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I'm gonna take them for all that they

Summary:

Si tiene que sangrar, lo hará. Pero un día no muy lejano estará aun más cerca del trono y, si los siete la bendicen serán solo a unos cuantos pasos. Entonces hombres como Daemon tendrán que verla desde abajo y tragarse sus palabras.

Notes:

Aclaración: Los personajes no son míos ni la historia en la que se basa, pertenecen a George R.R. Martin. Esto es solo un fanfic de fan para fans y sin ánimos de lucro.
Sé que probablemente tenga fallas en cuanto a gramática y otros detalles por lo que espero me disculpen por ello. Intentare mejorar con el tiempo y arreglar mis errores.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1

Notes:

Beta reader: uglyhornyrat
Agradezco mucho la ayuda que me brindó para arreglar detalles principalmente en ortografìa y gramática.
Espero poder seguir mejorando y eventualmente entregar algo de mejor calidad.

Chapter Text


El peldaño más alto 

 

Ella está de pie en el gran salón con el silencio reinando a su alrededor. La luz dorada del atardecer entra a raudales por las altas y estrechas ventanas, se proyectan en el suelo y las paredes. En el fondo se encuentra la codicia de muchos hombres.

El trono de hierro se alza imponente prácticamente hecho de espadas fundidas que aún conservan el filo suficiente para cortar al que se siente sobre él. Distintos hombres han logrado ocuparlo derramando sangre a su paso, han gobernado desde ese asiento y han perecido sobre él. Hubo un momento en la historia que eso estuvo punto de cambiar.

A lo largo de la dinastía Targaryen las piezas se habían acomodado para dar paso a un reinado precedido por una mujer, Rhaenys Targaryen, ignorada por el rey Jaehaerys junto al consejo 101 para decretar como futuro gobernante a Viserys.

Al final se grabó en la historia como la reina que nunca fue, aquella a la que no se respeta su derecho legítimo por carecer de un miembro viril entre sus piernas. A veces se pregunta ¿Cómo habría sido ser gobernados por una mujer? No cree ser la única en cuestionarlo.

-¿Anhelando lo ajeno? -la repentina voz a su lado la sobresalta. Lo primero en ver es la mandíbula afilada del hombre a su costado derecho, esta pulcramente afeitada. Su figura es fuerte y le sobrepasa en altura, está de pie en toda su extensión. El cabello platinado le cae sobre sus anchos hombros. No habría forma de no reconocerlo.

-No me extrañaría, después de todo por tus venas corre la sangre de Otto- él continúa hablando sin esperar una respuesta. Sus ojos al igual que los de ella anteriormente, están fijos en el trono de hierro.

Es bien sabido que el príncipe espera ascender al trono en cuanto su hermano el rey parta de este mundo y hasta el momento no ha nacido ningún hijo varón que pueda cambiar el curso de ese hecho.  

-¿Cómo podría, mi príncipe? - responde con suavidad medida- Mi familia y yo siempre hemos estado al servicio de la corona y de forma servil nos inclinamos con respeto ante el rey Viserys y la reina Aemma.

 Alicent decide responder de manera educada ante las ofensas contra ella y su padre.  

-Veo que Otto te ha heredado su lengua viperina, pero te aseguro que no son tan astutos como para engañarme.

Ella no se deja provocar por sus palabras. No puede permitirse darle el gusto por lo que mantiene su armadura de dama. Las palabras del príncipe surgen de la hostilidad que mantiene con la mano del rey. No hay nadie en el reino que no comente sobre las disputas que libran cada vez que están en una misma habitación.

El continúa observando hacia adelante. No se ha dignado a mirarla ni una sola vez. Su postura es relajada y tiene las manos entrecruzadas sobre su abdomen. La mayoría de las veces lo ha visto con una mano cubriendo la empuñadura de dark sister sobre todo en sus demostraciones de poder y la frialdad de sus amenazas. Supone que ahora es diferente porque alguien como ella no es más que una oveja en el rebaño que los Targaryen pastorean.

Aun recuerda el día en que su padre la llevó a la corte. Era joven y todo le parecía descomunal, de una grandeza ajena y demasiado deslumbrante. No había visto a ningún Targaryen de cerca; lo que conocía provenía de los libros que relataban la historia de sus hazañas. Entonces cuando por fin tuvo su primer acercamiento, surgió con una versión más joven del príncipe.

Llevaba un corto trayecto, todavía no se había adentrado en la profundidad de la fortaleza. Caminaba al lado de su padre quien la preparaba para presentarla ante la princesa Aemma esposa del futuro rey y su hija de casi la misma edad de Alicent, Rhaenyra. Para su padre no era solo una presentación de cortesía, claro que no, todo tenía un propósito.

Mientras escuchaba su diatriba de cómo debería comportarse, lo vislumbró.

Su cabello de plata ondeando tras él. Su caminar era seguro, cada paso que daba era con fuerza y a la vez elegancia. Desde esa distancia podía ver sus ojos violetas brillar como joyas. Era todo lo que habían descrito e incluso más, dotado de una belleza inhumana digna de la casa a la que pertenecía.

Ella se había quedado cautivada observándolo sin poder despegar la vista de su presencia aun cuando estaba a tan corta distancia. Se topó de frente con su mirada altiva posándose en ella tan breve como el aleteo de un pájaro para luego dirigirse hacia su progenitor.

Su rostro antes presuntuoso fue mermado por una mueca de desagrado.

-¿No es suficiente solo contigo que ahora traes a tu prole para infectarnos como si fuera una plaga de ratas?

Tras soltar aquellas palabras intencionalmente ácidas continuó su camino.

Otto Hightower quien rara vez se mostraba afectado por algo, tenía la mandíbula apretada y en sus ojos albergaba una furia contenida.

-Hija- le susurró - ese es el príncipe Daemon. No es una buena influencia para una joven como tú así que mantente alejada de él.

Y ella lo obedecería como buena hija, aunque no sería el único motivo por el que acatar su orden. No con aquel príncipe mirándola desde lo alto como si fuera menos que una mísera cucaracha que puede pisotear con la suela de su bota.

El solo recuerdo persistente en su memoria enciende la llama de un rencor que no ha menguado con el tiempo.

-Veo más interés en sus ojos de lo que podría haber en lo míos- Le responde antes de siquiera meditar sus palabras.

Sea un error o no, no puede permitirse guardar silencio. Debe permanecer entre la línea de lo suficientemente recatada como para no representar una amenaza, pero no tan débil para ser mirada en menos.

-Sólo veo lo que me pertenece- réplica él-. A diferencia tuya y de tu padre.

- Aun no está escrito en piedra. Tal vez lo vientos cambien de dirección... y en el peor de los casos no le favorezcan.

Al instante Daemon gira la cabeza en su dirección.

Tiene la misma mirada feroz que las horrorosas criaturas aladas que suelen surcar el cielo. No debería sorprenderla cuando siempre han asegurado estar más cerca de los dragones que cabalgan que del resto de mortales como ella.

-¿Qué insinúas? Ten cuidado con lo que dices- Su tono es tan afilado como la espada que porta. Alicent siente un ligero temblor que viene desde lo profundo hasta calar en sus huesos. Ha escuchado muchas veces del temperamento del príncipe y como lo domina la irascibilidad cuando considera que lo están ofendiendo. Mas de alguno había pagado con su vida.

-Mi príncipe, sólo expreso lo que proviene del conocimiento de todos lo que habitan esta fortaleza. Desde los grandes señores hasta los de baja cuna saben que si el rey logra tener su preciado hijo varón muchas cosas cambiarán.

 No retrocede por completo, pero hace un intento de suavizar sus declaraciones anteriores.

Daemon resopla con desdén.

-Habladurías de ovejas como tú no tienen ningún valor. Aunque víboras como Otto aprovechan para sembrar dudas y esparcir sus mentiras. Después de todo tiene experiencia, lleva años practicándolo en el oído de Viserys.

-¿Realmente importa el origen de las palabras cuando contienen la verdad? Debería tenerlo en cuenta... si es que asciende al trono.

-¿Verdad? La única verdad es que soy el heredero al trono.

Se acerca peligrosamente deteniéndose a un paso de ella. Desde la posición de Alicent puede ver cada detalle en su rostro, el comienzo de su cabello que al ser tocado por el sol parece resplandecer en finos destellos dorados, delgadas cejas plateadas sobre aquellos ojos tan distintivos que ahora parecen ser tan profundos como un pozo y que albergan una furia que está comenzando a despertar siendo ella su objetivo.

-He permitido tu insolencia porque me parecía divertida, pero tengo un límite y créeme no me importa que seas hija de la mano del rey.

Su proximidad es alarmante, está respirando el mismo aire que a su vez el hombre frente a ella expulsa. Su instinto de supervivencia grita en el fondo de su mente. Sus piernas se tensan como si se prepararan para correr hasta el otro extremo del castillo.

El sonido de unos pasos acercándose por el pasillo fuera de la sala del trono la devuelven a ser consciente de su entorno.

Demasiado cerca.

Comprometedor para ojos indiscretos y es bien sabido que los rumores se extienden tan rápido como la pólvora. No sería para nada conveniente que la vieran a solas con un hombre con la reputación de ser famoso entre las prostitutas del lecho de pulgas.

Duda entre disculparse por más que prescinda de autenticidad o huir disimuladamente.

Los pasos resuenan con más fuerza.

Daemon parece percatado, su mirada se dirige hacia las puertas.

Ella elige.

-Si me disculpa, mi príncipe. Debo volver. La princesa me está esperando.

Ella no mira atrás. Camina rápidamente hacia las puertas. Reza a los siete para que no la persiga. Sus faldas rozan pesadamente sobre el suelo, las levanta apenas para que no le estorben en su retirada.   

Cruza las puertas. Afuera no hay alma alguna. Al parecer quien sea que estuviera próximo ya se ha ido.

La imagen de un posible Daemon totalmente enfurecido desenvainando su espada hace que apresure su andar. No se detiene hasta llegar a su habitación.

Dentro de aquellas paredes tan familiares y que han sido su lugar privado estos últimos años, se permite desplomarse sin ningún decoro encima de la cama. Su pecho se alza agitadamente. La estrella de siete puntas es un peso reconfortante, la presión entre sus dedos.

Reconoce que esta vez estuvo caminando sobre el filo de la espada. Es un milagro que aún conserve los pies. Tendrás que tener más cuidado la próxima vez y sin duda alguna deberá evitar al príncipe por un período de tiempo considerable.

No puede contar con su padre en esto, si le contara lo ocurrido lo tendría controlándola más de lo que ya lo hace, por ende sus movimientos quedarían restringidos.

No. Debe mantenerlo en secreto.

La menor de los Targaryen es la mejor solución a sus problemas. Se resguardará bajo la protección brindada por la princesa. Su relación ha florecido considerablemente y es evidente el cariño de Rhaenyra aunque también es consciente de su afecto pasional por su tío. Tal vez sea hora de probar que tan valerosa considera la princesa su amistad.

Sus jugadas son limitadas sobre todo teniendo en cuenta que se arriesgo demasiado desafiando al príncipe, pero no podría sentirse arrepentida. Después de este encuentro, la idea que rondaba su mente se hace más clara.

Si tiene que sangrar, lo hará. Pero un día no muy lejano estará aún más cerca del trono y, si los siete la bendicen serán solo a unos cuantos pasos. Entonces hombres como Daemon tendrán que verla desde abajo y tragarse sus palabras.