un gato, pero solo por una semana – explicó de forma rápida – Lleva un día entero sin aceptar nada, no podíamos acercarnos a él – lo señaló – Pero parece ser que te eligió, por lo que tendrás que hacerte cargo de él – informó, el semialbino lo miró como si estuviera loco – De otra forma se va a enfermar si no come en toda una semana.
– Por favor, Todoroki-kun – pidió Midoriya, quién aún se veía un poco disconforme con la situación, más porque el cenizo había elegido a Shoto en vez de a él, todos apoyaron.
– De acuerdo – suspiró el bicolor, aún un poco dudoso de la situación, pero el cenizo seguía frotando su nariz contra su espalda, tal como los gatitos de la calle hacían en su mano o brazo izquierdo cuando se detenía a acariciarlos.
Aizawa se retiró un poco más satisfecho al ver que su alumno iba a estar mejor, Kirishima fue a tomar el plato con comida que habían dejado anteriormente en el suelo, para ir a calentarlo y poder entregárselo a Todoroki. Una vez el bicolor lo tuvo en sus manos miró con duda al rubio.
– ¿Bakugo? – llamó con suavidad, el cenizo lo miró con esos feroces ojos rojos que ahora brillaban al observarlo – Vamos a comer, ¿si? – aún con duda lo tomó de la mano y lo dirigió hacia el sofá para estar más cómodos, las orejas del rubio se movieron con alegría al ver el plato que el semialbino le ofrecía y comenzó a comer con ganas.
Una vez terminó, se estiró y acurrucó su cabeza en el regazo de Shoto para tomar una siesta mientras volvía a ronronear.
– Lo sentimos, Todoroki – se disculpó Ashido – Sabemos que estás cansado, pero por favor cuida de Bakugo – pidió – Te traeré comida – ofreció, el bicolor iba a negarse pero la fémina ya estaba camino a la cocina.
– Es un alivio verlo relajado – comentó Kirishima viendo a su amigo, Todoroki lo miró confundido – Ni siquiera sabemos dónde durmió anoche – hizo una mueca – no quiso salir de esa esquina hasta que llegaste.
– Ya veo – murmuró el heterocromático, sin pensarlo mucho llevó su mano cuidadosamente al cabello del cenizo y lo acarició como solía acariciar a los gatitos que pillaba de vez en cuando, el rubio abrió sus ojos y se restregó aún más contra su mano para que siguiera dándole mimos, Shoto sonrió un poco ante la actitud de su compañero, pero el momento fue interrumpido cuando la pelirrosa volvió con un plato de fideos para el semialbino.
– ¿Podrías intentar llevarlo a su habitación luego, Todoroki? – preguntó la chica del grupo, el semialbino asintió mientras comenzaba a comer – Gracias, buenas noches – se despidió para luego subir a su habitación igual que el resto de los amigos del cenizo.
Una vez terminó de comer, movió con un poco de pena al rubio, ya que se veía muy cómodo durmiendo sobre sus piernas.
– Bakugo – murmuró despacio – Vamos a dormir – intentó levantarse pero el rubio solo lo miraba mientras seguía en la misma posición, el bicolor suspiró para luego levantarlo con cuidado y tomarlo de la mano dirigiéndose hacia el elevador.
Se subió con el rubio aún pegado a su costado mientras bostezaba, mientras esperaban a llegar al cuarto piso, el semialbino se dedicó a mirarlo, la verdad es que le quedaba bien ser un gato, realmente parecía uno con su actitud arisca, aunque aún no entendía por qué lo eligió a él, no es como que se llevaran mal, de hecho él consideraba al rubio su amigo aunque este siempre lo negara, se habían vuelto un poco más cercanos después de la guerra pero tampoco tanto como para que el cenizo quisiera pasar todo un día junto a él.
Una vez llegaron al piso de Bakugo, el semialbino lo llevó hasta su habitación, tuvo que buscar en los bolsillos de este su llave y cuando las encontró le abrió la puerta.
– Aquí debes dormir – le indicó, pero el semifelino no hizo indicios de querer entrar – ¿Qué sucede? ¿No reconoces tu habitación? – el rubio no respondió, simplemente se abrazó de su cuello para esconder su cara en este – ¿B-Bakugo? – preguntó nervioso, tuvo que agarrarlo de la cintura para que no cayeran ambos al suelo, finalmente suspiró – De acuerdo, ¿Quieres ir a mi habitación? – Katsuki comenzó a ronronear, así que tomó eso como un sí.
Como la persona precavida que era, sacó un futón extra que tenía guardado y lo puso junto al suyo, indicándole a Bakugo que se acostara ahí, pero el cenizo se sentó y cuando Todoroki se acomodó a dormir, se metió en el futón ajeno y se recostó en el amplio pecho del semialbino comenzando a ronronear, Shoto ya había perdido la cuenta de cuántas veces había suspirado cansado en esas horas, pero lo volvió a hacer, para simplemente dejarlo ser y dormir de una vez.
Cuando despertó a la mañana siguiente pudo notar que el rubio seguía durmiendo en la misma posición, pero él lo estaba abrazando, logrando así que Bakugo tuviera la mitad de su cuerpo sobre el suyo. Se veía angelical en su pecho, por lo que quiso dejarlo pero debía comenzar a alistarse para ir a clases, así que con cuidado empezó a moverse fuera del futón, intentando dejar al cenizo seguir durmiendo, cosa que no funcionó, ya que al primer movimiento este despertó poniéndose en modo ataque, pero cuando lo vió, se acercó para frotarse contra él de nuevo.
– Debo ir al baño, Bakugo – no creía que el rubio le entendiera pero se le hacía raro no hablarle, se levantó y Katsuki intentó seguirlo pero el semialbino le cerró la puerta antes de que pudiera entrar, por lo que sentó afuera se esta haciendo un puchero y movía su cola en señal de molestia.
Una vez salió del baño, fue a vestirse notando como el cenizo lo seguía a todas partes buscando su atención, cuando estuvo listo, lo tomó de la mano indicando que debían ir a desayunar.
En la cocina se lo pasó pegado al bicolor, solo permitió que este lo alimentara, tampoco dejó que los demás se acercaran a ellos, cuando alguien hacía el intento gruñía y mostraba sus colmillos mientras movía su cola con enojo.
Antes de irse el bicolor volvió a subir con el cenizo, le dejó un par de bocadillos y le indicó que volvería en un par de horas, recibiendo un pequeño berrinche por parte del semifelino, quien se abrazó a su pierna mientras frotaba su nariz contra esta, cuando finalmente se pudo soltar, salió rápidamente dándole una pequeña mirada, viendo al rubio totalmente triste sobre su futón con las orejitas hacia abajo, por un momento dudo sobre que hacer, pero ya iba tarde por lo que simplemente cerró la puerta tras él.
Cuando las clases terminaron, Todoroki se apresuró sin darse cuenta hacia su habitación, tenía un pequeño sentimiento de culpa al haber dejado al rubio en ese estado sólo, cuando llegó, abrió la puerta de golpe, notando que Bakugo estaba durmiendo, en la misma posición en la que quedó en la mañana, no había tocado ni un sólo bocado.
– Hey – susurró sin acercarse, el rubio lo miró con indiferencia y le dio la espalda – ¿Estás molesto? – se sentó junto a él, despacio, Bakugo agachó sus orejitas y movió la cola de forma lenta – Creo que eso es un sí – suspiró – No quise dejarte solo, pero no tenía opción – acercó un bocadillo al rubio – Come, por favor – pidió gentilmente – Voy a preguntarle a Aizawa-sensei si puedo llevarte a la academia mañana, ¿de acuerdo? – le sonrió de forma dulce, el cenizo comenzó a ronronear al escucharlo, por lo que se subió a su regazo y comió de lo que le ofrecía el otro – Buen chico – lo alagó el semialbino mientras acariciaba sus orejas.
Pasaron el resto de la tarde encerrados en el cuarto del bicolor, mientras el dueño de la habitación hacía sus deberes y un par de apuntes para entregarle al cenizo cuando volviera a la normalidad, este estaba pegado a su costado mirando curioso lo que este hacía, de vez en cuando le pedía atención que le daban de inmediato, cosa que lo hacía ronronear con más ganas, estaban por terminar cuando la puerta fue suavemente golpeada, el bicolor se levantó con cuidado para ver quién era, encontrándose a Kirishima con dos platos de comida.
– Todoroki – saludó – Les traje la cena, para que Bakugo esté más cómodo – miró hacia el interior de la habitación notando como el cenizo lo miraba con odio por interrumpir su sesión de mimos, el pelirrojo tragó saliva nervioso y le entregó la bandeja al semialbino – Verás, necesitamos pedirte otro favor – se rascó la nuca un tanto incómodo – Bakugo… debe bañarse – el bicolor se tensó – Sé que es demasiado, pero no puede pasar una semana entera así – ambos miraron al rubio, quién frunció el ceño y movió la cola por la atención en él.
– Entiendo – suspiró el semialbino – Haré lo que pueda, Kirishima – el pelirrojo le dió las gracias y se fue.
Shoto dejó la bandeja a un lado para poder terminar los deberes, pudo observar de reojo como el ojirubí olfateaba la comida, por lo que le pasó un plato e indicó que podía comer, cosa que hizo gustoso, haciendo que el bicolor sonriera sin darse cuenta. Cuando terminó su tarea, empezó a comer de su propio plato, observando al rubio estirarse y comenzar a hurgar por su habitación con curiosidad, quién al no encontrar mucho se volvió a recostar junto él.
Katsuki miró curioso como Shoto se levantaba y comenzaba a buscar un par de cosas en su armario, tenía un mal presentimiento pero lo dejó pasar, de todos modos el semialbino nunca le haría algo malo, ¿no?
Se equivocó, era un traidor, o eso eran los pensamientos del semifelino cuando fue arrastrado a los baños compartidos.
– Bakugo, mientras más luches, peor va a ser – regañó el bicolor mientras tomaba con fuerza la mano del rubio que intentaba escapar – Escucha, debes darte un baño – lo tomó por los hombros para que lo mirara a los ojos, el cenizo agachó las orejas y empezó a mover la cola – Por favor, luego vamos a descansar, ¿si? – lo miró con súplica.
Bakugo lo miró con un poco de desconfianza, pero finalmente cedió mientras se abrazaba del lado izquierdo del bicolor, una vez lograron entrar, Shoto le comenzó a mostrar con paciencia que nada malo le iba a pasar, le entregó una cubeta con agua tibia, un poco de jabón y shampoo para que se lavara, pero el rubio solo lo miró sin entender.
– De acuerdo – murmuró, para luego comenzar a quitarle la ropa, el cenizo se quedó tranquilo, simplemente se dejó hacer, el bicolor lo mojó un poco y luego comenzó a lavarlo con una esponja y jabón.
Katsuki solo lo miraba atento, mientras dejaba que el heterocromático moviera su cuerpo a su antojo, cuando el más alto llegó a la entrepierna ajena, se sonrojó un poco, y decidió dejarlo así, por lo que pasó a lavar su cabello, cuando el rubio sintió las manos contrarias acariciando su cuero cabelludo, comenzó a ronronear a gusto mientras cerraba sus ojitos, se iba a quedar dormido cuando sintió el agua caer en su cabeza, haciendo que formara un pequeño puchero, lo que hizo que el semialbino soltara una pequeña risa.
– Espérame aquí mientras me doy una ducha – indicó mientras lo envolvía en una toalla, se aseguró de que el semifelino se quedará sentado en su lugar, y cuando este no se movió, pudo ir a bañarse con libertad.
Todoroki salió de la ducha con una toalla rodeando su cintura, justo en el camino se encontró a Midoriya que estaba listo para entrar, el peliverde iba a preguntar por Bakugo cuando se percató que este estaba sentado esperando por el bicolor.
– Kacchan… – murmuró mientras hacía una mueca, el cenizo al verlo se puso en modo alerta comenzando a gruñir, parecía listo para atacar, por lo que Shoto se puso frente a él, calmandolo de inmediato.
– Ven, vamos a vestirnos, Bakugo – susurró poniendo una mano en su cabeza, caricia que el cenizo aceptó gustoso, el semialbino le dirigió una mirada de pena a su amigo pecoso y se llevó al rubio de ahí.
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El resto de los días transcurrieron de la misma forma, con la diferencia que ahora el cenizo asistía a las clases, pero se sentaba junto a Todoroki y dormía pegado a su lado izquierdo la mayorías del tiempo. A la hora de comer, lo hacían en el salón de clases solos para que Bakugo no se sintiera abrumado con tantas personas en el comedor de la Academia.
A Shoto se le fue asignado un permiso especial para faltar a sus pasantías hasta que el cenizo volviera a su forma natural.
Como no podía salir a ninguna parte así, y el cenizo no quiso ni siquiera ver a sus padres, se quedaron en la residencia todo el fin de semana. El bicolor se estaba acostumbrando a tener al rubio pegado a él 24/7, se le hacía adorable la forma en que buscaba atención de su parte, como se molestaba por ciertas cosas y como se emocionaba por otras.
Se encontraban durmiendo una pequeña siesta, el primero en despertar fue el más alto, no quería molestar al ojirubí, por lo que se quedó en esa posición, observándolo dormir, se veía muy relajado, se le había hecho costumbre acariciar su cabello y sus orejas, por lo que se preguntó cómo sería su piel, por lo que con un poco de timidez acercó su mano a la mejilla de su acompañante y la tocó con suavidad, era cálida en contraste a la personalidad de su amigo.
Bakugo aún dormido buscó más contacto por parte de la mano que acariciaba su mejilla, suspirando satisfecho entre sueños cuando le fueron concedidas. Shoto no podía apartar su mirada del ser que dormía a su lado, siempre le pareció que Katsuki era lindo, nunca se cuestionó el por qué tenía ese pensamiento hacia su amigo, pero tampoco era algo que le molestara, de hecho se le hacía gracioso y un poco adorable cuando intentaba ser intimidante, aún más con él, parecía un gatito, que irónico.
Por un momento tuvo el deseo de que todo se quedara así por siempre, no que el cenizo siguiera siendo un gato, obviamente, si no que Katsuki lo buscara igual que ahora, que lo necesitara y quisiera estar a su lado, sacudió su cabeza para alejar el pensamiento, Bakugo era el chico que le gustaba a su mejor amigo desde siempre, no podía meterse en la complicada relación que ambos llevaban, pues el cenizo aceptó la confesión de Midoriya pero nunca le correspondió los sentimientos, nunca le dijo si sentía algo de vuelta o no, solo que no tenía tiempo para esa mierda.
Volvió a acariciar su mejilla, esta vez con un poco de tristeza y se levantó, esta vez con éxito de no despertar al cenizo, para ir a preparar algo de comer.
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Bakugo se sentía cómodo donde estaba, de eso estaba seguro, también que el aroma que llegaba a su nariz era demasiado agradable y quería poder sentirlo siempre, aunque al mismo tiempo se le hacía conocido, podía sentir el latido de un corazón que no era el suyo, eso le causó curiosidad, por lo que se levantó de lo que él pensaba era una almohada.
Cuando se encontró de frente con la cara durmiente de Todoroki Shoto, no supo cómo reaccionar, ¿Qué mierda hacía durmiendo el pecho del bicolor? se sentó de golpe en el futón, despertando a su compañero.
– ¿Bakugo? – murmuró adormilado el semialbino mientras se tallaba un ojo – ¿Sucede algo? – lo miró, y cuando vió la cara de confusión en el cenizo, comprendió que había vuelto a la normalidad – Vamos con Aizawa-sensei para informarle que ya estás bien – mencionó mientras se ponía de pie.
– ¿Bien? – susurró el cenizo confundido, de todos modos se puso de pie siguiendo al más alto por instinto.
Caminaban en silencio hacia la oficina del pelinegro, sabiendo que aunque fuera de noche, su profesor seguía trabajando hasta últimas horas, por eso siempre dormía de día.
– ¿Recuerdas algo, Bakugo? – quiso romper el silencio el bicolor.
– No mucho – intentó hacer memoria – Es confuso, sé que hacía cosas, pero no logro entender por qué las hacía – le contó – También… Tengo recuerdos de tí cuidándome – se sonrojó un poco, el más alto tuvo que mirar hacia otro lado para no acariciar su cabello por lo tierno que se veía – Gracias, bastardo, no tenías que hacerlo – sonrió un poco.
– No es nada, eres mi amigo después de todo, Bakugo – le devolvió la sonrisa, aunque esta no llegó a sus ojos.
Una vez llegaron a la oficina del Aizawa, este le hizo un par de preguntas a Katsuki, le preguntó si tenía algún dolor como para ir donde Recovery Girl, a lo que el rubio respondió que no, así que después de un par de minutos fueron enviados a dormir nuevamente.
Caminaron en silencio hasta sus dormitorios, una vez estuvieron en el piso de Bakugo, este bajó del elevador.
– Gracias, de nuevo, Todoroki – murmuró y comenzó a caminar hacia su habitación sin esperar respuesta, Shoto simplemente lo vió irse, y tuvo que aguantarse las ganas de ir tras él y pedirle que durmieran juntos aunque sea una noche más.
A ambos esa noche les costó conciliar el sueño, sentían que les faltaba el calor contrario para poder dormir, frustrados dieron vueltas en la cama hasta que el cansancio les ganó, sin saber que el otro estaba de la misma forma.
El regreso a clases de Bakugo fue caótico, todos le preguntaban sobre lo que había pasado, y cuando este les gruñía para que lo dejaran en paz, se reían de él diciendo que no había cambiado mucho con su personalidad de gato gruñón.
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Ya había pasado una semana desde que el cenizo volvió a la normalidad, era media noche y este no podía dormir, cada noche se le hacía imposible, su habitación se sentía demasiado fría, con frustración y sin pensarlo demasiado para no arrepentirse, tomó su almohada y salió de su cuarto, subió un piso y tocó la puerta de la habitación que quedaba justo por encima de la suya.
– ¿Bakugo? – preguntó confundido el bicolor al abrir la puerta – ¿Pasó algo?
– ¿Puedo dormir aquí? – susurró sin mirarlo, se sentía extrañamente cohibido ante la mirada heterocromática del más alto.
– ¿Te sientes mal? – volvió a preguntar el dueño de la habitación, el cenizo asintió mintiendo – ¿Quieres que te acompañe donde Recovery Girl? – ofreció amablemente, aunque frunció el ceño con preocupación.
– No – habló bajito – ¿Puedo dormir aquí? – volvió a preguntar, esta vez lo miró a los ojos, el semialbino quedó tanto sorprendido por lo que pedía, como embobado por el sonrojó que adornaba las mejillas del más bajo.
– C-claro – tartamudeo atontado, el rubio pasó a la habitación y se acomodó en el futón del bicolor, este al verlo así se acordó de su forma gatuna, lo que hizo que soltara una pequeña risa.
– ¿Qué es tan gracioso? – frunció el ceño mientras inflaba sus mejillas como protesta, el corazón del bicolor no daba más con lo que veía.
– No es nada – le sonrió – Vamos a dormir – se acostó junto a él, y de manera inesperada, el cenizo se aferró a su camiseta de pijama, recostando su cabeza sobre su hombro izquierdo.
El bicolor no sabe de dónde sacó coraje, pero se dio media vuelta pasando uno de sus brazos por los hombros ajenos, atrayendo al cenizo hacia su pecho, ambos inhalaron el aroma embriagante que tenía el otro y suspiraron satisfechos, aún así ninguno vió como el otro se dormía con una sonrisa en la cara.
Y es que esto se había estado repitiendo durante la semana, todos habían notado la comodidad que sentían ambos al estar juntos, mucho más que antes, se llevaban mejor, y se comprendían sin necesidad de hablar, de todos modos nadie le dió más importancia, a excepción de cierto chico de pelo verde, quien no pudo dejar pasar las interacciones de estos dos, lo mataba por dentro ver cómo cuando estaban uno al lado del otro inconscientemente se inclinaban para estar más juntos, o cómo el cenizo se sonrojaba cada vez que el bicolor le sonreía, lo estaba matando el ver como la poca atención que obtenía del chico que le gustaba era arrebatada por uno de sus mejores amigos, y lo peor es que él no podía hacer nada para evitarlo.
O quizás sí, eran aproximadamente las dos de la mañana, estaba seguro que Katsuki lo mataría por despertarlo a esa hora, pero estaba desesperado, necesitaba volver a confesar sus sentimientos, y necesitaba una respuesta del rubio, no sólo un “ahora no tengo tiempo”, caminó hacía la habitación del rubio y tocó la puerta, sin respuesta, volvió a intentarlo, nada, un poco decepcionado giró la perilla para ver si tenía suerte, y creyó que sí al ver que la puerta se abría, pero su sorpresa fue grande al ver que no había nadie adentro, con frustración volvió a su cuarto, durante el día tendría tiempo para hablar con el cenizo, se aseguraría de eso.
A la mañana siguiente, apenas Katsuki entró al salón de clases, fue interceptado por el pecoso, quién se puso delante de su banco, el cenizo alzó una ceja.
– ¿Sucede algo, Deku? – preguntó curioso por la actitud de este.
– ¿Dónde estabas anoche? – fue directo, no era como quería tener esta conversación pero no pudo aguantar más, el rubio iba a responder pero fue interrumpido – No digas que en tu habitación, porque fuí y no estabas.
– Quizás estaba en el baño, Deku – le restó importancia – De todos modos, qué mierda hacías en mi habitación en la noche y por qué entraste – se cruzó de brazos.
– Necesitaba hablar contigo – murmuró ahora poniéndose nervioso.
– Te escucho – Katsuki realmente no quería tener que lidiar con esto mucho tiempo.
– Hace unos meses te confesé lo que sentía por ti – el rubio tragó saliva, no le gustaba por donde iba esto – Y no obtuve respuesta de tu parte, solo que no tenías tiempo – se aferró a la chaqueta del más alto – Quiero que me respondas, ahora mismo te estoy volviendo a confesar que estoy enamorado de tí, quiero saber qué sientes tú por mi.
– Ya te dije que no tengo tiempo para esas cosas, Deku.
– ¿Por qué no puedes responder? – el cenizo no respondió, además de evitar la mirada del pecoso – Todo esto es culpa de Todoroki-kun – murmuró con rabia.
– ¡¿Hah?! ¿Qué mierda tiene que ver Todoroki en todo esto?
– Por favor, Kacchan, dime, Si Todoroki-kun estuviera confesandote sus sentimientos ahora mismo, ¿Lo rechazarías? ¿Le darías la misma respuesta que a mí? – escupió con rabia.
– Estás hablando estupideces, Deku – el rubio intentó no pensar en lo que este le decía.
– ¿Y por qué lo elegiste a él? – lo miró con dolor.
– ¿De qué hablas? ¿Cuando mierda lo elegí?
– Cuando te atacó el quirk, solo estabas con él.
– Mierda, Deku, ni siquiera era consciente de lo que hacía, no sé por qué pasó, no tenía control de lo que pasaba – el rubio ya se estaba enojando.
– Entonces si no lo elegiste a él, elígeme a mí, por favor – suplicó mientras se abrazaba al cenizo – Sal conmigo, por favor – su voz sonaba rota mientras se aferraba a su amigo de la infancia, este no sabía qué hacer, sólo que en modo automático pasó sus brazos por la espalda del más bajo para darle algo de consuelo.
En lo único que podía pensar Bakugo, era que ese abrazo no lo estaba disfrutando, no era cálido, no hacía que su corazón se acelerara, el aroma del peliverde no era desagradable pero tampoco le gustaba, le faltaba ese toque a menta y jabón masculino, a perfume estúpidamente caro, le faltaba el toque de Shoto.
Justo en ese momento Todoroki entró al salón viendo a ambos chicos abrazados, sus miradas se conectaron, la mirada del bicolor se oscureció un poco, no sabe si de tristeza o de enojo, pero intentó ocultarlo, el corazón del rubio comenzó a latir con fuerza solo al verlo entrar, pero su ceño se frunció al ver como su atención era llamada por Yaoyorozu e Iida, cortando así su contacto visual, ellos no deberían interrumpirlos, esa atención debería ser sólo para él, y fue justo en ese momento en que todo hizo click.
Pudo no haber sido consciente de lo que hacía, pero ese instinto animal seguro buscó lo que en el fondo de su corazón siempre había querido, todas esas veces que buscó la atención del semialbino fingiendo que era por rivalidad, solo era una excusa para que lo mirara, para que notara su existencia, que tuviera algún interés en él. Dios, cómo deseaba que la persona a la cuál estaba abrazando en ese momento fuera el más alto.
Apretó un poco más a Midoriya contra su pecho antes de soltarlo de apoco y tomar sus hombros.
– No puedo corresponder a tus sentimientos, Izuku – susurró, los ojos verdes de su amigo se llenaron de lágrimas – Lo siento mucho.
El pecoso suspiró tragándose las lágrimas y le dió una sonrisa que no llegó a sus ojos.
– Está bien, Kacchan – se frotó los ojos – Por lo menos ahora puedo pasar página con tu rechazo – miró hacía Todoroki y murmuró – Bastardo con suerte.
– ¿Qué? – preguntó sorprendido el rubio, nunca había escuchado al pecoso decir algo así.
– No es nada – volvió a sonreír – Espero que sean felices – hizo una pequeña mueca y se alejó dejando al rubio atónito.
Esa última escena no había sido vista por el heterocromático, por lo que el resto del día se lo pasó evitando a sus dos amigos, no se sentía lo suficientemente fuerte para tener que hacerles frente. Cuando llegó a su habitación por la tarde, su sorpresa fue gigante al ver al cenizo sentado en su escritorio con los brazos cruzados.
– ¿Por qué me estás evitando? – se acercó al más alto.
– No te estoy evitando – respondió con su característico tono neutral.
Katsuki lo miró fijo mientras fruncía el ceño e inflaba sus mejillas en señal de que no estaba satisfecho con esa respuesta, como siempre era la mueca más adorable que había visto el bicolor, no pudo aguantarse y tomó entre sus manos ambas mejillas y las aplastó, haciendo que los labios del rubio se juntaran y haciendo que quedaran estirados como para recibir un beso, el cuál no recibió, por lo que bufó frustrado, al ver como el semialbino se volvía a alejar.
Tomó una gran bocanada de aire y empujó al semialbino logrando que este quedara sentado en la silla de su escritorio, al tomarlo desprevenido, aprovechó el momento y se sentó en sus piernas.
– ¿Qué haces, Bakugo? – preguntó nervioso, habían estado cerca antes, pero sus caras nunca lo habían estado tanto.
– Lo que tú no te atreves a hacer, parece – se acercó peligrosamente a los labios del heterocromático, iba decidido a darlo todo, pero cuando estuvieron a punto de rozarse, este volteó la cara, Bakugo apretó con fuerzas la chaqueta del bicolor – ¿Estoy haciendo el ridículo? – susurró, parece ser que sus sentimientos eran unilaterales, iba a levantarse de las piernas del más alto, pero este lo abrazó de la cintura y enterró su cara en el cuello del cenizo.
– Estoy igual de desesperado que tú – murmuró – Mierda, tengo tantas ganas de besarte que podría llorar.
– ¿Por qué no lo haces? – respondió de la misma forma, mientras comenzaba a acariciar el cabello bicolor de su nuca.
– Midoriya es mi mejor amigo, Bakugo – salió de su escondite para mirarlo a los ojos, había mucha tristeza en esos ojos heterocromáticos – Es mi primer amigo, y está enamorado de tí, ambos lo estamos, pero él llegó primero a tu vida.
– Pero yo estoy enamorado de tí – el cenizo agarró el rostro del más alto para que lo mirara a los ojos – Siempre has sido tú, Shoto – le sonrió – Siempre he esperado tu atención, no importa en qué sea, siempre espero que me mires sólo a mí, pensé que era para demostrarte que soy mejor que tú – se rió contagiando al otro – Pero siempre fue para que me notaras a mí y a lo loco que me traías – el bicolor juntó sus frentes dando un fuerte suspiro.
– Luego me disculpo con Midoriya – susurró para luego juntar sus labios en un beso que ambos estaban ansiosos de sentir.
Sus corazones latían como locos, pero al fin y al cabo, al mismo ritmo, habían sido unos lentos, unos tontos al no darse cuenta antes de lo mucho que se querían, pero la espera había valido la pena, estaban juntos y eso era todo lo que importaba, tendrían que darle las gracias al villano que transformó a Katsuki en un gato, ya que en vez de hacerle un mal, hizo que por fin encontrara lo único que le faltaba, estar con el amor de su vida.
