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Gold Rush

Summary:

❝ Kaminari soñaba con ser un adulto capaz de devorarse el mundo, pero el mundo lo estaba devorando a él.

Bakugō sufre de un amor no correspondido y encuentra consuelo en quien menos lo espera.

Esta es la historia de dos amigos que cruzan una línea, a partir de entonces solo pueden buscar en el otro el impulso para disfrutar de la vida y no solo vivir por inercia.❞

« Mi amor es simple en su complejidad.»

Chapter 1: When two boys cross the line

Summary:

Cuando dos amigos cruzan la línea hay que estar preparados para las consecuencias.

Chapter Text



❝ Los amigos se separan,
los amigos se casan (...)
pero yo sigo exactamente donde me dejaste,
los fósforos se siguen quemando uno tras otro,
intento seguir adelante
pero no logro hacerlo❞

Right Where You Left Me | Taylor Swift

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TOKIO - Shibuya; Templo Meiji Jingu (17/04/2025 - 12:13 PM)

El sol de la mañana brillaba sobre las escalinatas del templo mientras la feliz pareja energía, tomados de la mano y con enormes sonrisas en el rostro, sobre ellos cae una lluvia de pétalos y papeles brillantes de estrellas que dan la ilusión de que están debajo de una lluvia de estrellas durante el día. Los gritos de sus amigos y familiares los celebran por su magnífica unión, una tan esperada desde que confesaron su noviazgo hace dos años, muchos apostaron si se casarían muy pronto o iban a tardar una vida. El primer grupo ganó, nadie quería perder el tiempo ni las oportunidades que les daba la vida desde la guerra, tomaban cada momento con ambas manos.

Ellos no fueron la excepción, en especial luego de perder tanto durante la guerra hace siete años.

Descendieron con sus trajes ceremoniales, impecablemente confeccionados y que reflejaban un equilibrio entre la elegancia y la tradición, con algunos detalles que caracterizaba a cada uno. Las telas finas de color blanco estaba intercalado con bordados en hilo verde y rojo, entre sus manos tenían cintas rojas de la ceremonia y los anillos en sus dedos anulares brillaban con el color dorado.

A cada paso, sus sonrisas se ampliaban, la felicidad era innegable y ni siquiera les molestaba tener que posar para las cámaras, fue imposible que no hubiera dos o tres fotógrafos para poder conmemorar un momento tan importante en sus vidas. El murmullo emocionado de los invitados que les envolvía quedaba en segundo plano, eran tantas felicitaciones que no eran capaces de responderle a todos.

Las campanas resonaban y muchos activaron sus quirks para celebrar, sus  amigos y familiares formaban un pasillo de sonrisas, lágrimas y brazos abiertos, había vitoreos, aplausos y gritos.

La multitud se abrió cuando la madre de uno de los protagonistas del día se acercó, con los ojos brillantes y las manos temblorosas, lo abrazó con ternura como si volvieran a recibirlo por primera vez seguido de sus hermanos y padre, todos deseándole que tuviera una vida matrimonial fructífera y contraria a la que le tocó vivir. En ese momento fue apartado de ellos para que tanto él como su pareja fueran levantados en el aire entre risas y haciéndolos saltar en el aire, debido al quirk de uno de los invitados los hombres quedaron suspendidos en el aire y necesitaron ser atrapados por su viejo profesor de secundaria. Las risas estallaron mientras flotaban e intentaban no alejarse volando y perderse en el espacio.

Un poco más atrás, entre los árboles que bordeaban el jardín, alguien observaba en silencio el alegre momento del que fue testigo de cerca como una de las personas más cercanas a la pareja. Nunca fue el tipo de persona que le gustara estar en medio de las celebraciones grupales tan grandes y alegres, pero a pesar de todo seguía con la mirada cada gesto, cada sonrisa, cada roce de manos entre los recién casados y las miradas cómplices mientras eran liberados de la ausencia de gravedad. Por mucho que intentara formar parte, no tenía las suficientes energías como para fundirse con la multitud y celebrar de corazón, no era envidia ni rabia lo que nublaba su felicidad por la alegría del resto, sino una tristeza antigua, como si una parte de él se hubiera quedado atrás en el tiempo, esperando un desenlace distinto.

Bakugō captó la mirada de Midoriya, su amigo de la infancia con quien comparte una historia tortuosa, lo invitaba a unirse con sus amigos a las fotografías. Era evidente que sería llamado, es el padrino y esa ya era la segunda ceremonia de matrimonio, la primera fue por el civil y solo quedaba la tradicional, una vez que hayan cumplido con todos los requisitos iban a hacer una enorme fiesta donde planeaban derrochar su dinero.

Se unió a la pareja ubicándose junto a Uraraka, quien estaba inclinada sobre el hombro de su mejor amigo y lucía feliz de verdad, no como él que estaba amargado, ella era feliz porque su amor no correspondido se estaba casando con el amor de su vida. Del otro lado estaba Todoroki junto a Iida y Yaoyorozu, ambos usando atuendos de la mejor calidad, parecían salidos de una revista para modelos.

En realidad, todos estaban vestidos con sus mejores galas, posando para las cámaras como si se hubieran dedicado al modelaje.

La cantidad de fotos fue innecesariamente grande, todo porque Midoriya quería asegurarse de que tuviera la fotografía perfecta con sus mejores amigos, por eso contrataron a más fotógrados de los necesarios y Todoroki era un tonto enamorado que parecía perder todas sus neuronas cuando se trataba de complacer los pedidos de su ahora esposo.

Solo porque Bakugō vio en incontables ocasiones la sonrisa bobalicona de Todoroki, su tartamudeo durante los primeros días de noviazgo y los efusivos sonrojos cuando Midoriya le hacía piropos estando borracho, puede confiar en que lo ama con todo su corazón e iba a cuidarlo, siempre fue una persona confiable que luego de atravesar por una caótica vida familiar aprendió a erguirse sobre las desgracias.

Es un buen héroe. 

Un buen hombre. 

Y será un buen esposo que amará y va a serle fiel a su pareja.

Cuando consiguió liberarse de las fotografías y dar paso al resto de los invitados que querían posar con los novios usando sus trajes ceremoniales, Bakugō fue recibido por Kirishima y Ashido que lo abrazaron, y por primera vez en mucho tiempo, no rechazó el contacto por completo. Sus ojos regresaron a la feliz pareja que posaba con Kaminari, Sero, Tsuyu y Jirō, a veces con sonrisas y en otras haciendo caras graciosas que solo lograban aumentar las risas.

Definitivamente iba a ser una noche larga, le quedaba fiesta y cuando se fueran a su viaje de luna de miel podría relajarse un poco, hundirse en su propia miseria, trabajar hasta caer desmayado para no pensar y volver a su solitario apartamento para dormir en el sofá. Porque no todos tienen la dicha de ser correspondidos.


TOKIO - Minato; Hotel Imperial (17/04/2025 - 12:13 PM)

Siempre creyó que Todorki y Midoriya eran patéticamente melosos, pero que su canción de entrada fuera literalmente Today Was A Fairytale supera por mucho su nivel de romanticismo normal.

Kaminari comentó sus pensamientos con Sero, que estaba más cerca y comenzó a aplaudir siguiendo el ritmo de la melodía, dando la bienvenida a la feliz pareja.

Sus trajes ceremoniales fueron reemplazados por dos esmoquin blancos con corbatines verde y rojo, y como si el romance no pudiera aumentar, Kōji hizo una suelta de palomas que fue una sorpresa para los novios y mucho más mágico de lo esperado, porque las aves soltaban flores que quedaban enganchadas entre los rizos rebeldes de Midoriya, Kaminari extendió la mano atrapando una orquídea de vibrantes colores, y por fin los novios llegaron a la pista de baile donde realizaron un magnífico vals.

El intercambio de parejas era algo que todos esperaban y permanecían cerca para poder atrapar al novio, en el caso de Midoriya fue Uraraka, quien con una radiante sonrisa y un espléndido vestido rosa con lazos y volados atrapó a su mejor amigo. Kaminari admiraba a Uraraka por su capacidad de ser feliz cuando el chico que le gustaba se casaba con alguien más, contrario a él que estuvo amargado por una buena temporada al ver que Jirō mantenía una relación con Yaoyorozu, incluso cuando fue él quien las ayudó a estar juntas. Todoroki fue atrapado por su mejor amiga, ella llevaba uno de sus característicos vestidos rojos, este era de cuello alto y tenía un corte en la pierna derecha, durante un tiempo los rumores de que eran una de las parejas favoritas del público causó mucho revuelo, tanto que tuvieron que hacer una rueda de prensa para revelar sus sexualidades y frenar a los fanáticos.

Los siguientes en bailar fueron Iida y Bakugō, este último no tenía ninguna intención de unirse a la pista ni siquiera por pedido de su amigo de la infancia, fueron sus ex-compañeros quienes lo empujaron a compartir aunque sea una pieza de baile. La situación era bastante divertida para Kaminari, la expresión de su líder delataba su incomodidad y Midoriya no ocultaba en lo absoluto su gran felicidad, ni siquiera le importaban las muecas que hacía el otro bailarín. Siguieron de esa forma girando entre parejas hasta que la música de vals fue reemplazado por pegadizos sonidos que los invitaban a mover las caderas. A partir de ese momento los tiempos de baile se dividieron con los de la comida, los juegos por el centro de mesa o el ramo —ganado por Hatsume, quien le dio una mirada peligrosa a su novio Iida —y probando todo tipo de bebidas que la barra siempre tenía preparados, de todos los colores y sabores, eso dio como resultado más de un juego para saber quién era capaz de tomar más o para probar tragos secretos que solo el bartender conocía.

Kaminari fue la víctima de la mayor parte de los castigos y es empujado por Ashido fuera de la fiesta para que tome un poco aire, ya que estaba diciendo más cosas tontas de lo usual y su quirk comenzaba a escapar de vez con pequeñas descargas cuando estaba cerca de alguien o causando estática. Con una copa en mano se retira en silencio, dejando atrás la música y a los novios que volvían a ser alzados, en menos de un minuto su expresión se vuelve alegre cuando se cruza con alguien y le dedica sonrisas coquetas, un guiño o se queda hablando de tonterías, solo para retirarse de una vez y apreciar la celebración desde el otro lado de una enorme ventana.

Una vez la sonrisa desapareció, dejaba un leve rastro de dolor en la comisura de sus labios.

No es que odie las fiestas o las bodas, simplemente no sabe qué otra cosa puede hacer cuando ni siquiera es tan cercano a los novios, y desde hace años que su vida se trata de ponerse el traje de héroe, luchar contra los villanos y lidiar con el estrés post-traumático que le dejó la guerra, apenas tiene tiempo para disfrutar, hay momento donde puede estar pasando un buen momento y de repente ocurre un estruendo que le hace recordar lo que vivió en su adolescencia, con los años pudo regular sus miedos, pero no se iban por completo.

Gracias a que tenía una buena vista de la fiesta pudo ver a Bakugō apoyado contra la pared y una botella, no un vaso, de algo que parecía ser muy fuerte y comenzaba a afectarlo un poco, lo notaba en la forma que sus hombros estaban relajados y de vez en cuando cabeceaba intentando seguir el ritmo de la música. Es entonces que los ojos rojos parecen clavarse en Kaminari aunque había una distancia considerable entre ellos, lo estaba mirando fijamente por encima del hombro de Kirishima y Ashido.

—Como se esperaba de yb héroe del ránking —Le dedicó una sonrisa ladina.

Bakugō seguía tan atractivo como en preparatoria, incluso con el ceño fruncido y la cicatriz en un lado del rostro, ese era un detalle que lo hacía más varonil, ni siquiera la elegante camisa roja y los pantalones negros lograban disimular la apariencia salvaje que tanto lo caracteriza, siempre tuvo un algo atrayente.

Sus ojos se dirigieron a los novios que bailaban junto a sus madrinas haciendo pasos ridículos, los envidiaba un poco, hace mucho que Kaminari reconoció su bisexualidad. En realidad fue poco después de que Jirō amenazara con darle una paliza por no hablarle solo porque salía con una chica, Kaminari no quiso admitir que se debía a que estaba saliendo con Yaoyorozu y no iba por ese lado, pero no iba a ser rechazado de forma directa, otra vez, entonces creyó que el mejor camino era que pensara eso. Ese día Jirō le dio una larga charla sobre la sexualidad y la importancia de respetar los gustos de todos, Kaminari nunca fue homofóbico, pero ese día aprendió mucho y su mirada sobre los hombres empezó a variar, incluso le dijo a Sero que le diera un beso para verificar y así supo que no era muy diferente la emoción de un beso dado por una chica a uno dado por un chico.

Es por eso que envidia un poco a Midoriya y Todoroki.

Un poco, a veces le pasa por la cabeza la idea de ser recibido en su casa por alguien y compartir la cena, pero tan rápido como piensa en eso necesita recordar que su vida es un desastre, no sabe modular sus tiempos, su profesión de alguna forma le estropeó la personalidad, necesita ayuda terapéutica y ya no es el chico alegre de la U.A. que solo pensaba en divertirse. Su psicólogo lo diagnosticó de algunas cosas y tras un ataque de pánico en medio de una misión por alguien con un quirk que le nubló la vista, cuando estaba lloviendo, tuvo como resultado varios heridos y que su agencia lo obligara a tomar terapia o no volvería a patrullar la ciudad.

El aire fresco le agita el cabello y una sombra se cierne sobre su cuerpo.

Nota que Bakugō ya no estaba con sus amigos sino a su lado, cubriendo la luz de unas farolas demasiado elegantes y victorianas, como todo alrededor, es como si Todoroki y Midoriya hubieran decidido que hasta el jardín donde nadie pasaba necesitaba estar en sintonía con el romance, no le sorprendería entrar a la cocina y ver guirnaldas de rosas colgadas en las paredes.

—¿Aburrido?

Kaminari no reprimió la mueca cuando el alcohol le dio una bofetada, es muy evidente que Bakugō había tomado más de lo normal, y aunque lo ha visto en las cenas mensuales de ex-compañeros y sabe que no es fácil que se emborrache, en ese momento está dispuesto a apostar con Sero que sí lo estaba.

De todas formas no retrocedió, incluso si la posición y cercanía no era una que Bakugō usaría estando en sus sentidos, un brazo estaba apoyado sobre la columna junto al rostro de Kaminari; es en momento como ese donde lamenta la diferencia de centímetros, es como si por más que creciera, la persona delante de él siempre lograría crecer el doble e impedir que alcanzara su altura.

—Todo es muy romántico para mi gusto —Ladea la cabeza hacia un lado señalando el salón repleto de rosas, palomas, globos en forma de corazón y fotografías de la pareja a lo largo de su vida y relación —¿Qué hay de ti?

—También me aburro —Apartó el brazo para apoyarse a su lado, de esa forma no quedaba a la vista del resto —La marciana rosa dijo que fuiste suspendido.

—Ese no es un tema de conversación cool, amigo —Fue el turno de Kaminari para apartarse de la ventana y acomodar su cuerpo en la columna, en frente de Bakugō, estar tan cerca lo hacía sentir un poco nervioso —Prueba de nuevo.

Bakugō cruzó los brazos sobre su torso, las cejas estaban juntas y tenía una mirada determinada, si no fuera el fuerte olor a alcohol, Kaminari podría creer que de verdad está en sus cinco sentidos.

Sin embargo, aunque sabe que está mal y no puede tomar decisiones, es imposible reprimir el impulso de burlarse un poco de Bakugō estando en ese estado con la guardia baja, sin gruñir como un niño ni amenazando con hacer explotar su cara. Quizás por esa pequeña muestra de poder momentáneo es que ladeó la cabeza, quizás en un gesto coqueto, quizás dejando a la vista su cuello, quizás... queriendo ver hasta dónde llegaba su ex-compañero.

—¿Qué pasa, Katsubro? —Era un apodo que nunca le agradó, y no se quejó como haría en un día normal.

—Dudo —Dijo con seriedad, más de la que se supone debe tener un borracho, Kaminari agitó las pestañas con curiosidad y sin borrar su sonrisa ladina —Dudo que tus sucios trucos puedan atraparme.

Kaminari enderezó la espalda al creer que fue atrapado con las manos en la masa, demasiado rápido, y ni siquiera tuvo tiempo de disfrutar del control sobre Bakugō.

Si había algo que no cambió con los años, es que continuaba siendo tan despistado como en su adolescencia, por eso no comprendió a lo que se estaba refiriendo con aquella acusación.

Por “trucos sucios” se refería a los ojos de gato de Kaminari, una mirada que usaba cuando en primer año coqueteaba con las chicas para obtener su simpatía y ser considerado un chico lindo, un truco que aprendió a usar con el pasar de los años, en especial con Kirishima y los demás cuando quería que pagaran o le compraran algún dulce en un puesto de las ferias. El único que nunca cayó en ese truco fue Sero, pero fue porque no tenía atracción por los chicos lindos como el resto de ellos, Jirō y Ashido desarrollaron cierta resistencia, sin embargo, Kaminari era el favorito de Kirishima, así que el otro condenado por sus artimañas cuando no estaba el pelirrojo, solo podía ser Bakugō.

Perdió la cuenta de la cantidad de veces que lo hizo pagar la cuenta y comprarle cosas tontas en los escaparates de las tiendas.

Años después de abandonar la preparatoria, siendo mayor y más sabio esperaba que no fuera igual a cuando eran adolescentes, se excusaba con que crecieron y Kaminari ya no usaba sus trucos porque había madurado, cuando lo cierto es que hace mucho no está en una situación donde necesite usar todos sus encantos para salirse con la suya.

Kaminari se encogió de hombros dando la apariencia de estar avergonzado, a ojos de Bakugō era un misterio se de verdad se sentía de esa forma o si era una táctica, se apartó el largo mechón de cabello de su cara para evitar que se agitara cuando una fuerte ráfaga de viento los azotó y los ojos dorados se suavizaron, tampoco sabía si eso era a propósito o no, pero lo miraba como si fuera tímido.

—Bakugō —Incluso su voz había bajado un decibel, no era ese tono agudo de siempre —Lo siento, no trato de engañarte.

Golpe bajo, si, pero en defensa de Kaminari, fue Bakugō quien lo acusó de usar trucos sucios.

El rostro Katsuki se puso rojo, de repente la borrachera dejó de pasar desapercibida y se fue a sus mejillas, Denki casi estaba seguro de poder escuchar su corazón latiendo como un tambor en su caja torácica, no esperaba verlo nervioso, jadeando e intentando retroceder un paso, como si estuviera asustado. Si no fuera por la columna estaría más alejado.

Se miraron fijamente sin pronunciar palabra e ignorando la fiesta en el hotel, preferían mirarse como si el otro fuera mucho más interesante que cualquier otra cosa que hayan visto hasta ese momento.

Kaminari estaba dubitativo sobre lo que buscaba, pero si algo aprendió en sus múltiples citas con chicas y chicos, cuando una persona sale de una fiesta y es seguido por otra, es por una sola razón: buscaban algo más que una simple charla. ¿Podrían culparlo por dudar? Se trataba de nadie más que Bakugō, el chico que era tan lejano como una estrella, y quizás fuera más sencillo obtener una considerando los avances tecnológicos.

Así que se acerca, lento al inicio y tanteando el terreno, se acerca demasiado como para confundir sus intenciones y le arrebata la botella para darle un pequeño sorbo, necesita todo el alcohol posible para hacer lo que su alocada mente le incita. Bakugō le sonríe con aquella complacencia que solía notar cuando aceptaba comprarle algo en las calles, las intenciones de ambos quedaron al descubierto, y solo quedaba dejarse llevar.

Con una de sus manos apartó el cabello rubio con aquel inusual rayo para verle bien la cara, sus dedos recorrieron los pómulos para confirmar lo evidente: no hay pequeas, se trataba de un lienzo en blanco sin rastro de cicatrices ni manchas, el contacto le permitió disfrutar de la suavidad en el rostro ajeno y la manera en que cerró sus ojos, a gusto con la caricia, dejaba en claro que no le era indiferente. La mano en la mejilla de Kaminari fue bajando hasta recorrer la cornisa de su cuello, luego el brazo hasta que pudo alcanzar el trasero que entraba a la perfección entre las manos de Bakugō y en esa posición podía empujar hacia adelante para cerrar la distancia entre sus cuerpos, de esa forma pudo sentirla colonia masculina mezclada con el olor de un trago frutal, esos que suelen ser los más engañosos e iban a la perfección con alguien como Kaminari.

—¿Estás seguro? —Aunque el alcohol en su sistema era considerable, no lo suficiente como para no saber lo que pasaba.

Se inclinó para susurrarle en el oído, Kaminari tembló por la voz ronca, una perfecta contraposición a todos los gritos que ha estado oyendo desde que ingresó a la fiesta, demasiado varonil, peligrosa y excitante. Imitó su acción, siendo más osado al ver que no le era indiferente, incluso se atrevió a acariciar con sus labios la oreja.

—Esa debería ser mi pregunta.

Al separarse pudo confirmar que logró lo que quería, Bakugō lo miraba con un hambre voraz y los ojos brillantes, sus manos apretaron su trasero con poca y nada delicadeza, tal como esperaba que hiciera. Fingieron tontear sin romper el contacto visual o la cercanía entre sus cuerpos, Kaminari esperaba que su amigo recuperara el sentido o todo se desvaneciera en una broma de borrachos, consideraba que era lo que un adulto responsable debía hacer, no obstante, también tenía uno de sus brazos en el hombro de Bakugō y con el otro sujetaba la botella que de a ratos acercaba a su propia boca, consciente de que él seguía con sus ojos el movimiento de sus labios y algunas gotas se deslizaban por los bordes, aprovechaba para usar su lengua y atraparlas.

Bakugō acercó una de sus manos a la boca contraria, acariciando sus labios con la punta de los dedos, el contacto hizo que el cuerpo de ambos se llenara de electricidad y no sabía si era por el quirk de Kaminari que suele alterarse cuando está emocionado o fue algo interno de su propio cuerpo. La distancia se desvaneció y quedan totalmente pegados.

—Vine en mi auto —Si bien todos tenían una habitación disponible en el hotel, no quería volver a la fiesta y cruzarse con sus amigos, en el fondo sabe que eso mataría la excitación y no podría hacer lo que deseaba —¿Nos perdemos?

—¿No eres el padrino?

—Ellos no me necesitan, ¿Quieres venir conmigo o no?

Kaminari se apartó mirándolo con curiosidad, sin comprender lo que quería decir con “perderse”, pero nunca fue una persona que se quedara con la duda y asintió, porque no era un cobarde y se moría de ganas por descubrir lo que podría hacer Bakugō en la privacidad de un cuarto. Se quedaron mirando a los ojos un momento, como si cada uno estuviera procesando lo que acababan de decir y lo que estaban por hacer, Kaminari sonrió de forma coqueta, disfrutando del sonrojo en las mejillas ajenas, aunque no sabía si era por el alcohol o nerviosismo.

Cualquiera de las dos funcionaba para él.

Cuando lo vio asentir por segunda vez con mayor convicción y bebiendo el último trago de la botella, salieron silenciosamente de la fiesta sin despedirse de ninguno de sus amigos, tropezando con los arreglos florales en el jardín y yendo directamente al auto de Katsuki aparcado en el estacionamiento reservado para los invitados. Se metieron en el auto como un par de adolescentes haciendo una travesura, tiraron sus respectivos sacos de gala en el asiento trasero y la botella vacía que trajeron consigo. Al salir de la fiesta no dijeron la gran cosa, bajaron las ventanillas disfrutando del viento frío de la madrugada y recorrieron las calles Ginza, la zona de lujo de Tokio donde vivía Bakugō, hasta llegar a la zona comercial de Kameido y adentrarse en los suburbios llegando a una parte de la ciudad que no tenía a muchas personas a la vista. Se detuvieron en una zona poco concurrida cerca de los bosques donde solían reunirse con sus amigos en su último año de la preparatoria, disfrutando de la vista y algunas cervezas que compraron en secreto.

Ambos chicos se apoyaron en el capó del auto y Kaminari tomó esa oportunidad para ver mejor al chico con el que decidió escaparse de una fiesta hacia un destino incierto, en realidad él esperaba ir a un hotel, y no a un lugar de su juventud, pero no era incómodo.

Cualquiera que haya sido el impulso que sintió Bakugō para huir de la fiesta, disminuyó de adrenalina luego de alejarse lo suficiente. Bakugō por otro lado continuaba medio confundido y atontado por el alcohol ingerido debido al dolor en su corazón, no sabe de dónde vino la idea de irse de golpe, ahora ahora que el frío y el exterior le permitían regresar a sus sentidos se dio cuento de lo estúpido que fue al acercarse como una polilla siguiendo a la luz.

—Hace mucho que no venimos aquí —Dijo Kaminari rompiendo el silencio.

—Supongo.

—¿Estás bien?

—No quiero hablar de eso.

—¿Y qué quieres hacer? —Se aparta del auto para pararse frente a Bakugō y bloquear la vista sobre el paisaje de la ciudad —Mandas esta noche.

—Siempre mando.

—Lo que digas.

Vuelven a estar lo suficientemente cerca como para sentir la respiración del otro, y es en esa posición que recuerdan por qué decidieron escaparse en primer lugar. Bakugō no puede resistirse a los trucos sucios de Kaminari y este no podía negarse a la oportunidad de estar con alguien como Dynamight, algo que solo podría suceder en sus más alocados sueños, y no es que lo haya soñado, solo un par de veces cuando jugaba con Ashido a puntear a los miembros de su grupo de amigos.

Bakugō siempre fue el que obtuvo la mejor puntuación.

No va a mostrarse intimidado por esos profundos ojos rojos que lo miran con deseo, lejos de sentir miedo por la penetrante mirada, se siente inclinado hacia la oscuridad que emana y hundirse en el problema que significa involucrarse cuando comparten tantos amigos.

Al estar reclinado sobre el capó fue sencillo para Kaminari empujar a su amigo, la única luz sobre sus cabezas era proveniente de la luna, se apretó contra su cuerpo, sus dedos delgados acariciaron el borde de la camisa color vino hasta sacarlo del pantalón y subió acariciando el cuello hasta alcanzar la mandíbula. Repitiendo la misma caricia de Bakugō, a la inversa. Tan pronto como se desvaneció la excepción, regresó gracias a un par de caricias y la mirada gatuna de Kaminari. La diferencia de altura le permitía mirarlo desde abajo, quizás sea alguna especie de fetiche que le gusten los chicos más altos o alguna preferencia que no quiere reconocer.

Katsuki le acarició las mejillas, pasando su pulgar por la comisura de los labios y jugando con el arete en su oreja, los ojos dorados estaban fijos en los suyos y el rostro de ambos estaba tan cerca que podían sentir el aliento del otro. Bakugō apretó su mano alrededor del delgado cuello sin ejercer verdadera presión, lo suficiente para estremecer a su amigo y enviar escalofríos por todo el cuerpo. Un jadeo contenido escapó de los labios de Kaminari, no se consideraba masoquista o con fetiches por la sumisión, el agarre de su rostro y la cercanía del cuerpo ajeno poco a poco lo estaba empujando en aguas desconocidas, la estimulación era suficiente para hacerlo suspirar de excitación y agitar sus nervios como nunca antes. Algo nuevo, desconocido, peligroso y sensual.

—Esto es una maldita locura.

—Si no quieres, está bien.

Estaba dispuesto a alejarse cuando de golpe Katsuki tiró de su camisa para detenerlo y empujarlo a sus labios en un feroz beso necesitado, uno que ha estado deseando concretar desde que sus ojos se cruzaron durante la fiesta y le sonrió de aquella forma coqueta.

Las manos de Kaminari golpearon el capó del auto en un intento por sujetarse a algo firme, aunque luego lanzó lejos ese cuidado al ser obligado a cambiar de lugares  porque lo sujetaban de las muñecas para evitar que se moviera, lo sostuvo con firmeza enredando sus piernas y restregando su erección contra el muslo del rubio, que también correspondía a sus atenciones con la misma necesidad placentera.

Enredó los mechones rubios entre sus dedos provocando un desastre a su vez que lo sentía apartarse del firme agarre dejando escapar una pequeña descarga de esa forma fue capaz de levantar los brazos y revolver su rebelde cabello, abrió los ojos solo un momento durante el beso para apreciar el rostro sonrojado de su amigo y no pudo apartar la vista, especialmente cuando los labios carnosos estaban obligándole a corresponder un beso deseado desde el comienzo de la noche, su lengua se introduce con gula, lo suficiente para hacer que Kaminari jadeara y un poco de saliva se asomara por los labios. Ver aquel bello rostro era un constante recordatorio de su identidad, no había pecas ni cabello rizado, sino un rostro libre de marcas y el cabello tan lacio que se deslizaba entre sus dedos.

Las manos de Bakugō eran más grandes que las suyas, casi tanto que era capaz de envolver su rostro entre ellas, sintió que bajaba para amasar suavemente los puntos sensibles en su garganta y esas manos con cicatrices que delataban los duros años de entrenamiento le provocaban un fuerte estremecimiento.

Sintió el sudor acumulándose en la nuca junto a un latido agudo y placentero, de forma inconsciente ronroneó de manera sumisa y al instante aquella entrega fue reemplazada por gruñidos que se perdieron en la boca de Katsuki con cada beso profundo y hambriento, mordisqueando los labios que nunca imaginaron besar y acariciando la piel que nunca esperaron tener a su alcance, era demasiado loco jugar con fuego, y excitante, por eso tanta gente se quema.

Cuando se separaron, mantuvieron la mirada en el otro, sin aliento. Las mejillas de Kaminari estaban rosadas y en la tenue luz, perdió un poco del perfecto maquillaje que Ashido se tomó el tiempo de aplicar para cubrir las tenues líneas blancas que delataban el uso excesivo de su quirk, un recordatorio de que también fue marcado por la guerra y no estaba orgulloso, más por la estética que por el significado. Katsuki deslizó el pulgar sobre las marcas, de repente el chico entre sus brazos parecía vulnerable y lo miraba como si quisiera, no, como si necesitara ser devorado.

Abrió la boca acercándose para un nuevo beso y deslizó su lengua a los labios ajenos, una clara señal para que se inclinara y volviera a besarlo como si no hubiera mañana. Sintió la vibración del gemido de satisfacción por parte de Bakugō viajar a través de su lengua hasta su propio corazón, se sentía delicioso, el sabor de su boca era una exquisita mezcla de alcohol, mente y el chocolate del pastel de bodas.

Sus pensamientos se calmaron en el momento en que los labios de Bakugō se presionaron con fuerza, instándolo a abrir más la boca, y los alargados dedos se aferraron al redondo trasero de Kaminari, y sonrió cuando el menor se volvió lo suficientemente audaz como para extender la mano y deslizarla detrás de su cuello, acercándolo mientras su lengua se metía en su boca. No tenía intención de separarse en busca de aire. Se las arregló para jadear entre besos, bajando las manos para levantar la camisa roja y acariciar los abdominales debajo de la ropa, concentrándose en la pronunciada cicatriz a un costado del vientre, mientras la rodilla del más alto aterrizaba demasiado cerca de su entrepierna,  dejando notar la excitación de ambos.

Bakugō se alejó de los labios carnosos para probar con su lengua el delgado cuello blanco, carente de pecas y un poco oculto por una delgada gargantilla, a pesar de ser una molestia a la hora de besarlo, no puede negar que lucía estimulante. El aliento de Katsuki era caliente y la mano de Denki comenzó a temblar cuando lo sintió morder con fuerza, sin juegos previos y solo mordiendo con sus dientes, estaba seguro de que había logrado sacarle un poco de sangre y esa idea le hizo gruñir algo ininteligible con el dialecto de kansai, es sonido hizo que el pene de su amigo se crispó, hasta está seguro de que se hizo más grande debajo de la ropa.

—Mierda, eso sonó bien —Susurró acariciando con su lengua el cuello pálido, lamiendo todo el camino hasta que su lengua se detuvo en la vena de bombeo directamente debajo de la oreja.

Kaminari sofocó un gemido mordiéndose el labio mientras Katsuki siguió besando el cuello antes de volver a morder con fuerza y sacarle un grito de placer, al separarse siguió un camino de pequeños besos alrededor de la mandíbula y luego se abalanzó sobre sus labios como un perro a un hueso.

El beso fue diferente. Más duro, más enojado, lleno de frustración acumulada.

Los labios de Denki se separaron sin apartar la mirada de los ojos rubí, intentaba no gemir con cada beso que le prodigaba o las mordidas agresivas en su cuello. La satisfacción en los ojos de Bakugō lo estaba excitando de la misma forma y sonrió de aquella forma que consideraban un “truco sucio”.

Katsuki apretó con mayor fuerza su entrepierna contra el muslo de Kaminari y se tragó sus jadeos en otro beso, encargándose de introducir la lengua tan profundo en su boca que ningún otro sonido pudo escapar, sus manos le sujetaron las caderas contra el capó del auto, dejando que su boca succionara con avidez la lengua del rubio y ambos se restregaban contra el otro, acarició de forma superficial la curvatura de la cintura, introduciendo sus dedos dentro del elástico de su ropa interior y a nada de poder acariciar su trasero.

Al romper el beso tomaron distancia solo un poco, Kaminari sonreía encantado por lo que estaba sintiendo encantado por lo que estaba sintiendo y Bakugō, incapaz de soportar aquella mirada, se inclinó por última vez en su garganta, deslizando la lengua sobre su manzana de adán, barbilla y labios.

Kaminari sonríe como un niño que acaba de cometer una travesura muy buena y Bakugō no quiere pensar en qué pasaba por su mente.

Permanecen con los cuerpos pegados y las narices tocándose, de vez en cuando se rozaban los labios con el fantasma de un beso, Bakugō no sabe lo que está haciendo.

Es obvio que Kaminari siempre fue caprichoso, a veces odioso, torpe y muy problemático, la mayor parte del tiempo. También lo conoce y sabe que no es para lo que muestra frente a las cámaras, no es el héroe carilindo y que le gusta bromear en las entrevistas, no es inocente, sino astuto como un zorro, no es fácil de intimidar ya que vive bajo el lema de carpe diem. Es excitante, y lindo, no lo niega, pero hasta él con su sentido nublado por el alcohol sabe que están a punto de cometer una locura.

Así es como pensaba hasta que siente de nuevo su entrepierna siendo acariciada por una mano ajena.

Cualquier pensamiento racional vuela lejos al ver que Kaminari estaba de rodillas sobre la tierra, flotando justo encima de la entrepierna, mira hacia arriba y sonríe de aquella forma embaucadora que Bakugō tantas veces reconoció como su manera de manipular la situación a su favor, palidece con los ojos nublados de excitación.

Intenta apartarse al ver que estaba por escalar un nivel sin retorno, pero su escape es interrumpido cuando Kaminari lo mantiene en su lugar y empuja contra el auto.

—Siempre puedes irte, eres más fuerte que yo —Con lentitud tira de la cremallera para abrir los pantalones —Pero creo que no quieres estar solo esta noche —Katsuki se tensa y sus manos se apoyan en el capó en busca de apoyo mientras su ropa interior es expuesta y Kaminari se comienza a frotar con el bulto debajo de la tela —¿No dicen que la miseria ama la compañía?

Kaminari disfruta viendo el efecto que sus palabras tienen, la erección recupera la fuerza que percibió durante los pasionales beso de antes.

A pesar de su vacilación, escucha un gemido amortiguado de Bakugō, lo ve mordiéndose el labio inferior y cerrando los ojos con fuerza mientras desliza suavemente sus dedos sobre la excitación atrapada en los bóxers, los cuales, tal como imaginaba, eran de estampado con explosiones. Toma el bulto una vez más antes de quitar la ropa interior y exponer su pene excitado, enrojecido y listo.

Por un minuto, se le queda mirando, inseguro sobre lo que debe hacer a continuación. Después de todo, desde cualquier punto de vista estaba por hacer algo nuevo y le quedaba una pizca de pudor, sin embargo, ahí estaba, a punto de chupar un pene por primera vez, no solo eso, Bakugō tenía una proporción considerable que no se esperaba. Se lame los labios, preguntándose si podrá hacerlo sentir tan bien como él se sentía ante la idea, ya quiere saber cómo se sentirá en su boca, en su lengua, los sonidos que dejaría salir y su cara de placer.

—¿Solo vas a mirarlo? —Su momento de duda fue suficiente para que Katuski volviera a tomar las riendas.

Su voz flota por encima de él, grave y deseosa. Kaminari mira hacia arriba para encontrarlo jadeando y físicamente inquieto; sigue moviendo sus manos alrededor del capó del auto para mantenerse equilibrado, pero ese no es el único signo de deseo. Una de sus manos se había dirigido a su cabello y le acariciaba la nuca.

Kaminari abre la boca y deja que su lengua descanse flácida sobre sus dientes inferiores, ligeramente sobresaliendo de sus labios. Un sonido de acuerdo sale de la boca de Katsuki y asiente, la resolución se le escapa mientras empuja la cabeza de Denki hasta que su pene se adentra un poco en su boca, quien no puede evitar gemir cuando sus labios se sellan sobre Bakugō, saboreando algo embriagador y desconocido,  los sonidos que provoca en él hacen que valga la pena.

Lentamente, comienza a chupar y moviendo la cabeza como otros chicos lo hicieron una o dos veces y lograron darle vuelta la cabeza, espera ser bueno imitando. Debe estar haciendo algo bien porque los dedos de Bakugō están masajeando su cuero cabelludo y tiene la cabeza echada hacia atrás, pequeños gemidos entrecortados se filtran por el aire.

Kaminari estaría mintiendo si dijera que esto no le está dando un impulso al ego. Decide levantar las manos para agarrar la base del pene y comienza a sacudir la carne expuesta y es entonces cuando mueve sus caderas dejando escapar un gemido.

—Ah, mierda, Kaminari... fuerte... t-tu lengua, úsala.

Hace lo que se le indica, manteniendo la boca cerrada pero dejando que su lengua vague a lo largo del eje saboreando los comienzos de la excitación que se escapan de la punta. Se aparta para tomar algo de aire y Katsuki parpadea hacia él, como si estuviera viendo a Denki por primera vez.

—Me gusta tu sabor, Kats —Ronronea, inclinándose para frotar la cabeza del pene a lo largo de sus labios, cubriéndolos con el pre-semen.

El rubio es consciente de lo obsceno que se ve porque le encanta cuando otros hacen eso con él, mirándolo de forma tímida desde abajo con su pene apoyado en los labios, reluciente y húmedo. También sabe que comienza a afectarlo porque lo ve cerrar los ojos y comenzar a maldecir, empujando su cabeza hacia adelante; pero no vuelve a chupar todavía, provocando a Bakugō mientras lame a lo largo y riendo cuando lo escucha sisear de placer.

Vuelve a introducirlo en su boca sin aviso.

No está seguro de si quiere tragar, no sabe si eso es algo que a Katsuki le guste o no, hasta esa noche creyó que era asexual. Personalmente, no le importa de ninguna manera si su compañero de cama se lo traga o le permite correrse en su cara, él piensa que ambos son igualmente atractivos si se ejecutan de la manera correcta, y Bakugō parecía ser del tipo que responde bien al control y es débil a las conversaciones donde el dominio era un constante tira y afloja, y si hay algo en lo que Kaminari es bueno, es en ser un completo desvergonzado. Excitado, Bakugō toma aire cuando cambia de posición la cabeza y esta vez siente que lo está llevando más lejos. Utiliza más su lengua, asegurándose de que cada centímetro sea estimulado por su boca o sus manos y pronto puede sentirlo temblar en su lengua. Se retira, porque es un descarado y le gusta escucharlo maldecir con fastidio, sus labios están entumecidos, zumban placenteramente a medida que se hinchan y le gusta la sensación.

Bakugō jadea cuando Kaminari acaricia con su lengua el largo del pene a medida que lo masturba con rapidez, desde abajo puede ver al rubio agitar las pestañas mostrando una imagen de falsa inocencia y chupa apenas la punta, tarareando y gimiendo a su alrededor. Antes de que pueda siquiera pronunciar termina en la boca de Kaminari, y la imagen de él con la boca abierta y siendo pintado con blanco hace que se deleite por el el semen adherido a sus labios rojos y la forma en que le gotea por la barbilla.

Kaminari traga lo que tiene a su alcance, más salado de lo que esperaba, pero no está mal, y cuando mira hacia arriba para ver a su amigo, quedó encantado con la imagen de placer que perdura, y decide que no está tan mal, no le importa haber arruinado un traje por haberse dejado llevar.

La sorpresa fue multiplicada cuando Katsuki se puso de cuclillas frente a él, del bolsillo de su pantalón sacó un pañuelo con el que le limpió la cara, fue suave y el tacto no se comparaba a los besos y mordidas de antes. De nuevo se detuvo más tiempo del necesario en sus mejillas, como si estuviera buscando algo imposible, no sabe si su mirada era una de alivio o pena, y algo en el fondo de su mente le susurra que no haga ninguna pregunta o las cosas en serio se volverían incómodas para ambos. Por eso no reacciona al instante cuando siente la frente Bakugō en su hombro, cayendo pesada y sin energías, la cercanía no era incómoda, sino la situación en general.

—¡¿Bakugō?!

—Cállate —Acató la orden sin necesitar una reiteración, de nuevo esa voz en el fondo de su mente le decía que no era momento de bromas ni coqueteos descarados —Solo quédate quieto.

Si Kaminari reconoció la humedad sobre su hombro como lágrimas y prefirió fingir que era sudor o los estragos del semen, no dijo nada, así como tampoco no se movió de su lugar para despejar las dudas. Mantuvo la cabeza hundida en la curvatura del cuello intentando no pensar en la fiesta que acababa de dejar atrás, en las dos ceremonias matrimoniales donde vio al chico que le gustaba casándose con otro, en lo que sucedería esa noche durante la luna de piel. No deseaba pensar en nada más, sin embargo, no sentía correcto usar a Kaminari para ahogar sus penas por muy ebrio que esté.

Permanecieron en la misma posición por varios minutos, ninguno se atrevió a moverse y romper el ambiente, fue necesario que otro auto llegara al aparcamiento del acantilado para saber que era el momento de irse.

Sin dirigirse la mirada se subieron al auto, Kaminari buscó su saco en el asiento trasero dónde se encontraba su teléfono, ahí tenía varios mensajes de sus amigos en los chats privados y también en el grupo de whatsapp del Bakusquad. Resultó que se fueron de la fiesta hace casi dos horas, todos ya estaban en sus respectivas habitaciones y otros se fueron a casa, así como los novios subieron a un avión para viajar a Los Ángeles por su luna de miel. Kaminari se encargó de cubrirlos, porque vio que Bakugō no tenía ninguna intención de responder los múltiples mensajes de sus amigos, y les dijo que estuvo vomitando mucho por la cantidad de tragos ingeridos y fue su líder quien lo llevó a casa a descansar. Era una excusa plausible, no sería la primera vez que alguno se ve en la obligación de cuidarlo por culpa del alcohol y una noche de fiesta.

Bakugō no necesito indicaciones sobre donde quedaba el departamento de Kaminari, tiene la oportunidad de visitarlo cada cuatro meses desde que cada quien tuvo la oportunidad de mudarse, cuando deciden reunirse en la casa de alguno para mantener el contacto al menos una vez por mes y que la amistad prevalezca sobre los complicados horarios de trabajo.

Manejó hasta las concurridas calles de Shinjuku que seguía en con sus luces en todo su esplendor a pesar de que eran casi las cinco de la mañana y varias personas entraban o salían de los clubes, Kaminari decidió mudarse en ese distrito porque quedaba bastante cerca de su agencia de trabajo y, considerado que odia madrugar desde que está secundaria baja, de esa forma nunca llegaría tarde porque solo necesitaba tomar un autobús en caso de ir ajustado de tiempo, de lo contrario puede caminar las ocho cuadras de distancia con los audífonos y llegar a tiempo. Años de práctica le permitieron perfeccionar sus horarios, aunque eso también significó estar un poco más alejado de las agencias de la capital y de sus amigos, cuando hicieron el reparto de patrullas y le tocó Shinjuku, la ciudad japonesa que nunca duerme, supo que se pasaría mucho tiempo luchando contra los villanos y corriendo sobre los altos edificios durante las patrullas, claro que desde la guerra los ataques no eran tan violentos y cuando uno lucha en el campo de batalla arriesgando la vida, el trabajo de patrullaje no es tan pesado.

El auto se detuvo frente a un edificio cerca de la estación de trenes que, al igual que su ciudad y a la gente que allí vive, parecía no dormir.

—Gracias por traerme, no olvides responderle a los demás.

—Eso es algo que ya hiciste.

—Aprecian una respuesta tuya más directa —Bakugō hace un vago movimiento a modo de confirmación y, ante la falta de energía, Kaminari hace otro de sus movimientos impulsivos dejándose llevar por la guardia baja del otro.

—¿Qué pa-?

—Puedes quedarte a dormir —La desconfianza fue imposible de negar y Kaminari levantó la manos a modo de paz —¡No haré nada! Hace poco compré un sofá y es bastante cómodo, puedes usarlo, en la mañana te irás si gustas.

—Mm —La idea de manejar media hora hasta su departamento no era emocionante, también estaba cansado por los días de mierda que estuvo viviendo en las últimas semanas, incluso ayudó en las preparaciones de la fiesta por ser el padrino, y las emociones del día lo dejaron sin fuerzas para dudar o negar la propuesta —Me iré temprano.

—¡Claro! Las llaves están siempre en la mesa del comedor, cierra cuando salgas y déjalas en el buzón del correo.

No sabe de dónde saca la confianza para seguir hablando.

El auto es aparcado en un estacionamiento a la vuelta del complejo departamental y, cuando les toca caminar, el silencio se vuelve tenso por parte de Kaminari. No estaba seguro de si debería hablar o pedir disculpas por aprovecharse del estado vulnerable de su amigo para cumplir su deseo reprimido, pero las palabras no salían de su boca y la expresión de Bakugō tampoco era demasiado buena, se le notaba cansado como nunca ante lo vio, ni siquiera después de la intervención a Midoriya o el primer enfrentamiento contra el Ejército Paranormal,  estaba de verdad agotado y… triste. Quizás fue por eso que no quiso que pasara la noche solo.

Bakugō no hablaba porque no lo veía necesario, su mente continúa confundida por los eventos de esa noche y la manera en que acabó enredado con su amigo de la preparatoria. ¿Por qué? Conoce a Kaminari desde los 14 años, nunca fue el tipo de persona con la que pensaría tener una relación de amigos, mucho menos algo que fuera más allá, pero esta noche al ver sus ojos gatunos y la sonrisa ladina no pudo evitar verlo con otros ojos, jamás reconoció en voz alta que le parecía un chico lindo porque en su mente solo estaba en la meta de ser el mejor héroe de la historia y superar a Deku, consiguió cada objetivo de diferentes maneras, estaba en el ranking de los mejores héroes y contaba con una popularidad considerable, y lo segundo era más complejo de explicar, ya no estaba obsesionado con su complejo de inferioridad, pero al superarlo dejó al descubierto que debajo de eso había fuertes sentimientos reprimidos que nunca pensaba confesar.

Como su visión de la vida, el futuro y… todo en general, estaba bastante limitado por metas banales como adulto, cuando quiso ver más allá de Deku lo primero que vio fue a Kaminari, podría haber sido cualquier otra persona y de preferencia que se pareciera un 1% a su primer amor, no obstante, fue él, ese chico embustero que más de una vez le hizo pagar su parte de una cena entre amigos y convencerlo de comprarle estupideces, solo así puede describir que quiera comprar mercancía de sus amigos, no hay nada más vergonzoso que comprar un pequeño peluche de sí mismo.

Así de embustero como era, no dudó en atraparlo en el primer momento que tuvo sus ojos encima, y ahora no sabía cómo encarar la situación, tampoco le daba la cabeza como para pensar. Necesitaba dormir, escapar en la mañana e idear un plan para dejar las cosas claras en otro momento.

—Te traeré una manta —Ni siquiera se percató de que ya estaban dentro del departamento.

—No hace falta —Se dirigió al sofá nuevo, sin hacer muecas ante el estampado de leopardo, y ubicado delante de una pequeña mesa de cristal negro y una televisión —Mi temperatura es elevada.

Kaminari abrió la boca dispuesto a hacer una broma al respecto, por suerte pudo morderse la lengua antes de que el impulso de estupidez volviera la situación más incómoda.

—De acuerdo —Dejó las llaves sobre la mesa junto al control del aire acondicionado —Puedes agarrar lo que quieras del refrigerador —Estaba por huir a su cuarto cuando regresó sobre sus pasos con una expresión seria —Menos la gelatina y el flan, sin solo míos.

Ese era el Kaminari que conocía, caprichoso por cosas tontas, tras hacer esa advertencia se fue rápido y cerró la puerta con un fuerte golpe que delataba lo nervioso que se sentía en el fondo. Bakugō debía darse crédito por haber logrado desestabilizar a un chico como él.

Tras acostarse en el sofá, que resultó ser más cómodo de lo que esperaba, sus ojos no tardaron en cerrarse y perderse en el mundo de los sueños, un mundo donde su vida amorosa no era una jodida mierda, no acababa de arruinar una amistad de hace varios años y no se sentía atrapado en su propia vida. Pasó de ser un chico que quería tragarse el mundo a desear que el mundo se lo tragara, quizás de esa forma no tenga que lidiar con todos sus enredos emocionales.

Nunca fue bueno lidiando con sentimientos fuertes, y tiene muchos de esos.

En la otra habitación Kaminari ya había reemplazado el elegante traje por un pijama amarillo, el cual más que un conjunto era una simple remera de Pokémon con Pikachu en el centro y unos pantaloncillos cortos. Decidió esperar diez minutos para salir de nuevo e ir a lavarse los dientes, al ver las luces apagadas se movió con cuidado en su propio hogar e hizo su rutina facial para mitigar las  figuras de Lichtenberg, esos patrones ramificados que aparecen en la piel debido a su particularidad. Su piel era pálida, pero aquellas marcas eran blancas casi en su totalidad, cualquier persona pensaría que eran cicatrices raras o tatuajes sin sentido. Al acabar de cubrirse el rostro y torso con las cremas especiales, regresó a su cuarto donde se sintió protegido debajo de sus frazadas.

No puede negar que le hubiera gustado dormir con Bakugō, su temperatura corporal de seguro lo ayudaría a conciliar el sueño más rápido. Al instante apartó la idea y se escondió debajo de las almohadas, prometiendo que mañana iban a hablar para aclarar todo, su extraño momento pasional quedaría como algo de bros, como el beso que se dio con Sero para verificar su bisexualidad.

Mañana sería un nuevo y mejor día.

O podría haberlo sido si se hubiera levantado más temprano, al mediodía no vio a Bakugō solo una nota que decía: Nos vemos. Tan tosco y seco como debería haberlo imaginado.


TOKIO - Shinjuku; Departamento de Kaminari (01/05/2025 - 20:40 PM)

Una semana desde la ceremonia de Todoroki y Midoriya, el primer sábado que Kaminari tiene libre para poder ser él mismo y disfrutar de un merecido descanso después de unos arduos días luchando contra su propia depresión y las citas obligatorias con la psicológa, aparte de lidiar con los villanos que dan vueltas en su cabeza recordándole que era un fracaso. Fuera de todo, estaba perfecto.

Una noche destinada al ocio.

Se había puesto su pijama de cuerpo completo de Pijachu, eligió una playlist de grandes clásicos para acompañarlo en la preparación de su ramen, porque no va a cocinar en su día y no quiere lavar los platos, y el departamento contaba con la medida justa de calor y frío.

No hay nada que puede salir mal.

Aja, aja, yo te diré a ti lo que quiero, quiero si —A medida que esperaba a que su ramen estuviera listo realizaba raros movimientos de baile en la cocina, fingiendo que un cucharón era su micrófono —Yo te diré a ti lo que quiero, quiero si —Si alguien lo viera a través de la ventana o justo pasara un héroe durante sus patrullas nocturnas, de seguro se detendría para ver su movimiento de caderas torpe —Yo quiero, ah, yo quiero, ah, yo quiero, ah, yo quiero, ah, yo de verdad quiero lo que quieres aquí.

No hay nada como el dulce y solitario hogar, solo estaba él, su micrófono con forma de cucharón, el vídeoclip de las Spice Girls en su televisión y su cómodo pijama en el que gastó su primer sueldo debido a la suave calidad de la tela esponjosa en su interior.

A medida que se dejaba llevar por la música y esperaba a que pasaran los minutos para el ramen, vio la pantalla de su teléfono sobre la mesada con la fotografía de Ashido en el centro, debido a que estaba en vibración no fue posible escuchar la llamada. Saltó con agilidad la barra desayunadora, aunque Jirō lo regañara cuando venía de visita para verificar que estaba vivo y lo consideraba de mala educación, y fue al sofá donde estaba el control.

Si tu quieres ser mi novio, amigos hay que ser, ¡Amigos hay que ser! —Le dio pausa al vídeo y deslizó el dedo sobre la pantalla para descolgar la llamada —Ashido preciosa, ¿Qué tal? ¿Cómo te trata la vida?

—No sé qué estás haciendo que no escuchas que estamos llamando al timbre hace cinco minutos —El color desapareció del rostro de Kaminari —Dile al portero que nos abra, la cerveza pierde frío y las pizzas saben mejor cuando apenas salen del horno.

—Oh, si, claro —Echa un vistazo a su desastroso comedor y los vasos del desayuno acumulados en el fregadero.

—Te olvidaste.

—¡No! Jamás, ¿Cómo podría olvidar... nuestro... um?

—Único día de reunión del Bakusquad donde podemos estar todos juntos.

Kaminari quiso darse un golpe en la cabeza, durante la última semana prefirió no pensar en nada que se relacionara con Bakugō, claramente el peso de sus pecados regresa a su propia puerta para hacerle pagar sus tontas decisiones de ebrio. Una parte de él esperaba no verlo por los próximos meses, estaba demasiado avergonzado.

Y lo peor es que ese mes tocaba reunión en su casa, es obvio que está muy salado en la vida.

—¡Bro, ¿Te olvidaste?! La decepción, la traición —Kirishima parece haberle arrebatado el teléfono a su novia.

Kamibro, ¿En serio? Te enviamos mensajes durante las últimas dos horas —Esta vez la voz era de Sero, parecían estar peleándose por el teléfono.

En ese momento Kaminari no tenía valor para confesar que desde que volvió de su sesión terapéutica hace tres horas no tocó el teléfono, se dio un merecido baño de casi treinta minutos con sales especiales para aligerar los dolores que le recorrían el cuerpo por el ejercicio extremo, luego llevó toda su ropa a la lavandería del edificio y al volver solo pensaba en relajarse con alguna serie, hace rato que no puede ponerse al día con Helluva Boss.

¿Está mal que quiera saber el desenlace de un un príncipe búho del infierno enamorado de un diablillo de clase baja?

—Claro que no me olvidé —De forma disimulada comenzó a sacarse el pijama, quedando en bóxers, al menos Bakugō no estaba.

—Abre la puerta de una vez, tonto —Y habló demasiado rápido.

—Si, claro, um... esperen cinco minutos —Cortó la llamada, enfrentando el desastre de su comida, su ramen listo y la ropa colgada en las sillas —Yo puedo.

Si algo aprendió algo viviendo buena parte de su vida con tres hermanas mujeres y más tarde con todos sus compañeros, 20 personas muy diferentes, es que en cinco minutos se pueden hacer grandes milagros.

Recogió con prisas la ropa tirada, no estaba sucia porque solo tenía uno o dos usos, y no la llevó a la lavandería, sin pensarlo tiró todo dentro de su armario y cuando le tocó lavar los platos vio como una buena idea dejarlo en remojo con agua caliente, mientras esperaba a que estuviera listo para lavar solo con una esponja, corrió a su cuarto para buscar ropa más decente.

En la recepción del edificio Ashido recuperó su teléfono al arrebatarlo de los dedos de Kirishima.

—Se olvidó —Dijo Bakugō con un tono amargo.

—Es Kaminari, por eso debemos recordarle un día antes —Sero dirigió sus ojos negros a su líder —¿No eres el que normalmente se encarga, Katsubro?

—Ya te dije que no me llames así —No estaba listo para enfrentar a Kaminari, pero la reunión mensual con sus amigos era obligatoria y no quería hacer nuevas amistades, era demasiado agotador; y Kirishima fue quien lo arrastró después del trabajo —Y también se me pasó.

—¿En serio? ¿El gran Bakugō Katsuki se olvidó de algo? —Ante las bromas de Sero sintió el impulso de explotarle la cara, no lo hizo porque llevaba tres cajas de pizzas en sus manos.

—¡Soy humano, cara plana! Puede pasar.

—Vamos, olvídenlo —Kirishima intervino como el ser mediador y pacifista que era en su grupo, más por ser el único que soportaba las explosiones de Bakugō —Ya estamos aquí.

En ese momento el portero les dio permiso para entrar al elevador e ir al departamento de Kaminari, oprimieron el botón número 7 y ascendieron en silencio, o más con Ashido hablando sin parar de lo emocionada que estaba por reunirse con todos, a pesar de que se vieron hace una semana y tienen una reunión mensual todos juntos.

Bakugō estaba más callado de lo normal.

La idea de reunirse con Kaminari luego de lo que vivieron después de la fiesta estuvo pensando mucho en cómo abordar el tema, o si siquiera necesitaba hacerlo, al final de cada día de trabajo acababa pensando que lo correcto era poner las cosas claras.

Llegaron a la puerta 707 donde vivía el chico electricidad y antes de siquiera tocar la puerta, esta fue abierta con un fuerte golpe dejando ver a Kaminari con el cabello hecho un desastre, la piel más brillante de lo normal, su remera de mangas cortas dejaba al descubierto las delgadas cicatrices blancas en su piel, y el pantalón contaba con roturas en las rodillas, además del cierre bajo. Al estar frente a sus amigos hizo un intento de lucir más decente y acomodarse el cabello, el cual hace una semana Bakugō tuvo entre sus dedos mientras le chupaba el pene.

No era buena idea pensar en eso frente a sus amigos, afortunadamente nadie notó algo distinto, y Kaminari no actuaba incómodo, en su lugar era todo risas torpes y bromas sobre haberse “pasado” con la hora. Fue un poco insultante para Bakugō no ver rastro de la incomodidad que esperaba sentir, un rastro de que le recordara lo que hicieron.

Kaminari saludó a Ashido con un fuerte beso en la mejilla que fue devuelto entre risas, Kirishima le dio palmadas en la cabeza como si fuera un niño y entregó una bolsa con frituras, gomitas y chocolates para la noche de karaoke, la ofrenda fue merecedora de un efusivo abrazo, Sero no perdió el momento para abrazarlo y agitar su cabello, mezclando los mechones azabaches con el rubio dorado, tras tirarle de la oreja como regaño por haberse olvidado, ingresó al departamento con las otras cajas de 3 pizzas y fue directo a probar el nuevo sofá.

Cuando fue el turno de Kaminari para saludar a Bakugō, su rostro se cubrió de un tenue rubor rosado y, para disimular sus emociones, fingió emocionarse por la pizza y fue a la mesa donde estaba Ashido con las latas de cerveza y refrescos.

Solo ante ese pequeño gesto fue que Bakugō supo que sus preocupaciones, extrañas y sin sentido, fueron en vano. Sonriendo de lado ingresó para la noche de juegos y películas.