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Después de una entrega de premios que se había llevado a cabo en Madrid, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo se retiraron al mismo momento. Habían asistido a un evento únicamente para los equipos españoles que habían clasificado a la Chamions League. Una semana atrás habían comenzado las vacaciones, el Barcelona había resultado campeón de la Liga, y como Lionel no había podido asistir la cena de celebración de su club, Cristiano decidió que podrían presentarse a este evento.
Estaban en una relación hace cuatro años al menos. La relación había pasado por distintas etapas y de alguna manera el amor que se tenían dio un giro inesperado en el que competían mutuamente, solían pelearse y discutir, pero eran incapaces de separarse o ir por caminos distintos, casi como una dependencia patológica uno del otro.
Durante todo el evento Cristiano estuvo hablando con mucha atención con el colombiano James Rodríguez y su compañero Toni Kroos, a escasos metros Sergio Ramos hacia reír a Lionel Messi. El portugués notó que existía cierta confianza inesperada entre ambos, dado que en más de una ocasión pudo observar cómo Sergio tocaba a Lionel, o ponía sus manos en la cintura del argentino, ciertamente le generaba algo de inquietud.
Lionel había bebido demasiado y sin darse cuenta, estaba ebrio intentado disimular su estado. Cristiano lo había notado más colorado de lo habitual y muy risueño, así que supo que era hora de partir en cuanto salió del baño.
—Toma tu vaso Leo, nos iremos, no quiero que empieces a hacer payasadas…
Lionel antes de dejarlo lo bebió por completo y sonrió con picardía al portugués. Casi al instante ambos salieron del lugar. Cristiano conducía con seriedad mientras Leo miraba su teléfono y se reía de algo que el portugués desconocía.
—¿Qué es tan graciosos si se puede saber? —preguntó malhumorado Ronaldo.
Leo volvió a reír.
—Un portal de internet subió tu foto y abajo aclara “Hasta Cristiano Ronaldo se animó a los tragos” —reía el argentino mirando la imagen de Cristiano que justo lo habían capturado cuando sostenía su vaso.
—Eso no es gracioso, ¡yo no soy un borracho! ¡La próxima vez no sostendré tus cosas! ¡Al final siempre quedó en ridículo!
Lionel volvió a reírse, sabía que Cristiano estaba de mal humor así que no le importaba provocarlo.
—¡Dios! ¡Siempre es lo mismo! ¡Estoy rodeado de borrachos!
Lionel solo resopló rondando sus ojos hacia arriba.
—¡Bueno cálmate! ¡Tampoco es que soy un borracho, solo bebí un poco! Además, yo no tengo la culpa que tu padre haya sido alcohólico, empiezo a pensar que los abstemios son peores que los fanáticos religiosos…
Cristiano conducía rápido y enojado miró a Leo.
—¡¿Qué dijiste?! Repite eso…
—Que los abstemios son…
Fue interrumpido.
—¡¡Lo otro!! ¡¿¿Qué dijiste de mi padre?!!
Lionel estaba ebrio y pensó un momento su respuesta, sinceramente no recordaba lo que había dicho.
—¿Que era un borracho? Honestamente no lo recuerdo…
En ese instante Cristiano desaceleró la velocidad y le propinó una dura bofetada, Lionel se llevó la mano a su rostro.
—¿¡¡Qué te sucede idiota!!? ¡¿Estás loco?!
—¡Veras cuando lleguemos a casa Leo! ¡Ya verás!!
Lionel estaba enojado, detestaba cuando Cristiano se ponía en ese plan controlador y paternal.
—¡¡No me vuelvas a tocar imbécil!! — le gritó Leo.
Cristiano estiró su mano y tomó a Leo de su cabello, lo tiró con fuerza y sin darse cuenta comenzó a perder el control de su vehículo, Leo empezó a darle golpes mientras el otro conducía y de pronto una medalla que siempre llevaba colgada salió a la vista del argentino así que este la tomó del cuello de Ronaldo rompiendo la cadena, abrió la ventana y simuló tirarla. El rostro del portugués se puso colorado de la furia, sus ojos querían explotar, clavó su pie en el freno y el automóvil se detuvo de golpe generando un fuerte sonido de los neumáticos en aquella vacía ruta.
Ronaldo bajó de su vehículo y dejó la puerta abierta, rodeó su carro y le abrió la puerta a Leo, lo bajó tirando de su ropa y empujándolo al pasto.
—¡¡Enano imbécil!! ¡¡¿Qué hiciste?!! ¡¿Qué hiciste?!! ¡Tú sabes lo que significa eso para mí!! ¡¡Me ayudaras a encontrarla y ruega que aparezca porque no sabes de lo que soy capaz!! -gritaba el portugués.
Empujó a Leo al pasto y el argentino rodó un poco al costado, no pretendía levantarse, Cristiano tiraba de su brazo para que lo ayudara, cuando de pronto de manera inesperada una patrulla policial se acercó al ver las puertas abiertas y los faroles del auto encendidos en medio de la ruta.
—¡Maldición! ¡¡Carajo!! — gritó Cristiano.
Dos oficiales se acercaron.
—Buenas noches señores, ¿qué es lo que ocurre aquí? Licencia de conducir por favor.
Lionel continuaba sentado en el pasto. Uno de los oficiales lo alumbraba con su linterna.
Cristiano se dirigió a su carro y sacó lo necesario mientras le explicaba al oficial lo que había ocurrido.
—Es que se abrió la ventana y cayó algo muy importante, estábamos buscando eso, no estamos haciendo nada mal oficial.
—¿Usted bebió? Vimos a los lejos que estaban zigzagueando con su vehículo.
Lionel se levantó y se acercó.
—Yo bebí algo, él no. Solo discutimos y las cosas se salieron de control, lo lamentamos.
—Ok, suban a su carro y retírense de inmediato, esta zona es muy alejada de la urbanización, puede ocurrir cualquier cosa, lo que sea que busquen deberán hacerlo mañana durante el día.
Cristiano sintió un dolor en el corazón, quería golpear a Leo con toda su furia, había tirado la medalla que su abuelo le había dado a su padre y este se la había regalado antes de morir, era un gran recuerdo que guardaba como tesoro.
Subieron al auto y no hablaron, Cristiano estaba serio, incluso se le cruzó por la mente en abandonar a Leo en cuanto perdieran de vista a la patrulla. Lionel notó su rostro de angustia y decidió hablar.
—Cris, no seas tan dramático, no arrojé tu medalla…
Cristiano lo miró un segundo amenazante.
Cuando llegaron a casa Leo intentó salir rápido del vehículo, sabía que Cristiano lo castigaría. Entró acelerado a la sala mientras por detrás lo seguía el portugués.
—¡¡Ven acá Lionel! ¡¡Ven acá, sé hombre y enfrenta las consecuencias!! Te desnudaré si es necesario.
Messi corría del agarre de Cristiano, sentía entre una sensación de picardía y temor, huyó cuanto pudo, cuando llegó a la cocina sintió que el portugués lo tomó de la ropa y lo estampilló contra la mesada de mármol. Su rostro estaba apoyado sobre la fría superficie.
—¡No Cris! ¡¡¡Espera…espera!!! —gritaba Leo.
De alguna manera Cristiano se las ingenió para desabrocharle el cinturón y bajarle el pantalón y su bóxer, quedó expuesto el trasero pálido del argentino.
—¡¡Cris no!! ¡¡¡Espera, no!!! —suplicaba Leo.
En ese instante Ronaldo miró sus opciones sobre la mesada y simplemente atinó a tomar un tenedor y pinchó la nalga de Leo generando desconcierto y dolor.
—¡¡Ahh!! ¡¡Ouuuch!! ¡¡Cris!! ¡¡No!! ¡¿Qué haces?!
—Si no me dices donde está mi medalla hasta que cuente tres, prepárate porque te clavaré en el trasero este tenedor.
Leo se removía con dolor, sabía que solo estaba presionando el tenedor sobre su trasero, pero era doloroso igualmente.
—¡UNO! …—contaba presionando cada vez más— ¡DOS!...
Finalmente, Leo habló invadido de temor.
—¡Esta en tu auto, está en tu auto! ¡¡está en la guantera!!! La guardé allí cuando bajaste…
Cristiano quitó el tenedor de la nalga de Leo y se dirigió hacia allí.
Lionel se removió y se masajeó, acomodó su ropa y decidió irse a dormir, habían sucedido muchas cosas esa noche.
Se recostó en el centro de la cama, aún estaba vestido. Luego entró el portugués, que todavía estaba enojado.
—¡¿Está fue la última vez que haces algo así entendiste?! ¡Para la próxima sabrás de lo que soy capaz!!
Lionel se levantó y le restó importancia. Se fue hacia otro cuarto a dormir.
Pasaron un par de días y Leo no se levantó, Cristiano le llevaba comida y agua, Lionel solo ingería apenas una pequeña cantidad, y continuaba durmiendo, era algo habitual en él, a veces cuando peleaba o discutía con Cristiano solía deprimirse a tal punto que se encerraba durante varios días.
Para el tercer día, Cristiano lo llevó por la fuerza a la tina y le dio un baño de esponja, Leo no ofreció resistencia, solo lo miraba como deseando que lo dejara en paz.
Rato después escuchaba voces, se quedó en el pasillo y decidió bajar. Allí estaban conversando de manera muy simpática James Rodríguez con Cristiano en la sala. Lo vieron bajar.
—Leo por fin bajaste! ¡Mira, vino James, saluda!
Lionel lo saludó con la mano a lo lejos y se sentó en el sofá mirándolo con desdén.
—Lionel vine a invitar a Cris a mi cumpleaños el viernes, tú también puedes asistir.
De inmediato interrumpió Cristiano.
—No, no creo que Leo pueda asistir…él…
Fue interrumpido abruptamente por Messi.
—Me parece un excelente plan James, allí estaremos —comentó Lionel sonriendo.
Cuando el colombiano se fue, Leo miraba con picardía a Ronaldo.
—Leo, no iras a su fiesta de cumpleaños, te conozco y sé que tienes esa mirada extraña, seguro estas planeando hacer alguna maldad, ¡no quiero que me hagas pasar vergüenza! ¡Mejor quédate en casa!
Ese jueves Cristiano estaba ultimando detalles sobre qué vestiría. Lionel había salido con Neymar y Luis que habían ido de visita así que había regresado algo ebrio, no era muy tarde y entró tambaleándose al cuarto.
—¡¡Leo!! ¿Otra vez bebiste?! ¿Qué te sucede?
El argentino miraba a Cristiano que observaba con cuál camisa combinaría con algunos pantalones, casi como si se estuviera preparando para una cita.
—Veo que estas muy entusiasmado por ver a James ¿verdad? ¿Me pregunto qué le obsequiaras? ¿Quizás tu polla? Sí, eso es…le darás tu polla jajaja
—Leo, no empieces otra vez, además estás ebrio, contrólate…seleccioné algunas prendas para que vistas.
Lionel continuaba hablando, embargado por el alcohol y lo celos enfermizos.
—Pensándolo bien, ni debería ir, quizás debería dejar que lo folles como él tanto quiere…veo que me cambiaste por uno de tus compañeros…—inesperadamente su voz se quebró y algunas lágrimas se asomaron.
—Deja de sentir lastima por ti mismo Leo y ve a darte una ducha fría…
Lionel lo miró con desprecio.
—¡Te detesto! Eres una pésima pareja ¿sabes? –expresaba Leo ebrio.
Lionel comenzó a llorar, bajó a la cocina, rato después Cristiano se unió a él. Vio que el argentino estaba tomando una bebida.
—¡¡¿Lionel qué haces?!! ¡¡Sabes que no puedes beber eso!! ¡¡Déjalo ya mismo!!
Leo había escondido una botella de absenta, puso una gran cantidad de la bebida, azúcar y agua y con ello se preparó un largo trago, era demasiado para alguien ya ebrio.
—¡¡Pues no lo haré, beberé hasta la muerte!! —exclamó arrastrando la voz.
Rato después Messi salió al jardín y se recostó en el césped. Pasaron largos minutos y Cristiano lo levantó y lo subió a la cama.
—Ven Leo, vamos a que vomites todo, ya verás que te arrepentirás de esto. Espero que esta vez sea leve el sabor metálico residual, tu sabes cómo te pones cuando bebes esto…
Pasó una noche pésima, para el amanecer estaba con fiebre, sudoraciones, resaca, y muchos vómitos.
Ronaldo llamó al médico al que solían acudir siempre, le inyectó a Leo un par de medicamentos, el argentino lloró como un niño, se sentía tan mal que se arrepentía de haber bebido.
Por la tarde continuaba en mal estado, ya no podía ni siquiera beber agua, estaba débil y pálido, Cristiano se asustó así que decidió llevarlo a la clínica de su médico de confianza, lo ingresaron por la parte trasera. De inmediato le aplicaron dos vías intravenosas y medicamentos.
El portugués tuvo que llamar a James y excusarse, no podría asistir a su cumpleaños porque Leo estaba internado. El colombiano lo entendió a la perfección. Sin duda alguna todo parecía indicar que Lionel lo había hecho a propósito, no quería que Cristiano asistiera a la fiesta de James, pero el precio que tuvo que pagar fue muy caro.
Dos días después fue dado de alta, aun así, el doctor iría a visitarlo y aplicarle medicamentos para su hígado.
—¡Ouuuch! ¡Ayyy! eso duele! ¡Duele mucho!! ¡No quiero más inyecciones por favor doctor!!
—Lo se Leo, lo sé, ya solo te queda una mañana y terminamos con las inyecciones —agregaba el médico.
—¡Espero que te sirva de lección Lionel! ¡No debes beber! Ahí tienes tu merecido —espetó el madridista.
Cuando Cristiano lo acompañó a la puerta el doctor le habló.
—Cris, ¿cómo viene la búsqueda de un nuevo terapeuta? Debes tirar esa bebida, esta ya es la tercera vez que hace esto, es peligroso para su salud, habla con él, busca ayuda profesional, si es necesario llama a su madre, yo no sé qué puede hacer la próxima vez…
Leo había padecido una especie de depresión, por lo cual el club Barcelona lo obligó a tomar terapia, estuvo con el mismo psiquiatra un par de años y de pronto este simplemente se mudó de país y nadie supo nada más de él. Lionel había sentido profundamente perderlo y por supuesto se mostraba reticente a conseguir un nuevo terapeuta. Parecía que un viejo problema volvía a emerger desde las sombras.
